Mensaje
por José Luis » Dom Dic 02, 2007 6:42 pm
¡Hola a todos!
A pesar de la propaganda nazi destinada al consumo interno y externo, el nivel de vida para el común de los súbditos del Tercer Reich estaba muy por debajo del de otros países de la época. En 1938, la prestigiosa revista de Hamburgo, Weltwirtschaftliches Archiv, publicó un artículo de Colin Clark (un estadístico económico de los más importantes del mundo) titulado "La Comparación Internacional de la Renta Nacional", en el que, en términos de renta per capita, estimó que Alemania disfrutaba de un nivel de vida que era la mitad del de Estados Unidos y un tercio más bajo que el de Gran Bretaña.
En la década de 1930, los trabajadores alemanes mejor pagados, como por ejemplo especialistas en máquinas o tipógrafos, eran los únicos que superaban un Reichsmark (RM) por hora de salario. Al otro lado estaban los trabajadores menos pagados, como los de las industrias de aserraderos y textil, que andaban a 59 Pfennigs (Pf) la hora. En el caso de las mujeres trabajadoras no especializadas en las industrias del textil y alimenticias, su salario por hora no superaba los 42/45 Pf.
En 1936, con la economía alemana a pleno empleo, 14.5 millones de personas (62% de todos los contribuyentes alemanes) declararon rentas anuales de menos de 1.500 RM (unos 30 RM semanales, a unos 60 Pf la hora). Unos 5 millones de trabajadores no-manuales y obreros (21% del total de contribuyentes), declararon ingresos anuales de entre 1.500 y 2.400 RM (ganancias semanales de entre 30 y 50 RM). Sólo el 17% de los contribuyentes tenía rentas mayores de 2.400 RM, ó 50 RM por semana.
Para hacerse una idea del verdadero alcance de lo que representaban esas cifras, lo mejor es echar un vistazo a los precios que tenían que pagar los hogares alemanes por las necesidades básicas. Por ejemplo, para una gran mayoría de hogares alemanes, un kilo de pan (moreno) costaba en esa década de 1930 el equivalente a la mitad del salario de una hora de trabajo, esto es, 31 Pf. Las patatas, que era la dieta principal de la clase trabajadora, costaban 10 Pf el kilo (5 kilos, 50 Pf). El bacon era artículo de lujo, pues costaba 2 RM y 14 Pf el kilo, es decir, la mitad del salario de un día de trabajo. La mantequilla era otro lujo, a 3 RM y 10 Pf el kilo. 250 gramos de mantequilla costaban más que el salario de una hora de trabajo. El litro de leche costaba 23 Pf, y los huevos a 1 RM y 44 Pf la docena. Y la cerveza, con ser uno de los símbolos del consumo alemán, costaba, al por menor, 88 Pf el litro.
La dieta de la mayoría de los hogares de la clase trabajadora alemana venía dada por pan y mermelada, patatas, repollo y cerdo, todo ello bañado con agua y pequeñas cantidades de leche y cerveza. En conjunto, el gasto de comida, bebida y tabaco, representaba en esos hogares entre el 43 y 50 por ciento del presupuesto familiar. El alquiler absorbía un 12 por ciento (suponiendo sólo la base de 24 RM al mes), y el mobiliario un 5 por ciento. Eso dejaba un total de 67 RM en un hogar de cuatro personas para los demás gastos, ropa, gastos de casa, transporte, salud, gastos sociales, de seguro y educación. Un par de zapatos de hombre podían costar 10 Reichsmarks. Los de los niños, 6 RM.
Los sueños más locos de un trabajador de Berlín o Frankfurt sobre nivel de vida eran moneda común para un trabajador medio de Detroit. La radio, el coche y el frigorífico, productos de consumo de masas en Estados Unidos, eran un sueño para los súbditos del Tercer Reich (y para la mayoría de los europeos).
Las promesas del Führer sobre equiparar el nivel de vida alemán al estadounidense, simbolizadas en los famosos Volksproduckt (como la Volksempfaenger -radio- y el Volkswagen) se demostraron finalmente unos grandes fracasos, pues jamás pudieron comercializarse a los precios necesarios (los 1.000 RM del Volkswagen, por ejemplo) para que fueran accesibles a la mayoría de la clase trabajadora alemana.
Y ya no digo nada sobre los apartamentos de la clase trabajadora del Tercer Reich. En comparación, los apartamentos de los trabajadores de Detroit eran palacios.
La vida en el Tercer Reich sólo tenía de buena, en comparación al marco de referencia estadounidense, lo que se publicaba a través del Ministerio de Propaganda de Goebbels. La realidad era mucho más sombría. Esto que más o menos tenía claro, me lo está confirmando ahora punto por punto el trabajo magistral de Adam Tooze, The Wages of Destruction, en cuya lectura ando inmerso.
Saludos cordiales
José Luis
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)