Sobre el Fuhrer

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

Moderadores: José Luis, Audie Murphy

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Dom Oct 14, 2007 9:36 am

11.- Dieta

Comida

Se abstiene casi siempre de comer carne. En raras ocasiones come un poco de pollo con arroz o salmón ahumado como aperitivo. En 1932 el Dr. Sedgwick tuvo la ocasión de observar su dieta muy de cerca: Hitler se levanta alrededor de las 9:30 de la mañana, y desayunaba una manzana, leche caliente o café suave con panecillos, mantequilla y mermelada.

Este desayuno iba seguido de las dosis de medicamentos que le administraba su ayudante de cámara, Julios Schaub, que había sido aprendiz de farmacia. Schaub, entonces al igual que hoy, se encarga del botiquín de Hitler, que consiste en dos tipos de fármacos: píldoras somníferas de noche y píldoras digestivas con las que comienza el día y que toma después de cada ágape. El almuerzo supuestamente es a la una. Pese a ello, casi invariablemente, Hitler se retrasa una hora y media o dos horas, con lo que su mayordomo, Kannenberg, se desespera. Hitler nunca tiene un apetito normal en Berlín, pero mejora visiblemente en Berchtesgaden.

Otto Dietrich, que sufre que una digestión delicada, a menudo dejaba su despacho sobre la una, corría hacia el Kaiserhof y volvía en media hora después de haber comido. Entonces esperaba que Hitler llegase. En Berlín cualquier excusa servía a Hitler para posponer el almuerzo. Normalmente comía un poco de sopa, generalmente sopa de guisantes o sopa de tomate con parmesano, seguido de un plato especial de tortilla con puntas de espárragos o setas, espinacas o coliflor, y una ensalada verde.
En Berchtesgaden comía platos bávaros, como las cepas amarillas con albóndigas de patata (Steinpilze mit Knödel).

Para los postres prefería las pastas austriacas, los creps o dulces.

A las cinco bebe café o te con ron de mediana graduación con BaumKuchen.Torte, Linzer Torte, pastel de nueces, pastel de chocolate o tostadas. Además, le encanta deshacer el chocolate bueno en el café.

Por la noche, la hora de la cena es a las ocho, pero es extraño que él yaya antes de las nueve. La cena es parecida al almuerzo, normalmente come un plato de verdura (gemueseplatte)

Bebida

Dejo de beber vino y cerveza después del encarcelamiento en Landsberg. Si está resfriado, a veces bebe te caliente con ron. En julio de 1934, el Dr. Sedgwick le llevó ron de Jamaica. Hitler le dijo que se lo bebería, pero solo cuando se hubiera resfriado. El joven doctor también le salvó la vida a Brückner durante el verano de 1933, después de que tuviera un accidente automovilístico en Beschestgaden. Entonces Hitler decidió tener un médico privado siempre cerca por si alguna vez tenía que hacer una operación in situ. En palabras de Hitler: “Disponer de un buen médico en el lugar del accidente es tan importante como un cuerpo de guardias”.

Tabaco

Cuando era soldado Hitler fumaba y bebía cerveza. Pero, a partir de 1922, e incluso antes, ya no fumó ni un solo cigarrillo. Según decía, el motivo era “incrementar su capacidad como orador y su eficiencia general”. Si no debe hacer ningún parlamento, tolera que se fume a su alrededor, e incluso tiene cigarrillos para ofrecer a sus amigos. Pero no se permite fumar durante sus discursos. Esta prohibición también valía para las grandes reuniones al aire libre que el partido organizaba en Nuremberg.

De todos modos, en estos actos, fumar se consideraba de mala educación y, por ello, nunca estaba permitido. En su interior Hitler está de acuerdo con los puristas y los abstemios.

En esto le apoyaban Hess y el programa de vida espartana. A Hitler le irritaban profundamente los hábitos epicúreos y los habanos opulentos de Röhm.

Cuando la gente le pregunta por su estilo de vida ascético, Hitler responde: “Si un día descubro que una cosa no es buena para mi, entonces dejo de comerla. Como se que la carne, la cerveza y la nicotina perjudican y dañan mi constitución, entonces me abstengo. Una decisión así se toma una vez y para siempre jamás. ¿Esto les parece tan extraordinario?".

Fuente:

L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
http://www.sapiensdigital.com
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Dom Oct 14, 2007 9:38 am

12.- Complejo de Edipo

A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.

Hitler ocultó su biografía, tan lejana de la figura mesiánica que pretendía mostrar al mundo.

Nació en 1989 cerca de Linz, en la provincia de la Alta Austria, era hijo de Alois Hitler, un modesto funcionario de aduanas, y de Klara Pölzl, prima de su marido.

Los informes psicológicos aseguran que Hitler odió a su padre, un hombre de carácter fuerte que menospreciaba a su esposa, una mujer “con fijaciones histéricas”.

Alois Hitler quería que su hijo fuera funcionario, pero el joven Adolf tenía aspiraciones artísticas. El choque entre ambos fue constante hasta la muerte de Alois en 1903. Al cabo de cuatro años murió la madre. “El resultado de la situación doméstica de Hitler es una mezcla de complejos narcisistas y edípicos”, afirma Hanfstaengl.

Se ha apuntado que el origen del antisemitismo de Hitler hace falta encontrarlo durante su estancia en Viena, a partir de 1909, donde según Hanfstaengl, “es posible deducir que una prostituta judía le contagió alguna enfermedad venérea”.

Mucho más convincente es la teoría que el odio de Hitler hacia los judíos responde a sus frustraciones de juventud, a un fracaso vital: mal estudiante en la escuela, no admitido en la universidad de Bella Artes, rechazado por la clase burguesa austriaca y denegado a formar parte del ejército alemán en 1914 ya que se le consideraba “inútil para el servicio militar y servicios auxiliares. Demasiado débil. Inhábil para el manejo de armas”. De todo ello junto, Hitler concentró en los judíos la culpa de sus males, de sus problemas, de su incapacidad de ajustarse a la sociedad que creía sometida al pensamiento judío. Y sobretodo, Hitler culpaba a los judíos de la humillante derrota de los alemanes en la Primera Guerra Mundial.

De hecho, en Mi lucha, Hitler escribió: “Viena se me aparecía bajo una luz diferente de la que conocía. Allá donde fuera, sólo veía judíos, y cuantos más veía, más se diferenciaban delante de mis ojos de las otras personas […] comencé, progresivamente, a odiarlos”.

Los informes psiquiátricos hechos por los norte americanos apuntan que el odio creciente de Hitler por los judíos se acentuaba cuando observaba por las calles de la capital austriaca parejas de enamorados, chicas rubias, guapas, acompañadas de judíos.

Según los expertos, todo unido respondías a un complejo de inferioridad, inseguridad, frustración, a una cuestión más personal que no política.


Fuente:

Revista Sàpiens. Número 57, Julio de 2007.
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Dom Oct 14, 2007 9:41 am

13.- Monólogos nocturnos

A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.

Ya en los últimos meses de la guerra, Adolf Hitler, muy deteriorado, acostumbraba a obligar a su círculo más íntimo a escuchar sus monólogos que se podían alargar toda la noche.

El problema de su insomnio se agudizaba, un problema que arrastraba desde su encarcelación en Landsberg en 1923, tal y como informó Ernst Hanfstaengl a los americanos: “siempre se va a dormir tan tarde como puede, y cuando sus últimos amigos se van y lo dejan agotado a las dos o las tres de la mañana, o más tarde, parece que le de miedo quedarse solo”.

Durante los años de la guerra, Hitler no perdió ni un ápice de su agresividad. Y así llegó, fatalmente, la cuestión de la Solución Final. Pero ya al inicio de la década de los treinta, Hitler, sin embudos, argumentaba que: “la naturaleza es cruel y, por lo tanto, nosotros también podemos serlo”.

A partir de 1938 comenzaba la persecución sistemática de ciudadanos judíos y se aprobaba la eutanasia que se aplicaría en masa a personas con disminuciones físicas y psíquicas.

El 31 de marzo de 1941, encargó a Heinrich Himmler, jefe de la SS, “misiones especiales” en territorio ocupado, y en julio del mismo año, el lugarteniente de Hitler, Hermann Göring, ya tenía instrucciones para “liquidar de una vez el problema judío”.

¿Qué haría, Herr Hitler, si pasara alguna cosa que le impidiera cumplir sus deberes como Führer? esta pregunta se la formuló personalmente Hanfstaengl. Hitler respondió: “Si ese fuera el caso, o si muriera, sólo sería una señal de que mi estrella ha de seguir su curso y que mi misión se ha cumplido”.

Fuente:

L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
www.sapiensdigital.com
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Dom Oct 14, 2007 9:42 am

14.- Sueños de un Megalómano

A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.

Hitler tuvo, de acuerdo con las informaciones de Hanfstaengl, una necesidad irracional para crear, quizás producto de su fracaso como pintor. Posteriormente, cuando junto con en arquitecto Albert Speer proyectó la construcción de grandes palacios y edificios oficiales, Hitler soñaba que esas infraestructuras fueran eternas: “No han de pensarse para 1949 ni para el año 2000, sino han de proyectar hacia futuros milenios, como las catedrales de nuestro pasado”.

Aún después de haber sido declarado inútil para la guerra, finalmente pudo alistarse como voluntario del 16 Regimiento de Infantería Bavaresa de Reserva. Por primera vez sintió que su vida tenía un sentido: “de una vez por todas aspiraba a participar de la felicidad, estar allí y actuar”.

En el otoño de 1918, después de haber sido herido, fue trasladado a la enfermería de Pasewalk, donde vivió una experiencia “mística”, según narra Hanfstaengl: “Hitler hizo saber que recibía órdenes desde un mundo superior para salvar a su infeliz país. Esta vocación se le manifestó de forma sobrenatural […] y dijo que se convertiría en político”.

Con el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) o Partido Nazi, Hitler pudo verbalizar sus pensamientos políticos. Durante años, Hitler, habló del levantamiento del germanismo esclavizado y no dudó de hacer uso de una propaganda de griterío, provocadora, estéticamente visible (cruces gamadas, saludo romano, cánticos, antorchas, uniformes…). En ese escenario, cada vez fueron más numerosas las masas que seguían sus largos discursos, de no menos de tres horas, en los cuales no dudaba en protagonizar diversos papeles en la misma intervención, como apunta Hanfstaengl: “Es una mezcla entre un zorro y un lobo. Siempre juega a ser zorro tanto como puede y, a veces, hasta incluso hace de cordero. Pero al final el lobo siempre está preparado para salir”.

La peculiar idiosincrasia de Hitler se puso en evidencia durante la Segunda Guerra Mundial. La batalla contra Inglaterra, por ejemplo, nació de una iluminación que tuvo en 1939: “Veo completamente claro que la continuación de esta guerra solo podrá finalizar con la derrota total de uno de los dos luchadores. El Sr. Churchill podrá creer que éste será Alemania. Yo lo se, será Inglaterra”. Cuando en la batalla de Stalingrado, Hitler visualizó para su ejército un “hundimiento grandioso”, buscando paralelismos históricos con uno de sus referentes, Napoleón Bonaparte.



Fuente:

L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
www.sapiensdigital.com
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Dom Oct 14, 2007 9:45 am

15.- Vida cotidiana

A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl, puede trazarse una jornada cotidiana en la vida de Adolf Hitler.

De 10 a 12 horas

Hitler se levanta a las 10 de la mañana.

Se afeita, como cada día. En alguna ocasión, Hanfstaengl le había recomendado que sería bueno que el bigote le cubriera todo el labio superior, propuesta que Hitler siempre desestimaba: “¡No se preocupe por mi bigote. Si no está de moda ahora, pronto se pondrá de moda porque yo lo llevo¡”.

El vestuario del Führer es muy convencional: un sencillo jersey de color marrón y unas zapatillas de fieltro gris y de suela gruesa para una mañana que no salía del despacho. No utiliza perfumes ni colonias. De hecho se mofaba de quien los utiliza.

Almuerza una manzana, leche caliente o café suave con panecillos, mantequilla y mermelada.

Hitler no consultaba nunca el calendario ni la agenda, función que hacían sus secretarios.

Después de leer la prensa, se puede pasar horas caminando arriba y abajo por la habitación a ritmo de marcha, siguiendo una tonada que el mismo silbaba. En esos momentos no soporta que alguien esté presente.

De 12 a 17 horas

Antes de comer lee informes del partido. Ha de ponerse gafas, de mala gana, por su aversión al “modelo catedrático”.

A la una come, hoy acompañado de sus colaboradores.

Se abstiene generalmente de comer carne roja. El menú, salmón ahumado y pollo con arroz. De postre pastas austriacas.

Al acabar de comer, toma polvos digestivos por sus disfunciones gastrointestinales.

Durante la comida es capaz de dialogar un rato. Pero después lanzará un monólogo de una o dos horas.

“Estos monólogos forman parte de un repertorio fijo, tienen unos finales perfectos, como una grabación, recuerda Hanfstaengl.


De 17 a 20 horas

A las cinco toma otro café. Ultima su discurso, vuelve a caminar arriba i abajo como si ensayara.

El teléfono suena continuamente.

Le informan de cómo está la situación.

Hitler pregunta si ha venido mucha gente, el estado de ánimo general, si se prevé alguna oposición…

Camino hacia el centro de Berlín – Hitler no sabe conducir -, siempre se sienta en el asiento delantero, al lado del chofer.

Al llegar, un niño sale al paso y le da un ramo de flores. El lo coge y le da unas palmaditas en la cara.

Llega al atrio. Coloca las notas a su izquierda y cuando las ha revisado las deja en una mesilla que siempre tiene a la derecha.

Durante los primeros veinte minutos, mantiene una postura militar, con los tacones de las botas juntos, y las manos cogidas en la espalda.

El tono del discurso ira creciendo hasta llegar a la parte final, la exhortación que lleva al público a la apoteosis. Acaba lleno de sudor. La banda toca el himno nacional, Hitler saluda con el brazo alzado y desaparece. “Para rodearse de una especie de sobrenaturalidad casi mística”, según Hanfstaengl.

De 20 a 3 horas

A las ocho cena: sopa de guisantes o sopa de tomate con parmesano, tortilla con puntas de espárragos o setas, espinacas o coliflor. No bebe ni vino ni cerveza, tampoco fuma ni permite que se fume delante de él.

Después de cenar, leerá alguna biografía de algún personaje histórico o escuchará música de Wagner o Verdi. Para combatir el insomnio, suele ver una película en su teatro privado de la Cancillería. Son películas prohibidas que le consigue Gobbels. Se ríe mucho con los comics judíos. A veces también mira alguna película pornográfica.

A las tres de la mañana se retira a su habitación, acompañado de un montón de revistas ilustradas, muchas americanas. Ha de tomar somníferos para poder conciliar el sueño.

Fuente:

Revista Sàpiens. Número 57, Julio de 2007.
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Sab Oct 20, 2007 7:06 am

16.- Técnicas de oratoria

Una vez tras otra, el Dr. Sedgwick ha sido interrogado sobre cómo Hitler hace sus discursos.

El hecho es que Hitler no pueda soportar que se encuentre alguien en la sala mientras trabaja sus discursos. En los viejos tiempos (1922 y 1923) Hitler no dictaba los discursos como hace ahora. Tardaba de 4 a 6 horas en hacer un esquema en folios de tamaño grande: unos 10 o 12. En cada página había solo unas cuantas palabras que servían como apuntes.

Hitler conocía muy bien el peligro de tener demasiadas cosas que decir.

Mientras que Hitler solía leer muchos libros, raramente, por no decir nunca, los consultaba mientras preparaba un discurso. Muy a menudo el Dr. Sedgwick lo visitaba cuando trabajaba en un discurso para hacerle llegar un mensaje especial. Fuera, en la calle, las vallas publicitarias rojas, cubiertas con enormes carteles, anunciaban el mitin. Como de costumbre, el doctor encontraba a Hitler en su habitación con un sencillo jersey marrón y unas zapatillas de fieltro gris y de suela gorda. Ningún libro sobre la mesa, ningún papel sobre el escritorio.

Una vez, en 1923, Hitler hizo una excepción a esa norma. Era mediados de julio y había de dirigirse a miles de gimnastas alemanes que habían llegado a Berlín desde toda Alemania para participar en el “Deutscher Turnertag” (Día del gimnasta alemán). Hitler quería hacer un esfuerzo especial. Había conseguido un volumen de von Clauserwitz y se enamoró tan profundamente que se llevó el libro al circo Krone.

A la mitad del discurso, cuando Hitler estaba concentrado exponiendo la importancia del entusiasmo nacional y del fervor fanático del pueblo por el ejército, saco el libro de von Clauserwitz y se puso a leer 4 páginas. Parecía como si se hubiera olvidado de la audiencia que cada vez estaba más nerviosa. Cuando Hitler volvió su discurso, tuvo que restablecer de nuevo el contacto con el público. Hitler consciente de eso, puso en marcha inmediatamente la táctica de la rapsodia y salvó el día con unos 10 últimos minutos brillantes. Después de aquella experiencia, Hitler no volvió a subir nunca más con un libro al estrado.

Cuando se acercaba la hora del mitin, caminaba de un lado a otro de la sala, como si ensayara mentalmente las diferentes partes del discurso. Durante ese rato el teléfono iba sonando continuamente. Normalmente quien llamaba era Christian Weber, Max Amann o Hermann Hesser, quienes explicaban a Hitler como estaba la situación. La típica pregunta que Hitler hacía cuando lo llamaban era “¿Ha venido mucha gente?, ¿Cuál es el estado de ánimo general?, ¿Habrá alguna oposición?”

Después Hitler da instrucciones sobre el desarrollo del evento mientras se espera su comparecencia. Entonces cuelga el teléfono, y sigue caminando por la habitación.
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Sab Oct 20, 2007 7:08 am

Entrada

Incluso cuando Hitler va vestido de civil, su apariencia es militar. No tiene nada que ver con el estilo excesivamente familiar de algunos demagogos. No hace caso a nadie mientras camina entre la multitud camino del podio.

Tiene la mirada fija en las SS y SA que forman con las banderas.

La única excepción, desde 1932, es cuando alguien hace salir un niño a su paso para que le de un ramito de flores. Coge las flores con la mano izquierda. En todo eso Hitler sólo dedica unos segundos. Pasa el ramito de flores a Shaub o a Brückner y sigue su camino.

Interrupciones

Cualquier interrupción en el recorrido de entrada o salida que no tenga nada que ver con madre y niños puede encender la ira de Hitler.

Desgraciado el comandante de la SS responsable de una de esas infiltraciones. El Dr. Sedgwick recuerda que en el año 1932, cerca de Königsberg, Hitler estaba saliendo de un estadio cuando, de repente, una señora de mediana edad, histérica, le cortó el paso, se arrodilló delante suyo e intentó ponerle en la mano un rollo de papel con revelaciones que aseguraba haber recibido del más allá. Hitler, furioso, llamó a Brückner: “¡Saca a esta loca de mi camino!”. Hitler estuvo de mal humor el resto del día.

Discurso

Muy a menudo alguien hace un discurso previo para aprovechar el tiempo esperando la llegada de Hitler. A Hitler no le importa quien hable antes, pero no quiere de ninguna manera que nadie hable después de él. Tanto antes como después de su discurso siempre suena una inspiradora música marcial.

Cuando Hitler se acercaba al atril para hablar, solía colocar sus notas en una mesa ubicada a su izquierda, y una vez las había mirado, las dejaba en otra mesa ubicada a su derecha. Tardaba de 10 a 15 minutos en discursar sobre las notas de cada folio.

Los discursos normalmente duraban entre dos horas y dos horas y media, hasta tres horas se consideraban normales antes de que empezada a tener problemas en la garganta. También acostumbraba a beber cerveza de una jarra, de vez en cuando, lo que en Munich siempre provocaba un aplauso extra.

Postura

El Dr. Sedgwick, que ha estado sentado detrás de Hitler en innumerables ocasiones, mirándolo de cerca, ha observado que siempre comienza con una postura militar. La postura la mantiene durante 15, 20 o 25 minutos, según el caso. Durante todo ese tiempo, los talones de sus botas están firmemente unidos, no hay un segundo de relajación. Toda su figura tiene una firmeza absoluta, incluidos los hombros y la cabeza. Tiene las manos cogidas en la espalda. Es el estilo que probablemente adoptó en 1919 y en los años siguientes, cuando sirvió como instructor no oficial en los barracones de Munich.

Para él y para la audiencia, este es un periodo de disciplina y se corresponde en cierta manera a la tradición entre los concertistas de piano de abrir el programa con una selección de Bach. Después de 20 minutos mueve un pie por primera vez, seguido de las manos. A partir de entonces las cosas comienzan a despertarse. Comparados con una pieza de música, los discursos de Hitler consisten en dos tercios a tiempo de marcha creciente cada vez más deprisa hasta llegar al último tercio, que son hechos probados y anécdotas cada vez más irónicas. Como ya es sabido, nunca sufre interrupciones ni comentarios molestos.

Sabedor que una presentación continuada a cargo de un solo orador sería aburrida, encarga de una manera magistral un alter ego imaginario que lo interrumpe a menudo con un argumento en contra y, después de haber rebatido completamente a su oponente, retorna al hilo del pensamiento original. Esta estrategia proporciona a la audiencia un especial toque teatral que a menudo es interrumpido por una lluvia de aplausos espontáneos, aunque Hitler no haga discursos estrictamente con el objetivo de recibir aplausos.

A menudo parece que solo quiera convertir a las personas a sus ideas y se ofende cuando cualquier ruido prematuro lo interrumpe. Si el aplauso se alarga demasiado para su gusto, lo corta enseguida, a veces hasta en el inicio, con un gesto: haciendo temblar la mano.

Todo el entusiasmo ha de reservarse para la tercera parte del discurso, el que va de la exhortación, la promesa y la dedicación, a la rapsodia final. El tempo se anima. Las explosiones de staccato ocurren más frecuentes y el discurso converge en la apoteosis.
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Avatar de Usuario
TMV
Moderador
Moderador
Mensajes: 1726
Registrado: Sab May 27, 2006 2:16 am
Ubicación: Sitges (Barcelona)
Contactar:

Mensaje por TMV » Sab Oct 20, 2007 7:09 am

Final de discurso

Hitler decía: “Acabar bien un discurso es una de las cosas más difíciles de hacer. Has de saber que quieres decir y que no quieres decir”.

“Es siempre un experimento nuevo, y, oyendo la reacción de la audiencia, has de saber exactamente cuando es el momento de lanzar la última jabalina flameante que enciende al público y los envía a casa con una idea principal zumbando en la cabeza. Podemos medir exactamente la fascinación de la audiencia por si el público de la galería y del resto del recinto va girando la cabeza. Esto es señal de que el orador aún no se ha hecho con su audiencia. I esto también es una de las razones por las cuales no puedo escuchar los discursos de otro”. (El único hombre al que Hitler puede soportar escuchar es a Goebbels).

Omisión de nombres y personajes

Cuando hable, Hitler evita cuidadosamente mencionar nombres de personajes públicos, estén muertos o vivos. Por ejemplo, en lugar de decir “Una vez Bismarck dijo…”, Hitler diría “el canciller de hierro dijo…”; o en lugar de decir “nuestra deuda con el general Ludenforff…”, él diría: “nuestra deuda con el gran intendente de la Guerra Mundial…”.

A Schiller y Goethe nunca los nombraba por su nombre, siempre como “grandes poetas anónimos”. La única excepción que hace a esta regla es Richard Wagner.

Técnica de salida

Cuando el discurso de Hitler se acerca a su final orgiástico, llega la última fase que ha de ser la apoteosis del mitin. La banda toca el himno nacional, el Deutschland ueber Alles (nacionalismo) seguido por la Canción de Horst Wessel (nacionalsocialismo). Sin esperar, Hitler saluda a derecha e izquierda y se va durante la interpretación. Normalmente llega al coche antes de que acaben los cánticos.

Ya sea hecha expresamente o inconscientemente, esta retirada tiene muchas ventajas. Además de facilitarle una salida sin molestias hasta el coche, prevé que la exaltación del público se apague antes de que el se vaya. También lo protege de entrevistas indeseadas y deja intacta la imagen de apoteosis que el público ha recibido del final del discurso.

Una vez Hitler le dijo al El Dr. Sedgwick: “Es un gran error que hacen muchos oradores, el de quedarse cando el discurso ya se ha acabado.

Eso solo lleva a el anti clímax, y a veces hasta incluso surgen comentarios que podrían destruir completamente dos horas de labor oratoria”.

Después pasando a una comparación con el teatro dijo:”No me han gustado nunca los actores que cuando acaban su papel salen a saludar al final de la obra. Mata la ilusión cuando un Hamlet o un Tristany que acaba de morir magníficamente en el escenario, aparece a sonreír y hacer reverencias para agradecer los aplausos del público. Por descontado, los actores profesionales que viven de esos aplausos y que el número de bises determina su estatus dentro de la profesión. Richard Wagner murió cuando prohibió los bises de saludos en las representaciones. Es y será una profanación”.

Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
www.sapiensdigital.com
Kühnheit, Kühnheit, immer Kühnheit...
http://www.callejondelpau.es

Responder

Volver a “Biografías”

TEST