Clarence Ralph Huebner fue uno de los más extraordinarios generales que piso los campos de batalla en la segunda guerra mundial, tal vez alguno se pregunte de entrada que podía tener de extraordinario este general prácticamente desconocido, ante esta duda simplemente le diría: empezó su carrera como soldado raso y la acabó 40 años más tarde como teniente general. ¿Necesitan más? acerquémonos un poco a esta figura.
Nació el 24 de noviembre de 1888 en una granja de Bushton en el estado de Kansas, alistándose en el ejército el 17 de enero de 1910. En el 18º R.I. dio los primeros pasos de su dilatada carrera tardando seis años en llegar a sargento. Sus aptitudes y su potencial no pasaron desapercibidos para sus superiores que le dieron la oportunidad de presentarse a los exámenes de grado para oficial, el 26 de noviembre de 1916 fue nombrado segundo teniente de infantería.
Su formación se realizó en Fort Leavenworth graduándose en abril de 1917, casualmente el mismo mes en que los EEUU entraron en guerra con Alemania. Huebner llegó a Europa como integrante de la 1º división de infantería al mando de una compañía de fusileros del 28º R.I. En Francia condujo a sus hombres en Beaumont, durante los meses de marzo y abril de 1918, donde caería herido y los primeros partes le darían por muerto. De abril a junio combatiría en Cantigny; cuando el jefe del batallón murió en la lucha, Huebner se hizo cargo del mando de la unidad lo que le valdría un ascenso y la Cruz de Servicios Distinguidos. En la citación podía leerse: “Durante tres días, cerca de Cantigny, en Francia […], resistió los asaltos alemanes bajo un bombardeo muy intenso, exponiéndose heroicamente al fuego enemigo de un modo constante con el fin de mantener firme a su batallón, y a pesar de que su unidad perdió a la mitad de sus oficiales y un 30% de los hombres, mantuvo la posición e impidió que la línea se rompiera por ese punto”.
Ascendido a capitán en mayo, y a comandante en junio, en el mes de julio le encontramos sirviendo en la ofensiva Aisne- Marne al mando de un batallón donde sería herido y condecorado de nuevo, esta vez con la agrupación de hojas de roble sobre su cruz de servicios distinguidos. En la citación correspondiente se podía leer: “Al sur de Soisson, Francia, entre el 18 y el 23 de julio de 1918, dio muestras de gran heroísmo, y en un momento en el que todos los oficiales de su batallón habían caído, fue capaz de reorganizar la unidad, avanzar, capturar su objetivo, reorganizar nuevamente sus fuerzas y a las de otro batallón, y seguir avanzando. Se mantuvo constantemente en su puesto hasta que le hirieron en el segundo día de la acción”.
En agosto combatió en el sector de Saizerais y en la ofensiva de Saint Mihiel, y entre septiembre y noviembre, en la de Meuse-Argonne. En octubre había sido ascendido a teniente coronel al mando del 28 R.I. Esta la manera en la que este modesto granjero, que ocho años antes era un simple soldado raso, había pasado a ser teniente coronel habiendo conseguido sus más espectaculares logros y demostrado sus habilidades en la más dura y definitiva escuela para un oficial: la guerra. Había tenido bajo su mando desde una compañía hasta un regimiento, y se había convertido en uno de los ofíciales más condecorados del ejército norteamericano; entre sus condecoraciones se encontraban la estrella de plata, el corazón púrpura, la legión de honor francesa, la cruz de guerra francesa y la cruz de guerra italiana.
Por el conjunto de su extraordinaria actuación durante la guerra le fue concedida la medalla de servicios distinguidos cuya citación decía así: “Como capitán, comandante y teniente coronel del 28º R.I., 1º D.I., tanto en sus labores de entrenamiento como en sus misiones de combate, ha pasado con éxito por todos los posibles niveles de mando del regimiento. Ha participado con distinción en todas las acciones, desde Cantigny a Sedan, reorganizando a su unidad después de unas importantes perdidas en la primera fase de la ofensiva de Meuse- Argonne, y alentando a avanzar a sus hombres, con su valentía y arrojo, hasta las colinas de Sedan. Con su acertado juicio táctico, su inusual capacidad de liderazgo y su infatigable energía, ha contribuido de un modo muy destacable a lo éxitos de su regimiento y de la 1º D.I. y ha rendido a las fuerzas expedicionarias norteamericanas los más conspicuos servicios en una posición de gran responsabilidad”.
Al finalizar la guerra Huebner obtuvo el mando de un batallón del 16º R.I. para seguidamente mandar la unidad y encabezar varias paradas militares en Nueva York y Washington conmemorando la victoria. Después regresó al 28 R.I. donde sirvió hasta junio de 1920. Entre 1920 y 1922 fue instructor táctico en la escuela de infantería de Fort Benning (Georgia) graduándose al año siguiente en el curso avanzado de oficiales de infantería en Fort Benning. En 1924 sirvió como oficial de estado mayor del 11º R. I. en Fort Knox (Kentucky) asistiendo y graduándose con honores en la academia de mandos y de oficiales de estado mayor en Fort Leavenworth para pasar a realizar labores de docencia en la escuela de infantería de Fort Benning.
En 1928 asistió a la academia de guerra del ejército en Washington, y tras graduarse, fue destinado a la academia de mandos superiores y de oficiales de estado mayor de Fort Leavenworth como profesor. En 1934 sirvió en la oficina del jefe de infantería en Washington y de allí paso en 1939 a comandar el 19º R.I. en Hawaii, hasta que en junio de 1940 se convirtió en jefe de la sección de entrenamiento y operaciones del departamento de guerra en Washington. Su ascenso a general de brigada a tenor de su hoja de servicios fue en febrero de 1942; en ese año tras dirigir durante un mes el centro de entrenamiento de la infantería de reemplazo en Camp Croft (Carolina del Sur) pasó a dirigir la división de entrenamiento del cuartel general de las fuerzas de servicio del ejército hasta marzo de 1943, momento en que fue promocionado a comandante general.
Durante todos estos años Huebner se labró una excelente reputación por su capacidad para proporcionar una instrucción sobresaliente, tal es así que muy pronto se ganó el apodo de “entrenador”. Cuando comenzó el conflicto era uno de los mandos en activo dentro del ejército norteamericano con mayor experiencia, formación y entrenamiento; un oficial excepcional que conjugaba las dotes del oficial gestor-administrador, como puedan ser un Eisenhower o un Bradley, con las de tipo audaz y heroico como Patton. Eso le proporcionaba la capacidad de destacar en el campo de la alta gestión de igual manera que en el campo de batalla, lo que a su vez le reportaba grandes ventajas; podía usar las más modernas técnicas de gestión para resolver problemas administrativos, pero a la vez, podía ver las limitaciones de estos planteamientos al haber conducido pequeñas unidades sobre el campo de batalla. En definitiva, comprendía mucho mejor que sus superiores lo que ocurría cuando te encontrabas bajo fuego enemigo en primera línea del frente.
En marzo de 1943 tras su flamante nombramiento como comandante general, fue asignado en labores de estado mayor en el norte de África para un mes más tarde ser designado como jefe del estado mayor adjunto al general Alexander. El puesto no era nada fácil y las fricciones con Alexander fueron continuas debido a la inclinación de este último a menospreciar a los norteamericanos, por ello, el propio Huebner relata que fue un gran día para ambos cuando en agosto fue propuesto para comandar la 1º D.I.
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Nació el 24 de noviembre de 1888 en una granja de Bushton en el estado de Kansas, alistándose en el ejército el 17 de enero de 1910. En el 18º R.I. dio los primeros pasos de su dilatada carrera tardando seis años en llegar a sargento. Sus aptitudes y su potencial no pasaron desapercibidos para sus superiores que le dieron la oportunidad de presentarse a los exámenes de grado para oficial, el 26 de noviembre de 1916 fue nombrado segundo teniente de infantería.
Su formación se realizó en Fort Leavenworth graduándose en abril de 1917, casualmente el mismo mes en que los EEUU entraron en guerra con Alemania. Huebner llegó a Europa como integrante de la 1º división de infantería al mando de una compañía de fusileros del 28º R.I. En Francia condujo a sus hombres en Beaumont, durante los meses de marzo y abril de 1918, donde caería herido y los primeros partes le darían por muerto. De abril a junio combatiría en Cantigny; cuando el jefe del batallón murió en la lucha, Huebner se hizo cargo del mando de la unidad lo que le valdría un ascenso y la Cruz de Servicios Distinguidos. En la citación podía leerse: “Durante tres días, cerca de Cantigny, en Francia […], resistió los asaltos alemanes bajo un bombardeo muy intenso, exponiéndose heroicamente al fuego enemigo de un modo constante con el fin de mantener firme a su batallón, y a pesar de que su unidad perdió a la mitad de sus oficiales y un 30% de los hombres, mantuvo la posición e impidió que la línea se rompiera por ese punto”.
Ascendido a capitán en mayo, y a comandante en junio, en el mes de julio le encontramos sirviendo en la ofensiva Aisne- Marne al mando de un batallón donde sería herido y condecorado de nuevo, esta vez con la agrupación de hojas de roble sobre su cruz de servicios distinguidos. En la citación correspondiente se podía leer: “Al sur de Soisson, Francia, entre el 18 y el 23 de julio de 1918, dio muestras de gran heroísmo, y en un momento en el que todos los oficiales de su batallón habían caído, fue capaz de reorganizar la unidad, avanzar, capturar su objetivo, reorganizar nuevamente sus fuerzas y a las de otro batallón, y seguir avanzando. Se mantuvo constantemente en su puesto hasta que le hirieron en el segundo día de la acción”.
En agosto combatió en el sector de Saizerais y en la ofensiva de Saint Mihiel, y entre septiembre y noviembre, en la de Meuse-Argonne. En octubre había sido ascendido a teniente coronel al mando del 28 R.I. Esta la manera en la que este modesto granjero, que ocho años antes era un simple soldado raso, había pasado a ser teniente coronel habiendo conseguido sus más espectaculares logros y demostrado sus habilidades en la más dura y definitiva escuela para un oficial: la guerra. Había tenido bajo su mando desde una compañía hasta un regimiento, y se había convertido en uno de los ofíciales más condecorados del ejército norteamericano; entre sus condecoraciones se encontraban la estrella de plata, el corazón púrpura, la legión de honor francesa, la cruz de guerra francesa y la cruz de guerra italiana.
Por el conjunto de su extraordinaria actuación durante la guerra le fue concedida la medalla de servicios distinguidos cuya citación decía así: “Como capitán, comandante y teniente coronel del 28º R.I., 1º D.I., tanto en sus labores de entrenamiento como en sus misiones de combate, ha pasado con éxito por todos los posibles niveles de mando del regimiento. Ha participado con distinción en todas las acciones, desde Cantigny a Sedan, reorganizando a su unidad después de unas importantes perdidas en la primera fase de la ofensiva de Meuse- Argonne, y alentando a avanzar a sus hombres, con su valentía y arrojo, hasta las colinas de Sedan. Con su acertado juicio táctico, su inusual capacidad de liderazgo y su infatigable energía, ha contribuido de un modo muy destacable a lo éxitos de su regimiento y de la 1º D.I. y ha rendido a las fuerzas expedicionarias norteamericanas los más conspicuos servicios en una posición de gran responsabilidad”.
Al finalizar la guerra Huebner obtuvo el mando de un batallón del 16º R.I. para seguidamente mandar la unidad y encabezar varias paradas militares en Nueva York y Washington conmemorando la victoria. Después regresó al 28 R.I. donde sirvió hasta junio de 1920. Entre 1920 y 1922 fue instructor táctico en la escuela de infantería de Fort Benning (Georgia) graduándose al año siguiente en el curso avanzado de oficiales de infantería en Fort Benning. En 1924 sirvió como oficial de estado mayor del 11º R. I. en Fort Knox (Kentucky) asistiendo y graduándose con honores en la academia de mandos y de oficiales de estado mayor en Fort Leavenworth para pasar a realizar labores de docencia en la escuela de infantería de Fort Benning.
En 1928 asistió a la academia de guerra del ejército en Washington, y tras graduarse, fue destinado a la academia de mandos superiores y de oficiales de estado mayor de Fort Leavenworth como profesor. En 1934 sirvió en la oficina del jefe de infantería en Washington y de allí paso en 1939 a comandar el 19º R.I. en Hawaii, hasta que en junio de 1940 se convirtió en jefe de la sección de entrenamiento y operaciones del departamento de guerra en Washington. Su ascenso a general de brigada a tenor de su hoja de servicios fue en febrero de 1942; en ese año tras dirigir durante un mes el centro de entrenamiento de la infantería de reemplazo en Camp Croft (Carolina del Sur) pasó a dirigir la división de entrenamiento del cuartel general de las fuerzas de servicio del ejército hasta marzo de 1943, momento en que fue promocionado a comandante general.
Durante todos estos años Huebner se labró una excelente reputación por su capacidad para proporcionar una instrucción sobresaliente, tal es así que muy pronto se ganó el apodo de “entrenador”. Cuando comenzó el conflicto era uno de los mandos en activo dentro del ejército norteamericano con mayor experiencia, formación y entrenamiento; un oficial excepcional que conjugaba las dotes del oficial gestor-administrador, como puedan ser un Eisenhower o un Bradley, con las de tipo audaz y heroico como Patton. Eso le proporcionaba la capacidad de destacar en el campo de la alta gestión de igual manera que en el campo de batalla, lo que a su vez le reportaba grandes ventajas; podía usar las más modernas técnicas de gestión para resolver problemas administrativos, pero a la vez, podía ver las limitaciones de estos planteamientos al haber conducido pequeñas unidades sobre el campo de batalla. En definitiva, comprendía mucho mejor que sus superiores lo que ocurría cuando te encontrabas bajo fuego enemigo en primera línea del frente.
En marzo de 1943 tras su flamante nombramiento como comandante general, fue asignado en labores de estado mayor en el norte de África para un mes más tarde ser designado como jefe del estado mayor adjunto al general Alexander. El puesto no era nada fácil y las fricciones con Alexander fueron continuas debido a la inclinación de este último a menospreciar a los norteamericanos, por ello, el propio Huebner relata que fue un gran día para ambos cuando en agosto fue propuesto para comandar la 1º D.I.
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