Clarence Ralph Huebner

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

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beltzo
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Clarence Ralph Huebner

Mensaje por beltzo » Lun Abr 23, 2007 4:16 pm

Clarence Ralph Huebner fue uno de los más extraordinarios generales que piso los campos de batalla en la segunda guerra mundial, tal vez alguno se pregunte de entrada que podía tener de extraordinario este general prácticamente desconocido, ante esta duda simplemente le diría: empezó su carrera como soldado raso y la acabó 40 años más tarde como teniente general. ¿Necesitan más? acerquémonos un poco a esta figura.

Nació el 24 de noviembre de 1888 en una granja de Bushton en el estado de Kansas, alistándose en el ejército el 17 de enero de 1910. En el 18º R.I. dio los primeros pasos de su dilatada carrera tardando seis años en llegar a sargento. Sus aptitudes y su potencial no pasaron desapercibidos para sus superiores que le dieron la oportunidad de presentarse a los exámenes de grado para oficial, el 26 de noviembre de 1916 fue nombrado segundo teniente de infantería.

Su formación se realizó en Fort Leavenworth graduándose en abril de 1917, casualmente el mismo mes en que los EEUU entraron en guerra con Alemania. Huebner llegó a Europa como integrante de la 1º división de infantería al mando de una compañía de fusileros del 28º R.I. En Francia condujo a sus hombres en Beaumont, durante los meses de marzo y abril de 1918, donde caería herido y los primeros partes le darían por muerto. De abril a junio combatiría en Cantigny; cuando el jefe del batallón murió en la lucha, Huebner se hizo cargo del mando de la unidad lo que le valdría un ascenso y la Cruz de Servicios Distinguidos. En la citación podía leerse: “Durante tres días, cerca de Cantigny, en Francia […], resistió los asaltos alemanes bajo un bombardeo muy intenso, exponiéndose heroicamente al fuego enemigo de un modo constante con el fin de mantener firme a su batallón, y a pesar de que su unidad perdió a la mitad de sus oficiales y un 30% de los hombres, mantuvo la posición e impidió que la línea se rompiera por ese punto”.

Ascendido a capitán en mayo, y a comandante en junio, en el mes de julio le encontramos sirviendo en la ofensiva Aisne- Marne al mando de un batallón donde sería herido y condecorado de nuevo, esta vez con la agrupación de hojas de roble sobre su cruz de servicios distinguidos. En la citación correspondiente se podía leer: “Al sur de Soisson, Francia, entre el 18 y el 23 de julio de 1918, dio muestras de gran heroísmo, y en un momento en el que todos los oficiales de su batallón habían caído, fue capaz de reorganizar la unidad, avanzar, capturar su objetivo, reorganizar nuevamente sus fuerzas y a las de otro batallón, y seguir avanzando. Se mantuvo constantemente en su puesto hasta que le hirieron en el segundo día de la acción”.

En agosto combatió en el sector de Saizerais y en la ofensiva de Saint Mihiel, y entre septiembre y noviembre, en la de Meuse-Argonne. En octubre había sido ascendido a teniente coronel al mando del 28 R.I. Esta la manera en la que este modesto granjero, que ocho años antes era un simple soldado raso, había pasado a ser teniente coronel habiendo conseguido sus más espectaculares logros y demostrado sus habilidades en la más dura y definitiva escuela para un oficial: la guerra. Había tenido bajo su mando desde una compañía hasta un regimiento, y se había convertido en uno de los ofíciales más condecorados del ejército norteamericano; entre sus condecoraciones se encontraban la estrella de plata, el corazón púrpura, la legión de honor francesa, la cruz de guerra francesa y la cruz de guerra italiana.

Por el conjunto de su extraordinaria actuación durante la guerra le fue concedida la medalla de servicios distinguidos cuya citación decía así: “Como capitán, comandante y teniente coronel del 28º R.I., 1º D.I., tanto en sus labores de entrenamiento como en sus misiones de combate, ha pasado con éxito por todos los posibles niveles de mando del regimiento. Ha participado con distinción en todas las acciones, desde Cantigny a Sedan, reorganizando a su unidad después de unas importantes perdidas en la primera fase de la ofensiva de Meuse- Argonne, y alentando a avanzar a sus hombres, con su valentía y arrojo, hasta las colinas de Sedan. Con su acertado juicio táctico, su inusual capacidad de liderazgo y su infatigable energía, ha contribuido de un modo muy destacable a lo éxitos de su regimiento y de la 1º D.I. y ha rendido a las fuerzas expedicionarias norteamericanas los más conspicuos servicios en una posición de gran responsabilidad”.

Al finalizar la guerra Huebner obtuvo el mando de un batallón del 16º R.I. para seguidamente mandar la unidad y encabezar varias paradas militares en Nueva York y Washington conmemorando la victoria. Después regresó al 28 R.I. donde sirvió hasta junio de 1920. Entre 1920 y 1922 fue instructor táctico en la escuela de infantería de Fort Benning (Georgia) graduándose al año siguiente en el curso avanzado de oficiales de infantería en Fort Benning. En 1924 sirvió como oficial de estado mayor del 11º R. I. en Fort Knox (Kentucky) asistiendo y graduándose con honores en la academia de mandos y de oficiales de estado mayor en Fort Leavenworth para pasar a realizar labores de docencia en la escuela de infantería de Fort Benning.

En 1928 asistió a la academia de guerra del ejército en Washington, y tras graduarse, fue destinado a la academia de mandos superiores y de oficiales de estado mayor de Fort Leavenworth como profesor. En 1934 sirvió en la oficina del jefe de infantería en Washington y de allí paso en 1939 a comandar el 19º R.I. en Hawaii, hasta que en junio de 1940 se convirtió en jefe de la sección de entrenamiento y operaciones del departamento de guerra en Washington. Su ascenso a general de brigada a tenor de su hoja de servicios fue en febrero de 1942; en ese año tras dirigir durante un mes el centro de entrenamiento de la infantería de reemplazo en Camp Croft (Carolina del Sur) pasó a dirigir la división de entrenamiento del cuartel general de las fuerzas de servicio del ejército hasta marzo de 1943, momento en que fue promocionado a comandante general.

Durante todos estos años Huebner se labró una excelente reputación por su capacidad para proporcionar una instrucción sobresaliente, tal es así que muy pronto se ganó el apodo de “entrenador”. Cuando comenzó el conflicto era uno de los mandos en activo dentro del ejército norteamericano con mayor experiencia, formación y entrenamiento; un oficial excepcional que conjugaba las dotes del oficial gestor-administrador, como puedan ser un Eisenhower o un Bradley, con las de tipo audaz y heroico como Patton. Eso le proporcionaba la capacidad de destacar en el campo de la alta gestión de igual manera que en el campo de batalla, lo que a su vez le reportaba grandes ventajas; podía usar las más modernas técnicas de gestión para resolver problemas administrativos, pero a la vez, podía ver las limitaciones de estos planteamientos al haber conducido pequeñas unidades sobre el campo de batalla. En definitiva, comprendía mucho mejor que sus superiores lo que ocurría cuando te encontrabas bajo fuego enemigo en primera línea del frente.

En marzo de 1943 tras su flamante nombramiento como comandante general, fue asignado en labores de estado mayor en el norte de África para un mes más tarde ser designado como jefe del estado mayor adjunto al general Alexander. El puesto no era nada fácil y las fricciones con Alexander fueron continuas debido a la inclinación de este último a menospreciar a los norteamericanos, por ello, el propio Huebner relata que fue un gran día para ambos cuando en agosto fue propuesto para comandar la 1º D.I.

Continua...
"Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero sino, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío". Albert Einstein

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beltzo
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Mensaje por beltzo » Mar Abr 24, 2007 1:57 pm

Aunque esto parezca indicar otra cosa, y Huebner volviera a sus orígenes, dirigir a la 1º D.I. era una tarea enormemente complicada por el modo en que obtuvo el mando. La 1º D.I. se había destacado en su lucha en el norte de África y Sicilia, a pesar de ello Bradley había tomado la decisión de sustituir al general Terry de la Mesa Allen y a su segundo Ted Roosevelt, por tener un estilo de liderazgo bastante anárquico que le llevaba incluso a desobedecer las ordenes recibidas, De la Mesa personificaba el lema extraoficial de la división: “Trabaja duro y bebe mucho porque en algún lado sueñan con organizarle una batalla a la primera”. El problema es que toda la división había adquirido sus hábitos y era profundamente respetado y apreciado. Bradley dejó claro el motivo de este cese: “Aunque la 1º D.I. sea la mejor del ejército, forma parte del mismo. El problema es que a veces lo olvida”.

artículo norteamericano al respecto, también influían las envidias de Patton
https://www.docdroid.net/TmvSwGK/who-fi ... 018-02.pdf

Allen no culpaba de su relevo a Huebner e incluso medió antes sus hombres para que le aceptaran, pero esto no iba a ser sencillo, según el coronel Stanhope Manson toda la división se sentía herida por el modo en que se había producido el relevo de Allen y Roosevelt, unos jefes queridos y respetados. Pero el sentir de la división lo expresó mucho mejor uno de los veteranos “Ahora nos envían a un jodido niño bonito para que nos enseñe a marchar por las colinas en las que hemos estado matando cabezas cuadradas. Mierda, mira que llegan a ser estúpidos esos hijoputas”.

Lo cierto es que el estilo de liderazgo de Huebner no podía ser más diferente al de Allen, si este último era anárquico Huebner era partidario de la disciplina y riguroso con los detalles. Aunque hubiese podido hacerlo, Huebner no cesó a nadie, pero muy pronto dejó claro quien mandaba allí y lo que entendía por disciplina consiguiendo que los hombres se ciñeran al manual de instrucciones.

Durante los días finales de los combates en Troina (Sicilia) le dio la impresión de que los soldados confiaban en exceso en el apoyo de artillería sin hacer un uso óptimo de sus armas ligeras, tras comprobar minuciosamente la munición utilizada esta impresión quedó confirmada. Sentía que en parte esto se debía a la poca confianza en si mismos de los tiradores lo que también se confirmo puesto que al examinarlos 2.000 soldados no fueron capaces de pasar las pruebas de tiro. Entonces construyó un campo de prácticas con él mismo como instructor, cuando veía alguna deficiencia preguntaba al líder del pelotón que era lo que fallaba, sino acertaba a dar con la respuesta preguntaba entonces al jefe de sección y así seguía hasta llegar al comandante de la compañía. El efecto fue inmediato, sus oficiales y suboficiales se tomaron gran interés en entrenar a sus hombres y muy pronto ellos mismos se convirtieron en expertos en técnicas de tiro. Más tarde Huebner afirmaría que la 1º D.I. tenía los mejores tiradores del ejército.

Tras arduos entrenamientos de todo tipo, cuando Huebner creyó que había llevado a la división a su limite pidió una inspección al cuerpo que fuese lo más dura posible; además solicitó que el comandante del cuerpo expresase con la mayor crudeza posible su más profunda insatisfacción para con él, delante de sus tropas. El propósito era conseguir que los soldados se diesen cuenta de que no eran los únicos a los que se les exigía disciplina y entrenamiento. De este modo creaba situaciones que ayudaban a reforzar patrones de comportamiento que les hiciera ver como y porque tenían que funcionar las cosas.

Por supuesto ello no le granjeo simpatías precisamente y en palabras del propio Huebner “tenía la reputación de ser un irracional, mezquino y viejo bastardo”. El coronel Mason afirmaría: “Un cambio de este tipo implicaba un nuevo estilo, un nuevo ritmo, de modo que durante el periodo de aprendizaje tuvimos frecuentes y maravillosas trifulcas”. El coronel John W. Bowen escribió: “Hizo pasar a su estado mayor y a los mandos un periodo difícil, con sus quejas y el rechazo de plano de muchas de sus ideas, conceptos y planes”. Pero el resultado es que la división pronto tuvo una preparación inigualable.

El 23 de octubre de 1943, la 1º D.I. fue enviada a Inglaterra para su futura participación en el desembarco de Normandia. El programa de instrucción comenzado en Sicilia adquiría aquí una nueva dimensión. Entrenamiento anfibio, largas marchas, integración con otros servicios, con especial hincapié en la coordinación entre la artillería y la infantería, todo ello sin descuidar la forma física.

El general Clift Andrus que más tarde comandaría la división escribió: Las actividades programadas por el general Huebner iban dirigidas a mejorar todos y cada uno de los detalles de su división, supervisando hasta los más nimios aspectos de la más pequeña de sus unidades. Él mismo manejaba las distintas armas que tendrían que usar sus hombres e incluso, una vez, se puso en una trinchera y ordenó a un tanque que la atravesara. Como me dijo un recluta: “Demonios, el maldito viejo conoce su oficio seguro”.

El periodista Don Whitehead que siguió los avatares de Huebner y su división en los meses previos al día D, escribió: “Conocía el trabajo y las funciones de todos los hombres de la división igual o incluso mejor que muchos de ellos porque él mismo había realizado las mismas tareas. Quería que la 1º D.I. ocupase una posición sobresaliente, y no sólo por una cuestión de orgullo, sino porque sabía que las tropas más bragadas y entrenadas hasta la extenuación, sufrían menos bajas para conseguir sus objetivos. Y, sí, era muy duro con sus hombres, porque sabía que al disciplina y el número de bajas en el campo de batalla mantenían una relación inversamente proporcional”.

El 3 de junio la división se trasladó a Pórtland y dos días después partió hacia Omaha, por tercera vez la 1º D.I. iba a ser la punta de lanza en un desembarco.

En Omaha nada salió como estaba previsto y se produjeron los más duros enfrentamientos del día D, pero gracias a su preparación, espíritu de sacrificio y el liderazgo de Huebner la *1º D.I. salió airosa del envite. Tras la dura prueba de Omaha los últimos recalcitrantes de la división se rindieron ante la evidencia y admitieron por fin que Huebner podía llevar con pleno derecho la insignia de la Big Red One en su hombro. Huebner se dio cuenta del cambio de actitud hacia él pero aún así llegaría a decir: “A mi me respetan, a él [Allen] le aman”.

Huebner fue premiado por su liderazgo en Omaha, con la agrupación de las hojas de roble sobre su medalla de servicios distinguidos, en la citación podía leerse: “Organizó y mandó las fuerzas a las que fue asignada la misión, difícil en extremo, de abrir el asalto en Normandia. A pesar del hecho de que su sector era el más fuertemente defendido de la costa y de que encontraron obstáculos prácticamente insuperables, dirigió a sus tropas hasta que la playa fue tomada y la misión cumplida. […] El éxito de la operación anfibia más grande de la historia, contra una barrera costera aparentemente inexpugnable, fue en buena mediad obra de la capacidad organizativa, del sentido de la previsión y de la indómita determinación y el inspirado liderazgo del general Huebner”.

Por aquellos días, interrogando a un doctor alemán, este le comentó que las unidades enfrentadas a la 1º D.I. habían sufrido un inusual alto número de bajas por fuego de armas ligeras traducido en aproximadamente 400 amputaciones, y le preguntó si tenía alguna explicación para ello. Huebner tuvo entonces la seguridad de que el duro entrenamiento iniciado en Sicilia no había sido en vano, su división había sido la que más impactos con este tipo de armas había realizado en Normandia.

Una de las técnicas usadas en su estilo de liderazgo consistía en llevar varias estrellas de plata en el bolsillo y condecorar en el momento las acciones valerosas, acto seguido pedía al oficial responsable que escribiera una citación apropiada, de esta manera motivaba a la tropa y se aseguraba que no hubiese ninguna relajación burocrática. Tampoco perdía oportunidad en alentar la agresividad de sus soldados, y así, hizo saber que cualquiera que destruyera un tanque con un bazooka sería condecorado con la estrella de plata.

Tras Normandia, participo con VII cuerpo del general Collins en la operación cobra, jugó un papel clave a la hora de rechazar a las tropas alemanas en Mortain lo que a la postre daría lugar a la bolsa de Falaise, persiguió a los alemanes por Francia culminando en la toma de la primera ciudad alemana, Aachen**, el 21 de octubre y en los enfrentamientos en el bosque de Huertgen.

En diciembre dejó el mando de la Red Big One y Bradley escribiría: “Cuando dejó la división los soldados lo sintieron casi tanto como cuando la dejo Allen”. Desde enero de 1945 era el jefe del V cuerpo a las órdenes de Patton, sus tropas fueron las primeras en estrechar la mano de los soviéticos en el Elba y tras su ascenso a teniente general en 1947, llegaría a ser el último gobernador militar en la zona de ocupación norteamericana en Alemania en 1949, retirándose del servicio activo al año siguiente. Murió en 1972 y sus restos reposan en el cementerio de Arlington (Kansas).

El historiador Martin Blumenson escribió: “Clarence Ralph Huebner personifica aquello que la fuerza de convicción, la inteligencia innata y las aptitudes naturales, ayudadas por un poco de suerte y mucho trabajo duro, pueden hacer para modelar una carrera militar sobresaliente […] De todos los grandes militares americanos del siglo XX, incluyendo a aquellos que son más conocidos por la opinión pública, ninguno mejor que él ejemplifica la fuerza fundamental que significa el ciudadano en armas en una sociedad democrática, en la que todas las puertas se abren ante su talento”.



*Para ser exactos el desembarco en Omaha implicaba al 16º rgto de la 1º D.I., con el 116º rgto de la 29º D.I. adjunto.

** Harry C. Butcher, ayudante naval de Eisenhower, anotó una anécdota al respecto en su diario fechada el 29 de octubre: Cuando comenté al general Huebner que Marshall había pensado en dar un concierto de la banda del ejército norteamericano en la primera ciudad conquistada a los alemanes, respondió que le parecía muy bien y que ojala se diese pronto la oportunidad. De pasó podían invitar al general Hodges al recital. Luego explicó lo que en realidad estaba diciendo de forma un tanto irónica, que era una insensatez celebrar un concierto a 3.000 yardas del frente que con toda probabilidad atraería la respuesta de la artillería alemana matando a los miembros de la banda y de paso al general Hodges. Marshall tuvo que ceder.



Bibliografía:
“Omaha Beach, una amarga victoria” Adrian R. Lewis, Planetadeagostini, 2006
“A study of Leadership in the First Infantry Division during World War II: Terry de la Mesa Allen and Clarence Ralph Huebner” Tesis del mayor R. J. Rogers, Fort Leavenworth, Kansas, 1965
“Un ejército al amanecer, la guerra en el norte de África 1942-1943” Rick Atkinson, Planetadeagostini, 2006
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korvettenkapitan
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Mensaje por korvettenkapitan » Mar May 08, 2007 6:40 pm

Una pregunta como es que un general de 3 estrellas osease un general de cuerpo podia mandar un ejercito en el caso norteamricano(patch o patton), y como un general de cuerpo, en el caso sovietico(esto es , un coronel general) podia mandar incluso hasta un frente???????????

Por cierto, el mejor comandante europeo norteamericano a mi entender era lightining joe, aunque huebner tb era muy bueno.

Saludos.

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