¡Hola!
Antes de nada otra aclaración: no es que los Estados Unidos consideraran seriamente una hipotética confrontación con Gran Bretaña como nación sino la amenaza de que las potencias del Eje dispusieran de su armada, así como de la francesa.
mark escribió:Estamos hablando de una situación en la que Gran bretaña, Francia, Holanda, Bélgica y Polonia son países soberanos e independientes. Lo que Alemania ha conseguido es un gran tratado de paz por el que estos países se comprometen a no entorpecer las pretensiones expansionistas alemanas en el este, es decir, contra la URSS. Ante esta situación se me antoja complicado imaginar una intervención de EEUU.
Como si les hubiera prometido la luna, es lo que hemos hablado antes, donde desde mi punto de vista la cuestión nuclear del tema es que Hitler carecía de toda credibilidad.
mark escribió:Grossman escribió:y creo que no existe siquiera debate que ponga en duda esta cuestión.
Bueno, permíteme discrepar. No creo que este extremo se pueda afirmar tan rotundamente.
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La realidad nos dice que hizo falta esperar hasta diciembre de 1941 y como consecuencia de una agresión exterior para ver cómo EEUU entraba en guerra, declaración además hecha por Alemania. Antes Francia había sido invadida y Gran Bretaña puesta contra las cuerdas y los americanos se habían limitado a enviar ayuda.
De las dificultades de los Estados Unidos para intervenir, las razones para hacerlo y las que impidieron que fuera antes.
Tras la firma del Pacto Anti-Comintern (1936) entre Alemania, Italia y Japón, los Estados Unidos comenzaron a considerar seriamente la posibilidad de tener que intervenir directamente en un conflicto europeo en aras de su propia seguridad. Y lo que comenzó como alerta se convirtió tras la “crisis de Munich” (1938) en preocupación franca que llevó a establecer una estrategia de contención en el Pacífico y de prioridad en el Atlántico, para lo que se requería la colaboración estrecha británica.
El problema militar de los Estados Unidos en junio de 1940, cuando ya estaba claro que no podía mantenerse neutral y su propia seguridad peligraba, es que no tenía capacidad beligerante y su única baza era el apoyo estratégico masivo a Gran Bretaña y rezar para que esta aguantara y Japón no entrara en la guerra. El pronóstico estadounidense sobre las intenciones japonesas era que atacaría solo en el caso de una Alemania triunfante.
A la vez que la incapacidad militar, había también un problema político porque Roosevelt, en verano de 1940, en plena campaña presidencial, había prometido rotundamente que ningún soldado estadounidense lucharía en guerras extranjeras. También había un escollo legal porque el presidente estaba atado por las leyes de neutralidad (“Neutrality Act”, 1935) por las que los Estados Unidos ni tan solo podían vender armas a naciones beligerantes. Y por añadidura, por el poder de un Congreso hostil; el presidente tenía prerrogativas para saltárselo pero debía justificarlas y traía consecuencias, por lo que Roosevelt se inclinaba por el compromiso y diversas fórmulas turbias para no aglutinar al Congreso en su contra.
El “Plan Dog” propuesto por el Almirante Stark y aprobado por la cúpula militar estadounidense a finales de 1940 establecía la estrategia militar de Estados Unidos frente a la amenaza del este, que respecto a Alemania se resumía en los siguientes puntos:
1. Alemania tiene que ser derrotada para la seguridad de los Estados Unidos
2. Gran Bretaña no es capaz de derrotar por sí sola a Alemania mediante tan solo el bombardeo estratégico y el bloqueo naval.
3. Para derrotar a Alemania debe llevarse a cabo una ofensiva terrestre, por lo que los Estados Unidos deben llevar grandes contingentes de fuerzas aéreas y terrestres a Europa o África o ambas y participar activamente en los combates.
Roosevelt se hallaba en un dilema y acosado por el sector aislacionista. Estaba de acuerdo en intervenir pero no dio una aprobación clara al plan, dejando sin embargo que los mandos militares llevaran los preparativos adelante, incluido la cooperación militar con los británicos. Los Estados Unidos no debían entrar en guerra hasta estar militarmente preparados y mientras debían dar toda la ayuda material posible a Gran Bretaña.
El panorama político interno obligaba a Roosevelt a ser muy cauto ante cualquier posibilidad de intervención directa, como se vio en la negativa inicial a escoltar los mercantes americanos en el Atlántico, incluso tras el hundimento del primero el 12 de junio. Una postura que quedó reforzada cuando se olía que Alemania iba a atacar a la Unión Soviética. Como eso podía cambiar todo el panorama, no era cuestión de jugársela antes de tiempo.
En opinión de Kershaw, una intervención militar estadounidense entre la caída de Francia y la invasión de la Unión Soviética no hubiera cambiado nada militarmente, sin embargo hubiera despertado una oposición interna y una desunión que no se dieron, sino al contrario, a partir de diciembre de 1941.
Saludos
Fuentes:
MORTON L
Germany First: The Basic Concept of Allied Strategy in World War II
KERSHAW I “Fateful Choices. Ten Decisions that Changed the Woeld 1940-1941”. Penguin (2007) p.184-242