¡Hola a todos!
Grossman escribió:¡Hola!
La imposición de duras condiciones de paz tenía precedentes protagonizados por quien le tocaba ahora sufrirlas. Tras la Guerra franco-prusiana de 1970-1971 Alemania impuso a Francia el pago de 5.000 millones de francos-oro, la cesión de Alsacia y Lorena, que eran territorios ricos en carbón, y soportar la humillación de ver desfilar a los tropas alemanas en París (Tratado de Frankfurt). Al negociar con Rusia su salida de la Primera Guerra Mundial, en 1918, los Imperios Centrales no le impusieron sanciones económicas, pero si la cesión, nada menos, que de: Finlandia, Polonia, Ucrania, países bálticos, Besarabia y Georgia (Tratado de Brest-Litovsk). Es muy difícil pensar que Alemania, en caso de haber resultado vencedora, hubiese sido benevolente con el vencido. Solo hay que recordar su agresiva e intimidatoria política exterior en la era post-Bismarck y como, a lo largo de la contienda, protagonizó la escalada del horror con la introducción del envenenamiento masivo, el bombardeo de ciudades y la guerra submarina contra buques civiles.
Saludos, Grossman. Esta clase de argumentación sufre los inconvenientes insuperables de la cambiante situación de periodos históricos muy separados y diferentes entre sí, y además nos puede obligar a retrotraernos constantemente en el tiempo. Pues si citamos las "duras" imposiciones de Alemania a Francia tras el final de la guerra de 1870-71, con la misma lógica también podríamos ponderar la invasión napoleónica sufrida por Alemania a principios de ese siglo y las "terribles" consecuencias de Jena. Además, la victoria alemana de 1871 no colmó del todo las aspiraciones prusianas de un Moltke, sino que se vio sabiamente administrada por un Bismarck que, por encima de todo, estaba muy lejos de querer humillar a Francia y muy cerca de hacer todo lo posible por mantener un equilibrio de poder sostenido en Europa.
Sin embargo, el Tratado de Paz de Brest-Litovsk es un precedente del todo válido para recrearnos en ese ejercicio siempre tan atractivo de las comparaciones. Es decir, uno siempre puede ponderar la "justicia o injusticia" general del Tratado de Paz de Versalles imaginándose cómo sería la "justicia o injusticia" de un tratado de paz impuesto a las naciones derrotadas por una Alemania victoriosa en la IGM. Y Brest-Litovsk es un buen indicio.
Lo que sucede, a mi juicio, es que la política no busca, en general, la justicia sino el interés propio, apetito que, desgraciadamente, muchas veces no va más allá del corto plazo. Yo creo que Versalles fue una gran equivocación política a medio plazo por parte de los aliados vencedores, pero no en especial por las cargas económicas que impusieron a la derrotada Alemania en particular, sino fundamentalmente por la configuración general que hicieron del mapa político europeo, que fue, en esencia, una bomba de relojería cargada con explosivo étnico en un
status quo de poder totalmente desequilibrado, pues una Europa políticamente estable era impracticable si se intentaba marginar a dos potencias, Rusia y Alemania, que por derecho propio (una forma de definir sus recursos humanos y materiales) tenían que formar parte obligada en el liderzgo de ese equilibrio de poder, junto con Francia y Gran Bretaña.
Por otra parte, creo que es un error de análisis considerar que el Tratado de Versalles, con respecto a Alemania, fue la raíz generadora del nazismo y de la guerra que desató su líder en 1939. Las pesadas cargas económicas impuestas a la República de Weimar no impidieron que, tras el fin de las revueltas revolucionarias y los intentos de golpe de estado de 1919-1923, el nuevo estado alemán viviese un razonable periodo de progreso económico y bienestar social durante 1923-1928, la llamada época dorada de Weimar. Durante ese tiempo, la amenaza interior contra Weimar no procedía de los problemas financieros ni de las obligaciones económicas del gobierno alemán relativas a Versalles, sino de la derecha e izquierda reaccionarias de Alemania que aceptaban de muy mala gana una democracia parlamentaria. De no producirse el crack bursátil de 1929, Weimar podía seguir desarrollando su sistema democrático y sus políticas económicas y sociales. Y podría hacerlo al tiempo de conseguir eliminar por medios estrictamente diplomáticos sus obligaciones económicas de Versalles (cosa que se logró en 1932, antes de la llegada de Hitler a la Cancillería del Reich) y las restricciones sobre armamentos. Y también podía conseguir por medios diplomáticos y económicos, pero con tiempo, lo que Hitler consiguió más tarde, en poco tiempo, por medios gangsteriles (Renania, la anexión de Austria, los Sudetes o Danzig). En otras palabras, la Weimar de Gustav Stresemann podía haber conseguido lo que años más tarde consiguió la República Federal de Alemania de Adenauer, salvo que Stresemann murió y el mundo financiero se tambaleó con la quiebra bursátil de 1929. Hay una gran similitud entre ese grandísimo estadista que fue Stresemann y Adenauer: ambos buscaban que Alemania se convirtiera en una gran potencia mundial, pero económica, no militar.
Las terribles consecuencias político-sociales del crack de 1929 brindaron el escenario ideal para que en Alemania cobraran protagonismo las fuerzas enemigas de Weimar, que utilizaron, por supuesto, todos los "males" de Versalles como arma arrojadiza en su lucha por el poder y en su búsqueda de la destrucción de la República de Weimar. Hitler fue el gran maestro en el manejo y conducción de esa propaganda explosiva, alimentando y exacerbando las pasiones y los sentimientos más negativos de una gran parte del pueblo alemán, consiguiendo final y fatalmente el apoyo decisivo de parte del liderazgo político, industrial, financiero y militar de la vendida República de Weimar.
Saludos cordiales
José Luis