Franz Halder (1884-1972) -1-
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Franz Halder nació en el seno de una familia bávara de antigua tradición militar. Su padre era el general Max Halder. En 1902 se unió al 3º Regimiento Real Bávaro de Artillería. En 1904 se gradúa con el rango de Segundo Teniente. Entre 1906 y 1907 asistió a la Escuela de Artillería en Múnich. Entre 1911 y 1912 asistió al Colegio de Oficiales en Baviera, alcanzando el rango de Teniente.
Al inicio de la Primera Guerra Mundial sirve como oficial de suministros en el III Cuerpo Bávaro de Infantería. En 1915 era parte del Estado Mayor de la 6ª División Bávara, siendo ascendido a Capitán poco después. En 1917 sirvió en los 2º y 4º ejércitos. Después fue transladado a la División de Caballería Bávara, al Cuartel General del Comandente en Jefe del frente oriental, al Cuartel General del XV Cuerpo de Reserva, y al Grupo de Ejércitos Príncipe Rodolfo de Baviera.
Después de ser oficial adjunto en el Alto Mando Bávaro, el capitán Halder fue enviado a la sección de entrenamiento de la Reichswehr en 1919, ya finalizada la guerra. Durante estos tumultuosos años de la post-guerra, Halder frecuentó la compañia de futuros líderes nazis, destancando Ernst Röhm. En 1923 alcanzó el rango de Mayor. Entre 1927 y 1929 se desempeñó como Director General del Entrenamiento de Oficiales en Múnich.
En 1929 fue promovido a Teniente Coronel. En 1931, fue nombrado Jefe de Estado Mayor del Distrito Militar de Westfalia, y poco después fue promovido a Coronel. En 1935, ya como Mayor General, comandó la 7ª División de Infantería.
En 1936 fue promovido a Teniente General y dos años después a General de Artillería. Ese mismo año fue nombrado Jefe de Estado Mayor del Alto Mando del Ejército Alemán, reemplazando a Beck, quien lo había recomendado. Halder fue el primer bávaro y el primer católico en ocupar este importante cargo, rompiendo la tradición protestante y prusiana. Aunque Halder había sucedido a un general que estaba en contra a las arriesgadas maniobras políticas de Hitler, a su vez, Halder también se oponía a éste último, y se involucró con los primeros círculos de oficiales que conspiraron contra Hitler. Sin embargo, su ambición sería mayor que su compromiso con la resistencia.
Uno de los primeros planes de golpe de Estado contra Hitler fue concebido durante la crisis de los Sudetes. Halder, apremiado por Beck, Oster, Schacht y Gisevius, arregló que la OKW le notificara con 48 horas de anticipación la orden de atacar el vecino país. De esta manera, cuando la orden fuera emitida por Hitler, Halder podría contar con tiempo suficiente para ordenar su arresto y prevenir una guerra europea, que consideraba Alemania no estaba lista para confrontar.
Para septiembre de 1939, los conspiradores habían planeado arrestar a Hitler después de regresar de Nuremberg, aunque surgieron dudas ocasionadas por la actitud apaciguadora de Chamberlain. Hitler regresó el 14 de septiembre, pero partió casi de inmediato para reunirse al día siguiente con Chamberlain en Berchtesgaden. Según Halder, él había dado la orden de arrestar a Hitler el 14 en la noche, pero canceló el golpe de Estado al enterarse que Chamberlain estaba en camino a Alemania. El testimonio de Halder contradice al registro oficial de movimientos de Hitler, que indica que éste no estuvo en Berlín esos días.
El 27 de septiembre, Halder fue notificado que Alemania atacaría Checoslovaquia el 30. En la mañana del día siguiente, Halder y sus colegas conspiradores decidieron actuar inmediatamente, no obstante, el general Walther von Brauchitsch, figura clave, disminuyó el ritmo de las operaciones al exigir supervisar los preparativos personalmente. Mientras Halder estaba reunido con Erwin von Witzleben discutiendo la captura de los principales centros del poder en Berlín, fue notificado que los Jefes de Gobierno de Francia y el Reino Unido habían accedido a visitar Alemania de nuevo, y Halder suspendió todos los planes, bajo la base de que las tropas no se alzarían cuando Hitler estaba ganando la partida en los Sudetes. Después de la guerra, Halder continuaría culpando a Neville Chamberlain del fracaso del golpe de Estado, al ceder Checoslovaquia pacíficamente en los Acuerdos de Múnich.
Duraqnte toda la crisis la actitud de Halder fue la de un obediente funcionario, temeroso, que, si bien reconoce que “ese loco de Hitler” va a llevar a Alemania a la ruina, no se atreve a actuar contra él. Según Canaris, Halder no actúa porque sufre un colpaso nervioso.