Sobre el Fuhrer
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Hola Kasparov.
Date una vuelta por
http://www.btinternet.com/~m.royden/mrl ... erpool.htm
Saludos.
Toni
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Saludos.
Toni
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Muchas gracias a ambos por los enlaces, me son muy útiles.
Saludos TMV y GorRSH.
Saludos TMV y GorRSH.

"Nosotros no queremos que triunfe un partido ni una clase sobre los demás; queremos que triunfe España como unidad, con una empresa futura que realizar en la que se fundan todas las voluntades individuales. Esto hemos de conseguirlo aún a costa de los mayores sacrificios, pues es mil veces preferible caer en servicio de tal empresa que llevar una vida lánguida, falta de ideal, sin otra meta ni ambición que llegar al día de mañana"
José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia
Quiero poner aqui una faceta desconocida del fuhrer, aqui os dejo un resumen.
http://www.youtube.com/watch?v=CMsaMGWP ... ted&search
http://www.youtube.com/watch?v=CMsaMGWP ... ted&search
Usuario Gruchenko, con el debido respeto, en este foro no hay cabida posible para memeces como el link que acabas de poner. Este lugar esta dedicado exclusivamente al estudio y conocimiento de la Segunda Guerra Mundial, de una manera seria e inteligente.
Por favor.
Saludos
Por favor.
Saludos

"Nosotros no queremos que triunfe un partido ni una clase sobre los demás; queremos que triunfe España como unidad, con una empresa futura que realizar en la que se fundan todas las voluntades individuales. Esto hemos de conseguirlo aún a costa de los mayores sacrificios, pues es mil veces preferible caer en servicio de tal empresa que llevar una vida lánguida, falta de ideal, sin otra meta ni ambición que llegar al día de mañana"
José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia
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8.- Metamorfosis en Landsberg
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
El cambio más curioso que noté en Hitler después de ser liberado de Landsberg, la Navidad de 1924, fue un descubrimiento gradual. Hitler estuvo en prisión con Röhm y Hess y había intimado mucho con ellos. El joven Hess estaba siempre inmerso en sus pensamientos:
“Si lo pudiera sacar de Landsberg, Mein Hess”, solía decir.
“No puedo olvidar como sus ojos se llenaban de lágrimas cuando dejó la fortaleza. Pobre chico”.
Cuando visitaba a Hitler en la fortaleza noté que él i Hess se trataban de “tu”, pero fue muy curioso ver como después de la liberación de Hess, en 1926, Hess dejó de utilizar el “tu” y siempre se refería a Hitler como “Mein Führer”.
De hecho, fue Hess quien conscientemente construyó el equivalente del culto por el Duce, creciente en Italia. Eso no gustaba nada a los miembros más veteranos del partido, que continuaban usando la manera familiar e informal “Herr Hitler” para dirigirse a él. Fue entonces cuando la admiración de Hitler por Mussolini llegó al máximo.
A parte de esto, para traducir el culto a Mussolini (il Duce) a un culto “Mein Führer”, Hess probó, con un evidente éxito, de infundir de nuevo a Hitler las teorías geopolíticas y las doctrinas que emanan del estudio del general bavarés retirado, el profesor Max Haushofer. El leitmotiv más importante de esas teorías es la posición central en el océano Pacífico reservada para el imperio japonés y el potencial nipón.
Para Haushofer, el futuro del siglo veinte estaría determinado por la expansión de los japoneses y de su imperio.
Otro factor que se remonta de manera evidente al período de encarcelamiento en Landsberg es la probabilidad que durante aquel tiempo de aislamiento y de privación sexual comenzó a cristalizar una afinidad con Hess que creo que hubiera podido rozar el terreno sexual.
Después del asesinato de Röhm (30 de junio de 1934), cuando supe que el sobrenombre con el que los miembros homosexuales del partido se referían a Hess “Fraulein Anna” (señorita Ana), y que era sabido que había asistido a fiestas vestido de mujer, mis pensamientos regresaron a Landsberg, diez años atrás. Fue entonces cuando algunos rasgos ominosos del carácter de Hitler que hasta entonces me habían pasado inadvertidos comenzaron a atraer mi atención.
Después del asesinato de Röhm, de vez en cuando me iba llegando información en pequeñas dosis que me llevaron a pensar en Hitler como en un sadomasoquista con una posible entrada homosexual (cf. Hess i von Schirach, etc –todos ellos anormales-).
Cuando en marzo de 1937 mostré la caligrafía de Hitler a Jung, en Zurich, dijo de forma muy seca:
“Hinter dieser Schrift ist nichts als ein grosses Wieb” (Detrás de esta caligrafía reconozco las características típicas de un hombre con instintos esencialmente femeninos)
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
http://www.sapiensdigital.com
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
El cambio más curioso que noté en Hitler después de ser liberado de Landsberg, la Navidad de 1924, fue un descubrimiento gradual. Hitler estuvo en prisión con Röhm y Hess y había intimado mucho con ellos. El joven Hess estaba siempre inmerso en sus pensamientos:
“Si lo pudiera sacar de Landsberg, Mein Hess”, solía decir.
“No puedo olvidar como sus ojos se llenaban de lágrimas cuando dejó la fortaleza. Pobre chico”.
Cuando visitaba a Hitler en la fortaleza noté que él i Hess se trataban de “tu”, pero fue muy curioso ver como después de la liberación de Hess, en 1926, Hess dejó de utilizar el “tu” y siempre se refería a Hitler como “Mein Führer”.
De hecho, fue Hess quien conscientemente construyó el equivalente del culto por el Duce, creciente en Italia. Eso no gustaba nada a los miembros más veteranos del partido, que continuaban usando la manera familiar e informal “Herr Hitler” para dirigirse a él. Fue entonces cuando la admiración de Hitler por Mussolini llegó al máximo.
A parte de esto, para traducir el culto a Mussolini (il Duce) a un culto “Mein Führer”, Hess probó, con un evidente éxito, de infundir de nuevo a Hitler las teorías geopolíticas y las doctrinas que emanan del estudio del general bavarés retirado, el profesor Max Haushofer. El leitmotiv más importante de esas teorías es la posición central en el océano Pacífico reservada para el imperio japonés y el potencial nipón.
Para Haushofer, el futuro del siglo veinte estaría determinado por la expansión de los japoneses y de su imperio.
Otro factor que se remonta de manera evidente al período de encarcelamiento en Landsberg es la probabilidad que durante aquel tiempo de aislamiento y de privación sexual comenzó a cristalizar una afinidad con Hess que creo que hubiera podido rozar el terreno sexual.
Después del asesinato de Röhm (30 de junio de 1934), cuando supe que el sobrenombre con el que los miembros homosexuales del partido se referían a Hess “Fraulein Anna” (señorita Ana), y que era sabido que había asistido a fiestas vestido de mujer, mis pensamientos regresaron a Landsberg, diez años atrás. Fue entonces cuando algunos rasgos ominosos del carácter de Hitler que hasta entonces me habían pasado inadvertidos comenzaron a atraer mi atención.
Después del asesinato de Röhm, de vez en cuando me iba llegando información en pequeñas dosis que me llevaron a pensar en Hitler como en un sadomasoquista con una posible entrada homosexual (cf. Hess i von Schirach, etc –todos ellos anormales-).
Cuando en marzo de 1937 mostré la caligrafía de Hitler a Jung, en Zurich, dijo de forma muy seca:
“Hinter dieser Schrift ist nichts als ein grosses Wieb” (Detrás de esta caligrafía reconozco las características típicas de un hombre con instintos esencialmente femeninos)
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
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9.- Vida sexual
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
El período vienes
La estancia de Hitler en Viena empezó en 1909. Fue la primera vez que tomó contacto con la prostitución metropolitana. Haciendo una lectura entre líneas de Mein Kampf es posible deducir que una prostituta judía le contagió alguna enfermedad venérea.
La residencia masculina llamada “Mannerheim Brigittenau”, según el Dr. Sedgwick, tenía la fama de ser un lugar donde iban hombres maduros a buscar chicos jóvenes para mantener relaciones sexuales (esta información le llego al Dr. Sedgwick en el año 1938 a través de un miembro del antiguo régimen Dollfuss, Herr von Seidler).
Es probable que en aquel momento esta forma de relaciones entre viejos libertinos y jóvenes gigoló resultara familiar para el joven Adolf, lo cual explicaría la relativa falta de rechazo hacia este hecho hasta el momento.
Durante el llamado “período vienés”, la Sra. Brigid Hitler declara que Adolf Hitler a menudo va a ver a su hermanastro Alois II, que vagabundeaba por Viena.
El Dr. Sedgwick cree que es poco probable que Hitler se permitiera alguna relación homosexual en aquellos tiempos, sino que más bien representa, aún ahora, el típico narcisista egocéntrico y onanista que desea la mujer imposible, y con brotes ocasionales de histeria de naturaleza sadomasoquista.
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
El período vienes
La estancia de Hitler en Viena empezó en 1909. Fue la primera vez que tomó contacto con la prostitución metropolitana. Haciendo una lectura entre líneas de Mein Kampf es posible deducir que una prostituta judía le contagió alguna enfermedad venérea.
La residencia masculina llamada “Mannerheim Brigittenau”, según el Dr. Sedgwick, tenía la fama de ser un lugar donde iban hombres maduros a buscar chicos jóvenes para mantener relaciones sexuales (esta información le llego al Dr. Sedgwick en el año 1938 a través de un miembro del antiguo régimen Dollfuss, Herr von Seidler).
Es probable que en aquel momento esta forma de relaciones entre viejos libertinos y jóvenes gigoló resultara familiar para el joven Adolf, lo cual explicaría la relativa falta de rechazo hacia este hecho hasta el momento.
Durante el llamado “período vienés”, la Sra. Brigid Hitler declara que Adolf Hitler a menudo va a ver a su hermanastro Alois II, que vagabundeaba por Viena.
El Dr. Sedgwick cree que es poco probable que Hitler se permitiera alguna relación homosexual en aquellos tiempos, sino que más bien representa, aún ahora, el típico narcisista egocéntrico y onanista que desea la mujer imposible, y con brotes ocasionales de histeria de naturaleza sadomasoquista.
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Análisis
Su vida sexual es doble, como su pensamiento político. Es a la vez homo y heterosexual; socialista y nacionalista convencido, hombre y mujer.
Mientras que el verdadero Adolf Hitler esquiva la diagnosis, hay determinados hechos que demuestran que su situación sexual es insostenible e incluso desesperada. Parece que hay obstáculos psíquicos, e incluso físicos, que imposibilitan una satisfacción sexual real y completa.
En general, lo que Hitler busca es alguien que le haga de madre y pareja a la vez. A parte de esos, a partir de 1933, también obtiene placer estético en la contemplación de chicos y chicas adolescentes. Pero, por encima de todo, el factor dominante continua siendo la frustración, porque al no encontrar la mujer que él necesita en la vida diaria, se refugia en un aislamiento meditabundo, y en una vida pública artificialmente dramatizada.
Por ejemplo, mujeres que eran obviamente prostitutas, raramente admitidas en el hotel Kaiserhor, eran fervientemente admiradas por Hitler porque siempre aparecían en parejas o con un hombre. Una mujer solitaria siempre será ignorada por Hitler, a excepción de que sea delante de una gran multitud y Hitler pueda enviarle un ayudante de campo que averigüe la identidad. El siempre quiere ser un espectador.
Una vez, en 1923, le dijo al Dr. Sedgwick: “¿Sabe que el público del circo es como una mujer? Quien no entienda este carácter intrínsicamente femenino de la masa nunca será un orador efectivo. Pregúntese que lo que una mujer espera de un hombre. Claridad, decisión, poder, acción.
Como una mujer las masas fluctúan entre los extremos. Lo que queremos es que las masas actúen y eso, obviamente, no se consigue apelando a su egoísmo o a su cobardía, si no a sus ideales, a su coraje o a su espíritu de sacrificio. ¿Quién tiene más espíritu de sacrificio que una mujer? Si se le pide adecuadamente estará orgullosa en sacrificarse, porque ninguna mujer sentirá nunca que los sacrificios que ha hecho durante su vida han recibido la recompensa merecida.
En otra ocasión, el Dr. Sedgwick le preguntó:
“¿Porqué no se casa y hace callar a sus enemigos?, Hitler le respondió:
“El matrimonio no es para mí, y no lo será nunca. Mi única esposa es mi Patria”.
Seguidamente, sin ninguna asociación de ideas aparente, añadió: “Hay dos maneras de juzgar el carácter de un hombre: por la mujer con quien se casa y de la forma en que muere”.
En 1923, una vez el Dr. Sedgwick dijo en tono de broma: “si no se casa debería de tener una amante”, Hitler le contestó “La política es una mujer; al infeliz que la ama acaba cortándole la cabeza”.
Una vez, hablando sobre mujeres con Hitler, ocasionalmente citó este proverbio ruso:”Si vas con una mujer no olvides la fusta”. Lo dijo con la idea que el hombre habría de ser el amo de la situación erótica.
Cualquier persona que haya visto hablar a Hitler de manera vergonzosa y pueril de una mujer enseguida pensaría que en un matrimonio él sería el sometido, pero es una idea manifiestamente equivocada. Parecería que la fusta tiene un papel misterioso dentro de su relación con las mujeres.
Según la opinión del Dr. Sedgwick, después de casi quince años de colaboración con Hitler, la fusta con la que a Hitler le gustaba gesticular representa una manera de substitución o símbolo auxiliar de su falta de potencia sexual.
EL hecho de si el hábito de Hitler de gesticular y llevar una fusta, incluso hasta cuando habla con una mujer, es un recuerdo residual de su sádico padre, es una pregunta abierta. Ciertamente, es un fenómeno curioso que la figura de la fusta aparezca tan frecuentemente en la técnica sexual y política del Führer, y que al mismo tiempo esté ligada, consciente o inconscientemente, a otro de sus complejos: “el complejo de Mesías”. Lo que esto significa se verá en el siguiente incidente.
En junio de 1923, el Dr. Sedgwick había visitado Berchtesgades invitado por Hitler pero pagándose él mismo la estancia. En aquel momento, Hitler no poseía casa allí y estaba en la pensión Moritz, el propietario de la cual era Herr Büchner, un piloto alemán de la primera guerra mundial y que tenía una mujer rubia de un metro ochenta notablemente rechoncha.
Era, por lo tanto, más alta que Hitler. Esa mujer de ojos azules, sensual pero más bien vulgar, fu capaz de entender de tal manera a Hitler que parecía que estuviera fuera de si. Le faltaba el aliento, tenía las mejillas en llamas y los ojos llenos de exaltación. Hitler iba arriba y abajo por el largo porche ubicado en el jardín con postura de aventurero y moviendo su fusta. Se paró para hablar con Frau Büchner, con la fusta en la mano, puntuando cada frase con la fusta, como si fuera un escolar.
Evidentemente presumía de hablar con Frau Büchner delante de la numerosa galería de admiradoras, todas militantes del partido. Eso no impresionaba a Frau Büchner. Una vez tras otra Hitler estaba toda la tarde haciendo el bandido, el salvaje, el hombre que vive peligrosamente. Toda la puesta en escena parecía totalmente vacía.
A Anton Drexler y su mujer, que eran gente simple y amable, no les gustaba tal espectáculo. Drexler era uno de los fundadores del partido y su esposa, una de las militantes más importantes. Creían que era indignante y escandaloso, sobre todo porque Frau Büchner era una mujer que daba a todas las cosas un aspecto adúltero.
Su vida sexual es doble, como su pensamiento político. Es a la vez homo y heterosexual; socialista y nacionalista convencido, hombre y mujer.
Mientras que el verdadero Adolf Hitler esquiva la diagnosis, hay determinados hechos que demuestran que su situación sexual es insostenible e incluso desesperada. Parece que hay obstáculos psíquicos, e incluso físicos, que imposibilitan una satisfacción sexual real y completa.
En general, lo que Hitler busca es alguien que le haga de madre y pareja a la vez. A parte de esos, a partir de 1933, también obtiene placer estético en la contemplación de chicos y chicas adolescentes. Pero, por encima de todo, el factor dominante continua siendo la frustración, porque al no encontrar la mujer que él necesita en la vida diaria, se refugia en un aislamiento meditabundo, y en una vida pública artificialmente dramatizada.
Por ejemplo, mujeres que eran obviamente prostitutas, raramente admitidas en el hotel Kaiserhor, eran fervientemente admiradas por Hitler porque siempre aparecían en parejas o con un hombre. Una mujer solitaria siempre será ignorada por Hitler, a excepción de que sea delante de una gran multitud y Hitler pueda enviarle un ayudante de campo que averigüe la identidad. El siempre quiere ser un espectador.
Una vez, en 1923, le dijo al Dr. Sedgwick: “¿Sabe que el público del circo es como una mujer? Quien no entienda este carácter intrínsicamente femenino de la masa nunca será un orador efectivo. Pregúntese que lo que una mujer espera de un hombre. Claridad, decisión, poder, acción.
Como una mujer las masas fluctúan entre los extremos. Lo que queremos es que las masas actúen y eso, obviamente, no se consigue apelando a su egoísmo o a su cobardía, si no a sus ideales, a su coraje o a su espíritu de sacrificio. ¿Quién tiene más espíritu de sacrificio que una mujer? Si se le pide adecuadamente estará orgullosa en sacrificarse, porque ninguna mujer sentirá nunca que los sacrificios que ha hecho durante su vida han recibido la recompensa merecida.
En otra ocasión, el Dr. Sedgwick le preguntó:
“¿Porqué no se casa y hace callar a sus enemigos?, Hitler le respondió:
“El matrimonio no es para mí, y no lo será nunca. Mi única esposa es mi Patria”.
Seguidamente, sin ninguna asociación de ideas aparente, añadió: “Hay dos maneras de juzgar el carácter de un hombre: por la mujer con quien se casa y de la forma en que muere”.
En 1923, una vez el Dr. Sedgwick dijo en tono de broma: “si no se casa debería de tener una amante”, Hitler le contestó “La política es una mujer; al infeliz que la ama acaba cortándole la cabeza”.
Una vez, hablando sobre mujeres con Hitler, ocasionalmente citó este proverbio ruso:”Si vas con una mujer no olvides la fusta”. Lo dijo con la idea que el hombre habría de ser el amo de la situación erótica.
Cualquier persona que haya visto hablar a Hitler de manera vergonzosa y pueril de una mujer enseguida pensaría que en un matrimonio él sería el sometido, pero es una idea manifiestamente equivocada. Parecería que la fusta tiene un papel misterioso dentro de su relación con las mujeres.
Según la opinión del Dr. Sedgwick, después de casi quince años de colaboración con Hitler, la fusta con la que a Hitler le gustaba gesticular representa una manera de substitución o símbolo auxiliar de su falta de potencia sexual.
EL hecho de si el hábito de Hitler de gesticular y llevar una fusta, incluso hasta cuando habla con una mujer, es un recuerdo residual de su sádico padre, es una pregunta abierta. Ciertamente, es un fenómeno curioso que la figura de la fusta aparezca tan frecuentemente en la técnica sexual y política del Führer, y que al mismo tiempo esté ligada, consciente o inconscientemente, a otro de sus complejos: “el complejo de Mesías”. Lo que esto significa se verá en el siguiente incidente.
En junio de 1923, el Dr. Sedgwick había visitado Berchtesgades invitado por Hitler pero pagándose él mismo la estancia. En aquel momento, Hitler no poseía casa allí y estaba en la pensión Moritz, el propietario de la cual era Herr Büchner, un piloto alemán de la primera guerra mundial y que tenía una mujer rubia de un metro ochenta notablemente rechoncha.
Era, por lo tanto, más alta que Hitler. Esa mujer de ojos azules, sensual pero más bien vulgar, fu capaz de entender de tal manera a Hitler que parecía que estuviera fuera de si. Le faltaba el aliento, tenía las mejillas en llamas y los ojos llenos de exaltación. Hitler iba arriba y abajo por el largo porche ubicado en el jardín con postura de aventurero y moviendo su fusta. Se paró para hablar con Frau Büchner, con la fusta en la mano, puntuando cada frase con la fusta, como si fuera un escolar.
Evidentemente presumía de hablar con Frau Büchner delante de la numerosa galería de admiradoras, todas militantes del partido. Eso no impresionaba a Frau Büchner. Una vez tras otra Hitler estaba toda la tarde haciendo el bandido, el salvaje, el hombre que vive peligrosamente. Toda la puesta en escena parecía totalmente vacía.
A Anton Drexler y su mujer, que eran gente simple y amable, no les gustaba tal espectáculo. Drexler era uno de los fundadores del partido y su esposa, una de las militantes más importantes. Creían que era indignante y escandaloso, sobre todo porque Frau Büchner era una mujer que daba a todas las cosas un aspecto adúltero.
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Pero aún había otra persona presente que también criticaba a Hitler, Dietrich Eckart, el poeta. Era un hombre muy alto y corpulento, con una calva impresionante, unos ojos pequeños y brillantes, y un corazón bavarés blando.
Se dio el caso, que, por una falta de habitaciones, aquella noche se vio obligado a compartir habitación con el Dr. Sedgwick. Esa noche, cuando se retiraron a dormir, dijo lo siguiente:
“Tendría que haber estado aquí esta mañana. La manera como Adolf Hitler se comporta me sobrepasa. No se le puede decir nada. Ese hombre está claramente loco. Camina arriba y abajo con su fusta, hablando con aquella vaca burra, Frau Büchner”.
Ha llegado a explicarle su visita a Berlín:
“Cuando fui a Berlín, hace dos semanas, y vi el tráfico que había en Kurfürstendann, el lujo, la perversión, la exhibición impúdica y el materialismo judío, me disgustaron tan profundamente, que casi pierdo el sentido, Casi me imaginé a mi mismo en la piel de Jesucristo cuando fue al templo de su padre y encontró…”.
… El día después de tener esa conversación con Dietrich Eckart, el Dr. Sedgwick se marchó de la pensión Moritz. Hitler y otros amigos lo acompañaron hasta Berchtesgaden. Eckart no estaba en el grupo. Hitler debía haber notado que Eckart lo criticaba. Poco después de empezar a caminar, Hitler introdujo a Eckart en la conversación.
“Dietrich Eckart se ha convertido en un viejo pesimista” dijo Hitler, “una persona débil y senil, que se ha enamorado de aquella mujer, Annerl, que es treinta años más joven que él. Es tan indeciso como Hamlet, o quizás como el Peer Gynt d’Ibsen –que él tradujo tan bien-, un hombre que no sabe nunca lo que quiere. Schopenhauer no le ha hecho ningún bien, a Eckart, lo ha convertido en un Tomas dubitativo, que sólo busca el Nirvana. ¿Dónde iría a parar si escuchara todo este discurso trascendental?. Una bonita sapiencia suprema, esta: a reducir al mínimo el deseo y la voluntad. Cuando el deseo desaparece, todo desaparece. Esta vida es la guerra”.
Hitler continuó dejando como un trapo sucio a Eckart, en parte porque Eckart había expresado su desaprobación hacia Hitler por haberse comparado con el Mesías, y en parte porque Hitler estaba furiosamente celoso de Eckart porque se había enamorado de una chica joven.
La conversación cambió y Hitler se puso a silbar la “Canción del cisne” de la ópera Lohengrin. Y lo hizo de una manera curiosa, con un suave temblor que conseguía soplando hacia adentro y hacia fuera. Después continuó atacando a Eckart, a quien llamaba “viejo bendecido” como si quisiera asegurarse que desacreditaba absolutamente cualquier cosa que Eckart hubiera dicho al DR. Sedgwick, quien de esta manera acabó de certificar que todo lo que Eckart había dicho, era correcto.
Había otra razón por la cual Hitler criticaba de aquella manera intentando desacreditar a Eckart. Anton Drexler y su esposa habían ido a la pensión Moritz y, juntamente con Eckart y los otros, habían estado discutiendo sobre el pasado y futuro del partido. Entre todos habían llegado a la conclusión que en 1923 aún no habían conseguido los objetivos que Hitler había profetizado.
Se dio el caso, que, por una falta de habitaciones, aquella noche se vio obligado a compartir habitación con el Dr. Sedgwick. Esa noche, cuando se retiraron a dormir, dijo lo siguiente:
“Tendría que haber estado aquí esta mañana. La manera como Adolf Hitler se comporta me sobrepasa. No se le puede decir nada. Ese hombre está claramente loco. Camina arriba y abajo con su fusta, hablando con aquella vaca burra, Frau Büchner”.
Ha llegado a explicarle su visita a Berlín:
“Cuando fui a Berlín, hace dos semanas, y vi el tráfico que había en Kurfürstendann, el lujo, la perversión, la exhibición impúdica y el materialismo judío, me disgustaron tan profundamente, que casi pierdo el sentido, Casi me imaginé a mi mismo en la piel de Jesucristo cuando fue al templo de su padre y encontró…”.
… El día después de tener esa conversación con Dietrich Eckart, el Dr. Sedgwick se marchó de la pensión Moritz. Hitler y otros amigos lo acompañaron hasta Berchtesgaden. Eckart no estaba en el grupo. Hitler debía haber notado que Eckart lo criticaba. Poco después de empezar a caminar, Hitler introdujo a Eckart en la conversación.
“Dietrich Eckart se ha convertido en un viejo pesimista” dijo Hitler, “una persona débil y senil, que se ha enamorado de aquella mujer, Annerl, que es treinta años más joven que él. Es tan indeciso como Hamlet, o quizás como el Peer Gynt d’Ibsen –que él tradujo tan bien-, un hombre que no sabe nunca lo que quiere. Schopenhauer no le ha hecho ningún bien, a Eckart, lo ha convertido en un Tomas dubitativo, que sólo busca el Nirvana. ¿Dónde iría a parar si escuchara todo este discurso trascendental?. Una bonita sapiencia suprema, esta: a reducir al mínimo el deseo y la voluntad. Cuando el deseo desaparece, todo desaparece. Esta vida es la guerra”.
Hitler continuó dejando como un trapo sucio a Eckart, en parte porque Eckart había expresado su desaprobación hacia Hitler por haberse comparado con el Mesías, y en parte porque Hitler estaba furiosamente celoso de Eckart porque se había enamorado de una chica joven.
La conversación cambió y Hitler se puso a silbar la “Canción del cisne” de la ópera Lohengrin. Y lo hizo de una manera curiosa, con un suave temblor que conseguía soplando hacia adentro y hacia fuera. Después continuó atacando a Eckart, a quien llamaba “viejo bendecido” como si quisiera asegurarse que desacreditaba absolutamente cualquier cosa que Eckart hubiera dicho al DR. Sedgwick, quien de esta manera acabó de certificar que todo lo que Eckart había dicho, era correcto.
Había otra razón por la cual Hitler criticaba de aquella manera intentando desacreditar a Eckart. Anton Drexler y su esposa habían ido a la pensión Moritz y, juntamente con Eckart y los otros, habían estado discutiendo sobre el pasado y futuro del partido. Entre todos habían llegado a la conclusión que en 1923 aún no habían conseguido los objetivos que Hitler había profetizado.
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Todo aquel tiempo había habido una gran mayoría conservadora de elementos pertenecientes a la pequeña burguesía, encabezados por los Drexler, que se oponían al camino anárquico y revolucionario que Hitler y Rosenberg estaban siguiendo.
Estaban insatisfechos con las promesas continuas de Hitler sobre asegurar el poder en Bavaria en el transcurso de unas semanas. Estas promesas, hechas a mediados de enero de 1923, cuando los franceses ocuparon el Rin, se renuevan constantemente en los cinco meses siguientes.
Gente como Drexler, Esser, Eckart y Feder, habían empezado a ver que los planes de Hitler de emprender una acción inmediata y violenta, atraían hacia el partido un grupo de elementos dispuestos a todo, en lugar de socialistas verdaderos de la clase obrera que querían entender la maquinaria del partido por toda Alemania hasta que se obtuviera el poder por pura superioridad numérica, con, relativamente, poca violencia.
Esos descontentos habían visto muy claramente que la intención de Hitler era copiar los modelos de Mussolini, que había hecho con éxito su “Marcha sobre Roma” hacía pocos meses. Pero también recordaban que la Marcha sobre Roma estaba mucho mejor preparada, por un partido mucho más fuerte numéricamente, encabezado por hombres como Michele Bianchi, Italo Balbo, el general De Bono y el general De Vecchi, y que la marcha se llevó a cabo con el tácito consentimiento de Victor Manuel III. El éxito de la marcha se basó en el hecho de que se llevó a cabo sin violencia gracias a una cuidada preparación. Eckart le dijo al Dr. Sedgwick: “suponiendo que pudiéramos tomar Munich mediante una insurrección (Putsch), Munich no es Berlín. Al final no llevaría a nada más que a un supremo fracaso”.
En aquel momento la prensa de la oposición alemana y europea comenzó a hablar de Hitler como el Mussolini de bolsillo, burlándose del intento fallido de hacerse con el poder el 1 de mayo de 1923, cuando los batallones nacionalsocialistas habían de ser desarmados por sorpresa por el capitán Röhm.
Esta falta de poder real y de soporte fue lo que hizo militarmente imposible marchar sobre Berlín y lo que llevó a Hitler a verse a sí mismo en el papel de Mesías con la fusta marchando sobre “aquella Babel del pecado” (Berlín) al mando de un pequeño grupo de desesperados, que inevitablemente irían seguidos de más y más insatisfechos del Reich.
Hitler citó el lema del príncipe Eugenio de Saboya que el Dr. Sedgwick le había enseñado unos meses antes: “Hablas de la marcha de soporte, pero ésta no es razón para dudar cuando ha llegado la hora. Marchemos, entonces los seguidores se encontrarán a sí mismos”.
Entonces, como también haría más adelante, Hitler no hizo caso del consejo de los parlamentarios conservadores que había en el partido, consciente que cualquier compromiso con ellos anularía sus sueños de ser el futuro Mesías de Alemania. “Alles oder nichts”, todo o nada…
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
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Estaban insatisfechos con las promesas continuas de Hitler sobre asegurar el poder en Bavaria en el transcurso de unas semanas. Estas promesas, hechas a mediados de enero de 1923, cuando los franceses ocuparon el Rin, se renuevan constantemente en los cinco meses siguientes.
Gente como Drexler, Esser, Eckart y Feder, habían empezado a ver que los planes de Hitler de emprender una acción inmediata y violenta, atraían hacia el partido un grupo de elementos dispuestos a todo, en lugar de socialistas verdaderos de la clase obrera que querían entender la maquinaria del partido por toda Alemania hasta que se obtuviera el poder por pura superioridad numérica, con, relativamente, poca violencia.
Esos descontentos habían visto muy claramente que la intención de Hitler era copiar los modelos de Mussolini, que había hecho con éxito su “Marcha sobre Roma” hacía pocos meses. Pero también recordaban que la Marcha sobre Roma estaba mucho mejor preparada, por un partido mucho más fuerte numéricamente, encabezado por hombres como Michele Bianchi, Italo Balbo, el general De Bono y el general De Vecchi, y que la marcha se llevó a cabo con el tácito consentimiento de Victor Manuel III. El éxito de la marcha se basó en el hecho de que se llevó a cabo sin violencia gracias a una cuidada preparación. Eckart le dijo al Dr. Sedgwick: “suponiendo que pudiéramos tomar Munich mediante una insurrección (Putsch), Munich no es Berlín. Al final no llevaría a nada más que a un supremo fracaso”.
En aquel momento la prensa de la oposición alemana y europea comenzó a hablar de Hitler como el Mussolini de bolsillo, burlándose del intento fallido de hacerse con el poder el 1 de mayo de 1923, cuando los batallones nacionalsocialistas habían de ser desarmados por sorpresa por el capitán Röhm.
Esta falta de poder real y de soporte fue lo que hizo militarmente imposible marchar sobre Berlín y lo que llevó a Hitler a verse a sí mismo en el papel de Mesías con la fusta marchando sobre “aquella Babel del pecado” (Berlín) al mando de un pequeño grupo de desesperados, que inevitablemente irían seguidos de más y más insatisfechos del Reich.
Hitler citó el lema del príncipe Eugenio de Saboya que el Dr. Sedgwick le había enseñado unos meses antes: “Hablas de la marcha de soporte, pero ésta no es razón para dudar cuando ha llegado la hora. Marchemos, entonces los seguidores se encontrarán a sí mismos”.
Entonces, como también haría más adelante, Hitler no hizo caso del consejo de los parlamentarios conservadores que había en el partido, consciente que cualquier compromiso con ellos anularía sus sueños de ser el futuro Mesías de Alemania. “Alles oder nichts”, todo o nada…
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
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10.- Modelos de Auto identificación
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
Introducción
Hitler, uno de los numerosos soldados anónimos, pronto hizo saber que mientras estaba en la enfermería de Pasewalk (otoño de 1918) recibía órdenes de un mundo superior para salvar a su infeliz país. Esta vocación se le manifestó en forma de una visión sobrenatural. Hitler en aquel lugar y en aquel instante decidió que se convertiría en político. Sintió que su misión era liberar Alemania. Para cumplir la misión, Hitler ha hecho uso de diferentes auto identificaciones.
Un primer modelo de auto identificación destacable fue el de “tamborilero”.
En algunas reuniones celebradas al inicio del año 1923, Hitler se habría referido a sí mismo como el tamborilero que marcha al frente de un movimiento de liberación que había de llegar. Tenía la idea que ese papel era el del anunciador de una nueva época. El gran líder llegaría algún día. Aún no se veía a sí mismo como ese líder, había un punto de sumisión ciega al general Luendorff y a la casta militar.
Fue en aquella época cuando el Dr. Sedgwick aconsejó a Hitler estudiar la Biblia luterana, que además de ser el equivalente del clavicordio bien afinado en la literatura alemana, contiene un arsenal perfecto de pasajes contundentes, altamente útiles en la lucha contra los bolcheviques ateos, y doblemente adecuada para Baviera, el hogar de las representaciones teatrales de la pasión de Oberammergau.
Conviene recordar que en aquella época el partido luchaba por aquello que en su programa figuraba como “cristianismo positivo”, y que el libro anticristiano de Rosenberg, Der Mythus des 20 Jahrhunderts (“El mito del siglo veinte”), aún no se había escrito.
No paso mucho tiempo hasta que Hitler comenzó a utilizar palabras de la Biblia luterana. Entonces, los nacionalsocialistas tenían la oposición de mucha gente a quien la Primera Guerra Mundial había dejado un nuevo punto de vista religioso y pacifista, y las citas de Hitler evocaban una respuesta especialmente reconfortante para su audiencia. Pronto Hitler empezó a cambiar el “modelo tamborilero” por la auto identificación con Juan Bautista.
Hitler citaba las palabras de san Mateo cuando se llamaba a sí mismo la voz que llamaba en el desierto y describía su deber como el de prepararse el camino, el que ha de guiar a la nación hacia el poder y la gloria. Pasajes que causaban una enorme impresión en la gente que lo escuchaba.
Desde 1923, el “modelo tamborilero” desapareció totalmente, y el tamborilero se convirtió en Führer.
A partir de un informe elaborado por el OSS en octubre de 1942, gracias a las informaciones de Ernst Hanfstaengl.
Introducción
Hitler, uno de los numerosos soldados anónimos, pronto hizo saber que mientras estaba en la enfermería de Pasewalk (otoño de 1918) recibía órdenes de un mundo superior para salvar a su infeliz país. Esta vocación se le manifestó en forma de una visión sobrenatural. Hitler en aquel lugar y en aquel instante decidió que se convertiría en político. Sintió que su misión era liberar Alemania. Para cumplir la misión, Hitler ha hecho uso de diferentes auto identificaciones.
Un primer modelo de auto identificación destacable fue el de “tamborilero”.
En algunas reuniones celebradas al inicio del año 1923, Hitler se habría referido a sí mismo como el tamborilero que marcha al frente de un movimiento de liberación que había de llegar. Tenía la idea que ese papel era el del anunciador de una nueva época. El gran líder llegaría algún día. Aún no se veía a sí mismo como ese líder, había un punto de sumisión ciega al general Luendorff y a la casta militar.
Fue en aquella época cuando el Dr. Sedgwick aconsejó a Hitler estudiar la Biblia luterana, que además de ser el equivalente del clavicordio bien afinado en la literatura alemana, contiene un arsenal perfecto de pasajes contundentes, altamente útiles en la lucha contra los bolcheviques ateos, y doblemente adecuada para Baviera, el hogar de las representaciones teatrales de la pasión de Oberammergau.
Conviene recordar que en aquella época el partido luchaba por aquello que en su programa figuraba como “cristianismo positivo”, y que el libro anticristiano de Rosenberg, Der Mythus des 20 Jahrhunderts (“El mito del siglo veinte”), aún no se había escrito.
No paso mucho tiempo hasta que Hitler comenzó a utilizar palabras de la Biblia luterana. Entonces, los nacionalsocialistas tenían la oposición de mucha gente a quien la Primera Guerra Mundial había dejado un nuevo punto de vista religioso y pacifista, y las citas de Hitler evocaban una respuesta especialmente reconfortante para su audiencia. Pronto Hitler empezó a cambiar el “modelo tamborilero” por la auto identificación con Juan Bautista.
Hitler citaba las palabras de san Mateo cuando se llamaba a sí mismo la voz que llamaba en el desierto y describía su deber como el de prepararse el camino, el que ha de guiar a la nación hacia el poder y la gloria. Pasajes que causaban una enorme impresión en la gente que lo escuchaba.
Desde 1923, el “modelo tamborilero” desapareció totalmente, y el tamborilero se convirtió en Führer.
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Hitler y el Mesías
De la misma manera, el modelo de san Juan Bautista muta completamente y la deificación de Hitler progresa constantemente. En la opinión del Dr. Sedgwick, si Egipto cayese no sería antes de que Hitler visitara los oasis de Siwa, como un segundo Alejandro, como un semidiós.
Con la finalizar de combatir las tendencias ateístas de Rosenberg, el Dr. Sedgwick hablaba a menudo con Hitler para intentar demostrarle como estaría, de equivocado, seguir atacando al cristianismo, debido a que se podría hablar de Cristo como el primer socialista en la historia del mundo. La Biblia y el cristianismo estaban bien vivos en la imaginación del pueblo alemán e incluso en la atea París.
Hacía solo 16 años, en el verano de 1907, cuando se había expuesto una pintura en la feria de París que mostraba a Cristo en la cruz con el título “El primer socialista”, y no “Cristo de Nazaret, rey de los judíos”. Ese lienzo, en medida natural, causó una grandiosa impresión y la sala ñeque se exhibía estaba llena de oficiales, hombres de negocios, estudiantes, curas…, de hecho todo París lo fue a ver, incluso los bajos fondos.
El Dr. Sedgwick dijo a Hitler que si ese Cristo socialista había causado una impresión tan profunda en París, habría de tener el mismo efecto en la católica Munich. Pidió a Hitler porqué no utilizaba ese Cristo socialista como punto de partida que ayudaría más que otra cosa a silenciar a la oposición clerical y pseudoclerical.
Hitler prometió que se lo pensaría y que, sin duda, lo consultaría con Rosenberg, porque la sugerencia le interesaba profundamente.
Sorprendentemente para el Dr. Sedgwick, Hitler utilizó una representación de Cristo totalmente diferente. En una reunión poco después, en lugar del Cristo socialista, empleó las palabras “No vengo a traeros paz, si no una espada” (Cf. Mención de Barlier de Cristo con fusta). Utilizó esa frase para rebatir la idea pacifista de la paz eterna.
La tendencia creciente de Hitler a identificarse con el Mesías se muestra en un incidente que se produjo en la primavera de 1923. El Manchen Nueste Nachrichten, el diaria matinal más leído en Munich, publicó la historia del rumor del compromiso de Hitler con la hermana del Dr. Sedgwick, Erna. Sin duda se trataba de una invención, y el Dr. Sedgwick consultó a Hitler cual sería la mejor manera de desmentirlo. Hitler se sentía muy halagado por el rumor y cuando se sintió presionado a hacerlo: dijo “Te autorizo a que digas a la prensa que nunca me prometeré ni me casaré con ninguna mujer. Mi única esposa es y será siempre el pueblo alemán”.
Para cualquier persona familiarizada con la literatura cristiana es evidente la referencia a la verdadera esposa de Cristo, la Iglesia. Esto da claras evidencias de la auto identificación de Hitler con el Mesías.
De esto se desprende que la concepción que Hitler tiene del Mesías no es Cristo crucificado si no Cristo furioso, Cristo con la fusta. La conexión entre Hitler y el Mesías con la fusta y el Narciso frustrado no se le ocurrió, al Dr. Sedgwick, hasta hace bien poco. Todo y con eso, es incuestionable la fórmula por la cual las características más incongruentes del Hitler hombre y del Hitler hombre de estado se pueden conciliar y entender. Hitler oscila constantemente entre esas personificaciones.
Este hecho explica la predilección de Hitler por la palabra brutaal, con la que subraya tan a menudo sus discursos, y que pronuncia con una vehemencia especial. Normalmente la pronuncia al final de la frase con un fuerte énfasis y la acompaña con su expresión más feroz.
Después de la llegada de Hitler al poder, en 1933, el Dr. Sedgwick intentó que viera que en vista del hecho de que el partido hubiera conseguido estar en el gobierno, aquellas palabras demagógicas ya no eran necesarias. El Dr. Escribió una carta a Hess sobre el tema, avisándolo de las consecuencias negativas de asociar la palabra brutaal al partido, porque en alemán esa palabra significa cruel y despiadado, pero en inglés quiere decir salvaje o bestial. Millones de anglófonos leerían la palabra brutal y la entenderían mal. El peligro era que esa expresión no la utilizaban ellos si no miembros del partido y, a pesar de la advertencia, no se le hizo caso. Esa palabra continuó ligada al vocabulario de Hitler y a centenares de sus subordinados. Se convirtió en un clisé en toda la oratoria nazi.
De la misma manera, el modelo de san Juan Bautista muta completamente y la deificación de Hitler progresa constantemente. En la opinión del Dr. Sedgwick, si Egipto cayese no sería antes de que Hitler visitara los oasis de Siwa, como un segundo Alejandro, como un semidiós.
Con la finalizar de combatir las tendencias ateístas de Rosenberg, el Dr. Sedgwick hablaba a menudo con Hitler para intentar demostrarle como estaría, de equivocado, seguir atacando al cristianismo, debido a que se podría hablar de Cristo como el primer socialista en la historia del mundo. La Biblia y el cristianismo estaban bien vivos en la imaginación del pueblo alemán e incluso en la atea París.
Hacía solo 16 años, en el verano de 1907, cuando se había expuesto una pintura en la feria de París que mostraba a Cristo en la cruz con el título “El primer socialista”, y no “Cristo de Nazaret, rey de los judíos”. Ese lienzo, en medida natural, causó una grandiosa impresión y la sala ñeque se exhibía estaba llena de oficiales, hombres de negocios, estudiantes, curas…, de hecho todo París lo fue a ver, incluso los bajos fondos.
El Dr. Sedgwick dijo a Hitler que si ese Cristo socialista había causado una impresión tan profunda en París, habría de tener el mismo efecto en la católica Munich. Pidió a Hitler porqué no utilizaba ese Cristo socialista como punto de partida que ayudaría más que otra cosa a silenciar a la oposición clerical y pseudoclerical.
Hitler prometió que se lo pensaría y que, sin duda, lo consultaría con Rosenberg, porque la sugerencia le interesaba profundamente.
Sorprendentemente para el Dr. Sedgwick, Hitler utilizó una representación de Cristo totalmente diferente. En una reunión poco después, en lugar del Cristo socialista, empleó las palabras “No vengo a traeros paz, si no una espada” (Cf. Mención de Barlier de Cristo con fusta). Utilizó esa frase para rebatir la idea pacifista de la paz eterna.
La tendencia creciente de Hitler a identificarse con el Mesías se muestra en un incidente que se produjo en la primavera de 1923. El Manchen Nueste Nachrichten, el diaria matinal más leído en Munich, publicó la historia del rumor del compromiso de Hitler con la hermana del Dr. Sedgwick, Erna. Sin duda se trataba de una invención, y el Dr. Sedgwick consultó a Hitler cual sería la mejor manera de desmentirlo. Hitler se sentía muy halagado por el rumor y cuando se sintió presionado a hacerlo: dijo “Te autorizo a que digas a la prensa que nunca me prometeré ni me casaré con ninguna mujer. Mi única esposa es y será siempre el pueblo alemán”.
Para cualquier persona familiarizada con la literatura cristiana es evidente la referencia a la verdadera esposa de Cristo, la Iglesia. Esto da claras evidencias de la auto identificación de Hitler con el Mesías.
De esto se desprende que la concepción que Hitler tiene del Mesías no es Cristo crucificado si no Cristo furioso, Cristo con la fusta. La conexión entre Hitler y el Mesías con la fusta y el Narciso frustrado no se le ocurrió, al Dr. Sedgwick, hasta hace bien poco. Todo y con eso, es incuestionable la fórmula por la cual las características más incongruentes del Hitler hombre y del Hitler hombre de estado se pueden conciliar y entender. Hitler oscila constantemente entre esas personificaciones.
Este hecho explica la predilección de Hitler por la palabra brutaal, con la que subraya tan a menudo sus discursos, y que pronuncia con una vehemencia especial. Normalmente la pronuncia al final de la frase con un fuerte énfasis y la acompaña con su expresión más feroz.
Después de la llegada de Hitler al poder, en 1933, el Dr. Sedgwick intentó que viera que en vista del hecho de que el partido hubiera conseguido estar en el gobierno, aquellas palabras demagógicas ya no eran necesarias. El Dr. Escribió una carta a Hess sobre el tema, avisándolo de las consecuencias negativas de asociar la palabra brutaal al partido, porque en alemán esa palabra significa cruel y despiadado, pero en inglés quiere decir salvaje o bestial. Millones de anglófonos leerían la palabra brutal y la entenderían mal. El peligro era que esa expresión no la utilizaban ellos si no miembros del partido y, a pesar de la advertencia, no se le hizo caso. Esa palabra continuó ligada al vocabulario de Hitler y a centenares de sus subordinados. Se convirtió en un clisé en toda la oratoria nazi.
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Hitler y Cromwell
Además de admirar a Cromwell como un enemigo parlamentario, Hitler lo admira también como enemigo del sufragio universal, del comunismo y del catolicismo romano ( En 1923, el día del aniversario de Hitler, el Dr. Sedgwick recordó a Hitler que su cumpleaños coincidía con la fecha en que Cromwell cerró el Parlamento (20 de abril).
Lo que más admira de Oliver Cromwell es el dictador autoproclamado, el rompedor del Parlamento británico, el creador de la merina británica, y en menos grado, el líder militar.
El hecho de que Cromwell, el puritano, tuviera el valor de firmar la sentencia de muerte del rey Carlos I y decapitarlo (el leitmotiv de Hitler en el año 1923 fue “rodarán cabezas”) tiene un interés patológico especial.
Hitler y Federico el Grande
Por lo que respecta a la vida de Federico el Grande, Hitler se siente absolutamente fascinado por el periodo de juventud, durante el cual el joven príncipe se opuso violentamente a su padre, un soldado mayor y severo.
Las similitudes entre la infancia de Federico y la de Hitler son muy evidentes. La lucha de Federico contra su padre Federico Guillermo I de Prusia y las batallas de Hitler con el brutal Alois Schickelgruber Hitler presentan claras similitudes. Pero es anormal que, en este caso (raro) Hitler se posicione parcialmente de parte del padre.
El Dr. Sedgwick recuerda que en la primavera de 1923 llevó a Hitler a ver la película titulada “La vida de Federico el Grande”. En una escena el tiránico padre ordena que se quemen los libros franceses y de música de su hijo. Cuando el príncipe protesta su padre le da una bofetada. Hitler se la mira cautivado.
El Dr. Sedgwick lo vio asentir vigorosamente cuando el príncipe es llevado delante de su padre después de haber intentado huir de su vida espartana de soldado prusiano refugiándose en Inglaterra. Herr von Katte, amigo del príncipe y cómplice de su fuga, es detenido. El rey ordena que los dos sean juzgados delante de un tribunal militar por alta traición. El tribunal decide que los dos han de ser encarcelados.
El rey entra en la sala del tribunal, lee el veredicto en voz alta y dice: “No es correcto”. Entonces rompe el pergamino y ordena al tribunal que los condene a muerte: “Es mejor que se mueran que fracase la justicia”. Finalmente el joven príncipe es condenado sólo a dos años en una fortaleza, mientras que Katte es decapitado.
Cuando el Dr. Sedgwick y Hitler salieron del teatro, Hitler silbaba el tema de Federico, una marcha. Hitler opinaba que Albert Steinrück (muerto en 1929) había interpretado el papel de padre de forma soberbia.
“Impone pensar que el viejo rey hubiera decapitado a su hijo por imponer disciplina. Así es como se habría de educar a toda la juventud de Alemania algún día. Así es como habría de tratar la justicia alemana. Absolución o decapitación”.
De nuevo se encuentra el mismo leitmotiv: “rodarán cabezas”.
Otro aspecto de la vida de Federico el Grande que interesaba a Hitler en aquel tiempo era la tolerancia de Federico en los asuntos religiosos.
Además de admirar a Cromwell como un enemigo parlamentario, Hitler lo admira también como enemigo del sufragio universal, del comunismo y del catolicismo romano ( En 1923, el día del aniversario de Hitler, el Dr. Sedgwick recordó a Hitler que su cumpleaños coincidía con la fecha en que Cromwell cerró el Parlamento (20 de abril).
Lo que más admira de Oliver Cromwell es el dictador autoproclamado, el rompedor del Parlamento británico, el creador de la merina británica, y en menos grado, el líder militar.
El hecho de que Cromwell, el puritano, tuviera el valor de firmar la sentencia de muerte del rey Carlos I y decapitarlo (el leitmotiv de Hitler en el año 1923 fue “rodarán cabezas”) tiene un interés patológico especial.
Hitler y Federico el Grande
Por lo que respecta a la vida de Federico el Grande, Hitler se siente absolutamente fascinado por el periodo de juventud, durante el cual el joven príncipe se opuso violentamente a su padre, un soldado mayor y severo.
Las similitudes entre la infancia de Federico y la de Hitler son muy evidentes. La lucha de Federico contra su padre Federico Guillermo I de Prusia y las batallas de Hitler con el brutal Alois Schickelgruber Hitler presentan claras similitudes. Pero es anormal que, en este caso (raro) Hitler se posicione parcialmente de parte del padre.
El Dr. Sedgwick recuerda que en la primavera de 1923 llevó a Hitler a ver la película titulada “La vida de Federico el Grande”. En una escena el tiránico padre ordena que se quemen los libros franceses y de música de su hijo. Cuando el príncipe protesta su padre le da una bofetada. Hitler se la mira cautivado.
El Dr. Sedgwick lo vio asentir vigorosamente cuando el príncipe es llevado delante de su padre después de haber intentado huir de su vida espartana de soldado prusiano refugiándose en Inglaterra. Herr von Katte, amigo del príncipe y cómplice de su fuga, es detenido. El rey ordena que los dos sean juzgados delante de un tribunal militar por alta traición. El tribunal decide que los dos han de ser encarcelados.
El rey entra en la sala del tribunal, lee el veredicto en voz alta y dice: “No es correcto”. Entonces rompe el pergamino y ordena al tribunal que los condene a muerte: “Es mejor que se mueran que fracase la justicia”. Finalmente el joven príncipe es condenado sólo a dos años en una fortaleza, mientras que Katte es decapitado.
Cuando el Dr. Sedgwick y Hitler salieron del teatro, Hitler silbaba el tema de Federico, una marcha. Hitler opinaba que Albert Steinrück (muerto en 1929) había interpretado el papel de padre de forma soberbia.
“Impone pensar que el viejo rey hubiera decapitado a su hijo por imponer disciplina. Así es como se habría de educar a toda la juventud de Alemania algún día. Así es como habría de tratar la justicia alemana. Absolución o decapitación”.
De nuevo se encuentra el mismo leitmotiv: “rodarán cabezas”.
Otro aspecto de la vida de Federico el Grande que interesaba a Hitler en aquel tiempo era la tolerancia de Federico en los asuntos religiosos.
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Siembre es poco enfatizar que antes de ser recluido en Landsberg, Hitler estaba muy convencido de copiar la política tolerante de Federico en relación a la iglesia, basada en sus famosas frases: “Dejemos que cada uno viaje al cielo a su manera”.
Hitler y Blücher
Blücher siempre ha sido una fuente de inspiración para Hitler. Blücher era y es aún el símbolo de la Lucha y el coraje de los alemanes. Este hombre se expresa con una palabra, Vorwaerts (“adelante”). El Mariscal Vorwaerts, como la gente le llamaba, ha de ser visto como el guía de la lucha contra Napoleón.
En el año 1923, cuando el Dr. Sedgwick había estado hablando durante casi dos horas con Hitler, este dijo de repente:
“¿Porqué no buscas a alguien que escriba una película sobre Blücher, el Mariscal Vorwaerts?. Es uno de los alemanes más grandes que han vivido nunca y actualmente es más importante que Rembrandt o Goethe. Por encima de todo los alemanes han de ser educados para ser valerosos. El coraje de Blücher y su técnica de ataque permanente hicieron perder los nervios a Napoleón en Leipzig y en Waterloo. Fue el coraje de aquel hombre ya viejo lo que convirtió la batalla de Waterloo en una catástrofe”.
Hitler y Napoleón
En 1923 la admiración de Hitler hacia Napoleón lo marcó extraordinariamente. Esa admiración nació por numerosos motivos; la admiración por Napoleón como hombre y como alemán, i la admiración por el éxito de Mussolini que se le representaba como reencarnación de Bonaparte.
En 1932 la admiración de Hitler por Napoleón había eclipsado su fascinación por Federico el Grande porque este último tipificaba el final de un periodo, mientras que Bonaparte, el dominador de los franceses revolucionarios y del caos mundial, parecía ofrecer un ejemplo inspirador por la lucha análoga contra el bolchevismo.
Hitler está más interesado en Napoleón que en cualquier otra figura de la historia europea. No lo quiere admitir abiertamente porque no sería una buena propaganda, pero el hecho es que Hitler había arrancado más páginas del libro de Napoleón que de cualquier otro. Quien interesaba a Hitler era el Napoleón jacobino amigo del joven Robespierre, el Napoleón conquistador, el Napoleón soldado, el propagandista, el encuñador de frases, el tirano, el emperador.
Napoleón consiguió que Francia lo siguiera porque era un ejemplo y un líder. Se dio cuenta que para convertirse en líder de la nación francesa había de adherirse a un modelo de lideraje i, a la vez, había de exigir a sus seguidores que imitaran sus pensamientos y acciones. De esa manera Napoleón se convirtió en Francia y Francia en Napoleón. Evidentemente, Hitler tomó nota de ese método. Si Hitler es Alemania, y si Hitler es Europa, es porque las personas que consigue que le sigan son o se han convertido en pequeños Hitler.
Otras características seleccionadas de la propaganda napoleónica son el anticonservadurismo, anti capitalismo y la actitud antiburguesa. Por eso Hitler siempre se declara a favor de los pobres, del trabajo vivo en oposición al capital muerto, y a favor de aquellos que aún tienen que hacer fortuna.
Hitler y Blücher
Blücher siempre ha sido una fuente de inspiración para Hitler. Blücher era y es aún el símbolo de la Lucha y el coraje de los alemanes. Este hombre se expresa con una palabra, Vorwaerts (“adelante”). El Mariscal Vorwaerts, como la gente le llamaba, ha de ser visto como el guía de la lucha contra Napoleón.
En el año 1923, cuando el Dr. Sedgwick había estado hablando durante casi dos horas con Hitler, este dijo de repente:
“¿Porqué no buscas a alguien que escriba una película sobre Blücher, el Mariscal Vorwaerts?. Es uno de los alemanes más grandes que han vivido nunca y actualmente es más importante que Rembrandt o Goethe. Por encima de todo los alemanes han de ser educados para ser valerosos. El coraje de Blücher y su técnica de ataque permanente hicieron perder los nervios a Napoleón en Leipzig y en Waterloo. Fue el coraje de aquel hombre ya viejo lo que convirtió la batalla de Waterloo en una catástrofe”.
Hitler y Napoleón
En 1923 la admiración de Hitler hacia Napoleón lo marcó extraordinariamente. Esa admiración nació por numerosos motivos; la admiración por Napoleón como hombre y como alemán, i la admiración por el éxito de Mussolini que se le representaba como reencarnación de Bonaparte.
En 1932 la admiración de Hitler por Napoleón había eclipsado su fascinación por Federico el Grande porque este último tipificaba el final de un periodo, mientras que Bonaparte, el dominador de los franceses revolucionarios y del caos mundial, parecía ofrecer un ejemplo inspirador por la lucha análoga contra el bolchevismo.
Hitler está más interesado en Napoleón que en cualquier otra figura de la historia europea. No lo quiere admitir abiertamente porque no sería una buena propaganda, pero el hecho es que Hitler había arrancado más páginas del libro de Napoleón que de cualquier otro. Quien interesaba a Hitler era el Napoleón jacobino amigo del joven Robespierre, el Napoleón conquistador, el Napoleón soldado, el propagandista, el encuñador de frases, el tirano, el emperador.
Napoleón consiguió que Francia lo siguiera porque era un ejemplo y un líder. Se dio cuenta que para convertirse en líder de la nación francesa había de adherirse a un modelo de lideraje i, a la vez, había de exigir a sus seguidores que imitaran sus pensamientos y acciones. De esa manera Napoleón se convirtió en Francia y Francia en Napoleón. Evidentemente, Hitler tomó nota de ese método. Si Hitler es Alemania, y si Hitler es Europa, es porque las personas que consigue que le sigan son o se han convertido en pequeños Hitler.
Otras características seleccionadas de la propaganda napoleónica son el anticonservadurismo, anti capitalismo y la actitud antiburguesa. Por eso Hitler siempre se declara a favor de los pobres, del trabajo vivo en oposición al capital muerto, y a favor de aquellos que aún tienen que hacer fortuna.
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Como Napoleón, Hitler tiene simpatía por la juventud, por el elemento que se muestra agresivo, audaz y seguro de sí mismo que intenta obtener alguna cosa. Como Napoleón, Hitler intentara defender la causa de una tasa de natalidad creciente. Por otro lado, Hitler sigue a Napoleón en el rechazo por la opinión de la vejez, por los ricos, la clase culta, porque como esta clase tiene algo que perder, es tímida, egoísta, antiliberal, escéptica, reservada…, además, esta clase acomodada no crece, si no al contrario disminuye en número.
Heinrich Heine, hablando de Napoleón, utilizó la frase: “materialismo heroico”. Tanto Napoleón como Hitler son hombres con una mentalidad mecánica, subordinan todas las energías intelectuales y espirituales a la consecución del éxito material. Ambos se dieron cuenta que para tener éxito y poder como nación, hace falta elevar el nivel de vida de las masas. Los dos son profundamente modernos y mecánicos, con una diferencia: Napoleón rechazó el barco de vapor de Robert Fulton, mientras que Hitler en el lugar de Napoleón probablemente hubiera pedido ayuda a algún Göring antes de juzgar el invento.
El “sacro egoísmo” de Mussolini, tomado del libro de notas de Napoleón pasó a formar parte del vademécum de Hitler. “si una cosa es buena para el partido, un crimen no es un crimen. Si es bueno para Alemania, un crimen no es un crimen. El hombre medio escucha esto y piensa: “No es fantástico saber que, mientras nosotros, pobres desgraciados, hemos de vivir de acuerdo a los estatutos, nuestros líderes – ya sea Napoleón, Mussolini o Hitler- podemos infringir la ley?.
Hay que tener en cuenta que desde que el Mariscal Hindenburg murió en 1934, Hitler ha sobrepasado a su viejo maestro Mussolini, apareciendo el emperador de facto, jugando, hasta las últimas consecuencias, el papel de confiscador de libertades. Así, en el año 1804, cuando Bonaparte se autoproclamó emperador, y el agosto de 1934 son equivalentes. En esas dos fechas nadie se pudo resistir; era como si se creyera que todas las otras soluciones ya se habían probado en vano.
En 1923, el Dr. Sedgwick le preguntó a Hitler:
¿Qué haría, Herr Hitler, si parara alguna cosa que le impidiera cumplir sus deberes como Führer? Podría ponerse enfermo…”
Hitler le replicó:
“Si ese fuera el caso, o si muriera, solo sería una señal de que mi estrella ha de seguir su curso y que mi misión está completa”.
Un paralelismo sorprendente y que cada año que pasaba se hacía más y más claro, es la desconfianza y el desdén de Hitler hacia los llamados reyes de nacimiento. Napoleón solía referirse a ellos como a “imbéciles hereditarios”, cuando hablaba por ejemplo de los Borbones. Con Hitler, que comenzó muy joven con una sólida aversión hacia los Habsburg, las cosas han tomado un camino similar.
Al mismo ritmo en que crecía su poder, también lo hacían los Wittelsbach, los Wettin y los Hohenzollern. “No hay ninguno de ellos que pueda haber sido su propio ancestro”, decía Hitler de vez en cuando, utilizando casi la misma frase que Napoleón. Hoy en día el retorno de la monarquía a Alemania es casi un tema muerto –es decir, mientras viva Hitler. Su sucesor (¿Göring?) podría sentirse obligado a restituir a los Hollensollern. Pero si el seguiría la línea de descendencia directa es una cuestión un poco dudosa.
Según la memoria excelente del Dr. Sedgwick, desde 1934 había una fuerte tendencia a elegir posiblemente a alguien de una rama colateral, un descendiente de la única hija del kaiser, la duquesa de Braunschweig.
Tanto Napoleón como Hitler habían tenido siempre miedo de los monárquicos legítimos. Esta es la razón por la cual los dos se refieren tan frecuentemente al hecho de que ellos son carne y criaturas del pueblo y de hecho son idénticos a las grandes masas de gente.
Los dos subieron con la púrria y con la púrria caerán, porque son usurpadores. Para mantenerse arriba de todo, los dos hacen servir palancas idénticas: el interés y el miedo. En el recorrido de este camino aún hay otra similitud. Es bien sabido que Napoleón se consideraba el mismo como “el flagelo de Dios”. Que Hitler, ya en 1923, había empezado a hablar de él mismo como el Mesías con la fusta, ya se ha comentado previamente.
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
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Heinrich Heine, hablando de Napoleón, utilizó la frase: “materialismo heroico”. Tanto Napoleón como Hitler son hombres con una mentalidad mecánica, subordinan todas las energías intelectuales y espirituales a la consecución del éxito material. Ambos se dieron cuenta que para tener éxito y poder como nación, hace falta elevar el nivel de vida de las masas. Los dos son profundamente modernos y mecánicos, con una diferencia: Napoleón rechazó el barco de vapor de Robert Fulton, mientras que Hitler en el lugar de Napoleón probablemente hubiera pedido ayuda a algún Göring antes de juzgar el invento.
El “sacro egoísmo” de Mussolini, tomado del libro de notas de Napoleón pasó a formar parte del vademécum de Hitler. “si una cosa es buena para el partido, un crimen no es un crimen. Si es bueno para Alemania, un crimen no es un crimen. El hombre medio escucha esto y piensa: “No es fantástico saber que, mientras nosotros, pobres desgraciados, hemos de vivir de acuerdo a los estatutos, nuestros líderes – ya sea Napoleón, Mussolini o Hitler- podemos infringir la ley?.
Hay que tener en cuenta que desde que el Mariscal Hindenburg murió en 1934, Hitler ha sobrepasado a su viejo maestro Mussolini, apareciendo el emperador de facto, jugando, hasta las últimas consecuencias, el papel de confiscador de libertades. Así, en el año 1804, cuando Bonaparte se autoproclamó emperador, y el agosto de 1934 son equivalentes. En esas dos fechas nadie se pudo resistir; era como si se creyera que todas las otras soluciones ya se habían probado en vano.
En 1923, el Dr. Sedgwick le preguntó a Hitler:
¿Qué haría, Herr Hitler, si parara alguna cosa que le impidiera cumplir sus deberes como Führer? Podría ponerse enfermo…”
Hitler le replicó:
“Si ese fuera el caso, o si muriera, solo sería una señal de que mi estrella ha de seguir su curso y que mi misión está completa”.
Un paralelismo sorprendente y que cada año que pasaba se hacía más y más claro, es la desconfianza y el desdén de Hitler hacia los llamados reyes de nacimiento. Napoleón solía referirse a ellos como a “imbéciles hereditarios”, cuando hablaba por ejemplo de los Borbones. Con Hitler, que comenzó muy joven con una sólida aversión hacia los Habsburg, las cosas han tomado un camino similar.
Al mismo ritmo en que crecía su poder, también lo hacían los Wittelsbach, los Wettin y los Hohenzollern. “No hay ninguno de ellos que pueda haber sido su propio ancestro”, decía Hitler de vez en cuando, utilizando casi la misma frase que Napoleón. Hoy en día el retorno de la monarquía a Alemania es casi un tema muerto –es decir, mientras viva Hitler. Su sucesor (¿Göring?) podría sentirse obligado a restituir a los Hollensollern. Pero si el seguiría la línea de descendencia directa es una cuestión un poco dudosa.
Según la memoria excelente del Dr. Sedgwick, desde 1934 había una fuerte tendencia a elegir posiblemente a alguien de una rama colateral, un descendiente de la única hija del kaiser, la duquesa de Braunschweig.
Tanto Napoleón como Hitler habían tenido siempre miedo de los monárquicos legítimos. Esta es la razón por la cual los dos se refieren tan frecuentemente al hecho de que ellos son carne y criaturas del pueblo y de hecho son idénticos a las grandes masas de gente.
Los dos subieron con la púrria y con la púrria caerán, porque son usurpadores. Para mantenerse arriba de todo, los dos hacen servir palancas idénticas: el interés y el miedo. En el recorrido de este camino aún hay otra similitud. Es bien sabido que Napoleón se consideraba el mismo como “el flagelo de Dios”. Que Hitler, ya en 1923, había empezado a hablar de él mismo como el Mesías con la fusta, ya se ha comentado previamente.
Fuente:
L’informe Hitler, suplemento de la Revista Sàpiens. Número 57. Julio de 2007.
www.sapiensdigital.com
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