¿Por qué se lanzaron DOS bombas atómicas?

La guerra en el Pacífico

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Barbarossa
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¿Por qué se lanzaron DOS bombas atómicas?

Mensaje por Barbarossa » Sab Dic 21, 2024 2:09 pm

Buenos días.

Siempre me intrigó el hecho de que Japón no se hubiera rendido tras la explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima, haciendo necesario el lanzamiento de la segunda en Nagasaki. El caso es que acabo de terminar de leer el monumental libro 'Tiempos Modernos' de Paul Johnson, que aporta una crónica de lo sucedido y que da algunas pistas sobre esta cuestión.

He aquí lo que afirma Paul Johnson:

"El objetivo de los aliados era quebrar la resistencia de los japoneses antes de que la invasión fuese inevitable. El 1 de agosto, 820 B29 descargaron 6600 toneladas de explosivos en cinco ciudades del norte de Kyushu. Cinco días después, la única bomba de uranio norteamericana, aún sin probar, fue lanzada sobre Hiroshima (la octava ciudad de Japón por orden de importancia) el cuartel general del 2.º Ejército y un importante puerto de embarque. Dos días antes se habían arrojado unos 720.000 volantes previniendo que la ciudad sería arrasada. No se prestó atención al aviso, en parte porque se rumoreaba que la madre de Truman había vivido anteriormente en las cercanías y además porque se creía que como la ciudad era bonita, sería utilizada por los norteamericanos como centro de ocupación. De los 245.000 habitantes de la ciudad, alrededor de 100.000 murieron ese día y unos 100 000 después.

La reacción pública del gobierno japonés fue enviar una protesta al mundo por intermedio de la embajada suiza. Después de ignorar el derecho internacional durante veinte años, denunció ahora «el desprecio del gobierno norteamericano por el derecho internacional y, sobre todo, la brutalidad de la nueva mina terrestre usada contra Hiroshima». En privado, convocaron a Nishina, jefe del programa atómico japonés, llamado a Tokio para aclarar si la bomba de Hiroshima era una auténtica arma nuclear y, en caso afirmativo, si podía duplicarla en el plazo de seis meses. Esta actitud no sugiere que un arma atómica habría sido decisiva.

La segunda bomba, esta vez de plutonio, fue arrojada el 9 de agosto, no sobre el blanco prefijado (el piloto no pudo hallarlo) sino sobre otro alternativo, que por una cruel ironía era la ciudad cristiana de Nagasaki, el centro de la resistencia al shinto; ese día murieron 74.800 personas. Quizás este hecho convenció a los japoneses de que los norteamericanos poseían una abundante existencia de esas bombas (en realidad, sólo tenían dos y debían lanzarlas el 13 y el 16 de agosto). Al día siguiente, Rusia, que había concentrado 1.600.000 hombres sobre la frontera manchuriana, declaró la guerra, de acuerdo con el arreglo concertado en Yalta. Pocas horas después los japoneses habían cablegrafiado aceptando en principio los términos aliados de rendición incondicional. Se suspendió entonces la guerra nuclear, aunque continuaron las incursiones convencionales y 1.500 B29 bombardearon Tokio desde el alba hasta el atardecer del 13 de agosto.

La decisión definitiva de rendirse fue adoptada el 14 de agosto. El ministro de Guerra y los dos jefes de Estado Mayor se opusieron, y el primer ministro, almirante Suzuki, tuvo que pedir al tenno (Emperador) que resolviese la disputa. Como dijo más tarde Hirohito:

En el momento de la rendición, no había perspectivas de acuerdo por muchas discusiones que sostuviesen […] Cuando Suzuki me preguntó en la conferencia imperial cuál de las dos opiniones debía adoptarse, se me ofreció la oportunidad de expresar libremente mi propia voluntad, por primera vez, sin avanzar sobre la autoridad o la responsabilidad de nadie.

Después, Hirohito grabó un mensaje de rendición dirigido al pueblo japonés; en él reconocía que «la situación bélica ha evolucionado de un modo que no necesariamente es ventajoso para Japón» y que, para evitar «la extinción total de la civilización humana», Japón tendría que «soportar lo insoportable y sufrir lo insufrible». Algunos oficiales militares irrumpieron en el palacio para destruir la grabación antes de que se la difundiera, mataron al jefe de la Guardia Imperial e incendiaron los hogares del primer ministro y del principal ministro de la corte. Pero no consiguieron impedir la emisión e inmediatamente después el ministro de Guerra y otros se suicidaron en la plaza del palacio".

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