Construido a finales del siglo XVII, el castillo de Hartheim se yergue solemne en la población de Alkoven, a 14 kilómetros de Linz, Austria, cerca del campo de concentración nazi de Mauthausen. Rodeado de verdes campos, su aspecto elegante e imponente, revestido de un blanco impoluto, contrasta con los terribles actos, experimentos médicos y asesinatos en masa en la cámara de gas, que tuvieron lugar en su interior.
Ocurrió durante la II Guerra Mundial, cuando los médicos de las SS, por orden expresa de Hitler, debían eliminar sistemáticamente a todos los deficientes físicos y mentales internados en las instalaciones especiales de Alemania.
Esta acción tenía un nombre, Eutanasia T4, y un ejecutor, el doctor Karl Brandt, medico personal de Hitler, que en poco tiempo se convirtió en el delegado para la eutanasia, Beauftragter, del gobierno nazi. En 1942 dio un paso más en su carrera y fue nombrado comisario del Reich para la salud, Für das Sanitäts-und Gesundheitswsen.
Brandt llego a disponer, para la aplicación del Programa Eutanasia T4, de 350 médicos de las SS y 6 instalaciones de gaseo repartidas por Alemania, en Bernburg, Brandenburg, Grafeneck, Hadamar y Sonnenstein, y 1 en Austria, Hartheim.
Rudolf Lonauer, el director de Hartheim entre 1940 y 1945, en cuyo mes de mayo, se suicido con su familia, llevo a cabo la tarea encomendada de forma tan sistemática como implacable. En este castillo trabajaron 80 personas, entre médicos y personal administrativo, en medio de rigurosas medidas de seguridad. Un fuerte entrenamiento psicológico de todo el personal era supervisado por el comisario de policía criminal y lugarteniente de Hartheim, Christian Wirth. Día a día mataban o veían morir a un gran número de personas, y debían resistirlo.
Esta era una de las misiones de Wirth: comprobar la dureza y el silencio del personal de Hartheim, incluido el fotógrafo contratado para captar algunos experimentos médicos, disecciones y victimas falleciendo en la cámara de gas.
En Hartheim, “la casa de reposo” como era apodada cínicamente, fueron eliminadas más de 30.000 personas, entre ellas 499 republicanos españoles. Era una institución al servicio de la eutanasia, pero no hay que olvidar que también fue un centro adjunto a los campos de concentración de Mauthausen, a 17 kilómetros, Gusen, a 5 kilómetros y Dachau, a 250 kilómetros. De allí procedían los deportados más débiles para ser exterminados.
El programa de eutanasia comenzó a gestarse en 1939, a raíz de una orden dada desde la Cancilleria del Führer. Fue el propio Hitler quien encomendó dicha tarea al jefe de su cancillería, Philip Bouhler, y al doctor Karl Brandt, mediante una autorización secreta firmada el 1 de septiembre de 1939. En ella ampliaba las competencias de los médicos para conceder una “muerte piadosa” a los enfermos manifiestamente incurables, habiendo evaluado estrictamente su estado de salud.
El objetivo era proteger a los médicos y al personal involucrado en la eutanasia de posibles procedimientos penales, alegando que el programa respondía a medidas de guerra.
La aplicación metódica de la eutanasia conllevo la creación, por parte de la Cancilleria, de una organización especial, con sede en Berlín. Así nació una operación secreta bajo el nombre clave de Aktion T4, haciendo referencia a la dirección donde se encontraba dicha oficina: Tiergartenstrasse número 4. Desde aquí se decidía quien viviría y quien no.

Karl Brandt, durante el juicio de Nuremberg. f
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Para ejecutar el programa fue preciso crear tres sociedades: la Fundación General de Institutos Psiquiátricos, de la que dependía el personal de los centros de exterminio; la Comisión de Trabajo del Reich de Hospitales Neuropsiquiátricos, que distribuía los formularios de registro y ordenaba los peritajes, y la Sociedad de Utilidad Publica de Transporte de Enfermos, que realizaba los traslados hasta los lugares de exterminio. Estas tres organizaciones se hicieron cargo de los temas relacionados con las muertes y la correspondencia con los institutos y los familiares, en el mundo exterior.
Los primeros en ser asesinados fueron los propios niños alemanes deficientes, que eran enviados a determinadas clínicas pediátricas de Austria y Alemania, para ser eliminados con inyecciones letales, morfina, escopolamina o dejándolos morir de hambre. Así fallecieron unos 8.000.
Pronto se expandiría este programa a los adultos ingresados en instituciones. Se eliminaron hombres y mujeres, incluso ancianos de geriátricos, de todas las edades. Enfermos mentales incurables y portadores de enfermedades hereditarias, entre otras causas, eran enviados a la muerte. Según el cálculo de la Cancilleria, por cada 1000 habitantes había 10 enfermos mentales, de los cuales 5 necesitaban ser internados y 1 se encontraba “mentalmente muerto”.
Era preciso eliminarlo. Con este programa erradicaron, de promedio, un 50% de los pacientes de los psiquiátricos alemanes.
Sobre una población de más de 70 millones de habitantes, murieron, hasta agosto de 1941, unas 70.000 personas. Lo recuerda Alice Platten Hallermund en su libro “Exterminio de enfermos mentales en la Alemania nazi”, publicado en Alemania en 1948 y reeditado en 1993, donde describe los crímenes cometidos en el ámbito medico, especialmente en la psiquiatría. Esta doctora fue miembro de la comisión que actuó en el juicio del tribunal de Nuremberg contra los 23 médicos acusados de crímenes contra la humanidad.
Las victimas seleccionadas desde la sede de Berlín, eran transportadas hasta los sanatorios y centros como Hartheim para someterlas a un supuesto chequeo y pasar por una ducha de “desinfección”, como la llamaban. La realidad era mas cruel, o bien entraban directamente en la cámara de gas o bien eran objeto de abominables experimentos médicos, en nombre de la ciencia.
Las cenizas, siempre mezcladas con las de otras victimas, eran enviadas a sus familias junto con un certificado de defunción, donde se indicaba alguna causa de la muerte. Los motivos del fallecimiento se repitieron miles de veces poco más de un año, lo que levanto sospechas entre los familiares. El programa de eutanasia T4 se convirtió en un secreto a voces y broto una fuerte resistencia por parte de familiares y amigos. La presión popular fue en aumento, al igual que la oposición de algunos círculos religiosos. Los jueces comenzaron a tener una visión mas critica y algunos militantes nazis comenzaron a adoptar discretas posiciones en contra.
En consecuencia, Hitler ordeno frenar el programa en agosto de 1941, pero fue una orden verbal. No desmonto la organización establecida, sino que, muy al contrario, continuo llevándose a cabo de manera más secreta, incrementando el número de asesinatos hasta el final del régimen nazi. El balance de muertes del programa T4 asciende a 70.000 personas, en su primera etapa. Sin embrago, según se estipulo en Nuremberg, el numero total de muertos fue de unas 275.000 personas.
Si bien por Hartheim pasaron adultos, niños y ancianos deficientes físicos y mentales, no tardarían en llegar también los presos más débiles y tullidos procedentes de los campos de concentración. Ocurrió en la primavera de 1941, cuando siguiendo órdenes de Himmler, se utilizo el programa para eliminar a los enfermos de los campos cercanos: Gusen, Dachau y Mauthausen, habiendo en este ultimo hasta 8.000 españoles cautivos.
Esta operación tenia un nombre: AKTION 14F13, o “trato especial” (Sonderbehandlung), y preveía, para cada uno de estos tres campos, la selección de un mínimo de 2000 presos para enviar a las cámaras de gas de los centros habilitados para la eutanasia.
Utilizaron un código secreto para designar en clave la situación de los presos en los campos, 14F significaba la muerte de un detenido. El motivo del fallecimiento era codificado con una indicación complementaria: 14F1, era muerte natural, 14F2, era suicidio o accidente, 14F3, fusilado por tentativa de evasión.
Enero de 1941 fu especialmente frío y muy duro para los prisioneros en Mauthausen y Gusen. Hubo un aumento desbordado de reclusos, una degradación elevada de las condiciones de supervivencia y un incremento de la mortalidad.
Ante esta sobrepoblación, los nazis decidieron aplicar el plan 14F13. Los primeros españoles enviados a la cámara de gas de Hartheim fueron en un transporte del 14 de agosto de 1941.
Según Pierre Serge Choumoff, deportado de Mauthausen, en Hartheim fueron asesinados más de 7.688 prisioneros, de ellos, 499 eran españoles. Sin embargo, por desgracia, las cifras son superiores, pues muchos nombres jamás fueron registrados.
La operación 14F13 fue la antesala de los campos de exterminio masivos.
Claude Bessone y Jean-Marie Winkler, dos investigadores de la Amicale Francesa, recuerdan en su obra L´euthanasie nationale-socialiste, que de Hartheim, la escuela de asesinos, como la denomino Simón Wiesenthal, fueron formados, desde 1940, los que serian los futuros verdugos de infaustos lugares como Treblinka, Sobibor y Belzec, al igual que los futuros encargados de las masacres en los campos creados tras la conferencia de Wannsee, en enero de 1942.
Estaba a punto de ponerse en marcha una gigantesca maquinaria de exterminio, llamada Auschwitz.
A Hartheim llegaban constantemente transportes, eran los llamados “autobuses grises” procedentes de los sanatorios mentales y de los campos de concentración. El vehículo entraba por la fachada oeste, en una zona vallada que impedía la visión desde el exterior. Las victimas recorrían un largo pasillo que conducía a la sala de admisión, donde las obligaban a desnudarse y a la sala de registro, donde verificaban sus nombres y su expediente medico. A continuación entraban en la cámara de gas.
Fueron gaseadas con monóxido de carbono en una cámara, cuya capacidad máxima era de 150 personas, en un espacio de 5,8 metros de largo por 3,8 metros de ancho. Con una peridiocidad semanal, un camión esparcía sus cenizas en las aguas del danubio y su afluente, el Traun, aunque posteriormente también serian esparcidas en el jardín del castillo. En esta zona, se creo años mas tarde un santuario, para recordar a las victimas.
Meses antes del fin de la guerra, los nazis deciden esconder las pruebas de su barbarie, así el 12 de diciembre de 1944, las SS reciben la orden de transformar Hartheim en el pacifico centro de acogida infantil que fue en otros tiempos.
Un comando de 20 hombres, deportados de Mauthausen, entre ellos algunos españoles, llevaron a cabo las tareas de ocultación y destrucción de pruebas. Demolieron y ocultaron la cámara de gas, el crematorio y la chimenea exterior. Tapiaron puertas y dependencias, mientras que una parte de las instalaciones fue traslada a una granja próxima.
Adam Golembski fue uno de los hombres encargados del maquillaje, y en una carta describe su impresión al llegar a la fortaleza, como ocultaron las pruebas y lo impactante de este castillo de varias plantas, que tenia una chimenea de 26 metros.
Esta destrucción justifica por que nunca se encontró ni la cámara de gas ni el crematorio.
Existen diversas versiones de lo que allí ocurrió, pero algunos nazis declararon acerca de su utilización y, sobre todo, prevalecen los testimonios de ex deportados que lo afirman. Es el caso de Pierre Serge Choumoff, preso en Mauthausen, que así lo relato en dos de sus ensayos: Les assassinats nationaux-socialistes par gaz en territoire Austrichiem, 1940-1945, y Les cambres a gaz en Mauthausen, y también de Georges Wellers, autor de Les chambres a gaz ont existé.
Además, el comandante de Mauthausen, Franz Ziereis, confeso detalladamente los crímenes nazis, incluidos los cometidos en el Castillo de Hartheim.
El 27 de julio de 1945, tras el final de la guerra, los norteamericanos de la War Crimes Investigation Team, nº 6824, localizaron en Hartheim, de forma fortuita, la denominada “Hartheim Estadística”, que contenía gráficos mensuales sobre el programa de eutanasia T4, detallaba la cantidad de “desinfectados” mensuales y los ahorros económicos, en alimentos, alquiler, medicamentos, personal medico, administrativo, etc., que dicho programa proporcionaba al Tercer Reich. Refleja también que 18.269 personas fueron exterminadas en las cámaras de gas entre mayo de 1940 y el 1 de agosto de 1941.
Fuente: La aventura de la Historia. Nº 135