Varias cosas:
1. Sobre las emisiones radiofónicas. De lo único que hay seguridad es que los oficiales supervivientes de la agrupación de Nagumo han testificado que se había ordenado el silencio radiofónico, y que se habían desmontado los emisores de los barcos para evitar que alguien se saltase dicho silencio (obviamente, sería fácil ponerlas de nuevo en servicio). No hay seguridad sobre las supuestas intercepciones del SS Laurie, ni hay documentos que las confirmen. Lo único que hay
Peor aún, los registros de estaciones recogen gran cantidad de mensajes de la flota japonesa… pero es conocido que los radiotelegrafistas se quedaron en Japón, emitiendo mensajes que simulaban la actividad “normal” como medida de decepción.
Además, la historia del SS Lurline tampoco resiste una simple mirada a Google Earth. He marcado la ruta ortodrómica entre San Francisco y Honolulu y la rura aproximada que siguió Nagumo. Nótese que el SS Lurline entró en Honolulu tres días antes del ataque, por lo que el buque de pasaje estuvo a una distancia mucho mayor de la flota de Nagumo que Hawai. Incluso en el momento de mayor proximidad (cuando atracaba) la flota de Nagumo estaba a más de 1.500 Km del barco. Salvo que el capitán del SS Lurline hubiese decidido agasajar a su pasaje con un crucero por la soledad del Pacífico Norte, no sé como podría haber detectado los supuestos mensajes tan cercanos como para deducir la aproximación de una flota.
Lo más divertido es que si trazamos líneas entre la posición del SS Lurline y la flota de Nagumo, veremos que esas líneas apuntan siempre… a Japón, desde donde los radiotelegrafistas desembarcados de la flota de Nagumo emitían a toda potencia para disfrute (y despiste) de los escuchas norteamericanos.
Eso no impide que el radio del Lurline oyese algún mensaje emitido por los barcos de apoyo a Nagumo (que tal vez emitiesen), pero dudo que fuesen centenares. Aparte de eso, hay que ponerse debajo de la gorra de un oficial subalterno al que un marino mercante le cuenta que se aproxima una flota japonesa. Como mucho, pensaría que había escuchado a algún submarino haciendo maniobras.
Por eso la historia de los mensajes, mientras no haya otras pruebas, hay que tomarla con cautela. El que salga por la TV no es artículo de fe, frecuentemente se ven documentales que “demuestran” el aterrizaje de OVNIS en Rokwell, la fraternidad entre Egipto y la Isla de Pascua, la existencia del planeta UMO y qué sé yo. Basta con buscar cosas del tipo “noveno milenio” o “rarezas sin resolver” para encontrar todo tipo de “enigmas” y “conspiraciones”.
2. Sobre conspiraciones: nadie dice que no hubiese políticos norteamericanos que empujasen a la guerra a Japón (a un Japón que se dejó empujar, otras potencias en situaciones similares habían reculado; buscad sobre Rusia y Turquía en 1878). Pero una cosa es una maniobra política, otra ofrecer una derrota en bandeja.
En la posguerra ha habido conspiraciones (la mayoría, de andar por casa), pero “gracias” a unos servicios secretos que nacieron precisamente como consecuencia de la guerra. La CIA poco pudo maquinar respecto a Pearl Harbor.
Por de pronto, Roosevelt ya iba a ofrecer un cebo, con el crucero de cuatro barcos desarmados frente a la flota japonesa (en China). No entiendo lo de enviar un cebo (que por varios motivos no salió del puerto) mientras se expone uno mucho más gordo.
Pero, sobre todo, sigue siendo muy rebuscado. Lo más sencillo era alertar a la flota, contraatacar y vencer. Se tenía casus belli y de paso se dejaba a Japón visto para sentencia. Si no se hizo eso, significaba que Roosevelt, Stara, Marshall y toda la panda eran tontos del bote. Mientras que la explicación de la incompetencia y el despiste es más plausible.
3. Respecto al grado de alerta norteamericano, ya se vio que era bajo. Y lo que no se entiende es que Hawai estuviese tan alertada que tuviese los puestos de escucha cubiertos las 24 horas siete días a la semana, y tan indiferente al riesgo que atracaba la flota el sábado para que los tripulantes se corriesen una buena juerga. Hawai actuaba con estándares de paz, cuando no se esperaban ataques por sorpresa. Desde Pearl Harbor ya no ha sido así (o sí, lo del 11-S también pilló a los norteamericanos mirando hacia otro lado ¿otra conspiración?).
4. Para acabar, sobre moralidad. Nunca he dicho que los norteamericanos fuesen angelitos del cielo. Pero su posición la más ética de todas las grandes potencias de la guerra. No fue a conquistar ningún país, ni a defender un gran imperio colonial. Hubo atrocidades, pero no fueron sistemáticas. No tuvieron campos de la muerte. Las atrocidades que se les atribuyen no fueron sino repetición de lo que otros habían iniciado ¿es que los que bombardeaban Nanking podían quejarse si se bombardeaba Toyama? Decir “todos malos” es relativizar los crímenes.
Saludos