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Otto Abetz et les français ou l'envers de la Collaboration
Autora: Bárbara Lambauer
Editorial: Fayard
Páginas: 895
Año: 2001
Prólogo: Jean-Pierre Azéma
EAN: 9782213610238
Barbara Lambauer es una historiadora austriaca profesora asociada al Centro de Historia de la Europa del Siglo XX. Este libro es la plasmación al papel de su tesis defendida en el año 2000 sobre el período de actividad del embajador del III Reich en la Francia ocupada, Otto Abetz.
Lo primero que me gustaría remarcar es que, al menos yo no la he encontrado, no hay una versión en inglés, ni por supuesto en español, sobre este extenso trabajo publicado en francés por la editorial Fayard en el año 2001. Es una limitación importante, pero siempre podemos mantener la esperanza de que estudios de este tipo vean la luz en español algún día.
Entrando ya en materia destacar que la obra más que reseñar una biografía al uso del que fuera embajador del Tercer Reich en la Francia Ocupada, Otto Abetz, es en realidad un análisis detallado de la ocupación alemana en territorio galo teniendo como eje central de la misma al diplomático alemán. Otto Abetz fue el único embajador civil que llegó a ocupar ese puesto en un país ocupado, de ahí que la autora resalte la importancia del personaje, un representante de primer nivel bajo la batuta del Ministro de AAEE alemán, Joachim Ribbentrop y, por supuesto, del canciller alemán Adolf Hitler.
El libro es sumamente extenso, son más de 800 páginas, de las cuales 100 son de notas realmente interesantes. El problema es que están situadas al final del libro y eso resulta en ocasiones un incordio a la hora de seguir la trama, pero desde luego bien vale “frenar” la lectura para recoger los apuntes de la autora.
El estudio comienza con los primeros pasos “políticos” de Otto Abetz (1903-1958) , nacido en una ciudad cercana a la frontera franco-alemana, ese hecho y la historia de enfrentamientos llevados al sumun en la Gran Guerra(1914-1918) entre ambos países alientan a este profesor de instituto a implicarse, primero en asociaciones juveniles y, posteriormente, a un nivel más elevado, en la creación de grupos de carácter franco-alemán que contribuyesen a un acercamiento entre ambos estados intentado con ello conseguir acabar de una vez por todas con todos los nefastos desencuentros que entre ambas naciones existían desde hacía más de 50 años. La vena pacifista, muy típica en los períodos de entreguerras, servía como acicate para trabajar en una dirección de franca amistad entre Alemania y Francia. Las asociaciones juveniles, los excombatientes y una parte de la intelectualidad de ambos países parecían querer contribuir a dar ese paso definitorio que acabara en una sincera amistad entre germanos y galos. Todo parecía discurrir con normalidad y parecía que las diferencias entre ambas naciones verían por fin un final feliz, a pesar de que en ocasiones estas relaciones tan estrechas entre alemanes y franceses seguían creando desconfianza en los respectivos gobiernos. Todo esto cambió, y de una manera fatal, tras la llegada de los nacionalsocialista al poder en 1933. A partir de ahora los nexos de unión empezarían a estar marcados por los pasos dados por el gobierno de Adolf Hitler, él con sus acciones haría que la marcha se ralentizase o se acelerar según el momento político. 1938 fue una fecha clave para distanciar a ambos movimientos de unión franco-alemán, la ocupación de Austria y la posterior ocupación de una parte de Checoslovaquia empañan las delicadas relaciones entre Francia y Alemania.
El año 1940 será clave para la vida de Otto Abetz, tras la invasión es enviado como embajador destacado del Tercer Reich en el París ocupado. Su pasado como francófilo convencido, su propia esposa era francesa, serían determinantes para que éste ocupara el puesto. Es a partir de este hecho cuando la autora quiere desenmascarar la figura del embajador alemán, un personaje que ha pasado a la historia como un decidido partidario de la unión franco-alemana, un sincero francófilo, pero también el mejor representante de la política nacionalsocialista en la Francia ocupada. Para Bárbara Lambauer, Otto Abetz resulta un partidario de la amistad con Francia muy peculiar, no duda de la decidida apuesta de éste para conseguir una colaboración en todos los aspectos con el país galo, pero siempre remarcando el carácter de representante del Reich y, por supuesto, de sus fines político-económicos de su país. Es decir, Otto Abetz buscaba una relación de amistad entre ambos países, pero bajo la inalterable posición de preeminencia de Alemania. Francia debía quedar asociada bajo la egida maquinaria alemana, líder indiscutible en Europa. No habría trato de igual a igual. Su propia política para con el régimen del mariscal Petain, sito en Vichy, así lo atestigua. Abetz, asociado y protegiendo a su buque insignia, Pierre Laval, hombre que serviría desde un primer momento como garante de esa colaboración deseada a la manera alemana. Su propio apoyo a los movimientos ultras de París, caso de Marcel Deat, Eugen Deloncle, Doriot, aunque a este último menos, servían de contrapoder frente al reaccionario régimen de Vichy. La división entre franceses era utilizada hábilmente por Abetz para conseguir los fines marcados desde Berlín. Nadie como él para llevar a cabo tal tarea. Destacado es su papel en la persecución de los Judíos en Francia, atizador desde primera hora contra su presencia en el país, promueve y alienta las medidas antisemitas adoptadas por Vichy y París. No habría piedad para el responsable de la guerra: el pueblo Judío.
En descarga del embajador, la autora quiere ver también su decidido papel de defensor de su política de contrapeso entre París y Vichy, aunque en el caso Judío fue una excepción, frente a medidas draconianas dirigidas desde Berlín. Famosos fueron sus desencuentros con el plenipotenciario jefe nazi Fritz Sauckel, encargado de reclutar, ya fuera por las buenas o por las malas, mano de obra esclava que nutriera la falta de trabajadores en Alemania.
Finalmente, para no alargar en demasía esta reseña, Bárbara Lambauer nos relata en la última parte la “rehabilitación” de la figura de Otto Abetz en la posguerra, muy bien dirigida desde la nueva República Federal de Alemania por un hombre que había sido su mano derecha en París, Ernst Acenbach, un hombre que había conseguido, a pesar de su pasado, situarse en las altas esferas de poder de la Alemania surgida de la guerra. Otto Abetz tuvo un misterioso final, falleció junto a su mujer en un accidente de tráfico en la autopista Colonia-Düsseldorf en mayo de 1958. Nunca se sabrá si fue un sabotaje a su coche por su pasado antisemita o para callar lo mucho que sabía, e incomodaba, sobre el colaboracionismo francés en París.
Un saludo.
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