Mensaje
por Bernard Montgomery » Sab Sep 04, 2010 3:05 am
Después de algunos temas técnicos, he podido seguir el intercambio reciente de opiniones. Me gustaría matizar algunas cuestiones que creo que son muy importantes y se están dejando de lado.
En primer lugar, no puedo estar de acuerdo con esta reciente afirmación de José Luis: “Salvo que alguien me corrija incluyendo datos nuevos, creo que el asunto del Sherman y su propensión a estallar en llamas inmediatamente de ser impactado no tiene más desarrollo”. Con el debido respeto, el desarrollo del “asunto” no reside en la cantidad de datos, a la que veo que algunos tienen mucha afición, a pesar de que se aportan siempre los mismos datos en diferentes fuentes. El problema real reside en la lectura errónea de los propios datos que se han dado. Por tanto, no veo que sea un tema “cerrado”, pues todavía no he visto una lectura realista y cabal de los datos aportados.
Se me ha pedido, personalmente, que “aporte datos o me calle”. Este es el resumen claro que se desprende de esta intervención de José Luis: “Más de lo mismo. Yo baso mi aserto en opiniones publicadas de los protagonistas que se decidieron a escribir sus experiencias. En cambio, tú basas la tuya en una especulación personal. Pues, ¿dónde está publicada una opinión que refute mi aserto? ¿En qué soporte documental te basas tú para refutar lo que han escrito esos protagonistas? Si no aportas pruebas (al menos en forma de fuentes), el debate se vuelve estéril, pues queda ceñido a meras opiniones personales, a puras especulaciones”. El propio José Luis da por concluidas mis argumentaciones en este tema con esta otra intervención: “Bien, en mi particular debate con BM creo que, por su parte, no se llegará a ninguna parte, puesto que carece de soporte documental para negar, parcial o totalmente, el enunciado anterior”. En lo puramente formal, vamos a dejarlo ahí. No tengo interés en disputas, aunque creo sinceramente que se me ha faltado al respeto presuponiendo de lo que carezco o no. José Luis: me baso fundamentalmente en las mismas fuentes que has citado tú, con la diferencia de que yo las leo y analizo sabiendo que todas dicen lo mismo y tú las interpretas y esgrimes como si fuera una cuestión de cantidad. A ti te da un resultado que esperas obtener de antemano.
Para que quede claro, señalaré algo muy importante que algunos participantes en este intercambio de opiniones se niegan obstinadamente a ver: esas fuentes no dicen lo que ellos quieren que digan. De hecho, he visto una lectura tendenciosa y totalmente tergiversada de las mismas que da como resultado una maximización de resultados. Nuevamente, como ya dije anteriormente, un error metodológico. Mal vamos si no somos capaces de leer las fuentes de forma objetiva.
Vamos allá con el “asunto Sherman”. Ordenadamente.
A) Mi primera opinión fue: “No creo que se pueda meter al Sherman, el T-34 o el Panther en una lista de peores carros de combate de la Segunda Guerra Mundial … Me alarma ver que el Sherman es el segundo carro más votado en esta encuesta” . La segunda, que ha despertado grandes contestaciones, fue considerar que el tópico del Sherman como una antorcha rodante era exagerado. Textualmente dije: “Este tópico ha corrido como la pólvora por la literatura generalista de la Segunda Guerra, a pesar de ser incierto. Es veraz que había apodos de los tripulantes sobre el Sherman, pero todos los tanques, especialmente los del bando aliado, recibieron lo suyos, poniendo en duda su fiabilidad, dureza o resistencia. Me atrevería a decir que prácticamente todo vehículo o arma recibe este tipo de comentarios, bromas o pullas de parte de sus usuarios: los pilotos tienden a llamar “ataúd con alas” a su caza, los tanquistas “lata de sardinas”, etc. Los británicos y muchos norteamericanos tienen una tendencia especial a este tipo de dialéctica, como forma de pasar la dureza de la guerra. Los italianos también la tenían, mientras que japoneses y alemanes quizás fuesen menos dados a ello, aunque es más que posible que no conozcamos las críticas de los soldados de estos países porque, simplemente, no trascendían. El Sherman no era “especialmente inflamable”, por más que una montaña de libros hayan copiado unos de otros esa anécdota” .
Tras una razonada discrepancia de Javier Ormeño Chicano, añadí: “Insisto en que estamos ante el clásico "amplificador historiográfico". Es indudable que hay testimonios de combatientes americanos denostando el Sherman. Pero su número no es representativo en función de la masa, la totalidad de carristas americanos de los cuales no ha llegado tal queja. Un carro puede ser inferior en un contexto y superior en otro, según lo que tenga enfrente. Que un carrista desprecie su Sherman después de sudar tinta china contra un tanque o cazatanques superior es lógico. El problema es que la historiografía ha distorsionado la realidad, como sucede habitualmente: se toma esa opinión, se publica y, automáticamente, se le da carta de generalidad. Sale en los libros, en muchos, luego debía ser generalizado. Si miras las fuentes, descubres con estupor que la mayoría de libros se citan unos a otros y, todos, a las mismas fuentes escogidas para referir ese tipo de anécdotas. Como si absolutamente todos los carristas pensaran lo mismo” . A partir de ahí, una sucesión de intervenciones y fuentes tratando de refutar, en la mayor parte de los casos, cosas que yo no he dicho, desestimando de esa forma las que sí he dicho.
B) Los primeros modelos de Sherman tenían un problema relacionado con el almacenamiento de la munición, como se puede leer en la mayoría de las fuentes, muchas de ellas ya aportadas por José Luis o Javier Ormeño Chicano. Zaloga, autor sobradamente conocido por todos, en el muy popular libro citado por Javier Ormeño Chicano, lo explica muy claramente, dejando claro que se debía tanto a la posición en la que se almacenaban los proyectiles como a una deficiente doctrina de los tripulantes en aquel momento de la guerra, todavía inicial para los Estados Unidos.
C) Recordemos que hablamos de una cierta alarma causada por disparos de cañones alemanes manifiestamente superiores al blindaje del Sherman. Me gustaría ver cuántos tanques coetáneos al primer Sherman resisten un impacto franco de una pieza alemana como las que sufrieron en El Alamein.
D) Recordemos también que no se han admitido o se han intentado desmontar las muy adecuadas comparaciones del Sherman con otros tanques, aportadas por otros miembros del foro: “El tema de la discusión no es sobre el PzKpfw IV, si no el Sherman” , dice Javier Ormeño Chicano. El problema es que es imposible discutir si el Sherman arde “fácilmente” si no determinamos primero <qué entendemos por “arder fácilmente”> y vemos si otros tanques similares ardían también. Debería ser siempre a iguales condiciones, cosa que no se ha expuesto en ningún momento hasta ahora en este debate.
La realidad, que ya ha salido a la palestra, es que los Panzer IV y V también tenían prestigio de arder fácilmente. Y no es casual que los tripulantes achacasen esta facilidad a las mismas causas culpabilizadas en el caso del Sherman. Sin embargo, cuando se ha pedido una comparación de la inflamabilidad de otros carros la respuesta ha sido: “…este tipo de intervenciones, con todos mis respetos, sólo ayudan a enturbiar el debate. Es buscarle tres pies al gato. Estamos debatiendo un hecho (la opinión de los carristas aliados según la cual los Shermans se incediaban con excesiva facilidad), suficientemente compartido entre los protagonistas como para provocar una serie de estudios al respecto” (José Luis). Debo decir que no se está debatiendo eso, en absoluto: el debate es cuál es el peor carro de la Segunda Guerra y, en todo caso, el debate es si el Sherman ardía fácilmente, no las opiniones de los carristas, que son sobradamente conocidas.
E) José Luis intenta refutar mis opiniones, primero afirmando que mi opinión es puramente personal porque no hay autores que hayan publicado lo que yo digo. A continuación, empleando fuentes totalmente descontextualizadas. No se incluye el modelo concreto de Sherman al que se refiere en cada caso, ni siquiera las fechas. Si comprobamos las fechas de esos comentarios veremos que se refieren en todo caso a los primeros Sherman, antes de solucionar el asunto de la munición. Es decir, a un vehículo todavía en desarrollo. Y de hecho, si comprobamos la fecha de redacción de esos comentarios veremos que la mayor parte de los soldados que testimonian la famosa anécdota del Ronson lo hacen curiosamente en textos escritos después de los años 90 del siglo pasado.
F) No hace falta barajar fuentes en idiomas extranjeros en cantidades industriales. Sandars, en su libro sobre el Sherman británico, es muy claro, si se le quiere entender y se lee todo lo que dice (pp.40-41 de la edición española): “La mala reputación del Sherman, en cuanto a arder o incluso explosionar en cuestión de segundos cuando era penetrado, estaba sujeta a diversas opiniones respecto a la causa” . Es decir, que no había una versión única ni una sola explicación a este fenómeno. Prosigue: “La explicación oficial era que los elevados y poco protegidos compartimentos de municiones posibilitaban que los cartuchos fuesen perforados y encendidos por astillas; teniendo en cuenta el tamaño y número de proyectiles transportados, las posibilidades de alcanzar alguno debían ser ciertamente altas”. Esto es lo mismo dicho por Zaloga según cita de Javier Ormeño Chicano: “No era de extrañar, en vista del hecho de que una penetración por cualquier punto del arco frontal pondría el proyectil en contacto con la munición y, una vez roto el embalaje, la carga de HE que llevaban muchos proyecties AP alemanes la encendería. La práctica común de almacenar 30 o 40 proyectiles más fuera de la santabárbara no hacía más que acentuar el problema”.
Sandars explica que los soldados le echaban la culpa habitualmente a la gasolina de alto octanaje empleada por el Sherman, pues comentaban habitualmente que olía siempre a gasolina en las torres. Pone claramente en duda este argumento, pues el Stuart y el Grant usaban el mismo combustible y no gozaban de tan mala fama. Es decir, no se fía de los testimonios de los carristas. Con razón, como veremos ahora. Por cierto, el orden de exposición de las causas de inflamabilidad barajadas que emplea Sandars es idéntico al seguido por John Buckley y Steven Zaloga en sus respectivas obras. Casualidades, supongo.
Recoge un hecho: los carristas testimoniaban que, en caso de impacto frontal “raramente se incendiaban”. ¿En qué quedamos? ¿Ardían al primer impacto? ¿Cómo encaja eso con la afirmación de que rara vez se incendiaban si el impacto era frontal? ¿No decía Zaloga que “una penetración por cualquier punto del arco frontal pondría el proyectil en contacto con la munición”? Como es fácil ver, no hay sistematización alguna en estas opiniones, que se contradicen entre sí si las leemos todas, aunque evidentemente respaldan cualquier argumento posible si escogemos sólo aquellas que nos interesan.
Finalmente, Sandars explica, nuevamente para quien lo quiera entender, el motivo real de la mala fama del Sherman, el auténtico motivo de que fuera considerado un “asador” de soldados por parte de los alemanes: “Sea como sea, está fuera de toda duda que si el carro era alcanzado la tripulación a menudo tenía poco tiempo para escapar” a causa de las escotillas. Concretamente, la tripulación de la torre estaba posicionada de forma precaria a la hora de evacuar el carro. Las escotillas eran el problema, no los incendios, que dieron muy pocos quebraderos de cabeza en cuanto se arregló el tema del almacenaje de munición, como prueban las cifras de bajas aportadas por Zaloga, Sandars y cualquier autor que haya estudiado el desempeño del Sherman. Y para los carristas las quejas sobre el Sherman venían dadas en comparación con el Grant, que resultaba más cómodo para los soldados por la ubicación y tamaño de las escotillas, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que el Grant tenía, como es bien sabido, gran fama de ser un tanque especialmente “cómodo”.
G) Buena parte de los problemas de interpretación se han dado por una muy mala lectura de las fuentes a la hora de interpretar la palabra “impacto” (hit). Es falso que el Sherman tuviese jamás tendencia a arder en cuanto era impactado: lo que pasó al principio es que los primeros Sherman se incendiaban muy rápido cuando eran “penetrados” (hit significa “éxito o acierto”, no sólo “impacto”). Hablamos de penetraciones del blindaje, no de meros impactos. Hay una gran diferencia. El texto de Buckley aportado por José Luis es muy claro en esto, pues especifica que estas pruebas se ciñen a la “penetración” en carros inutilizados: “In addition to the perceived inadequacies of armour protection, Allied crews were also greatly concerned about the unnerving propensity of the Sherman to burst into flames, or ‘brew up’, when penetrated and disabled”.
El motivo fundamental de esa rapidez de ignición en caso de penetración (o impacto acertado) era el tema de los proyectiles, rápidamente subsanado pues, como es lógico, exponía al carro ante cualquier cañón de suficiente capacidad como para penetrar su blindaje. Como muy adecuadamente ha aportado kenubal, todo es muy sencillo si leemos con detalle lo que dicen los textos: “Investigations in 1943 suggested that this was probable the result of ammunition stored in the turret igniting when the tank was hit and henceforth it was fitted with armoured ammunition bins”.
La prueba de que el problema quedó atrás con un ajuste tan simple como blindar y asegurar el compartimento de munición fue el amplio uso del tanque durante el resto de la Segunda Guerra, por parte no sólo de los americanos sino también de los británicos, incluso ante carros superiores. ¿Tan locos estaban para adoptar un modelo que ardía “al primer golpe”? Por favor…
H) Otro problema grave de interpretación se relaciona con los estudios sobre esta inflamabilidad. Se han citado estudios de bajas, que son totalmente inútiles: es sobradamente que los alemanes tenían especial empeño en disparar a los carros inutilizados hasta que ardían. Disparar “hasta que arda” es una forma de causar la mayor cantidad posible de daño al enemigo, de desmantelar la mayor parte de las piezas recuperables y, no lo olvidemos, dificultar que los soldados enemigos empleen en tanque abatido como parapeto, pues si está en llamas pasa a convertirse en un refugio poco deseable e inseguro, mientras que un tanque inmovilizado que no arde todavía se puede utilizar. Por esto, decir que la mayoría de los Sherman estudiados entre las bajas habían ardido es como decir que la mayoría de los soldados muertos el Día D estaban desangrados: ¿podemos deducir que los soldados americanos tendían a desangrarse cuando se les disparaba?
En cuanto a los estudios más serios, realizados en campos de pruebas, son más fiables, pero también hay que saber leerlos. Que el 70% de los Sherman perforados en un campo de pruebas se inflamen, con munición y tiro en circunstancias ideales, prueba que la propensión a arder del tanque no existe: en esas circunstancias ideales, un tanque realmente propenso ardería prácticamente siempre que fuese perforado. El propio estudio de Sargeaunt en 1944 adolece de este mismo problema: dice que el 73% de Sherman perforados por cañones de 75 y 88 mm estallaron en llamas. Pero no indica el número de impactos total y, desde luego, deja claro que no ardía al primer golpe, sino que ardía, en todo caso, al ser perforado: “Casi todo impacto recibido penetró el blindaje del Sherman”, lo que es lógico viendo el tipo de cañones que provocaron esas perforaciones pues, como indicó Javier Ormeño Chicano, el blindaje del Sherman había sido “diseñado para resistir el viejo PaK 36 de 37 mm que los alemanes comenzaron ya a sustituir en 1940”. Es decir, que Sargeaunt nos indica que un blindaje diseñado cuatro años antes y superado por el armamento alemán de 1944 era fácilmente perforable en 1944 y, en esos casos, el 73% de los Sherman ardían.
I) José Luis: lamento decir que no has demostrado absolutamente nada. Sólo has evidenciado un error metodológico importante. Has expuesto porcentajes y afirmaciones sobre el Sherman, no contextualizados, y lo que es más grave, sin citar ni un solo estudio similar de cualquier otro carro para comprobar si, en efecto, el Sherman ardía más fácilmente que los demás. Para poder defender de forma tan segura que el Sherman “ardía al primer contacto”, una afirmación gratuita y exagerada a todas luces, deberías probar que los demás tanques eran más seguros en este aspecto. Pero sólo te centras en el Sherman, en lo que dicen sobre el Sherman, sin comparativa posible. Así es muy fácil tener razón o aparentar que se tiene razón. En todo caso, son tus interpretaciones personales, por muchas fuentes que adjuntes: no estás concluyendo lo que las fuentes dicen sino lo que subjetivamente esperas obtener de ellas.
Es bueno manejar muchas fuentes, pero no sirven de nada si no se saben leer adecuadamente. Todo el que quiera comprobar de dónde se copian la anécdota del “encendedor Ronson” los diferentes autores que compruebe, simplemente, la fecha de publicación de todos los libros que incluyen esta anécdota. Cuando se estudia la historia a través de fuentes indirectas primero hay que analizar esas fuentes para saber si son fiables y se han influenciado unas a otras. Al menos hay que ser riguroso si se pretende dar una “lección” a alguien, en este caso a mí.
Este hilo no es más que una encuesta sobre el peor tanque de la Segunda Guerra. Mis respuestas, breves, querían matizar algunos aspectos en origen, nada más. Respondí ala pregunta planteada en este hilo de forma sucinta. En cambio, se ha desencadenado un proceso sumarísimo contra el Sherman y se me ha exigido aportar fuentes y pruebas para demostrar algo que está claramente demostrado leyendo bien las fuentes que aportan quienes pretenden negarme la razón. Estoy muy de acuerdo con la gran mayoría de argumentos aportados por José Luis, Javier Ormeño Chicano y kenubal, pero si no se leen adecuadamente las fuentes o estudios es imposible entender de qué estamos hablando.
Personalmente, no tengo el menor interés en tener o no tener la razón. Sólo querría sugerir que quien desee pensar que el Sherman “ardía al primer impacto” se plantee que debe leer más en detalle y de forma comprensiva las fuentes para ver lo obvio: nadie está tan loco para mandar cientos de tanques al frente sabiendo que un solo impacto matará a cinco soldados.
Por mi parte, hasta aquí. No tengo ni tiempo ni interés en discutir de forma gratuita con el único objetivo de que se respeten mis opiniones. Creo que el respeto debe ser básico, aun con aquellos que, como yo, deciden leer objetivamente.
No es subjetividad: es análisis.
BLM
I want to impose on everyone that the bad times are over, they are finished! Our mandate from the Prime Minister is to destroy the Axis forces in North Africa...It can be done, and it will be done!
(Bernard Law Montgomery)