Al día siguiente, la batalla ha terminado. A las 2 de la madrugada, el ala derecha del I ejercito, descubierta por la derrota del IX, recibe orden de girar alrededor de Gembloux. A las 6 de la tarde, esa orden de retirada parcial se transforma en orden de retirada general. Se manda al I ejercito replegarse sobre el canal de Charleroi, desde el Sambre a Tunice, para resistir allí “sin ánimo de retroceder” . La orden de retirada se extiende al cuerpo expedicionario inglés, la B.E.F. , y asombra a los ingleses más aún que a los franceses. Han hecho 60 millas a la carrera para alcanzar una posición que les habían dicho que iba a ser de lucha a ultranza. Ni siquiera han tomado contacto con el enemigo y ya, media vuelta …
Ni los soldados ingleses ni los del I ejercito conocen el desplome que se produce a su derecha. No pueden sospechar que la orden de retirada precipitada que obedecen, es en realidad una orden de retirada demasiado tardía. Los ejercitos del norte ya tienen dos etapas de retraso sobre las formaciones mecanizadas que les rodean. Y el mando no se da cuenta de la amplitud del movimiento que habría que ordenar para escapar al envolvimiento.
El 22 de agosto de 1.914, en la tarde de Charleroi, Joffre había ordenado a su ala izquierda una retirada general. Para quienes la hicieron, quedó como el recuerdo más penoso de toda la guerra. Pero la decisión instantánea de Joffre salvó al ejército. En mayo de 1.940, una prontitud igual quizás (solo quizás), habría permitido sustraer al G.E.1 al envolvimiento. Pero hacía falta una decisión que ya no tenían unos jefes preparados para la guerra estática.
El I ejercito francés se bate “sin ánimo de retroceder” alrededor de Maubeuge, con la mision de defender las fortificaciones de las posiciones fronterizas. Cubiertas al sur por flanqueamientos que se permiten el lujo despectivo de establecer cabezas de puente sobre el Aisne y el Somme, las panzerdivisionen alemanas suben hacia el norte, marchando hacia Arras y Calais, y apretando el fondo de la bolsa en que se agitan 46 divisiones aliadas, 1 millón de hombres, más 1 millón de refugiados. Situación comparable a la de los mayores desastres de la Historia. Napoleón, en todas sus campañas, nunca consiguió un envovimiento a tal escala.
Nombrado el día antes, Weigand va a intentar romper ese anillo de acero.
Weigand toma un avión, sobrevolando el campo de batalla, para tomar contacto con los ejercitos del norte. Ya que no brillante, la situación estratégica tiene ahora la ventaja de ser clara. Los ejercitos aliados están cortados en dos por el avance de las panzerdivisionen alemanas.
La fracción del norte, estrechamente cercada, está amenazada de destrucción. La fracción del sur es demasiado debil para resistir ella sola en seguida un segundo ataque alemán. Si no se llega a soldar otra vez la espada rota, la guerra está perdida. Y todo es cuestión de horas, pues en la brecha abierta por las fuerzas mecanizadas, las fuerzas convencionales alemanas se meten con toda la velocidad de sus piernas. La aviación señala aún “un vacío completo en el triángulo Laon-Moncornet-Neufchatel” , pero la aventurada situación de las panzerdivisionen mejora, y las probabilidades de los Aliados de volverse a soldar antes de que las tropas alemanas constituyan frentes inquebrantables van disminuyendo por momentos.
La maniobra recomendada por Gamelin es refrendada por Weigand. Marchando al encuentro uno del otro, es como los dos muñones tienen más posibilidades de reunirse. Weigand no puede más que reanudar la idea de su predecesor, que sería la de un niño de 6 años al mirar un mapa. Pero Weygand, más proximo a la realidad, sabe que el II ejercito, acurrucado en la cabeza de puente de Montmedy, está fuera de combate. Sólo ve posible el desbloqueo de los ejercitos de norte con una ofensiva a partir del Somme, yendo al encuentro de la ofensiva que los ejercitos del norte lancen hacia el sur.
El cuadro del G.E. 1 trazado por Billotte, no tiene nada de consolador. El I ejercito francés, en el que se entremezclan los restos del IX, forma una hernia en relación al conjunto del grupo de ejercitos, y está constantemente desbordado sobre su derecha, combatiendo en condiciones crueles y penosas. Pero sin embargo, el mismo día 21, dos divisiones atacan hacia Cambrai, mientras que, bajo el mando del general Franklyn, las divisiones británicas 5ª y 50, retiradas del Escalda, atacan ante Arras. El objetivo es reducir, cuando menos, la amplitud de la brecha abierta entre el Somme y el G.E.1 .








