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por Akeno » Jue Mar 27, 2008 1:15 am
Lo prometido es deuda. Seguimos con el acorazado.
El acorazado es un barco en el que todo se subordina a la protección y la artillería. Cuatro son las cualidades principales de un buque de guerra: artillería u ofensa, protección o defensa, velocidad y autonomía, o sea la máxima distancia a recorrer sin necesidad de aprovisionarse de combustible. De todas ellas, la principal es la segunda, la capacidad de flotar no obstante los golpes enemigos, lo que en la actual jerga deportista se llama, bárbaramente, "encajar", absorver las ofensas sin "pestañear". Y eso es el acorazado: el buque capaz de combatir resistiéndose en medida ínfima ante los disparos del enemigo.
El ideal, es evidente, estaría en un buque que tuviese las cuatro cualidades en condiciones suficientes; pero un buque es siempre un compromiso entre pesos destinados a coraza, armas, velocidad y depósitos de combustible. En las condiciones actuales de la guerra naval (1930s), con la incorporación de las armas aéreas y submarinas, un buque que reuniese todas estas condiciones exigiría desplazamientos enormes y, como consecuencia, precios prohibitivos. Es, a mayor abundamiento, el único buque (queremos hacer incapié en este calificativo de UNICO) que ha de batirse con sus semejantes, actuales y venideros, teniendo en cuenta los progresos rapidísimos de la industria. Se deduce que un acorazado es siempre un barco en el que han de medirse, en cualquier tiempo, sus caracterísiticas, con todo cuidado. En los proyectos de tales naves, hay que ser siempre "futurista", tomando de esta palabra su acepción previsora.
El acorazado debe tener: coraza capaz de resisitir los impactos de la artillería actual y de la que se presuma posible en los veinticinco años en que se calcula su vida; hasta la Gran Guerra, sólo se tuvo en cuenta los proyectiles de cañón, dejándolos completamente a merced de las explosiones submarinas producidas por minas o torpedos. Esta protección ha de ser de naturaleza diferente a la antiartillería. Mientras ésta debe ser constituida por una coraza resistente que soporte el choque violento de los proyectiles, absorbiendo, con un mínimo de daños, su fuerza viva y evitando que pasen al interior del buque, produciendo averías fatales para éste, la protección contra ataques submarinos debe paliar el choque de la masa de agua lanzada contra los fondos por la onda explosiva, por medio de una defensa elástica, hasta cierto punto, que se sacrifica para que los efectos no lleguen al buque propiamente dicho.
Contra las bombas lanzadas desde lo alto ha de emplearse un sistema de cubiertas horizontales acorazadas, unido a una compartimentación semejante a la empleada contra la ofensa submarina; diremos que para esta protección se requiere un peso aproximado de una tonelada por metro cuadrado protegido y que el peso total de la protección, contra artillería, torpedos y bomas de caída, en un buque de combate moderno, es el 35% del desplazamiento (unas 14.000 toneladas en un clase "Nelson"), para que se dé cuenta, el que esto leyere, del cubiliteo de pesos a que se verá obligado el ingeniero proyectista.
Como quiera que el acorazado no es una batería flotante y ha de poder desplazarse sobre el agua, la velocidad es un factor indispensable, tanto táctica como estratégicamente; y si tenemos en cuenta que la potencia aumenta con el cubo de la velocidad, se comprenderá asimismo fácilmente lo que representa, en aumento de peso del aparato motor, el menor incremento en el andar. El acorazado debe tener una marcha suficiente, pero sin sacrificar nada de la protección y armamento, en beneficio de esta característica.
En cuanto a la autonomía, mal denominada por muchos radio de acción, debe ser suficiente para no vincular al buque a entradas contínuas en los puertos con objeto de aprovisionarse.
Ninguna de estas cualidades es absoluta, y la proporción armónica que ha de presidir el proyecto de un acorazado varía según las misiones que haya de desempeñar; esto es lo mismo que decir que la política naval de un país es la que ha de dar la pauta en cada caso. Un acorazado puede ser útil para los fines políticos de la Gran Bretaña y no ser adecuado para defender los intereses italianos; hasta ahora, las naciones que más han velado por sus intereses, en este aspecto, han sido la Alemania imperial y la Italia fascista. Las copias, más o menos afortunadas, de los tipos más en boga en las grandes flotas han sido siempre de una utilidad muy dudosa en la nación que las adoptó; una comparación vulgar, nos llevaría a un parangón con el que surte su ropero en un bazar de ropas hechas (sic)
Quien quiera intervenir sobre cualquier cuestión de este hilo puede hacerlo en cualquier momento, por supuesto.
Lo siguiente será tratar al crucero de batalla.
Saludos cordiales
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Akeno el Jue Mar 27, 2008 12:59 pm, editado 1 vez en total.