
Yo, comandante de Auschwitz, son las memorias del que fuera máximo responsable del mayor, y más terrible, campo de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, en concreto se trata de Rudolf Höss. Éste, fue teniente coronel de las SS desde 1942 y comandante del campo de Auschwitz desde 1940 hasta 1943. Tras abandonar el campo de exterminio, en noviembre de 1943, Höss es nombrado jefe de la sección política de la Inspección de Campos de la WUHA (Dirección General de Economía y Administración). Detenido el 11/03/1946 por la Policía Militar Británica en Flossenburg, cerca de la frontera danesa, donde trabajaba escondido con identidad falsa en una granja agrícola, es solicitado como testigo en los juicios de Nuremberg y desde esta ciudad alemana fue trasladado en mayo de 1946 a Polonia, lugar donde debía responder de la muerte de más de un millón de personas. Rudolf Höss sería juzgado en Cracovia y ahorcado en Auschwitz el 7 de abril de 1947.
Entrando ya en materia comentar que el libro es breve, apenas 280 páginas, comienza con una breve e interesantísima introducción de Primo Levi, para pasar posteriormente a la autobiografía propiamente dicha de Rudolf Höss. El libro acaba con 10 breves anexos en los cuales Höss “disecciona” la figura de muchos de sus superiores durante sus años de SS: Himmler, Eichmann, Glocbonick, Muller, etc...se encuentran entre los descritos.
Höss nos hace un relato desde su infancia, educado por un padre al que califica de “católico radical”, describe como éste estaba decidido a que su hijo acabara siendo sacerdote. Höss rehusó este propósito paterno y acabó alistándose, sin tener la edad mínima en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Más tarde describe sus penurias de guerra, luchó en Irak y Palestina, y en la posguerra fue “carne de freikorps”, los cuerpos francos de extrema derecha financiados por el Gobierno y los grandes industriales y que tenían como objetivo luchar contra los comunistas, franceses y polacos en sus fronteras occidentales y orientales. Condenado a 10 años de cárcel por asesinato, describe extensamente su paso y vivencia en presidio, su gran escuela para afrontar su posterior vida. Una vez que Hitler llega al poder da el paso y se alista en las SS. A partir de aquí es cuando las memorias toman fuerza, la terrible realidad que no esconde Höss estremecen al lector ante la frialdad de su relato. Frío, duro, alejado de cualquier emoción, así se muestra Höss a lo largo de la segunda mitad de su relato autobiográfico. Obediente ante sus superiores, enérgico ante sus subordinados, y, tremendamente eficiente en su “ingrata” labor de exterminio, según sus palabras. Hombre de orden, extremado en sus formas, incapaz de hacer daño a alguien deliberadamente, estas son algunas de las perlas que el personaje plasma al papel. Se hace cuesta arriba poder asimilar tanta frialdad a la vista de los hechos que todos conocemos sobre Auschwitz, pero es necesario saber qué pasaba por la cabeza de estos hombres para poder matar y eliminar a millones de personas sin sufrir un quebranto físico y moral.
Por último, y como consejo personal, podéis leer el prólogo de Primo Levi después de acabar el libro, es decir, invirtiendo el orden del mismo. Podréis valorar con más enjundia la totalidad de estas memorias.
No me gustaría acabar sin mencionar la última frase con la que Rudolf Höss termina su autobiografía: …”Nunca comprenderán que yo tenía corazón….”…cuesta mucho a la vista de su actuación en Auschwitz, que ese corazón existiera de verdad.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.
Winston Churchill a Chamberlain.