¡Buenos días a todos!
¡Hola, Leiva!
Voy a darte mi opinión sobre tus diversas consideraciones. En este post sólo trataré tu primera frase.
Leiva escribió:
Desde el punto de vista de la ciencia de la organización esto es totalmente predecible. El alargamiento de la cadena de mando provoca el retraso en la toma de decisiones y éste conduce a la falta de adecuación de las decisiones a la realidad.
Desde el punto de vista militar, eso no es necesariamente cierto. No es tanto la organización del sistema de mando en sí (que puede variar en su dimensión según ejércitos, fuerzas y circunstancias) como la centralización o descentralización del mando. En una palabra, la eficacia de un sistema de mando depende más de la flexibilidad o rigidez de ese sistema que del mayor o menor tamaño de su cadena de mando.
Si el comandante de una unidad (pongamos por caso un batallón) carece, por rigidez del sistema en la cadena de mando, de capacidad de iniciativa propia (dentro del marco del plan general del comandante en jefe del regimiento a que pertenece, y este último igualmente con respecto al comandante en jefe de la división), porque está obligado a esperar las órdenes del comandante del regimiento, y éste de las del comandante de la división, entonces, en estas circunstancias de rigidez de mando, es muy probable que ese comandante de batallón se vea superado por las circunstancias cambiantes del campo de batalla (movimiento del enemigo) antes de que le lleguen las órdenes de su superioridad, quedando éstas finalmente desfasadas o invalidadas por esas circunstancias cambiantes del campo de batalla.
Lo anterior se aplica igualmente en los casos de un cuerpo de ejército, ejército o grupo de ejércitos. Partiendo de una planificación general para una operación dada o un supuesto dado (como era en el caso soviético el supuesto de una invasión alemana), y teniendo en cuenta que esa operación o supuesto dado atienden a unos objetivos estratégicos marcados por el liderazgo político, el órgano encargado de la planificación operacional militar (ya sea un alto mando del ejército, un estado mayor general, o un mando supremo) establece una serie de misiones operacionales a sus ejércitos o grupos de ejércitos (distritos militares en el caso soviético de junio de 1941), y a partir de esas misiones operacionales generales, la formación mayor elabora sus propios planes (para cumplir esas misiones generales que se le han asignado), y establece otras misiones a sus formaciones subordinadas. Y esta cadena de planificaciones continúa hasta la formación menor (regimiento). Luego entran en juego los planes de las unidades y sub-unidades (batallón para abajo).
El primer factor de importancia en el cuadro anterior es, lógicamente, la claridad y viabilidad de los objetivos y misiones. Si son confusos o inviables, entonces el caos y el fracaso están servidos. El segundo factor de importancia es el conocimiento general del plan operacional y el grado de autonomía para conseguir sus diversos objetivos asignado a cada eslabón de esa cadena. El tercer factor está íntimamente ligado al segundo, y consiste en la respuesta y la rapidez de la respuesta a unas situaciones cambiantes y/o inesperadas en el campo de batalla. Luego hay un factor que condiciona a todos y que es el de mayor importancia en este sentido: las comunicaciones entre los diferentes eslabones de la cadena de mando. Veamos el caso soviético con un ejemplo muy ilustrativo de la pluma del mariscal Rokossovsky (los subrayados son míos):
<<<<
[Lo que sucedió el 22 de junio
no estaba considerado en ningún plan y por estas razones las tropas fueron cogidas por sorpresa en el absoluto sentido de esta palabra.
La pérdida de contacto entre el estado mayor del distrito y las tropas exacerbó la dificultad de la situación.
Las cosas podrían haber sucedido de forma completamente diferente si el mando de distrito estuviera al tanto del asunto y hubiera tomado las medidas apropiadas dentro de
su propia capacidad, demostrando además
su propia iniciativa así como la audacia de asumir la responsabilidad de ejecutar las
medidas dictadas por la situación que se estaba desarrollando a lo largo de la frontera. Pero no se hizo esto. Todo el mundo
esperó instrucciones de arriba.
Puedo juzgar esto incluso por el
contenido del paquete de operaciones que abrí el primer día de la guerra. Su contenido era adecuado para un cuerpo mecanizado que había completado el período de constitución y estaba dotado con todo lo que debiera tener como formación de combate. Pero como sólo estaba al principio, esto es, en la etapa inicial de organización, entonces tanto el Estado Mayor General como el mando de distrito deberían haber previsto su lugar apropiado para el caso de guerra. Era ésta la situación no sólo en el IX Cuerpo Mecanizado, sino también en el XIX, XXII y otros, con la excepción del IV y VIII que habían comenzado a ser organizados significativamente más pronto y eran más o menos capaces de unirse a la batalla. Además, tenían los nuevos tanques T-34 y KV.
El ahorro de los tres cuerpos mencionados (había un total de cinco en el KOVO) podía haber jugado un papel crucial para lanzar el subsiguiente contraataque junto con los ejércitos de armas combinadas que estaban trasladándose desde el interior de la nación. Y de esta manera, su deficiente armamento de tanques los convertían realmente en formaciones de infantería deficientes, no tenían siquiera las nuevas armas estipuladas para una formación de fusiles.
Al mismo tiempo, sus tareas fueron encomendadas en base a su denominación formal, no en base a sus verdaderas capacidades.
¿Y qué pensaban al respecto los que confeccionaron las detalladas
directrices, poniéndolas en paquetes de operaciones y encerrándolas bajo siete sellos? Ciertamente, sus
órdenes eran completamente irreales. Sabiendo esto, todavía las defendían, al perseguir, tengo plena seguridad, el objetivo de justificarse a sí mismos en el futuro, refiriéndose al hecho de que las órdenes para acciones “decisivas” las habían dado a tal y cual tropa (formaciones). No estaban en absoluto preocupados por el hecho de que una orden así significaba enviar a los cuerpos mecanizados a su aniquilación. Buen personal de tanques pereció en una batalla desigual al desempeñar incansablemente el papel de la infantería en el combate.
Incluso cuando conocían perfectamente bien el eje del principal ataque lanzado por las tropas alemanas así como sus fuerzas y agrupaciones, el
mando de distrito fue incapaz de asumir la responsabilidad y tomar una decisión fundamental para rectificar la situación y proteger a una gran parte de las tropas de una derrota completa, trasladándolas a la antigua área fortificada.
Si el EMG no hacía esto rápidamente, el mando de distrito estaba obligado a hacerlo….El papel del mando de distrito se redujo a una situación en la que ejecutó ciegamente las directrices del EMG y cuarteles generales que estaban
desfasados y ya no se correspondían con el rápido cambio de situación que se estaba produciendo en el frente. El mando sistemática, nerviosa e irresponsablemente y, más importante, sin ningún beneficio, intentó comprometer formaciones y unidades sin entrenar en las brechas formadas por los ataques de la principal agrupación enemiga. Al mismo tiempo se sabía previamente que semejantes “bandadas” no podían detener al enemigo, pues ni el tiempo, ni la situación, ni sus propias capacidades lo permitían. La organización de tales medidas se podía haber realizado en algún lugar del interior del territorio, habiendo reunido a las fuerzas correspondientes para llevar a cabo esas medidas. Y el distrito poseía esas fuerzas, pero fueron comprometidas en la batalla y aniquiladas sistemáticamente.
Ya he mencionado más arrima las órdenes que fueron cursadas por el comandante del frente, M. P. Kirponos, en mi presencia y que consistían en lanzar una o dos divisiones ante los golpes de grandes fuerzas enemigas que avanzaban de forma organizada. ¿Cuál fue el resultado de esto? Solo puede haber una respuesta, la aniquilación de nuestras fuerzas al detal, cuestión que sólo ayudó al enemigo.] (00010013f Voyenno-Istoricheskiy Zhurnal no. 5, May 89, “Cuts, Omissions and Withdrawals,” K. K. Rokossovsky en
JPRS, August 1989).
Rokossovsky nos muestra claramente que lo que falló el 22 de junio de 1941 y días siguientes fue:
-inexistencia de un plan general de defensa o
-un plan que sólo se conoció a nivel de mando de campaña en el momento en que el enemigo atacó, y
-que ese plan era inviable porque
-no ajustaba sus misiones a la realidad de la fuerza de las formaciones de combate, sino a la virtualidad de formaciones de combate sobre el papel.
-Una falla completa en las comunicaciones intermandos sobre las circunstancias tácticas y operacionales del campo de batalla.
-Una pasividad intolerable a la hora de la asunción de la propia iniciativa, situación provocada por la extrema rigidez en la cadena de mando soviética.
Todas estas carencias podían darse igualmente en una cadena de mando menos compleja que la soviética, (podían darse en la cadena de mando alemana, por ejemplo), porque no obedecían a la forma sino al fondo de la doctrina militar soviética, que en su versión stalinista era una copia de la estructura política del Estado soviético, propugnando e imponiendo con camisa de fuerza un mando rígidamente centralizado que negaba cualquier posibilidad de la iniciativa propia y, en consecuencia, de una razonable autonomía a la hora de ejecutar las órdenes o establecer de
motu propio otras órdenes para enfrentar las mudables circunstancias del campo de batalla, mucho más si lo que se cocía era una guerra de movimientos.
En una reducción simplista, Stalin cercenó a sus comandantes la posibilidad de que pusieran en práctica el ABC del manual de instrucciones doctrinales que contemplaban situaciones como las que se dieron en junio de 1941. No en vano, dice Rokossovsky:
[
Ciertamente, las reglas elementales de la táctica y el arte operacional, incluso sin involucrar a la estrategia, establecían que, habiendo perdido un combate o una batalla, las tropas deberían intentar, mientras se cubrían detrás de una parte de las fuerzas, romper el contacto con las principales fuerzas del enemigo y evitar su derrota completa. Luego, con la llegada de formaciones y unidades frescas del interior, organizar una defensa fiable y posteriormente derrotar al enemigo]
Naturalmente que hubo muchos otros factores que contribuyeron a la debacle soviética de las primeras semanas de la guerra, pero, en esencia, todos giraban alrededor de lo comentado (y de la actuación de la Wehrmacht). No era, pues, necesariamente que la cadena de mando tuviera tres o siete eslabones, sino más bien la claridad, fluidez y flexibilidad de la cadena.
Saludos cordiales
José Luis