Claus Philipp Maria Schenk Graf von Stauffenberg (1907 – 1944)(V)

Stauffenberg en Rastenburg el 15 de julio de 1944 (en el margen izquierdo, de blanco) con Hitler (centro) y Keitel (derecha). (Bundesarchiv Bild 146-1984-079-02)[/CENTER]
El plan consistía en eliminar en el mismo atentado a Hitler, Göring y Himmler. Luego, en Berlín, Fromm debía neutralizar a las SS con el ejército de reserva y von Stauffenberg ganar y organizar el apoyo activo de la Wehrmacht en toda Europa. En Francia, el general Stülpnagel debía neutralizar a los gauleiter y SD y cortar las comunicaciones con Berlín. El comandante Szokoll y el coronel Heinrich Cordé debían neutralizar los edificios de la Gestapo y de la policía en Viena. Posteriormente se instalaría un gobierno provisional que intentaría firmar la paz con los aliados y poner fin a la guerra. La futura forma del Estado alemán se dejaba abierta.
A inicios de julio de 1944, von Stauffenberg ya había acudido a dos conferencias militares de Hitler con una bomba oculta en su maletín, mas no la había activado porque según Goerdeler y Beck era necesario que junto con Hitler muriesen también sus posibles sucesores, Goering y Himmler; tal requisito dificultaba el plan pues Himmler recibía órdenes directas de Hitler y rara vez iba a conferencias militares de la Wehrmacht. El 15 de julio, ante la presión del tiempo, se permitió que Stauffenberg ejecutara el asesinato en cuanto pudiese, sin requisitos previos: Stauffenberg llevaría su maletín con la bomba, lo dejaría al lado de Hitler, en medio de la conferencia, tras lo cual, pretextando una excusa para salir del recinto, que huyese a Berlín a reunirse con los otros conspiradores en el Cuartel General del Ejército de Reserva, situado en la avenida Bendlerstrasse (llamado por ello el Bendlerblock). Tras esto, Fromm iniciaría la «Operación Valkiria» movilizando las tropas en apoyo al nuevo gobierno, arrestando a los líderes nazis; semejante plan era arriesgado y dependía de una gran coincidencia de hechos para tener éxito.
El 15 de julio de 1944 un error de comunicación causó que se iniciara parcialmente «Valkiria» pero con gran esfuerzo se detuvo la movilización total de tropas alegando que sólo un ejercicio de práctica. El día 18 de julio Stauffenberg supo que la Gestapo podría arrestarlo en cualquier momento y se decidió a matar a Hitler en la primera ocasión viable, para ello von Stauffenberg y su ayudante, el teniente von Haeften, llegaron desde el aeródromo de Berlín-Rangsdorf a las 10 de la mañana al cuartel general de la Wolfsschanze en un Junkers Ju 52.
Von Stauffenberg portaba un maletín, con un explosivo especial inglés de un kilogramo que se activaba mediante un detonador químico absolutamente silencioso. Von Haeften llevaba otra bomba idéntica. Hitler adelantó la reunión 30 minutos, ya que sobre la una y media debía recibir a Mussolini. Antes de entrar en la sala de la reunión, von Stauffenberg, con la excusa de cambiarse la camisa, se fue con von Haeften a una habitación cercana para activar lo más rápidamente posible las dos bombas. Con mucha dificultad debido a su única mano rompió la cápsula de vidrio del detonador químico de su bomba con un alicate especial diseñado para sus tres dedos y activó el primer explosivo en su maletín. No tuvo tiempo de activar el segundo explosivo, en posesión de von Haeften, debido a la entrada de un suboficial a la habitación donde supuestamente solo se estaba cambiando de camisa, apremiándole a volver a entrar de inmediato en la reunión. Von Haeften llevó la segunda bomba no activada en su maletín a un búnker antiaéreo cercano. El dispositivo químico haría detonar la primera bomba en el maletín de von Stauffenberg en aproximadamente diez minutos.
El lugar del atentado estaba inicialmente previsto en el búnker subterráneo de Hitler, pero estaban trabajando allí miembros de la Organización Todt, por lo que se decidió realizar la reunión en el galpón en la superficie de Albert Speer, una casa principalmente de madera, que contaba con varios ventanales y una grande y pesada mesa de roble. A la reunión asistieron 23 personas, además de Hitler y von Stauffenberg. El ambiente era caluroso, por lo que se ordenó abrir las ventanas. Empieza la reunión. Von Stauffenberg llega con algo de retraso, se excusa y se sitúa tan cerca de Hitler como le es posible, supuestamente esperando su turno para exponer la situación en el Frente Oriental. Hitler ocupa la parte central de la mesa mirando hacia el exterior, von Stauffenberg se sitúa a su derecha, apenas a metro y medio de Hitler. Después de pocos minutos von Stauffenberg coloca el maletín con la bomba debajo de la mesa muy cerca del lugar donde se encuentra Hitler, y se retira discretamente pretextando una llamada telefónica urgente desde Berlín. Tiene apenas tres minutos antes de que explote. Después de abandonar von Stauffenberg la sala uno de los asistentes choca accidentalmente con el maletín con el pie y lo aparta, colocándolo junto a una de las patas gruesas de la mesa en el lado más alejado de Hitler. La reunión continúa.
Dos minutos y medio después, a las 12.14 horas, el artefacto explota. Hitler, que estaba agachado sobre un mapa del frente ruso colocado encima la gruesa mesa, ve de súbito que ésta sube y le golpea en el rostro. La explosión es violenta y deja cuatro muertos y otras personas malheridas. Como las ventanas de la habitación estaban abiertas, la fuerza de la explosión se dispersó. Especialistas en explosivos aseguran que si la reunión hubiera tenido lugar en el sótano, cuyas paredes habrían retenido la onda expansiva, todos los presentes habrían muerto; y si von Stauffenberg hubiese metido la segunda bomba que llevaba von Haeften en su maletín, aun sin manipular, nadie en el barracón hubiese sobrevivido.
Von Stauffenberg y von Haeften presenciaron de lejos la explosión y creyeron, sin posibilidad de comprobar los resultados, que ni Hitler ni nadie podía haber sobrevivido. Partieron apresuradamente hacia el aeródromo, y von Haeften se deshizo de la segunda bomba arrojándola por la ventana del coche. Consiguieron con sangre fría pasar los puestos de guardia y se hicieron llevar con su avión a Berlín. El conspirador general Fellgiebel en la Wolfsschanze comunicaba la palabra "Walkiria" a Berlín, como señal de que el atentado había tenido éxito, para que otros implicados en Berlín tomasen las decisiones acordadas para asumir el control del Estado.
Hitler salvó la vida al recibir la explosión indirectamente, pues había quedado protegido por la gruesa pata y la sólida tabla de la mesa de encina, que se deshizo en astillas que quedaron clavadas en una pierna, sufriendo sólo magulladuras ligeras en su brazo y en el lado izquierdo de su rostro. El lugar del atentado estaba inicialmente previsto en el búnker subterráneo de Hitler, pero estaban trabajando allí miembros de la Organización Todt, por lo que se decidió realizar la reunión en el galpón en la superficie de Albert Speer, una casa principalmente de madera, que contaba con varios ventanales y una grande y pesada mesa de roble.
Von Stauffenberg, en pleno vuelo a Berlín, daba por hecha la muerte de Hitler sin sospechar lo realmente ocurrido. Al llegar a la Bendlerstrasse, alrededor de las 16.30 horas, se dio cuenta de que el plan de toma de poder no se había iniciado apenas. El ejército de reserva no había salido de los cuarteles. Mientras tanto, Martin Bormann es el primero en explicarse exactamente lo ocurrido e informa a Hitler de que el secretario de guardia había visto salir a von Stauffenberg después de la explosión y alejarse apresuradamente del lugar. De este modo von Stauffenberg se convirtió en el sospechoso principal de Himmler y de Kaltenbrunner, que ya se acercaba desde Berlín.
Poco antes de las 15.00, Fromm recibió una llamada desde Rastenburg del general Erich Fellgiebel, del Cuerpo de Señales y participante de la conspiración, quien avisó a sus demás cómplices que Hitler había sobrevivido al ataque: "Etwas Schreckliches ist passiert! Der Führer lebt!" (¡Algo horrible ha pasado! ¡El Führer está vivo!"). Tal noticia alertó a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock pues calcularon (tal vez con acierto) que si Hitler estaba vivo las tropas de reserva no obedecerían la movilización de «Valkiria».
Aumentó la confusión entre los conjurados el hecho que Stauffenberg llamase después por teléfono a Fromm a las 15.00, tras haber aterrizado en Berlín y le asegurase a los demás conspiradores que Hitler había muerto; recién a las 16.00 y con dos versiones contradictorias de distintos conspiradores, el general Olbricht lanzó la orden de empezar «Valkiria» y movilizar a las tropas de reserva disponibles, pero poco después Fromm llamó por teléfono a Rastenburg y conversó con Keitel, que le aseguró que Hitler estaba vivo, además de preguntarle por el paradero del coronel Stauffenberg.
A las 16.40 Stauffenberg llegó al Bendlerblock y Fromm intentó arrestarlo de inmediato, se cree que para borrar evidencias de su participación en el complot, pero fracasó al no ser secundado por Olbricht ni otros oficiales. De todos modos a esa hora Himmler había tomado medidas para que las SS pongan fin al intento de golpe de Estado y ordenaba a las tropas del resto de Alemania que no obedecieran la movilización de «Valkiria». Mientras, la sede ministerial de Goebbels fue cercada por las tropas de la guarnición de Berlín siguiendo las órdenes de Fromm y de Olbricht, pero Goebbels contaba con la línea telefónica no cortada por los conspiradores. El momento decisivo ocurre a las 19:00, cuando Hitler estaba lo bastante recuperado para llamar por teléfono. Hitler pudo llamar a Goebbels, quien hizo arreglos para que aquel hablara con el comandante de las tropas que rodeaban su ministerio, el mayor Otto Remer, para persuadirle que estaba vivo y exigirle reprimir inmediatamente la revuelta en Berlín; esa misma noche Hitler ordenó que el mayor Remer fuese ascendido a coronel.
A las 20.00 un furioso Witzleben llega al Benderblock y discute airadamente con Stauffenberg, quien todavía insistía en que el golpe podía continuar. Witzleben abandona el edificio poco después. Alrededor de esta hora la toma del poder en París había sido abortada, cuando el general Stülpnagel fue arrestado.
Los miembros menos resueltos de la conspiración en Berlín comienzan a cambiar de bando ahora. Estalla la lucha en el Bendlerblock entre los conspiradores que apoyan al golpe y los leales a Hitler (entre estos últimos está Fromm) y Stauffenberg es herido. El general Beck, al convencerse que no había esperanza, se suicida. Hacia las 23:00 Fromm ha retomado el control del Bendlerblock, destruyendo huellas de su colaboración con los conspiradores, arresta a Stauffenberg y los otros oficiales que insistieron en continuar con el golpe de estado, se instituye a sí mismo en «corte marcial especial», y condena a muerte a von Stauffenberg, al teniente Heinrich von Haeften, al general Olbricht y al coronel Albrecht Mertz von Quirnheim, los cabecillas de la operación. Al general Beck le dio la oportunidad de suicidarse. A las 0.10 del 21 de julio los cuatro hombres condenados por él mismo son fusilados en el patio trasero del Bendlerblock. En primer lugar fusilaron al general Olbricht. Como segundo le tocaba el turno a von Stauffenberg, pero, cuando estaban a punto de disparar, el teniente von Haeften se lanzó delante de von Stauffenberg, recibiendo las balas destinadas a su superior. Las últimas palabras gritadas por Stauffenberg segundos antes de morir fueron: ¡Larga vida a la Sagrada Alemania! (
Es lebe das heilige Deustchland!). Mertz von Quirnheim murió en último lugar.
Otros habrían sido fusilados, pero a las 0.30 irrumpe en el Bendlerblock Otto Skorzeny con un batallón de la SS, prohibiendo nuevas ejecuciones hasta determinar fielmente cuántos militares han participado en la sublevación. Fromm prefiere no enfrentarse a las SS y se dirige al día siguiente a visitar a Goebbels, atribuyéndose el mérito de haberse enfrentado a los rebeldes, no obstante en ese mismo acto Fromm es arrestado, y tras descubrirse su participación en la conspiración por documentos encontrados en su caja fuerte, muere fusilado en marzo de 1945.
Por instrucciones de Fromm, von Stauffenberg y los demás fusilados fueron enterrados honorablemente con todas sus medallas poco tiempo después del fusilamento en un cementerio cercano. Hitler, sediento de venganza, hizo desenterrar los cadáveres de von Stauffenberg y los demás conspiradores, ordenando quitarles las medallas e incinerar los restos, además de ordenar la detención de todos los miembros del clan von Stauffenberg, hombres, mujeres y niños para su posterior ejecución bajo el concepto de Sippenhaftung.