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La II Guerra mundial en Venezuela. (Segunda Parte)

Publicado: Dom Oct 05, 2025 10:20 pm
por Juan M. Parada C.
A MANERA DE INTRODUCCIÓN.

En el trabajo anterior se pudo apreciar, de la manera más original posible, la forma como este segundo conflicto global se estaba insertando en la sociedad venezolana de esos días y la incertidumbre en acarrear. A medida que los hechos se iban desarrollando fueron varias las expectativas en generarse, en pro y en contra de los bandos enfrentados, y la vana posibilidad de mantenerse neutrales.

Sin embargo, como veremos en esta otra parte, la pujante industria petrolera sería uno de los principales atractivos para los bandos en pugna, los cuales, sin duda alguna, deseaban tener en exclusividad dicho producto para sus acometidas bélicas. Sin dejar atrás, a manera de complemento, otras materias primas más para surtir a las partes interesadas.

Es cierto que nuestro país trató de mantenerse neutral en un comienzo, pero la vorágine bélica que arrastraría más tarde a los Estados Unidos, nos obligaría en plegarnos al bando aliado. Pese a no enviar gente a los campos de batalla, como haría Brasil y México, nos sentimos parte de este gran esfuerzo por derrotar a las potencias del "Eje". Siendo tal contribución buena parte del carburante en ser usado en los campos de batalla librados los "Aliados", la clave posterior de la victoria y demás productos en contribuir con tal gesta en cuestión.



-CAPÍTUILO PRIMERO: ANA MARÍA DE LA LUZ Y JOHN LAUD CON UN ATAÚD PARA HITLER Y STALIN.



Después de los hechos del 31 de marzo de 1941 en Puerto Cabello, que estremecieron a todos los venezolanos en esos días, se desataría una suerte de fobia por lo que sucedía con la guerra en los distintos escenarios fuera de nuestras fronteras y se generaría un pánico colectivo por los continuos éxitos del bando del "Eje". Así que todos los establecimientos públicos se fijaron varios mapas, que los periódicos locales suministraron a petición de la gente, para indicar los últimos movimientos de las fuerzas alemanas y de las fuerzas inglesas en apenas contenerlos.

El frente más activo, por afectarnos de forma directa, era los acontecimientos en el Atlántico en la que varios barcos de suministros que van a Inglaterra son hundidos por los U-boat de Hitler y amenazando en hacer sucumbir a ese país de hambre. Muchos piensan, por tales hechos en acontecer, que es cuestión de tiempo para que los ingleses deban pedir la paz. Siendo los submarinos la carta principal de Hitler en usar a plenitud. Para compensar la pérdida de su acorazado Bismark, el cual fue hundido tras una épica batalla, que los británicos festejaron en todo lo alto.

Ahora bien... ¿qué pasaría entonces con los de pabellón venezolano en surcar el Caribe si se topasen con una de esas naves? Al principio, no se tenía conocimiento si los alemanes incursionarían por estas aguas (como tampoco a las costas de Brasil y México), gracias a la precaria neutralidad en tratar de mantener. Pero era cuestión de tiempo que tal clase de impase se produciría de un momento a otro.

Mientras tanto, las acciones terrestres siguen a favor de los alemanes, tanto en norte de África, los Balcanes y Grecia. Por el carácter fulminante en demostrar los germanos hasta ahora, como se vio el año anterior en el frente occidental, que generaría la caída de Francia. Por estremecer, a todos por igual, como fue la invasión de Hitler a la entonces Unión Soviética de Stalin el 22 de junio de ese año.

Así que en un popular café de la ciudad de Caracas, cercano ya al mediodía, los parroquianos estaban escuchando los últimos reportes de la guerra y muchos de ellos denotan una cara seria por los sombríos sucesos. Nada parecía detener a Hitler en esta última operación en llevar a cabo; sin mencionar, por otro lado, la escalada de tensiones entre Japón y los Estados Unidos. Amenazando en ser global esta guerra, que ahora sólo se está desarrollando en Europa y demás frentes secundarios.


La estación de radio, "Radio Caracas Radio", de repente se va al espacio publicitario y estas personas cambian de semblante al escuchar una popular propaganda de un jabón (llamado "John Laud"), que decía así:

"Suspirando esta en el baño Ana María de La Luz, porque ella quiere bañarse con John Laud. Y su madre, no concibe, que Ana María de La Luz quiera meterse en el baño, con John Laud. ¡Mamita, mamita,- dice la picarona presentadora con una voz muy sugestiva-prepárame un ataúd, si tú no me dejas bañarme con John Laud!".

Las risas inundan el café, que antes estaba muy callado por las novedades del mundo, y algunos comienzan a decir: -¡Toda una pedazo de muérgana esa Ana María!

Sin embargo, un señor de aspecto venerable, grita: -¡El ataúd es para Stalin que le están dando duro al muy pedazo de bolsas!!!!

Un muchacho, que era un activista del entonces proscrito partido comunista en Venezuela (que se hacían llamar "Unión Municipal"), le increpa: -¡Ese ataúd se lo va a ganar el pedazo de Hitler y sus infames áulicos, mi don!

El viejo aludido, con una sonrisa maliciosa, le responde: -¡Mire carajito! Ustedes sólo sirven es para hacer mandados y para llevar ese ataúd con su Stalin adentro. ¡Así que preparen el velorio!!!

El resto de los parroquianos comienzan a tratar de calmar a estos dos exaltados, que ya se amenazaban en irse a las manos, y el dueño del café pone música e invita unas cervezas. Pero se estaba haciendo muy evidente, para esos días de convulsión, no sólo externa sino también interna, que se estaban ya decantando los futuros bandos en pugna, los cuales se enfrentarían más tarde en los sucesos del 18 de octubre de 1945 en marcar otro derrotero político en Venezuela, que dicho conflicto global estaba generando.




-CAPÍTULO SEGUNDO: EL LIBRO PAVOSO DE DON OLEGARIO.


Era un momento de gran euforia para Venezuela haber ganado la serie del Caribe de Beisbol, contra los anfitriones que eran los favoritos de todos los fanáticos, que se realizó en Cuba en octubre de ese año. La algarabía era enorme en todo el país y presagio cierto de otras justas deportivas en ser alcanzadas también, para dejar atrás varios años de aislamiento en este importante campo competitivo, y figurar ahora en las listas de los equipos favoritos en las distintas ligas del exterior. Sumado al apoyo de la floreciente industria petrolera, que las distintas trasnacionales que estaban operando en Venezuela desde 1922, patrocinaban a todos los grupos deportivos en formación para procurar otros laureles.

Tal era así el ambiente en esos días, que por un momento nadie se preocupaba más por los sucesos bélicos del conflicto global en acontecer hasta ahora, que llegaba hasta ser embriagador. No era para menos dicho sentimiento que todos celebraban por igual.

Así que en una plaza pública de la ciudad de los Teques del estado Miranda, en una soleada y alegre mañana de mediados de octubre, dos viejos amigos se reúnen para charlar los últimos acontecimientos. Buena parte de su conversación, por la euforia del momento, fue sobre este triunfo en cuestión que no podía ser pasado por alto. Ambos hombres eran oriundos de los andes tachirenses en el que compartieron varias vivencias cuando fueron niños y durante su adolescencia se separaron en procura de sus destinos. Reencontrándose varios años después en Caracas en tener otras experiencias existenciales paralelas.

El primero, de aspecto muy marcial, se llamaba Saturnino Méndez y era coronel retirado de la era gomecista, en la que prestaría sus servicios en la infame "Sagrada" (la policía secreta de custodia del régimen del general Juan Vicente Gómez).Fueron varios los servicios prestados al benemérito Gómez, que le granjearía de varios enemigos. Al morir su jefe en 1935 fue por poco linchado por una turba de agitadores en una esquina de la plaza Bolívar en Caracas, que este fiero hombre les daría la cara a estos exaltados a diferencia de otros que escaparon. Pero socorrido a tiempo por una patrulla de la policía con varias heridas en su cuerpo que supo soportar estoicamente. Siendo después protegido por el mandato de López Contreras y ahora por el de Medina Angarita.

Mientras que el segundo, en cambio, era de un porte humilde y pensativo, que respondía al nombre de Olegario Dávila. Su mayor aspiración fue la de ser educador y fiel creyente que la iluminación literaria era el camino para salir de la barbarie en asolar el país desde hace mucho tiempo. Sufriendo así varios años de prisión por sus críticas al régimen gomecista, que lo llevarían a la ruina, pero que su amigo el coronel Méndez siempre lo ayudaría varias veces a riesgo de caer también en desgracia con el mismísimo Gómez. Pero su lealtad con su amigo de la infancia siempre prevaleció y de ahí entonces que los últimos años fueron de arresto domiciliario para don Olegario. Gracias a este viejo amigo en arriesgar abiertamente su posición en este despótico régimen.


Pese a tener sus diferencias, que muchas veces discutían a viva voz, se trataban como verdaderos hermanos y buscaban tener buenas relaciones de cara a una vida más sosegada en el umbral ya de sus últimos años de existencia. El coronel Méndez era un feroz partidario de los alemanes, que los consideraba la quinta esencia del progreso y la disciplina, debía, en consecuencia, ser el norte del mundo en seguir a rajatabla. Idea, por supuesto, rechazada plenamente por don Olegario en considerar aberrante por su cruel sistema de gobierno y ser belicoso en extremo, no podía ser ninguna referencia en ser copiada por nadie.


No obstante, el coronel Méndez, como si fuera un niño en disfrutar de una golosina, relata los últimos avances del ejército alemán en Rusia, que su amigo don Olegario escucha con algo de desaprobación de viejo maestro de escuela, por lo espectaculares que han sido hasta ahora. Antes de diciembre, según este viejo coronel, los alemanes estarían en Moscú y con ello el fin de los bolcheviques de marras. Don Olegario, sin ánimos de hacer molestar a su amigo, considera que todavía muchos eventos podrían suceder para no lograr tal meta.


-Don Olegario- decía su amigo- No puede negar usted que los alemanes han logrado sus objetivos con gran celeridad y precisión. Después de todo es una máquina muy bien edificada en sus más mínimos detalles.

-De acuerdo, mi estimado coronel.-Le respondía don Olegario- Pero recuerde que toda máquina, tarde o temprano, debe averiarse y este podría ser el caso.

-¡Cómo se le ocurre a usted!!!- Increpaba este hombre a su amigo- Vea el año pasado como todos decían que los alemanes iban a ser detenidos en la línea "Maginot" , por espacio de varios años, y en menos de dos meses corretearon a esos gambochos hasta las playas de Dunkerque donde salieron a nado a Inglaterra. Tomando París después con gran soltura esta gente y ahora van por Stalin y su porquería de régimen.


-Es cierto, mi amigo.-Respondía don Olegario- Pero la vastedad del territorio ruso es inconmensurable y podría ser esto un tamaño desafío para cualquier ejército; incluso el alemán que ha tenido hasta ahora una buena estrella en sus acometidas. La historia nos presenta algunos casos.


-¡No me salga con ese cuchillo de cartón en tratar de cortarme usted!!-Dice molesto este hombre en pararlo en seco- ¡No ve usted que esta guerra es moderna y móvil en extremo! ¡Nada que ver con la anterior que fue de trincheras!


-¡¿Acaso le parece poco- añade rápidamente el viejo coronel para consolidar su afirmación anterior- la captura de Kiev en la que se hacen de más de un millón de prisioneros?! Sin mencionar las armas tomadas a esos patulecos. Toda una gran proeza...¿No?

-Creo que fueron como unos 600.000, mi coronel.- Le responde don Olegario con una jovial sonrisa.

El viejo coronel se limita en mostrar un gesto de desaprobación ante esta aclaración de su amigo y se planta en creer que ya la suerte de Rusia está sellada en pocas semanas. Don Olegario, que no tenía ya más ganas de seguir discutiendo con él se levanta del banco y lo invita a seguirlo a tomar un café en su casa. El coronel Méndez, bajando un poco su carácter, acepta de buen grado.


Sin embargo, el viejo coronel nota que a su amigo se le ha caído un libro, que tenía debajo de su brazo, y lo recoge para dárselo de nuevo. Pero se queda viéndolo con cuidado, por lo viejo y degastado que están ya sus portadas y páginas, tratando de ver su título que estaba en francés. Intrigado le pregunta:

-¿Qué libro es este, don Olegario?

El amigo, con una ligera sonrisa, le dice que es un viejo texto que un conocido le hizo llegar hace más de diez años desde Francia, que lo había escrito un coronel llamado Armand de Caulaincourt y se titulaba "Memorias del duque de Vicenza".


-¿Pero de qué trata?- pregunta intrigado al saber que fue un coronel galo su autor de este llamativo libro, pese a su mal estado en presentar.

Don Olegario, con un poco de sorna para tratar de no levantar otra discusión acalorada, le dice que la temática no sería de su agrado, ya que era una vieja campaña militar que un gran soldado había fallado, de manera muy estrepitosa, por la inmensidad del país y clima hostil que trató de conquistar.

-¡Carajo!- dice el coronel en caer en cuenta.- Ese era el ejemplo que me quería decir antes...¿No?

Don Olegario, con mucha paciencia, le explica el contenido del libro sobre los problemas que tuvo Napoleón Bonaparte al invadir Rusia en 1812, pese a sus repetidas victorias en las que estaba la capital de la Rusia del zar Alejandro II en coronar. No pudo, sin embargo, evitar el terrible desgaste de sus fuerzas que el cruel invierno de ese año le obligaría retirarse de Moscú y posteriormente del extenso territorio en conquistar, dejando atrás grandes cantidades de muertos de sus fuerzas y de sus cañones en abandonar.

-¡Eran otras condiciones, mi estimado amigo!-Le responde este furibundo coronel- ¡Ahora la guerra es mecanizada y aérea!

-Es posible, mi amigo.-Dice don Olegario y agrega: -Desde que Hitler invadió a Rusia el 22 de junio tuve la extraña curiosidad de volver a leer este libro e imagino que no necesariamente debería pasar lo mismo, como usted sostiene.

-¡Por supuesto, mi amigo! ¿No creerá usted que los alemanes son tan brutos para cometer tamaño error como el de Napoleón? Ellos- prosigue este señor con gran vehemencia- son muy meticulosos en sus planes y sus generales son muy bien adiestrados.


-Es posible que así sea, mi amigo.-Dice don Olegario que ya estaba abriendo la puerta de su humilde casa para preparar el café y cambiar de tema. Y estaba muy cansado ya para razonar con su obstinado amigo.


Sin embargo, a mediados de diciembre cuando las noticias anunciaban el primer revés de las fuerzas de Hitler ante las puertas de Moscú, el coronel Méndez, con un cara de pocos amigos, visita a su amigo con una botella de Coñac que le extiende a manera de obsequio y le dice, con voz grave, lo siguiente:

-¡Ese libro si que es pavoso, mi amigo!!! ¡Mejor que se meta a brujo!



CAPÍTULO TERCERO: UNA DECLARACIÓN DE GUERRA INEVITABLE.



Era una agradable mañana de mediados de abril de 1917 en la ciudad de Maracay estado Aragua, en la que se estaba celebrando uno oficio religioso en la catedral de esa ciudad. Varios miembros de la "sagrada" estaban apostados en sitios estratégicos de la plaza Bolívar y de las esquinas, ya que el general Juan Vicente Gómez estaba en ese templo. Varios invitados especiales del benemérito estaban esperando a la salida de la catedral, y que deseaban una urgente cita con él para un asunto de crucial importancia. No eran los de siempre, que deseaban dádivas o favores especiales a los que siempre se veían por ahí; sino del cuerpo de embajadores acreditados en nuestro país, como era el de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania.


Estas personas mantenían, por evidentes razones, una prudencial distancia entre ellos, para evitar algún altercado y un tanto tensos incluso, ya que un edecán de Gómez les indico que lo esperaran ahí, pensando que esto era una maniobra un tanto turbia de este general en hacerlos incomodar intencionalmente. Por querer saber ellos que este hombre ahora indicaría cuál sería su postura ante el presente conflicto en asolar el mundo en esos días. Era entonces necesario forjar una alianza con Venezuela, como esperaban estos países en pugna, diera sentido así a esta espera.


Gómez sale con un pequeño séquito, con una sonrisa un tanto infantil, y saluda con mucho afecto a estos señores y les dice: -No hay nada más bonito que la paz...¿Verdad? Así que he rezado mucho por ella, ya que nuestro país se mantendrá por ahora al margen de lo que sucede en Europa, y nos limitamos en cubrir los requerimientos de todos aquellos que así nos lo pidan.

Los embajadores, tratando de no mostrar su contrariedad, desean hablar a solas con el general, pero el viejo zorro, con voz divertida, les dice: -Ahora vamos todos a mi casa a tomar un "puntalito", como hacemos en los Andes, con acemas recién hechas, agua miel con queso y mermelada de guayaba...¡Vamos todos!

Un acompañante del embajador alemán, que era por cierto uno de los descendientes de Gustav Julius Völlmer y amigo del general Gómez, que ya tenían los mismos casi un siglo en Venezuela en representar a una de las principales casas comerciales, les dice en un elegante inglés y francés: -Señores, por favor... ¿No piensan desairar al general Gómez? ¡Vamos todos a su casa!

El embajador alemán o ministro alemán, como se decía en esos días, heer von Prolius, con aire divertido, se dirige también a la casa del general Gómez a disfrutar de este peculiar convite. Si bien sabe de antemano que este caudillo no apoyaría a su país, pero tampoco lo haría con la de sus adversarios en tranquilizarlo. Al punto de hacerle gracia la disposición de las mesas en que ocuparían más tarde, que eran de frente a frente, le había advertido ya su acompañante Völlmer. Pocos años después el gobierno alemán le haría varios homenajes al general Gómez por su neutralidad, entre los que se destacarían el doctorado "Honoris Causa" de la universidad de Hamburgo.

Así se fueron entonces todos, pero manteniendo las distancias entre ellos, a la casa del general Gómez para esta merienda en ser invitados. Siendo de esta manera, un tanto ingenua y teatral incluso, que Venezuela mantuvo su neutralidad en ese primer conflicto global.


Veinte y cuatro años más tarde, sin embargo, las circunstancias eran ya diferentes. Estados Unidos fue atacado por el Japón en Pearl Habour el 7 de diciembre y el continente latinoamericano se pliega al bando aliado, por considerar que estaba en peligro el mundo y no se podían relegar de tal responsabilidad que esto, sin duda alguna, ameritaba en ser tomada en común acuerdo. Así que Venezuela, ante esta emergencia internacional, se decide dar un paso al frente para respaldar tal clamor de los que estaban a favor del bando aliado.


De esta forma, por decisión unánime del consejo de ministros del presidente de la república en presidir, el canciller de la república, el doctor Caracciolo Parra Pérez, anuncia el 31 de diciembre de 1941 la de interrumpir las relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y el imperio del Japón. El 20 de enero de 1942 el presidente de la república, el general Isaías Medina Angarita, decreta una disposición especial para vigilar y controlar el tránsito de los todos extranjeros residenciados en el país. Para evitar toda actividad de espionaje y saboteo a favor del bando del Eje.


No faltaron las bromas en esos días en ser gastadas a costillas de Medina Angarita, por ser un poco pasado en las copas, que comenzaron a rodar en todos los rincones de la ciudad capital. Siendo la más conocida, por hacer mofa de su origen andino y la forma de ellos en llamar al licor casero de ahí (como es el "Miche"), que decía así:

"-¿Sabes, chico, que Medina Angarita sacó a patadas de aquí a los embajadores de Alemania e Italia y no del Japón? --¡No, vale!-responde el otro-¿Por qué no al del Japón? -¡Por qué le cayó muy bien el chiquitín ese!!- responde el primero-¿Cómo se llama ese fulanito?-pregunta el segundo-¡Yosi Tomo Michito!!!!-responde el primero con gran sorna.


Pero el asunto iba más allá de toda burla, por la gravedad de la situación internacional en acontecer en esos días de guerra global, ya que el propio Medida Angarita en extensas conversaciones con el embajador de los Estados Unidos, Frank Corrigan, le expone todos los temores que esta postura podría acarrear en un futuro cercano para Venezuela. Era evidente que la industria petrolera, a diferencia de 1917 que apenas se estaba consolidando, sería clave para el esfuerzo de guerra de los aliados y era crucial que se tomasen todas las medidas posibles para evitar contratiempos en el suministros de este preciado fluido a la maquinaria anglo-estadounidense.

Así que el momento de la verdad, que todos temían, se estaba acercando y con ello las secuelas que se debían soportar. No debemos olvidar, que en los primeros seis meses de 1942, el bando aliado experimentaría serias perdidas ante las fuerzas del Eje y Venezuela se sometería a serias presiones por este tipo de hechos en acontecer.



-FIN DE LA SEGUNDA PARTE-