Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Recensiones personales de libros leídos

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Chuikov
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Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por Chuikov » Vie Sep 24, 2021 10:35 am

Tim Bouverie es un joven historiador británico (1987) que principalmente se ha dedicado al periodismo en medios de comunicación de su país, tanto prensa como televisión. En este libro, publicado por Debate en enero de 2021, el autor se lanza a describir la política de apaciguamiento seguida por el gobierno británico en la segunda mitad de los años 30, personificada en la figura del primer ministro británico entre 1937 y el 10 de mayo de 1940, Nevile Chamberlain.

Fundamentalmente se trata de una crónica de la vida política del equipo de gobierno de Chamberlain y la forma en que se relacionó con el gobierno de Hitler, comenzando en 1933 y hasta la llegada de Churchill como primer ministro, en mayo de 1940. Para ello el autor se ha basado solo en fuentes escritas en inglés, casi todas del mismo tipo: memorias de políticos británicos y colecciones de documentos diplomáticos publicadas. Ha tenido acceso asimismo a los documentos personales de no menos de cincuenta altos cargos políticos británicos. La gran mayoría son fuentes secundarias. No toca fuentes en ningún otro idioma.
Lo más destacable de este libro es lo amena que resulta su lectura, a pesar de las poco más de 500 páginas de texto que tiene. El autor tiene un buen músculo narrativo. Desde el punto de vista historiográfico es un libro que no aporta nada nuevo. Que no aporte conocimiento nuevo no significa, bajo ningún concepto, que un libro de historia sea un mal libro. Aunque este creo que sí es malo.

Leer es una actividad que a algunos nos proporciona mucho placer. Creo que Bouverie se ha tomado muy en serio esta faceta, y ha tratado de trufar el texto, de forma continua e insistente, de anécdotas y chascarrillos que no hacen sino reforzar el, por lo demás, mito de “la flema británica”.

A pesar de que sólo contempla fuentes en inglés, no ha echado mano de los trabajos de Geoffrey Roberts, ni de Gorodetsky (de éste sólo referencia los diarios de Maiski), ni de Louise Grace Shaw, ni de Michael Jabara Carley, por ejemplo, a pesar de que todos estos autores han aportado conocimiento a la cuestión que trata en su libro.

La guía argumental del libro son los pasos que sigue Hitler desde 1933, y las reacciones de las élites políticas británicas: qué piensan unos, qué piensan otros, qué escriben en su diario. No se aprecia una preocupación concreta del historiador que guíe las disquisiciones. El autor se entrega a los hechos, y los cuenta. No hay ninguna gran cuestión a la que el escritor haga frente.

En la página 421 comienza el capítulo 21, “El último verano”. Aquí el autor presenta su versión de lo que fue el último intento de los soviéticos por un lado, y británicos y franceses por otro, de sellar una alianza para detener a Hitler, en julio y agosto de 1939. Como bien sabemos, toda la cuestión terminaría con el pacto Ribbentrop-Molotov del 23 de agosto de 1939. Antes de detenerme en cuestiones concretas del capítulo, es muy importante resaltar que el autor prescinde prácticamente todo el contexto en el que se desarrollaron estas negociaciones.

Para empezar, los soviéticos, salvo anécdota graciosa que aparezca en alguna entrada del diario de algún político, no aparecen en el libro hasta prácticamente este mismo capítulo. El autor pasa de puntillas por la política exterior que Stalin venía persiguiendo desde mediados de los años 30, esto es, una alianza con las potencias occidentales para frenar las ansias expansionistas de Hitler. Como no hace énfasis en ello, deja al discurrir del lector cuál puede ser la razón de que no hable prácticamente nada de ellos: ¿desconocimiento? ¿Conoce el autor el libro de Louise Grace Shaw, “The British Political elite and the Soviet Union, 1937-1939”? También puede ser que la brutalidad del régimen estalinista le impida ser objetivo y separar la política interior soviética de la exterior. Si así fuera, estaríamos ante el mismo problema que tuvo Chamberlain y su amigo Horace Wilson.

En la página 427-8 Bouverie dice:
Las conversaciones con los rusos, por otro lado, no marchaban nada bien. Como se esperaba, la simple mención de la Liga de Naciones exacerbó las sospechas de los soviéticos. El 27 de mayo, Molotov acusó a los británicos de querer neutralizar la alianza que habían propuesto sometiéndola a los engorrosos procedimientos de Ginebra… el embajador británico, sir Williams Seeds, protestó enérgicamente. Los británicos no tenían ninguna intención de acogerse a la maquinaria de la Liga, sino solo a sus principios. Pero el ministro de exteriores no quiso saber nada. Sentado tras una enorme mesa, sobre un estrado, se negó a aceptar las garantías del embajador y se aferró con obstinación a sus sospechas. …
Cualesquiera fueran las intenciones del corregible, ya que no muy sutil, comisario soviético – con su cabeza de bala de cañón, sus ojos como canicas y su sonrisa de “invierno siberiano”- su colega londinense siguió trabajando sin parar, y sin doblez, para lograr un pacto anglosoviético.
Para comenzar, el Bouverie empieza a contar las negociaciones con los soviéticos desde esa fecha, el 27 de mayo de 1939, obviando todo lo que había antes, sin presentar siquiera un resumen para explicar cómo se había llegado allí. Sólo con que hubiera explicado que hasta prácticamente esa fecha los británicos habían actuado como si la URSS no existiera, sin consultarle ninguna decisión referente a política exterior, aunque afectara directamente al gobierno soviético, hubiera ayudado al lector a entender algo. Para no irnos muy lejos, dos ejemplos en los que la URSS no fue ni consultada, y eso que se trataba de decisiones que tomaron los británicos (su especialidad), y que afectaban profundamente a Stalin: septiembre de 1938 con la entrega de Checoslovaquia, o la garantía que el gobierno británico da el 29 de marzo de 1939 a Polonia, que ante la URSS la presentan como un hecho consumado.

Nada de esto aparece en el libro de Bouverie. Aquí las negociaciones con los soviéticos empiezan el 27 de mayo. Bouverie no cuenta que los soviéticos tenían muchas razones para sentirse maltratados por los británicos. Efectivamente, aunque no hay acuerdo total entre la comunidad académica, puede ser plausible que el cambio de Litvinov por Molotov, el 3 de mayo de 1939, se debiera a que Stalin se hartó de confiar en los británicos. Litvinov era la figura dominante detrás de la búsqueda de un pacto de seguridad colectiva que los soviéticos venían buscando desde hacía años y, una y otra vez, era rechazado por los británicos. La entrada de Molotov fue una señal de Stalin, en la que decía: “Se acabó la paciencia”. Y, yo sé que esto le cuesta reconocerlo a Bouverie : Stalin tenía algo de razón. Digo que cuesta porque me da la sensación de que Bouverie no es capaz de separar el proceder criminal en política doméstica de Stalin a lo largo de los años 30 de la, en general, comedida política exterior en el mismo periodo. Por acercarnos un poco más a los antecedentes del 27 de mayo, el 14 del mismo mes Molotov presentó una propuesta de alianza francesa, inglesa y soviética, basada en otra que previamente había ofrecido Litvinov. También fue rechazada por los británicos. Pero el 22 de mayo se cerró el Pacto de Acero entre Italia y Alemania. Chamberlain se ve obligado por su gabinete a cerrar algún tipo de acuerdo. Y aquí es donde viene lo que Bouverie cuenta, tan mal contado; tanto, de hecho, que si no se conoce por otras vías, es imposible entenderlo. Chamberlain dijo que aceptaban las propuestas de Molotov, pero evitando la idea de una alianza, y sustituyéndola por una declaración de intenciones, según la cual, en ciertas circunstancias se actuaría en virtud del artículo XVI de la Liga de las Naciones (sobre resistencia colectiva frente a una agresión, la misma cláusula que tenía que haber saltado cuando Italia invadió Abisinia, miembro de la Liga, y nadie hizo nada). El punto fuerte de Bouverie reside en que controla las memorias y diarios de la élite política británica de una forma impresionante. De ello deduzco que no se le pudo escapar esta declaración de sir Henry Chips Channon, referente a la oferta de Chamberlain de evitar la “Alianza” y ofrecer a cambio el artículo XVI de la Sociedad de Naciones: “. . . our new obligation means nothing ... a Geneva [based] alliance is so flimsy, so unrealistic and so impractical that it will only make the Nazis poke fun at us. “ (Jabara, pag 152). Pero Bouverie no recoge este testimonio. Sólo viene a decir que Molotov tenía la cabeza más dura que un bordillo.

No siendo este artículo más que una reseña, el objetivo de este fragmento ha sido demostrar que este capítulo no tiene valor ninguno. Por eso no voy a extenderme más en este respecto. Y no es eso lo importante. Lo importante, o lo grave, como se quiera ver, es que el autor se ha inventado una recreación que intenta hundir en la miseria moral la política exterior soviética.

Para no extenderme más, voy a transcribir el siguiente fragmento, falto de veracidad casi en su totalidad, de la página 429:
“De hecho , la historia entera de las negociaciones con los rusos es la historia del paulatino acercamiento de los británicos a su postura, mientras Molotov no se movía ni un milímetro de donde estaba, encaramado en su absurda tarima. No pasó mucho tiempo antes de que los británicos empezasen a mostrar signos de una enorme frustración.”
Las páginas de la 430 a la 436 son surrealistas, plagadas de tergiversaciones.

Y, para terminar con el capítulo titulado “El último verano”, la guinda del pastel: Bouverie justifica , entiende, comprende, ¡ lo ve bien!, que la delegación militar británica (sin poderes ningunos para firmar nada) que viajó a Rusia, lo hiciera en un viejo carguero, que tardó una semana en llegar a Leningrado (p433). Y además dice que los soviéticos no sabían quién era el general Drax, ¡que era mucho más importante de lo que ellos creían!, ¡que no es para que se molestaran!, cuando ellos llevaron a las negociaciones al comisario de defensa, con plenos poderes para firmar.

Es una auténtica pena que una editorial de la calidad y solvencia de Debate destine sus recursos a publicar un libro como este.

Saludos cordiales.
Carpe Diem

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José Luis
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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por José Luis » Sab Sep 25, 2021 3:10 am

¡Hola a todos!

Si vas a escribir un libro de historia sobre un tema dado, lo normal es que presentes en primer lugar cuál es el estado de la cuestión (historiografía) y luego expliques cuál es la razón por la cual lo escribes (qué vas a aportar a lo que se sabe, a la historiografía).

Tim Bouverie no hace lo primero, pues se queda en decir que ya hay una considerable literatura al respecto (de condena y defensa del apaciguamiento), aunque ninguna, afirma, "tan exhaustiva ni tan actualizada como se asume a veces" ("There is, of course, already a considerable body of literature on this subject—though neither as extensive nor as up to date as is sometimes assumed."). Y luego tiene la desfachatez de afirmar que mientras que se han multiplicado los libros sobre la IIGM durante los últimos 20 años, la escalada y las causas de esta catástrofe se han descuidado relativamente (Indeed, while books on the Second World War have multiplied over the last twenty years, the buildup and causes of that catastrophe have been relatively neglected."). Además, aduce, mientras que se han escrito excelentes libros sobre el apaciguamiento (algunos de los cuales -los mejores, en mi opinión- ni siquiera cita en su bibliografía), la mayoría de ellos tienden a centrarse en un episodio particular, como Munich, o en una persona particular, como Chamberlain. En contraste, lo que él quiso hacer fue "escribir un libro que cubriera todo el periodo , desde el nombramiento de Hitler como canciller hasta el final de la "Guerra Falsa" para "ver cómo se desarrolló la política y cambiaron las actitudes" ("Furthermore, while there have been many excellent books on appeasement, most of them have tended to focus on a particular event, such as Munich, or a particular person, such as Neville Chamberlain. What I wanted to do, by contrast, was to write a book which covered the entire period—from Hitler’s appointment as German Chancellor to the end of the “Phoney War”—to see how the policy developed and attitudes changed."). ¡Y a tal fin escribe un libro que no llega a las 350 páginas de narración y notas! Es realmente increíble.

Sobre lo segundo se contenta con decir que el propósito de su libro es "contribuir a nuestra comprensión de cómo ocurrió esto" ("The purpose of this book is to contribute to our understanding of how this happened." (la guerra, después del "Never again" cacareado tras la IGM).

Así que tenemos a un autor que introduce su libro diciendo que hay un montón de literatura sobre la política de apaciguamiento, aunque, según él, mayormente centrada en asuntos o personajes particulares, como si el Pacto de Munich o el propio Chamberlain no fueran dos de los cuatro o cinco asuntos centrales de esta política de apaciguamiento que comenzó tiempo antes de Chamberlain como primer ministro, pero que apoyaba mucho antes. Ni siquiera presenta una muestra de ese montón de literatura, ni hace un repaso, aunque fuera breve, de las posturas que ha ido adoptando la historiografía desde la época de los hechos hasta 2016 (que es cuando él comienza la investigación para su libro). Pero esto no es todo.

Lo peor, a mi juicio, es que este hombre nos está contando una historia (o mejor una historieta) parcial y sesgada al construirla sobre una arbitraria y deficitaria selección de las fuentes, primarias y secundarias. Hay varios hitos en la historia de la política de apaciguamiento; por poner los más importantes: la invasión de la Italia fascista sobre Etiopía; la remilitarización de la Renania por Alemania; la política de no-intervención anglo-francesa en la Guerra Civil española, la anexión de Austria por Alemania, y por encima de todo, la crisis checa de 1938 y la crisis polaca de 1939. Estos dos últimos asuntos están bien estudiados por historiadores que en los últimos 30 años han hecho -unos más, otros menos- un uso amplio de las fuentes primarias de las partes afectadas, aportando realmente aspectos importantes y muchas veces decisivos para la comprensión de los mismos. Son obras que aportan de verdad a la historiografía, que hacen historiografía. Pero el libro de Bouberie no está entre ellas, pues hila una narración de los hechos que descansa abrumadoramente en fuentes primarias británicas, unas cuantas alemanas y francesas, mientras que no pasan de media docena las fuentes de archivo de Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Hungría, Italia, Yugoslavia...Y ni una sola fuente de archivo de la Unión Soviética (aquí sólo utiliza los diarios de Maisky editados por Gorodetsky). Si Bouverie desconoce el ruso o cualquier otra lengua de los países que ha ignorado, muy bien podía echar mano de las fuentes secundarias que una serie de conocidos y prestigiosos autores han publicado en inglés (pero también en francés) tras el examen de fuentes primarias de los archivos de esos países. Algunos ya los citó mi querido amigo Chuikov, pero podía añadir a John R. Ruggiero, Michael Lawrence Roi, Graham Mackling, Clement Leibovitz,David Gillard, Carla Pass, Anita J. Prazmowska, Hugh Ragsdale, Teddy J. Uldricks, Anna M. Cienciala...

Lo que tienen en común casi todos estos autores que he citado, más los que ha citado Chuikov, es que son muy críticos con la política de apaciguamiento y Chamberlain. De esta ausencia, malicio cuál ha sido la razón para que ni se citen en la bibliografía de Bouverie.

El famoso capítulo XXI citado por Chuikov, que en su original inglés lleva el título de The Last Season, es probablemente el mejor ejemplo de todas las carencias y sesgos de Bouverie. Como ha explicado Chuikov, el autor empieza con el 17 de mayo, aunque previamente escribe una línea diciendo que las conversaciones con los soviéticos no iban bien. Y tan pancho. Es una censura obscena de la historia de las aproximaciones y conversaciones entre soviéticos, británicos y franceses (a tres y a dos bandas) que comenzaron, por distintas vías, a finales de marzo. Aquí para hacer una narración de rigor hay que utilizar, como mínimo, fuentes británicas, francesas, soviéticas, y, por supuesto, polacas. Pero si vemos la sección de notas de este capítulo sólo encontramos muy mayoritariamente fuentes primarias y secundarias británicas; dos citas de una fuente secundaria francesa [Jean-Baptiste Duroselle, France and the Nazi Threat: The Collapse of French Diplomacy 1932–1939 (2004)]; una fuente primaria soviética (la citada de los diarios de Maisky) que cita dos veces; una fuente secundaria sobre Stalin (la de Montefiore, Stalin: The Court of the Red Tsar, de 2003), que cita una vez. Y se acabó. Es decir, de 54 notas que acompañan este capítulo XXI, sólo hay las 5 que he citado, y de ellas una sola primaria. Es simplemente increíble: los gobiernos, diplomáticos y militares (por cierto, ni una sola referencia a los archivos de los jefes de EM británicos) de Francia, Unión Soviética y Polonia nada tuvieron que ver en todo el curso de las conversaciones referidas, que se extendieron desde finales de marzo a mediados de agosto de 1939. Habla de la misión británica a Moscú (la encabezada por Drax); silencio absoluto de fuentes primarias o secundarias sobre la francesa, y exactamente lo mismo sobre la legación soviética que las recibió en Moscú. En fin, ¿para qué seguir?

Dicho todo esto, debo añadir que no todo es despreciable en el libro de Bouverie; su fuerte está en la información que extrae (y que sospecho sesgada) de los papeles y memorias no publicadas del personal británico. Pero en su conjunto, el libro de Bouverie no aporta nada sustancial a la historiografía. Cualquiera de los libros y tesis doctorales de los autores que he citado (y no digo ya los citados por Chuikov) constituyen auténticas aportaciones (en diferentes ámbitos) a la historiografía del apaciguamiento; sólo que en ellos, a diferencia de lo que ocurre con Bouverie, no se intenta edulcorar ni justificar -todo lo contrario- al líder político más nefasto que vio Gran Bretaña durante la primera mitad del siglo XX. Malicio, finalmente, que el linaje familiar de Bouverie (puro establishment) no es ajeno al lavado "moral y cristiano" que hace de Chamberlain.

Saludos cordiales
JL
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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por Rorrete » Sab Sep 25, 2021 11:32 am

Muchas gracias , Chuikov y José Luis por las reseñas.

Si el otro día, la reseña de Evans confirmó lo que me temía sobre Simms https://www.theguardian.com/books/2019/ ... ife-review

Ahora hacéis lo propio con este de Bouverie. Me alegra estar prevenido y sólo gastar mi tiempo en libros realmente interesantes,

Saludos
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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por Chuikov » Mar Sep 28, 2021 12:25 pm

Buenos días,

gracias por las aportaciones, Rorrete y José Luis.

En la reseña que he presentado he tratado dejar todo aspecto subjetivo de lado. En este post voy a complementar aquello con unas cuantas suposiciones, que son eso, suposiciones.

Lo primero y principal es resaltar la supremacía del mundo editorial anglosajón sobre el resto de mercados. Los libros que vienen de GB o EEUU son pasados, no sólo aquí en España, por un filtro de benevolencia que a veces da que pensar si es benevolencia o servilismo. Lo que viene de GB o EEUU es bueno. Para que el trabajo de un autor español trascienda las fronteras y su discurso se imponga en las islas británicas, tienen que alinearse los astros. Es muy difícil, por no decir a veces casi imposible. Esto mismo pasa con las publicaciones de papers de autores españoles ( me consta) en las principales revistas científicas, da igual el ámbito de estudio.

Por otro lado, creo que los mercados editoriales de los países desarrollados tienen muchos parecidos. Una tónica de estos es la publicación de libros de historia dirigidos al lector de best seller. Aquí en España tendríamos títulos del tipo: “Los 15 mitos de la historia de España que nadie te contó”, o “La auténtica historia de la reconquista”, por inventarme algunos títulos. Aparte de considerar que esos libros son necesarios ( por varios motivos, pero sobre todo por dos: 1) hay lectores que sólo y exclusivamente podrán entrar en lecturas sobre Historia a través de estos libros porque nunca han tenido un hábito lector y descubren el placer de leer a los 35-40 años, que los hay, y muchos, y 2) porque son libros que proporcionan dinero fácil a las editoriales. Y con ese dinero luego pueden financiar proyectos más ambiciosos), ya sabemos que no tienen valor científico. En el Reino Unido, país con muchos más lectores que aquí, hay mucha más oferta de estos libros ( ¿Quién no se ha encontrado libros en los mercadillos tipo “The mighty Hood” , a 1 €? ). La diferencia entre un país y otro es que nosotros no, pero el Reino Unido ¡también los exporta! ¡Y se los compramos!

Tengo para mí que la intención de Bouverie no era aportar nada a la comunidad científica. Es graduado en Historia y al leer su libro se le nota que es una persona inteligente, así que ese objetivo personal (aportar conocimiento nuevo) queda descartado. Su interés era llegar a esos lectores consumidores de libros de historia populares. Más concretamente, a los británicos. Pues nada, no sólo ha llegado a los británicos; media Europa lo está leyendo, cada uno en su respectivo idioma. Resumiendo, lo que quiero decir es que ese libro se ha aprovechado del reinado de la industria editorial anglosajona, que decidió proyectarlo a medio mundo. Y más que de reinado de la industria editorial, yo hablaría de reinado de la cultura anglosajona en general.
No puedo dejar sin mencionar otro libro que, tengo para mí que si hubiera sido escrito por un español, jamás se hubiera publicado, simplemente por la nefasta calidad en calidad de obra histórica. Me refiero a “Hitler 1938. El año de las grandes decisiones”, de Giles Macdonough. Comencé a leerlo hace poco, y no pude llegar ni a la página 50, de puramente malo que es. Pero viene de Inglaterra. Lo publicó Crítica.

En otro orden de cosas, me llama mucho la atención la catarata de productos culturales que glorifican el legado de Gran Bretaña en los años 30 y la Segunda Guerra Mundial que han llegado a España en los últimos 5 o 6 años.

El factor Churchill. Boris Johnson. Alianza (2017)
Churchill. La biografía. Andrew Roberts. Crítica (2019)
El instante más oscuro: Winston Churchill en mayo de 1940 (2017): hay película también.
Winston Churchill: una biografía colectiva. Richard Toye (ed) Crítica (2018)
Dunkerque. Joshua Levine. Harper Collins (2017)
En cine:
Las espías de Churchill (Lydia Dean Pilcher) 2019
El instante más oscuro (Joe Wright) 2017
Dunkerque (Christopher Nolan) 2017

Como no soy cinéfilo, sólo conozco esas.

En fin, esta es una lista nada exhaustiva, elaborada sobre la marcha.

¡Saludos!
Carpe Diem

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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por Schwerpunkt » Mié Sep 29, 2021 12:42 am

¡ Saludos a tod@s !

Sin ánimo de ser exhaustivo quería hacer un par de comentarios sobre las realidades del mundo editorial anglosajón y en especial el británico sobre la II Guerra Mundial.

Hace ya muchos años que hay una verdadera catarata de libros, unos buenos, unos pasables y algunos deleznables sobre la II Guerra Mundial y con especial fijación en la contribución británica a la victoria. Sin ánimo de disminuir el valor de esa contribución, para cualquier lector que no esté muy versado en la historia, da la impresión de que la guerra la ganaron casi ellos sólos, con un poco de contribución norteamericana. De la contribución soviética casi ni se habla. Hay que esperar a los estudios de muchos expertos para poner en valor la importancia del Frente Oriental, que fue absolutamente decisiva. Incluso esos estudios en no pocas ocasiones, hacen más hincapié en la gigantesca batalla desde la perspectiva germana que de la de soviética.

Es de reseñar que la literatura sobre el conflicto en EE.UU. es mucho más parca que en Gran Bretaña. Claramente no es una prioridad editorial ni se arrastra un complejo sobre la guerra como en Reino Unido. En efecto, la realidad es que aunque Gran Bretaña ganó el conflicto, perdió su imperio e importancia en la paz. Es un complejo que no está superado todavía, y si se me permite la digresión, el Brexit tiene que ver algo con ello. Y como habéis señalado hay un interés indudable por este tipo de literatura en Reino Unido, en España entre las bajas cifras de lectura y nuestro distanciamiento del conflicto es obvio que desde el punto de vista económico y social hay mucho menos interés.

En cuanto al papel de Gran Bretaña en el conflicto, hay versiones muy edulcoradas y sesgadas como el libro que acabáis de mencionar. La verdad en la historia y las guerras es la primera víctima... Se puede camuflar u ocultar la realidad histórica por omisión, o sea tapando los errores de la política de apaciguamiento, mediante la ocultación de las fuentes históricas y de las verdaderas motivaciones de Chamberlain o bien por tiro de elevación, elevando en un pedestal a Churchill, para realzar la batalla titánica de Gran Bretaña contra el III Reich tapando las vergüenzas anteriores de como se traicionó con alevosía a la República española, Checoslovaquia y un largo etcétera.

Las biografías, libros y películas sobre Churchill han alcanzado en Reino Unido casi el punto de saturación. Aunque en general sean productos de cierta calidad, tienden a difuminar gran parte de todo el paraje histórico como si las actuaciones de la URSS, Polonia y otros países no tuvieran prácticamente importancia.

Es de reseñar que apenas se habla del papel de Stalin en esta época y de sus motivaciones y política. Aunque se tratara de un dictador sanguinario, la realidad es que Stalin en los años treinta jugó un papel moderador en la política europea. Su fracaso tuvo más que ver con los prejuicios francobritánicos -en especial de estos últimos- y de la política de agresión y destrucción del status quo por parte de Hitler y en menor medida de Mussolini. No crea el lector que estoy justificando a Stalin. Su figura es odiosa, fue un asesino de masas, pero desde el punto de vista de la política global europea y mundial buscó un cierto esquema de estabilidad hasta que con la crisis de Munich en 1938 se percató que no podía esperar nada de las democracias occidentales. Su pacto con Hitler fue la consecuencia lógica en esa búsqueda de la seguridad exterior.

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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por José Luis » Mié Sep 29, 2021 2:14 am

¡Hola a todos!

Yo no ando al día sobre las publicaciones de temas de historia contemporánea en España (salvo en lo concerniente a la propia España). Tampoco sé qué criterios aplican las editoriales españolas en la selección de libros de historia que deciden publicar traducidos de su idioma original. Y algo parecido me pasa con las editoriales extranjeras. Lo que sé con certeza, en uno y otro caso, es que la mayor parte de lo que se publica sobre el periodo de entreguerras y, en especial, sobre la IIGM es bastante -y en muchos casos, totalmente- prescindible. ¿Por qué? Porque, a mi juicio, no aportan nada nuevo y son repeticiones de historias que ya se han contado muchas y de variadas formas, en el mejor de los casos; en el peor, son recreaciones disparatadas carentes de todo rigor. Pero se publican porque el público al que van dirigidas suele ser lego en la materia. Basta una buena campaña de marketing y unas cuantas frases o reseñas laudatorias de los editoriales y de la prensa para que, en teoría, tengan una buena acogida y se vendan. Más si los autores han cosechado previamente algún éxito de ventas con algunos de sus libros. Creo que esto pasa en muchos otros sectores, como el cine, los deportes o la tauromaquia (cosas que dejé de frecuentar porque para ver una buena película, un buen partido o una buena corrida de toros tenía que tragarme antes un montón de basura soporífera).

Tenemos el caso de la política de apaciguamiento y su mayor defensor, Chamberlain. Tras la publicación del libro de Caquet en su original inglés en 2018 (advierto que yo lo leí en español por las buenas impresiones que de su lectura me trasladó mi amigo Chuikov) se han publicado hasta hoy al menos 4 libros y uno más programado para noviembre. De ellos he leído dos y ojeado los otros tres. Sólo uno, a mi juicio, aporta algo importante al estado de la cuestión, el de Adrian Phillips, Fighting Churchill, Appeasing Hitler. Neville Chamberlain, Sir Horace Wilson, & Britain's Plight of Appeasement: 1937-1939 (Pegasus Books, 2019). La aportación fundamental consiste en una valoración mucho más importante del papel que jugó Horace Wilson como asesor de Chamberlain en su política de apaciguamiento de los dictadores fascistas. Un papel mucho más relevante del que le ha otorgado la historiografía. Por tanto, es un libro que se puede y se debe leer.

En 2019 también se publicó el libro de Nicholas Milton, Neville Chamberlain's Legacy: Hitler, Munich and the Path to War (Pen and Sword History, 2019). De este leí el prólogo, para darme cuenta de que parece otra historia piadosa en defensa de Chamberlain. Como escribió su mayor biógrafo (Robert Self, Neville Chamberlain. A Biography. Ashgate Publising, 2006), se juzga negativamente a Chamberlain por su papel como primer ministro entre 1937 y 1940, por su política de apaciguamiento totalmente fracasada, pero se olvidan sus otros logros como alcalde de Birmingham o en los diferentes cargos que ocupó en varios gabinetes. Así que Milton sigue esta línea. Este proceder absurdo pretende revisar la figura de Chamberlain ante la posteridad por gestiones políticas relativamente menores en contraposición a aquellas que fueron cruciales para el destino europeo. Es sencillamente una tontería. A Chamberlain se le juzgará siempre, defendiéndolo o criticándolo, por su política de apaciguamiento. Lo demás es totalmente secundario.

En 2020 se publicó el libro de Bouverie, que ha dado pie a este hilo y a las reseñas. Y en agosto del presente año se publicó de forma independiente el libro de Frederic Seager, Neville Chamberlain's War. How Great Britain Opposed Hitler, 1939-1940. Al leer la introducción reparo en esta frase: "The American expression, 'phoney war,' in probably the most apt. [de los términos empleados para describir ese periodo de la guerra, como por ejemplo "twilight war", "drôle de guerre] It was phoney from the start, and that is exactly what Chamberlain wanted. His strategy, if such it can be called, was to put pressure on Germany through an economic blockade and wait for the German home front to crumble. Meanwhile, he expected the French army, fully mobilized behind the Maginot Line, to convince the Germans that they could not possibly win. This turned out to be a tragic error." (p. 9). Que viene a significar: "La expresión estadounidense, 'guerra falsa', probablemente sea la más adecuada. Fue falsa desde el principio, y eso es exactamente lo que quería Chamberlain. Su estrategia, si se puede llamar así, era presionar a Alemania a través de un bloqueo económico y esperar a que el frente interno alemán se derrumbara. Mientras tanto, esperaba que el ejército francés, totalmente movilizado detrás de la Línea Maginot, convenciera a los alemanes de que no podían ganar. Esto resultó ser un trágico error".

Aquí ya tenemos la primera recreación del autor. La "guerra falsa" de la que habla no lo fue porque así lo quisiera expresamente Chamberlain, sino porque no podía ser de otra manera, por varias razones. Tras el intercambio de ofertas de paz por parte de Hitler al poco de acabar la campaña polaca y el rechazo a las mismas que siguió de Chamberlain, las posturas de ambos contendientes quedaron claras. Hitler quería atacar en el Oeste ya en el otoño de 1939, pero no pudo por varios motivos (falta de un plan, tiempo, preparación, reluctancia del OKH, etc.). No pudo hasta mayo de 1940, cuando el OKH había probado el plan de Manstein, se habían subsanado algunas deficiencias mostradas por las tropas en Polonia, y se habían aumentado armamento, municiones y demás material de guerra. Por su parte, los anglo-franceses -cuya estrategia corría a cargo de Gamelin, por ser el ejército francés el que ponía casi toda la carne en el asador- no tenían prisa alguna en desatar una ofensiva por dos razones fundamentales. La primera era que el tiempo corría a su favor porque tenían mayor capacidad de producción de armamento y material de guerra, y porque mientras tanto tenían sometidos a los alemanes a un bloqueo económico. La segunda era de naturaleza doctrinal del ejército francés: de acuerdo con su doctrina militar de la "bataille conduite", los franceses esperaban que los alemanes comenzasen la ofensiva para detenerla y, acto seguido, pasar a la contraofensiva paso a paso. El tiempo era la clave de la estrategia anglo-francesa: ellos lo tenían; los alemanes no. Pero es del todo una mistificación que la estrategia anglo-francesa fuese lo que dice Seager que buscaba a conciencia Chamberlain. Es posible que Chamberlain pudiera y aun desease eso, porque en el fondo nunca abandonó la esperanza de un acuerdo con Hitler, pero Chamberlain no era quien marcaba la estrategia, sino los franceses.

Lo que pretende Seager, según desprendo de su introducción, es que los anglo-franceses nunca debieron declarar la guerra a Hitler. Debieron dejar hacerle, pues ellos no estaban amenazados: "The present study raises a question that is often overlooked by historians: why go to war at all? To this, there can be only one answer: self-defence. Yet in 1939, neither Britain nor France was directly threatened by Nazi Germany." Esto es "El presente estudio plantea una pregunta que a menudo los historiadores pasan por alto: ¿por qué ir a la guerra? Para esto, solo puede haber una respuesta: la autodefensa. Sin embargo, en 1939, ni Gran Bretaña ni Francia estaban directamente amenazadas por la Alemania nazi".

Con estos dos ejemplos ya me sobra para intuir el tenor y los argumentos del libro: revisionismo del malo. No sé quién es Frederic Seager ni jamás he leído una referencia. No hay editorial, es publicación independiente.

El último -programado para noviembre- es el libro de Walter Reid, Neville Chamberlain. The Pasionate Radical (Birlinn, November 2021). A tenor de la reseña editorial, se trata de otro lavado de cara de Chamberlain.

De los libros ya publicados que acabo de mencionar, sólo uno (de los dos que he leído) me parece serio y recomendable, el de Phillips, que sospecho no se ha traducido al español, y sí el de Bouverie. De los dos que he leído la introducción no es de esperar gran cosa (ni que se traduzcan). Y del que está por publicar, más de lo mismo.

Saludos cordiales
JL
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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por Rorrete » Mié Sep 29, 2021 11:04 pm

Bueno, los británicos siempre se han destacado como hábiles propagandistas, así que el tema Chamberlain no iba a ser menos. No queda precisamente bien que tu Primer Ministro intentase por todos los medios pactar con un señor que es sinónimo del mal tanto en la propia historia como en la cultura popular. Siempre será mejor que quedes como un pobre hombre, ingenuo y buenazo, que quería evitar un conflicto que se llevase a medio mundo. El problema de ese plan es que el muerto hay que cargárselo a otro, y que mejor que a Stalin, que tampoco tiene buena fama precisamente. Total, por una maldad más o menos, no se iba ni a enterar…

Lo curioso es que, opino, esta nueva hornada de trabajos tendenciosos distan mucho de aquellos que se produjeron en la guerra fría. Allá por entonces se trataba de construir relatos con cierta solidez y prejuicios, pero ahora parecen mas bien obedecer a una tónica costumbrista, de hondo calado infatiloide. No seré yo quien se ponga a defender el comunismo soviético, desde luego; pero me parece que cuando Escohotado, por poner un ejemplo patrio, ataca a Lenin diciendo que vivió de su madre hasta los 40 años; o de Marx, que llevó una vida desorganizada y bohemia, uno no puede sino sentirse insultado intelectualmente. Desde luego que no fueron un dechado de virtudes, pero construyeron enormes modelos sociales y políticos alternativos, y si eso no denota cualidades… ¿entonces qué lo hace?

Saludos
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Re: Apaciguar a Hitler. Tim Bouverie

Mensaje por José Luis » Jue Sep 30, 2021 10:03 am

¡Hola a todos!
Rorrete escribió: Siempre será mejor que quedes como un pobre hombre, ingenuo y buenazo, que quería evitar un conflicto que se llevase a medio mundo.
La clave no está en que quisiera evitar un nuevo conflicto mundial, sino a qué precio quería evitarlo, quién debía pagarlo y qué consecuencias tendría para esa supuesta paz que deseaba. El precio era permitir que los dos dictadores fascistas acabasen con la soberanía e integridad territorial de varios estados independientes, que eran quienes debían pagarlo, y que se violasen impunemente los distintos tratados internacionales, comenzando por el Tratado de Paz de Versalles. Las consecuencias iban directamente en contra de los supuestos deseos de Chamberlain de evitar un conflicto generalizado, pues a cada agresión y violación permitidas se incrementaba el poder del fascismo para poder desatar ese conflicto que se pretendía evitar. Esta fue la línea de argumentación que utilizaron todos aquellos políticos y funcionarios británicos que eran totalmente contrarios a la política de apaciguamiento de Chamberlain. El propio sentido político del verbo “apaciguar” fue degradado por Chamberlain. Como explica Phillips, cuando este término fue utilizado por Eden no tenía ningún sentido hostil. Simplemente significaba traer la paz y era de uso común en este sentido. También significaba calmar a alguien que estaba enfadado, de nuevo como un acto positivo, pero Eden nunca dijo que la política de Gran Bretaña era apaciguar a Hitler, la Alemania nazi, Mussolini o la Italia fascista. El sentido hostil de “apaciguar” se desarrolló a finales de 1938 o 1939, mezclando los dos usos del término para crear el sentido moderno de hacer concesiones vergonzosas a alguien que se está comportando de manera inaceptable. No en vano, Eden, que era un antiguo defensor del apaciguamiento en su sentido positivo, fue sacado del gobierno por Chamberlain cuando se opuso al sentido vergonzoso que éste comenzó a dar al “apaciguamiento”. Cuando cayó Chamberlain en mayo de 1940, Churchill, que había sido uno de los mayores fustigadores de la política de apaciguamiento de Chamberlain, llamó a Eden para dirigir nuevamente el Foreign Office.

Pero además, hay otro aspecto de esta política de Chamberlain, en el que no se pone demasiado énfasis en la historiografía, que lo condena sin paliativos. Se trata del hecho de que siempre prefirió buscar un acuerdo con Hitler y Mussolini que uno con aquellos que, en su conjunto, podían detener la escalada de agresiones de ambos dictadores. Los dos ejemplos más notables están en 1938, cuando prefirió pactar con Hitler que hacerlo con Checoslovaquia, Francia y la Unión Soviética contra la amenaza nazi sobre la primera; y en 1939, cuando, de hecho, torpedeó todas las iniciativas de su propio gobierno, de los franceses y los soviéticos para crear una alianza contra la amenaza nazi sobre Polonia.
Rorrete escribió: El problema de ese plan es que el muerto hay que cargárselo a otro, y que mejor que a Stalin, que tampoco tiene buena fama precisamente. Total, por una maldad más o menos, no se iba ni a enterar…
No, en su momento, cuando estalló la guerra y sucedió la debacle militar de mayo de 1940, todas las tintas críticas británicas se dirigieron a Chamberlain y 14 miembros de su gabinete y funcionarios del Foreign Office (los famosos Guilty Men de Cato). Churchill, en sus memorias, fue otro de los críticos más acerados de Chamberlain. Culpar a Stalin fue algo que se fue asentando en la posguerra, bajo la Guerra Fría, y aún hoy en día, mediante la tergiversación de la historia y la manipulación de sus fuentes de conocimiento. Stalin fue culpable de muchas cosas (mayormente horrorosas), pero no se le puede cargar con un ápice de responsabilidad en la política de apaciguamiento hacia el fascismo. Antes al contrario, fue el único estadista de la época que persiguió desde 1933 una coalición anti-nazi mediante la política de seguridad colectiva encabezada por su comisario de Exteriores Litvinov. Ya en diciembre de 1933 Stalin presentó al gobierno francés varios pactos; uno era una alianza militar con Francia cuyos términos eran prácticamente iguales a los que ofrecería años más tarde en abril de 1939 de cara a la creación de una alianza militar, esta vez con Gran Bretaña incluida. Pero el primero fue el de la creación de un Pacto Oriental que incluía a la URSS, Polonia, Checoslovaquia, Alemania y los Estados Bálticos, cuyo objetivo era la asistencia defensiva mutua en caso de una agresión por parte de un firmante del pacto contra otro firmante del pacto. El proyecto, trabajado durante 1934-35, no cuajó, como tampoco lo hizo el de la alianza militar franco-soviética, entre otras razones porque Gran Bretaña lo vetó.

No, Chamberlain estaba más preocupado por mantener los privilegios del establishment británico y de su imperio que por evitar realmente una guerra. La guerra podía estallar, pero mejor que fuera entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin, y que perdiera esta última. El odio patológico que Chamberlain sufría contra el comunismo bolchevique sólo era superado por su odio, igualmente patológico, a que los socialistas y comunistas británicos de los sindicatos de trabajadores británicos pudieran acabar precisamente con los privilegios de la clase que Chamberlain representaba. Dicen sus hagiógrafos que era un excelente administrador. Tengo mis dudas. Su padre, Joseph, también político, dejó a su muerte una herencia de 11 millones de libras esterlinas, de la cual a Chamberlain le correspondieron 250.000 libras; más tarde, un tío suyo le dejó un legado de 750.000 libras; y por último, como premier cobraba un sueldo de 500.000 libras. Pues bien, cuando entró en el 10 de Downing Street sus finanza personales estaban cerca de entrar en bancarrota (Para esto y mucho más sobre los Chamberlain recomiendo la lectura del libro de Charles Nettlefold, The Chamberlain Legacy (2017), un estudio de la dinastía: el padre, Joseph (“Joe”) Chamberlain y sus dos hijos, Austen y Neville, así como sus familias. No tiene desperdicio y contiene unas fotografías excelentes) .

Saludos cordiales
JL
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