¡Hola a todos!
Estoy releyendo este libro de Fest. No sé cuántas veces lo he releído, pero me pasa con los buenos libros que cada cierto tiempo siempre regreso a ellos. El ejemplar que tengo es el publicado por Galaxia Gutenberg en su primera edición de 2003. Originalmente se publicó en alemán el año anterior por la editorial del propio Fest de Berlín (Alexander Fest Verlag) con el título Der Untergang: Hitler und das Ende des Dritten Reiches. Eine historische Skizze (El Hundimiento: Hitler y el Final del Tercer Reich. Un bosquejo histórico).
Lo primero que quiero subrayar es el nombre de la traductora de la versión española, Carmen Gauger, porque su traducción es simplemente excelente. No me extraña que en 2018 fuese galardonada con el Premio Nacional a la Obra de un Traductor. Este ensayo de Joachim Fest, en su aspecto estético, sobresale por el estilo magistral y la prosa acabada de su autor. Que la traducción al español no haya perdido un ápice de lo anterior en su original alemán se lo debemos a la excelencia de la traductora.
La calidad literaria del discurso de Fest sobre los hechos y las circunstancias que rodearon a Hitler y su entorno más cercano durante las dos últimas semanas de la existencia del Tercer Reich es lo que hace de su lectura, en mi opinión, un hecho estético por encima de todo. Sus análisis y sus reflexiones están animados por una lucidez que me recuerda invariablemente la que anima los libros de Sebastian Haffner, especialmente su magistral Historia de un Alemán, a la que regreso también cada cierto tiempo.
El Hundimiento es una descripción y una reflexión sobre la degradación física y psíquica final de Adolf Hitler. Y junto con ella la de sus vasallos políticos y militares que compartieron ese final.
Físicamente: “El que más parecía sufrir las consecuencias de aquella existencia cavernícola a diez metros de profundidad era el propio Hitler. Llamaban la atención, de modo cada vez más innegable, su piel pálida y porosa desde hacía ya años y sus facciones, abotargadas en los últimos tiempos, además de los lagrimales gruesos y un poco negruzcos. Encorvado, balanceándose curiosamente y como buscando apoyo, se movía pegándose a las paredes del búnker, y más de un observador perspicaz tuvo la impresión de una fragilidad fingida de forma teatral para hacer efecto. Por primera vez se apreciaban en él síntomas de descuido personal. Si hasta entonces iba vestido con extrema corrección, ahora la ropa estaba cubierta de manchas de comida, en las comisuras de los labios quedaban migas de bizcocho, y siempre que al exponer la situación general cogía en la mano izquierda las gafas, estas chocaban, con leve tintineo, con el tablero de la mesa. De vez en cuando las ponía a un lado, como si lo hubieran pillado en falta, porque el temblor de los miembros no se avenía con su convicción de que una voluntad decidida es capaz de todo”.
Psíquica: “También en lo psíquico decaía Hitler prácticamente con cada día que pasaba, según creían percibir muchos. Cuando volvía de la conferencia nocturna, por lo general hacia las seis de la mañana, se hundía en el sofá con el fin de dictar a una de las secretarias las instrucciones para el día siguiente. Nada más entrar la secretaria en la habitación, él se levantaba trabajosamente -cuenta una de ellas- 'y después, agotado, se dejaba caer otra vez en el sofá, y entonces el sirviente le ponía los pies en alto. Allí se quedaba tumbado, completamente apático, poseído sólo de una idea: ...chocolate y tarta. Su avidez de tartas y bizcochos era ya enfermiza. Mientras que antes tomaba un máximo de tres trozos, ahora hacía que le llenaran el plato tres veces'”.
Fest describe un punto que a mí siempre me llamó la atención sobre Hitler. Su falta de responsabilidad: “Era sobre todo la falta total de un sentido de la responsabilidad más allá de su persona, la ausencia de una ética de servicio desapasionada y altruista y la carencia de moral histórica lo que distinguió a Hitler de cualquier predecesor que pueda venir a las mientes. Con un egocentrismo que carece de precedentes históricos equiparó la existencia del país con la duración de su propia vida...Más aún que en las osadas empresas del comienzo, desde la ocupación de Renania en el año 1936, cuando durante veinticuatro horas estuvo temblando por su futuro político, hasta la ocupación de Praga en la primavera de 1939, fue al final cuando dio claramente a entender que sólo era un jugador que había ido a parar a la política, un osado tahúr que lo había apostado todo y había perdido. Después sólo estaba la nada”.
El hombre que había desatado un infierno de asesinatos masivos y genocidios indescriptibles, que había ocasionado millones de muertos y destrucción sin fin, que había mandado a millones de alemanes a la muerte y que había decretado la destrucción total de Alemania, no tenía la más mínima conciencia de su responsabilidad en ello. Nada retrata esto como el siguiente pasaje de Fest (el subrayado mío): “Antes de que Wilhem Burgdof se suicidara unos días después, Hitler vino a darle la razón [se refiere a una discusión que Burgdof mantuvo con Bormann acusando a éste y otros como él de haber destruido la civilización alemana y al pueblo alemán, responsabilizándolos de ello], por decirlo así. Después de una de las últimas conferencias, el 27 de abril de 1945, habló, aludiendo a una frase de Richelieu, de todo lo que tenía que dejar al morir, las grandes empresas y 'los más caros recuerdos'. Pero después apareció de nuevo el jugador que había sido toda su vida, el tahúr fracasado, y también, y no en pequeña medida, el hombre venido de ninguna parte que estaba a punto de desaparecer en la nada dejando tras sí una gigantesca huella de ruinas de todo género. '¡Qué significa todo esto!', dijo con un gesto desdeñoso a los militares allí reunidos: '¡Alguna vez habrá que dejar atrás esta mamarrachada!'”.
Todo el libro, sucinto pero preciso, está lleno de retratos de una gente que vivía totalmente alejada de la realidad del mundo exterior y que fantaseaba enajenada con la victoria final en la tenebrosa y opresiva atmósfera del búnker. Es el retrato de un mundo irreal que, sin embargo, dirigía todavía el destino terrible de millones de personas que deambulaban por Berlín como un ejército fantasmagórico. Una hecatombe sin parangón en la historia de Alemania y de cualquier otro país. El hombre que había provocado todo ese sacrificio humano y material decía ahora, totalmente derrotado, que había que poner fin a toda esa mamarrachada. Pegándose un tiro.
El Hundimiento es un ensayo histórico digno de ser leído, casi diría obligado de ser leído. Mucho más que la película del mismo título que, con ser un film logrado, no suscita la reflexión pausada a la que lleva la lectura asombrosa y, por momentos, detallada de esta joya de Fest.
Saludos cordiales
JL
Opiniones sobre "El hundimiento", de J. Fest
Moderador: David L
Re: Opiniones sobre "El hundimiento", de J. Fest
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)
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Re: Opiniones sobre "El hundimiento", de J. Fest
Buenos días.
Como complemento al libro de Joachim Fest, y ya que usted, José Luis, ha citado a Sebastian Haffner, me permito recomendar a los foreros la lectura de 'Anotaciones sobre Hitler', también de Haffner. En mi opinión, el mejor retrato psicológico de Hitler: conciso, demoledor y brutal.
Saludos cordiales.
Como complemento al libro de Joachim Fest, y ya que usted, José Luis, ha citado a Sebastian Haffner, me permito recomendar a los foreros la lectura de 'Anotaciones sobre Hitler', también de Haffner. En mi opinión, el mejor retrato psicológico de Hitler: conciso, demoledor y brutal.
Saludos cordiales.
Re: Opiniones sobre "El hundimiento", de J. Fest
Coincido cien por cien.Barbarossa escribió:
Como complemento al libro de Joachim Fest, y ya que usted, José Luis, ha citado a Sebastian Haffner, me permito recomendar a los foreros la lectura de 'Anotaciones sobre Hitler', también de Haffner. En mi opinión, el mejor retrato psicológico de Hitler: conciso, demoledor y brutal.
Saludos cordiales
JL
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