McMeekin, Stalin's War

Recensiones personales de libros leídos

Moderador: David L

Responder
Avatar de Usuario
José Luis
Administrador
Administrador
Mensajes: 9768
Registrado: Sab Jun 11, 2005 3:06 am
Ubicación: España

McMeekin, Stalin's War

Mensaje por José Luis » Mié Abr 21, 2021 9:56 am

¡Hola a todos!

Recién he leído el libro de Sean McMeekin, Stalin's War. A New History of World War II (New York: Basic Books, 2021). Se trata de una visión revisionista y, a mi juicio, desproporcionada de la IIGM que busca, principalmente a tenor de sus resultados finales, cambiar el paradigma tradicional de su principal causante, Hitler, a uno ya explorado en historias revisionistas anteriores, Stalin. En pocas palabras, lo que McMeekin tratada de demostrar es que la IIGM fue la guerra buscada de Stalin, no de Hitler. Para intentarlo, McMeekin fatiga la recreación y el sesgo a través de las más de 800 páginas de su libro. Esta forma poco rigurosa de proceder ya se revela en algunos pasajes de su introducción, que citaré a continuación. Está fuera de mi intención aquí hacer una reseña completa (lo que me llevaría mucho tiempo y espacio), así que sólo haré una reseña parcial de su introducción y remataré con un consejo para demostrar, a modo de ejemplo, cómo presenta una historia amputada y totalmente sesgada del proceso que llevó finalmente al pacto de no-agresión nazi-soviético de agosto de 1939, que es el tema de su capítulo 5.

Veamos el siguiente pasaje:

In Asia, where Hitler’s Germany was not even an active belligerent, the Soviet legacy of the war lives on in the Communist governments of China, North Korea, and Vietnam, countries on which Hitler’s short-lived Reich left not even a shadow. Nor did Hitler play a role in the Pearl Harbor attack in December 1941 that brought the United States into the war—even if Hitler made it easier for the Roosevelt administration to choose a “Germany first” strategy when he foolishly declared war on the United States after Pearl Harbor in solidarity with Japan.

Aquí McMeekin hace una mezcla peculiar de acontecimientos que desdeña o ignora el origen y las causas que los posibilitaron. Evidentemente, la Alemania de Hitler no participó militarmente en la Guerra del Pacífico provocada finalmente por el ataque japonés a Pearl Harbor, pero olvida este afamado historiador de Bard College que sin la guerra que Hitler desató en Europa con su agresión militar a Polonia, es dable afirmar la improbabilidad de cualquier movimiento japonés en el sudeste asiático. Sin la derrota francesa de junio de 1940, se antoja muy improbable que Japón invadiera la Indochina francesa en septiembre de 1940. Y sin la invasión nazi de la Unión Soviética en junio de 1941, es bastante improbable que Japón desplegase sus ataques simultáneos a Pearl Harbor, Hong Kong, Filipinas, Tailandia, Singapur y Malasia en 7-8 de diciembre de 1941.

El siguiente texto es de naturaleza similar, sólo que aquí pasa de las causas a los resultados.

Viewed from Beijing, Pyongyang, Hanoi, Moscow, Budapest, or Bucharest, the conflict we call World War II was not Hitler’s war at all. It did not begin in September 1939 and end in May 1945, with victory parades and flowers and kisses for the victors. In Eastern Europe, the war lasted until 1989, in the form of Soviet military occupation. On the Korean Peninsula, in China and Taiwan, questions arising from the conflict remain unresolved.

En el pasaje que sigue revela McMeekin la realidad que esconde su tesis.

Still, if we do wish to find a common thread linking the on-and-off global wars lasting from 1931 to 1945, it would make far more sense to choose someone who was alive and in power during the whole thing, whose armies fought in both Asia and Europe on a regular (if not uninterrupted) basis for the entire period, whose empire spanned the Eurasian continent that furnished the theater for most of the fighting and nearly all of the casualties, whose territory was coveted by the two main Axis aggressors, and who succeeded in defeating them both and massively enlarging his empire in the process—emerging, by any objective evaluation, as the victor inheriting the spoils of war, if at a price in Soviet lives (nearly thirty million) so high as to be unfathomable today. In all these ways, it was not Hitler’s, but Stalin’s war.

Es decir, como el gran beneficiario (olvidando a Estados Unidos) de la IIGM fue, según él, la Unión Soviética, aunque a un coste terrible, al derrotar finalmente a los dos principales agresores del Eje (Alemania y Japón), esto le da pie, en realidad es su tesis central, a decir que la IIGM no fue la guerra de Hitler, sino de Stalin. Para McMeekin parece no importar quién comenzó la guerra, sino quien la ganó, para hablar de la guerra de uno u otro. En esta tesitura, también se podría hablar de la guerra de Roosevelt-Truman, el principal ganador de la misma y a un precio irrisorio en comparación con el pagado por los soviéticos.

En el siguiente, vemos la peculiar manera de razonar de McMeekin:

The European war that broke out in September 1939—pitting Britain, France, and Poland against Germany, with the USSR claiming to be neutral —did not have Hitler’s planned or desired lineup of belligerents. He had
sincerely believed that France and Britain would back down, as they had done when he had confronted them over Czechoslovakia. Nor did this war serve genuine French or British interests, as was made clear both in the dilatory approach to fighting it these powers took—which left Poland alone on the battlefield in 1939—and in the final reckoning six years later, which left the French and British empires in ruins and Poland under Soviet domination. But it was precisely the war Stalin wanted, even if, owing to German operational élan and Western ineptitude, it did not turn into an indecisive war of attrition—bleeding both sides equally, as in 1914–1918— that the Soviet dictator would have preferred to see.


Que Hitler creía que su invasión de Polonia no iba a provocar la declaración de guerra anglo-francesa es algo bien sabido. Como igual de sabido existía esa posibilidad. Lo que hizo Hitler fue apostar a una carta que salió finalmente perdedora. Que considere las razones y los intereses anglo-franceses a tenor de lo que significó finalmente la guerra y su resultado para ellos -esto es la merma de su peso en el nuevo orden mundial resultante (algo que de todas formas ocurriría sin guerra, sólo que a un plazo más largo)- es lo que yo llamo peculiar (por decir lo menos) a la hora de analizar el cambio de paradigma que trae McMeekin (de Hitler a Stalin). Y decir que esa guerra, tal como se originó y acabó, es lo que buscaba Stalin, no es mas que un pensamiento ilusorio que está en contradicción con la realidad (o realidades) históricas.

En la última frase que escojo como muestra de la introducción del libro se muestra la recreación que urde McMeekin para que los hechos casen con su teoría, y no al revés.

to the German-Soviet showdown in the Balkans and Stalin’s diplomatic blackmail, which led to Hitler’s decision to move ahead with the German-led attack on the Soviet Union (Operation Barbarossa).

Hitler tomó la decisión inicial de invadir la Unión Sovietica a finales de julio de 1940, con la intención inicial de ejecutarla en ese mismo año. Como esto era militarmente inviable, el ataque se planeó para la primavera de 1941 (que luego hubo de retrasarse). Al margen de que no dice absolutamente nada del factor estadounidense en la serie de razones que llevaron a Hitler a decidirse por la agresión soviética a finales de julio de 1941, ni de la aparente inviabilidad de acabar militarmente con el problema británico de forma rápida (lo que en su conjunto llevó a Hitler a decidirse por el Este), McMeekin mistifica el conflicto de los Balcanes como la causa que llevó finalmente a Hitler a reafirmarse en su ataque a la Unión Soviética, que haría oficial en su directiva de diciembre de 1940 (Barbarroja). Afirma esto pese a que sabe (o debiera saber) que Hitler ya estaba decidido a invadir a la URSS pasara lo que pasara en el campo diplomático respecto a los Balcanes, e incluso antes de la visita de Molotov a Berlín. Y a pesar de la negativa rotunda de Hitler a permitir la estrategia del Ministerio de Exteriores alemán de incluir a la URSS en un pacto cuatripartito.

El capítulo 5 es un buen exponente de cómo -desde la honestidad intelectual y el rigor académico- no se deben analizar y narrar los hechos y circunstancias que llevaron finalmente a la firma del pacto de no-agresión entre Alemania y la Unión Soviética en agosto de 1939. Como sería muy extenso entrar en el detalle, si algún usuario del foro llega a leer este libro de McMeekin, y este capítulo en particular, sería bueno que leyese -antes o después, a su gusto- lo que escribí en su día aquí http://www.forosegundaguerra.com/viewto ... 89&t=20697 y aquí http://www.forosegundaguerra.com/viewto ... =59&t=9438 por ejemplo. Lo más curioso en este capítulo de McMeekin es su elección (paupérrima y sesgada) de fuentes, y la absoluta ocultación de la historiografía contraria a sus tesis.

Es una lástima que siga habiendo historiadores profesionales que supediten el rigor de su disciplina académica a la búsqueda de sensación editorial, teñida de un claro sesgo ideológico. Pero es lo que hay.

Saludos cordiales
JL
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

Speer
Miembro
Miembro
Mensajes: 72
Registrado: Dom Jul 22, 2007 11:47 pm

Re: McMeekin, Stalin's War

Mensaje por Speer » Lun Sep 06, 2021 2:18 am

Hola, José Luis.
Con todos esos sesgos, ¿merece algo la pena la lectura?
¿En la misma tónica que Suvorov? ¿Comparable?

Gracias.
"Iter est vita hominis"

Avatar de Usuario
José Luis
Administrador
Administrador
Mensajes: 9768
Registrado: Sab Jun 11, 2005 3:06 am
Ubicación: España

Re: McMeekin, Stalin's War

Mensaje por José Luis » Lun Sep 06, 2021 10:36 am

¡Hola a todos!
Speer escribió: Con todos esos sesgos, ¿merece algo la pena la lectura?
Si quieres tener un criterio propio sobre un libro, hay que leerlo. En todo trabajo histórico hay tres valoraciones fundamentales a tener en cuenta: información (que ha de ser cabal y rigurosa), fuentes de la misma (que han de superar el contraste) y la interpretación (discurso) del autor (que ha de basarse en lo anterior, en los hechos). ¿Cómo puede hacer estas valoraciones un potencial lector que no ha leído previamente nada sobre el tema que aborda un libro, en este caso el citado de McMeekin? No puede. Salvo que después aborde otras lecturas de diferentes historiadores sobre el mismo tema y descubra las contradicciones; esto es, salvo que ahonde en la historiografía del tema. Esto se aplica a cualquier tema histórico. Así que mi recomendación al respecto depende de la característica del lector: para un lector ocasional que quiera hacerse una idea de las causas principales que desataron la IIGM, recomendaría alguno de otros trabajos más rigurosos; para un lector avezado (con experiencia sobre el tema), sí lo recomendaría.
Speer escribió: ¿En la misma tónica que Suvorov? ¿Comparable?
La tesis central de Suvorov es que Stalin iba a atacar a Alemania en el verano de 1941 y que Hitler se le adelantó. Es una tesis que, en su momento, tuvo una gran acogida entre los sectores radicalmente anticomunistas y entre los círculos políticos y académicos de la extrema derecha (igualmente anticomunistas). Y es una tesis que fue inmediatamente refutada por los especialistas en la materia (fundamentalmente, Gorodetsky en el plano político y diplomático, y Glantz en el plano militar), así como desveladas sus manipulaciones en el manejo de las fuentes que utilizó. McMeekin no es tan atrevido. La técnica de este autor para montar la tesis central de su libro -que Stalin, y no Hitler, fue quien buscó la guerra- es la selección de sus fuentes, que consiste en dejar al margen todas, especialmente las primarias, las que invalidarían su tesis, mientras que extrae una interpretación desaforada de las fuentes que utiliza. No es nada nuevo en el tema: hay muchos historiadores que han hecho previamente lo mismo, ya durante la Guerra Fría, ya después de la caída del Muro. Casi todos ellos abordan su trabajo con una agenda política o ideológica previamente concebida (que normalmente es la de la institución que los financia), y su trabajo consiste en seleccionar aquellas fuentes e interpretaciones (sin importarles mucho el valor de las mismas) sobre las que pueden basar sus montajes. Te voy a poner un ejemplo típico (el más común) de los montajes de este tipo de autores (McMeekin incluido).

Objetivo preconcebido: responsabilizar a Stalin del desencadenamiento de la IIGM (en su acepción común: 1 de septiembre de 1939 con el ataque militar alemán sobre Polonia). Para argumentar este objetivo se basan en dos hechos ciertos pero totalmente descontextualizados. Primero exponen las negociaciones nazi-soviéticas que desembocaron en el Pacto de No Agresión entre Alemania y la Unión Soviética firmado el 23 de agosto por Ribbentrop y Molotov, como ministros de exteriores de ambos países, y luego exponen el posterior deseo de Stalin de que la guerra resultante (una vez que los gobiernos de Gran Bretaña y Francia se la declararon al gobierno alemán el 3 de septiembre de 1939) fuese una guerra lo suficientemente prolongada para que ambos bandos se desangraran mutuamente. Estos dos argumentos, por sí solos, son ciertos, pero despojados de su contexto y de sus causas llevan a una conclusión falsa, que es la que defienden estos autores. ¿Por qué es falsa?

Porque la exposición de sus argumentos ignora a conciencia las causas y el contexto en que se produjeron. Las negociaciones entre el gobierno alemán y soviético fueron iniciadas por el gobierno alemán en una aproximación comercial en mayo de 1939 -si recuerdo bien- como antesala necesaria para un acuerdo político. Stalin les dio largas inicialmente porque en esos momentos su objetivo diplomático prioritario era establecer una alianza político-militar con Gran Bretaña y Francia para disuadir a Alemania de ir contra Polonia, principalmente. Este objetivo en la política exterior de Stalin se había puesto en marcha muchos años antes, en 1934, a través de su comisario de Exteriores Litvinov. Se conoció y se conoce como "política de seguridad colectiva" y buscaba una alianza político-militar (principalmente entre la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia) contra Alemania. Todos los intentos de Litvinov fueron desoídos por los gobiernos de Gran Bretaña y Francia, entonces embarcados en la "política de apaciguamiento" del señor nazi de la guerra (y de Mussolini). La "política de seguridad colectiva" de Litvinov recibió su golpe más fuerte durante la crisis checa de verano de 1938, cuando los gobiernos de Gran Bretaña y Francia -dejando totalmente a un margen al gobierno checo y al gobierno soviético- acordaron con el gobierno alemán -mediando Mussolini- el hoy vergonzoso Pacto de Munich de 30 de septiembre de 1938. Pese a la disposición real (de hecho a su movilización) del Ejército Rojo para acudir en ayuda de Checoslovaquia si ésta era agredida por Alemania y pese al Tratado de Alianza y Amistad entre Francia y Checoslovaquia de 1924, el gobierno francés incumplió sus acuerdos y firmó los Acuerdos de Munich de 30 de septiembre, lo que fue justamente considerado por el gobierno checo como la "traición de Munich".

Tras este diplomáticamente indecoroso asunto de Munich, el gobierno soviético cesó en sus esfuerzos por su política de seguridad colectiva. Sin embargo, tras la vulneración de los Acuerdos de Munich con la invasión y desmembración nazi de lo que había quedado de Checoslovaquia en marzo de 1939, y tras las garantías dadas por el gobierno británico al gobierno polaco sobre su independencia, se hizo notorio tanto para el gobierno británico como para el gobierno francés que esas garantías sólo se podían mantener militarmente con la entrada de la Unión Soviética. En este sentido se iniciaron conversaciones y negociaciones a triple banda (entre la URSS, GB y F) con la finalidad de formar una triple alianza entre estas tres potencias para neutralizar las intenciones de Alemania respecto a Polonia. Este proceso diplomático se inició en abril y concluyó en agosto de 1939 con la ruptura final del mismo. El proceso estuvo marcado por la voluntad del premier británico (Chamberlain) de no llegar a ningún acuerdo con los soviéticos, procrastinando en todo tiempo. Y cuando la mayor parte de su gabinete (y la opinión pública británica) lo obligaron a a avanzar en el proceso diplomático, Chamberlain instruyó al jefe de la legación militar británica enviada a Moscú para que procrastinara con los soviéticos sine die, con la esperanza de que en el ínterin pudiera alcanzar un acuerdo con Hitler (otro pacto a lo Munich). Cuando Stalin, siempre y con razón receloso, se percató ya sin duda alguna del doble juego anglo-francés, mandó suspender las negociaciones de las legaciones militares británica y francesa con los soviéticos en Moscú, y abrió la espita a las aproximaciones que los alemanes habían iniciado en mayo. Ahora Stalin quería evitar a toda costa la posibilidad de quedar aislado contra Japón en el Este y Alemania en el Oeste, llegado el caso de que Hitler llegara a un entendimiento con los anglo-franceses sobre Polonia. Y esa fue la razón fundamental del Pacto de No Agresión de 23 de agosto.

Una vez firmado ese pacto (y sus protocolos secretos), Stalin efectivamente esperaba que la guerra entre Gran Bretaña y Francia, de una parte, y Alemania, de la otra, fuese lo suficientemente larga para que tuviera tiempo de rearmar a la Unión Soviética (y mucho más después de las carencias mostradas por el Ejército Rojo en la Guerra de Invierno con Finlandia), al tiempo que desgastase a las potencias enfrentadas para que la Unión Soviética fuese un factor dominante en cualquier tipo de desenlace. Pero todo esto fue lo que Stalin buscó después del Pacto de No Agresión y no antes del mismo. Después de hacerse evidente la encerrona y el doble juego anglo-francés y no antes o durante. Y esto es lo que suelen ocultar los autores que defienden la responsabilidad de Stalin como primer culpable del inicio de la guerra. No contentos con ocultar el contexto y las circunstancias, aplican una vara de medir distinta a la URSS, de una parte, y a las dos potencias occidentales, de la otra. Porque no suelen decir nada sobre la pretensión de Chamberlain y Daladier de querer, con su política de apaciguamiento, enfrentar a la URSS y Alemania en una guerra larga que desangrase ambas potencias, con lo cual habrían eliminado las dos amenazas principales a sus intereses (la comunista y la fascista), saliendo ellos mismos al final como los factores determinantes en cualquier tipo de desenlace de esta hipotética guerra, manteniendo así su poder hegemónico en Europa.

Este es el eje central sobre el cual giran los argumentos y los silencios de los autores que colocan en Stalin la responsabilidad del inicio de la guerra.

Saludos cordiales
JL
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

Speer
Miembro
Miembro
Mensajes: 72
Registrado: Dom Jul 22, 2007 11:47 pm

Re: McMeekin, Stalin's War

Mensaje por Speer » Lun Sep 06, 2021 12:09 pm

Un millón de gracias por tus amplias y certeras respuestas, como siempre.
Está claro que el contexto y los tiempos son fundamentales para interpretar los hechos históricos y has puesto un ejemplo perfecto de ello.
Igual sí me animo a leerlo sabiendo todo esto.

Saludos
"Iter est vita hominis"

Avatar de Usuario
Rorrete
Miembro distinguido
Miembro distinguido
Mensajes: 637
Registrado: Mié Sep 17, 2008 2:00 pm
Ubicación: Granada

Re: McMeekin, Stalin's War

Mensaje por Rorrete » Mié Sep 15, 2021 10:24 pm

De McMeekin leí el dedicado a la revolución rusa, único traducido al español, al menos que yo sepa. Me gustó mucho, y sí, se notaba su parecer antisoviético, aunque matizado o al menos así me lo pareció.

Aún así me parece, a tenor de lo expuesto, que aquí ha ido mas allá,

Saludos
Nunca discutas con un estúpido; te hará descender a su nivel, y allí te vencerá por experiencia - Mark Twain
http://rorrete.blogspot.com.es/

Responder

Volver a “Reseñas”

TEST