¡Hola a todos!
Alberto_HM escribió:Me pregunto si la conducción de la guerra habría sido distinta con el triángulo Blomberg-Fritsch-Beck en lugar de Keitel-Brauchitsch-Halder. De estos últimos, a Halder lo tengo en cierta estima. Brauchitsch me parece una figura puramente decorativa y poco más. Y Keitel, un peldaño administrativo necesario, un expendedor de firmas.
Pero Blomberg me parece una figura más enérgida, Fritsch un general con un historial mucho más brillante que Brauchitsch, y Beck... bueno, no sé qué pensar de él, tengo sentimientos encontrados.
¿Opiniones?
El antiguo triunvirato era superior, en todos los aspectos de competencia militar, a la débil y frágil tríada que le sucedió. Pero hay que tener presente que Blomberg, Fritsch y Beck se resistían a la "oportunidad del momento" que Hitler había escogido para ir, o arriesgarse a ir, a la guerra; es decir, no eran contrarios al objetivo de convertir a Alemania en la potencia hegemónica de Europa, pero sólo debían tomarse decisiones arriesgadas cuando se hubiesen completado los planes de expansión y rearme de la Wehrmacht. Este era el punto de fricción entre ellos y Hitler, por eso cayeron o dimitieron.
Pero si salvamos ese escollo fundamental, no creo que hubiera mucha diferencia en cuanto a que Hitler acabaría manejando a su voluntad a la Wehrmacht, tal como lo hizo con Keitel-Brauchitsch-Halder. Quizás la única resistencia a ello vendría por parte de Beck, pero siendo el jerárquicamente más débil de los tres, habría sido destituido de no ceder.
Blomberg fue destituido como jefe del Truppenamt en septiembre de 1929 por haber utilizado los juegos de guerra del año anterior para lanzar una guerra ofensiva contra unos hipotéticos invasores polacos. Hasta entonces, la política de defensa nacional era contraria a cualquier estrategia ofensiva (que Alemania no estaba en condiciones de sostener) e incluso, en ciertos casos, estaba dispuesta a renunciar a la resistencia militar. Los juegos de guerra de 1927-28 y 1928-29 demostraron que el Reichswehr no podía operar exitosamente ni siquiera contra Polonia. Blomberg fue sustituido por Kurt von Hammerstein-Equord, quien se convirtiría en el
Chef der Heeresleitung en el otoño del año siguiente.
Cuando Hitler fue nombrado canciller del Reich el 30 de enero de 1933, trajo a Blomberg (entonces en la conferencia de desarme de Ginebra) a su gabinete como ministro de Defensa. Al fin y al cabo, los planes expansivos iniciales de Hitler coincidían con los de un Blomberg, que en adelante, hizo todo cuanto pudo para adoctrinar al Reichswehr en los principios básicos del nacionalsocialismo. El problema central de Blomberg respecto de los planes de agresión militar de Hitler, tal cual los expuso este último en noviembre de 1937, era, como dije, el de oportunidad. Es decir, Alemania podría atacar a otro país (Checoslovaquia), incluso con la amenaza o riesgo de intervención de otra gran potencia, sólo cuando la Wehrmacht hubiese completado sus planes de expansión y rearme. En este sentido, el plan del ejército de 1936 tenía como objetivo poseer una fuerza de 102 divisiones en octubre de 1939, pero había dudas sobre su viabilidad. Durante 1937 se tuvo que posponer hasta 1938 el 45 por ciento de los requerimientos del ejército, y a finales de 1937 ya se calculó que el ejército no estaría listo hasta 1943, y la Muralla del Oeste (vital para los planes de Hitler en cuanto a neutralizar la amenaza francesa) hasta 1953.
Por tanto, Blomberg, Fritsch y Beck no tenían duda alguna de que había que eliminar a Checoslovaquia, pero a diferencia de Hitler sólo querían dar ese paso cuando el ejército hubiese completado su rearme.
Ahora, estos tres hombres tenían sus propias diferencias y problemas. La mayor fricción era que Blomberg quería crear un Estado Mayor General de la Wehrmacht encargado de planificar y coordinar toda la estrategia y operaciones de guerra, lo que iba en contra de los intereses de Fritsch y Beck y del papel tradicional del Estado Mayor General del Heer, que desde los tiempos de Moltke el Viejo era el responsable de esas funciones. Al final la cosa quedó en nada, pues terció Hitler con la creación del OKW y la abolición de
facto del Ministerio de Guerra en febrero de 1938, previas destituciones de Blomberg y Fritsch. La Wehrmacht se quedó, así, sin un auténtico Estado Mayor General que controlara y coordinara la estrategia y operaciones de sus tres ejércitos de tierra, mar y aire. Como resultado, se impuso la fricción continuada entre los tres Estados Mayores Generales del Heer, Kriegsmarine y Luftwaffe, por una parte, y entre esos tres y el OKW (especialmente OKH vs OKW), por la otra. Con Hitler ese problema era insuperable, pues la fuente principal de su poder era quizás su necesidad de ser el árbitro final de las diferencias y divisiones (auspiciadas por él mismo) entre sus principales subordinados.
De todas formas, y respondiendo a Alberto, no creo que Blomberg y Fritsch cambiasen para nada el protagonismo que Hitler jugó en los asuntos esenciales de la Wehrmacht en relación con su estrategia de guerra a partir de 1938 si ellos hubiesen continuado en sus puestos. Blomberg, junto con su brazo derecho Reichenau, había sido instrumental para Hitler y su política de rearme y expansión de la Wehrmacht (al igual que Fritsch y Beck), y el máximo impulsor de la ideología nazi dentro de las fuerzas armadas, especialmente el ejército. Si Hitler no lo hubiera destituido aprovechando el asunto de su matrimonio, es muy probable, en mi opinión, que se aviniese finalmente a los deseos del Führer. El caso de Fritsch es más patético, pues mostró carecer de una personalidad más enérgica y decidida (arriesgada) durante todo el proceso humillante de la acusación de homosexual que los nazis emprendieron contra él. No estuvo siquiera a la altura de quienes lo defendieron de verdad (Beck o Hossbach, por ejemplo). Y pese a que todo el proceso se demostró finalmente una farsa nazi, no luchó para recuperar su puesto, defendió las políticas raciales nazis y luchó quijotescamente en la campaña polaca al mando de su regimiento hasta encontrar la muerte.
Sólo Beck, de entre los tres, demostró estar a la altura de su rango y su puesto durante los críticos meses de la primavera y verano de 1938. Cuando vio los peligros que entrañaba para Alemania y el pueblo alemán la posibilidad de una guerra contra Checoslovaquia, que Hitler quería materializar, instó a sus colegas a plantarle cara a Hitler, y cuando comprobó que no tenía apoyo alguno, que estaba solo, dimitió. Me resulta inconcebible una relación Beck-Hitler como la que se dio entre Halder y Hitler o entre Brauchitsch y Hitler, caso que Beck ocupase el puesto de Fritsch (como le correspondía). Las prueba más clara es que declinó ese puesto que le tanteó Hitler.
En conclusión, Blomberg, Fritsch y Beck fueron incapaces de disuadir a Hitler de sus planes de agresión de 1937-38. Y volverían a fracasar si, continuando en sus puestos, tuvieran que afrontar 1939 ante el asunto polaco o en 1940 ante el francés. Simplemente, no contaban con el apoyo mayoritario del generalato ni, por supuesto, de la oficialidad del ejército. Al margen de que Hitler no los toleraría y los habría destituido mucho antes, como así fue. Una guerra con esos tres militares al frente de la Wehrmacht es ilusoria, inconcebible porque estaban en las antípodas de lo que Hitler quería.
Saludos cordiales
JL