¡Hola a todos!
David L escribió:Un ataque japonés a la URSS habría llevado consigo una declaración de guerra por parte de GB. Lo que ya no llegó a saber son las consecuencias que para Japón habría supuesto el mantener un frente de lucha tan cercano como era el de la URSS y ,al mismo tiempo, luchar contra con el Imperio Británico en el Pacífico.
Un saludo.
¡Hola, David!
Atacar a la Unión Soviética fue lo que Japón tenía decidido en una fecha tan temprana como finales de 1932 (para atacar en 1933; luego se pospuso para 1936, y después indefinidamente), pero las circunstancias estratégicas cambiantes decidieron finalmente al gobierno japonés a buscar un pacto de neutralidad con la URRSS en el verano de 1940 (que sería finalmente firmado en abril de 1941).
Es bastante engorroso, pero voy a apuntar algunos de los hechos decisivos en el largo proceso de búsqueda de un pacto de no-agresión (que fue finalmente de neutralidad), inicialmente buscado con ahínco por el gobierno soviético. Para ello voy a realizar un resumen lo más breve posible del excelente análisis que hace Boris Slavinsky en su libro
The Japanese-Soviet Neutrality Pact: A Diplomatic History 1941-1945 (London: RoutledgeCurzon, 2004).
Las negociaciones oficiales para normalizar las relaciones entre Japón y la Unión Soviética (recordemos que Japón había participado en la guerra civil rusa con la intervención del Cuerpo Expedicionario Japonés, cuyo último destacamento abandonó Vladivostok en octubre de 1922) comenzaron en mayo de 1924 entre el embajador soviético en Pekín, Karakhan, y su homólogo japonés, Yoshizawa. Estas negociaciones dieron como resultado la firma del Convenio de Pekín (20 de enero de 1925), que recogía los principios básicos para las relaciones mutuas entre la URRSS y Japón, y cuyo Artículo 1 declaraba que debían establecerse relaciones consulares y diplomáticas cuando el convenio entrara en vigor.
Al firmar ese convenio, el gobierno soviético también reconocía el vigor del Tratado de Portsmouth de 1905, consecuencia de la derrota rusa en la guerra ruso-japonesa de 1904-5, aunque el gobierno soviético se apresuró en subrayar que no compartía ninguna responsabilidad política con el gobierno zarista por la conclusión de ese tratado, y en este sentido estaba reconociendo su validez sólo de forma provisional. La aceptación del Tratado de Portsmouth por parte del gobierno soviético también obedecía a que algunas de las obligaciones que el tratado imponía a Japón eran ventajosas para la URRSS, en particular la prohibición del estacionamiento de fuerzas japonesas en el noroeste de China (Manchuria), la construcción de fortificaciones o instalaciones militares en Sakhalin o islas adyacentes a Sakhalin, o cualquier medida militar dirigida a dificultar la libre navegación en La Perouse y los Estrechos Tatar. El tratado reconocía la soberanía china en Manchuria y obligaba a sus signatarios a abstenerse de “cualquier medida en la frontera ruso-coreana capaz de amenazar la seguridad de los territorios ruso o coreano”. Ambas partes tenían que explotar “los ferrocarriles de su propiedad en Manchuria exclusivamente con propósitos comerciales e industriales, y de ninguna manera con propósitos estratégicos”.
Ahora, con el Convenio de Pekín, soviéticos y japoneses proclamaban su deseo de vivir en paz y amistad. Este convenio también preveía la necesidad de un tratado sobre comercio y navegación, principios de libertad de entrada y movimiento, derechos sobre propiedad privada y libertad para comerciar, etc. El gobierno soviético declaraba su voluntad de facilitar a los japoneses concesiones para explotar varios recursos materiales, atrayendo de esta forma el capital japonés para el procesamiento de la riqueza forestal, petróleo, carbón para acelerar la recuperación de la economía del Lejano Oriente. Estas concesiones estaban sujetas al Protocolo “A” del Convenio (que establecía que la retirada de las tropas japonesas en el norte de Sakhalin debía estar completada el 15 de mayo de 1925). Las negociaciones sobre las concesiones, tal como estipulaba el convenio, comenzaron en julio de 1925, concluyéndose los acuerdos en diciembre.
Una vez establecidas las relaciones diplomáticas entre ambos países, el gobierno soviético buscó con enorme interés un pacto de no-agresión bilateral para estabilizar la situación en el Lejano Oriente y reforzar la seguridad de las regiones orientales de la Unión Soviética. En agosto de 1926 y en mayo de 1927 propuso al gobierno japonés un pacto de no-agresión similar al pacto germano-soviético de abril de 1926. Pero el gobierno japonés rechazó la propuesta soviética; el 16 de julio de 1927 el Primer Ministro Tanaka le dijo al embajador soviético Dovgalevskiy que, debido a la tensa situación internacional, consideraba prematura la conclusión de un pacto así, y que tal vez se podría volver sobre el asunto en un futuro dependiendo de cómo se incrementaran las relaciones económicas soviético-japonesas.
La plena normalización de las relaciones entre Japón y la URRSS nunca estuvo por esos años en la agenda japonesa, pues el gobierno japonés no quería ver atada su libertad de movimientos cara a su expansión imperialista. A mediados de 1927 Japón ya había decidido incorporar Manchuria y Mongolia a su esfera de influencia. La ocupación del ejército japonés de Manchuria en el verano de 1931 había de tener una gran importancia en el desarrollo posterior de las relaciones soviético-japonesas. El gobierno soviético volvió a la carga en su empeño de conseguir un pacto de no-agresión, indicando que sin ese pacto Japón no podía demostrar su intento de perseguir una política pacífica. Litvinov, el Ministro de Exteriores soviético, recordó a Yoshizawa que la URRSS ya tenía pactos de no-agresión o neutralidad con Alemania, Lituania, Turquía, Persia y Afganistán, y que estaba negociándolos con Finlandia, Estonia, Latvia y Rumania. Subrayó que “la preservación de relaciones pacíficas y amistosas con todos nuestros vecinos, incluyendo Japón, es la base de nuestra política exterior”.
Los japoneses no dieron respuesta a la propuesta de Litvinov durante casi un año, a pesar de varios recordatorios soviéticos. El 13 de diciembre de 1932 el Ministro de Exteriores Uchida entregó al embajador Troyanovskiy una nota estrictamente confidencial declinando la propuesta soviética de un pacto de no-agresión bajo la excusa de que ambos países eran firmantes del Pacto Briand-Kellogg, lo que hacía superfluo un pacto bilateral.
En realidad, Japón sólo necesitaría un pacto de no-agresión con la URRSS en el caso de que se deterioraran gravemente sus relaciones con USA, Francia y Gran Bretaña en el curso de la lucha por la influencia en China. Pero como por esas fechas las potencias occidentales no sólo no se oponían a Japón en China, sino que lo apoyaban con materias primas estratégicas y material militar, Japón declinó la oferta soviética de un pacto de no-agresión.
A finales de 1932 el emperador japonés aprobó el plan del Estado Mayor General para una guerra contra la Unión Soviética en 1933. Tenía en cuenta el cambio en la situación estratégica; tras la ocupación japonesa de Manchuria había quedado muy vulnerable a la ocupación japonesa un gran territorio soviético al este del Lago Baikal. Para agilizar la realización de este plan, los militares japoneses incrementaron la tensión a lo largo de la frontera de la URRSS-Manchuria, y organizaron “incidentes fronterizos” frecuentes y actos provocativos contra el Ferrocarril Oriental Chino (de propiedad y operado por la URRSS).
En junio de 1933 los jefes del ejército japonés mantuvieron una conferencia para considerar en detalle el asunto de una guerra contra la Unión Soviética. El Ministro de Guerra Araki insistió en prepararse por encima de todo para una guerra contra la URRSS, y atacarla en 1936, cuando “habrá razones para la guerra, y apoyo internacional, y fundamentos para el éxito”. Por el contrario, los generales Nagata y Tojo consideraban que para una guerra contra la URRSS “Japón debe agrupar todos los recursos de la raza amarilla, y prepararse para la guerra total”. Tojo advirtió del riesgo inherente de una acción prematura, y Nagata, jefe del Segundo Directorado del Estado Mayor General del Ejército, dijo que para una guerra contra la URRSS “debemos tener a nuestras espaldas los 500 millones de chinos, que deben permanecer detrás de los samurai japoneses como un enorme batallón de mano de obra, y aumentar considerablemente las capacidades de producción de Japón y Manchuria”. El problema era que ese programa no se podía conseguir a tiempo para 1936, por lo que se contempló la renovación de las negociaciones para un pacto de no-agresión. De esta forma, la verdadera razón de las propuestas para los que apoyaban las preparaciones para una guerra contra la URRSS era en primer lugar crear una poderosa base económico-militar en Manchuria, y subyugar a China.
La Unión Soviética fue el único país que prestó una ayuda total a China tras el llamado “incidente de China” de 7 de julio de 1937. Ya a finales de 1933 el gobierno soviético avanzó la idea de un pacto de no-agresión entre la URRSS, USA, China y Japón. La diplomacia soviética buscó a través del embajador estadounidense Bullitt saber la actitud de Roosevelt sobre la propuesta soviética. El 12 de marzo de 1934 Bullitt le dijo a V.S. Dovgalevsky, Secretario-General del Ministerio de Exteriores, que Roosevelt prefería un pacto de no-agresión multilateral que involucrara a USA, URRSS, Japón, China, Gran Bretaña, Francia y Holanda. Sin embargo, no prosperaron las negociaciones posteriores para establecer un
Pacto del Pacífico, dirigido a repeler la agresión japonesa, por la actitud negativa de las potencias occidentales, que desconfiaban del régimen de Stalin y no querían atarse militarmente. Roosevelt le respondió al embajador soviético el 29 de junio de 1937 diciendo que “Yo no tengo fe en los pactos. La principal garantía es una Armada fuerte…..veamos si Japón puede ganar una competición marítima”.
El 25 de noviembre de 1936 Japón, mientras preparaba sus planes militares para atacar a la URRSS, firmó el
Pacto Anti-Comintern con Alemania, acompañado de un protocolo secreto que señalaba a la Unión Soviética como el principal objetivo para la lucha conjunta de ambos países. El Artículo 2 del protocolo declaraba: “Las partes contratantes se obligan durante la duración del presente acuerdo a no concluir sin acuerdo mutuo cualquier tratado político con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas contradictorio con el espíritu de este acuerdo”.
A finales de la década de 1930 Japón estaba atravesando graves dificultades por su guerra en China, y deseaba acabar por todos los medios con la ayuda militar que la URRSS estaba prestando a Chiang Kai-Shek, que era de envergadura. Lo intentó con medios militares, intensificando los conflictos fronterizos en la frontera URRSS-Manchuria, siendo especialmente cruentos el que tuvo lugar en el área del Lago Hasan (cerca de Vladivostok) en julio de 1938, y a lo largo de la frontera con Mongolia en el río Khalkhin-Gol (Nomonhan) en agosto de 1939. La derrota japonesa en esta última zona y la conclusión del pacto de no-agresión germano-soviético de 23 de agosto de 1939 obligaron al gobierno soviético a dar un giro en sus planes de guerra, posponiéndose indefinidamente la agresión planeada contra la URRSS.
Pronto los japoneses supieron que los soviéticos estaban dispuestos a normalizar sus relaciones bilaterales, información que llegó desde Berlín, pues durante las conversaciones para el pacto de no-agresión germano-soviético, Molotov preguntó si Alemania estaba dispuesta a ejercer influencia sobre Japón para mejorar las relaciones soviético-japonesas y resolver los conflictos fronterizos. Ribbentrop accedió.
Hitler creía que una normalización de las relaciones soviético-japonesas facilitaría su propósito de que Japón actuara contra Gran Bretaña en el Pacífico. Ribbentrop trabajó, en este sentido, a Oshima en Berlín. Pero la actitud del gobierno japonés hacia la Unión Soviética sólo cambió, en el sentido de normalizar completamente sus relaciones, tras la derrota de Francia en mayo-junio de 1940 y la evacuación de los británicos en Dunkerque. Fue entonces cuando circuló entre la diplomacia japonesa la famosa frase de “
perder el autobús”, si se dejaba pasar el momento favorable de capturar las colonias asiáticas de las potencias occidentales. Sólo cuando finalmente decidió una agresión contra Inglaterra y Estados Unidos en el Pacífico y Sudeste de Asia, el gobierno japonés decidió cubrir sus espaldas en el norte contra una potencial amenaza de la Unión Soviética. Y con este motivo el gobierno japonés sondeó a Moscú en el verano de 1940 sobre la posibilidad de un Pacto de Neutralidad.
El 9 de junio de 1940 el gobierno japonés firmó un acuerdo con la URRSS sobre la frontera en el área de Khalkhin-Gol. El 2 de julio siguiente el embajador Togo, en conversaciones con Molotov, mencionó el deseo de Japón de mantener unas relaciones pacíficas y amistosas con la URRSS, y un respecto mutuo por sus integridades territoriales. Bajo el principio de que si uno de los dos países era atacado, el otro no ayudaría al atacante, Togo desarrolló el tema proponiendo un borrador de tres artículos del acuerdo de neutralidad:
Artículo Primero. 1. Ambas partes contratantes afirman que la base de relaciones mutuas entre ambos países sigue siendo la Convención de principios básicos de relaciones mutuas entre Japón y la URRSS firmada el 20 de enero de 1925 en Pekín. 2. Ambas partes contratantes deben mantener relaciones pacíficas y amistosas y respetar su integridad territorial mutua.
Artículo Segundo. Si uno de los lados contratantes, a pesar de su modo de acción de amante de la paz, queda sujeto al ataque de una tercera potencia o varias otras potencias, el otro lado contratante observará neutralidad durante toda la duración del conflicto.
Artículo Tercero. Este acuerdo se concluye por cinco años.
El borrador japonés era una copia del Pacto de Neutralidad concluido en 1926 entre la URRSS y Alemania. Este pacto de neutralidad evitaría que Japón quedase cercado y tuviese que luchar una guerra en dos frentes.
Saludos cordiales
José Luis