Zhukov entra en berlin ¿y usted?
Publicado: Sab Jun 25, 2005 7:58 pm
La toma de Berlín fue el último escalón que los aliados tuvieron que salvar para finalizar la guerra en Europa. Su complejidad se saldo con cientos de muertos, no obstante fue considerada por muchos como un rotundo éxito. ¿Cómo hubiera usted realizado el asalto a Berlín, contando con las fuerzas del Zhukov? A modo de inspiración para este what if les dejo el siguiente texto:
Zhukov entra en berlin
El 16 de abril del 1945, poco antes de las cuatro de la madrugada, la orilla derecha del rio Oder representaba un aspecto que abrumaba por su grandiosidad. Semejaba en realidad, la escenografia ideada de un genio de la escena. Era sin embargo el resultado de los planes del mariscal Zhukov. Se agolpaban alli, en aparente desorden , miles de tanques, cañones y hombres. soldados y oficiales se movian de una a otra direccion, consultando nerviosamente sus relojes y tratando de perforar la oscuridad con sus ojos. Los artilleros revisaban sus piezas. Los ingenieros sus lanchas y pontones. Las mujeres que servian los grandes reflectores pulian cuidadosamente sus superficies. Todos sin exepcion empleaban aquellos ultimos minutos en prepararse para empezar la accion que sabian inminente.
En la primera linea junto a la orilla del rio, los efectivos de los cuerpos de ingenieros eran los mas atareados. Sin cesar un minuto en la tarea, colocaban en posicion los grandes pontones que servirian para trasladar a la orilla opuesta, los tanques y piezas de artilleria. Arrastraban e introduccian en las oscuras aguas las secciones de los puentes transportables y preparaban los centenares de piezas que servirian para ensamblar las diferentes secciones. Otros soldados, por su parrte, alistaban centenares de botes de goma inflables, de todos los tamaños, que se utilizarian en el cruce. Y muchos de los combatientes que, incapaces de contener su impaciencia, preparaban sus propios pontones,utilizando tambores vacios, tablas y troncos de arboles.
En medio de aquella multitud, centenares de oficiales caminaban en silencio, observando a sus hombres, hablando brevemente con ellos e impartiendoles las ultimas ordenes. Los combatientes por su parte pulian sus armas y se preparaban sus granadas. En medio de los tanques, las piezas y los morteros los infantes permanecian en silencio. Todos sabian que aquel seria el ultimo asalto. Y sabian que el objetivo esta vez era, el corazon de Alemania. Un corazon que estaban dispuesto a destrozar. Aquella era una multitud expectante, silenciosa. Una multitud que se preparaba para la batalla.
El sector en el que se encontraban media aproximadamente 50 km de largo por 15 km de ancho. Y aquel sector, con los efectivos que alli se encontraban era el elegido para iniciar el asalto. Un solo obstaculo se interponia a sus propositos. Una serie de alturas denominadas Seelow, en las que los alemanes habian instalado fuertes defenzas. Superado aquel escollo, el camino a Berlin aparecia practicamente llano.
A retaguardia de la masiva concentracion de efectivos de todas las armas y de todos los los tipos, en un refugio constuido a la altura que dominaba el sector, el mariscal Zhukov esperaba. En silencio, consultaba su reloj. Despues, dirigiendose a los hombres de su estado mayor que los rodeaban, comenzo a hacer breves preguntas. Las respuestas no tardaban. “Artilleria lista...”, “Batallones listos...” “Ingenieros listos...”, “Refuersos, municion, sanidad...”. Todo estaba preparado. Cada hombre estaba en su puesto, cada artillero, cada infante, cada ametralladorista esperaba, tenso.
Zhukov consulto una vez mas su reloj. Faltaba exactamente un minuto para las cuatro. Miro a sus hombres y dijo brevemente: “Ahora, camaradas”.
El silencio, en ese ultimo minuto, fue total. Despues con un silbido que fue facilmente audible, tres bengalas ascendieron en el cielo nocturno. Estrallaron en lo alto y bañaron por breves instantes el sector con una fantastica luz roja. Luego, al unisono 140 potentes reflectores se encendieron, bañando de luz las posciciones alemanas, en la orilla opuesta de rio. Paralelamente, centenares de focos, pertenecientes a tanques y camiones se encendieron tambien.
Por un instante el frente fue semejante a un gigantesco escenario. Un escenario de 50 km de longitud inundado de luz.
El silencio fue nuevamente roto por el silbido de otras tres bengalas. Tres bengalas verdes que extrallaron en lo alto.
Despues con atronador rugido, los 20,000 cañones de todos los calibres, empezaron a disparar.
Segundos mas tarde, la masa de acero que se precipito sobre el sector aleman resistia toda comparacion. Centenares, miles, decenas de miles de proyectiles hendian el aire, aullando estremecedoramente, para concluir su parabola explotando fragosamente. Masas de tierra, casas, arboles y defensas se desintegraban practicamente, barridas por el huracan de fuego. Este estruendo sin par, destrozaba los timpanos de los combatientes. La tierra, los arboles y hasta los montes y colinas, todo vibraba, como sacudido por un terremoto.
Toneladas de acero fueron arrojadas en aquel bombardeo. Jamas una barrera artillera habia alcanzado aquel nivel. Jamas un ataque habia sido lanzado con tal furor contra enemigo alguno en el mundo. En el sector ruso, los soldados, artilleros y tanquistas gritaban salvajemente, contagiados por aquel estruendo de intensidad sin igual.
Muchos de los combatientes, sin descanso, disparaban sus armas contra las lineas alemanas. Otros lo hacian al aire, sumando el tableteo de ametralladoras al trueno incesante de los miles de cañones.
A lo largo de todo el frente de ataque, el dia parecia haberse hecho de pronto. Era la luz del sol, mas fuerte que la del sol, cien veces mas intensa que la de mil soles. Era un resplandor que enceguecia a quienes lo contemplaban. Eran 20,000 cañones disparando al unisono, a la maxima cadencia.
Un sonido escalofriante se hacia escuchar, dominando casi al estruendo de los cañones. Era el aullido de los lanzacohetes, semejante a un largo gemido. Aquellos proyectiles aterrorizaba a los germanos que los divisaban, hacian enmudecer a los mismos sovieticos, que los observaban partir dejando una gran estela blanca.
Aquel infierno duro exactamente 35 minutos. Calcular cuantas toneladas de acero fueron disparadas hacia las posiciones alemanas, seria una tarea imposible. Quizas sus propios protagonistas no lo hayan sabido nunca, ni lo sepan nunca. Aquello no era solo acero, era odio, era por Minsk, era por Kursk, era por Sebastpool, era la gloria de Stalingrado, era la furia de Leningrado, era el puño de los 130 millones de sovieticos que vivieron en carne y espiritu la osadia germana de pisar suelo rojo, donde la nieve vio la honrosa caida de sus jovenes, el valor de sus mujeres y la decision del siberiano, de que si los camisas pardas querian terreno ruso... les costaria montones de sangre... cada metro.
Aun antes de finalizar el bombardeo artillero, los efectivos rusos se pusieron en marcha. Miles de soldados avanzaron hacia el oeste, escuchando silbar sobre sus cabezas los proyectiles de todo calibre.
Centenares de ingenieros trabajaban en los puentes de pontones y alistando botes, lanchas y lanchones. Miles de hombres ansiosos por entrar en combate no esperaron los medios de transporte que los trasladarian a la orilla opuesta del rio. Asiendose a tambores, maderos, troncos de arboles y usando las culatas de sus armas como remos, se arrojaron a la corriente.
En tanto, mezclandose con el sonido de las explosiones, se escuchaban las voces de mando de los oficiales y los gritos de los soldados que avanzaban.
Bajo la luz enceguecedora de los refelectores y de los cientos de faros de tanques y camiones, el rio adquirio de pronto un aspecto fantastico; eran miles de hombres los que se dejaban arrastrar hacia el corazon de Alemania. Miles y miles de soldados que tenian una meta: Berlin.
De pronto, tan bruscamente como habia comenzado, el bombardeo ceso. Entonces se elevo un clamor ensordecedor, escalofriante. Un clamor que provenia de decenas de miles de soldados lanzados al asalto, en la mas gigantesca operacion del genero jamas instentado.
Ametralladoras, fusiles, armas cortas, pequeños morteros, todo cuanto pudiera ser disparado, era empleado por los sovieticos. Sin enemigos a la vista, los combatientes rusos sabian que los alemanes estaban alli, ante ellos; y alli disparaban todas sus armas en un infernal concierto de fuego y acero.
Por sobre sus cabezas Atronando el espacio, cientos de aviones, cazas, bombarderos y cazabombarderos, cruzaban hacia las lineas enemigas. En la retaguardia, para apoyar el avance ruso, habian sidos apostados 6,500 aviones de todos los tipos. Y ahora se lanzaban a su vez al ataque. machacando con sus bombas y ametralladoras el terreno pulverizado, triturado, desmenuzado por la artilleria un rato antes.
El asalto de los efectivos de Zhukov habia sido descargado contra las lineas enemigas, con la furia de un huracan. La efectividad del mismo, no obstante, se vio disminuida por la maniobra de Heinrici, que habia ordenado el repliegue de los efectivos germanos pocas horas antes del ataque. Como concecuencia, si bien las defenzas habian quedado practicamente arrasadas, el grueso de las tropas alemanas, estaba intacto aun. Las viejas tacticas de Heinrici y su sexto sentido, habian dado un resultado positivo, una vez mas. Sin embargo, el exito de su maniobra no alegraba al jefe aleman. Heinrici sabiaque sus efectivos no estaban en condiciones de enfrentar el aplastante avance sovietico, como mucho y a cuestas de grandes sacrificios, podria aguantar varios dias.
Los Alemanes a esa hora, contaban con menos de 700 tanques en condiciones de operar. Los mismos se encontraban divididos entre los ejercitos III y IX. Una de las divisiones mas poderosas, la 25ª Panzer, contaba con 79 tanques. La unidad mas debil, con solo 2. Los 20,000 cañones de Zukhov tenian que ser, paralelamente, enfrentados con los 744 cañones de Heinrici, a los que se sumaban 600 antiaereos. La municion de estas unidades escaceaba al extremo, los germanos solo contaban con reservas para dos dias y medio.
Todo esto lo tenia claro Heinrici, quien valientemente decidio seguir la lucha... conociendo aun que esa no era el peor de los casos. Esto debido a que, los mariscales Roskossovi y Koniev, estaban penetrando por el norte y el sur respectivamente.... Una bandera roja Ondearia en el Reichtag.
Fuente: La Segunda Guerra Mundial, Tomo VI
Zhukov entra en berlin
El 16 de abril del 1945, poco antes de las cuatro de la madrugada, la orilla derecha del rio Oder representaba un aspecto que abrumaba por su grandiosidad. Semejaba en realidad, la escenografia ideada de un genio de la escena. Era sin embargo el resultado de los planes del mariscal Zhukov. Se agolpaban alli, en aparente desorden , miles de tanques, cañones y hombres. soldados y oficiales se movian de una a otra direccion, consultando nerviosamente sus relojes y tratando de perforar la oscuridad con sus ojos. Los artilleros revisaban sus piezas. Los ingenieros sus lanchas y pontones. Las mujeres que servian los grandes reflectores pulian cuidadosamente sus superficies. Todos sin exepcion empleaban aquellos ultimos minutos en prepararse para empezar la accion que sabian inminente.
En la primera linea junto a la orilla del rio, los efectivos de los cuerpos de ingenieros eran los mas atareados. Sin cesar un minuto en la tarea, colocaban en posicion los grandes pontones que servirian para trasladar a la orilla opuesta, los tanques y piezas de artilleria. Arrastraban e introduccian en las oscuras aguas las secciones de los puentes transportables y preparaban los centenares de piezas que servirian para ensamblar las diferentes secciones. Otros soldados, por su parrte, alistaban centenares de botes de goma inflables, de todos los tamaños, que se utilizarian en el cruce. Y muchos de los combatientes que, incapaces de contener su impaciencia, preparaban sus propios pontones,utilizando tambores vacios, tablas y troncos de arboles.
En medio de aquella multitud, centenares de oficiales caminaban en silencio, observando a sus hombres, hablando brevemente con ellos e impartiendoles las ultimas ordenes. Los combatientes por su parte pulian sus armas y se preparaban sus granadas. En medio de los tanques, las piezas y los morteros los infantes permanecian en silencio. Todos sabian que aquel seria el ultimo asalto. Y sabian que el objetivo esta vez era, el corazon de Alemania. Un corazon que estaban dispuesto a destrozar. Aquella era una multitud expectante, silenciosa. Una multitud que se preparaba para la batalla.
El sector en el que se encontraban media aproximadamente 50 km de largo por 15 km de ancho. Y aquel sector, con los efectivos que alli se encontraban era el elegido para iniciar el asalto. Un solo obstaculo se interponia a sus propositos. Una serie de alturas denominadas Seelow, en las que los alemanes habian instalado fuertes defenzas. Superado aquel escollo, el camino a Berlin aparecia practicamente llano.
A retaguardia de la masiva concentracion de efectivos de todas las armas y de todos los los tipos, en un refugio constuido a la altura que dominaba el sector, el mariscal Zhukov esperaba. En silencio, consultaba su reloj. Despues, dirigiendose a los hombres de su estado mayor que los rodeaban, comenzo a hacer breves preguntas. Las respuestas no tardaban. “Artilleria lista...”, “Batallones listos...” “Ingenieros listos...”, “Refuersos, municion, sanidad...”. Todo estaba preparado. Cada hombre estaba en su puesto, cada artillero, cada infante, cada ametralladorista esperaba, tenso.
Zhukov consulto una vez mas su reloj. Faltaba exactamente un minuto para las cuatro. Miro a sus hombres y dijo brevemente: “Ahora, camaradas”.
El silencio, en ese ultimo minuto, fue total. Despues con un silbido que fue facilmente audible, tres bengalas ascendieron en el cielo nocturno. Estrallaron en lo alto y bañaron por breves instantes el sector con una fantastica luz roja. Luego, al unisono 140 potentes reflectores se encendieron, bañando de luz las posciciones alemanas, en la orilla opuesta de rio. Paralelamente, centenares de focos, pertenecientes a tanques y camiones se encendieron tambien.
Por un instante el frente fue semejante a un gigantesco escenario. Un escenario de 50 km de longitud inundado de luz.
El silencio fue nuevamente roto por el silbido de otras tres bengalas. Tres bengalas verdes que extrallaron en lo alto.
Despues con atronador rugido, los 20,000 cañones de todos los calibres, empezaron a disparar.
Segundos mas tarde, la masa de acero que se precipito sobre el sector aleman resistia toda comparacion. Centenares, miles, decenas de miles de proyectiles hendian el aire, aullando estremecedoramente, para concluir su parabola explotando fragosamente. Masas de tierra, casas, arboles y defensas se desintegraban practicamente, barridas por el huracan de fuego. Este estruendo sin par, destrozaba los timpanos de los combatientes. La tierra, los arboles y hasta los montes y colinas, todo vibraba, como sacudido por un terremoto.
Toneladas de acero fueron arrojadas en aquel bombardeo. Jamas una barrera artillera habia alcanzado aquel nivel. Jamas un ataque habia sido lanzado con tal furor contra enemigo alguno en el mundo. En el sector ruso, los soldados, artilleros y tanquistas gritaban salvajemente, contagiados por aquel estruendo de intensidad sin igual.
Muchos de los combatientes, sin descanso, disparaban sus armas contra las lineas alemanas. Otros lo hacian al aire, sumando el tableteo de ametralladoras al trueno incesante de los miles de cañones.
A lo largo de todo el frente de ataque, el dia parecia haberse hecho de pronto. Era la luz del sol, mas fuerte que la del sol, cien veces mas intensa que la de mil soles. Era un resplandor que enceguecia a quienes lo contemplaban. Eran 20,000 cañones disparando al unisono, a la maxima cadencia.
Un sonido escalofriante se hacia escuchar, dominando casi al estruendo de los cañones. Era el aullido de los lanzacohetes, semejante a un largo gemido. Aquellos proyectiles aterrorizaba a los germanos que los divisaban, hacian enmudecer a los mismos sovieticos, que los observaban partir dejando una gran estela blanca.
Aquel infierno duro exactamente 35 minutos. Calcular cuantas toneladas de acero fueron disparadas hacia las posiciones alemanas, seria una tarea imposible. Quizas sus propios protagonistas no lo hayan sabido nunca, ni lo sepan nunca. Aquello no era solo acero, era odio, era por Minsk, era por Kursk, era por Sebastpool, era la gloria de Stalingrado, era la furia de Leningrado, era el puño de los 130 millones de sovieticos que vivieron en carne y espiritu la osadia germana de pisar suelo rojo, donde la nieve vio la honrosa caida de sus jovenes, el valor de sus mujeres y la decision del siberiano, de que si los camisas pardas querian terreno ruso... les costaria montones de sangre... cada metro.
Aun antes de finalizar el bombardeo artillero, los efectivos rusos se pusieron en marcha. Miles de soldados avanzaron hacia el oeste, escuchando silbar sobre sus cabezas los proyectiles de todo calibre.
Centenares de ingenieros trabajaban en los puentes de pontones y alistando botes, lanchas y lanchones. Miles de hombres ansiosos por entrar en combate no esperaron los medios de transporte que los trasladarian a la orilla opuesta del rio. Asiendose a tambores, maderos, troncos de arboles y usando las culatas de sus armas como remos, se arrojaron a la corriente.
En tanto, mezclandose con el sonido de las explosiones, se escuchaban las voces de mando de los oficiales y los gritos de los soldados que avanzaban.
Bajo la luz enceguecedora de los refelectores y de los cientos de faros de tanques y camiones, el rio adquirio de pronto un aspecto fantastico; eran miles de hombres los que se dejaban arrastrar hacia el corazon de Alemania. Miles y miles de soldados que tenian una meta: Berlin.
De pronto, tan bruscamente como habia comenzado, el bombardeo ceso. Entonces se elevo un clamor ensordecedor, escalofriante. Un clamor que provenia de decenas de miles de soldados lanzados al asalto, en la mas gigantesca operacion del genero jamas instentado.
Ametralladoras, fusiles, armas cortas, pequeños morteros, todo cuanto pudiera ser disparado, era empleado por los sovieticos. Sin enemigos a la vista, los combatientes rusos sabian que los alemanes estaban alli, ante ellos; y alli disparaban todas sus armas en un infernal concierto de fuego y acero.
Por sobre sus cabezas Atronando el espacio, cientos de aviones, cazas, bombarderos y cazabombarderos, cruzaban hacia las lineas enemigas. En la retaguardia, para apoyar el avance ruso, habian sidos apostados 6,500 aviones de todos los tipos. Y ahora se lanzaban a su vez al ataque. machacando con sus bombas y ametralladoras el terreno pulverizado, triturado, desmenuzado por la artilleria un rato antes.
El asalto de los efectivos de Zhukov habia sido descargado contra las lineas enemigas, con la furia de un huracan. La efectividad del mismo, no obstante, se vio disminuida por la maniobra de Heinrici, que habia ordenado el repliegue de los efectivos germanos pocas horas antes del ataque. Como concecuencia, si bien las defenzas habian quedado practicamente arrasadas, el grueso de las tropas alemanas, estaba intacto aun. Las viejas tacticas de Heinrici y su sexto sentido, habian dado un resultado positivo, una vez mas. Sin embargo, el exito de su maniobra no alegraba al jefe aleman. Heinrici sabiaque sus efectivos no estaban en condiciones de enfrentar el aplastante avance sovietico, como mucho y a cuestas de grandes sacrificios, podria aguantar varios dias.
Los Alemanes a esa hora, contaban con menos de 700 tanques en condiciones de operar. Los mismos se encontraban divididos entre los ejercitos III y IX. Una de las divisiones mas poderosas, la 25ª Panzer, contaba con 79 tanques. La unidad mas debil, con solo 2. Los 20,000 cañones de Zukhov tenian que ser, paralelamente, enfrentados con los 744 cañones de Heinrici, a los que se sumaban 600 antiaereos. La municion de estas unidades escaceaba al extremo, los germanos solo contaban con reservas para dos dias y medio.
Todo esto lo tenia claro Heinrici, quien valientemente decidio seguir la lucha... conociendo aun que esa no era el peor de los casos. Esto debido a que, los mariscales Roskossovi y Koniev, estaban penetrando por el norte y el sur respectivamente.... Una bandera roja Ondearia en el Reichtag.
Fuente: La Segunda Guerra Mundial, Tomo VI