Stepan Neustroyev, la bandera roja en el Reichtag
Publicado: Dom Jul 02, 2006 7:20 pm

Battalion commander Captain Stepan Neustroyev left and Junior Sergeant Pyotr Shcherbina right
En 1998, en vísperas del 53 aniversario del Día de la Victoria contra los nazis, un periodista de Pravda entrevistó al legendario comandante de un batallón soviético, Stepan Neustroyev, quién participó en el izamiento de de la Bandera Roja sobre el Reichstag (parlamento nazi en Berlín).
El veterano había escrito un libro titulado "Soldado Ruso: en ruta hacia el Reichstag", que añadió una historia verdadera sobre la II Guerra Mundial.
Neustroyev, de 75 años de edad, se veía muy saludable y alerta, pero desafortunadamente este héroe soviético murió antes de publicarse la entrevista.
Stepan Neustroyev era un obrero quien soñaba ser piloto, pero terminó en la infantería. Entró a la guerra en enero 1942 durante la carnicería ocurrida cerca de Staraya Russa, y tres años después llegó hasta Berlín.
Pregunta:
Cuándo leí tu libro sobre los días de gloria de nuestro país, de nuevo comprendí que si un soldado sabe por lo que lucha, es invencible. ¿Cuál fue nuestro momento más dificultoso durante la guerra?
SN:
La operación Demyanskaya en el Frente Noroeste fue la más dura. Aunque hizo gran daño al ejército alemán, el resultado no fue exitoso. Eran momentos horribles, hasta en comparación a la operación en Berlín. Ese fue el triunfo de las habilidades estratégicas soviéticas y el coraje militar del Ejército Rojo.
Para el 25 de abril de 1945, habíamos rodeado la capital alemana. Mi batallón en la 3ra Brigada de Choque se apresuró hacia el centro de Berlín. El 30 de abril, ocupamos la casa de Himmler (jefe de la SS y segundo en mando luego de Hitler) y llegamos a la plaza donde estaba el Reichstag, símbolo del fascismo alemán.
En ese mismo momento, se les dijo a los soldados soviéticos que el Concilio de Guerra del Ejército Rojo había enviado nueve banderas rojas de Victoria… [una para cada una de las divisiones del Ejército Rojo en la operación].
Unidades élites de la SS alemana se amasaron en el centro de la ciudad. Nuestro batallón estaba directamente frente al Reichstag. El edificio fue atacado desde el flanco derecho por el batallón del mayor Davydov, y desde la izquierda por el batallón del teniente Samsonov. Sólo nos quedaban 300 metros antes de llegar al Reichstag, un área abierta donde caían disparos de todos los bandos.
Juntos con Alexey Berest, responsable por el entrenamiento político del batallón, iniciamos una serie de ataques, pero cada vez tuvimos que dar retirada. Otros dos batallones atacaron sin éxito. Pero aún así pusimos en práctica la orden de tomar el Reichstag.
En el cuarto intento, como a las 6 PM del 30 de abril, nuestro batallón embistió el edificio y comenzó combate mano a mano contra los soldados de la SS. El combate duró horas.
Para la medianoche, la batalla terminaba. Las tropas de Hitler se habían retirado a salas subterráneas. Atacamos varias veces, dando retiradas. Luego de un corto descanso organizamos una defensa total. De repente, dos camaradas del regimiento de reconocimiento (el sargento Yegorov y el sub-sargento Kantaria) aparecieron con una bandera de Victoria.
¿Los conocía?
Sí, el Coronel del Regimiento, Zinchenko, me presentó estos dos camaradas, diciendo que tenían el honor de izar la bandera soviética sobre el Reichstag. Entonces, el coronel les dio la orden y los sargentos saludaron y desaparecieron en la oscuridad. Dentro del edificio no se veía nada, y no tenían linternas. Minutos después retornaron. Ordené al camarada Berest a tomar una escuadra de metralletas para escoltar los sargentos. El agonizante suspenso duró por unos pocos minutos, pero parecía ser horas. De repente, escuchamos el estallido de una granada y disparos de metralletas. Todo el batallón se alistó para atacar en la parte arriba, pero entonces las cosas se calmaron. En media hora, Yegorov y Kantaria retornaron sonrientes, junto con toda la escuadra de metralleta, todos a salvo. El camarada Berest dijo que usaron sus cinturones para atar la bandera a una estatua de caballos de bronce en el tope del edificio, para que la bandera soviética pudiese ondear por mucho tiempo.
Al amanecer, la cocina de campo nos trajo el desayuno. Sin embargo, no lo tocamos. La bandera soviética que ondeaba encima del Reichstag enfureció al enemigo, que contraataco para expulsar nuestro batallón del edificio. Pensamos que todos íbamos a morir, pero los batallones de Samsonov y Davidov vinieron al rescate, ya que, afortunadamente habían permanecido en las afueras del Reichstag.
Los alemanes se habían atrincherado en el edificio, que se había convertido en una trampa para ellos ya que bloqueamos todas las salidas. El enemigo peleaba violentamente, pero el 2 de mayo pidieron negociar en el semisótano donde estaban acorralados. Vi a soldados de la SS con sus caras llenas tanto de odio como de debilidad. Algunos de ellos tenían sus armas listas para disparar, pero prevaleció nuestra compostura. A las 7 AM, los alemanes sacaron una bandera blanca, y, siguiendo nuestras instrucciones salieron del edificio uno a uno.
El batallón permaneció en el Reichstag hasta el 10 de mayo. Antes de la celebración nos reunimos con el mariscal Georgy Zhukov del ejército soviético, y entonces celebramos el Día de la Victoria. Luego participamos en el Desfile de la Victoria en Moscú. Retorné a mi hogar en los Urales en víspera del año nuevo de 1946.
Fui invitado a trabajar en el Departamento de Asuntos Internos, comandando una estratégica infraestructura industrial nuclear. Me jubilé en el 1962 y me mudé con mi familia a Kuban en Ucrania. Mi vida fue a veces muy dura luego de Perestroika (que culminó con el colapso de la Unión Soviética y el retorno del capitalismo de libre mercado). Los veteranos de la guerra fuimos tratados muy mal, y a veces no tenía dinero para comprar pan. Pero a pesar de eso, los grandes sacrificios hechos por el pueblo soviético para lograr la victoria no fueron en vano.
El veterano había escrito un libro titulado "Soldado Ruso: en ruta hacia el Reichstag", que añadió una historia verdadera sobre la II Guerra Mundial.
Neustroyev, de 75 años de edad, se veía muy saludable y alerta, pero desafortunadamente este héroe soviético murió antes de publicarse la entrevista.
Stepan Neustroyev era un obrero quien soñaba ser piloto, pero terminó en la infantería. Entró a la guerra en enero 1942 durante la carnicería ocurrida cerca de Staraya Russa, y tres años después llegó hasta Berlín.
Pregunta:
Cuándo leí tu libro sobre los días de gloria de nuestro país, de nuevo comprendí que si un soldado sabe por lo que lucha, es invencible. ¿Cuál fue nuestro momento más dificultoso durante la guerra?
SN:
La operación Demyanskaya en el Frente Noroeste fue la más dura. Aunque hizo gran daño al ejército alemán, el resultado no fue exitoso. Eran momentos horribles, hasta en comparación a la operación en Berlín. Ese fue el triunfo de las habilidades estratégicas soviéticas y el coraje militar del Ejército Rojo.
Para el 25 de abril de 1945, habíamos rodeado la capital alemana. Mi batallón en la 3ra Brigada de Choque se apresuró hacia el centro de Berlín. El 30 de abril, ocupamos la casa de Himmler (jefe de la SS y segundo en mando luego de Hitler) y llegamos a la plaza donde estaba el Reichstag, símbolo del fascismo alemán.
En ese mismo momento, se les dijo a los soldados soviéticos que el Concilio de Guerra del Ejército Rojo había enviado nueve banderas rojas de Victoria… [una para cada una de las divisiones del Ejército Rojo en la operación].
Unidades élites de la SS alemana se amasaron en el centro de la ciudad. Nuestro batallón estaba directamente frente al Reichstag. El edificio fue atacado desde el flanco derecho por el batallón del mayor Davydov, y desde la izquierda por el batallón del teniente Samsonov. Sólo nos quedaban 300 metros antes de llegar al Reichstag, un área abierta donde caían disparos de todos los bandos.
Juntos con Alexey Berest, responsable por el entrenamiento político del batallón, iniciamos una serie de ataques, pero cada vez tuvimos que dar retirada. Otros dos batallones atacaron sin éxito. Pero aún así pusimos en práctica la orden de tomar el Reichstag.
En el cuarto intento, como a las 6 PM del 30 de abril, nuestro batallón embistió el edificio y comenzó combate mano a mano contra los soldados de la SS. El combate duró horas.
Para la medianoche, la batalla terminaba. Las tropas de Hitler se habían retirado a salas subterráneas. Atacamos varias veces, dando retiradas. Luego de un corto descanso organizamos una defensa total. De repente, dos camaradas del regimiento de reconocimiento (el sargento Yegorov y el sub-sargento Kantaria) aparecieron con una bandera de Victoria.
¿Los conocía?
Sí, el Coronel del Regimiento, Zinchenko, me presentó estos dos camaradas, diciendo que tenían el honor de izar la bandera soviética sobre el Reichstag. Entonces, el coronel les dio la orden y los sargentos saludaron y desaparecieron en la oscuridad. Dentro del edificio no se veía nada, y no tenían linternas. Minutos después retornaron. Ordené al camarada Berest a tomar una escuadra de metralletas para escoltar los sargentos. El agonizante suspenso duró por unos pocos minutos, pero parecía ser horas. De repente, escuchamos el estallido de una granada y disparos de metralletas. Todo el batallón se alistó para atacar en la parte arriba, pero entonces las cosas se calmaron. En media hora, Yegorov y Kantaria retornaron sonrientes, junto con toda la escuadra de metralleta, todos a salvo. El camarada Berest dijo que usaron sus cinturones para atar la bandera a una estatua de caballos de bronce en el tope del edificio, para que la bandera soviética pudiese ondear por mucho tiempo.
Al amanecer, la cocina de campo nos trajo el desayuno. Sin embargo, no lo tocamos. La bandera soviética que ondeaba encima del Reichstag enfureció al enemigo, que contraataco para expulsar nuestro batallón del edificio. Pensamos que todos íbamos a morir, pero los batallones de Samsonov y Davidov vinieron al rescate, ya que, afortunadamente habían permanecido en las afueras del Reichstag.
Los alemanes se habían atrincherado en el edificio, que se había convertido en una trampa para ellos ya que bloqueamos todas las salidas. El enemigo peleaba violentamente, pero el 2 de mayo pidieron negociar en el semisótano donde estaban acorralados. Vi a soldados de la SS con sus caras llenas tanto de odio como de debilidad. Algunos de ellos tenían sus armas listas para disparar, pero prevaleció nuestra compostura. A las 7 AM, los alemanes sacaron una bandera blanca, y, siguiendo nuestras instrucciones salieron del edificio uno a uno.
El batallón permaneció en el Reichstag hasta el 10 de mayo. Antes de la celebración nos reunimos con el mariscal Georgy Zhukov del ejército soviético, y entonces celebramos el Día de la Victoria. Luego participamos en el Desfile de la Victoria en Moscú. Retorné a mi hogar en los Urales en víspera del año nuevo de 1946.
Fui invitado a trabajar en el Departamento de Asuntos Internos, comandando una estratégica infraestructura industrial nuclear. Me jubilé en el 1962 y me mudé con mi familia a Kuban en Ucrania. Mi vida fue a veces muy dura luego de Perestroika (que culminó con el colapso de la Unión Soviética y el retorno del capitalismo de libre mercado). Los veteranos de la guerra fuimos tratados muy mal, y a veces no tenía dinero para comprar pan. Pero a pesar de eso, los grandes sacrificios hechos por el pueblo soviético para lograr la victoria no fueron en vano.