Hitler terminó por alegrarse de que ese " atentado milagroso" entre otras cosas le hubiera liberado de su "dolencia nerviosa" , el temblor constante de sus extremidades izquierdas. Pero ésta mejoría no duró mucho. Todo lo contrario. Pocos días después volvían a temblar su mano y la pierna izquierda, y no sólo eso: También el resto de la mitad izquierda de su cuerpo. Su caminar se tornó más dificultoso y recordaban a los de las películas a cámara lenta. A ello se añadió un constante sabor a sangre, intensos dolores de oídos e insomnio. Sus ojos temblaban desde primera hora de la mañana. Con toda claridad se apreciaban en él atrofias en el sistema del equilibrio. Así , por ejemplo, durante cortos paseos era incapaz de continuar andando en linea recta y tendía a irse a un lado. Desde agosto le atormentaban intensos dolores de cabeza , sobre todo en la frente. Sin embargo, mientras pareció que, en cinco semanas, había superado el choque interno que le produjo la explosión del 20 de julio, no fue así en lo físico, aspecto en el que el declive era evidente. En septiembre, Hitler, contrajo ictericia. Su piel se coloreó, Los párpados se volvieron amarillos y el orín marrón oscuro.
Hitler se quejaba de dolores en la vesícula. Padecía dolores de cabeza, de muelas, insuficiencia cardiaca e ictericia. Todo ello le debilitó considerablemente, más que nunca. Renunció a abandonar el bunker, temiendo nuevos atentados por todas partes.
El 17 de septiembre los Aliados ponían el pie en Arnheim y Nimega. Eso le produjo a Hitler un síncope cardiaco. El electocardiograma confirmó que había sufrido un infarto de miocardio. El doctor Theo Morell se apresuró a consultar con una media docena de colegas.
- El dr. Karl Weber, director del instituto de Bad Nauheim de investigaciones coronarias.
- El profesor dr. Hugo Blaschke, dentista y Brigadeführer de las Waffen SS.
-- El profesor Werner von Ticken, especialista en enfermedades de la garganta de la clínica berlinesa del Westend.
- El médico militar doctor Erwin Giesing, otorrinolaringólogo y antiguo asistente de von Eicken
También trataron a Hitler su médico de cabecera , el cirujano Karl Brandt, y su ayudante, doctor Hans Karl von Hasselbach.
Hitler se volvió lánguido y sólo hablaba quedamente, pero conservaba su mirada penetrante. Así y todo estaba en el límite de sus fuerzas. Permanecía echado entre las cuatro paredes desnudas de su bunker sobre la cama de campaña. Su secretaria, que lo visitaba continuamente en su lecho de enfermo, tenía la impresión de que Hitler había perdido la voluntad de vivir. A ella le confió el propio dictador:
" Si no tuviese a mi lado a mi fiel Morell estaría perdido y estos idiotas de médicos quieren apartarlo..."
Con ocasión de una disputa entre los doctores Giesing y Brandt, por un lado, y Morell y su prominente enfermo, por otro, se produjo el colapso de corazón que sufrió Hitler el 1 de octubre de 1944. El doctor Giesing relata lo ocurrido:
" Hitler siguió con gran interés mi examen neurológico y me dijo: ...aparte de esta hipersensibilidad pasajera tengo un sistema nervioso completamente sano y espero que todo se normalice en poco tiempo. También han remitido ya las molestias gástricas. Morell me ha aplicado ayer y anteayer irrigaciones de manzanilla y mis deposiciones han sido abundantes... En los tres últimos días apenas he podido probar bocado, así que tengo el estómago prácticamente vacío y me he debilitado notablemente
" Linge y yo hemos tenido ayudarle a Hitler a colocarse su camisón...
Luego nos ha dicho:
"... Y ahora no debemos olvidar el tratamiento por pura ligereza. Por ello examinen una vez más mi nariz y pónganme los cachivaches de la cocaína. Mi garganta está algo mejor, pero yo me encuentro cada vez más ronco"
Acto seguido me dispuse a aplicarle en el orificio izquierdo de la nariz una solución de cocaína al 10 por ciento. Luego examiné una vez más sus óidos y garganta. Después de un rato de silencio me dijo Hitler:
"...Ahora siento aligerada la cabeza y me encuentro tan bien que hasta podría levantarme inmediatamente. Sólo que estoy muy débil como consecuencia de las intensas molestias intestinales y del poco alimento ingerido en los últimos días"
Después de un rato noté que Hitler cerraba los ojos, y el color de su cara, antes bastante rojo, se volvía completamente pálido. El pulso se hizo agitado y poco intenso. Las pulsaciones rondaban las 90 , pero su fuerza me pareció sumamente reducida. Pregunté a Hitler que tal se sentía, pero no recibí respuesta alguna. Evidentemente sufría un ligero colapso que le impedía hablar. Linge se hallaba en la puerta de la pequeña salita del Führer, tras haber llamado con cierta fuerza. Debieron de ser pocos minutos los que yo me encontré sólo con Hitler, porque cuando regresó Linge todavía estaba yo ocupado en aplicar la cocaína a su nariz. Una vez en la habitación , Linge se colocó a los pies de la cama y me preguntó cuanto tiempo iba a seguir con el tratamiento. Yo contesté, asustado por mis pensamientos: "En seguida termino"
En ese momento la cara de Hitler había empalidecido aún más y sus piernas se habían vuelto rígidas. Al verlo dijo Linge : " Se repiten las convulsiones intestinales. Déjele reposar. Parece que quiere dormir"
Recogimos con todo cuidado nuestros instrumentos y abandonamos a toda prisa la alcoba de Hitler.
Fuente " Las enfermedades de Hitler" Werner Maser. Tomo 4 de El Tercer Reich 1974 Noguer S.A. páginas 130 a 136 resumidas.
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