En cinco grandes columnas los de la Segunda División Blindada de los Estados Unidos se precipitaba hacia el Elba y Berlín. Pasaban por delante de cuarteles generales alemanes alumbrados, sin aminorar el paso. Atravesaban rápidamente ciudades donde los ancianos de la guardia local se quedaban estupefactos en las calles, fusil en mano, demasiado aturdidos para ofrecer resistencia. A toda velocidad pasaban unidades motorizadas alemanas que iban en la misma dirección. Cambiaban fuego, pero nadie se detenía. Los soldados de infantería norteamericana apostados sobre los tanques tiraban a los motociclistas alemanes. Donde las tropas enemigas intentaron hacer resistencia desde posiciones atrincheradas, algunos jefes norteamericanos resolvieron usar los tanques como se empleaba antiguamente la caballería. El mayor James Hollingsworth, al hallarse en tal situación, mandó alinear 34 tanques y dio la voz de mando, rar vez oída en la guerra moderna, de "¡A lña carga!" Disparando sus cañones, los tanques de Hollingsworth cargaron velozmente contra las posiciones enemigas y los alemanes se dispersaron a toda carrera.

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En la tarde del miércoles 11 de Abril un grupo pequeño de vehículos blindados había llegado a las afueras de Magdeburgo, en la orilla occidental del Elba. Los automóviles de reconocimiento del teniente coronel Wheeler Merrian, viajando a velocidades hasta de 90 kilómetros por hora, habían penetrado en la zona suburbana. Allí fueron detenidos, no por las defensas alemanas, sino por el tránsito de vehículos civiles y por los ciudadanos que iban de compras.
El pelotón tuvo que abrir fuego de ametralladoras para hacer despejar las calles. El resultado fué caótico. Muchas mujeres se desmayaron. La gente se agrupaba temerosa; muchos se tendieron cuan largos eran en el pavimento. Los soldados alemanes corrían a la desbandada disparando sin ton ni son. Los autos de reconocimiento de Meriam lograron salir de aquel lío y llegar a su objetivo: el aeropuerto. Al llegar a los alrededores del campo, los aviones seguían aterrizando y despegando. Las armas de fuego norteamericanas comenzaron a disparar contra todo lo que veían, inclusive una escuadrilla de aviones de caza que estaba lista para despegar. Entonces las defensas reaccionaron y, con nutrido fuego, sometieron al pelotón de exploradores. Los vehículos pudieron salir de allí, con la pérdida de un solo carro blindado, pero su aparición había puesto en alerta a los defensores de Magdeburgo. Después de eso, a medida que iban llegando al Elba una unidad norteamericana tras otra, a ambos lados de la ciudad, encontraban resistencia cada vez más tenaz.
Al regresar, los exploradores de Merriam llevaban consigo una valiosísima información; el puente de la autopista en el norte de la ciudad todavía estaba en pie. Este se convirtió inmediatamente en el objetivo primordial de la División, pues permitiría a la Segunda llegar a Berlín. Mas,a juzgar por el fuego de artillería que recibió a los norteamericanos, la toma del puente no sería cosa fácil. Los defensores de Magdeburgo estaban decididos a combatir.
El puente de Schonebeck, 11 kilómetros al sur, era el objetivo del 67 Regimiento Blindado, al mando del mayor Hollingsworth. El miércoles por la tarde sus tanques habían cruzado una tras otra varias poblaciones. Poco antes de caer el sol habían franqueado el terreno alto que dominaba las ciudades de Schonebeck y Bad Salzelmen. Más allá, resplandeciente en la luz crepuscular, se veía el Elba, que en ese punto tenía más de 150 metros de anchura. Reconociendo el territorio con sus binóculos, el mayor Hollingsworth vio que aún estaba en pie el puente de la carretera y que los vehículos blindados alemanes estaban huyendo al este por esa vía. ¿Cómo tomarlo antes de que lo volaran, con tanta fuerza enemiga como había por esos contornos?.
Mientras miraba, comenzó a esbozar un proyecto. Llamó a dos jefes de compañía y Hollingsworth les expuso su plan; "El enemigo se mueve por un camino que va de sur a norte y pasa por Bad salzelmen; viran al oriente en donde el camino se bifurca, entran en Schonebeck y atraviesan el puente. Nuestra única esperanza es atacar en Bad Salzelmen, tomar la bifurcación de caminos e impedir el paso a los alemanes que vienen del sur. Me uniré a la retaguardia de una columna que vaya hacia el oriente y los guiaré hasta el otro extremo del puente ¡Tenemos que tomarlo a toda costa!.
Pocos minutos mas tarde, los tanques de Hollingsworth estaban en camino. Con las escotillas cerradas herméticamente, arremetieron contra Bad Salzelmen; antes que los alemanes comprendieran lo que estaba sucediendo, los vehículos norteamerivanos les habían cerrado el paso del sur y se enfrentaban a una fila de Panzer. los tanques alemanes que iban a la cabeza de la columna ya habían ejecutado el viaje, y se dirigían hacia el puente. Al parecer habían oído el fuego a su retaguardia y apuraban el paso. En ese momento los tanques de Hollingsworth llenaron la brecha y siguieron a la misma velocidad.
Mas en ese momento los descubrieron, y abrieron fuego de artillería sobre los norteamericanos. Al entrar los tanques sherman de Hollingsworth en schonebeck, un tanque Mark V alemán, haciendo girar su torreta, apuntó al primero de la línea. El sargento mayor Cooley, artillero de Holliingsworth, abrió fuego, haciendo estallar al Mark V. Cayendo de lado, el Panzer se estrelló contra una muralla y comenzó a arder intensamente. Escasamente había espacio para el tanque de Hollingsworth, pero logró pasar, seguido por el resto de la columna. los tanques norteamericanos atravesaron la población, disparando contra la retaguardia de los vehículos alemanes en retirada y rozando casi dos tanques que ardían. Al llegar al centro, recuerda Hollingsworth, "todos disparaban contra todos. Aquello era un infierno. Por las ventanas se asomaban alemanes disparándonos con sus Panzerfausts, y otros colgaban de allí, muertos".
El tanque de Hollingsworth no había recibido ningún impacto y ya estaba a tres o cuatro calles del puente. Pero el último trecho fué el peor. El fuego enemigo les llegaba de todas direcciones. Los edificios estaban en llamas y, aunque eran las 11 de la noche, el campo de batalla estaba tan iluminado que parecía de día.
El acceso al puente quedaba ya cerca. Los tanques avanzaban rápidamente. La entrada, cuya vista había estado oculta cuando Hollingsworth la reconoció desde las alturas, era un laberinto de murallas de piedra que sobresalían a intervalos irregulares en ambos lados del camino; los vehículos tenían que aminorar la velocidad y ejecutar maniobras bruscas a izquierda y a derecha, antes de llegar al tramo central. Saltando del tanque, Hollingsworth exploró para ver si le sería posible dirigir simuláneamente la columna y el fuego de su artillero por medio de un teléfono conectado al tanque. En ese instante estalló una granada antitanque 15 metros adelante de Hollingsworth, quien se halló súbitamente con la cara cubierta de sangre.
Con una pistola calibre 45 en una mano y el teléfono del tanque en la otra, continuó obstinadamente hacia el puente. Una bala se le alojó en la rodilla izquierda, pero aún seguía adelante. Al fin, tambaleánte y medio ciego por su propia sangre, Hollingsworth tuvo que detenerse en medio de una granizada de balas alemans. Ordenó la retirada. había llegado a 12 metros del puente.
Al llegar su superior, el coronel Disney, encontro al mayor "imposibilitado para andar y sangrando profusamente", y le ordenó que pasara a la retaguardia. Por cuestión de pocos minutos Hollingsworth no alcanzó a llegar al puente. Calculó que, de haber logrado su objetivo, su unidad de taqnues hubiese podido llegar a Berlín en el término de once horas.
Al amanecer del 12 de Abril la infantería y los ingenieros intentaron nuevamente tomar el puente de Shonebeck, pero mientras atacaban, los alemanes lo volaron ante sus narices.
La ansiedad comenzó a cundir entre toda la oficialidad del Noveno Ejército. Hasta la tarde del 12 de Abril hubo motivos de optimismo. La quinta División Blindada había recorrido la fenomenal distancia de 320 kilómetros en 13 días; la Segunda hizo otro tanto en un solo día más. Pero aún no se tomaba ningún puente ni se establecían posiciones en la orilla oriental del Elba. se tomó entonces una determinación en el cuartel general de la Segunda División Blindada: había que forzar el apso del Río. las tropas efectuarían un ataque anfibio sobre la ribera oriental para asegurar una cabeza de puente. Entonces se tendería allí un puente de pontones.
A las 8 de la noche del 12 de Abril se trasladaron calladamente dos batallones de infantería en camiones anfibios hasta la orilla opuesta. No hubo oposición durante el cruce. a medianoche estaban las tropas al otro lado y al amanecer se les había agregado un tercer batallón. Las tropas se desplegaron rápidamente por la orilla oriental, cavando posiciones defensivas en un semicírculo estrecho en torno al sitio elegido para el puente. El general White, alborozado, hizo una llamada telefónica al general Simpson, jefe del Noveno Ejército: "Estamos al otro lado".
Este mismo día, más o menos a la hora que los primeros tanques de la Quinta División Blindada rodaban por las calles de Tangermunde, el presidente Franklin Delano Roosevelt moría en Warm Springs. Sobre su mesa de trabajo estaba un ejemplar del diario Constitution, de Atlanta, cuyo titular proclamaba: "El Noveno a 92 kilómetros de Berlín".
Transcurrieron más de 24 horas antes de que la noticia de la muerte del Presidente se filtrara hasta las tropas del frente. El mayor Alcee Peters, de la 84 División, supo la nueva por un alemán que se le acercó a ofrecerle sus condolencias "por el terrible golpe". Peters quedó abrumado e incrédulo, pero antes de poder confirmar lo que había oído, su columna se puso en marcha nuevamente, y tuvo la mente ocupada en otras cosas. El capellán Ben Rose escribías a Ana, su esposa; "Todos sentimos pena, pero la mayoría hemos visto morir a tantos, que saber que ni aun Roosevelt es indispensable. me sorprendió mucho la calma con que recibimos la noticia".
Josef Goebbels, por su parte, casi no podía contenerse. Al momento de enterarse, se comunicó por teléfono con Hitler en el Fuhrerbunker. "Mi Fuhrer, lo felicito. Roosevelt ha muerto", dijo con gran exaltación. "Está escrito en las estrellas: nuestro cambio de fortuna vendrá en la última quincena de Abril. Hoy es viernes, 13 de Abril: ¡ya llegó nuestro cambio de fortuna!. Extasiado, Goebbels dio órdenes para que sirviera champaña a todos los empleados del Ministerio de Propaganda.
Continúa...
Próximo capítulo; El "Puente Truman"
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