Mensaje
por José Luis » Vie Dic 16, 2005 7:26 pm
Aquí estamos nuevamente, Beltzo.
Antes de seguir con el tema de tu planteamiento original, quiero llamar tu atención sobre el hecho de las importaciones de mineral sueco por Alemania. Las cifras que tú has referenciado -1.800.000 toneladas por año- se refieren a las importaciones alemanas vía Narvik, no a las importaciones alemanas totales de hierro de Suecia.
Pero como ya te dije anteriormente, la principal razón alemana para la invasión de Escandinavia no fue la amenaza aliada al bloqueo de las importaciones suecas vía Narvik, pues, según Raeder, la pérdida de entre 2-3 millones de toneladas-año de hierro vía Narvik no afectaría irreversiblemente al esfuerzo de guerra alemán en esa materia. Mientras que se mantuviera intacta la otra vía de importación del mineral sueco y con los stocks de ese mineral que tenía Alemania, la pérdida de Narvik, en este sentido, no era un golpe mortal.
Raeder –que a diferencia de Hitler, sí había concebido previamente una estrategia militar de alcance para una posible guerra con Gran Bretaña- quería, antes que todo, evitar que Gran Bretaña se hiciera con el control de Noruega. En principio temía más lo que los británicos le podían hacer a él con la posesión de Noruega, que lo que él podía hacer a los británicos en caso contrario. Las razones ya las he expuesto y no creo necesario repetirlas.
Como todo tu planteamiento surgió, en un principio, tras la lectura de una frase de T. K. Derry en su estudio “The Campaign in Norway”, veamos más en profundidad lo que escribe Derry al considerar en retrospectiva el resultado de la campaña noruega:
[Las ganancias estratégicas alemanas que resultaron de la ocupación de Noruega no forman parte integral de la historia de esta campaña; aquí sólo se necesitan observar tres puntos especiales. Primero y más importante, estaba la adquisición de bases navales y aéreas flanqueando las islas británicas. Esto añadido al aparente peligro de invasión y, mucho tiempo después de que el peligro se hubiera reducido, complicaba los problemas de la defensa interior y, lo más grave de todo, debilitaba nuestro control de las aproximaciones septentrionales al Atlántico. En lo sucesivo, la ruta a través y a lo largo de cabecera noruega fue cuidadosamente protegida por la fuerza aérea alemana con la ayuda del desarrollo de fortificaciones costeras y otras defensas navales. Al mismo tiempo, las oportunidades enemigas de atacar nuestro comercio mediante una salida con navíos pesados en mar abierto se aumentaron considerablemente; en particular, los fiordos de Noruega del Norte proporcionaban las bases para ataques mortales de la aviación, submarinos y navíos de superficie contra nuestros convoyes a Murmansk en 1942…..
En comparación, la explotación de la economía noruega demostró ser de importancia secundaria. La marina mercante, que era la principal fuente de riqueza, nunca había estado al alcance de Hitler; el gobierno noruego la requisó por decretos del 22 de abril y 18 de mayo, dando plenos poderes a la “Misión de Navegación” (Shipping Mission) en Londres… El tiempo que se tardó en reabrir la duramente competida ruta de mineral de hierro demostró, en cambio, estar más cerca de los seis que de los doce meses que nosotros habíamos calculado. El primer embarque fue en enero de 1941 y, de acuerdo con los informes de la compañía de hierro sueco, un total de 600.000 toneladas de mineral salió de Narvik para Alemania ese año, alcanzando un ritmo de 1.800.000 toneladas per annum en los primeros meses de 1943, después de lo cual las exportaciones cayeron de nuevo hasta el final de la guerra. Noruega proporcionó a Alemania mineral de hierro de origen autóctono, metales escasos como el molibdeno y titanio, aleaciones ferrosas, aluminio (de materiales importados), y su madera, pulpa, y pescado, el último de éstos era deseado para la glicerina y vitamina A, así como por su valor general de comida. Agua pesada era otro producto noruego de posible importancia crucial. Pero es difícil decir cuánto de todo esto podía haber sido acumulado para los alemanes si la neutralidad noruega nunca hubiera sido atacada, y es cierto que las ganancias tuvieron un menor alcance por la necesidad de proporcionar a Noruega un mínimo de alimentos de los stocks controlados por alemanes en cualquier otra parte.
[Derry habla a continuación sobre el tercer punto: el prestigio político para Alemania, que lo podemos pasar por alto]
En la situación generalmente desfavorable en la que nos encontramos al cierre de la campaña noruega, se puso algún énfasis sobre las supuestas grandes pérdidas alemanas. La Cámara de los Comunes, por ejemplo, estaba frecuentemente recordando que “si nosotros tuvimos pérdidas, los alemanes tuvieron pérdidas mucho mayores en navíos de guerra, aviones, transporte y hombres”. Tomando en primer lugar las pérdidas en hombres, las bajas sufridas por nuestras propias fuerzas terrestres fueron pequeñas, 1.869 británicos y unos 530 franceses y polacos, oficiales y hombres en los dos meses de combates en Noruega Central y Septentrional. Los noruegos no computaron separadamente las pérdidas que sufrieron en las operaciones conjuntas con nosotros, pero, sin contar prisioneros, sus bajas en toda la campaña cifraron 1.335. La lista de bajas oficial del Estado Mayor General alemán, por otra parte, da una cifra de 5.296, incluyendo las pérdidas soportadas en el viaje a Noruega. Complementando las bajas de las fuerzas aérea y naval, las segundas al menos siendo mayores en nuestro propio bando, debemos concluir que las pérdidas totales del enemigo en términos de vidas humanas no fueron significativamente mayores que las que ellos infligieron, y fueron ciertamente pequeñas en relación a los resultados que los alemanes obtuvieron; incluso la campaña de los Balcanes, sin involucrar un cruce naval, le costó más.
En lo concerniente al material, las pérdidas en equipo militar de nuestra parte fueron necesariamente mucho más grandes –en la ausencia, es decir, de batallas mayores- porque nuestras fuerzas fueron evacuadas tres veces, y cada vez bajo la amenaza de un ataque aéreo. Más aún, casi todo nuestro equipo para Noruega fue sacado de los stocks que de otra manera podría haber sido utilizado por nuestras fuerzas en Francia y Oriente Medio, donde se necesitaban con urgencia, o para la defensa interna. Los alemanes, que perdieron mucho menos, podían en esta etapa de la guerra reponerlo más fácilmente. Mutatis mutandis, lo mismo se aplica a las pérdidas de las respectivas fuerzas aéreas, aunque nuestro obstáculo especial en este caso no eran las evacuaciones sino la necesidad de mejorar los aeródromos. Uno de los dos escuadrones de la RAF que operaron en Noruega perdió todos sus aviones y equipo en la aventura de Lesjaskog; tres Hurricanes fueron destruidos en el aeródromo de Skaanland, que nunca se utilizó; y las operaciones en Bardufoss, en la cual los Hurricanes y el escuadrón Gladiator re-equipado perdieron cada uno ocho aviones durante una quincena de operaciones, también fueron seriamente afectados por la carencia de servicios de aeródromos. Los británicos también sufrieron algunas pérdidas en los ataques desde bases inglesas a los aeródromos defendidos por los alemanes en Noruega del Sur. Las pérdidas de la Luftwaffe subieron a 242, de las cuales un tercio eran aviones de transporte: esto, aunque es un total demasiado grande, representa una pequeña proporción del número comprometido en Noruega.
Es sólo en relación a las fuerzas navales en donde se puede decir que Alemania incurrió en pérdidas desproporcionadas. La Marina británica tuvo su mayor pérdida en el hundimiento del Glorious. El crucero Effingham naufragó, y el crucero antiaéreo Curlew hundido por bombardeo; fueron dañados otros tres cruceros. Hubo una reducción en potencia de destructores por siete hundimientos y ocho casos de daños que malamente nos podíamos permitir. También perdimos un balandro, cuatro submarinos y muchas naves más pequeñas. Los franceses y polacos perdieron un destructor y un submarino cada uno, y el crucero francés Emile Bertin fue alcanzado fuera de Namsos. Pero las pérdidas alemanas fueron mucho más significativas. La Operación Juno acabó con el torpedeamiento del Gneisenau y el Scharnhorst, y la pérdida en cruceros y destructores fue tal que al final de junio las fuerzas navales alemanas en esas categorías quedaron reducidas a un total de un crucero de 8 pulgadas, dos cruceros ligeros, y cuatro destructores. También hubo una pérdida de navegación mercante que Hitler observó como un problema adicional para la Operación León Marino] (pp. 229-231).
Bien, ambos estamos de acuerdo en el hecho incuestionable de que Hitler había adoptado una estrategia de guerra corta o Blitzkrieg. Lo que ya no tengo claro es si coincidimos en el verdadero significado de lo que había que entender por guerra corta. Desde luego, ese pensamiento estaba muy lejos de acercarse a lo que sucedió en la realidad, esto es, una campaña militar de menos de un mes de duración. Ni los más optimistas, con Hitler a la cabeza, esperaban un éxito parecido. Si Hitler realmente pensó en acabar la guerra contra los aliados en una Blitzkrieg, es probable suponer que el tiempo con que jugó no bajaba de los tres meses de operaciones militares.
Ahora bien, una cosa es planificar una guerra corta y otra que su ejecución responda a esas expectativas. El mejor ejemplo lo tenemos con lo que sucedió en la Operación Barbarroja.
Y es por eso que ya dije, y mantengo, que la invasión de Noruega por parte de Alemania era un requisito ineludible -tal como se desarrollaron los acontecimientos en marzo y abril de 1940: la guerra soviético-finalndesa y el incidente del Altmark- ajeno al tipo de estrategia (guerra corta o prolongada) que hubiera adoptado Hitler. Si la proyectada campaña contra Francia resultaba exitosa, entonces con más razón Hitler desecharía como un mal menor necesario los costes de la campaña noruega previa, pues, para él, una campaña militar exitosa significaba el fin de la guerra (ese era su gran error). Si, por el contrario, la campaña contra Francia fallaba, entonces la ocupación de Noruega estaba más que justificada.
Saludos cordiales
José Luis
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)