Nietzsche, ¿padrino del fascismo?
Publicado: Vie Oct 06, 2006 7:01 pm
He encontrado un curioso texto, que es el resumen de un libro titulado “Nietzsche, ¿padrino del fascismo?”, obra de los profesores Golomb y Wistrich (universidad de Princeton). Leerlo me ha ayudado a clarificar algunas cosas más sobre el fascismo y sobre el mismo Nietzsche, autor de nombre tan conocido y de contenido tan difícil para los menos dotados.
http://www.wordtrade.com/philosophy/ger ... tzsche.htm
¿Qué puede tener Nietzsche en común con la ideología asesina del fascismo? Frecuentemente descrito como el “radical aristócrata” del espíritu, Nietzsche abominaba de la cultura de masas y alentaba la aparición de un Superhombre dotado con cualidades mentales excepcionales. ¿Qué puede tener que ver un pensador así con la manipulación fascista de las masas con fines chauvinistas que aplastaba la autonomía del individuo?
La cuestión a resolver es averiguar cómo Nietzsche pudo adquirir el dudoso honor de ser considerado el filósofo del Tercer Reich y si tal pretensión tuvo alguna justificación. ¿Tiene algún sentido considerarle de alguna manera responsable de los horrores de Auschwitz
Hay mucho de perturbadoramente antiigualitario y antidemocrático en Nietzsch, y sus escritos sobre los judíos están abiertos a interpretaciones divergentes. Sin embargo, su énfasis en el individualismo y disgusto con respecto al nacionalismo alemán y el antisemitismo lo oponen a la ideología Nazi.
Nietzsche parece más bien un trágico profeta del vacío espiritual que produjo los movimientos totalitarios del siglo veinte, el pensador que mejor diagnosticó las patologías de la cultura de finales del siglo XIX, atreviéndose a mirar en el abismo del nihilismo moderno.
En 1934, Hitler hizo una muy publicitada visita a los archivos de Nietzsche en Weimar. Había ido por la insistente petición de su directora, Elisabeth Förster-Nietzsche, la hermana del filósofo fallecido treinta años atrás. Hitler fue acompañado de su fotógrafo, Hoffmann, y el principal propósito de la visita, parece, fue que se le hiciera al Führer una fotografía contemplando el busto de Nietzsche. En la prensa apareció la foto, con el siguiente pie: “El Führer ante el busto del filósofo alemán cuyas ideas han fertilizado en dos grandes movimientos populares: el nacional socialismo de Alemania y el movimiento fascista de Italia”.
Aunque Mussolini estaba ciertamente familiarizado con los escritos de Nietzsche y era un admirador del filósofo, la propia conexión de Hitler con Nietzsche parece incierta. Como soldado de la Primera Guerra Mundial llevaba las obras de Schopenhauer en su mochila, y no las de Nietzsche, y tampoco se menciona a éste en el Mein Kampf.
¿cómo Nietzsche adquirió el “honor” de ser considerado el filósofo del tercer reich?, ¿tiene esto alguna justificación?
Las ambigüedades y contradicciones en su obra, tanto como su estilo elusivo y aforistico pueden dar lugar a gran número de significados e interpretaciones.
Nietzsche era claramente un elitista que creía en el derecho a gobernar de una minoría, “una buena y saludable aristocracia”, la cual estaría dispuesta a sacrificar, si fuese necesario, a un gran número de seres humanos. Escribió a veces que las naciones existirían para producir unos cuantos grandes hombres los cuales no habrían de demostrar consideración por la humanidad normal. Uno se pregunta si este desinhibido apoyo al heroico individualismo y la voluntad de poder no es una clara tendencia al fascismo. La lectura de Nietzsche fue un factor en convertir a Mussolini del marxismo a una filosofía de sacrificio y hazañas guerreras en defensa de la patria.
Muchos comentaristas se han preguntado si la vulgar explotación de Nietzsche por los fascistas, militaristas y nazis no podría haber sido del todo arbitraria. Mientras que casi cualquier filósofo puede ser utilizado (Kant, nada menos, era un favorito entre los filósofos académicos del III Reich), el temperamento de Nietzsche, sus excesos imaginativos tanto como su imagen de profeta y creador de mitos, parecen conducir especialmente a tal explotación por los fascistas.
La forma radical en la cual Nietzsche se posiciona contra la moralidad convencional judeocristiana y su proclamación de la muerte de Dios, indudablemente atrajeron a los nazis que deseaban transgredir y trascender todos los tabúes existentes.
El totalitarismo del siglo veinte presuponía una ruptura de toda autoridad y todas las normas morales, de lo cual Nietzsche era un profeta iluminado, precisamente porque él diagnosticó el nihilismo como el problema principal de su sociedad. No habría vuelta a las certezas morales sobre el bien y el mal, ni forma de reganar terreno firme bajo los pies. Creía que sólo mediante una actitud honesta de encarar que la verdad es que no hay verdad, ni meta, ni valor o significado en sí mismo, podría uno alcanzar una auténtica liberación intelectual y una revaluación de todos los valores. Nietzsche era más bien un profeta de la crisis de valores de la cual emergieron los nazis que su padrino en sí.
Mucha de la confusión identificando a Nietzsche con el Nazismo puede ser atribuida al papel desastroso jugado por su hermana Elisabeth Forster-Nietzsche, casada con un prominente antisemita alemán, quien tomó control de sus manuscritos cuando él ya estaba mental y físicamente incapacitado. Ya en los años 1920 ella promovió a su hermano como el filósofo del fascismo, enviándole sus calurosos buenos deseos a Mussolini “inspirado promotor de los valores aristocráticos del pensamiento de Nietzsche”. La propaganda nazi también fue activa en la apropiación de la obra del filósofo, por ejemplo, publicando, antologías populares y baratas de algunos dichos de Nietzsche, debidamente manipulados y descontextualizados, para promover los valores del militarismo, dureza y valores germánicos.
Tristemente, estas crudas distorsiones tuvieron su eco en la propaganda aliada de guerra, la cual a veces describía al “filósofo enloquecido” como la fuente de la incontrolable barbarie alemana y el autor favorito de Hitler. Se hizo un distorsionado uso de expresiones como el “superhombre”, la “bestia rubia”, “moralidad de señores” o “voluntad de poder”, utilizándose como slogans (incluso por profesores distinguidos, como Popper) a fin de demostrar una imaginada identificación de Nietzsche con el militarismo alemán y el imperialismo.
Oponentes al nazismo como los filósofos Jaspers y Löwith intentaron ya en los años 1930 desprestigiar la apropiación de su obra por los nazis. El más prominente de los nietzscheanos antifascistas franceses fue el filósofo existencialista de extrema izquierda Georges Bataille, que demostró el rechazo de Nietzsche al militarismo, el racismo y el antisemitismo. El americano Kauffmann, ya en la posguerra, documentó la oposición de Nietzsche al antisemitismo propio de su generación. Para éste, los judíos representaban un tipo de cristalización espiritual de lo que el comprendía que sería el Übermensch del futuro.
A primera vista, el rechazo del antisemitismo descarta la cuestión de la responsabilidad de Nietzsche con el nazismo, pero por otra parte, en su rechazo a los valores judeocristianos (que veía principalmente reflejados en el protestantismo alemán) Nietzsche se refería a una sublime venganza de Israel contra el cristianismo. Evidentemente, el primer blanco de la ira nietzscheana era el cristianismo, en tanto que infección procedente de un devaluado judaísmo. Esta culpabilización del judeocristianismo ha llevado a algunos investigadores a ver cierta responsabilidad de Nietzsche, porque al mezclar admiración y desaprobación por el judaísmo, Nietzsche parecía estar alimentando el mito del poder judío.
En la base de la hostilidad de Nietzsche al cristianismo, la democracia liberal y el socialismo es posible verle como un precursor de la síntesis fascista. Algunos aspectos de su admiración por la antigua cultura griega y la “Romanidad” fueron usadas por los fascistas. Aunque tomó a los antiguos griegos como modelos culturales, no suscribió su propia concepción del pueblo griego como “raza de maestros”, que consideraba a los bárbaros sólo útiles como esclavos. De hecho, todos los tipos de xenofobia le desagradaban tanto como las rivalidades nacionalistas de Europa. Por esto era enemigo del nacionalismo alemán que se puso en boga en su tiempo, coincidente con la era Bismarckiana. De hecho, Nietzsche era el menos patriota y menos alemán de sus contemporáneos filosóficos.
Lo que Nietsche apreciaba por encima de todo era capacitar al individuo para vencer sus limitaciones poniendo en cuestión todos los supuestos de verdad, lógica, creencias, cultura, valores e historia. El poder espiritual por encima de la fuerza. El poder espiritual de la soberanía individual emanciparía al hombre que es “dueño de su libre voluntad”, lo cual implicaría un largo y difícil proceso de sublimación que culminaría en el autodominio. Una visión antitética con los colectivismos totalitarios.
http://www.wordtrade.com/philosophy/ger ... tzsche.htm
¿Qué puede tener Nietzsche en común con la ideología asesina del fascismo? Frecuentemente descrito como el “radical aristócrata” del espíritu, Nietzsche abominaba de la cultura de masas y alentaba la aparición de un Superhombre dotado con cualidades mentales excepcionales. ¿Qué puede tener que ver un pensador así con la manipulación fascista de las masas con fines chauvinistas que aplastaba la autonomía del individuo?
La cuestión a resolver es averiguar cómo Nietzsche pudo adquirir el dudoso honor de ser considerado el filósofo del Tercer Reich y si tal pretensión tuvo alguna justificación. ¿Tiene algún sentido considerarle de alguna manera responsable de los horrores de Auschwitz
Hay mucho de perturbadoramente antiigualitario y antidemocrático en Nietzsch, y sus escritos sobre los judíos están abiertos a interpretaciones divergentes. Sin embargo, su énfasis en el individualismo y disgusto con respecto al nacionalismo alemán y el antisemitismo lo oponen a la ideología Nazi.
Nietzsche parece más bien un trágico profeta del vacío espiritual que produjo los movimientos totalitarios del siglo veinte, el pensador que mejor diagnosticó las patologías de la cultura de finales del siglo XIX, atreviéndose a mirar en el abismo del nihilismo moderno.
En 1934, Hitler hizo una muy publicitada visita a los archivos de Nietzsche en Weimar. Había ido por la insistente petición de su directora, Elisabeth Förster-Nietzsche, la hermana del filósofo fallecido treinta años atrás. Hitler fue acompañado de su fotógrafo, Hoffmann, y el principal propósito de la visita, parece, fue que se le hiciera al Führer una fotografía contemplando el busto de Nietzsche. En la prensa apareció la foto, con el siguiente pie: “El Führer ante el busto del filósofo alemán cuyas ideas han fertilizado en dos grandes movimientos populares: el nacional socialismo de Alemania y el movimiento fascista de Italia”.
Aunque Mussolini estaba ciertamente familiarizado con los escritos de Nietzsche y era un admirador del filósofo, la propia conexión de Hitler con Nietzsche parece incierta. Como soldado de la Primera Guerra Mundial llevaba las obras de Schopenhauer en su mochila, y no las de Nietzsche, y tampoco se menciona a éste en el Mein Kampf.
¿cómo Nietzsche adquirió el “honor” de ser considerado el filósofo del tercer reich?, ¿tiene esto alguna justificación?
Las ambigüedades y contradicciones en su obra, tanto como su estilo elusivo y aforistico pueden dar lugar a gran número de significados e interpretaciones.
Nietzsche era claramente un elitista que creía en el derecho a gobernar de una minoría, “una buena y saludable aristocracia”, la cual estaría dispuesta a sacrificar, si fuese necesario, a un gran número de seres humanos. Escribió a veces que las naciones existirían para producir unos cuantos grandes hombres los cuales no habrían de demostrar consideración por la humanidad normal. Uno se pregunta si este desinhibido apoyo al heroico individualismo y la voluntad de poder no es una clara tendencia al fascismo. La lectura de Nietzsche fue un factor en convertir a Mussolini del marxismo a una filosofía de sacrificio y hazañas guerreras en defensa de la patria.
Muchos comentaristas se han preguntado si la vulgar explotación de Nietzsche por los fascistas, militaristas y nazis no podría haber sido del todo arbitraria. Mientras que casi cualquier filósofo puede ser utilizado (Kant, nada menos, era un favorito entre los filósofos académicos del III Reich), el temperamento de Nietzsche, sus excesos imaginativos tanto como su imagen de profeta y creador de mitos, parecen conducir especialmente a tal explotación por los fascistas.
La forma radical en la cual Nietzsche se posiciona contra la moralidad convencional judeocristiana y su proclamación de la muerte de Dios, indudablemente atrajeron a los nazis que deseaban transgredir y trascender todos los tabúes existentes.
El totalitarismo del siglo veinte presuponía una ruptura de toda autoridad y todas las normas morales, de lo cual Nietzsche era un profeta iluminado, precisamente porque él diagnosticó el nihilismo como el problema principal de su sociedad. No habría vuelta a las certezas morales sobre el bien y el mal, ni forma de reganar terreno firme bajo los pies. Creía que sólo mediante una actitud honesta de encarar que la verdad es que no hay verdad, ni meta, ni valor o significado en sí mismo, podría uno alcanzar una auténtica liberación intelectual y una revaluación de todos los valores. Nietzsche era más bien un profeta de la crisis de valores de la cual emergieron los nazis que su padrino en sí.
Mucha de la confusión identificando a Nietzsche con el Nazismo puede ser atribuida al papel desastroso jugado por su hermana Elisabeth Forster-Nietzsche, casada con un prominente antisemita alemán, quien tomó control de sus manuscritos cuando él ya estaba mental y físicamente incapacitado. Ya en los años 1920 ella promovió a su hermano como el filósofo del fascismo, enviándole sus calurosos buenos deseos a Mussolini “inspirado promotor de los valores aristocráticos del pensamiento de Nietzsche”. La propaganda nazi también fue activa en la apropiación de la obra del filósofo, por ejemplo, publicando, antologías populares y baratas de algunos dichos de Nietzsche, debidamente manipulados y descontextualizados, para promover los valores del militarismo, dureza y valores germánicos.
Tristemente, estas crudas distorsiones tuvieron su eco en la propaganda aliada de guerra, la cual a veces describía al “filósofo enloquecido” como la fuente de la incontrolable barbarie alemana y el autor favorito de Hitler. Se hizo un distorsionado uso de expresiones como el “superhombre”, la “bestia rubia”, “moralidad de señores” o “voluntad de poder”, utilizándose como slogans (incluso por profesores distinguidos, como Popper) a fin de demostrar una imaginada identificación de Nietzsche con el militarismo alemán y el imperialismo.
Oponentes al nazismo como los filósofos Jaspers y Löwith intentaron ya en los años 1930 desprestigiar la apropiación de su obra por los nazis. El más prominente de los nietzscheanos antifascistas franceses fue el filósofo existencialista de extrema izquierda Georges Bataille, que demostró el rechazo de Nietzsche al militarismo, el racismo y el antisemitismo. El americano Kauffmann, ya en la posguerra, documentó la oposición de Nietzsche al antisemitismo propio de su generación. Para éste, los judíos representaban un tipo de cristalización espiritual de lo que el comprendía que sería el Übermensch del futuro.
A primera vista, el rechazo del antisemitismo descarta la cuestión de la responsabilidad de Nietzsche con el nazismo, pero por otra parte, en su rechazo a los valores judeocristianos (que veía principalmente reflejados en el protestantismo alemán) Nietzsche se refería a una sublime venganza de Israel contra el cristianismo. Evidentemente, el primer blanco de la ira nietzscheana era el cristianismo, en tanto que infección procedente de un devaluado judaísmo. Esta culpabilización del judeocristianismo ha llevado a algunos investigadores a ver cierta responsabilidad de Nietzsche, porque al mezclar admiración y desaprobación por el judaísmo, Nietzsche parecía estar alimentando el mito del poder judío.
En la base de la hostilidad de Nietzsche al cristianismo, la democracia liberal y el socialismo es posible verle como un precursor de la síntesis fascista. Algunos aspectos de su admiración por la antigua cultura griega y la “Romanidad” fueron usadas por los fascistas. Aunque tomó a los antiguos griegos como modelos culturales, no suscribió su propia concepción del pueblo griego como “raza de maestros”, que consideraba a los bárbaros sólo útiles como esclavos. De hecho, todos los tipos de xenofobia le desagradaban tanto como las rivalidades nacionalistas de Europa. Por esto era enemigo del nacionalismo alemán que se puso en boga en su tiempo, coincidente con la era Bismarckiana. De hecho, Nietzsche era el menos patriota y menos alemán de sus contemporáneos filosóficos.
Lo que Nietsche apreciaba por encima de todo era capacitar al individuo para vencer sus limitaciones poniendo en cuestión todos los supuestos de verdad, lógica, creencias, cultura, valores e historia. El poder espiritual por encima de la fuerza. El poder espiritual de la soberanía individual emanciparía al hombre que es “dueño de su libre voluntad”, lo cual implicaría un largo y difícil proceso de sublimación que culminaría en el autodominio. Una visión antitética con los colectivismos totalitarios.
