La ironía en la Alemania Nazi
Publicado: Vie Abr 24, 2009 8:46 pm
A pesar de la rigidez y disciplina del estado nazi, el humor en forma de ironía fue capaz de colarse por algunas hendiduras. Evidentemente, dicho humor estaba perseguido, pues a fin de cuentas la ironía es una forma de crítica, algo impensable en el III Reich.
Anthony Beevor, en su famoso libro sobre Stalingrado, menciona un par de anécdotas, cuanto menos curiosas. En documentos encontrados por los rusos en cadáveres alemanes, en la retirada ante Moscú en el invierno de 1941, se hallaba un papel con el siguiente texto: «La Navidad –decía una orden de broma- no tendrá lugar este año, por las siguientes razones: José ha sido llamado al ejército, María se ha incorporado a la Cruz Roja, el niño Jesús ha sido enviado con otros niños al campo (para evitar los bombardeos), los tres Reyes Magos no han podido obtener visado pues carecían de pruebas de origen ario; no habrá estrella a causa de un apagón; los pastores se han convertido en centinelas y los ángeles son operadoras telefónicas [Blitzmädeln]. Sólo ha quedado el asno, y no puede haber Navidad con sólo un asno». Para colmo, un oficial de inteligencia del Ejército Rojo escribió al pie de la traducción: «No comprendo ¿De dónde viene esto?».
Un segundo caso se basaba en las estrictas instrucciones que el afortunado soldado alemán con permiso de Navidad en aquel invierno recibía. «Usted está bajo el fuero militar –decía el enérgico recordatorio- y está todavía sujeto a sanciones. No hable de armas, ni de tácticas o bajas. No hable de las raciones malas o la injusticia. El servicio de inteligencia del enemigo está listo para explotar esto». Un soldado, o más probablemente un grupo de soldados, hizo su propia versión de las instrucciones, titulada «Notas para los que salen de permiso». Sus tentativas de ser graciosos revelan mucho acerca de los efectos embrutecedores del Ostfront: «Debe usted recordar que está entrando en un país nacionalsocialista cuyas condiciones de vida son muy diferentes a las que se ha acostumbrado. Debe ser diplomático con los habitantes, adaptándose a sus costumbres, y evitar los hábitos que tanto le ha llegado a gustar. La comida: no destruya el parqué ni suelos de otro tipo, porque las patatas se guardan en un lugar muy diferente (era el lugar donde los campesinos rusos escondían sus escasos víveres). El toque de queda: si usted se olvida de la llave, trate de abrir la puerta con un objeto de forma redonda. Sólo en casos de extrema urgencia use una granada. La defensa contra los partisanos: no es necesario pedirles a los civiles la contraseña ni abrir fuego al recibir una respuesta inexacta. La defensa contra los animales: los perros alemanes en el peor de los casos muerden, pero no explosionan (los rusos estaban empleado perros-bomba). Dispararle a cada perro que usted vea, aunque es recomendable en la Unión Soviética, podría crear una mala impresión. Relaciones con la población civil: en Alemania el hecho de que alguien lleve ropa de mujer no significa que ella sea un partisano. Pero pese a esto, son peligrosas para todo el que esté de licencia del frente. Nota general: cuando esté de licencia en Alemania tenga cuidado de no hablar de la existencia paradisíaca en la Unión Soviética no sea que todo el mundo quiera venir y malograr nuestra idílica comodidad».
Incluso un cierto cinismo apareció incluso en lo referente a las medallas. Cuando se emitió una medalla de la campaña de invierno al año siguiente, rápidamente fue llamada la «Orden de la carne congelada».
Anthony Beevor, en su famoso libro sobre Stalingrado, menciona un par de anécdotas, cuanto menos curiosas. En documentos encontrados por los rusos en cadáveres alemanes, en la retirada ante Moscú en el invierno de 1941, se hallaba un papel con el siguiente texto: «La Navidad –decía una orden de broma- no tendrá lugar este año, por las siguientes razones: José ha sido llamado al ejército, María se ha incorporado a la Cruz Roja, el niño Jesús ha sido enviado con otros niños al campo (para evitar los bombardeos), los tres Reyes Magos no han podido obtener visado pues carecían de pruebas de origen ario; no habrá estrella a causa de un apagón; los pastores se han convertido en centinelas y los ángeles son operadoras telefónicas [Blitzmädeln]. Sólo ha quedado el asno, y no puede haber Navidad con sólo un asno». Para colmo, un oficial de inteligencia del Ejército Rojo escribió al pie de la traducción: «No comprendo ¿De dónde viene esto?».
Un segundo caso se basaba en las estrictas instrucciones que el afortunado soldado alemán con permiso de Navidad en aquel invierno recibía. «Usted está bajo el fuero militar –decía el enérgico recordatorio- y está todavía sujeto a sanciones. No hable de armas, ni de tácticas o bajas. No hable de las raciones malas o la injusticia. El servicio de inteligencia del enemigo está listo para explotar esto». Un soldado, o más probablemente un grupo de soldados, hizo su propia versión de las instrucciones, titulada «Notas para los que salen de permiso». Sus tentativas de ser graciosos revelan mucho acerca de los efectos embrutecedores del Ostfront: «Debe usted recordar que está entrando en un país nacionalsocialista cuyas condiciones de vida son muy diferentes a las que se ha acostumbrado. Debe ser diplomático con los habitantes, adaptándose a sus costumbres, y evitar los hábitos que tanto le ha llegado a gustar. La comida: no destruya el parqué ni suelos de otro tipo, porque las patatas se guardan en un lugar muy diferente (era el lugar donde los campesinos rusos escondían sus escasos víveres). El toque de queda: si usted se olvida de la llave, trate de abrir la puerta con un objeto de forma redonda. Sólo en casos de extrema urgencia use una granada. La defensa contra los partisanos: no es necesario pedirles a los civiles la contraseña ni abrir fuego al recibir una respuesta inexacta. La defensa contra los animales: los perros alemanes en el peor de los casos muerden, pero no explosionan (los rusos estaban empleado perros-bomba). Dispararle a cada perro que usted vea, aunque es recomendable en la Unión Soviética, podría crear una mala impresión. Relaciones con la población civil: en Alemania el hecho de que alguien lleve ropa de mujer no significa que ella sea un partisano. Pero pese a esto, son peligrosas para todo el que esté de licencia del frente. Nota general: cuando esté de licencia en Alemania tenga cuidado de no hablar de la existencia paradisíaca en la Unión Soviética no sea que todo el mundo quiera venir y malograr nuestra idílica comodidad».
Incluso un cierto cinismo apareció incluso en lo referente a las medallas. Cuando se emitió una medalla de la campaña de invierno al año siguiente, rápidamente fue llamada la «Orden de la carne congelada».