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Tierra Quemada de Chamberlin

Publicado: Lun Ene 12, 2026 9:41 am
por José Luis
Paul Thomas Chamberlin es profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de Columbia de la Ciudad de Nueva York. Especializado en la historia del siglo XX en general, y las relaciones exteriores de Estados Unidos en particular.

El pasado año 2025 la editorial Basic Books de Nueva York publicó su libro Scorched Earth. A Global History of World War II. Vio su publicación en español ese mismo año a cargo de la editorial Galaxia Gutenberg de Barcelona como Tierra Quemada. Una historia global de la Segunda Guerra Mundial. La traducción corre a cargo de Noemí Sobregués. Véase https://www.galaxiagutenberg.com/produc ... a-quemada/

Es un libro voluminoso: 637 páginas en su original inglés; 728 en su traducción española. A todos mis compañeros de foro les recomiendo sin reserva alguna la lectura de este magnífico libro.

Como buen historiador, Chamberlin adelante en el prólogo lo que el lector se va a encontrar en el libro. En su conjunto, puedo asegurar que Chamberlin presenta por vez primera en la historia general de la guerra una historia diferente de las que se han publicado con anterioridad en cuanto a sus causas y motivaciones. Una historia despojada de toda la propaganda creada durante la Guerra Fría, muy alejada del estereotipo de la lucha entre buenos y malos.

Un fragmento del prólogo en su edición española arroja lo que se viene en los 20 capítulos del libro:

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Es probable que la Segunda Guerra Mundial sea el conflicto más estudiado de la historia de la humanidad; una búsqueda en la biblioteca de la Universidad de Columbia arrojó casi 160.000 resultados sobre este tema. Sin embargo, a pesar de esta atención exhaustiva, la inmensa mayoría de las obras en inglés ofrecen una interpretación sorprendentemente unidimensional del conflicto, que presentan como una guerra buena, una cruzada contra el fascismo y una batalla del mundo libre y democrático contra un totalitarismo atroz. Esta interpretación, lo que podríamos llamar la explicación ortodoxa de la Segunda Guerra Mundial, surgió en la década de 1950, durante los años más oscuros de la Guerra Fría. Estudiosos de todo Occidente se encontraron viviendo en un mundo transformado por el conflicto: se había puesto de rodillas a los viejos imperios europeos, el historial de crímenes de guerra nazis había desacreditado la eugenesia y el racismo científico, y la evidente batalla ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética dominaba los asuntos internacionales. La primera generación de estudiosos de la Segunda Guerra Mundial elaboró relatos que reflejaban el espíritu de su época. Plantearon la guerra como una lucha democrática contra el fascismo y restaron importancia a las dinámicas raciales y coloniales, que ya no parecían relevantes. Optaron por celebrar las contribuciones de los aliados occidentales y marginaron el papel de las fuerzas soviéticas y chinas, que era más problemático. Confeccionaron una historia que convertía a los imperios en Estados-nación y a los conquistadores en libertadores. La suya fue una historia de la guerra presentada como una parábola sobre los males del totalitarismo y el triunfo de un orden democrático liderado por Estados Unidos.

En los últimos 75 años, esta explicación ortodoxa de la guerra ha dominado absolutamente en nuestra memoria colectiva. Mientras que todos los demás conflictos importantes del siglo xx han sido objeto de múltiples rondas de revisionismo académico (incluidas la Primera Guerra Mundial, la Guerra Fría, la guerra de Corea y la guerra de Vietnam, por nombrar solo algunas), las explicaciones tradicionales han seguido atrincheradas en el caso de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué sigue siendo tan difícil encontrar nuevas interpretaciones?4 Parte de la respuesta está en la claridad moral de la guerra. La Alemania nazi es quizá el régimen más abominable de la historia humana. Las potencias del Eje cometieron muchas de las atrocidades más viles que el mundo haya visto jamás. Y ningún estudioso serio lamenta la derrota de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial.

Pero la interpretación ortodoxa de la Segunda Guerra Mundial no consigue explicar fenómenos como la Operación Impensable. De hecho, si observamos más de cerca, vemos que la realidad de la Segunda Guerra Mundial fue mucho más confusa de lo que nos han hecho creer los relatos predominantes del bien contra el mal. La mayoría de los historiadores coinciden ahora en que lo que derrotó a las legiones de Hitler no fueron soldados estadounidenses y británicos amantes de la libertad en el frente occidental, sino el sacrificio de millones de soldados soviéticos conducidos por brutales mandos comunistas a través de los mortíferos campos de Europa del Este. Los aliados occidentales contribuyeron a la victoria no tanto con valor e idealismo democrático como con salvajes ataques con bombas incendiarias y atómicas contra ciudades del Eje, que incineraron a cientos de miles de civiles.

Este libro plantea que el mayor conflicto de la historia no fue la guerra buena entre la democracia y el fascismo que suelen describir los libros de historia. Fue más bien una inmensa guerra racial y colonial marcada por atrocidades salvajes en la que imperios rivales lucharon en enormes extensiones de Asia y Europa. Aunque la guerra destruyó el colonialismo europeo y japonés, forjó los nuevos imperios estadounidense y soviético y creó un sistema de Estados muy militarizados, poseedores de armas nucleares y centrados en librar una guerra perpetua contra poblaciones enteras.

[…] Este libro intenta retirar las capas de mitología que cubren la Segunda Guerra Mundial y poner en cuestión las interpretaciones predominantes del conflicto. Se aparta del enfoque que se centra en los grandes dirigentes y las operaciones militares para analizar cómo el conflicto más grande de la historia transformó las relaciones entre imperio, raza, violencia, guerra y Estado. Geográfica mente, el libro se aleja de las playas de Normandía para hacer mayor hincapié en los teatros de operaciones más sangrientos de Europa del Este y Asia oriental. Rompe con las explicaciones estándares de la guerra argumentando que la raza y el imperio eran dimensiones centrales del conflicto. Aborda la Segunda Guerra Mundial como un conflicto profundamente enraizado en el contexto más amplio de la historia mundial. Y de esta forma intenta excavar los cimientos coloniales de la guerra y trazar sus secuelas imperiales.

En líneas generales, este libro argumenta que la Segunda Guerra Mundial fue colonial en sus orígenes, genocida en su desarrollo e imperial en su resultado. Las raíces de la agresión alemana, japonesa e italiana se remontan a la política imperial del siglo xix. Aun que se las suele retratar como Estados depravados, las potencias del Eje se entienden mejor como herederas de la gran estrategia de construcción de imperios mediante la conquista colonial. Basándose en las estrategias de los imperios occidentales, las potencias del Eje fusionaron conceptos de jerarquía racial y colonialismo con tecnología militar moderna para lanzar una serie de ofensivas espectaculares en Europa, África y Asia oriental. Este ataque sacudió los bastiones del orden internacional, derribó la Tercera República francesa y obligó al Imperio británico a adoptar una postura defensiva contra la amenaza de invasión alemana. Tras haber sumido la política mundial en el caos, los dirigentes alemanes y japoneses se volvieron hacia sus siguientes objetivos, la Unión Soviética y Esta dos Unidos.

[…] En definitiva, Tierra quemada sostiene que el legado de la guerra no fue la destrucción del fascismo, el racismo y el imperialismo, sino la creación de un orden de posguerra en el que Estados neoimperiales muy militarizados se vieron obligados a prepararse para la guerra perpetua y la perspectiva de la aniquilación nuclear. Nuestra amnesia colectiva respecto de los orígenes coloniales de la guerra y sus consecuencias imperiales ha despojado al conflicto de su significado y lo ha convertido en un cuento de hadas del siglo xx. Este libro pretende colocar nuestra visión de la Segunda Guerra Mundial en el lugar que le corresponde en el panorama más amplio de la historia mundial moderna. Con este telón de fondo, la Segunda Guerra Mundial aparece como el punto culminante de siglos de expansión colonial y el catalizador de la reinscripción del imperialismo bajo la égida de la geopolítica de la Guerra Fría.
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Disfruten de su lectura.
Saludos cordiales
JL

Re: Tierra Quemada de Chamberlin

Publicado: Lun Ene 12, 2026 10:58 am
por José Luis
José Luis escribió: Un fragmento del prólogo en su edición española arroja lo que se viene en los 20 capítulos del libro:
Se me olvidó comentar que el fragmento que he copiado podéis leerlo en su amplitud en el enlace de Galaxia Gutenberg que he dado. Corresponde a la introducción.

Yo no he leído el libro en español, sino el original inglés.

Saludos cordiales
JL

Re: Tierra Quemada de Chamberlin

Publicado: Lun Ene 12, 2026 11:30 am
por José Luis
Quiero comentaros un hecho que desconocía por completo hasta mi lectura del libro de Chamberlin. Se trata del Tratado de Paz de Versalles que, como sabéis, se firmó el 28 de junio de 1919. El asunto es de unos meses antes.

En febrero de 1919 el gobierno japonés formalizó una petición a los líderes de la Entente para que se incluyera una cláusula de igualdad racial en el tratado de paz en ciernes. Los líderes de la Entente rechazaron la petición. Bajo los términos del nuevo tratado, escribe Chamberlin, Tokio sugería que "todos los nacionales extranjeros de los Estados miembros de la Liga [Liga de las Naciones, nota mía] [deberían recibir, nota Chamberlin] un trato igual y justo en todos los aspectos sin hacer distinción alguna, ni de hecho ni de derecho, por motivos de raza o nacionalidad".

Aunque la petición japonesa parecía modesta a primera vista, "las implicaciones de la propuesta japonesa", escribe Chamberlin, "que la raza ya no sería usada para garantizar un estatus privilegiado a ciertos grupos, era revolucionaria". De salir adelante, "la propuesta de igualdad racial habría marcado un paso significativo hacia el objetivo japonés largamente perseguido de asegurar un estatus igualitario con las potencias occidentales".

Concluye Chamberlin: "Pero la esperanza de un nuevo orden mundial basado en la igualdad entre las razas no se materializó. Los británicos, deseosos de expandir sus dominios imperiales, y los estadounidenses, que presidían un sistema de segregación racial legal en su país y mantenían colonias en el extranjero, se esforzaron por derrotar la propuesta de Tokio. Los vencedores de la Gran Guerra estaban preparados para imaginar un futuro sin conflictos militares, pero rechazaban abandonar un orden internacional basado en la supremacía blanca".

Este pasaje se encuentra cerca del final de capítulo 1.

Saludos cordiales
JL