Goering - Roger Manvell y Heinrich Fraenkel
Publicado: Mar Sep 08, 2009 2:03 pm
Goering de Roger Manvell y Heinrich Fraenkel

Editorial: Tempus
26 €
ISBN: 978-84-92567-16-4
Fecha de publicación: 14 de septiembre de 2009
Número de páginas: 634
Traducción: Xavier Riesco
Sinopsis:
Hermann Goering –o Göring– es uno de los personajes más fascinantes del Tercer Reich. Jefe de la Luftwaffe y mariscal del Reich, consiguió hábilmente situarse como número dos del régimen nazi; su inteligencia y astucia llegarían a poner en serios aprietos a sus acusadores durante el proceso de Núremberg. Pero, por otro lado, Goering era un excéntrico megalómano, adicto a la morfina. De carácter voluble y fanfarrón, era amante de los uniformes vistosos y las batas de seda, y tenía un león como animal doméstico.
Aunque Goering estaba más interesado en confiscar bienes ajenos –obras de arte, sobre todo– que en planificar asesinatos masivos, su incuestionable participación en los crímenes nazis le llevaría a ser condenado a morir en la horca, aunque conseguiría suicidarse en el último momento. Su profecía de que «en cincuenta o sesenta años habrá estatuas de Hermann Goering por toda Alemania» no se cumpliría.

Editorial: Tempus
26 €
ISBN: 978-84-92567-16-4
Fecha de publicación: 14 de septiembre de 2009
Número de páginas: 634
Traducción: Xavier Riesco
Sinopsis:
Hermann Goering –o Göring– es uno de los personajes más fascinantes del Tercer Reich. Jefe de la Luftwaffe y mariscal del Reich, consiguió hábilmente situarse como número dos del régimen nazi; su inteligencia y astucia llegarían a poner en serios aprietos a sus acusadores durante el proceso de Núremberg. Pero, por otro lado, Goering era un excéntrico megalómano, adicto a la morfina. De carácter voluble y fanfarrón, era amante de los uniformes vistosos y las batas de seda, y tenía un león como animal doméstico.
Aunque Goering estaba más interesado en confiscar bienes ajenos –obras de arte, sobre todo– que en planificar asesinatos masivos, su incuestionable participación en los crímenes nazis le llevaría a ser condenado a morir en la horca, aunque conseguiría suicidarse en el último momento. Su profecía de que «en cincuenta o sesenta años habrá estatuas de Hermann Goering por toda Alemania» no se cumpliría.