La teoria de las tres guerras
Publicado: Jue May 20, 2010 7:20 pm
Hola a todos
Con el fin de justificar su acercamiento al Eje y evitar represalias aliadas, a partir de 1942, Franco esgrimió una peculiar teoría según la cual la Segunda Guerra Mundial se subdividía en tres enfrentamientos, ante los que mantenía posturas distintas.
En mayo de 1942, cuando el nuevo embajador norteamericano, Carlton J. H. Hayes, presentó sus cartas credenciales ante Franco en el palacio de Oriente de Madrid, se vio sorprendido por las revelaciones de Franco un una primera conversación “íntima”, celebrada tras el acto oficial. Para Franco no existía una guerra mundial única, sino que ésta estaba formada por tres conflictos distintos, hacia cada uno de los cuales España mantenía una actitud distinta. En el conflicto que enfrentaba a Alemania con Inglaterra y EEUU, España se había mantenido siempre estrictamente neutral. En la guerra de Alemania contra el comunismo soviético, España era moralmente beligerante y, para ser consecuente con su anticomunismo, había enviado a la División Azul para combatir en el este. En el tercer conflicto, la guerra del Pacífico, España deseaba el triunfo de EEUU sobre Japón.
El embajador Hayes quedó sorprendido por el atrevimiento que suponía mantener tres posturas distintas para lo que generalmente se entendía como un mismo combate mundial de las democracias contra el fascismo, pero reconoció el aspecto práctico de la ingeniosa teoría de Franco: permitía justificar a posteriori la sinuosa y sospechosa política exterior de Franco en los tres años anteriores. Hayes y los aliados sabían perfectamente que el dictador solamente trataba de camuflar y justificar sus coqueteos con el Eje, que en 1940 habían estado a punto de conducirle a entrar en guerra contra Inglaterra.
Hayes también estaba informado de que la neutralidad de España en la guerra Alemania-Aliados no había sido tal, pues bajo la cobertura de la no beligerancia, se había practicado en secreto desde Madrid una política de amistad y múltiples servicios al Eje, como el abastecimiento de submarinos en puertos españoles ola permisividad con el espionaje alemán desde la península.
Naturalmente, el recién llegado embajador se guardó de exponer estos razonamientos para no indisponer a Franco. Su misión era precisamente la que dejaba entrever Franco con sus comentarios: conseguir un progresivo alejamiento español del Eje y un acercamiento a los aliados sobre la base de mantener la neutralidad. Tengamos en cuenta que en el otoño de 1942 se iba a producir el primer desembarco anglo-americano en el Norte de África, para en confluencia con el avance de Montgomery desde Egipto, expulsar a las fuerzas germano-italianas de Libia y Túnez. Por ello interesaba una España tranquila y complaciente, que no reaccionara ante la presencia de tropas aliadas, en la frontera de su zona marroquí, ni dejara pasar a los alemanes por la península para desbaratar la operación.
El ánimo aliado era mejorar las relaciones con España, al menos temporalmente, hasta que los triunfos aliados permitieran mayor dureza con Madrid. Este plan se cumplió prácticamente al detalle: a Franco se le remitieron, horas antes del desembarco, sendas cartas tranquilizadoras de Roosevelt y Churchill y se consiguió que España no planteara problemas ni antes ni después de esa operación.
La fría reacción aliada ante las elaboradas teorías exculpatorias de Franco no desanimó a éste, para seguir repitiendo su “teoría de las tres guerras” a cada momento en que tuvo ocasión. Así, en junio de 1943 se la repitió, algo más elaborada, a Hayes, esta vez en una audiencia en el pazo de Meirás, y pocos días después, con ligeras variaciones, al embajador británico Samuel Hoare.
Aunque esta oportunista teoría no engañó a los aliados sobre la poco neutral política española de 1940-1941, que había apostado abiertamente por la victoria del Eje, tuvo la virtud para los españoles de permitir marcar distancias entre aquella etapa y la que se iniciaba a partir de 1943. Es el llamado giro hacia una neutralidad genuina, incluso favorable en algunos aspectos a los aliados, que impulsó el nuevo ministro de Exteriores, Francisco Gómez Jordana, sustituto del denostado Serrano Suñer.
Según avanzaba 1943, el curso de la guerra permitía vislumbrar la derrota de Alemania, Italia y Japón. Por lo tanto, era necesario un cambio de rumbo que permitiera a la España de Franco congraciarse con los seguros vencedores y situarse para sobrevivir en el futuro. En octubre de 1943, coincidiendo con las festividades del día de la Hispanidad, Franco y Jordana, en una estrategia perfectamente medida y concertada, anunciaron en sendos discursos una nueva política de neutralidad estricta. Esta nueva etapa de la diplomacia española se fue asentando, aunque a un ritmo lento y pausado, con toda una panoplia de gestos: mayor ecuanimidad en la prensa, enfriamiento de las relaciones con Japón, embargo de wolframio a Alemania bajo presión aliada desde mayo de 1944, etc. El resultado, aunque bien intencionado, distó mucho de satisfacer a los anglo-americanos. España siguió siendo para ellos el neutral más difícil de tratar y del que más desconfiaban. La sombra de su pasado pro-nazi y pro-fascista fue difícil de extirpar, aunque Franco esgrimiera la teoría de “las tres guerras”.
Colección el Mundo, capítulo 29, pag 74-75
Un saludo
Con el fin de justificar su acercamiento al Eje y evitar represalias aliadas, a partir de 1942, Franco esgrimió una peculiar teoría según la cual la Segunda Guerra Mundial se subdividía en tres enfrentamientos, ante los que mantenía posturas distintas.
En mayo de 1942, cuando el nuevo embajador norteamericano, Carlton J. H. Hayes, presentó sus cartas credenciales ante Franco en el palacio de Oriente de Madrid, se vio sorprendido por las revelaciones de Franco un una primera conversación “íntima”, celebrada tras el acto oficial. Para Franco no existía una guerra mundial única, sino que ésta estaba formada por tres conflictos distintos, hacia cada uno de los cuales España mantenía una actitud distinta. En el conflicto que enfrentaba a Alemania con Inglaterra y EEUU, España se había mantenido siempre estrictamente neutral. En la guerra de Alemania contra el comunismo soviético, España era moralmente beligerante y, para ser consecuente con su anticomunismo, había enviado a la División Azul para combatir en el este. En el tercer conflicto, la guerra del Pacífico, España deseaba el triunfo de EEUU sobre Japón.
El embajador Hayes quedó sorprendido por el atrevimiento que suponía mantener tres posturas distintas para lo que generalmente se entendía como un mismo combate mundial de las democracias contra el fascismo, pero reconoció el aspecto práctico de la ingeniosa teoría de Franco: permitía justificar a posteriori la sinuosa y sospechosa política exterior de Franco en los tres años anteriores. Hayes y los aliados sabían perfectamente que el dictador solamente trataba de camuflar y justificar sus coqueteos con el Eje, que en 1940 habían estado a punto de conducirle a entrar en guerra contra Inglaterra.
Hayes también estaba informado de que la neutralidad de España en la guerra Alemania-Aliados no había sido tal, pues bajo la cobertura de la no beligerancia, se había practicado en secreto desde Madrid una política de amistad y múltiples servicios al Eje, como el abastecimiento de submarinos en puertos españoles ola permisividad con el espionaje alemán desde la península.
Naturalmente, el recién llegado embajador se guardó de exponer estos razonamientos para no indisponer a Franco. Su misión era precisamente la que dejaba entrever Franco con sus comentarios: conseguir un progresivo alejamiento español del Eje y un acercamiento a los aliados sobre la base de mantener la neutralidad. Tengamos en cuenta que en el otoño de 1942 se iba a producir el primer desembarco anglo-americano en el Norte de África, para en confluencia con el avance de Montgomery desde Egipto, expulsar a las fuerzas germano-italianas de Libia y Túnez. Por ello interesaba una España tranquila y complaciente, que no reaccionara ante la presencia de tropas aliadas, en la frontera de su zona marroquí, ni dejara pasar a los alemanes por la península para desbaratar la operación.
El ánimo aliado era mejorar las relaciones con España, al menos temporalmente, hasta que los triunfos aliados permitieran mayor dureza con Madrid. Este plan se cumplió prácticamente al detalle: a Franco se le remitieron, horas antes del desembarco, sendas cartas tranquilizadoras de Roosevelt y Churchill y se consiguió que España no planteara problemas ni antes ni después de esa operación.
La fría reacción aliada ante las elaboradas teorías exculpatorias de Franco no desanimó a éste, para seguir repitiendo su “teoría de las tres guerras” a cada momento en que tuvo ocasión. Así, en junio de 1943 se la repitió, algo más elaborada, a Hayes, esta vez en una audiencia en el pazo de Meirás, y pocos días después, con ligeras variaciones, al embajador británico Samuel Hoare.
Aunque esta oportunista teoría no engañó a los aliados sobre la poco neutral política española de 1940-1941, que había apostado abiertamente por la victoria del Eje, tuvo la virtud para los españoles de permitir marcar distancias entre aquella etapa y la que se iniciaba a partir de 1943. Es el llamado giro hacia una neutralidad genuina, incluso favorable en algunos aspectos a los aliados, que impulsó el nuevo ministro de Exteriores, Francisco Gómez Jordana, sustituto del denostado Serrano Suñer.
Según avanzaba 1943, el curso de la guerra permitía vislumbrar la derrota de Alemania, Italia y Japón. Por lo tanto, era necesario un cambio de rumbo que permitiera a la España de Franco congraciarse con los seguros vencedores y situarse para sobrevivir en el futuro. En octubre de 1943, coincidiendo con las festividades del día de la Hispanidad, Franco y Jordana, en una estrategia perfectamente medida y concertada, anunciaron en sendos discursos una nueva política de neutralidad estricta. Esta nueva etapa de la diplomacia española se fue asentando, aunque a un ritmo lento y pausado, con toda una panoplia de gestos: mayor ecuanimidad en la prensa, enfriamiento de las relaciones con Japón, embargo de wolframio a Alemania bajo presión aliada desde mayo de 1944, etc. El resultado, aunque bien intencionado, distó mucho de satisfacer a los anglo-americanos. España siguió siendo para ellos el neutral más difícil de tratar y del que más desconfiaban. La sombra de su pasado pro-nazi y pro-fascista fue difícil de extirpar, aunque Franco esgrimiera la teoría de “las tres guerras”.
Colección el Mundo, capítulo 29, pag 74-75
Un saludo