sanpifer escribió:Aunque el balance general de Bodenplatte fue desfavorable para la Luftwaffe, hay que decir también que los ataques a algunos aeródromos fueron bastante eficaces. El mito que la propia Flak alemana derribó a muchos de sus propios aparatos, es más un mito que una realidad (ahora no tengo a mano las cifras, pero la AAA aliada fue mucho mas letal que el fuego amigo).
La operación Bodenplatte fue un desastre sin paliativos para la Luftwaffe, que ya estaba por cierto en las últimas. Y fue un desastre no por los aviones perdidos sino por la perdida de numerosos pilotos entre los cuales se encontraban bastantes de los supervivientes experimentados que le quedaban. En el topic sobre la Luftwaffe en Normandía se puede ver como se fue agotando una fuerza hasta su casi total desaparición:
Veamos las bajas sufridas durante la operación “Bodenplatte”. En el curso de varias horas, del millar de aviones participantes se perdieron unos 305 aparatos, 85 de ellos bajo el propio fuego antiáereo alemán. Para conseguir la sorpresa táctica no se había informado a las baterías antiaéreas propias y además los aparatos volaron en la medida de lo posible a ras de tierra para evitar los radares enemigos. 214 tripulantes murieron o fueron hechos prisioneros entre ellos tres jefes de ala, seis jefes de grupo y once jefes de escuadrilla. Los aliados por el contrario perdieron unos 214 aviones mas 62 aviones dañados. Unas pérdidas que fueron reemplazadas en pocos días.
Si situamos las bajas de “Bodenplatte” en el contexto de la batalla de las Ardenas donde se perdieron unos 718 aviones alemanes entre el 17 y 27 de diciembre de 1944, veremos que en apenas la segunda quincena de diciembre de 1944 la Luftwaffe quedó prácticamente deshecha para el resto de la guerra.
Y además las pérdidas infringidas a la RAF y en menor medida a la USAAF fueron mínimas. Dada la correlación de fuerzas a finales de 1944, donde las fuerzas aliadas aventajaban a la Luftwaffe en una proporción de siete a uno, podemos tener una idea aunque sea somera de la desproporción del combate aéreo y de las posibilidades de los alemanes. El III Reich tenía que hacer frente a una doble amenaza aérea: por una parte una abrumadora superioridad aérea anglonorteamericana a nivel táctico que era casi imposible de neutralizar y por otra parte a una ofensiva de bombardeo estratégico.
Me concentraré ahora en la segunda amenaza, del bombardeo aéreo estratégico. La Luftwaffe y la Flak tenían que derribar a los bombarderos en una proporción tal que hiciera el desarrollo de las incursiones demasiado costosas como para mantener la ofensiva sin tregua. Esa proporción es variable pero en general se admite que ninguna fuerza aérea puede resistir un porcentaje de pérdidas entre el 5-10%. Esa proporción sólo se alcanzó en otoño de 1943 cuando debido al poco alcance de los cazas escoltas aliados se sufrieron unas pérdidas prohibitivas que hicieron tomar una pausa en las incursiones de ese tipo. En particular las incursiones a Regensburg, Schweinfurth y Nürnberg fueron las que causaron un nivel de pérdidas tales que ni siquiera los aliados podían permitirse. Sin embargo con la puesta operativa de cazas de escolta de largo alcance entre enero y marzo de 1944 comenzó un terrible desgaste para la caza alemana que ya no se pudo superar. Y comenzó un descenso de la calidad y entrenamiento de los pilotos alemanes imparable que se veían obligados a combatir contra grandes masas de los aparatos mas modernos del mundo (los P-51 Mustang y P-47 Thunderbolt) pilotados por pilotos muy experimentados.
Sin embargo la caza alemana no podía renunciar a disputar el control aéreo sobre el Reich porque los ataques empezaban a afectar de manera gravísima la producción de carburantes. Y la producción de carburantes no sólo afectaba a la operatividad de los aviones sino al cada vez mas menguante entrenamiento de los pilotos. En fín, una situación de pescadilla que se muerde la cola… A finales de octubre de 1944 el porcentaje de aviones derribados en las incursiones aliadas era de tan sólo un 1.5%, tasa mas que aceptable y que evidenciaba el declinante rendimiento de la Luftwaffe.
Adolf Galland ya había planeado en agosto de 1944 la entrada en acción de un gran número de aviones de caza contra las incursiones aéreas que amenazaban con la parálisis total de la Luftwaffe y había intentado concentrar unos 800 cazas para un golpe demoledor. “Der Grosse Schlag” como se denominaba al plan de un ataque masivo de cazas a una incursión angloamericana, debía provocar graves pérdidas en los atacantes de manera que se llegara a una tregua en la ofensiva áerea que permitiera a la Luftwaffe y a las fábricas de carburante recuperar el resuello. Sin embargo Hitler arrojó a finales de agosto esa reserva estratégica en un vano intento de detener el avance aliado por Francia. En palabras del propio Galland “los 800 aviones de la reserva no destruyeron siquiera dos docenas de aviones aliados” debido al caos en que fue comprometida a la batalla.
El plan estipulaba el ataque de unos 800-1.000 aviones de caza contra una gran formación de bombarderos para intentar derribar unos 400 bombarderos mediante una aplicación de fuerza bruta sin miramientos a las pérdidas propias. Lo esencial del plan era que aunque se aceptaba que se perderían un número parecido de aviones propios, gran parte de los pilotos se podrían salvar por estar en territorio alemán.
En el otoño de 1944 tras las terribles pérdidas sufridas y la escasez de petróleo, las posibilidades de organizar el “Gran Golpe” fueron disminuyendo lenta pero inexorablemente. El problema principal era el mediocre entrenamiento de los pilotos que hacía muy difícil el organizar tácticas de ataque masivas contra pilotos muy entrenados. La tasa de accidentes entre aviadores novatos había aumentado muchísimo en los meses de verano y otoño de 1944. Los propios pilotos y jefes experimentados de la Luftwaffe eran conscientes que un ataque de estas características sería muy difícil de organizar e implementar para conseguir el éxito deseado. Primero había que acumular bastante carburante para una operación de estas características, pero la mayor dificultad residía en lograr que un gran porcentaje de pilotos alemanes noveles causara bajas elevadas a la fuerza enemiga y se lograra mantener las formaciones en el ataque y concentradas en sus objetivos sin que los pilotos novatos rompieran el combate, se extraviaran en el recorrido a los objetivos y hubiera una adecuada coordinación.
En retrospectiva, seguramente Adolf Galland puso demasiada fe en una operación de estas características como “Der Grosse Schlag”. Pero desde luego tenía mas sentido estratégico y más posibilidades de un éxito moderado que la insensatez de “Bodenplatte”. Había al menos una posibilidad de no perder grandes cantidades de pilotos –en verdad el activo mas escaso de la Luftwaffe junto al carburante- e infringir bajas considerables a los bombarderos estratégicos de la RAF y de la USAAF si bien no en la proporción que deseaban. Probablemente se hubiera producido una batalla aérea de proporciones colosales en los cielos del III Reich y posiblemente aunque hubiera sido un éxito a corto plazo no está claro que la Luftwaffe hubiera podido sostener varios combates a esa escala.
Fuentes:
Steven J. Zaloga: La Batalla de las Ardenas (p. 60-65) RBA Coleccionables con licencia de Osprey Publishing. 2008.
Alfred Price: Luftwaffe (p. 150-155) Ed. San Martín 1979.
Max Hastings: Armaggedon: The Battle for Germany 1944-45. (p. 347) Ed. Pan Books Macmillan 2004
John Ellis: One Day in a Very Long War (p. 204-210) Ed. Pimlico Books 1999.
Chester Wilmot: The Struggle for Europe (p. 493-494, p. 623-624) The Reprint Society London 1954.