El proceso a Pietro Koch

Crímenes contra los prisioneros de guerra y la población civil

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Erich Hartmann
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El proceso a Pietro Koch

Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 08, 2008 2:29 pm

En el banquillo, el jefe de una banda fascista que aterrorizó Roma, Florencia y Milán
Fuente: Crónica Militar y política de la Segunda guerra mundial, Tomo 7, págs. 203-227. Esditorial Sarpe.

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FUSILADO A LAS 24 HORAS DEL VEREDICTO

Primero los mismos fascistas con el proceso de Verona, y luego los partisanos con las ejecuciones sumarias de los días de la insurrección nacional, han quitado a los preocupados aliados, según dijo Churchill, "el tener que organizar en Italia otro Nuremberg". En efecto, los máximos exponentes de la RSI están casi todos muertos (suicidados o ajusticiados sumariamente) al final de la contienda. Los otros, figuras de primer plano (como Graziani) o de segundo plano, serán juzgados por tribunales italianos en épocas diversas y con procedimientos individuales. Este sistema producirá veredictos diversos para delitos idénticos. En realidad, quien logre hacerse procesar después de los "meses calientes" del 45 logrará casi siempre evitar el pelotón de ejecución y también largas condenas de prisión. Una providencial amnistía proclamada en 1946 por el gobierno tripartito (democracia cristiana, comunistas y socialistas) a propuesta del líder comunista Palmiro Togliatti, ministro de Justicia, permitirá a muchos "criminales de guerra" fascistas, así como a muchos partisanos encarcelados por delitos comunes, quedar en libertad después de pocos meses de reclusión.

Una larga polémica de naturaleza politica e histórica se desarrolló sobre la decisión del gobierno de proceder a la amnistía en el momento en que los aliados preparaban el espectacular proceso de Nuremberg y mientras en casi todos los países se procedía a severas "purgas". No pocos plantearon la sospecha de que Togliatti esperaba obtener de las ventajas políticas del acto de clemencia -en el momento en que mayor era el temor a los comunistas— la posibilidad de presentar al PCI como autor de una política de reconciliación nacional, asegurando al partido de Togliatti los votos del sector ex fascista moderado, de los "qualunquistas" y de quienes deseaban poner final a un doloroso pasado.

Este diagnóstico es inexacto, al menos en parte. La amnistía fue propuesta después del referéndum institucional de 2 de junio de 1946, y fue un gesto de clemencia y magnanimidad dirigido a hacer más popular la idea de la recién instaurada república. La idea de la implantación de la república había asustado a mucha gente, y ahora los partidos democristiano, comunista y socialista querían mostrar a todos que los vencedores podían también ser clementes e intentaban seguir una política nacional.

Por parte comunista había también otra preocupación: cubrir y proteger de algún modo a los miembros del partido implicados en los más graves episodios de abuso en la inmediata posguerra. Porque la amnistía no se refirió sólo a los delitos de los ex fascistas y colaboracionistas, sino también a los cometidos después de la liberación. Este detalle se dirigía a salvar del juicio ante la magistratura a cientos de partisanos de gatillo demasiado nervioso y de ficha demasiado negra.

Finalmente debe señalarse que si Togliatti, como ministro de Justicia, tuvo el encargo de elaborar el proyecto de amnistía, fue el Consejo de Ministros el que el 18 de junio de 1946 lo consideró algo restringido y decidió ampliar su alcance. Se trató, pues, de una tentativa de pacificación nacional en la que los tres partidos populares se hallaron de acuerdo. Para otros personajes de la RSI la suerte fue muy distinta. Detenidos los dias inmediatamente posteriores a la liberación, fueron procesados y ajusticiados inmediatamente después de la lectura de la sentencia. Entre ellos, uno de los más tristemente célebres fue Pietro Koch.

Nacido en Benevento en 1918, hijo de un ex oficial de la marina mercante alemana, Pietro Koch era en 1943 subteniente de granaderos.

"... El armisticio del 8 de septiembre de 1943 -relatará luego Koch- me sorprendió en Livorno, donde estaba preparado a embarcarme para Cerdeña. En la isla debía reunirme a mi destacamento, el 2.º Regimiento de Granaderos, del que era oficial. No fui a mi casa, en Roma, porque hacía casi dos años que estaba separado de mi mujer. Por eso marché a Florencia, y hasta diciembre de 1943 no fui a Roma".

Según la sentencia del Alto Tribunal de Justicia que le condenará a muerte, Koch, subteniente de granaderos, poco tiempo antes del armisticio "había sustraído dinero de las cajas de su regimiento y ciertamente no habría escapado a las graves consecuencias de un procedimiento penal". En las circunstancias del armisticio —expone la sentencia—, Koch encontró "un medio inesperado de salvación y, quitándose el uniforme, quiso librarse de todo vinculo sentimental y real con su pasado de militar, dando abierto desahogo a sus mal disimulados sentimientos antiitalianos". Los jueces considerarán que su viaje a Florencia no fue tanto para ver a su amiga Tamara Cerri como "para inscribirse en el partido fascista republicano y ponerse a las órdenes del ominoso centurión (capitán) de la milicia fascista Mario Carita, jefe de una banda de malhechores y torturadores de patriotas y de antifascistas, que él no sólo emuló, sino que trató de superar, intolerante como era de la ajena superioridad jerárquica ".

Pocos meses después, Pietro Koch está en Roma y, a sugerencias del entonces jefe de la policía de la RSI, cónsul (coronel) de la milicia Tullio Tamburini, organiza un grupo de investigación policial que, en enero de 1944, tomará el nombre de "unidad especial de la policía republicana". A la que Koch da vida es una verdadera banda de desalmados, una banda que, para mostrar de alguna manera su legitimidad, tiene incluso un abogado, titulado "jefe del departamento legal". Es el abogado Augusto Trinca Armati, del foro de Perugia, un hombre rico (su patrimonio está evaluado en más de 20 millones de liras de entonces) y también bastante inquieto. Segundo jefe de la banda es el contable Armando Tela, un italoargentino.

Hay muchos toscanos en ese destacamento. Incluso el "consejero espiritual" de Koch, P. Ildefonso Epaminonda Troja, de la orden de benedictinos de Vallumbrosa, había sido párroco adjunto de Santa Trinita en Florencia. La razón es simple. Koch se ha llevado detrás a los elementos más fieles y más duros de la banda Carita.

Al principio, la sede de la banda en Roma está provisionalmente en Vía Tasso, 115, en los mismos locales donde las SS torturaban a los partisanos detenidos o a los que sospechaban ser partisanos. En febrero de 1944 la banda se aloja en Via Príncipe Amedeo, 2, en la pensión Oltremare, constituida por tres apartamentos unidos. Koch tiene la estancia matrimonial número 1, con bellas alfombras y lámparas. Su despacho, donde tienen lugar los interrogatorios, está en la habitación número 15. En la 16 se alojan sus dos secretarias, Anita y Marcella. Esta última, Marcella Stoppani, una de las amantes de Koch, es la autora del himno de la banda.

Apenas tres meses después, en la medianoche del 21 de abril, la banda entra en posesión del nuevo "puesto de mando": la pensión Jaccarino, un palacete de estilo toscano situado en Via Romagna, 38, esquina a Via Sicilia. Aquí y durante casi dos meses se repiten, multiplicadas, las acciones que han hecho tristemente célebre a la pensión Oltremare. En la pensión Jaccarino se ha dispuesto un agujero bajo la escalera de servicio, un hueco de no más de noventa centímetros de ancho. Es una celda terrible, una especie de ataúd donde hay que estar acurrucado. Por allí pasa un gran número de italianos (en su informe al mando germano, Koch habla de doscientos detenidos). A ellos está reservado un muestrario de tortura que va desde quemaduras en las partes más delicadas del cuerpo al arrancamiento de cabellos, a la extirpación de uñas, a la aplicación de "tablillas" en la cabeza, a las tentativas de estrangulamiento y a la inserción de alfileres en todas partes del cuerpo. La técnica de los interrogatorios tiene pocas variantes. El detenido es llamado al "despacho" donde están Koch, Trinca y Tela. Cerca están Walter y una decena de "ayudantes". Si a la primera pregunta la respuesta no es la deseada, los "muchachos" comienzan a dar una primera muestra de su capacidad con puñetazos, patadas, bofetadas y cabezazos contra la pared o el suelo. Las "secretarias" asisten sin pestañear.

Pero eso no dura mucho. Con el comienzo de la primavera los aliados se han acercado a Roma, y para la banda —en vísperas de junio de 1944— es el momento de liar los bártulos. Los detenidos que todavía viven y que no son trasladados a las cárceles de que disponen los alemanes, son libertados. Están llegando los angloamericanos y hay que escapar al norte.

Pietro Koch se larga elegantemente y del modo más cómodo. Se va hacia el norte en el coche del SS Dollmann. Una parada en Milán, y luego el jefe del "destacamento especial de la policía republicana" se encuentra en Milán. La banda es reorganizada en la "Villa Triste", de Vía Paolo Uccello, en San Siro, un antiguo edificio de veinte habitaciones con jardín y"dependencias". Aquí se repiten las escenas de horror de la pensión Oltremare y de la pensión Jaccarino. Se suceden las detenciones, pero la banda Koch no se limita a detener partisanos. Asesta también sus golpes contra las otras bandas fascistas que dominan Milán. Sus agentes logran siempre pescar a agentes de la "Mutti" y de otras escuadras mientras roban, expolian, saquean y secuestran. Son unos diez los grupos fascistas que operan en la ciudad de forma autónoma.

Entre los historiadores del fascismo, hoy hay quien señala a Koch como el "criminal número uno", el más feroz, el más despiadado y también el más astuto entre los jefes de las "compañías de tortura" que, de uniforme, con armas y con la autoridad de las funciones asumidas, imperaban a placer durante la crepuscular república de Saló. Ciertamente que a este joven de veintiséis años, alto, atlético, inteligente, siempre rodeado de esbirros robustos, brutales y de aspecto vulgar, no le faltan puntos de apoyo. Tras él se encuentra la policía alemana de seguridad en Italia, desde el general Harster, con sede en Verona (es el SS que en Holanda deportó a Anne Frank), al coronel Rauff y al capitán Saevecke. El "doctor" Pietro Koch puede también contar con el apoyo personal de Mussolini, que tiene necesidad de colocar informadores de confianza en el mundo tortuoso y falaz de sus mismos jerarcas y prever sus designios y sus planes recónditos.

Pero de todos ellos es acaso Koch el más astuto, uno que ve el futuro, aunque no sabe precaverse. El es quien, por cuenta del ministro del Interior, Buffarini Guidi, trata de entablar conversaciones con el Comité de Liberación Nacional, libertando bajo palabra a dos destacados rehenes políticos (Dugoni, socialista, y Castelli, del Partido de Acción) para que lleven al otro lado sus propuestas. Estas, naturalmente, no serán aceptadas. La RSI, naturalmente de modo oficioso, se comprometía a poner en libertad a todos los presos políticos, y, en cambio, pedía que el CLN lanzase un llamamiento a la pacificación. Además, el gobierno de Saló concedería la libertad de prensa siempre que las publicaciones de los distintos partidos antifascistas se comprometieran a no incitar a la lucha (Dugoni y Castelli, "despistados" sus sabuesos, llegaron a la sede clandestina del CLN, y mientras el primero aceptó la invitación de sus compañeros para huir a Suiza, el segundo, como había dado su palabra, regresó a "Villa Triste" y fue deportado a Alemania).

Pero también declina la estrella de Koch. Detenido en enero de 1945 por la "Mutti" y llevado a la cárcel, recobra la libertad cuando los partisanos, el 25 de abril, van a conquistar Milán. Koch se quita el bigote, se tiñe el pelo de rubio y consulta con el general Montagna.

Es el momento de huir, si, pero ¿a dónde? "América del Sur o África —le responde el otro— son los lugares más seguros".

"Bien —murmura Koch—, pero hay una cosa. Hace falta dinero, y yo no tengo".

Vaga por Milán y frecuenta las zonas del centro. Nadie le reconoce. Al partisano que le para en el punto de control situado en la esquina de Vía Bianca de Savoia le cuenta una triste historia: "He llegado de Roma con los aliados. Tengo a mi madre en Como. Está enferma y no sé cómo llegar allí". "Planta los pies en la carretera y vete", contesta el partisano. "Ya, claro, es fácil decirlo. No tengo un céntimo. Y ademas, tampoco tengo documentos de identidad". Le dan un salvoconducto al nombre que el mismo indica: Ariosto Ballarin. Además, le ofrecen un sitio en coche durante algunos kilómetros. Lleva encima sus verdaderos documentos, con su nombre y apellido, y la automática que en 1944 le regaló en Roma el general Maeltzer. A mitad de camino entre Milán y Como se queda solo, y Koch se deshace de la pistola (enterrándola en un campo, pero anotando el sitio en su agenda), y luego sigue. Desde Como comprueba la imposibilidad de pasar a Suiza, y toma el camino de Florencia. Llega a la capital Toscana, busca a Tamara Cerri, su amiga, se entera de que ha sido detenida, y le dicen que también su madre está en la cárcel. Se presenta en la cuestura de policía, dice que viene del norte y que se ha enterado de la detención de Tamara Cerri, y revela que anda tras las huellas de Koch. El brigada al que se ha dirigido no tiene prisa. Koch comprende que las mujeres están realmente en prisión. Entonces abandona la partida: "Pietro Koch soy yo". Tiene que decírselo dos veces al policía antes de que éste desenfunde su pistola.

Al día siguiente, el "Giornale d'Italia" publica en primera página: "Una buena noticia para los romanos. Pietro Koch, la hiena de la pensión Oltremare y de la pensión Jaccarino, el criminal carnicero de patriotas durante la ocupación nazifascista, ha sido detenido en Florencia. Todo acaba por pagarse. También a Koch, que el 3 de junio de 1944 huyó con sus esbirros de Roma para trasladar a Milán la actividad de su banda, también a este degenerado de corbata impecable, de sonrisa fatua, de uñas pulidas, de raya bien peinada, le ha sonado la hora fatal de la justicia".



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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Nov 10, 2008 1:36 pm

Pietro Koch ante los jueces

"Señor presidente: Los fascistas me libertaron el 25 de abril, a las 6 de la tarde. Me encontraba encarcelado hacía dos meses por orden de Farinacci, por cuyo encargo había realizado una investigación. Me dirigí a pie hacia Como. Había mucha confusión aquellos días y a nadie se le ocurrió registrarme. Llevaba encima mis documentos auténticos y una pistola. Pasé de Como a Morbegno, pero en seguida me fui de allí porque me enteré de que había llegado un telegrama con mis datos y la orden de captura. En Novara los ingleses me dieron un permiso de circulación a nombre de Ariosto Ballarin. Luego marché a Florencia. Los periódicos —¡oh, estos periódicos!— han escrito muchas inexactitudes sobre mi captura: la amante, la trampa, el amor... Todos inventos. Tamara Cerri no tuvo nada que ver con mi detención. La detuvieron por casualidad porque se parecía a una mujer buscada por la policía. Como dicen los alemanes, también la gallina ciega encuentra su grano de trigo. Supe que mi madre había sido detenida y que querían que dijera dónde me había escondido. Entonces yo, señor presidente, me presenté voluntariamente. Pero para convencer al comisario de policía de que yo era Pietro Koch, hijo de Reinaldo y de Olga Politi, nacido en Benevento el 18 de agosto de 1918, ¡tuve que contárselo con música dos o tres veces!...".



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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 15, 2008 2:15 pm

LA PLANTILLA DEL «DESTACAMENTO ESPECIAL»

"Destacamento Especial de la Policía Republicana" de Milán, más conocido como "Banda Koch", enviado por el mismo Koch al Hauptsturmführer SS (capitán) Theo Saevecke, de la policía alemana de seguridad. La protección alemana de la banda será siempre evidente, y en los momentos de dificultad hará sentir su peso.

"Dr. Pietro Koch, jefe del Destacamento; Dr. Armando Tela, subjefe del Destacamento; Abogado Augusto Trinca Armati, jefe del departamento legal; Dr. Gino Franzoni, Secretaría; Abogado Francesco Sbaraglini, sustituto en el departamento legal; Teniente Osvaldo Valenti, enlace; Conde Guido Stampa, pequeño mantenimiento; Sergio Giacomantoni, disponible; Contable Gracco Belgodere, jefe del departamento de secretaría; Dr. Livio Zaccagnini, comandante de la brigada móvil; Teniente Ezio Cesi, dirigente del departamento de disciplina; Francesco Argentino, departamento de investigación; Emilio Gabrucci, vigilancia de prisioneros; Enzo Silvestri, armero; Giuseppe Magnani, agregado al departamento de investigación; Pompeo Cardona, agregado al departamento de secretaría; Paolo Cavalierí, distribución de carburante; Raffaele Palloni, Garibaldo Zangheri, Giovanni Fedeli, Guglielmo Blisi, Amleto Maccagli, Carlo de Santis, Adolfo Raschi, Renato Giorgetti, Antonio Casali, Giovanni Cosro, Giovanni Rivalta, Vincenzo Tonti; Alberto Ragni, Cario Guglielmi, Renato Milanesi, Giuseppe Bertini, Luigi Tramponi, Giuseppe Bori, Francesco Belluomini, Cabruccio Cabrucci, Filiberto Filippini, Mario Ferrini, Aldo Tardicci, Mario Bernasconi, Domenico Parlato, Giulio Tinarelli, Marcello Bertoni, Corrado Cavalierí, Gerardo Priori, Elio Desi, Raffaele Giunti, Pietro Ramoni, Ercole Bettini, Dante Carlini, Gino Graziano, Dante Voccacini, Luigi Necchi, Mario Pozzo, Battista Moroni, Giobatta Ferruzzi, Lina Zini, Daisy Marchi, Anna Saracini, Camilla Giorgatti, Teresa Ledonne, Anna Chiavini, Giulia Ferrini, Alba Giusti, Annapaola Morichetti, María Rievra".


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Nov 26, 2008 2:43 pm

¿Es posible que ese muchacho sea un monstruo?

Es lunes, 4 de Junio de 1945, en la vieja universidad de Roma, en la gran sala de la Sapienza, se acaba de abrir el proceso contra Pietro Koch. Es acusado de los delitos que trata el articulo 5 del Decreto-Ley del Lugarteniente de Italia, de 27 de julio de 1944, número 159, con relación al articulo 51 del Código Militar de Guerra "por haber cometido en Roma hasta el 3 de junio de 1944, y en otras ciudades de Italia del norte después del 8 de septiembre de 1943, crímenes contra la fidelidad y la defensa militar del Estado, colaborando con el alemán invasor y prestándole ayuda y apoyo".

El proceso durará poquísimas horas, tres exactamente, pero el público es abundantísimo y —como escribirá el más detallado biógrafo de este personaje de la RSI, el periodista Aldo Lualdi— se ven famosos como la actriz cinematográfica Isa Pola y el realizador Augusto Genina, que está con su mujer, la escri- tora Paola Masino (entre los testigos ha sido citado también Luchino Visconti).

En el fondo del salón, tras la larga mesa recubierta con un paño rojo, se sienta el tribunal, cuyo nombre exacto es "Alto Tribunal de Justicia para las sanciones contra el fascismo". Lo preside un magistrado de gran prestigio. Lorenzo Maroni, que es asistido por otros tres jueces de carrera: Carlizzi, Arena y Profeta. Con ellos hay cinco representantes designados por la "Alta Comisaria para el castigo de los delitos fascistas", y uno de ellos es el futuro senador comunista Cario Celeste Negarville, alcalde de Turín y conocido como "el marqués rojo". Otro magistrado, Luigi Granate, lleva la acusación pública.

Según las crónicas de los periódicos de la época, "protegido por un grupo de carabinieri, Pietro Koch,jefe del 'destacamento especial de policía' durante la ocupación nazi de Roma, hace su entrada en la sala del Alto Tribunal de Justicia poco después de las nueve horas, caminando engallado sin que su rostro revele ninguna particular emoción. El numeroso público mantiene ante su presencia una actitud bastante calmada. Cuando los carabinieri de la escolta le liberan de las esposas, Koch va a sentarse en el rincón extremo del recinto y trata de hurtarse a las miradas". La gente, desde el otro lado de las barandillas, le observa curiosa. Este mocetón alto, vestido de azul, con camisa blanca de cuello abierto vuelto sobre el de la chaqueta, con los cabellos lustrosos de brillantina y perfectamente peinados, ¿es el torturador, el sádico, la "bestia" de las pensiones de Roma y de "Villa Triste" de Milán? ¿Es posible?

Es posible. Bastará leer algunos nombres de los infelices que pasaron por sus celdas para darse cuenta: la portera Carolina Crippa. la profesora Giulia Ferrario, el cartero Angelo Ferrari, el empleado Ernesto Gianini, el abogado Aldo Gallo, el ingeniero Vittorio Guzzoni, el ceramista Luigi Marenghi, el obrero Luigi Magnoni, el carpintero Battista Milesi, el abogado Paolo della Giusta, el abogado Renzo Cantamessa, el ingeniero Eugenio Dugoni, los comandantes partisanos Giuseppe Fregoni y Giuseppe Pagano, muerto luego en un campo de concentración: el abogado Guglielmo Ghislandi, que luego seria alcalde de Brescia; el químico Alberto Marchesi, los bomberos Roveda y Martinelli, el vigilante urbano Mario Luraschi, Ramella della Montecatini, el abogado Martini de la CGE, el editor Giuseppe Bocea, Luigi Montagna, Francesco y Egidio Razzaboni. Bastará escuchar la declaración de un periodista, Augusto C. Dauphiné, que fue detenido en "Villa Triste" de Milán y que recuerda el encuentro con Koch: "Me hizo salir de la celda y me ofreció un cigarrillo. Tuve que hacer un esfuerzo para rechazarlo, pero lo rechacé. 'Tutéame', dijo. 'También yo en tiempos tuve ambiciones periodísticas. Seamos un poco colegas, ¿quieres? Ah, verdaderamente me detestas, pero eso es estúpido. ¿De qué te quejas? Hoy estás en un cuarto de tres metros de ancho. ¿ Sabes qué cuarto me darán cuando me pillen? Cuarenta centímetros de ancho', y rió, 'y dos metros de largo porque soy alto'. Y siguió riendo". Bastará leer el pasaje de un folleto editado en Milán después de la liberación que describe el primer tratamiento reservado en "Villa Triste" a todos los recién detenidos.

"Los prisioneros llegaban con los ojos vendados, y apenas bajaban del coche eran asaltados a puñetazos en los costados, en el vientre, en la cabeza. Aturdidos asi, eran conducidos a la planta baja. y luego se les arrojaba a patadas por la escalera de caracol, sin barandillas, hasta el sótano inferior. Con la caída los desgraciados se lastimaban incluso gravemente la cabeza, los brazos y las piernas, se rompían los dientes y por algún tiempo yacian en tierra inmóviles".

Todo esto lo ha declarado ya Koch aun antes de entrar en la sala de la Sapienza vigilado por los carabinieri (uno de los cuales quiso la casualidad que fuera el citado Angelo di Pietro, que Koch había hecho torturar en la pensión Jaccarino).

Antes de que comience el proceso, esperando la entrada del tribunal, Koch conversa con los periodistas, especialmente con su ex compañero de armas Marco Cesare Sforza (y Koch le saluda, desenvuelto, diciéndole: "Hola. Qué alegría verte. Aunque volvemos a vernos en circunstancias un poco movidas. Movidas para mi, se entiende"). El acusado no se hace ilusiones sobre su suerte, aunque no sabe que, como a todos los criminales fascistas que le han precedido, el tribunal ha decidido procesarlo por un solo delito, colaboracionismo con el enemigo (que comporta la pena de muerte), a fin de no extender el sumario a los otros delitos —a pesar de ser tantos y tan graves— porque ello significaría prolongar las diligencias judiciales varios meses mientras que asi han sido cerradas en dos días.

Koch, sin embargo, intuye perfectamente cómo irán las cosas. Y cuando un periodista le muestra un semanario con su fotografía, que le representa de muchacho con su madre y su hermana, se ensombrece y murmura: "Se debería tener respeto a un hombre que vivirá lo más hasta mañana a las dos" (Koch será fusilado a las 14.20 del martes 5 de junio).

Hay todavía un cambio de frases con los periodistas. "Hubiera querido ir al sur —confiesa Koch—, Nápoles es tan grande". "SÍ, pero el mundo es pequeño. Te habrían cogido igual". "He visto que ante el palacio hay dos carros de combate. ¿ Tienen miedo de que me escape o de que cambie la guerra?". Y, finalmente: "La única cosa que me molesta es morir a los veintisiete anos. Hace un año me marchaba de Roma en el coche del SS Dollmann. Ahora el viaje será distinto".

En este momento entra en el aula Minerva el pelotón de carabinieri. "Hay que irse", dice el jefe de la escolta. Koch tira el cigarrillo, lo aplasta con el tacón de un zapato perfectamente limpio, y presenta las muñecas a las esposas. "En la boca del lobo", murmura. Y marcha a la sala de la audiencia.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 29, 2008 1:07 am

Presidente: "El acusado no tiene defensor propio. El tribunal procede a nombrarle uno de oficio en la persona del abogado Felice Comandini".

Comandini, presidente del Colegio de Abogados y Procuradores de Roma, es un conocido antifascista, y Koch, en 1944, le estuvo dando caza. Por otra parte, al parecer, el acusado no ha encontrado un letrado dispuesto a asumir su defensa.

Comandini (al presidente Maroni): "Estoy a las órdenes del tribunal".

Fiscal Granata (fiscal general sustituto en el Tribuna] de Apelaciones): "Abogado Comandini, esto le honra mucho...".

Comandini: "Señores del tribunal, yo no soy el defensor de Pietro Koch. Yo soy la defensa personalizada, soy la tutela de la civilización. Esta toga pesa sobre mis hombros como si fuese de plomo, pero, bajo ciertos aspectos, representa para mi un privilegio".

Presidente (al acusado que está en pie en su recinto): "Acerqúese delante de mi, que quiero hacerle algunas preguntas...".

Koch: "Me remito a todo lo que he dicho al juez instructor estos días".

Presidente: "Pero el tribunal desea saber algo más. conocer, por ejemplo, qué motivos le han inducido a colaborar con el invasor alemán...".

El acusado asiente, y luego empieza a hablar rápidamente, relatando todas sus aventuras de los últimos dos años. Recuerda que entró a formar parte del Estado Mayor de la Banda Carita con el grado de teniente junto con otro teniente. Armando Tela, que luego se llevará consigo a Roma y después a Milán.

Fiscal Granata: "Trabajando asi para los alemanes...".

Koch: "¡Pero en el fondo mi padre era alemán!".

Presidente: "Pero usted es italiano y ha servido como oficial de nuestro ejército".

Koch: "Sí, pero por algún tiempo, al menos veinte meses, hubo dos Italias".

Y el acusado empieza a explicar, entrando en toda suerte de detalles, la necesidad, fines y significado de su actividad de "policía especial". Explica, sobre todo, el clima de los días siguientes al armisticio, la confusión de los espíritus, la incertidumbre de quien debía escoger, y todo —obviamente— bajo el signo de su más completa y total buena fe.

Fiscal Granata: "Usted, cuando se trasladó de Florencia a Roma, se llevó consigo —además de Armando Tela— dos torvas figuras: una la del ex escuadrista fascista y luego brigada de las SS italianas Giuseppe Bemasconi, que de 1924 a 1942 había recibido hasta dieciséis condenas por hurto, estafa, usurpación de título, crédito fingido, falsedad en letras de cambio e insolvencia fraudulenta. La otra era el monje benedictino padre Ildefonso, en el siglo Epaminonda Troja, nacido en 1915 en Arcinazzo...".

Un juez (interrumpiendo): "Los feudos de Graziani".

Fiscal Granata: "... que había hecho espionaje para la Banda Carita, y que durante los interrogatorios de las victimas aporreaba en el piano canciones napolitanas o la 'Inacabada', de Schubert, para ocultar con sus notas los gritos inhumanos de los torturados".

Koch: "Si hubo torturas, yo nunca las ordené. Cierto que sospechaba que eran interrogados e incluso de manera dura. Pero los malos tratos infligidos por Trinca, por ejemplo, los desaprobaba. Por otra parte, esos son, más o menos, sistemas normales de la policía, de todas las policías".

Fiscal Granata: "¿Y esas 'villas tristes' de Roma? ¿Las pensiones Oltremare y Jaccarino?".

Koch: "Mi graduación era de subteniente del ejército, que más o menos correspondía a comisario de policía. Como era un 'auxiliar de la policía', las dos pensiones podían considerarse en esencia verdaderas comisarías de seguridad pública".

Presidente: "Acusado Koch. Nosotros, hasta ahora, no hablamos por boca de testigos. Nos servimos de documentos, y precisamente procedentes de su archivo. Aquí hay uno suyo, firmado por usted, un informe que envió al general Maeltzer, comandante de la plaza de Roma, en el que se pide la identificación del principal autor del atentado de Vía Rasella. Además, del diario de su destacamento resulta que el 23 de marzo de 1944, día de la represalia alemana en las Fosas Ardeatinas, al menos dos de sus prisioneros fueron entregados para ser fusilados: el teniente Maurizio Giglio y el profesor Pilo Albertelli".

Koch: "No sé nada de prisioneros entregados para el fusilamiento. Lo único que puedo decir, porque lo recuerdo con precisión, es que me encontré con el cuestor de policía de Roma, Caruso, y con él fui a ver al SS Kappler, que había sido encargado de la represalia. La lista de prisioneros italianos, de los ya condenados a muerte, que los alemanes llaman 'Totenkandidaten', la preparó Caruso. Sólo él tema en mano las listas de los detenidos de las distintas prisiones, sabia quiénes eran los convocados, los detenidos, los condenados y a qué penas, y los que estaban sencillamente a la espera de juicio o de sumario".

Fiscal Granata: "Sin embargo, en este momento podemos presentar testigos. ¿Debemos hacerlo? ¿Debemos hacer decir que el 23 de marzo de 1944, cuando se difundió la noticia del atentado de Vía Rasella, usted y sus esbirros se precipitaron a las celdas de la pensión Oltremare golpeando como locos a los prisioneros para vengar de algún modo a los 'camaradas' alemanes muertos en la explosión?".

Koch: "Que vengan si quieren. No temo los desmentidos".

Presidente (calmado y solemne): "Muchos de ellos no pueden comparecer. Han muerto".



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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 29, 2008 8:03 pm

Como escriben los periódicos de la época, desde ese momento, "respondiendo a las diversas cuestiones que le dirige el presidente, que se refieren a las varias operaciones por él realizadas y especialmente a los malos tratos más refinados a los que acudía contra los patriotas, el acusado dice que su banda estaba reconocida por el jefe de policía, que él era un comisario auxiliar, y que luego en Milán recibió del ministro del Interior el grado de cuestor de primera clase. Niega decididamente haber estado a las órdenes de la policía alemana".

Presidente (al secretario): "Lea el testimonio Scottu, quinto cuaderno, página 11 y siguientes...".

Secretario: "... El teniente Giglio me dijo que Koch le había maltratado en presencia y con anuencia de Caruso y que, también presente el otro, Walter, inclinándole la cabeza hacia adelante le había golpeado violentamente en la nuca (...). El teniente Giglio fue interrogado durante cerca de veinte minutos (presentes Koch y Walter). Volvió con la cara desfigurada, tambaleándose, agotado. Walter le asestó un puñetazo en la boca. La sangre corría de sus labios rotos. Mientras se los enjugaba con un pañuelo en el borde de la cama, fue golpeado repetidamente a puñetazos en las mandíbulas. Llamaba a su madre, en voz débil y casi sin conocimiento...".

Presidente: "Creo que así basta. ¿O continuamos?".

Koch se calla un instante, y luego niega: "En aquella época no me encontraba en Roma. Estaba fuera, de servicio".

Fiscal Granata: "Pero los testigos no tienen duda, todos están de acuerdo en su nombre...".

Koch (encogiéndose de hombros): "Bueno, yo era el jefe del destacamento. Acaso pensaron que como tal estaba presente... No sé...".

Presidente: "Querría saber algo más sobre esa huelga que usted se jacta de haber cortado el 3 de mayo de 1944 para no crear, dijo usted, perjuicios a la población".

Koch: "Sin duda los alemanes, ante una huelga general, no habrían dudado en realizar redadas y detención de inocentes a centenares y centenares. Impidiendo, por ejemplo, el sabotaje de la línea eléctrica Roma-Tívoli, ayudé esencialmente a la población de la capital".

Fiscal Granata: "En su informe al general Maeltzer explica usted estas cosas en términos bien distintos...".

Koch: "Si el plan de destrucción de las estaciones de alimentación se hubiera realizado, le puedo asegurar que al menos durante un año Roma hubiera quedado sin luces y sin periódicos".

Presidente: "Bah, vaya perjuicio. Eran periódicos fascistas".

Fiscal Granata: "Explique mejor cuándo y por qué fue detenido por la misma policía de Saló".

Koch: "Fue por venganza. Yo estaba a favor de una labor moralizadora del ambiente de la policía, una acción a realizar públicamente, ante los ojos de todos...".

Presidente: "Sin embargo, las descripciones que leo aquí de la 'Villa Triste' de Milán, sede de su puesto de mando, me dan más bien la idea de un antro de tortura. Aquí se dice que en las cornisas del edificio se habían emplazado veinticuatro reflectores, que cada verja estaba provista de potentes sirenas de alarma, y que en el subterráneo estaban las celdas, tres para hombres y una para mujeres, y tan bajas que una persona tenia que estar inclinada. Y leo también que cuando la 'Mutti', el 24 de septiembre de 1944, por orden del prefecto de Milán, irrumpió en su cueva, encontró allí 43 detenidos, todos apiñados en las cuatro celdas...".

Koch: "Eran simplemente medidas de seguridad. Me detuvieron porque había revelado a Mussolini los torvos tráficos que realizaban, a espaldas de la República Social Italiana, personajes como Farinacci. El, Farinacci, se alió con la 'Mutti', que envidiaba mi destacamento de policía y los éxitos que obteníamos. Juntos urdieron un complot contra mí y me hicieron meter en la cárcel para que no descubriera sus cerdadas. Pero hice igualmente llegar a Mussolini un informe sobre Farinacci...".

Presidente: "El interrogatorio ha concluido por nuestra parte. ¿Tiene algo más que decir?".

Koch: "Creo firmemente en la justicia de Dios y espero que me perdone. No he colaborado con los alemanes, pero tengo conciencia de que toda mi actividad pudo serles de provecho. Por mi origen alemán no podía ni quería enfrentarme con ellos".

Abogado Comandini: "Pido la palabra para una breve intervención".

Presidente: "Le escuchamos, abogado".

Comandini: "Mi petición procede de cuanto ha surgido hasta ahora en los interrogatorios. Hay muchas culpas del acusado, pero no podemos hacer con ellas un único expediente. Para un juicio sereno es necesario, en mi opinión, desbrozar el campo de lo que usted mismo ha llamado, señor presidente, el 'colorido' de proceso: los rumores, las insinuaciones, los 'se dice', los hechos dados como conocidísimos pero no probados. Todo esto pone un peso terrible sobre los hombros del acusado, y puede hacerle cargar con responsabilidades que efectivamente no tiene. Por eso pido una ampliación del sumario".

El Alto Tribunal se retira para deliberar, y permanece diez minutos en la cámara de consejo. Cuando regresa, el presidente Maroni lee la disposición por la que es rechazada la petición de la defensa. Son ya las 11. Se comienza la deposición de testigos. Los dos primeros en ser escuchados son el ex cuestor romano de policía Norazzini y el comisario de Seguridad Pública Marittoli, que confirman, en todo y por todo, los informes que habían presentado sobre la lamentable actividad de la Banda Koch.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Nov 30, 2008 1:10 pm

Declara también Luchino Visconti

Hay sensación en el público que abarrota la sala cuando el alguacil introduce al primero (que será el último) de los testigos de descargo. Se trata de Luchino Visconti di Modrone, milanés pero residente en Roma, donde ejerce la profesión de director de cine. Luchino Visconti, que había sido detenido por la Banda Koch bajo la acusación de posesión de armas de guerra, debería haber dicho que había logrado la libertad gracias a la intervención de Pietro Koch. Pero la declaración del realizador no es precisamente en estos términos. Visconti afirma que Koch había ordenado su fusilamiento, y que después de haberlo tenido aislado una semana en un escondrijo de la pensión Jaccarino le envió a la cárcel de San Giorgio, de donde no salió hasta finales de mayo de 1944, vísperas de la liberación de Roma por las tropas angloamericanas. Dijo Visconti: "Cuando fui detenido, Pietro Koch dio orden de que fuera fusilado por la noche. Durante ocho días, metido en el llamado 'agujero' de la pensión Jaccarino, esperé que la sentencia, confirmada continuamente por el verdugo, fuera ejecutada. Una noche, Caruso vino de visita a la pensión y Koch, para divertirse un poco, le mostró a dos patriotas que acababan de sufrir tortura. A continuación fui trasladado a lo que en la jerga de la Jaccarino se llamaba 'el montón': un cuartucho fétido con un poco de paja en el suelo".


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Dic 01, 2008 10:13 pm

El lado humano de Pietro Koch

En ese punto, Koch pide al abogado Comandini que renuncie a la presentación de otros testigos de descargo. "Quiero sólo hacer una puntualización —dice el acusado, y se toma nota de sus palabras por el secretario—. Dicen que la actriz Daisy Marchi formaba parte de mi destacamento, y no es verdad".

"Sin embargo —replica un juez— el nombre de la Marchi figura en la lista de los componentes del 'Destacamento especial de policía republicana'".

Presidente: "Si no hay más intervenciones, y hay renuncia expresa del acusado a la presentación de testigos de descargo, tiene la palabra el Ministerio Público".

Las conclusiones del doctor Granata empiezan a las 11,15, y resumen en poco más de media hora la carrera de Koch: "El acusado —dice el fiscal— está plenamente confeso, y no hay necesidad por tanto de insistir con citas de documentos y pasajes de testimonios. La prueba es plena y segura". El Ministerio Público concluye públicamente pidiendo al tribunal como "ejemplo y admonición solemne", una sentencia que confirme la total responsabilidad del acusado: la pena capital, fusilado por la espalda.

El defensor, abogado Comandini, quien comienza a hablar a las 11,40, recurre a toda su habilidad para atenuar la grave petición del fiscal. Pero el mismo acusado, que ha escuchado totalmente indiferente las conclusiones y la petición de pena de muerte, no parece tomar parte alguna en la perorata de su defensor. Como dirá más tarde el secretario, "en su proceso hasta el cuestor de policía Caruso se conmovió, y Federico Scarpato, uno de los más duros verdugos de la Roma nazi, no pudo levantar nunca los ojos al tribunal o a los testigos. Pero este Koch parecía no dar importancia a nada, un verdadero monstruo de cinismo". Acaso no era así. Acaso Koch —ante la medida exacta de sus delitos— comprendió que para él no había ya escape, y por eso se resignó antes del veredicto. Pero realmente no podía quejarse de su defensor, aquel abogado al que había dado caza durante tanto tiempo porque le sabía ligado a círculos antifascistas de Roma. Comandini sostiene con calor y pasión que en la zarabanda de acusaciones nadie ha tenido ocasión de ver el lado humano de Pietro Koch. "Hay un mito Koch y una realidad Koch, y en el platillo de vuestra balanza, jueces, debe pesar sólo la realidad Koch".

El letrado subraya también que el acusado fue sólo instrumento de un engranaje monstruoso que le trituró como a tantos otros desgraciados. "El asesinato es el arma de la tiranía; la justicia, el arma de la libertad. Pietro Koch es un producto del clima fascista y un 'hongo venenoso'. Pero me pregunto si es más culpable la mano que se esconde tras tirar la piedra o la mano que abiertamente la arroja".

Y llegando a la conclusión, el letrado recuerda que "se habla comúnmente de una Banda Koch como de una banda armada, mientras que en realidad Pietro Koch era jefe de un destacamento especial de policía que actuaba obedeciendo órdenes superiores y precisas".

Comandini, que habló con gran firmeza y habilidad, terminó su discurso diciendo que confiaba en la alta justicia del tribunal, que debería "juzgar a un ser humano".

Mientras todas las campanas de Roma repicaban el mediodía, los jueces —una vez dirigida la pregunta de ritual al acusado ("Pietro Koch —dice el presidente Maroni—, ¿desea decir alguna otra cosa?". "No, no, gracias —responde el acusado—. Ya lo ha dicho todo él", y señala hacia el abogado Comandini)— se retiran a la cámara de deliberaciones para el veredicto. Aunque la reunión se prevé muy breve, Pietro Koch, con las muñecas esposadas de nuevo, es conducido a la encalada sala Minerva para esperar, en compañía de la escolta y de algunos periodistas, el sonido de la campanilla del secretario que anunciará el regreso del tribunal a la sala.

Koch intercambia algunas palabras y se lamenta de que se le esté haciendo "una injusticia". ¿Por qué?, le pregunta alguien. "Treinta años a Acerbo —aludiendo a Giacomo Acerbo, último ministro de Hacienda con Mussolini, procesado poco tiempo antes— y a mí la muerte. Son los acostumbrados trucos..." Y dirigiéndose a los periodistas con una sonrisa: "Destacarlo, por favor, en simple plan periodístico".


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 06, 2008 2:42 am

"En nombre de S. A. R. Humberto de Saboya, este Alto Tribunal..."

A las 12.10 entra en la sala Minerva el jefe de la escolta, hace una seña a Koch y a los carabinieri: "Vamos". El tribunal va a entrar en la sala. Cinco minutos más tarde, de pie y en posición de "firmes", entre el silencio absoluto del público, Koch escucha la lectura del veredicto por el presidente Maroni: "En nombre de Su Alteza Real Humberto de Saboya, Principe de Piamonte, Lugarteniente General del Reino, este Alto Tribunal de Justicia en el proceso contra Pietro Koch di Rinaldo, declara a Pietro Koch culpable del delito del articulo 5 del D. L. de 27 de julio de 1944, número 159, con relación al artículo 51 del Código Penal Militar de guerra. En consecuencia, vistos los artículos mencionados, condena a Pietro Koch a la pena de muerte mediante fusilamiento por la espalda".

Un intento de aplauso por parte del público es acallado por una mirada severa del presidente. Un joven de veinticinco a treinta años grita agitando el puño hacia el acusado ("Me avergüenzo de haber sido tu compañero de regimiento"). Los carabinieri de escolta aparecen de nuevo, y el tribunal, después del presidente, sale lentamente de la sala de la Sapienza. El público sigue allí, mirando, presa de una morbosa curiosidad. Pietro Koch, aunque muy pálido, está calmado. Se acerca a Comandini y le dice en voz alta: "Se lo agradezco, abogado". Luego entra en la salita contigua y se hace encender el cigarrillo por un antiguo compañero de armas. "Ven a verme hoy a la cárcel —le dice—. Me queda poco tiempo de vida. Recordaremos los tiempos en que estábamos juntos en el regimiento". Luego, viendo que el otro tiene la mano insegura, le dice: "Amigo, tú fumas demasiado. Te tiemblan las manos". "No, no es el fumar —le dice su amigo—, es que estoy emocionado por tu causa". "Eso es cosa mía" —le replica tranquilamente el condenado.

Son las 13.10 y a Pietro Koch le quedan de vida trece horas y diez minutos. Antes de abandonar la salita, firma —sin mucha convicción— la petición de gracia, da la mano al abogado Comandini y pide que le lleven cuanto antes a la prisión Regina Coeli: "Tengo un tremendo dolor de muelas. Quizá en la enfermería de la cárcel encuentre alguna 'tableta'". Luego, a partir de la primera tarde, las horas transcurren velocisimas. Koch pide ver a su madre, que vive en Milán (y que, aun avisada por telegrama, no hubiera llegado a tiempo para reunirse con su hijo antes de la ejecución si no hubiese intervenido el Vaticano poniendo a su disposición un medio rápido de transporte), hablar con una tía suya que está en Roma y verse con su amiga Tamara Cerri. que está recluida en la cárcel de las Mantellate. La misma noche, a las 9, Koch recibe a la muchacha. Finalmente se queda solo, escribe varias cartas y prepara el menú de su última comida. De vez en cuando el capellán de Regina Coeli entra en la celda del condenado y conversa con él. Llega la mañana del martes. Koch prácticamente no ha dormido. A las 10.30 llega su mujer, Enza Gregori, y también tiene con él una larga charla. Así pasan casi tres horas. A las 13,30 entra una escolta de guardias urbanos. Es la hora. Pietro Koch, tranqulo, se levanta y se dirige al patio de la cárcel. De allí, en un furgón, será conducido al lugar de la ejecución.

A esa hora en Fuerte Bravetra, en la Vía Urelia, están colocando en el terraplén una silla pintada de blanco, con el respaldo en hoja de luneta. A poca distancia, entre los matorrales, está preparado un ataúd de madera gris, hecho de cajas viejas de embalaje, marcado con la contraseña B-1.5 79. En el fondo del féretro hay una delgada capa de virutas. Cuando faltan pocos minutos para las 14 horas, un coche azul con matricula civil penetra por la oscura arcada de entrada al fuerte, y bajan de él dos personas: el teniente Cavaccini, agregado a la "Alta Comisaría para castigo de los delitos fascistas", y el juez Curci. Los rodea un pequeño grupo de periodistas: el corresponsal del "Times" en Roma (que durante la guerra estuvo preso y conoce a Koch) y algunos operadores cinematográficos. Se ha permitido filmar la escena de la ejecución. Dentro de pocas semanas, millones de personas verán en los cines la cabeza de Pietro Koch "salir volando como una pelota de béisbol". Pasa un cuarto de hora y a las 14,10 llega el furgón carcelario seguido de un camión con 17 agentes metropolitanos de Roma con uniforme negro. Es el pelotón de ejecución. Se abre la puerta posterior del furgón y sale el capellán de Regina Coeli, P. Moncada, con estola morada, y luego el director de la prisión y cuatro carabinieri. El último es Koch. Salta a tierra ágilmente y se encuentra frente a la trágica silla, plantada en la hierba quemada por el sol de junio.

En un silencio apenas roto por el ruido de las cosas (una portezuela de coche que se cierra de golpe, el ruido de taconazos de un "¡firme!", un golpe de tos), el juez Curci se acerca a Koch y le lee rápidamente la orden del Alto Tribunal que rechaza su petición de gracia. El condenado no parece sorprendido. El mismo se vuelve al P. Moncada y el sacerdote da un paso adelante. Desenvuelto, Koch pone una rodilla en tierra, inclina la cabeza al recibir la bendición ("Ego te absolvo..." murmura el padre), y vuelve a levantarse, ajustándose la impecable raya del pantalón.

Dos agentes le toman delicadamente por los brazos y le llevan a la silla. Parece que Koch no quiere que le venden los ojos ni que le aten, pero esto no es consentido por la autoridad. A horcajadas en la silla, con los brazos sobre el respaldo, Koch facilita la operación de los hombres que tienen que atarle. Es cuestión de pocos segundos. El director de Regina Coeli, que ha estado siempre a su lado hablándole en voz baja, es el primero que se aleja. Luego el P. Moncada le hace sobre la cabeza el signo de la última bendición y da dos pasos atrás mientras sigue recitando las oraciones de los moribundos. A las 14,21, cuando el brigada baja el sable que hará partir contra la nuca de Koch la descarga de 17 fusiles, el condenado, que ha estado quieto hasta ese momento, vuelve la cabeza a la derecha como para decir algo. Entonces le alcanza de lleno la descarga. Media hora más tarde Fuerte Bravetta está otra vez desierto. El cadáver ha sido llevado a la sepultura, jueces y periodistas se han ido, y hasta la silla del ajusticiado —como quiere el procedimiento— ha sido destruida y quemada.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 06, 2008 2:47 pm

La motivación de la sentencia de muerte

La motivación de la sentencia del Alto Tribunal de Justicia de Roma —por la que el 4 de junio de 1945 fue condenado a muerte Pietro Koch— describe minuciosamente tanto la personalidad del acusado como, sobre todo, la estructura y composición de la banda que dirigió en Roma, Florencia y finalmente en Milán, y que se puede clasificar como una de tantas "compañías de tortura" de la RSI.

La banda, que en la práctica actuaba autónomamente, mantenía una lucha encarnizada incluso contra otras formaciones parapoliciales de Saló, como atestigua un informe "personal y reservado" fechado en Milán el 14 de junio de 1944, en el que Koch enumera las operaciones "contra los escuadristas de la 'Mutti' y de otras escuadras de acción, implicados en delitos" como estafa, apropiación indebida y hurto.

"La banda —dice la sentencia— fue compuesta por elementos que el mismo Koch había escogido diligentemente entre los peores criminales, tomó su nombre y empezó a actuar bajo su dirección y exclusiva dependencia, subvencionada ampliamente con los fondos del seudo-gobierno republicano. Surgida en un campo de absoluta y abierta ilegalidad bajo el hombre de 'Destacamento Especial de Policía', la Banda Koch no fue más que el instrumento de los fascistas y los nazis para sofocar, mediante una vasta y compleja actividad criminal, todo legitimo deseo de rebelión y salvación, y para anular toda organización contraria, no sólo de carácter politice, sino también militar".

La criminal actividad de Koch y su banda está dividida por la sentencia en siete puntos principales, a saber:

1. "Numerosos patriotas, antifascistas, y judíos fueron expoliados, detenidos y luego torturados en los locales de la pensión Oltremare en Vía Principe Amedeo y de la pensión Jaccarino en Via Romagna. que fueron sedes de la banda. Y la atrocidad de tales torturas (privación de agua y de comida, palizas hasta la sangre, fractura de costillas, arrancamiento de uñas y de cabello, pinchazos de alfileres y aplicación de punzones a las partes más sensibles del cuerpo, etc.) superó la que los mismos policías alemanes habían usado en las ensangrentadas celdas de Via Tasso".

2. Koch siguió la orden del general de la milicia fascista Luna de proceder a la detención del general de ejército Mario Caracciolo di Feroleto, "el que había opuesto mayor resistencia a los alemanes", y "participó activamente, con intervención de un oficial alemán, en la elaboración de un amplio plan de registros y arresto en los locales del Instituto Oriental (Pontificio) donde se esperaba sorprender y capturar a un general de ejército con su Estado Mayor". "Los registros tuvieron lugar en la noche del 29 de septiembre (de 1943) y las operaciones, que duraron hasta las 7 de la mañana, fueron dirigidas personalmente por Koch, con intervención de soldados alemanes guiados por un oficial alemán, y se concluyeron con la detención de numerosas personas, entre ellas el conocido antifascista Giovanni Roveda". "De acuerdo con el ominoso Caruso" penetró en los locales de la abadía de San Pablo Extramuros, zona con derecho de "extraterritorialidad" por el Concordato con la Santa Sede; desarmó al cuerpo de guardia, compuesto por 20 guardias suizos vaticanos, y procedió a detener a muchos patriotas refugiados en un edificio bajo jurisdicción de la Santa Sede, "entre ellos el general de aviación Monti, que fue encontrado con hábito talar y sometido al más vulgar escarnio". "Notable actividad tuvo luego en la aniquilación de los grupos de acción patriótica y estudiantil, y procedió a la detención de los elementos dirigentes más conspicuos, entre ellos el profesor Pilo Albertelli y el abogado Ugo Baglivo, así como numerosos patriotas, prisioneros de guerra y jóvenes huidos del reclutamiento republicano (fascista), que primeramente fueron llevados a los locales de la banda donde fueron interrogados y maltratados, y luego a Regina Coeli, de donde algunos —entre ellos Pilo Albertelli— fueron después sacados y agregados a la matanza de las Fosas Ardeatinas, y otros deportados".

3. La sentencia describe el destino del profesor Pilo Albertelli, "digno de especial atención", "en el relato de un compañero de prisión". Es instructiva la mención de todo el pasaje relativo a la ejecución de este patriota de la resistencia romana:"Paladas y puñetazos le eran propinados con extremada violencia durante los interminables interrogatorios. Con los brazos ligados, inmovilizado el cuerpo dolorido, varias veces fue levantado en peso y arrojado al aire, haciéndole caer al suelo, por esbirros despiadados, que se turnaban en tan salvaje acción. Muchas veces perdió el conocimiento y muchas veces volvió en si bajo la impresión del agua helada que a cubos le echaban encima. Había intentado el suicidio, pero no lo había logrado. Con las mejillas hundidas y los ojos brillantes de fiebre, las fuerzas le habían abandonado completamente hasta no poder moverse y menos tenderse sin ayuda, con las costillas despedazadas que le hacían difícil y penosa la respiración y todo golpe de tos que no lograba reprimir le ahogaba y le daba atroces punzadas en el pecho. Cuando le vio por primera vez en el miserable camastro de la pequeña celda, su compañero de prisión le encontró irreconocible y quedó angustiado. Pero también Koch, en aquellas condiciones de espíritu y cuerpo de su victima, según el mismo Albertelli, le propinó una tremenda patada en la región cardíaca que le hizo sudar frío y desmayarse".

4. Koch desarrolló notable actividad para "descubrir el refugio de los militares aliados escapados de los campos de concentración, y luego se apresuraba a entregarlos a los 'camaradas alemanes'", logrando detener a muchos y deteniendo también a las "personas que los cobijaban". Observa la sentencia: "A este respecto merece ser recordada la violencia con que trató a un tal Pasquale Perfetti, sacerdote fingido que socorría a los evadidos. Le detuvo y para hacerle hablar le sometió a golpes y malos tratos, que fueron tan eficaces que Perfetti no sólo reunció a la buena obra que hasta entonces había practicado, sino que se hizo espía y fiel colaborador de Koch en la persecución de aquellos desgraciados".

5. Koch "logró descubrir y sorprender una emisora enlazada con el V Ejército americano y la entregó a los alemanes con todo el material incautado y con el personal, del que formaban parte Maurizio Gigli, Mastrogiovanni Luigi y Boncore Vincenzo, de los que los dos primeros fueron ejecutados en las Fosas Ardeatinas". "Previno a tiempo un intento de sabotaje dirigido a destruir el puesto de mando alemán del Corso d'Italia y el de Via Tasso, incautándose de gran cantidad de explosivos. Sofocó además un intento de la llamada organización Badoglio, realizando muchas detenciones y requisa de armas". "Con una vasta y compleja acción... llegó también a prevenir un intento de sabotaje por la huelga de todas las fuerzas antifascistas clandestinas, procediendo oportunamente a la detención de un número considerable de personas, entre ellas dirigentes de la Societá Romana di Elettricitá, empleados de la ATAC (compañía de tranvías) y los elementos comunistas más conocidos".

6. Koch tuvo parteen la represalia alemana de las Fosas Ardeatinas de 24 y 25 de marzo de 1944, completando "su obra, dirigida toda a favor del enemigo, al recopilar junto con el cuestor Caruso la lista de 50 rehenes que debían ser, como lo fueron, sacrificados en las Fosas Ardeatinas".

La sentencia narra que con la llegada de los aliados el 4 de junio de 1944, y la liberación de Roma, Koch "después de haber recorrido varias ciudades de Italia septentrional, fue detenido en Florencia el 16 de mayo de 1945".

La sentencia declara:

"La instrucción del proceso, rápida pero intensa, y los interrogatorios, breves pero celebrados con las más amplias garantías de ley, han colocado como premisas ciertas e inevitables de juicio los hechos arriba relatados, los cuales ponen de manifiesto la plena consistencia de la imputación hecha a Koch... que se concreta en la forma de traición (ayuda al enemigo) prevista por el articulo 51 del Código Penal Militar de Guerra".

Observa luego la sentencia:

"Ha contribuido a la brevedad de los interrogatorios la confesión del acusado, así como la renuncia a los testigos llamados ya para su defensa, después que el intento hecho con la exposición de uno solo de ellos, Luchino Visconti di Modrone, fracasara totalmente, agravando su situación procesal. Dijo el testigo que había sido detenido y retenido por Koch, el cual había ordenado fusilarlo antes de la noche. Añadió que su interrogatorio tardó mucho, porque no estaba todavía lo bastante débil, y la costumbre era debilitar a los detenidos con malos tratos y ayuno antes de interrogarlos. Y dijo finalmente que en la pequeñísima celda, llamada 'agujero', en la que había esperado largo tiempo el fusilamiento, fueron encerrados otros dos patriotas, atados estrechamente uno a otro, con viva complacencia de Koch".

La sentencia, después de consideraciones de naturaleza jurídica declara "perfecta la configuración del delito", que no podía "ser excluido por el articulo 51 del Código Penal ni atenuado por lo que la defensa había dicho sobre la supuesta juventud impresionable del sujeto, que habría sido arrebatada por el torbellino de un ambiente tempestuoso y envenenado". Afirma la sentencia que Koch "no tuvo órdenes ni imposiciones específicas para lo que cometió, y obró siempre por propia iniciativa", y que, además, por un "principio de índole general", "nadie está obligado a cumplir una orden que lleve a la comisión de un delito".

7. "La multiplicidad y atrocidad de los hechos delictuosos consumados" no hacían posible que Koch "mereciera atenuantes". La sentencia concluye así su razonamiento de hecho y derecho: "Koch se sintió siempre alemán, y el uniforme de oficial italiano no alteró sus sentimientos de alemán. El día mismo en que fue proclamado el armisticio, huyó con ánimo de pasarse, como se ha dicho, a los alemanes sin ninguna repugnancia ni reparo".


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Dic 07, 2008 2:35 pm

ASÍ ERA «VILLA TRISTE"

En Milán —en la zona de San Siró— la Banda Koch estableció su sede en un chalet de Via Paolo Uccello 15, esquina a Vía Masaccio, que bien pronto fue llamado en la ciudad "Villa Triste" a causa de las torturas y malos tratos infligidos a los rebeldes detenidos. El impresor Luigi Memo, que fue encerrado allí con dos hijos, la describe asi:
  • "La habitación del 'tribunal' es amplia, iluminada por una gran araña de nogal estilo siglo XIX. Frente a la entrada está el escritorio de Koch, y a la izquierda el del juez subalterno. Aquí y allá, dispuestas casualmente, hay bonitas y cómodas butacas de terciopelo amarillo y verde. La primera vez, la más terrible, interrogaba Trinca, en el escritorio de la izquierda, con la taquimecanógrafa al lado. '¿De modo que no sabes nada?', me dice aquel asqueroso panzudo dando vueltas al inseparable látigo. Yo estaba sentado en un taburete sin respaldo, delante de él. 'No sé ni por qué estoy aquí'. 'Pobrecitos... Todos sois inocentes...', sonríe maliciosamente un instante, pero de pronto su expresión se hace feroz, los ojos se le encienden de ira, se le contraen las mandíbulas, se levanta de un salto del escritorio y me acomete: 'Hemos investigado, sabemos todo sobre ti. Eres el jefe del GAP de tu distrito. ¡Vengan los nombres!' Levanta la fusta. Su latigazo es la señal de asalto. Una furiosa patada al taburete me hace rodar entre las piernas de los atacantes. Uno me levanta en peso mientras otro me golpea en el estómago con un poderoso puño. Vacilo, retrocedo un paso, pero una descarga de golpes me cae sobre la nuca. Gritan, se azuzan, sencitan. Trinca observa impasible. Me vuelvo instintivamente. Estoy apoyado en el escritorio, pero es cuestión de un segundo, porque algunos latigazos me hacen caer casi desvanecido en tierra. Hay un momento de pausa. Luego, golpeándome con el talón, uno me intima a levantarme: 'Arriba, cerdo... No armes jaleo, que sólo estamos empezando...'. Estoy atontado, me fallan las fuerzas, un golpe en el codo me ha paralizado un brazo y el dolor que siento supera a todos los demás. Otra patada me hace dar la vuelta. Miro a estos seres bestiales, estos bárbaros. Trinca ríe satánico, la señorita está impasible y mira, los asaltantes no tienen expresión. Hacen su trabajo de carniceros. Los ataques se repiten tres veces: puñetazos, patadas, latigazos, gritos, amenazas... Pero yo no hablo".


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El proceso a Pietro Koch

Mensaje por Erich Hartmann » Mié Dic 10, 2008 1:45 am

EL HIMNO DE LA 'BANDA KOCH'

Este himno, que ofrecemos en traducción literal, fue publicado en "L'Italia libera", de Roma, el 24 de junio de 1944, página 2.

Todos los que en Roma están
con gran daño de la Patria
conspirando contra el Duce
que el fascismo ahora conduce
se toparán con la banda
Pietro Koch, que es quien la
manda (...).

Contra un puño de Masé
no existe remedio alguno.
¡Del otro cuarto se escucha
cómo el infeliz disfruta!

Si se obstinara en callar
y no revelara nada
sacaría de sus casillas,
cosa extraña, hasta a Zangheri.

Mas, ¿qué son esos chillidos?
¿Es que está por medio Brilli?
¿O acaso son las manazas
golpeaderas de Pallone?

¡Correr a ayudar a Nucci!
Más bien pienso que es Gabruzzi
que ha tumbado en tierra a uno
por cuarenta y un segundos.

De Koch es ésta la escuadra,
todos cabezas cuadradas,
que trabajan por la gloria
de Italia y de su victoria,
y si me habéis comprendido
grito fuerte: "¡Viva el Duce!".


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Dic 10, 2008 2:40 pm

CÓMO INTERROGABA KOCH A LOS PRISIONEROS

A primeras horas de la tarde del 17 de marzo de 1944, en Roma, el ex teniente del cuerpo de Seguridad Pública Maurizio Giglio, de veintitrés años, hijo de un oficial de la OVRA pero que en los días del armisticio había combatido contra los alemanes en la pirámide Cestia, fue detenido por los agentes de la "Banda Koch" mientras se encontraba cerca del Puente Risorgimiento junto con su ordenanza, el agente de Seguridad Pública Giovanni Scottu. Los dos estaban manteniendo contacto por radio con el Cuartel General del V Ejército americano. Ambos fueron conducidos a la guarida de Koch, la Pensión Oltremare de Via Príncipe Amedeo, y golpeados y torturados a intervalos regulares. Después de dos días Giglio tenia las costillas fracturadas, había perdido los dientes y apenas podía mover la cabeza. Seis días después, prácticamente agonizante, el joven teniente será cargado en un camión, llevado a las Fosas Ardeatinas y fusilado. Su asistente, después de la guerra, describió —en esta declaración hecha bajo juramento— cómo ocurrieron los interrogatorios de Giglio y Scottu en la Pensión Oltremare de Pietro Koch. He aquí algunos fragmentos:

"Primer interrogatorio. A las 17 horas fue interrogado el teniente. No he visto ni oído que haya sido maltratado. A las 18,30 horas fui interrogado yo. Insistí en que no conocía a mi superior. Comenzaron a maltratarme. Estaban presentes Koch, Walter y otras tres personas, a las que ayudaban otros cinco llamados por Koch. Todos estaban armados, unos con pistolas, otros con cuchillos. A capricho me apuntaban sus armas contra la boca, las sienes, las costillas, los riñones. Luego me dieron puñetazos en el tórax y en las mandíbulas, como si hubiese sido un saco de entrenamiento de un boxeador. En ese momento llamaron al teniente para un careo. Habiéndome dado él la orden de decir la verdad, declaré conocerlo y ser su ordenanza. Perdía sangre por la boca y la nariz. Empujado contra las paredes de un corredor, fui arrojado en un cuarto donde había otros detenidos. Entre ellos recuerdo al profesor Albertelli y al teniente Cario Constantini".

"Segundo interrogatorio. En la noche del 17 al 18, a medianoche. Antes que a mí, interrogaron al teniente Giglio. Oí cómo lo maltrataban en el corredor Walter y su gente. Le volvieron a meter en su celda. Me tocó ser interrogado. Presentes: Koch, Walter y de diez a quince esbirros, armados de pistolas y cuchillos. Koch me preguntó si era verdad que llevaba mensajes a los ingleses de parte del teniente, si distribuía folletos y si tenía, y dónde, bombas, armas y municiones. A mi silencio respondieron con golpes y malos tratos, peores que antes. A palos me devolvieron a la celda común. El suplicio había durado hora y media. A las 2 horas del 18 el teniente fue llamado otra vez por Koch. Firma la declaración. Es devuelto a la celda común. Perdía sangre por la boca, la nariz, el rostro tumefacto. Había perdido muchos dientes".

"Tercer interrogatorio. Es interrogado primero el teniente Giglio. Es torturado durante veinte minutos. Es acompañado a la celda por el carnicero Walter, perdía sangre. Se dolía especialmente de las costillas. (...) Soy llamado a mi vez. Durante media hora me intiman a que hable. Para persuadirme a hacerlo me daban bofetadas! Me apretaban en las sienes dos puntas de hierro unidas por un semicírculo de acero. Sentía que se me salían los ojos. Cuando empezaba a perder el conocimiento se disminuía la presión. Querían que indicase quiénes eran los colaboradores del teniente, a dónde llevaba armas y municiones, y qué servicios había desempeñado en interés de la organización. Yo callaba".

"Cuarto interrogatorio. Día 20, hora 21,15. Es interrogado primero el teniente Giglio. Su interrogatorio dura cerca de 40 minutos. Luego, después de diez minutos, me toca el turno a mí. Ensangrentado como el oficial, vuelvo a la celda común. Presentes Koch, Walter y el cuestor de policía Caruso. El teniente Giglio me dice que Koch le había maltratado en presencia y con anuencia de Caruso, y que, aun delante de éste, Walter le había empujado de cabeza y le había golpeado violentamente en la nuca. Introducido a mi vez en el cuarto de tortura, me hicieron sentarme en una silla. Me pasó por el cuerpo una corriente eléctrica. Palidecí y sentí que me fallaban las fuerzas. Sudaba frío. Koch, con permiso de Caruso, me maltrataba con violencia salvaje e inaudita. Walter, piadoso... me puso un pañuelo bajo la nariz diciéndome: 'Pobrecíllo, límpiate', y al mismo tiempo me golpeó en la nuca. Al irme, Caruso me dijo: 'Alma perversa, a ver si te enteras. Sabes qué fin es el que te espera'. Le respondí que mi alma estaba más limpia que la de cualquier otro. Fue la chispa que desencadenó la tormenta. No recuerdo exactamente cómo, sólo recuerdo que me agarraron, me arrastraron a la celda y me ataron las muñecas con una cadena a una barra que estaba aproximadamente a un metro setenta centímetros del suelo".

"Quinto interrogatorio. A las 23 horas del 21. Presentes Koch, Walter y otros, armados de pistolas y cuchillos. El interrogatorio dura una media hora. Me apuntan una pistola a la boca y a la sien, me intiman a hablar. Me mantengo firme. Digo que es una injusticia martirizar a un hombre de ese modo. Desde la ventana del patio hacen dos o tres disparos para intimidar. Ante mi determinación, Koch sugiere la aplicación de un nuevo método. Es traído al cuarto un tablero de madera rematado por una tabla de madera de 30 centímetros de ancha y un metro de larga, con seis filas de clavos, muy puntiagudos y largos. Desnudo, me colocan con la espada sobre esta especie de 'cardador', con los brazos cruzados sobre el pecho, y me pasan por delante un listón de hierro que pivotaba sobre el lado derecho del tablero y que, enganchado al lado izquierdo, me apretaba dolorosamente sobre la tabla de los clavos. Llenos de furor, Walter y otros más obstinados me golpeaban, me daban bofetadas, me arrancaban las pestañas, disparaban algunos tiros, y me zarandeaban a derecha e izquierda. Sangre y carne quedaban en las agudas puntas de los clavos. Después de veinte minutos fui echado otra vez a la celda por Walter. Según me lo permitían mis fuerzas, conté al teniente lo anterior. Como siempre, amargado y entristecido, con las manos en la cabeza, me dijo en voz baja: 'Pobre Scottu, cuanto estás sufriendo por mí". Le animé y le dije que no era nada. (...) A eso de las 14 horas del día 23, Walter se acercó al teniente Giglio y le dijo que estaba sinceramente arrepentido de haberle hecho capturar, le ofreció un cigarrillo y chocolate, y le abrumó de halagos, promesas e ilusiones. Le recordaba una pretendida amistad en los últimos tiempos. Serenamente el teniente le dijo: 'Walter, ¡eres un Judas!'. Hacia las 18 horas, también del día 23, inesperadamente se abrieron las puertas y se precipitaron en la celda siete u ocho individuos de la chusma de Koch quienes, dándonos noticia de la muerte de 32 'camaradas alemanes' por la bomba de Vía Rasella, comenzaron a atacar a todos con puñetazos, patadas, salivazos, insultos y amenazas. Walter era siempre de los más activos. Durante este arrebato, ni el teniente ni yo fuimos tocados".

"Sexto interrogatorio. De las 22 horas a eso de las 22,40 del día 23. Presentes Koch, Walter, de diez a quince esbirros y un tal doctor Tela o teniente Tela de la policía republicana. Llevaba gafas, estatura casi 1,70, cabello castaño liso, traje gris, sin bigote, color trigueño, sin señas particulares. El teniente Giglio fue interrogado durante unos 20 minutos. Vuelve con el rostro desfigurado, tambaleante, exhausto. Walter le asesta un puñetazo en la boca. La sangre corre de los labios rotos. Mientras se limpia en el borde del lecho con un pañuelo es golpeado repetidamente con los puños en las mandíbulas. Llama a su madre, en voz baja y casi sin conocimiento. En ese momento Walter, como una bestia, levanta una pierna y le asesta con toda su fuerza, de arriba abajo, un pisotón en la región púbica, con todo el peso de su cuerpo. El teniente está ya al extremo de sus fuerzas y con un hilo de voz exclama: '¡Madre mía, me han matado!'. Mientras se volvía débilmente sobre el costado, el mismo Walter le asesta otro pisotón, tan violento como el anterior, entre los riñones y el hueso sacro. Era la ultima barbaridad precisa. El teniente se pone blanco como un muerto. Trato de ayudarle y socorrerle, llevándolo a la cama. Le lavo los labios con un poco de agua. Walter y un toscano de la pandilla consideran delito mi piedad, y me atacan de nuevo echándome un cubo de agua sobre el castigado rostro. Además, el episodio da lugar a otro interrogatorio... mío. Lo de siempre. Me acusaban otra vez de actividades subversivas llevando folletos, señalando a los aliados posiciones y localidades para bombardeo, etc. Volví a la celda a eso de las 23 horas. La noche y todo el día 24 pasaron, para el teniente, entre la vida y la muerte. Mientras le daba una cucharada de sopa después de haberle incorporado en el lecho, Walter me tiró el plato y me echó encima la sopa, sin dejar de insultar e injuriar. A las 14,15 nos comunicó Walter que todos debíamos ser entregados a las SS alemanas y que cada uno podía escribir una última nota a su familia. Todos llorábamos. Sólo el teniente animaba a todos. Le acompañé al retrete. Orinaba sangre. Walter, empujándonos en la entrada, nos hizo caer a ambos. Yo me golpeé contra la pared. Una mujer, camarera, esposa de un comunista que no habían podido detener, se apiadó y tuvo ocasión de traer al teniente un vaso de leche. El bebió, tuvo una crisis y se desmayó. Uno de los energúmenos, por todo remedio, le echó en la' cara una escudilla de agua fría. El teniente volvió en sí. Luego se lo llevaron de los brazos fuera de la celda, y fue trasladado a Regina Coeli. Sé que ahora reposa junto a otros compañeros, víctimas de la ferocidad alemana".



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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 13, 2008 2:38 pm

PIETRO KOCH CONTRA FARINACCI

La "Banda Koch" fue disuelta y su jefe detenido a fines de diciembre de 1944. Cómo sucedió esto fue relatado por el ex jefe de la policía de Saló, general Renzo Montagna, muerto en 1978, al periodista y escritor Silvio Bertoldi. Al anochecer de un día de diciembre de 1944, Montagna llegó a Milán. Era algo tarde. Fue al hotel Plaza, donde tenía un apartamento de dos habitaciones para los fines de semana cuando llegaba desde Moderno para seguir de cerca los problemas de la verdadera capital de la RSI.

El portero lo para. No puede subir. "¿Por qué?". "Porque la suite está ocupada por el nuevo jefe de policía". Montagna se sobresalta. "¿Por quién? ¿Le importa repetírmelo? ¿El nuevo jefe de policía? ¿Y cómo se llama?". El portero abre el registro y lee: "Doctor Pietro Koch". Entonces, Montagna telefonea a la cuestura de policía, llama a dos agentes y sube con ellos. "¿El doctor Pietro Koch?". "Soy yo", responde el otro con arrogancia; "¿Cómo se atreve?". "Me atrevo porque soy el jefe de policía y le declaro detenido", replica Montagna. Los agentes lo toman en medio y se lo llevan. Estará en la cárcel hasta la liberación. Primero en Moderno, luego en la enfermería de San Vittore (naturalmente, está más sano que una manzana), y el cardenal Schuster le visita por Pascua y le regala un ejemplar de los Evangelios.

Poco antes de la insurrección popular, el general Montagna le hará poner en libertad para que escape, si puede, al pelotón de ejecución. Pero el fin de la Banda Koch tiene raíces más lejanas. Como se intuye del documento inédito que publicamos a continuación, su caída tiene un nombre: Roberto Farinacci. Koch había sometido a una discreta vigilancia al arrogante director de "El régimen fascista", informando a Mussolini —al parecer especialmente por ciertos "contactos" con el antifascismo que el jerarca de Cremona había mantenido a través del P. Tullo Calcagno de "Crociata itálica"—, y aquél no se había olvidado, encontrando aliados especialmente en la "Mutti".

La acción contra Koch comienza con protestas de la población, llamadas telefónicas al cardenal Schuster, cartas al cuestor de policía, indicaciones a los ministerios. "Villa Triste", de Vía Paolo Uccello, 15, "no es un lugar de detención, sino de tortura, donde los recluidos, hombres y mujeres, son sistemáticamente sometidos a atroces excesos", telegrafía al ministro de Justicia, Pisenti, el decano de los abogados milaneses Edoardo Maino. Finalmente, un golpe teatral: el cardenal telefonea a Koch y le plantea una cita en el arzobispado para el 25 de septiembre. ¿Qué sucederá en la conversación? ¿Que Schuster condenará públicamente "Villa Triste" o pedirá a la autoridad superior la eliminación de semejante cárcel privada? En uno u otro caso —se comenta en Saló—, los métodos de la policía de la RSI serán condenados y reprobados. Es mejor intervenir antes. As í que a las 18 horas del 24 de septiembre de 1944, por orden del prefecto de Milán, una unidad de la "Mutti", policía regular (hasta cierto punto), ocupa "Villa Triste", arresta a los cincuenta y tres componentes de la banda y descubre —además de 42 detenidos, ya maltratados y en mala situación— "notables cantidades de morfina y cocaína ". Pero Koch y sus hombres recobran la libertad a las pocas horas. Están muy protegidos por los alemanes, como prueba este otro documento del archivo de Buffarini Guidi:

"Según mi opinión —dice el Standartenführer (coronel) de las SS, Walter Rauff, jefe de la policía alemana del hotel Regina en una conversación del 10 de octubre de 1944—, Koch no ha sido capaz de ver con exactitud la situación de Milán, ha demostrado ser demasiado joven, demasiado engreído e independiente y ha gastado demasiado dinero y excitado la envidia de todos sus rivales. La acción contra Koch ha sido realizada sin yo saberlo, y dado que este grupo colaboraba con nosotros, hubiera preferido que me avisaran a tiempo. Debo añadir además que las acusaciones contra el grupo Koch han sido muy exageradas, aunque estoy de acuerdo con que allí había culpa".

A título de curiosidad, reproducimos a continuación, también sobre el "Caso Koch", las impresionas de una de las más eminentes personalidades del fascismo republicano en una carta a Mussolini:
  • Querido presidente:

    El desprestigiado Koch, finalmente en la cárcel de San Vittore, me ha escrito una larga carta que, según informaciones concretas, ha interceptado Buffarini arbitrariamente. Ya que no tengo contactos con el enemigo ni con los antifascistas, me creo con derecho a conocer lo que haya dicho Koch de interesante. Si esto no fuese posible, querría que esa carta llegara a tus manos. Buffarini ha dicho a diestro y siniestro que la indigna actividad realizada por esa policía autónoma y secreta respecto a mí y a mi familia había sido querida por ti. Ahora Koch acusa decididamente a Buffarini de esto y aquello. De aquí que el asunto merezca un atento examen.

    Atentos saludos.
    Roberto Farinacci.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Dic 14, 2008 2:37 pm

DE KOCH AL GENERAL MAELTZER

El general de la Luftwaffe Kurt Maeltzer, de cincuenta y cinco años, que en 1944 era comandante militar de la plaza de Roma, recibió de Pietro Koch este informe sobre el "Destacamento Especial de la Policía Republicana" constituido provisionalmente en la Vía Tasso de Roma, y que en febrero de 1944 se había alojado en la Pensión Oltremare de Vía Principe Amedeo, 2, y desde el siguiente abril en la Pensión Jaccarino, Vía Romagna, 38. Así actuó la "Banda Koch", una de tantas seudopolicias de Saló, en los meses de la ocupación nazi de Roma:
  • "El destacamento de policía que el firmante tiene el honor de mandar fue constituido, por deseo del Jefe de Policía, en enero de 1944, y en seguida comenzó su ciclo operativo en Roma, en el sector político, siendo ésta su función y habiendo sido creado a fin de poder disponer de hombres de indiscutible fe y probado valor. La primera operación del destacamento, que sin temor a ser tachado de inmodesto ha cumplido en brevísimo tiempo —acaso la más brillante operación política y militar del momento—, es la de haber podido dar a nuestro gobierno y al mando del aliado alemán un cuadro real de las tretas políticas y militares que llevaron a la desorganización del ejército italiano. Y esto con la detención de un alto general responsable en gran parte de lo ocurrido, y que en diciembre de 1943 seguía todavía viviendo en Roma bajo los falsos ropajes de fraile franciscano: el general de ejército Mario Caracciolo di Feroleto es jefe del V Ejército. El hallazgo de la documentación de Caracciolo ha aclarado y basado toda la trastienda política no sólo del 25 de julio y del 8 de septiembre, sino convirtiéndose en un verdadero pliego de cargos contra todos los saboteadores de la victoria, desde la entrada en guerra hasta nuestros días, y revela a los ojos de todos las distintas responsabilidades individuales, facilitando la búsqueda de traidores que deberán responder de sus actos a la justicia militar.

    El expediente Caracciolo, hallado, reconstruido y copiado por nosotros, es hoy el único documento que servirá al Tribunal Especial de la Defensa del Estado como pliego de cargos contra las ex jerarquías militares del estado, responsable de la traición en perjuicio de los camaradas alemanes. Al poco tiempo seguía la acción desarrollada en profundidad sobre un grupo de conventos: Russicum, Instituto Lombardo e Instituto Oriental, y como resultado vino la captura del presidente del Comité Central del Partido Comunista Italiano, Giovanni Roveda. Esta operación fue la primera llevada a cabo en Roma con gran despliegue de fuerzas especiales de policía italoalemana, y la primera realizada en zona extraterritorial. En tal ocasión el firmante tuvo el honor de tener a sus órdenes a un capitán, un subteniente y varios suboficiales y agentes de las SS alemanas. A la vez fue estudiada y ejecutada la acción en la abadía aneja a la Basílica de San Paolo, y el hallazgo de otros generales del ex Regio Esercito Italiano (Monti y Fortunato) y el de otras personalidades indudablemente responsables, coronaron de éxito las operaciones, que tuvieron resonancia internacional, tanto que el Sumo Pontífice consideró necesario enviar una carta a todos los dirigentes de los Institutos Píos declarando que consideraría responsable a cualquiera que permitiera a extraños alojarse por cualquier motivo en la sede de los mismos Institutos. La carta fue comunicada por el Alto Mando alemán al gobierno italiano y a los representantes de todos los estados del mundo.

    La corrección y el señorío moral, material y, sobre todo, jurídico con que fue ejecutada la operación no permitieron al Estado Vaticano formular las protestas que la más pequeña imperfección de la misma operación habría motivado.

    A consecuencia de los resultados de estas operaciones, el Jefe de Policía autorizó a poner las bases de lo que debería ser la plantilla de este destacamento, y dio directivas para su vida futura, orientada hacia la anulación de toda actividad criminal anti-Eje y antinacional. Según las órdenes recibidas, el destacamento tomó en enero de 1944 la siguiente formación:

    I) Negociado de mando;
    II) Negociado de investigación e información;
    III) Negociado de operaciones;
    IV) Negociado de secretaría, enlace y contabilidad;
    V) Departamento legal;
    VI) Una unidad.

    Apenas asumido el carácter legal, hacia finales de enero de 1944 el mando del destacamento consideró oportuno anular la actividad de un partido que florecía entonces en Roma sin ser perturbado por nadie, tomando de día en día mayor fuerza: el Partido de Acción. La acción, pronta, continua, rápida e inteligente, estudiada para derrocar al Partido de Acción, dio sus frutos inmediatos, tanto que desde entonces la prensa propagandística del partido no volvió a salir, porque fueron tantas y tales las detenciones y tan pronta la localización de la imprenta y la incautación de todo el material de este partido que había preparado para Roma lo mejor de sus fuerzas, que hoy ya no tiene órganos de propaganda, ni hombres capaces de guiar su movimiento. La serie de estas rapidísimas operaciones llevó a la detención de al menos el 90 por ciento de los jefes responsables del partido.

    Acabada la redada del Partido de Acción, el destacamento volvió su actividad, a la búsqueda de una radio clandestina que desde Roma estaba en estrecho enlace con el V Ejército americano del general Clark. También esta operación, en la que muchos hombres de la policía germana e italiana, provistos hasta de radiogoniómetros, habían trabajado durante mucho tiempo, resultó fructuosa y los responsables fueron entregados a la justicia. Las mismas claves cayeron en nuestras manos, y fueron hombres de sólo este destacamento quienes lograron descifrar mensajes transmitidos e identificar otros nombres de personas responsables de esta maniobra ignominiosa.

    Terminada esta misión, el destacamento dirigió su actividad a combatir algunas bandas armadas constituidas y operantes en territorios limítrofes de Roma, y precisamente en la zona de La Sapienza. La detención de los jefes militares y de casi todos los hombres que componían dos bandas, la recuperación de centenares de carabinas, de numerosas armas automáticas y de millares de bombas de mano, cientos de miles de cartuchos, cientos de fusiles y muchas prendas de vestuario, fueron consecuencia de la acción del destacamento, que en sólo dos días limpió una vasta zona infestada y recorrida por estos elementos altamente peligrosos.

    Siguiendo siempre órdenes superiores, en continuo contacto con el Jefe y la Dirección General de Policía, y con la anuencia del Duce, que sabe, conoce y continuamente elogia las acciones del destacamento, la lucha se ha continuado en todos los sectores en que ha sido necesaria la presencia de hombres de valor y fe. Pero el firmante no podía olvidar la organización máxima nacional, el Partido Comunista, que con sus subdivisiones en ocho zonas, con ramificaciones capilares en cada calle y con células obreras, había creado con sus anillos una potente organización secreta capaz de poder en ocasiones controlar y dirigir toda acción y cualquier fuerza manifiesta de actividad industrial y comercial. Largo trabajo de preparación hubo que realizar para poder empezar en este campo la ofensiva que, como se concretará a continuación, ha llevado a la total aniquilación de las zonas que controlan los barrios más populares e industriales de Roma.

    De las otras zonas, algunas de las cuales sólo existen en embrión, el destacamento se está ocupando ahora, y no será difícil llegar también a su anulación. En este punto, señor general, debo alargarme en el tema, porque quizá es el que más de cerca toca a los mandos germanos y porque es la mejor exposición de la serie de operaciones realizadas en Roma en estos últimos tiempos. El destacamento ha iniciado las operaciones encontrando el modo de infiltrarse en algunos de los grupos dependientes de la organización comunista, como ya había hecho en la época de las operaciones contra el Partido de Acción. Se logró así en un primer momento captarse la confianza de algunos GAP (Grupos de Acción Patriótica), concretamente de los componentes del famoso Comité de los Justicieros, que la unidad comunista tiene en su dependencia directa y que representan el poder ejecutivo del mismo partido, sea contra los enemigos, sea contra los propios afiliados en caso de que demuestren poco entusiasmo.

    A modo de aclaración, el Comité Central del Partido Comunista tenía a su disposición en Roma 14 GAP, la mitad de los cuales han sido ya detenidos y se encuentran a disposición de la justicia. Las operaciones no han sido nada fáciles y se han tenido que realizar con una celeridad que ha llevado a los componentes del destacamento a reducir el sueño a muy pocas horas semanales.

    Para constancia puede decirse que en las semanas que precedieron a la anunciada fecha del 3 de mayo, en la que debían comenzar sabotajes y huelgas ya conocidos, la actividad del destacamento fue ininterrumpida, y no se exagera diciendo que, desde el firmante al último hombre, la media de descanso semanal no llegó a dos horas diarias. En los últimos tiempos, la actividad fue continua, y tal que llevó al agotamiento completo de los hombres, índice de ello es el número de detenciones, que subieron a casi 200. Con estas detenciones se logró la destrucción total de las dos zonas mas interesantes, ya que tienen su sede en los barrios más populares e industriales de Roma.

    A continuación, y paralelamente con estas operaciones de gran alcance, se descubrieron y evitaron una serie de gigantescos atentados que si se hubiesen realizado habrían llevado a consecuencias políticas y materiales incalculables. El primer sabotaje proyectado era destruir la línea de alta tensión de 160.000 voltios Tívoli-Roma que suministran los cuatro quintos de la energía eléctrica de la ciudad de Roma. Es necesario señalar que en caso favorable a los adversarios, la destrucción de esta linea habría llevado a la suspensión de casi todas las industrias de la ciudad de Roma, además del efecto moral que la falta de luz habría producido en una ciudad de dos millones y medio de habitantes, ya agobiada por tantas privaciones. Hay que tener también presente el incremento que habría tenido la actividad criminal nocturna. Esta operación de carácter eminentemente práctico ha llevado a ahorrar varios millones de liras, además de haber evitado que varios centenares de miles de obreros quedaran sin trabajo. Por el contrario, de carácter exclusivamente político son las operaciones que han llevado al resultado de anular los atentados contra el mando alemán de la ciudad abierta de Roma y contra la sede de las SS en Via Tasso. Estos dos atentados, preparados por expertos de modo especialmente perfecto y detallado, habrían provocado lógicas reacciones por parte de los aliados germanos con las consiguientes represalias para la población.

    Al impedir estos dos atentados, muchas vidas de camaradas alemanes han sido ahorradas, y con ellas su vida, señor general, tan valiosa, además de a usted mismo, a sus seres queridos, y a su patria y a la mía. Además, es muy reciente la identificación del principal autor del atentado de Via Rasella. Es orgullo de este destacamento haber sabido y podido inmovilizar con un puñado de hombres de fe y de valor a la masa de. las fuerzas antinacionales de la ciudad de Roma, ciertamente más fuertes que en cualquier otra parte de Italia. Superioridad debida a la presencia del Estado de la Ciudad del Vaticano y de muchas legaciones extranjeras que reparten oro a manos llenas en este centro, y debida al hecho de que estando Roma a pocos kilómetros de las primeras líneas, elementos de todas clases han llovido de todas partes de Italia para estar más cerca del enemigo.

    A continuación de esta serie de operaciones, que ha granjeado al destacamento el alto elogio del Duce, el Jefe de Policía decidió estos días dar al destacamento un nuevo carácter. El destacamento, de provincial que era, es hoy regional como centro, y nacional como consistencia. Esta, señor general, es la historia y la vida del destacamento, que es un destacamento de la policía oficial legalmente constituido y reconocido, así como está legalmente reconocido y constituido el gobierno de la República Social Italiana. Todos los hombres que componen el destacamento son hombres de probada fe fascista, combatientes de muchas guerras y de muchos frentes, hombres que han dado mucho y muchos años, los mejores, a su patria, hombres que no la han traicionado ni en el 25 de julio ni en el 8 de septiembre, hombres que sirven a la patria con fe y, añado también, señor general, con honradez. Por todo esto, no se comprende el motivo ni la razón de que algunos mandos traten en cierto sentido de disminuir la obra del destacamento y anular la capacidad de' sus hombres.

    Como prueba de lo anterior, recuerdo que el jefe firmante del destacamento fue notificado una primera vez que no permaneciera en Roma, y una segunda vez que no volviera de Florencia a Roma. Una tercera vez se dispuso incluso su detención. Todo esto por obra de las SS germanas. En otro momento, hombres también de las SS irrumpieron a mano armada en la sede primeramente ocupada por este destacamento, para cerciorarse de la actividad desarrollada por el mismo destacamento.

    Aparte de las consideraciones que se derivan del examen de semejante actitud, este mando hace notar que las palabras y las amenazas del Sorrentino no hacen palidecer a hombres como los del destacamento, pero siendo hostiles las señaladas y continuadas actitudes, ha sido dispuesto un servicio de vigilancia en la sede del destacamento de modo que se impidan más bravatas y se disuada a quien quiera todavía intentar otros experimentos. Ciertamente que no es por temor a represalias por lo que se han escrito estas páginas, pues hombres que han tomado parte en muchas guerras y en muchos combates a campo abierto, redadas o en carretera, ciertamente no temen conflictos con otros hombres, pero dada nuestra fe y nuestra pasión, aun volviendo a confirmar que no será tolerado ningún acto de fuerza de cualquier parte que venga, sería deseable que las consecuencias de estos actos imprudentes fueran bien valoradas antes de que hubiera que lamentar desgracias.

    Ha llegado a mis manos el ridículo informe de un tal H 44 del que adjunto copia. No me corresponde tratar la cuestión de los sinceros amigos funcionarios de la Cuestura de Roma ni
    tampoco de la cuestión del 'Cuestor que hace de escuadrista'. El Cuestor de Roma sabrá responder con el prestigio que su grado y su poder le dan. La respuesta del 'tremendo instrumento de propaganda antiitaliana y antigermana está en las páginas anteriores. Mi respuesta personal a ese vulgar bellaco que oculta su nombre tras un seudónimo aún más vulgar, que quiere presentarse bajo el velo de un grotesco misterio, se reduce sólo a mi firma, que mientras no prueben lo contrario es la firma de un italiano, de un verdadero italiano y de un ciudadano honrado. No doy otra respuesta para no incluir en esta carta páginas humorísticas además de la del misteriosísimo H 44.

    El Cuestor de Roma me ha transmitido estos días sus elogios. Aprovecho la ocasión para agradecérselos. Acepte, señor general, mis excusas por tan larga disquisición. Usted, profundo conocedor de los hombres, juzgará su valor. Le ruego transmita a todos los oficiales y hombres de su unidad los más merecidos y sentidos saludos".

    Firmado: Pietro Koch


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