Los Planes Alemanes para la Invasión de la URSS

La guerra en el este de Europa

Moderador: José Luis

Los Planes Alemanes para la Invasión de la URSS

Notapor Medina » Jue Jun 23, 2005 6:28 pm

¡Saludos!

Al hilo de lo comentado por José Luis en su último post sobre Barbarroja y para que pueda servir de introducción a un posible debate sobre la planificación alemana de Barbarroja, expongo a continuación una traducción que hice sobre el Capitulo II de la obra de Bryan Fugate "Operation Barbarossa. Strategy and Tactics in the Eastern Front, 1941".

CAPÍTULO II. LOS PLANES ALEMANES PARA LA INVASIÓN DE LA URSS.
Planificación Estratégica Preliminar.
La planificación estratégica alemana para la invasión de la Unión Soviética, la cual fue referida bajo los nombres en clave de Otto, Fritz, y finalmente, Barbarroja, comenzó a inicios de julio de 1940, o poco después de la caída de Francia. Es exactamente poco claro cuando Hitler decidió librar una guerra contra la URSS, pero puede decirse que el 21 de julio de 1940, el ejército alemán se empleó para encontrar una solución militar a la serie creciente de problemas planteados por la Unión Soviética. En esta fecha, Hitler sostuvo una conferencia con sus jefes de servicio Brauchitsch (ejército), Jeschonnek (representante de Goering para la Luftwaffe), Raeder (armada) y Jodl (Alto Mando de las Fuerzas Armadas, o OKW) en asistencia. Durante esta conferencia se estableció el armazón general para una futura campaña en el este.

Hay alguna cuestión en lo que se refiere a quien llevó la idea de una invasión de Rusia en esta conferencia; parece que tras la guerra ninguna de las armas quiso tomar la responsabilidad de ella. Ciertamente el Almirante Raeder no debió ser; dejó la habitación antes de que Rusia fuera realmente discutida.

Según las palabras de un antiguo proverbio irlandés, “El éxito tiene muchos padres, el fracaso es huérfano”. Es cierto que en este encuentro, Brauchitsch recibió por primera vez la noticia oficial de Hitler para comenzar los preparativos para una campaña en Rusia, pero hay razones para creer que el interés del comandante en jefe del ejército en esto tenía algunos antecedentes. Es probable que fuese Brauchitsch y no otro jefe de servicio quien entregara este informe inicial concerniente a Rusia. En primer lugar, el Alto Mando Militar (OKH) había estado discutiendo el problema ruso desde al menos el 3 de julio de 1940. En segundo lugar, habría sido inusual para los otros jefes de servicio llevar una propuesta de esta naturaleza, especialmente ya que unos días después, el 29 de julio, el OKW rechazó la idea de que la invasión tuviera lugar en el otoño de 1940 a causa del insuficiente tiempo para llevar a cabo los preparativos necesarios y la llegada de la estación de lluvias rusa. Aparentemente, la idea de llevar a cabo una campaña de cuatro a seis semanas en Rusia con sólo de ochenta a cien divisiones alemanas contra las “cincuenta a setenta y cinco buenas divisiones” que supuestamente poseían los rusos, le habría dado al OKW un serio caso de indigestión mental. Las cifras referentes a los efectivos rusos utilizadas en la conferencia del 21 de julio (presumiblemente por Brauchitsch) fueron proporcionadas por el Departamento de Inteligencia del Estado Mayor del Coronel Kinzel y eran indicativas del fracaso casi total del servicio de inteligencia alemán de suministrar información precisa sobre la Unión Soviética.

Las malas relaciones que existían entre el OKH y el OKW databan de comienzos de 1938, cuando Hitler asumió el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y creó el OKW bajo el mando del Mariscal de Campo Wilhelm Keitel como su propio estado mayor militar personal. El ejército había sufrido una gran pérdida de prestigio cuando el Mariscal de Campo von Blomberg, ministro de la guerra, y Werner von Fritsch, jefe del ejército, habían sido destituidos de sus puestos en desgracia. Blomberg fue engañado al casarse con una notoria prostituta, obra mayormente directa de Goering. El mismo Fuhrer quedó públicamente avergonzado por este incidente, ya que había acudido a la boda, y cesó a Blomberg sin titubear. El turno de Fritsch llegó cuando se fabricaron pruebas suministradas por Goering y Himmler que mostraban que había tenido un pasado homosexual y que era, por lo tanto, inadecuado para el servicio en el régimen nazi (aunque había tipos de tal condición en altos puestos desde los primeros días del partido). No hay ni que decirlo, el ejército se sintió asediado y amenazado por sus amos políticos, los nazis, y por su archicompetidor militar, el OKW. El espíritu de celos y rivalidad entre los dos altos mandos alemanes asumiría proporciones importantes en el momento de la invasión de la Unión Soviética en 1941.

El 29 de julio de 1940, el jefe del estado mayor, Franz Halder, informó al Mayor General Erich Marcks, entonces jefe de estado mayor del 18 Ejército con cuartel general en Bromberg, Prusia Occidental, que había sido seleccionado para realizar una tarea especial para el OKH y el estado mayor. La misión de Marcks era “preparar el trabajo de base teórico para una campaña oriental estrictamente por su propia mano, sin confiar en ningún otro departamento del estado mayor”.

Aunque Marcks era el primer general fuera del OKH en ser cargado con esta responsabilidad, no significa que fuera el único oficial en trabajar sobre el proyecto. El estudio de Marcks fue debidamente informado a Halder a comienzos de agosto de 1940, pero incluso antes de ese momento, informes independientes habían sido hechos por el Coronel Kinzel y por el Coronel Greiffenberg, que era jefe de la Sección de Operaciones del estado mayor, y un subordinado de Greiffenberg, el Teniente Coronel Feyerabend. Es interesante anotar que ninguna de estas pro-puestas favorecían avanzar directamente por el centro de la Unión Soviética hacia Moscú. El estudio del Coronel Kinzel demandaba la toma de Moscú pero sólo manteniendo primero un fuerte enlace con el Mar Báltico y luego dirigiéndose hacia el sur para forzar a las unidades enemigas en Ucrania a combatir en un frente trastocado. El estudio Greiffenberg-Feyerabend demandaba una fuerza total alemana de cien divisiones, con el golpe principal llegando por el sur debido a la particularmente fuerte concentración del Ejército Rojo en Ucrania.

Halder, sin embargo, rechazó escuchar las propuestas de su propio personal de operaciones e insistió en que el golpe principal debería ser en dirección a Moscú, tras la toma de la ciudad, un cambio hacia Ucrania podría ser realizado. Apoyando tal avance blindado directo hacia la capital de la Unión Soviética, Halder delataba ni sentido de cautela ni sensación de originalidad. La idea de un solo golpe principal con el objetivo de tomar Moscú ante todo es referida usualmente ya sea como el “plan del OKH” o (menos a menudo) como el “plan del estado mayor”. Sería más preciso llamarlo el “plan Halder”, pues nadie más en el estado mayor estaba originalmente de acuerdo con él, y Brauchitsch, como comandante en jefe del ejército, estaba totalmente bajo el dominio de Halder. Aparentemente, los dos tenían personalidades que eran similares a las de Ludendorff y Hindenburg durante la Primera Guerra Mundial, con Ludendorff-Halder proveyendo la materia gris y Hindenburg-Brauchitsch proporcionando la representación ante la jefatura del estado. No sería preciso decir que el OKH y el estado mayor querían invadir la Unión Soviética mientras la guerra contra Gran Bretaña continuaba en el oeste, pero la conclusión es ineludible de que las infravaloraciones de la fuerza soviética y la creencia exagerada en la potencia de cien divisiones alemanas para derrotar a Rusia en cuatro a seis semanas tuvieron mucho que hacer influyendo en la decisión final de Hitler para comenzar su campaña en el este.

El paso final en hacer de la Unión Soviética un objetivo militar fue tomado por Hitler en una conferencia con los estados mayores del OKH y del OKW en su puesto de alto mando palaciego de Berghof en los Alpes Bávaros el 31 de julio de 1940. Lejos de exhibir las características impulsivas a menudo atribuidas a él, Hitler adelantó un plan que demandaba una campaña de cinco meses comenzando en mayo de 1941 que podría ser considerado más conservador que el propuesto por el OKH. Hitler vio la necesidad de un ejército oriental de no menos de 120 divisiones para ser lanzado en dos direcciones principales: (1) en el sur hacia Kiev y el Dnepr y (2) en el norte a lo largo del Báltico, luego en dirección a Moscú. La última fase de la operación sería emprendida por un gigantesco movimiento envolvente hacia el centro del vasto país desde el norte y el sur. Nadie en esta conferencia ofreció ninguna objeción en absoluto a los propósitos del fuhrer, aunque llegó a saberse después que los jefes del ejército permanecieron en silencio con objeto de retrasar, al menos por un tiempo, un compromiso definitivo sobre la parte de Hitler para la estrategia que situaba a los flancos por encima del centro en orden de importancia. La prudencia de Halder en esperar para presentar sus críticas hasta después de que sus propios estudios hubiesen sido completados a fondo no es discutida, aunque fue de importancia crítica que todos los desacuerdos sobre el planeamiento básico serían depurados tan pronto como fuera posible. Pero el continuado procrastinación y subterfugio del OKH y del estado mayor referente a la cuestión de un ataque de flanco frente a un ataque central sobre la Unión Soviética finalmente provocó que no uno sino dos planes fueron llevados a cabo simultáneamente. A este res-pecto, los generales debían compartir con Hitler una gran proporción de la responsabilidad por las calamidades estratégicas que resultaron de este conflicto sin resolver.

El 4 de agosto de 1940, el General Marcks presentó a Halder su famoso estudio, que recibió poco anuncio en el momento pero que desde entonces atrajo una atención considerable y generó alguna controversia también. Marcks, que era hijo del notable historiador y biógrafo de Bismarck, aplicó un intenso esfuerzo a su trabajo y logró completarlo en una semana. La llamada propuesta Operación Este de Marck consistía en 26 páginas mecanografiadas en dos partes: (1) características generales del teatro de batalla, orden general de batalla, y ciertas consideraciones operacionales y (2) objetivos de los grupos de ejércitos y de los ejércitos, de la Luftwaffe y de la armada. Más sugerencias para solucionar problemas específicos en la preparación para la campaña estaban contenidas en la segunda parte.

La propuesta Operación Este contenía varias características interesantes que también son encontradas en los otros estudios estratégicos alemanes de 1940: Marcks se vio obligado a dividir el área operacional en dos partes separadas y distintas, al menor para la fase inicial del asalto. Esto era debido a que la región pantanosa y boscosa del Pripet actuaba como una barrera natural entre Bielorrusia y Ucrania. Así, desde el principio, el avance alemán hacia el este carecería de completa coordinación y de unidad de acción sobre ambos lados de los pantanos. Esta forzada división de fuerzas resultó ser finalmente un problema irresoluble a todo lo largo de la guerra pero particularmente durante las primeras y cruciales semanas. Marcks intentó superar esta dificultad reuniendo al ala sur del frente con el principal grupo de ejércitos central en el lado este de los pantanos, una idea que habría hecho al ala sur alemana esencialmente una parte subordinada de la fuerza principal que estaba atacando directamente a Moscú a través de Bielorrusia. El ala sur se supuso que tomaría Kiev y cruzaría el Dnepr, luego se trasladaría ya sea hacia Kharkov o hacia el noreste, si era necesario, para proteger el flanco sur de la fuerza avanzando sobre Moscú desde el oeste. Marcks no prestó mucha atención, sin embargo, al flanco norte del grupo de ejércitos central, proporcionando sólo “una agrupación especial” para trasladarse sobre el Dvina inferior hacia Pskov y Leningrado.

Para Marcks, el avance hacia el sur en Ucrania era inevitable debido a la necesidad de proteger los campos petrolíferos rumanos. Que viera el teatro sur como de gran importancia puede ser visto en su observación de que “si fuera posible para la fuerza principal del ejército alemán atacar desde Rumania junto con otras fuerzas desde el norte de Hungría, Galitzia y el sudeste de Polonia, entonces el asalto principal sobre Moscú quizás podría ser llevado a cabo al este de Dnepr, lo cual decidiría la guerra”. Esta afirmación ha llevado a algunos historiadores a concluir que Marcks creía que una aproximación desde el sur en la Unión Soviética ofrecía la mejor oportunidad para ganar la guerra en un solo y decisivo ataque y que Moscú no debería ser tomado hasta después de que la mayor parte de Ucrania hubiera sido ocupada. Más recientemente, los historiadores alemanes se han afanado mucho en negar que la intención real de Marcks no era nada de ese género, señalando eso en la siguiente frase que Marcks afirmó:

“Ni la situación política en los Balcanes ni las comunicaciones por ferrocarril o por carretera en Hungría y Rumania permitirán el despliegue de grandes fuerzas alemanas antes de que comience la guerra. Sólo un ataque desde Galitzia y el sur de Polonia hacia Kiev y el Dnpr medio puede ser emprendido [en el sur] con seguridad”.

Esta controversia sobre las intenciones reales de Marcks es una cuestión más de interés puramente académico, pues si la propuesta Operación Este es tomada cuando abogaba una maniobra en el flanco sur de la Unión Soviética mientras que se oponía a un avance principal a través de Bielorrusia, esto sería uno más de los puntos de evidencia que mostraban que los desacuerdos sobre estrategia entre Halder, el calmado, teórico calculador, y Hitler, el impetuoso, el entrometido ignorante, no eran del todo tan unilateral como ha sido hecho aparecer en los escritos alemanes de posguerra. Para desenredar este enredo, debemos apuntar que Halder se entrevistó con Marcks el 1 de agosto de 1940, esto es, cuatro días antes de que Marcks presentara su informe completo. Su discusión giró sobre la posibilidad de ataque de dos puntas que sería lanzado hacia Moscú y Kiev simultáneamente, pero Halder rechazó esta sugerencia debido a la situación política en Rumania y debido a su desgana por colocar cualquier otro objetivo en Rusia en pie de igual con Moscú en significado estratégico. En otras palabras, el plan de Marcks cual presentado el 5 de agosto no puede, en términos estrictos, ser considerado un estudio preparado bajo condiciones libres de todas influencias externas, como el mismo Halder le había solicitado. Al contrario, parece que el conjunto de condiciones impuestas por el propio Halder pesaron sobre las propuestas de Marcks y le condujeron a su carácter algo contradictorio y embrollado. Marcks aparentemente quería dar al flanco sur un énfasis igual al del sector central, pero Halder rechazó considerar la idea incluso antes de fuera sentada por escrito sobre el papel.

Por lo que respecta a la situación política en Rumania, no había grandes dificultades que encontrarse el 7 de septiembre, debido a la rebelión contra el Rey Carlos. Poco después de la rebelión, Hitler firmó un acuerdo con el nuevo gobierno bajo Antonescu, que permitía que las tropas alemanas se ocuparan de la reorganización del ejército rumano y que protegieran los campos petrolíferos. Los preparativos comenzaron pronto para preparar a Rumania para utilizarla como área de estacionamiento contra la URSS. Este plan fue conocido como Construcción Este y fue puesto en efecto por Jodl el 9 de agosto.

La cuestión de las carreteras y ferrocarriles en Hungría y Rumania también deben ser puestas en la perspectiva adecuada. Las carreteras y ferrocarriles en Polonia, incluyendo Polonia occidental, no estaban mucho mejor que en Hungría y Rumania, y los alemanes se vieron forzados a comenzar extensas mejoras de las comunicaciones polacas ya en agosto de 1940. Aunque el rechazo de Halder en aceptar la propuesta original de Marcks era justificable a la sazón, las cambiantes condiciones políticas en los Balcanes a comienzos del otoño de 1940 debieron de haber llevado a una seria reconsideración por el jefe del estado mayor de todo el asunto de una estrategia sur, pero nada de esta clase tuvo lugar.

Visto desde un punto de vista general, el plan de Marcks no contenía traza de pesimismo o de duda de que la URSS podría ser rápidamente derrotada por las cualitativamente y cuantitativamente superiores fuerzas alemanas. Este optimismo estaba fomentado por los informes del departamento de inteligencia del estado mayor a comienzos de agosto, que calculaba las fuerzas soviéticas en las regiones occidentales en 96 divisiones de infantería y 33 divisiones de caballería, más 28 brigadas mecanizadas. Según estos informes, los rusos no serían capaces de aumentar sustancialmente sus efectivos antes de primeros de año. Contra esta fuerza soviética, los alemanes deberían tener 35 divisiones en el sur (11 motorizadas o blindadas) y 68 divisiones al norte de los Pantanos Pripet (17 motorizadas o blindadas).

Este optimismo y confianza en una rápida victoria eran dos de las áreas de acuerdo entre Halder y Marcks; otra era la idea de que las operaciones inminentes tendían que ser separadas en partes norte y sur, con los Pantanos Pripet dividiéndolas. Fundamental para el concepto de guerra re-lámpago, la cual Marcks y Halder aceptaban, era la convicción de que la masa del Ejército Rojo sería forzada a resistir y combatir en el oeste de la Unión Soviética y podría, por consiguiente, ser destruida en una gran batalla o en una serie de batallas de cerco y aniquilación. Marcks creía que el Ejército Rojo no podría permitirse retirarse más allá de la línea Dvina-Berezina-Pantanos Pripet en el norte y más allá de los ríos Pruth y Dnestr en el sur. También creía que la campaña acabaría en diecisiete semanas. La persistencia de esta falso optimismo, alentado por la errónea información de inteligencia sobre el enemigo, hasta semanas después de que la invasión hubiera realmente comenzado se verá una y otra vez. El despertar vendría sobre las orillas del río Dnepr, pero incluso entonces el OKH no admitiría sus errores.

Mientras que el OKH y el estado mayor estaban ocupados en sus trabajos, el OKW no se con-tentó en jugar un papel pasivo en la planificación de la campaña del este. El jefe del Departamento de Operaciones del OKW (después Estado Mayor de Operaciones), Coronel General Alfred Jodl, primero informó a sus subordinados de la inminente invasión el 29 de julio de 1940. Poco después de esta fecha, la Sección “L” del Departamento de Operaciones, dirigida por Walter Warlimont, comenzó a preparar un plan para la invasión de la Unión Soviética que llegó a ser conocido como “el estudio Lossberg” por su autor, el Teniente Coronel Lossberg.

La propuesta del OKW difería en varios aspectos principales de los considerados y finalmente aprobados por el OKH. Como Marcks, Lossberg se vio forzado a enfrentarse con el “problema Pripet” en una temprana fase en la planificación operacional. Lossberg consideraba ventajosa situar a la mayoría de las fuerzas alemanas al norte de los pantanos, primeramente porque las condiciones allí para el despliegue eran mejores y porque la red ferroviaria rusa en el norte corría exactamente hacia el eje a lo largo del cual serían llevadas a cabo las operaciones. Lossberg también puso mucho énfasis en una estrecha cooperación con los finlandeses, anticipando la voluntad de Suecia de permitir que sus ferrocarriles trasladaran tropas alemanas a Finlandia.

Mientras que Marcks había contemplado la formación de sólo dos grupos de ejércitos básicos, Lossberg preveía la necesidad de tres, dos en el norte y uno en el sur, con el Grupo de Ejércitos Centro siendo el más fuerte. Con objeto de evitar la retirada del Ejército Rojo hacia el este a lo largo de un frente continuo, Lossberg apoyaba la detención del Grupo de Ejércitos Centro al este de Smolensk y el desvío de parte de su fuerza blindada hacia el norte, amenazando por consiguiente la retaguardia de los rusos que se enfrentaban al Grupo de Ejércitos Norte. Tras la maniobra de desvío, sería necesaria una pausa operacional con objeto de reabastecer al exhausto ejército. Lossberg contemplaba este desvío hacia el norte no como estando rígidamente predeterminado en el programa de los acontecimientos sino más bien como dependiente del desarrollo de la situación general –esto es, sobre si Leningrado caía suficientemente rápido. Así, por primera vez, un planificador estratégico alemán consideraba el problema del este gradualmente en el área verdadera de la estrategia aplicando el dictado de Moltke: “Ningún plan de operacio-nes puede predecir el giro de los acontecimientos después de que se haya hecho el contacto inicial con la fuerza principal del enemigo”, aunque es concebible que el pensamiento de Marcks hubiera progresado a lo largo de líneas similares si Halder no hubiera interferido en su tarea.

Por lo que respecta a la situación al sur de los Pantanos Pripet, Lossberg estaba particularmente preocupado por la posibilidad de que los mismos rusos tomaran la iniciativa dirigiendo un ataque en la dirección a los vitales campos petrolíferos rumanos. Para enfrentarse a esta amenaza, consideraba imperativo que fueran enviadas fuerzas a Rumania tan pronto como fuera factible, primero para organizar al ejército rumano para la defensa y luego para servir como núcleo para una acumulación mayor antes de la invasión alemana. Una vez que comenzara las hostilidades, el Grupo de Ejércitos Sur ejecutaría una maniobra doble de envolvimiento entre los pantanos y el Mar Negro.

El 3 de septiembre de 1940, Halder obtuvo el nombramiento del Mayor General Friedrich Paulus como Oficial de Operaciones Jefe Primero del estado mayor, un puesto que hizo a Paulus su ayudante. Esta era la misma posición que el mismo Halder había ocupado antes de suceder a Ludwig Beck como jefe del estado mayor después de que Beck renunciara en el otoño de 1938 (en desacuerdo con Hitler en la época de la crisis de Munich sobre Checoslovaquia). Erich Ludendorff había sido OQI durante la Primera Guerra Mundial, pero en 1940 el estado mayor ya no disfrutaba del prestigio que una vez había conocido. Inmediatamente después de trasladarse a su oficina en el Cuartel General del Ejército en el suburbio de Zossen, a 55 kilómetros al sudoeste de Berlín, Paulus se puso a trabajar en su nuevo cometido “preparar un estudio, independiente de los planes operacionales del General Marcks y del Teniente Coronel Feyerabend, ocupándose de los problemas de la distribución y despliegue de fuerzas en el este”.

El trabajo inicial sobre este proyecto, que contemplaba una fuerza oriental de 96 divisiones de infantería, 31 móviles y 1 de caballería, fue completado y llevado ante Halder el 17 de septiembre. Después, a finales de noviembre y comienzos de diciembre, el OKH realizó una serie de juegos de guerra bajo la dirección de Paulus en los cuales varios oficiales del estado mayor tomaron parte. Durante este tiempo también los jefes de estado mayor de los futuros grupos de ejércitos realizaron juegos y desarrollaron estudios independientes de propia mano. Era conclusión de Paulus, confirmada por otros estudios también, que en caso de guerra con la Unión Soviética, la primera provisión debería ser hecha alcanzando la línea Dnepr-Smolensk-Leningrado. Las operaciones podrían luego ser dirigidas más allá de este punto si la situación del suministro se desarrollaba favorablemente. La apreciación de Paulus de las dificultades de suministro estaban de acuerdo con un estudio desarrollado en noviembre de 1940 por el nuevo intendente general del ejército (este puesto era funcionalmente diferente del desarrollado por Paulus, que estaba destinado al estado mayor) Mayor General Wagner. Wagner creía que los problemas de transporte forzarían a una detención temporal de las operaciones después de que una línea justo al este de Minsk fuera alcanzada. El consenso en la Rama de Oficiales de Intendencia parecía ser que el Ejército Rojo tendría que ser llevado a combatir y ser derrotado al oeste de la línea Dnepr o si no, las fuerzas alemanas, esparcidas en forma de abanico en el interior de la Unión Soviética, carecerían de densidad para derrotar a los rusos.

En cualquier caso, Paulus alertaba contra permitir que el Ejército Rojo se retirase intacto hacia las profundidades de Rusia. La gran extensión del país y los amplios frentes significaban que existirían oportunidades para ejecutar maniobras de ruptura que evitaran esta retirada. Por otro lado, Rusia tenía pocas barreras naturales, como cordilleras montañosas o grandes masas de agua, que pudieran ser utilizados para arrinconar al enemigo después de que hubiera sido efectuada la ruptura. Como consecuencia, Paulus contemplaba la posibilidad de mas campañas que llevarían a una batalla final que sería combatida sobre la base de una “estrategia de aniquilación”. Su plan preveía la ocupación militar de partes importantes de Ucrania, Bielorrusia y de los estados bálticos para utilizarlos como áreas de estacionamiento y como piezas de negocia-ción en futuras negociaciones de paz.

Aunque los estudios de Paulus aún no estaban completados (con otros juegos de guerras para ser analizados a mediados de diciembre) y aunque los estados mayores de los distintos grupos de ejércitos aún no habían hechos sus informes completos, la plataforma estaba ahora puesta para que Halder presentara la propuesta del estado mayor a Hitler. Esta presentación fue realizada en una conferencia mantenida el 5 de diciembre de 1940. Antes de una detallada discusión del plan de Halder, sería apropiado examinar brevemente los fundamentos teóricos sobre los cuales descansaba el plan.

Los tres estudios principales (de Greiffeberg-Feyeraben, de Marcks y de Paulus) de una invasión de la Unión Soviética que fueron realizados por el OKH y el estado mayor durante el período de finales de junio a comienzos de diciembre de 1940 mantenían en común dos premisas básicas. La primera premisa era que la Wehramacht era cualitativamente muy superior al Ejército Rojo. La segunda era que no debería de haber un ataque primordialmente a lo largo de la ruta tradicional o napoleónica hacia Rusia. Ninguno de estos hilos comunes de pensamiento deberían sorprendernos particularmente, aunque debe decirse que la insistencia de Halder sobre una aproximación directa a la capital soviética fue nada menos que un rechazo al trabajo hecho por su propio estado mayor y por los hombres encargados por él.
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Notapor Medina » Jue Jun 23, 2005 6:43 pm

La creencia de que la Wehrmacht era superior al Ejército Rojo era casi universal en los círculos militares alemanes. Esta convicción no era nada más que un repertorio de la propaganda nazi pero se le dio amplia validez por los más serios pensadores militares alemanes. Tomándola en el contexto del momento, la estimación de Brauchitsch de que sólo alrededor de la mitad de las divisiones soviéticas tenían capacidad de combate no era inusual; esta opinión había sido reforzada por informes del General Kostring, el agregado militar en Moscú, y del Coronel Rossing en Helsinki. Un informe de Guderian sobre sus experiencias con el Ejército Rojo en septiembre y octubre de 1939 en Brest Litovsk fue también mantenido en gran consideración, especialmen-te por Hitler. Guderian caracterizó a los armamentos soviéticos, particularmente los tanques, como “viejos y anticuados; en particular el equipo de comunicaciones es muy obsoleto”. Guderian, sin embargo, descuidó mencionar este informe en sus memorias, donde habla bien de la calidad de los tanques soviéticos. A este aspecto, ciertamente, Hitler no puede ser culpado de creer en lo que sus propios expertos, incluyendo Halder y Guderian, le decían.
Retrospectivamente, no se debería intentar encontrar defectos aquí ni en Hitler o en los generales por creer demasiado fuertemente en su superioridad técnica y táctica. Después de todo, nada de lo que habían visto en Polonia o en Francia podía haberles convencido de otra manera. Gran Bretaña, por supuesto, era un asunto diferente, pero Gran Bretaña era apenas una amenaza para el poder de Alemania en el continente a finales de 1940. Es cierto que el tamaño físico de la Unión Soviética y la inmensa población del país, alrededor de 170 millones de personas, debería de haber detenido a cualquier alemán en conexión con la planificación militar, pero todos, del mismo modo que Hitler y los generales, creían que un rápido ataque por sorpresa nivelaría la inferioridad de Alemania en números.

Hubo varios factores además de la defectuosa información de inteligencia que desorientaron a los alemanes a creer que Rusia era un coloso con los pies de barro, incluyendo la purga de 1937-1938 de los oficiales de carrera en el Ejército Rojo, la lamentable actuación del Ejército Rojo en la guerra de 1939-1940 contra Finlandia, las impresiones del contacto con tropas soviéticas en la campaña de 1939 en Polonia, la experiencia de los oficiales más antiguos con el ejército ruso en la I Guerra Mundial, la visión nazi de que el pueblo ruso era “subhumano” y la creencia de que el estado bolchevique carecía de capacidad organizativa y de la estabilidad para luchar en una guerra a gran escala. Visto desde el exterior, la Unión Soviética y sus gentes ofrecían un conjunto de paradojas para Hitler y sus generales que fueron incapaces de comprender hasta que fue demasiado tarde. El prejuicio nazi de estrechas miras sobre el pueblo ruso fue quizás el problema más grande a superar, pero no fue ciertamente el único. Errores críticos fueron también realizados en las áreas de la estrategia y de las tácticas que fueron más fácilmente aparentes aunque, a largo plazo, menos fatales.

La idea de volver a trazar la marcha de Napoleón hacia Moscú a través de Bielorrusia y Smolensk tras aplastar al Ejército Rojo (el cual convenientemente se masificaría directamente a lo largo de la recién erigida frontera en Polonia oriental, un área que incluía el tácticamente indefendible saliente de Bialystok) tendría que clasificarse como el más poco imaginativo y miope plan de guerra jamás producido por el estado mayor alemán. Los errores cometidos por el Conde Schlieffen y el joven Moltke antes y durante 1914 eran más comprensibles, pues al menos estaban arando en terreno nuevo intentando hacer funcionar un único plan encontrando una salida para un punto muerto estratégico. Es un hecho, sin embargo, que Halder se había ya mostrado irregular para la tarea de buscar la respuesta a problemas que demandaban soluciones originales. La campaña en Polonia, que sorprendentemente se volvió en una fácil tarea para la Wehrmacht, no había presentado dificultades en conjunto. Francia, sin embargo, ofreció mayor desafío, y aquí Halder se contentó con presentar a Hitler una propuesta demandando una potente ala derecha alemana para avanzar a través del centro de Bélgica hacia la parte norte del país –en otras palabras, una maniobra que no era nada más que una versión revisada del viejo plan Schlieffen. La rápida victoria estratégica sobre Francia fue hecha posible por Manstein y, a nivel táctico, por Guderian, quienes juntos planearon y ejecutaron la brillante penetración blindada en los bosques de las Ardenas.

Para Hitler en diciembre de 1940 haber tenido expectativas muy distintas de Halder fuera de su nivel pasado de actuación parecía improbable, y esto indudablemente es una razón por la que Hitler estaba poco dispuesto a poner mucha confianza en el estado mayor. Otra razón era que la propuesta de Halder el 5 de diciembre para operaciones contra Rusia no había sido apelada por un hombre que siempre tenía buen ojo para las debilidades de su oponente. Esta propuesta no había hecho ningún buen uso de las lecciones puestas en adelante en los estudios compilados por hombres de la propia organización de Halder; aún menos se había considerado la posibilidad de dificultades imprevistas en los flancos, algo que el estudio Lossberg del OKW no había dejado de hacer.

Halder comenzó su presentación a Hitler el 5 de diciembre de 1940 con una corta descripción geográfica del futuro teatro de guerra. Todo el frente estaba dividido en zonas norte y sur por los Pantanos Pripet. Como las carreteras y ferrocarriles eran mejores en la dirección Varsovia-Moscú que las del sur, los avances en la Unión Soviética al norte de los pantanos ofrecían mayores ventajas. Continuando con esta serie de reflexiones, Halder dijo luego que la masa del Ejército Rojo estaba aparentemente desplegada al norte de los pantanos. Esto, por supuesto, era pura conjetura por su parte y se pretendió apoyar su argumento con que Moscú era el objetivo más vital. Como ha sido anotado, el anterior plan Greiffenberg-Feyerabend había tenido en cuenta la fuerte presencia soviética en Ucrania. Este mismo hecho fue también reconocido en un estudio propuesto el 7 de diciembre de 1940 por el General Sodenstern, el jefe del estado mayor del futuro Grupo de Ejércitos Sur. En palabras de Sodenstern, “Por cuanto podemos ver, la principal acumulación de fuerzas rusas ha tenido lugar en el Distrito Militar de Kiev”. Halder también anotó que muchas unidades soviéticas habían sido incrementadas en el oeste, cerca de la actual línea de demarcación en Polonia, que sus bases de suministros no podían estar demasiado lejos detrás de ellas, presumiblemente justo detrás de la línea de fortificaciones a lo largo de la antigua frontera soviético-polaca de 1939. En términos más generales, Halder concluyó que “los ríos Dnepr y Dvina representan la línea más oriental detrás de la cual los rusos tendrán que posicionarse. Si se retiran más hacia el este, entonces no serán capaces de proteger sus áreas industriales”. Con objeto de evitar que los rusos llevaran a cabo una batalla defensiva cohesiva al oeste de los dos ríos, Halder recomendó la utilización de masivos cercos blindados, especialmente en la parte central del frente en el área Minsk-Smolensk. Finalmente, Halder propuso la formación de tres grupos de ejército, dos al norte y uno al sur del Pripet, que deberían avanzar hacia Leningrado, Moscú y Kiev. El objetivo final de la campaña sería la línea Volga-Arcángel, y sería alcanzado con una fuerza de 105 divisiones de infantería y 32 divisiones blindadas y móviles, con dos ejércitos siendo mantenidos en reserva para la fase de apertura.

En respuesta al informe de Halder, Hitler estuvo de acuerdo con el plan general pero añadió que la situación en los flancos del Grupo de Ejércitos Centro necesitaría ser tomada con cautela como la primera orden de cuestión. Esto podía ser hecho por cercos en la región del Báltico, auxiliado por fuerzas girando al norte desde el Grupo de Ejércitos Centro, si era necesario, y por cercos en el sur de Ucrania. Después de que estos cercos fueran completados, podía tomarse la decisión de tomar Moscú o de avanzar hacia el este de la ciudad si las circunstancias lo justificaban. La decisión, al menos en la mente de Hitler, había sido ahora hecha. Había elegido situar el Báltico y Ucrania delante de Moscú en términos de su importancia estratégica. Aceptando esta alternativa, Hitler también estaba de acuerdo con la primera innovación puesta por delante en el estudio Lossberg, que parte del Grupo de Ejércitos Centro sería utilizada para ayudar al Grupo de Ejércitos Norte para asegurar el flanco báltico antes del avance final sobre Moscú. Parece probable, sin embargo, que Hitler podía haber sido más preciso expresando su refutación al discurso de Halder. Declarándose “de acuerdo con las consideraciones operacionales propuestas [de Halder]” Hitler involuntariamente podía haber dado a Halder una salida para salvar su propio esquema.

A pesar de toda la propaganda en contra. Hitler no intentó al comienzo de la guerra pasar pisoteando sobre sus generales. Puede ser que aquí intentara ser diplomático y evitara ofender a Halder delante de su colegas. Cuando la guerra en el este comenzó a desarrollarse desfavorablemente, una y otra vez Hitler huyó de cabeza de confrontaciones con sus generales. Típicamente, aplazaba una decisión para estudiarla más, dando tiempo a las personas cercanas a él, lo que de les daba confianza para reunir sus fuerzas y cambiar su supuesta terca voluntad hacia sus propios antojos. Esta tendencia de Hitler fue conocida por aquellos privilegiados que tenían un estrecho contacto con él y fue utilizada para sus conveniencias. Esta característica del fuhrer tuvo un impacto decisivo sobre el modo en que la guerra fue conducida en el este, en particular en el proceso decisorio en julio-agosto de 1941, como será visto en los capítulos posteriores.

Es difícil decir qué pasó realmente por la mente de Halder en este punto, pues él dejó pasar en silencio los comentarios de Hitler, pero las acciones hablan más fuertes que las palabras y veremos que Halder era un hombre determinado en su propósito. Hitler y el OKW podrían resplandecer, pero Halder haría todo lo que pudiese para ver que su plan estratégico en Rusia y ningún otro sería puesto en práctica.

De aquí en adelante, Halder y sus colegas en el OKH dedicarían la mayor parte de sus esfuerzos a subvertir las intenciones de Hitler en lugar de actuar de acuerdo con ellas. Después de la guerra, esta actitud sería justificada sobre la base de la total irracionalidad de Hitler en colocar objetivos económicos por delante de los intereses puramente militares al planificar la campaña del este. Esta justificación es sólo parcialmente válida, sin embargo, mientras que los temores de Hitler por los flancos del Grupo de Ejércitos Centro estaban sólidamente basados sobre consideraciones estratégicas y operacionales, no por prioridades económicas. Por lo que respecta a preocuparse por los aspectos económicos de la guerra en el este, Hitler apenas puede ser culpado por dar una alta prioridad a la ocupación de Ucrania y del Cáucaso, con todos sus recursos. En el año 1940, Alemania dependía de los diez millones de toneladas de mineral de hierro importadas de Suecia. Alemania no producía ni cromo ni níquel, ambos esenciales para producir acero de calidad para armamentos. Ni el país tenía apenas tungsteno, necesario para fabricar máquinas herramientas de alta velocidad, y el suministro de molibdeno y de manganeso podía ser fácilmente cortado si Stalin decidía acabar con la cooperación económica con Alemania. Además, la mayoría de las reservas nacionales de Alemania de cobre y estaño habían sido utilizadas en la primavera de 1939. Hitler y la Rama Económica y de Armamentos del OKW eran agudamente conscientes de que el único recurso que Alemania tenía en abundancia era el carbón y que una guerra prolongada, ya sea en el este o en el oeste, finalizaría en una derrota de Alemania al menos que estas deficiencias fueran permanentemente remediadas. Decir que el plan de Hitler en 1940 estaba más preocupado por lo económico que por lo estratégico no es correcto, como un examen del estudio de Lossberg probará, pero el plan no ignoraba la economía, y este rasgo de él hizo la concepción de Hitler de la futura campaña más merecedora del nombre de “estrategia” que la propuesta puesta en adelante por Halder.

Después del 5 de diciembre de 1940, el resto del año fue desilusionante, siendo hecho poco progreso hacia fraguar los objetivos básicos del plan ruso, y mucho menos encontrando el modo de traducir la teoría operacional compilada en varios estudios en un esquema definitivo de acción. No obstante, el año 1940 no deber ser dejado en el olvido sin un examen de otro acontecimiento relacionado con el problema ruso que sucedió poco antes de su fin; a mediados de diciembre el Oficial de Operaciones Jefe del estado mayor, Friedrich Paulus, realizó su juego de guerra final.

La segunda fase de los juegos de Paulus fue mantenida el 17 y el 20 y concernía a dos cuestiones principales: (1) ¿Cómo sería posible coordinar los movimientos de las unidades mecanizadas y de la infantería en marcha, teniendo en cuanto sus diferentes promedios de velocidad? (2) ¿Cómo sería posible suministrar a un ejército de 3-3,5 millones de hombres tan al interior de la Unión Soviética? Debería anotarse que estas cuestiones eran fundamentales para el concepto total de la guerra relámpago. Si no podían ser encontradas soluciones satisfactorias para estos problemas, la premisa entera de que una victoria rápida podía ser obtenida sobre la Unión Soviética tendría que ser desechada. Al probar esta premisa, Paulus esencialmente estaba explorando un nuevo terreno, pues nunca antes al estado mayor se le había demandado que extendiera el concepto de guerra relámpago a un área geográfica tan vasta. El estado mayor estaba ahora tratando con un problema de dimensiones verdaderamente continentales, y un medio tenía que ser encontrado para tomar un conjunto de estrategias y de tácticas que habían sido diseñadas para utilizarlas en países del tamaño de Polonia y Francia aplicarlas en una tierra de espacio virtualmente ilimitado. Que los resultados de los esfuerzos de Paulus no fueron estimados conclusivos por Halder y el OKH no fueron defecto de Paulus; fueron, más bien, debidos a su miope incapacidad de percibir las dificultades con respecto al tiempo y al espacio a las que se enfrentaban en el este. Los rusos sabían perfectamente bien lo que el tiempo y el espacio significaban para las operaciones militares en su enorme país y fueron capaces de utilizarlos para su ventaja. Para el alemán acostumbrado a vivir en los estrechos confines de la Europa Central, el significado real de la distancia tendría que ser aprendido por el camino más duro.

A pesar del hecho de que el fuhrer había expresado una preferencia por una lacia estrategia contra la Unión Soviética en la conferencia del 5 de diciembre, el último juego de guerra de Paulus fue realizado sobre la base de que Moscú, no Leningrado o Ucrania, debería ser el objetivo prin-cipal. Es obvio del resumen de las maniobras escritas por Paulus después de la guerra que fue el plan del estado mayor de Halder el que estaba siendo probado y que los deseos de Hitler estaban siendo ignorados. Los participantes tomaron las instrucciones del estado mayor como su punto de partida, sin ser realizado un esfuerzo independiente para cuestionar ciertos preceptos que ahora se habían convertidos en artículos de fe aceptados por todo el mundo conectado con Halder y el OKH. Fue, por ejemplo, asumido para objetos de las maniobras (1) que los rusos tendrían que presentar batalla al oeste de la línea Dnepr-Dvina con objeto de proteger sus centros de producción vitales; (2) que los rusos emplearían una parte significativa de su ejército para combatir cerca de la frontera con objeto de proteger los territorios recientemente adquiridos y ralentizar la ofensiva alemana desde el principio; (3) que era necesario concentrar la mayor fuerza posible en el área del Grupo de Ejércitos Centro con objeto de tomar Moscú tan rápidamente como fuera posible; (4) que la Wehrmacht era decisivamente superior al Ejército Rojo en artillería, tanques, señales y comunicaciones, y en el aire. Estaba descontado que la división de infantería era un tercio más potente que la rusa en armas pesadas.

El objetivo planteado durante el juego de guerra era alcanzar la línea Dnepr superior-Dvina-Lago Peipus, no de hecho tomar el mismo Moscú, aunque Moscú era considerado la piedra angular de toda la operación. El Grupo de Ejércitos Sur avanzaría desde Rumania y el sur de Polonia hacia Kiev. El Grupo de Ejércitos Centro atacaría desde el sur de Prusia Oriental y desde alrededor de Brest Litovsk con objeto de aislar a los rusos en el saliente de Bialystok, el cual se proyectaba pronunciadamente hacia el oeste. El Grupo de Ejércitos Centro luego enviaría rápidamente en cabeza columnas panzer hacia la línea al este de Orsha y Vitebsk, estableciendo cabezas de puente a través del Dnepr. El Grupo de Ejércitos Norte avanzaría desde Prusia Oriental hacia Leningrado, con la línea Velikie Luki-Staraia Russa-Lago Peipus como primer objetivo. Al Grupo de Ejércitos Norte también se le dio la responsabilidad de proteger el flanco izquierdo del Grupo de Ejércitos Centro.

Tras alcanzar estos objetivos en el vigésimo día de la teórica invasión, todo el mundo acordó demandar una parada de tres semanas con objeto de refrescar las unidades blindadas, llevar suministros, y reagrupar a las fuerzas en general. En una evaluación de la situación en este punto, el comandante del Grupo de Ejércitos Sur, que había sido demorado frente a Kiev, solicitó el préstamo de algunas unidades blindadas del Grupo de Ejércitos Centro para ayudarle a aislar a los rusos defensores de Kiev de su retaguardia. El Grupo de Ejércitos Sur atacaría hacia el noreste desde una cabeza de puente al sur de Kiev mientras que el Grupo de Ejércitos Centro enviaría ayuda desde un área cercana a Gomel atravesando los ríos Dnepr y Desna hacia Nezhin. La reserva blindada del OKH cerca de Gomel también sería empleada en esta maniobra. El comandante del Grupo de Ejércitos Norte llegó a hacer una petición similar para el préstamo de blindados del Grupo de Ejércitos Centro y del OKH con objeto de estabilizar el frente defendido por su ala derecha (sur) al norte de Velikie Luke-Lago Ilmen. Estas solicitudes fueron protestadas por el comandante del Grupo de Ejércitos Centro, quien mantenía que asuntos secundarios no determinarían el resultado de la guerra y que su grupo debía de mantener su fuerza intacta sí tenía que llevar a cabo un asalto exitoso sobre Moscú.

El resultado final de estas deliberaciones fue que el Grupo de Ejércitos Centro se le daría el visto bueno para llevar a cabo su misión mientras que los otros dos grupos de ejércitos se restringirían más o menos a papeles de apoyo. El Grupo de Ejércitos Sur rodearía Kiev sin ayuda exterior mientras al mismo tiempo concentraba el grueso de sus fuerzas en su ala izquierda (norte) y aislaría a los rusos al oeste de la línea Kharkov-Kursk. Una vez que hubiera sido alcanzada la línea Kharkov-Kursk, el flanco sur del Grupo de Ejércitos Centro la aseguraría. Con respecto al Grupo de Ejércitos Norte, el mismo Halder insistió en que la captura de Leningrado y la destrucción de las fuerzas soviéticas a lo largo del Báltico tendrían que esperar hasta que el objetivo del Grupo de Ejércitos Centro hubiera sido cumplido. Mientras tanto, el Grupo de Ejércitos Norte reforzaría su ala derecha conectando con el frente central en el área de Velikie Luki-sur del Lago Ilmen-Lago Peipus.

En su resumen de las lecciones aprendidas en el estudio del juego de guerra, Paulus concluyó que las fuerzas alemanas “eran apenas suficientes para el propósito” asignado a ellas. Paulus demostró que la Wehrmacht estaría despojada de reservas en el momento de alcanzar Moscú y que el asalto final sobre la ciudad tendía que ser emprendido por fuerzas ya comprometidas en primera línea sin refuerzos continuados de todo. Paulus también anotó que alcanzar la línea Volga-Arcángel estaba más allá del poder de la Werhamcht para lograrlo.

Otro factor que surgió en diversos aspectos como el mayor problema a ser superado durante este ejercicio fue, como ha sido mencionado, la dificultad asociada con el tiempo y el espacio en un país tan grande como la Unión Soviética. Con objeto de hacer servir la aceptada teoría alemana de la guerra relámpago en esta situación totalmente sin precedentes, los participantes en el ejercicio descubrieron rápidamente que alguna clase de compromiso tenía que ser alcanzado entre las rápidas unidades blindadas y las más lentas de infantería. Finalmente se decidió permitir a los blindados que se abrieran paso hacia delante en avances independientes, dejando sola a la infantería para eliminar a los enemigos aislados por los despreocupados movimientos de pinza de las columnas móviles. Esto, por supuesto, dejaba sin responder las serias reservas que algunos comandantes tenían sobre la falta de protección de flanco para estos avances blindados independientes, pero este problema no fue resuelto en 1940. Ciertamente, no fue adecuadamente tratado en 1941, tampoco.

El hecho de la situación del suministro parecía vindicar incluso un descalabro peor con la teoría. La distancia desde el río Bug hasta Smolensk era de 700 kilómetros, y a Moscú de 1.000 kilómetros por aire. Los juegos demostraron que los depósitos de suministro alemanes situados poco detrás de los puntos de partida originales serían adecuados para sostener un avance hacia el este sólo hasta la línea Dnepr-Dvina. Si nuevas áreas de suministros fueran construidas, dependerían del escasamente conectado sistema ferroviario ruso, mayormente de un solo sentido y de vía ancha. Incluso después de que las líneas ferroviarias destruidas fueron reparadas, tomando en cuenta la dificulta extra de corregir el ancho de vía, el cálculo era que las carencias e interrupciones de suministro no podrían ser evitadas. En resumen, se concluyó que, con los materiales disponibles, se tendría que depender de la improvisación y que no podía ser encontrada de antemano una solución concreta para el problema del suministro.

Las maniobras de guerra de Paulus fueron asombrosamente precisas en presagiar el curso real de los acontecimientos después del 22 de junio de 1941. El colapso del método de guerra relámpago era sólo cuestión de tiempo tras comenzar la campaña del este, como el ejército de Paulus demostró más allá de toda duda. Debe preguntarse porqué, teniendo toda la información a su disposición en cuenta, Halder no descartó su previamente propuesto esquema operacional y ofreció nuevas y más realistas propuestas a Hitler a comienzos de 1941, basadas sobre la probabilidad de que la campaña requeriría un mínimo de dos estaciones en Rusia en lugar de una.

Paulus había probado que el plan del estado mayor del 5 de diciembre de 1940 era insolvente, falto de cualquier oportunidad de éxito. Dependía ahora de Hitler utilizar los duros y escasos fragmentos de información que tenía con objeto de formar un sólido molde para una directiva operacional en el este. Esto fue hecho el 18 de diciembre de 1940 en la forma de la Orden Número 21.
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Notapor Medina » Jue Jun 23, 2005 6:56 pm

La Directiva Barbarroja y su Implementación.
Las similitudes de la Orden Número 21, o Directiva Barbarroja, con el anteriormente abordado estudio Lossberg han sido ya mencionadas, pero dos de estos puntos deben ser distinguidos. Primero, después de que las fuerzas enemigas en Bielorrusia fueran aplastadas, el Grupo de Ejércitos Centro se prepararía para girar hacia el norte con potentes fuerzas móviles y ayudar al Grupo de Ejércitos Norte a limpiar el área del Báltico de cualquier amenaza soviética. Segundo, con respecto a Moscú, “Sólo después del cumplimiento de esta primera tarea esencial, que debe incluir la ocupación de Leningrado y de Kronstadt, el ataque continuará con la intención de ocupar Moscú”. Se iba más allá declarando que “sólo un sorprendentemente rápido colapso de la resistencia rusa podría justificar la persecución simultánea de ambos objetivos [Leningrado y Moscú]”. En muchos otros aspectos, sin embargo, la Directiva Número 21 no difería materialmente de la propuesta de Halder del 5 de diciembre, especialmente en el nivel táctico. El Plan Barbarroja estaba de acuerdo con el estado mayor que puntas de lanza blindadas penetrando profundamente podían efectivamente llevar a la destrucción del grueso del Ejército Rojo en el oeste de Rusia. También incorporaba la idea de que el peso principal de toda la ofensiva, una fuerza compuesta de dos grupos de ejércitos, debería caer al norte de los Pantanos Pripet. El tercer grupo de ejércitos, el Grupo de Ejércitos Sur, avanzaría en dirección a Kiev mientras trataba de destruir a todas las fuerzas soviéticas en el oeste de Ucrania por medio de operaciones concéntricas.

Un examen de la Directiva Número 21 no revela nada para apoyar la argumentación de que Hitler estaba obsesionado con los objetivos económicos mientras descuidaba las medidas necesarias y puramente militares. La única referencia directa a los fines económicos de la campaña está contenida en el siguiente pasaje:

Cuando las batallas al norte y al sur de los Pantanos Pripet finalicen, la persecución del enemigo tendrá las siguientes metas: en el sur, la pronta captura de la cuenca del Donets, importante para la industria de guerra; en el norte, un rápido avance hacia Moscú. La captura de esta ciudad representará un decisivo éxito político y económico y también causaría la captura de los más importantes enlaces ferroviarios.

La Directiva Barbarroja se cerraba con la declaración de que el fuhrer esperaba la entrega de los planes finales por sus jefes de servicio en conformidad con el conjunto de directrices trazadas por la directiva. El aciago año 1941 estaba ahora a la mano, y para la fecha objetivo inicial de mediados de mayo para Barbarroja quedaba muy poco tiempo. Mucho tenía que hacerse para preparar la nueva guerra; Halder y Brauchitsch se metieron de lleno en el tedioso pero necesario montón de detalles que tenían que ser sorteados si el ejército en el este tenía que ser una organización coherente y un sentido de propósito. Se ha dicho de Halder, sin embargo, que su “diligencia burocrática” era excesiva y que debería haber dedicado más tiempo a los conceptos más amplios de estrategia y planificación. El diario de Halder abunda en comentarios sobre pequeños detalles que a duras penas parecerían estar dentro de la incumbencia del jefe del estado mayor.

El 31 de enero de 1941, Halder y Brauchitsch presentaron a Hitler la Directiva de Despliegue Barbarroja. Este documento esbozaba las áreas básicas de despliegue y los objetivos operacionales para todos los grupos de ejércitos, grupos panzer, y ejércitos en el frente del este. El OKH había sido compelido, sea como sea a regañadientes, a estar de acuerdo con los deseos de Hitler tal como los expresó en la conferencia del 5 de diciembre de 1940. Por esta razón, la directiva de despliegue proveyó que, después de que fuera alcanzado Smolensk por el Grupo de Ejércitos centro, “una fuerte porción de sus efectivos móviles debería cooperar con el Grupo de Ejércitos Norte con objeto de destruir a las fuerzas enemigas a lo largo del Báltico en el área de Leningrado”. Una provisión fue hecha para un inmediato asalto sobre Moscú sólo si se llegaba “a un inesperado y total colapso de la resistencia enemiga en el norte de Rusia obviando la necesidad de desviar [fuerzas blindadas al norte]”.

Realmente, sin embargo, la directiva de despliegue era un compromiso, ya que la distribución de fuerzas dictada mostraba que la jefatura del ejército estaba intentando evitar que aguaran sus propios conceptos de pauta. Al Grupo de Ejércitos Sur se le dio tres ejércitos y un grupo panzer con objeto de lograr su misión de destruir al Ejército Rojo en Galizia y en Ucrania occidental, pero a uno de estos ejércitos, el Once, se le ordenó a insistencia de Hitler permanecer a la defensiva en Rumania. La fuerza alemana al norte de los Pantanos Pripet, compuesta de cincuenta divisiones de infantería y veintidós divisiones móviles o blindadas, era mucho más potente que la fuerza del sur de treinta divisiones de infantería y ocho divisiones móviles o blindadas. El OKH esperaba que el Grupo de Ejércitos Norte, con sus veintiuna divisiones (cinco móviles), lo haría lo suficientemente bien contra las estimadas treinta divisiones enemigas en su frente a fin de que pudiera prescindir de cualquier ayuda exterior. De este modo, el OKH calculaba que el Grupo de Ejércitos Norte sería capaz no sólo de controlar la situación en el Báltico sino también cubrir el flanco izquierdo del avance del Grupo de Ejércitos Centro hacia Moscú.

La situación en el sur, sin embargo, continuó siendo un molesto problema. Desde finales de 1940 una cantidad creciente de información de inteligencia había sido filtrada desde la Unión Soviética que indicaba más allá de toda duda que un cambio principal en el despliegue del Ejército Rojo estaba teniendo lugar. La nueva área de concentración era Ucrania, con una acumulación allí que colocaba decisivamente al Grupo de Ejércitos Sur en una posición numéricamente inferior. Geográficamente, también, comprimido como estaba entre los Pantanos Pripet en su flanco izquierdo y la barrera montañosa de cuatrocientos kilómetros de largo de los Cárpatos en su derecho, el Grupo de Ejércitos Sur no podía esperar puntuar adecuadamente en las primeras batallas a lo largo de la frontera. En marzo de 1941, von Rundstedt, el comandante del Grupo de Ejércitos Sur, propuso formar un “Grupo Cárpatos” sacado del 17 Ejércitos que utilizaría territorio húngaro como su base para el ataque contra Rusia. Esta estrategia evitaría chocar de frente con los tres ejércitos soviéticos en el cuello de botella galiziano-podoliano entre los pantanos Pripet y los Cárpatos orientales. Hitler lo rechazó, sin embargo, sacando a colación las reservas políticas del gobierno húngaro. Así, después de que las fuerzas alemanas en Rumania hubieran sido debilitadas por la campaña de los Balcanes, y contrariamente al plan original, el Grupo de Ejércitos Sur debía de tener únicamente una ala de cerco y el 17 Ejército tendría que avanzar directamente hacia el frente enemigo. El creciente sentimiento de desasosiego sobre la situación en Ucrania se manifestó en una conferencia sostenida en el Berghof el 3 de febrero de 1941, poco después de la emisión de la directiva de despliegue Barbarroja.

En esa ocasión, Halder anotaba, en su informe a Hitler ocupándose de la realización de operaciones durante Barbarroja, que los signos de actividad militar rusa estaban en aumento en el Báltico y en Ucrania. Halder descontaba el significado de esta nueva iniciativa soviética en fortalecer sus defensas, sin embargo, degradando la capacidad de combate del Ejército Rojo. Halder expuso las últimas cifras del Departamento de Inteligencia del estado mayor, que estimaban las fuerzas soviéticas que se oponían a Alemania en sólo cien divisiones de infantería y veinticinco divisiones de caballería más treinta brigadas mecanizadas. El enemigo fue confirmado que tenía más tanques que la Werhmarcht, pero las unidades mecanizadas rusas eran descritas como sustancialmente inferiores a las alemanas. Por lo que respecta a las unidades de tanques operando en las divisiones de fusileros de armas combinadas soviéticas, el jefe del estado mayor las describió como “materialmente maltrechas”. A los rusos les fue concedido que estaban mejor equipados con artillería, pero su equipo era menospreciado como “de pequeño valor”. Halder también creía que era sin sentido incluso hablar en torno al liderazgo del Ejército Rojo, diciendo que sólo el Mariscal Timoshenko tenía alguna aptitud que comentar. Parecía por el tenor general de la alocución de Halder que se estaban yendo más allá de la usual burla de las fuerzas armadas soviéticas, tan de moda en los círculos superiores del ejército, y que estaba seriamente intentando convencer a Hitler de que todo lo que la Wehrmacht tenía que hacer era caminar hacia Mos-cú y pedir las llaves para el Kremlin. Los intentos continuados de Halder y del OKH de erosionar el sentido de juicio de Hitler suministrándole información equívoca no tuvieron un efecto inmediato, pero finalmente, después de junio de 1941, la presión acumulada sobre el fuhrer desde todas direcciones se volvería muy grande, y su tozudez sería vencida con contundentes resultados.

En respuesta al informe de Halder, Hitler rechazo tomar el cebo que le ofrecían y dijo que era aún de la opinión de que los rusos no serían fácilmente desalojados del Báltico y de Ucrania.

Continuó manteniendo que el Ejército Rojo no debía de ser meramente rechazado sino destruido completamente, y que la mejor forma para hacer esto sería aferrar firmemente a las fuerzas alemanas más poderosas sobre los flancos mientras sujetaban defensivamente el frente central.

Luego, después de que los flancos fueran asegurados, las restantes fuerzas enemigas en el centro podrían ser tratadas por medio de operaciones concéntricas. De nuevo, y el punto deber de ser enfatizado, Hitler basaba sus argumentos solamente sobre consideraciones estratégicas, no sobre planes económicos de largo alcance o un dogma político abstruso como a menudo ha sido acusado.

Las líneas del conflicto estaban ahora firmemente trazadas entre Hitler y el OKH. No más cambios en los objetivos básicos o estratégicos tendrían lugar antes del 22 de junio de 1941. La única gran alteración en la planificación llegó como resultado del golpe de estado en Yugoslavia a finales de marzo de 1941, que hizo necesario para Hitler limpiar el flanco sur en los Balcanes antes de dirigirse hacia el objetivo principal, la Unión Soviética. Las operaciones en los Balcanes, que comenzaron el 6 de abril, provocaron que Barbarroja fuera pospuesta cinco semanas, del 15 de mayo al 22 de junio de 1941. Hitler acordó el nuevo horario en una conferencia con Warlimont el 30 de abril de 1941. Algunos han dicho que este retraso fue un factor vital en el fracaso de la guerra relámpago en Rusia para lograr una victoria decisiva antes del comienzo del invierno, pero esto no es realmente probable. Es improbable que el ataque pudiera haber tenido lugar más temprano, debido a las dificultades en desplegar a las fuerzas alemanas y también debido a las condiciones meteorológicas en la Unión Soviética que provocaron grandes e inusualmente tardías inundaciones de primavera. No obstante, es generalmente acordado que el deterioro y el desgaste sobre los vehículos blindados alemanes fueron severos en la montañosa región de los Balcanes, y esto tendría un importante efecto posteriormente. Las razones más importante para el fracaso de la guerra relámpago, sin embargo, tendrían poco que hacer con el retraso de cinco semanas, como será visto.

La Planificación Estratégica Alemana en Retrospectiva.
Por su parte, los generales en el OKH y el estado mayor mantuvieron un taciturno silencio sobre sus planes reales e intenciones con respecto a Barbarroja. Halder y Brauchitsch eligieron no provocar un choque con Hitler sobre la cuestión de Moscú frente a los flancos en la Unión Soviética, pero no cabe duda de que existía un abismo de entendimiento entre los campos contrarios –Hitler y el OKW por un lado y el OKH, junto con su estado mayor, por otro. Debe decirse, sin embargo, que Warlimont, como jefe de la Sección “L” en el OKW era amable con Halder y el OKH. Como ha sido ya notado, pudo haber sido él quien intentó suprimir el estudio de Lossberg impidiendo que Hitler lo viera; pudo también haber sido responsable de mantener el estudio apartado de las manos de su superior (Jodl) durante dos meses en 1940.

Se ha argumentado que los generales estaban justificados en no aclarar las contradicciones con Hitler antes de la campaña debido a que Moscú podía ser mantenido firme como un objetivo en el sentido político y militar sin formular los planes operacionales exactos para lograr llegar. Se consideró, además, planear de mala forma las etapas finales de una campaña incluso antes de que la guerra hubiera comenzado. En otras palabras, el OKH y Hitler eligieron interpretar el dictamen de Moltke de diferentes maneras. Hitler eligió dejar los objetivos estratégicos sin decidir hasta que la estrategia y el poder de resistencia del enemigo hubieran sido probados y esperar hasta que Smolensk y el Dnepr hubieran sido alcanzados antes de hacer una campaña final. Halder y el OKH querían establecer un objetivo básico sobre todo, una estrategia que ignoraba cualquier posibilidad real de que el enemigo tomara contramedidas efectivas sobre los flancos del Grupo de Ejércitos Centro. Según esta última visión, sólo ajustes menores tendrían que hacerse para ocuparse de dificultades en los flancos, mientras que el avance principal de la ofensiva sería llevado a cabo sin preocuparse sobre las concentraciones enemigas en el Báltico o en Ucrania. El tiempo diría cual de estos puntos de vistas eran el mejor adecuado para las realidades del combate en el frente del este.

A todo lo largo del curso de la planificación estratégica alemana para la campaña del este en 1940-1941, y especialmente después de la frustrada visita de Molotov a Berlín en noviembre de 1940, se convirtió en tema consistente en las discusiones de los personajes militares de alto nivel con Hitler que Alemania tenía que establecerse concluyentemente en la Unión Soviética en el futuro inmediato. La necesidad de comenzar una guerra preventiva contra los bolcheviques era algo que no estaba en disputa, ni para el OKH, el OKW o Hitler. En el frente diplomático, la veloz acción soviética contra los estados bálticos y Rumania en junio-julio de 1940, junto con las demandas de Molotov de mayor influencia soviética en Finlandia y los Balcanes, convencieron a Hitler y las fuerzas armadas alemanas de que la URSS no iba a estar contenta con la expansión hacia el sur y hacia el Golfo Pérsico a expensas del Imperio Británico, como Ribbentrop y Hitler habían deseado. Stalin estaba determinado a jugar un papel dirigente en los asuntos europeos, y tenía mucho que hacer desde que el pacto de no agresión germano-soviético en el verano de 1939 consolidara la posición estratégica de su país en Polonia, Finlandia, los estados bálticos, y Rumania.

En el frente puramente militar, a finales de la primavera de 1941, los alemanes tenían un cuadro, literalmente, claro del alcance de los preparativos bélicos rusos en las áreas occidentales. Un grupo de aviones de reconocimiento de la Luftwaffe especialmente equipados para el vuelo a gran altitud, el “Escuadrón Rowehl”, durante algunas semana había estado realizando vuelos a través de la línea de demarcación germano-rusa a una profundidad de más de trescientos kilómetros. Aunque la información reunida por estos vuelos no era concluyente, llegó a ser obvio que en el caso de guerra la amenaza soviética hacia Rumania y el suministro de petróleo de la Wehrmacht se convertiría en muy grande. La decisión, entonces, de lanzar un duro golpe a la URSS antes de que su potencial amenaza pudiera crecer más allá del nivel existente fue de fácil aceptación entre los líderes militares alemanes. Ciertamente, no estaban motivados por ideas abstractas de “espacio vital” en el este, ni se dedicaban al concepto más grandioso de un “Gran Reich Alemán” extendiéndose desde Francia occidental al Mar Negro. Esto no debe dar el mentís de que los generales no nazis favorecían la expansión territorial de Alemania, pero ninguno de ellos consta en los archivos que endosara las propuestas más extremas de Hitler a este respecto. Creyeron, sin embargo, que después de 1941 la fuerza relativa de la URSS, económica, diplomática y militarmente, podía únicamente aumentar, mientras que la de Alemania sólo podía declina según se alargara la guerra en el oeste, una guerra que a la larga bien podría significar la participación de los Estados Unidos. El mismo Halder dijo después de la guerra que a ninguna nación se le debería denegar el derecho final de lanzar una guerra preventiva si ésta era la única alternativa que la quedaba abierta. Los rusos, también, no eran reacios a admitir que su país, ya bajo un masivo programa económico orientado hacia la guerra inaugurado por Stalin en 1929, habría estado en una posición mucho más fuerte en 1943 que en 1941. La mejor oportunidad para el Tercer Reich estaba en 1941, si bien era delgada.

Si hay cualquier lección para ser aprendida del estudio de los esfuerzos alemanes en desarrollar un plan para la guerra contra la Unión Soviética, ésta es la ausencia de armonía entre los líderes políticos y militares, y entre las varias ramas militares también, lo que produjo una atmósfera en la cual la formulación de un programa lisamente coordinado de acción era realmente imposible. Sería fácil distinguir a uno o más individuos –Halder, por ejemplo- como condenables por haber causado esto, pero hacer esto sería un simplismo. Todo el sistema social, político, económico y militar del Tercer Reich puede ser visto como un surtido variado de imperios personales y esferas de influencia que existían en un estado de eterna y, algunas veces, feroz competición uno con otro. Este punto fue dejado por sentado muy efectivamente por Albert Speer en sus memorias, Dentro del Tercer Reich.

El OKH era una de las muchas organizaciones que tuvieron que luchar por una medida de autonomía contra las crecientes esferas de interés de Himmler, Goring y Bormann. El OKH también estaba enzarzado en una lucha contra una organización militar rival, el OKW, que con razón o sin ella era considerada meramente como una extensión del ego de Hitler. En la atmósfera envenenada de desconfianza y sospecha, de rivalidad y celos, que prevalecía en la Alemania Nazi a finales de los 30 y comienzos de los 40, es fácil comprender cómo Halder y sus colegas se pusieron a trabajar en un estado de ánimo subversivo y conspirador contra cualquier cosa o persona, incluyendo a Hitler, que desafiara inmiscuirse en sus áreas de especialidad particulares. Ir a la guerra bajo tales condiciones significaba, sin embargo, cortejar con el desastre. También sería erróneo condenar al OKH y al estado mayor en seguida por su descuidado y aficionado manejo de Rusia como problema estratégico, pues ellos, como se ha visto, estaban operando en un vacío informativo con respecto al enemigo potencia. Pero la historia es un cruel juez y la ignorancia no se puede permitir que sirva como una excusa.

La prueba real de la sabiduría y del sentido común del OKH y de sus líderes llegaría en las orillas del Dnepr, Dvina y Desna en el verano de 1941, en Smolensk, Yelnia y Kiev. Para entonces se conocía bastante bien al enemigo y sus tácticas para hacer una apreciación honesta de una situación que había resultado ser una empresa más compleja y peligrosa de lo que originalmente habían imaginado. Sacando las conclusiones correctas tras alcanzar el Dnepr, el ejército alemán podía haber sido ahorrado de una catástrofe el año siguiente; se podría haber ganado un tiempo precioso para preparar al país y a su economía para la guerra total. Pero esto no pudo ser.
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Notapor José Luis » Jue Jun 23, 2005 8:30 pm

¡Hola a todos!

Gracias, Medina, por facilitar el texto de Bryan Fugate. Quiero hacer, sin embargo, unas observaciones con respecto a esta obra de Fugate.

Primero, el autor expone una tesis central (la de que Barbarroja, contrario a lo que se cree, no constituyó una sorpresa para el Ejército Rojo, y que Stalin y Zhukov tenían un buen plan de defensa estratégica previsto contra el ataque alemán), que es incapaz de demostrar ni documentalmente ni por los hechos. Es más, para conveniencia de sus argumentos utiliza fuentes de manera parcial o sesgada, o incluso inventa citas (caso de las memorias de Zhukov), o inventa situaciones, como pronto veremos. Pero además, sesga muchas de las informaciones que vierte en su libro hacia el lado de la balanza que le conviene. Por tanto, es mi opinión que su libro ha de ser leído con muchíiiiiiiiisimas reservas.

Veamos unos primeros pasajes del texto que nos ha traducido Medina.

Nos dice Fugate que: “Las malas relaciones que existían entre el OKH y el OKW databan de comienzos de 1938, cuando Hitler asumió el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y creó el OKW bajo el mando del Mariscal de Campo Wilhelm Keitel como su propio estado mayor militar personal”.

Esta información es parcialmente falsa. Es verdad que había malas relaciones entre el OKH y el OKW, pero sólo es verdad que databan desde principios de 1938 si nos atenemos literalmente a los organismos nombrados por Fugate: OKH y OKW. Claro, porque el OKW fue creado a primeros de febrero de 1938 bajo el mando de Keitel (si no recuerdo mal el 4 de febrero de 1938). Pero lo que no dice Fugate es que estas desavenencias venían de muy atrás (al menos desde 1935), centrándose principalmente entre el ministro de la guerra, Blomberg, y el comandante en jefe del Heer, Fritsch. ¿Cuál era el principal meollo de este enfrentamiento? Pues que Blomberg y Keitel (entonces jefe de la Oficina de las Fuerzas Armadas) querían crear un alto mando que controlara a los estados mayores generales de las tres armas de la Wehrmacht. Contra ello se oponían, naturalmente, el Heer, la Kriegsmarine y la Luftwaffe. Pero quien más representó la tirantez de esa relación fue el general Beck, jefe del estado mayor del OKH, que se convirtió en un enemigo declarado de Keitel. Naturalmente, el Führer interiormente era partidario de la idea de Keitel, como más adelante se evidenció con la creación del OKW.

Fugate sigue diciendo: “Blomberg fue engañado al casarse con una notoria prostituta, obra mayormente directa de Goering. El mismo Fuhrer quedó públicamente avergonzado por este incidente, ya que había acudido a la boda, y cesó a Blomberg sin titubear. El turno de Fritsch llegó cuando se fabricaron pruebas suministradas por Goering y Himmler que mostraban que había tenido un pasado homosexual y que era, por lo tanto, inadecuado para el servicio en el régimen nazi (aunque había tipos de tal condición en altos puestos desde los primeros días del partido). No hay ni que decirlo, el ejército se sintió asediado y amenazado por sus amos políticos, los nazis, y por su archicompetidor militar, el OKW. El espíritu de celos y rivalidad entre los dos altos mandos alemanes asumiría proporciones importantes en el momento de la invasión de la Unión Soviética en 1941

La primera frase referenciada es una información totalmente mendaz. Fugate simplemente está inventando. Göring no tuvo absolutamente nada que ver en el noviazgo de Blomberg y Erna Gruhn. Y en la ceremonia, cosa que no dice Fugate, asistió, junto a Hitler, como testigo de boda.

Hacia finales de enero de 1938, poco después de la boda de Blomberg, el conde von Helldorf, jefe de la policía de Berlín, visitó a Keitel para enterarle del asombroso descubrimiento que había realizado: que la mujer de Blomberg posiblemente era una antigua prostituta. Helldorf quería que Keitel le confirmase si la mujer de la fotografía que portaba Helldorf era la Erna Gruhn que se había casado con Blomberg. Keitel, que asombrosamente no había acudido a la boda de Blomberg, le dijo que no conocía a la mujer de Blomberg y, por tanto, no lo podía ayudar. Helldorf le enseñó, más tarde, la fotografía a Göring, quien la identificó sin dificultad, no en vano había sido testigo de los novios.

He dicho que Keitel “asombrosamente” no acudió a la boda de Blomberg por la sencilla razón de que en enero de 1938 se hizo público el compromiso de boda entre el teniente Karl Heinz Keitel (el hijo mayor de Keitel) y Dorothea von Blomberg (una de las hijas del ministro de la guerra). Blomberg no invitó a Keitel a la boda civil que tuvo lugar a mediados de enero, quizás porque aunque su segundo iba a convertirse pronto en su consuegro no dejaba de ser por eso un mero subordinado. Cualquiera que fuera la razón de Blomberg para no invitar a Keitel, es un hecho que este último no conocía a su prometida.

El asunto Blomberg fue un amargo trago para Hitler, que no concebía que un mariscal alemán pudiera haberse casado con una prostituta (y él de testigo de boda). Hubo ciertamente una verdadera crisis.

La afirmación de Fugate de que el casamiento de Blomberg fue una argucia pergeñada por Göring es incluso más fantasiosa que la tesis central de su libro. Y no sólo se limita a afirmar que el asunto Blomberg fue una conjura de Göring, sino que el mariscal del Reich y el jefe de las SS también conspiraron para eliminar a Fritsch como comandante en jefe del ejército. Otra fantasmada más de Fugate.

Al americano le valdría mucho más afirmar que una vez acontecido el inesperado asunto Blomberg, que dio pie a revisar unas antiguas denuncias contra Fritsch, Hitler (y la cúpula nazi) aprovechó para hacer una gran reorganización dentro del ejército diluyendo entre esos grandes cambios los escándalos de Blomberg y Fritsch. Además, aprovechaba también la ocasión para asestar un duro golpe al Heer, al dejar vacante la jefatura del Ministerio de la Guerra y crear el OKW, desde donde Hitler pretendía controlar el espíritu independiente del OKH.

Recapitulando: el enfrentamiento entre altos mandos del Heer era muy anterior a la creación del OKW, por una parte, y Göring no tuvo que ver absolutamente nada con el noviazgo y posterior boda del mariscal Blomberg.

¿Por qué, entonces, esa impostura de Fugate? Porque está preparando el terreno (con trampas) para reforzar sus posteriores argumentos sobre las circunstancias y tensiones que rodearon la planificación y posterior ejecución de la Operación Barbarroja.

Ya seguiré con mi crítica.

Saludos cordiales
José Luis
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