por Shindler » Mié Ago 29, 2007 5:51 pm
Hess jugó un papel importantísimo
El Dr. Robert Kemper, nacido en 1899, ocupó hasta 1933 el puesto de asesor jurídico de la policía en el mInisterio del Interior de Prusia. En 1945 regresó a Alemania como acusador delegado de los Estados Unidos en el Proceso de Nuremberg. Más tarde ejercería las funciones de representante del fiscal supremo norteamericano. Durante la vista de la causa y en los procesos siguiente dirigió los interrogatorios de los acusados de violencias en la aplicación de las leyes racisatas nazis. Rolf Steinberg inquiere en esta entrevista los motivos de aquellas leyes.
Steinberg: ¿Quienes de entre los acusados eran a su juicio los primeros responsables de la legislación de Nuremberg?
Kemmper: En primera línea habría que situar a Hitler, cuya responsabilidad, por otra parte, se mantuvo muy en la sombra durante el proceso. También compartieron esta culpabilidad su lugarteniente, Rudolf Hess, y el ministro del interior, Wilhelm Frick, contra quien yo mismo llevé la acusación en el primer Tribunal Internacional de Nuremberg.
Steinberg: ¿Que papel jugaron el texto y la aplicación de las leyes de Nuremberg en las acusaciones de crímenes contra la humanidad?
Kemmper: Fueron el preludio más decisivo de éstos crímenes que siguieron a las leyes.
Steinberg: ¿Hubo en la sentencia alguna alusión expresa a dichas leyes?
Kemmper: En la sentencia dictada contra Frick se aludió expresamente a las normas dictadoras contra los judíos por los nacionalsocialistas. El fiscal implicó también a Rudolf Hess en este sentido, pero Hess no fue condenado por ello. La razón es que entonces no había pruebas fehacientes contra él.
Steinberg: ¿Que ocurrió entonces?
Kemmper: En primer lugar, durante el llamado proceso de la Wilhelmstrasse se dieron a conocer numerosos detalles sobre la ejecución de las leyes de Nuremberg. Yo mismo hice valer este criterio en relación con el proceso a que fue sometido el antiguo subsecretario del Ministerio del Interior del Reich, Wilhelm Stuckardt. Durante los interrogatorios, especialmente en el de un testigo tan expresivo y fiel como era el consejero ministerial Bernhard Losener, del departamento del Interior, quedó patente el tira y afloja en torno a las leyes de Nuremberg.
Steinberg: Quien lea la prensa de la época se llevará una gran sorpresa ¿No es así?
Kemmper: Efectivamente. Hitler había dado la orden, un día antes de la promulgación, de que se decretasen aquellas leyes como culminación de la obra del congreso del partido de 1935. Para ello, el reichstag, convocado en Nuremberg, contó apenas con veinticuatro horas para poner en vigor la ley, una vez concluida su elaboración por los distintos Ministerios. La mayor presión se ejerció desde la llamada Cancillería del partido del Fuhrer, en Munich. Su jefe era Rudol Hess. A su lado se hallaban dos personajes importantes que poseían una influencia notable y disfrutaban de gran ascendiente sobre Hitler. Uno de ellos era Sommer, consejero ministerial, que pasaría de la Casa Parda al Tribunal de la Administración del Reich, y otro, el llamado "jefe de los médicos del Reich", Gerhard Wagner, que trabajaba a las órdenes de Rudolf Hess. Wagner tenía acceso inmediato hasta Hitler. Al otro lado figuraban el Ministro del Interior, Frick, sus subsecretarios, Stuckardt y Pfundtner, y el consejero para cuestiones judías del mismo departamento, Bernhard Losener. Sin embargo, este último actuaría como un artefacto de explosión retardada.
Steinberg: ¿Era posible resistirse a una orden del Fuhrer?
Kemmper: Hitler y sus colaboradores de la Cancillería del partido pretendían incluir en el ámbito de esta ley no sólo a los judíos puros, sinó también a aquellos cuya sangre estaba mezclada. Aparte de esto, habían de disolverse forzosamente todos los matrimonios mixtos. Esto provocaría duras confrontaciones entre la Cancillería del partido y el Ministerio del Interior. En sesiones nocturnas furon tomando cuerpo los decretos que en la misma víspera de promulgación todavía contaban con muchos detractores dispuestos a impedir su aprobación. El Ministerio del Interior del Reich pretendía lograr, en medio de flores de retórica, que las leyes limitasen su alcance a los ciudadanos puramente judíos. Incluso se distribuyó un despacho a la prensa exponiendo tal criterio. Hitler, sin embargo, desautorizó de su puño y letra esta posición en el último momento. A la vista del texto definitivo era claro que las leyes habrían de tener un alcance más amplio.
Steinberg: La precipitada promulgación de esta normativa sería completada en Noviembre de 1935 mediante nuevos decretos que detallaban las condiciones de aplicación de las leyes precedentes. Algún que otro burócrata ministerial muy conspicuo tomaría inmediatamente la pluma para comentar esas normas. Es el caso del doctor Hans Globke, que usted luego presentaría como testigo en Nuremberg.
Kemmper: En relación con este punto quiero subrayar que Globke no cooperó en la redacción de las leyes. La labor correspondió al consejero para asuntos judíos del Ministerio del Interior, Losener.
Steinberg: Usted puso de relieve el papel decisivo que jugó en Nuremberg el principal acusado, Rudolf Hess. Hess permanece en la prisión de Spandau como último prisionero que cumple una sentencia por crímenes de guerra a pesar de haber superado ya los ochenta años de edad. ¿Qué opina usted sobre un indulto en relación con las leyes de Nuremberg?
Kemmper: Durante doce meses he tenido la ocasión de sentarme a diario frente a Hess. Es un excéntrico, pero en modo alguno loco. Sabía perfectamente lo que hacía. Si lleva detenido más de treinta y cinco años tengo que decir a este respecto lo que pienso de todos los sentenciados a cadena perpetua: debería ser puesto en libertad por motivos humanitarios. Sin embargo todavía pesa sobre Hess una acusación de la administración de justicia alemana respecto a su participación en el asesinato de los jefes de las SA y de otras personas a raíz del supuesto Putsch de Rohm, el 30 de Junio de 1934. Este proceso no se ha celebrado porque Hess se encuentra en poder de los aliados.
Steinberg: Pero en principio usted se inclina por la gracia...
Kemmper: Sí. Pero esto no quita que, ante la opinión pública, quede bien claro hasta qué punto Hess cooperó en la redacción y puesta en práctica de las leyes antijudías. Indudablemente jugó un papel importantísimo en esta materia, como ministro responsable que era. Desde luego la normativa llegó mucho más lejos que las leyes antisemitas nazis anteriores a 1933. Las que siguieron declaraban delito la simple pertenencia a una raza determinada, algo al fin al cabo característico de la especie humana.
Steinberg: En este sentido las leyes de Nuremberg fueron la puerta burocrática por la que entraría después la decisión de exterminar a los judíos
Kemmper: Completamente de acuerdo. En virtud de estas leyes muchos caerían víctimas en Auschwitz y Treblinka estigmatizados por el propio Estado.
Gracias por estar