El proceso a Alfried Krupp

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

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Erich Hartmann
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El proceso a Alfried Krupp

Mensaje por Erich Hartmann » Jue Jun 16, 2005 10:22 pm

Dos años después, en Nuremberg.

El último de los Krupp es juzgado en la misma sala del proceso contra los jefes del Tercer Reich

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''Hace dos años, en esta misma sala, el juez Jackson, en su informe contra Goering, definió el nombre de Krupp como foco, símbolo y beneficiario de las fuerzas más siniestras que amenazaron la paz de Europa". Con estas palabras, el 16 de agosto de 1947, Telford Taylor. brigadier del ejército de los Estados Unidos, comenzó el pliego de cargos contra Alfried Krupp von Bohlen und Halbach, que había cumplido cuarenta años tres días antes, y contra otros once acusados, dirigentes del "gigante de acero" alemán. La sala era la misma —la número 600 del Palacio de Justicia de Nuremberg— en que se había desarrollado el juicio contra los jefes del Tercer Reich.

La acusación contra Alfried Krupp (su padre, Gustav, marido de Bertha, no fue llevado a juicio por razones de salud) era, sobre todo, la de haberse adherido, "en su preparación y ejecución", a la política nazi de depredación, "buscando en los territorios ocupados por Alemania los bienes de mayor valor y apropiándoselos por la fuerza, en detrimento de sus legitimes propietarios, para si mismos, para la Krupp y para otras empresas privadas de las que eran propietarios o directivos... maltratando, destruyendo o llevando a otros lugares dichos bienes, apoderándose de la maquinaria, instalaciones, materiales bélicos y demás bienes, sabiendo que habían sido saqueados por ellos mismos o por otros en los territorios ocupados. El acusado Alfried Krupp fue especialmente activo y se ocupaba de la organización de la depredación y del saqueo en los países ocupados".

Telford Taylor: "La Krupp y los militares alemanes eran un 'común denominador indestructible en las delictivas y reiteradas agresiones de Alemania a Europa', y, entre todos los nombres unidos a los procesos contra los nazis, ninguno lo estuvo tanto como el de los Krupp. Para la casa Krupp, el Tratado de Versalles no fue más que papel mojado. Entre el armisticio, firmado en 1918 y julio de 1919, la Krupp había fabricado 315 cañones, y había reparado 250. Pese a la presencia de una comisión aliada de vigilancia, dirigida por un coronel inglés, las cláusulas del desarme, suscritas en Versalles, fueron transgredidas para preparar a Alemania para el día del resurgimiento".

En lo que hacía referencia a la segunda acusación ("saqueo y destrucción"), Taylor sostenía que "inmediatamente después de las legiones de la Wehrmacht armada por Krupp, llegaban los agentes y altos funcionarios alemanes, muy bien preparados para saquear lo que la Wehrmacht había conquistado. Esta criminal destrucción era parte integrante del programa de conquista y no una fortuita consecuencia de la guerra".

Por último, estaba la acusación de "deportación, explotación y malos tratos a la mano de obra forzosa". La RVE (Asociación Siderúrgica del Reich) y la RVK (Asociación Carbonífera del Reich), de las que Alfried Krupp era uno de los miembros más destacados, había colaborado con la Wehrmacht y con las SS en el empleo de mano de obra forzosa. Alfried Krupp participó más de una vez en las reuniones del consejo central encargado de ello, y había sido definido por el ministro de Producción Bélica, Albert Speer, como "uno de los tres sabios" de la Asociación Siderúrgica del Reich. "En estas reuniones —según Taylor—, los representantes de la RVE y de la RVK presentaban sus demandas de mano de obra y participaban activamente en la preparación de los planes criminales propuestos por el consejo para satisfacer las solicitudes de mano de obra forzosa. El 22 de julio de 1942, Alfried Krupp representó junto a Speer (...) y otros mandos a la RVE en una reunión del consejo central, durante la cual se decidió emplear en las fábricas de acero a 45.000 prisioneros civiles rusos, y en las minas de carbón a 120.000 prisioneros de guerra y 6.000 civiles rusos. Además se acordó reducir las normas sanitarias para el reclutamiento de prisioneros de guerra a un nivel inferior al adoptado para los alemanes que trabajaban en las minas de carbón".

"Además, Krupp participaba con regularidad en las reuniones de la RVE, y cuando estaba ausente se le enviaba un informe. Las circulares, informes y demás documentos redactados por la RVE acerca de los métodos de tratamiento de los prisioneros demuestran que conocía el programa de trabajo forzoso estudiado para la industria siderúrgica y que, por tanto, es responsable de ello. En un determinado momento, las fábricas Krupp en Alemania empleaban a casi 75.000 obreros forzosos. No hay duda de que la Krupp empleó en Alemania al menos 70.000 civiles extranjeros trasladados desde sus países, ocupados por Alemania, así como unos 21.000 prisioneros de guerra franceses, rusos y yugoslavos y más de 5.000 personas procedentes de los campos de concentración, los llamados prisioneros políticos de distintas nacionalidades".

Según Taylor, Alfried Krupp no podía ignorar los hechos anteriormente citados, muchos de los cuales tuvieron lugar después de 1943, fecha en que Alfried Krupp pasó a ser el propietario legal de la firma Krupp. La acusación afirmaba que otro acusado, Von Bülow, jefe del contraespionaje político y militar de la Krupp, había mantenido una importante correspondencia con destacados miembros del partido nazi sobre el tema de los castigos a aplicar a los prisioneros que trabajaban en la Krupp. En octubre de 1943 se concluyó un acuerdo por el que cualquier prisionero que cometiese infracciones no punibles con las sanciones disciplinarias más leves sería entregado "a un tribunal militar. Quedan excluidos los rusos, que serán juzgados por la policía estatal. En casos de este género, la policía podrá imponer la pena de muerte, y para la ejecución se podrá utilizar un Kommando (destacamento) compuesto por otros prisioneros de guerra rusos".

El acusado Von Bülow comunicó los términos del acuerdo al acusado Lehmann mediante una nota en la que añadió: "Le ruego que, en el futuro, los casos de este tipo sean resueltos según el acuerdo precedente. En cualquier caso, le ruego tenga presente que el contenido de esta nota ha de ser considerado totalmente reservado, sobre todo en lo referente a la pena de muerte".

El mayor campo de trabajo de la Krupp estuvo situado en Markstädt, donde 5.000 obreros procedentes de los Lager habían sido empleados por la Berthawerke. Cuando hubo que construir la fábrica, el acusado Korschen propuso utilizar trabajadores de los Lager. La propuesta fue aprobada por el acusado Müller y obtuvo también la aprobación del Vorstand (consejo directivo) de Essen. Miles de prisioneros fueron trasladados a los llamados Aussenlager (campos anexos) del célebre campo de Gross-Rosen. Entre estos campos estaba el de Fünfeichen.

No contenta con la explotación de la mano de obra de los Lager en sus fábricas, la Krupp llegó incluso a instalar fábricas dentro de los campos de concentración. En 1942 el acusado Müller presentó un proyecto para la construcción de piezas de armas automáticas en el campo de exterminio de Auschwitz. Alfried Krupp y Loeser aprobaron una inversión, a tal fin, de dos millones de marcos. En 1943 los proyectos llegaron a feliz término. A esta fábrica —en la que tuvieron lugar los mayores y más terribles exterminios—, los acusados decidieron trasladar unos quinientos judíos que trabajaban en Berlín o en sus alrededores, de acuerdo con el ministerio de Speer. Taylor precisó en su intervención que tras haber comprobado las ventajas de la utilización de mano de obra procedente de los campos de concentración, los acusados la habían utilizado en otras fábricas Krupp, como la Geisenheim, la Nordeutsche Hütte, la Deschimag y la Weserhug. También lograron introducir prisioneros en las fábricas de los países ocupados, como la Almag de Mulhouse, en Francia.

Por último, recordaba Taylor, en los programas especiales de guerra de la casa Krupp se llegaron a utilizar niños. "En un campo de la Krupp para hijos de obreros en la zona oriental, los niños eran alejados de sus padres, con frecuencia definitivamente. Este campo, Voerde-West, a unos 60 kilómetros de Essen, estaba demasiado lejos para que los obreros pudieran ir a recoger a sus hijos. Sus madres, además, eran trasladadas a otras fábricas, según los caprichos de los acusados, sin poder llevar consigo a sus hijos. También se daba el caso de niños entregados a funcionarios del Reich sin conocimiento de sus padres. En Voerde-West murieron decenas de niños a causa de enfermedades y falta de atención". Al concluir su extenso pliego de cargos, Taylor dijo: "La tradición de la Krupp y el comportamiento moral y político que representaba se corresponden perfectamente con el clima moral del Tercer Reich. No hubo un crimen cometido por dicho estado, ya fuese una guerra, un saqueo o una esclavitud, en el que no participaran estos hombres".


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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Jun 17, 2005 11:06 pm

Las protestas de los bogados de la defensa

Entre el informe del fiscal y el examen de las pruebas, incluidas las testimoniales, transcurrieron tres meses. Durante todo este tiempo, Alfried Krupp permaneció impasible, escuchando atentamente desde el banquillo la traducción al alemán de cuanto se decía en la sala en inglés. Ni él ni los demás acusados intervinieron nunca personalmente. Habían tomado la decisión de evitar cualquier comentario o declaración personal, aplazando todo para el momento de la conclusión del proceso (esta postura de los doce acusados era consecuencia de un incidente ocurrido al comienzo del Juicio: Krupp había pedido que un abogado americano, Earl J. Carrol, fuese admitido como defensor, pero el tribunal lo rechazó. Como protesta, Krupp renunció a la defensa, y en solidaridad con él lo mismo hizo Otto Kranzbühler, su abogado de confianza, que ya había defendido a Doenitz en Nuremberg. Los jueces replicaron nombrándole defensor de oficio, obligándole de este modo a que se presentase en la sala. Al conocer esta decisión del tribunal, otro abogado protestó con palabras tan vehementes que el presidente Anderson lo expulsó de la sala para todo el proceso. Entonces, todos los colegas de aquél abandonaron la sala. La Military Police los detuvo y los condujo "manu militari" al Palacio de Justicia. Sin embargo, seis de ellos tuvieron que cumplir tres días de cárcel acusados de "desacato al tribunal").

Entre los testigos citados por la acusación había algunos obreros extranjeros, hombres y mujeres, que habían laborado en los trabajos forzados de las fábricas Krupp. El fiscal general, Taylor, interrogó a una muchacha checoslovaca, Elisabeth Roth, de veinticinco años, que a comienzos de 1944 había sido internada en Auschwitz con toda su familia y, tras la muerte de sus padres en las cámaras de gas, enviada junto con su hermana a trabajar en la fábrica de la Krupp, en Essen.

Fiscal: "¿Cuáles eran las condiciones de vida allí?".

E. Roth: "Al llegar a Essen vivíamos en barracones de madera. Era el mes de agosto. El 23 de octubre hubo una incursión aérea y los barracones se incendiaron. Entonces nos metieron a los 500 en otro barracón, donde antes estaba la cocina. Allí permanecimos hasta el 12 de enero. Hubo otra incursión y nos trasladaron a la cantina. Trabajábamos sin luz, sin calefacción, sin aseos, sin nada de nada...".

Fiscal: "¿Qué tipo de trabajo hacía usted?".

E. Roth: "Yo trabajaba en la sección de laminado. Conmigo había obreros que a veces, a causa del desorden y la confusión, estaban 24 horas seguidas sin comer".

Fiscal: "¿Y es cierto que, cuando se quejaban por el hambre o porque la comida no llegaba, los SS les respondían: 'Id a pedírsela a la Krupp"?".

E. Roth: "Absolutamente. Todos los SS, lo mismo hombres que mujeres, nos decían: '¿No trabaja usted para la Krupp? Pues entonces vaya a pedir comida a la Krupp'".

Fiscal: ""¿Cómo se comportaban los SS del campo de Essen?".

E. Roth: "Brutalmente. Nos golpeaban en la fábrica y en el campo, nos daban patadas... No eran los soldados, sino los SS; los hombres de las SS que había en la Krupp".


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Jun 20, 2005 5:35 am

LA PETICIÓN DE LOS "KRUPPISTAS"

Durante el proceso contra Alfried Krupp (denominado por el Tribunal Internacional de Nuremberg como "caso n. 10") tuvo lugar un hecho singular. El presidente del tribunal, Hugh C. Anderson, de setenta y cinco años, juez del Tribunal de Apelación de Tennessee (Estados Unidos), recibió centenares de cartas y peticiones a favor de Krupp, firmadas por empleados de la fábrica, los llamados "kruppistas ", dirigidas todas ellas al "Alto Consejo de las Naciones Aliadas-Tribunal de delitos de guerra de Nuremberg". El texto de todas las cartas era, más o menos, el mismo y decía:

''Los abajo firmantes, obreros, trabajadores, empleados y jubilados de las fábricas Fried Krupp, de Essen, profundamente impresionados y movidos por una enorme simpatía hacia nuestra familia Krupp von Bohlen und Halbach, a los cuales consideramos un ejemplo, y un modelo a su hijo Alfried, a quien prodigamos un profundo afecto —ya que esta familia está padeciendo mucho a causa de este proceso—. solicitamos a los ilustrísimos señores de las Naciones Aliadas que la familia Krupp sea absuelta lo más pronto posible. Bajo el brutal régimen de fuerza del gobierno nazi sucedieron muchas cosas que desaprobamos".


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Jun 20, 2005 11:10 pm

LOS ACUSADOS

Alfried Krupp y once dirigentes de la Krupp se vieron en el banquillo de la sala n. 600 de Nuremberg, la misma sala revestida de madera en que el Tribunal Militar Internacional había procesado a los grandes criminales de guerra. Los doce se sentaron uno junto a otro en la primera fila del banquillo de los acusados. Alfried Krupp ocupaba el puesto donde había estado Goering; a su izquierda, Eduard Houdremont, directivo de varias fábricas Krupp; después Erich Müller, colaborador estrecho de Krupp y jefe del departamento de proyectos de artillería. A continuación, de izquierda a derecha, Edwald Loeser, que salió del consejo de administración cuando Alfried pasó a ser propietario único de la Krupp, y el anciano Friedrich Janssen, que lo sustituyó. El resto de los acusados eran: Kari Pfirsch, jefe de ventas de material bélico; Max Otto Ihn, encargado de las relaciones con el Estado Mayor y de la información; Heinrich Korschen, persona de confianza de la Krupp en las empresas de época de guerra en Europa oriental y sudoriental; Karl Eberhardt; Friedrich von Bülow, jefe del contraespionaje militar y político de la Krupp en Essen y encargado del enlace directo con la Gestapo y con las SS; Werner Lehmann, encargado del reclutamiento de mano de obra, y Hans Kupke, director de los campos de Essen para tiro experimental.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 22, 2005 12:57 am

Enormes listas de niños esclavos

Elisabeth Roth huyó de la fábrica de Essen junto con su hermana cuando se enteró de que inmediatamente después de los bombardeos todas las obreras del campo serian trasladadas al Lager de Buchenwald. Consiguió escapar gracias a la ayuda de algunos alemanes de Essen. "Sin embargo —declaró en la sala—, temía quedarme en la Krupp porque los SS siempre nos estaban diciendo: 'Os mataremos en los cinco minutos últimos', y yo pensaba que se referían a que nos matarían cinco minutos antes de finalizar la guerra".

La acusación subrayó los puntos decisivos en lo referente a la explotación de mano de obra esclava por parte de la Krupp: había centenares de carnets de trabajo con fotografías de niños que no debían ser mayores de doce años, larguísimas listas de niños muertos —la mayoría por desnutrición— y de recién nacidos separados de sus madres, niños que eran conducidos a campos de la Krupp para hijos de estos trabajadores forzados. Había relatos de obreros medio muertos de hambre que sufrían las incursiones aéreas sin poder refugiarse, en tanto que sus guardianes se protegían en los bunker de hormigón armado. En uno de los campos, entre octubre de 1944 y febrero de 1945, murieron 46 niños, 23 de los cuales a causa de debilidad.

A todas estas acusaciones, Alfried Krupp contestó con una declaración jurada que había escrito antes del proceso y había entregado a uno de sus abogados. Para responder a las acusaciones de la testigo Roth, escribió: "A cerca de la utilización de prisioneros de los Lager en la fábrica de Essen sólo sé lo siguiente: en 1944 nos asignaron unas 500 mujeres de uno de estos campos, y dado que nos impresionaron desagradablemente, tratamos de librarnos de ellas lo más rápidamente posible". El 30 de junio, Alfried Krupp abandonó el banquillo para dirigirse a la tribuna central para intervenir en su defensa y en la de los demás acusados. No fue un discurso largo el que pronunció desde el mismo sitio donde hicieron sus declaraciones finales Goering y los demás dirigentes del Tercer Reich.

"En 1943, cuando asumí la responsabilidad de llevar el nombre Krupp, de mantener intacta su tradición —comenzó a decir con voz tranquila, sin el menor asomo de emoción— estaba bastante lejos de imaginar que aquella herencia me conduciría un día al banquillo de los acusados. Tampoco podían imaginárselo mis colegas cuando hace muchos anos, tal vez decenas de años, decidieron entrar en una empresa cuya buena reputación parecía inquebrantable. Sin embargo, el nombre Krupp ya estaba en la lista de los criminales bastante antes de finalizar la guerra, no por las acusaciones que el fiscal ha lanzado contra nosotros, sino por una opinión tan vieja como falaz: 'Krupp quería la guerra y Krupp ha hecho la guerra'. Ustedes, señores del tribunal, han reconocido esta opinión como lo que es: un concepto erróneo, para unos, y una mentira, para otros. Como perteneciente a la quinta generación Krupp de productores de acero y a la cuarta generación Krupp de fabricantes de armas, quiero añadir algo. Ni en casa de mis padres ni en la mía oí jamás una palabra o asistí a una acción que alentase o promoviese una guerra en ningún momento ni lugar. El símbolo de nuestra casa no es un cañón, sino tres anillos engarzados, emblema del comercio pacifico".

Krupp continuó con su intervención, afirmando que si su padre hubiese podido ocupar su puesto, tal como se había decidido en un primer momento, ante el Tribunal Internacional junto a los grandes criminales de guerra, su inocencia en los delitos de los que se le acusaba habría quedado más que probada y el nombre Krupp habría sido rehabilitado.

"La simple existencia de los demás acusados, lo que sabían, sus acciones, todo habría hablado a favor suyo. Estos hombres están muertos y sus planes, que nosotros no conocíamos, y sus reuniones, a las que no habíamos asistido, son usados para acusarnos. Debemos responder por un sistema que no hemos creado, que no conocíamos a fondo y que, en muchos casos, desaprobábamos. Si los creadores de este sistema estuviesen vivos habrían declarado en nuestro favor. Entonces, ¿son los muertos los que hablan contra nosotros? Nadie podrá acusarnos de cumplir con nuestro deber en una guerra, un deber que tuvieron que cumplir millones de alemanes, en el frente y en las ciudades, y que los condujo a la muerte. Si se nos acusa de haber saqueado los territorios ocupados, esta acusación es incomprensible para quien conozca las relaciones económicas internacionales. La economía va más allá de las fronteras nacionales, no sólo en tiempo de guerra, sino también en tiempo de paz".

En cuanto a las condiciones de los trabajadores extranjeros, Alfried Krupp dijo que no quería disminuir la importancia de los episodios referidos, pero añadió: "Ni siquiera el fiscal ha confirmado que fuésemos nosotros los que provocamos tales hechos. Se nos acusa de indiferencia hacia las leyes de la humanidad, y esta acusación nos duele mucho. En nuestra empresa, el hombre siempre tuvo más importancia que el dinero. A mí me enseñaron que la empresa debía servir a los hombres que trabajaban en ella, muchos de los cuales son la tercera o cuarta generación de nuestros colaboradores. Este era el espíritu de la fábrica. ¿Es posible que desaparezca de repente algo que ha tardado más de un siglo en crecer? Todos nosotros, los acusados y decenas de miles de obreros y empleados, no lo creemos. Trabajábamos en unas condiciones que no es fácil comprender y juzgar retrospectivamente. La indiferencia hacia la suerte de nuestros trabajadores es una acusación que no merecemos. Señores del tribunal, los acusados que tienen ante ustedes han cumplido su deber en la guerra y tienen la conciencia limpia porque saben que no han violado unas leyes de la humanidad que son la base de un mundo unido y pacifico".

La autodefensa de Krupp produjo una buena impresión, pero el golpe definitivo a su favor fue el aportado por la defensa, quien, antes de examinar las acusaciones, pidió la absolución en bloque de sus clientes en dos de aquéllas (la 1.a y la 4.a), que contemplaban los "delitos contra la paz" considerando que Alfried Krupp y los demás acusados habían tomado parte directa en las guerras de agresión del Tercer Reich: "El ministerio fiscal, señorías —dijo uno de los defensores al tribunal—, no ha probado absolutamente nada de esta acusación; no ha aportado ninguna prueba". El tribunal aceptó la solicitud, afirmando que, en realidad, el ministerio fiscal no había demostrado claramente, al menos en este sentido, la culpabilidad de los acusados:

"No hay razones para considerar —escribió el presidente Anderson en su sentencia— que la actividad de los acusados en relación con el programa de rearme estuviese acompañada por un conocimiento culpable de los planes concretos concebidos por los nazis a fin de emprender una guerra de agresión".

El abogado de Alfried Krupp hizo observar al tribunal que el ministerio fiscal había tenido mucho más tiempo a su disposición que la defensa para preparar la causa y que, además, en el pliego de cargos originario no se aclaraban cuáles eran las acusaciones contra cada uno de los acusados. "La defensa se ve obligada a rechazar acusaciones tan ambiguas. Ello es especialmente cierto en el caso de mi cliente, a quien quiere atribuirse públicamente la responsabilidad de hechos acaecidos antes de su nacimiento, antes de entrar en la empresa y antes de aceptar la presidencia del Vorstand del grupo Krupp".

Además, el abogado puso en duda la competencia jurídica del tribunal y los métodos de procedimiento adoptados.

Dijo: "Los elementos presentados por el fiscal como pruebas directas no son pruebas, sino más bien indicios. Ninguno de los acusados ha provocado personalmente la guerra, ninguno de ellos se ha apropiado de nada ni ha maltratado a nadie. Sin embargo, el fiscal, mediante una concatenación de hechos y de suposiciones, intenta relacionar a cada uno de los acusados con actos que no han cometido".

El defensor hizo notar que algunos de los "delitos" imputados a Alfried en el pliego de cargos eran actos realizados por la Krupp en una época en la que Alfried tenía sólo diez años.

Por lo que se refería a las acusaciones más graves, y más difíciles de impugnar, sobre la explotación de los "esclavos del trabajo", la defensa replicó que, dadas las dificultades creadas por el estado de guerra, las fábricas Krupp se habían visto obligadas a aceptar la mano de obra disponible y que los empleados de la Krupp no tenían la posibilidad de vigilar los campos, ya que éstos eran administrados por la Gestapo. Luego, la defensa sostuvo, además —y de hecho presentó un buen número de documentos que comprobaban la veracidad de sus afirmaciones—, que en muchos casos los dirigentes de la Krupp habían intervenido con el fin de conseguir mejoras en alimentación, vestido y condiciones de trabajo para los prisioneros utilizados en la industria.

Por otra parte, las exigencias de la guerra eran las que eran y, desde cierto punto de vista, la Krupp había sido obligada a aceptar (en algunos casos a la fuerza) la presencia de esa mano de obra forzada sobre la que las SS tenían poder en vida o muerte.


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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Jun 24, 2005 5:59 am

La sentencia, pronunciada el 31 de julio de 1948, reconocía a Alfried Krupp culpable de "saqueo y depredación" y de "trabajo forzado", y le condenaba a doce años de cárcel y a la confiscación de los bienes ("Los bienes pertenecientes a Alfried Félix Alwyn Krupp von Bohlen und Halbach, en la fecha del 31 de julio de 1948, se declaran sometidos a confiscación por parte del comandante de Zona del área de control en la que se hallaban en tal fecha, sin compensación y sin tener en cuenta ninguna transferencia que haya tenido lugar o que tenga lugar después de dicha fecha".) La misma pena fue infligida también a Von Vulgo y a Erich Müller. En resumen, los jueces habían considerado probadas dos de las cuatro acusaciones iniciales.

Alfried Krupp fue trasladado de Nuremberg a la cárcel de Landsberg, famosa por haber acogido a Hitler y a Hess tras al fallido "putsch" de la cervecería de Munich en 1923. Pero, como Hitler, permaneció poco tiempo allí. En otoño de 1949 se enteró de que su libertad estaba próxima y el 3 de febrero de 1951 el alto comisario norteamericano John McCloy anunció la liberación de Krupp y la anulación de la orden de confiscación de sus bienes (que, dijo McCIoy, "no forma parte de las normas de nuestro sistema jurídico y, en general, está en contradicción con el concepto norteamericano de justicia"). Teniendo en cuenta la cárcel preventiva (había sido detenido el 1 de abril de 1945 en Villa Hugel) y la efectiva, Alfried Krupp había pasado en la cárcel seis años, la mitad de la condena que se le había infligido en Nuremberg.


Final

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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 12, 2005 8:44 pm

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Alfried Krupp después de ser condenado

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