Karl WOLFF

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

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Barbarossa
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Karl WOLFF

Mensaje por Barbarossa » Mar May 25, 2010 12:50 pm

Karl Friedrich Otto WOLFF (* 13 de mayo de 1900, en Darmstadt; † 15 de julio de 1984, en Rosenheim) fue SS-Obergruppenführer und General der Waffen-SS. Asumió el cargo de Jefe de la Plana Mayor del Reichsführer-SS y Oficial de enlace entre Hitler y las SS. Muchos historiadores han visto en él la personificación del arribista con más éxito dentro de las SS.

Después de la guerra, afirmó que, hasta el año 1945, no había tenido conocimiento del exterminio de los judíos.

El 30 de septiembre de 1964, fue condenado por el Tribunal de Primera Instancia nº 2 de Múnich, a una pena de prisión de 15 años por su complicidad en el asesinato de, al menos, 300.000 personas que fueron deportadas al campo de exterminio de Treblinka. En 1971, se le concedió la libertad condicional por haber asumido su culpabilidad.

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fuente https://altsasumemoria.files.wordpress. ... .jpg?w=656

Orígenes e infancia

Karl Wolff fue hijo del Dr. Carl Wolff, Magistrado y Presidente de un Tribunal de Primera Instancia, lo que le sirvió para relacionarse con los ambientes más selectos de la ciudad de Darmstadt. Durante dos años, vivió en Schwerte, cerca de Dortmund. En su juventud, mostró ya deseos de unirse al Ejército y llegar a ser oficial. Por ello, después de graduarse en el Instituto Ludwig-Georg de Darmstadt, se presentó voluntario para participar en el curso de formación paramilitar de la Nationale Jugendwehr (Defensa Juvenil de la Nación), que duró dos añós.

Aprobó el curso de la escuela secundaria y se licenció, gracias a sus contactos familiares, como cadete del Regimiento de Infantería de la Guardia del Gran Duque de Hesse nº 115.

Participación en la Primera Guerra Mundial

El 27 de abril de 1917, concluyó sus estudios y, tras un curso de formación para reclutas de cuatro años, el 5 de septiembre de 1917, Wolff fue destinado, como voluntario, a las unidades que combatían en el frente occidental, alcanzando el rango de Leutnant (Alférez) al final de la guerra, habiendo sido condecorado con las Cruces de Hierro de Primera y Segunda Clase.

Desmovilización y actividad profesional

Como consecuencia de las disposiciones del Tratado de Versalles que preveían una drástica reducción del tamaño del Ejército Alemán, muchos oficiales fueron licenciados.

Por ello, en mayo de 1920, Karl Wolff se vio fuera de las Fuerzas Armadas, a pesar de lo cual, muy pronto consiguió una ocupación, trabajando en prácticas durante dos años en el banco de los hermanos Von Bethmann, en Frankfurt am Main. Transcurrido ese tiempo, Wolff se comprometió, en julio de 1922, con Frieda von Römheld, con quien contrajo matrimonio en agosto del año siguiente.

La nueva pareja se trasladó a vivir a Múnich, donde Karl Wolff encontró trabajo en una sucursal del Deutsche Bank, lo que, sin embargo, no impidió que, a causa de las turbulencias causadas por la hiperinflación, a finales de junio de 1924 perdiese su empleo y, en consecuencia, terminase engrosando las listas del paro. Afortunadamente, al cabo de muy poco tiempo volvió a encontrar trabajo, en esta ocasión en la filial muniquesa de la firma “Annoncen-Expedition Walther von Danckelmann”.

Gracias a la experiencia obtenida en esa empresa, el 1 de julio de 1925 decidió instalarse por su cuenta y fundó la “Annoncen-Expedition Karl Wolff – von Römheld”.

La grave crisis económica que asoló Alemania en 1931 llevó a Wolff a la conclusión de que sólo los Partidos radicales serían capaces de solucionar los problemas políticos y financieros del país, por lo que, dados su origen social y su formación, terminó por decantarse hacia la extrema derecha.

Carrera política

El 7 de octubre de 1931, Karl Wolff se afilió al NSDAP (miembro número 695.131) y a las SS (miembro número 14.235), dando inicio a una carrera política meteórica.

Un breve curso de tres semanas en la Escuela de Mandos de las SA de Múnich le imprimió el barniz ideológico del que, hasta la fecha, carecía, a la vez que le permitió trabar relaciones con quienes, en aquel entonces, eran sus profesores y, posteriormente, se convirtieron en los más altos dirigentes del Partido nazi, como Franz Xaver Schwarz, Richard Walther Darré, Heinrich Himmler y el propio Adolf Hitler.

El 18 de febrero de 1932, fue nombrado SS-Untersturmführer, alcanzando, así, el rango de oficial de las SS; en septiembre de ese mismo año, fue puesto al mando del 2º Sturm del II Sturmbann del SS-Standarte nº 1 “Julius Schreck”.

En 1932, se celebraron dos elecciones generales al Reichstag, lo que permitió a Wolff asumir un creciente protagonismo, participando en reuniones y manifestaciones del NSDAP, así como organizando disturbios callejeros.
El 20 de septiembre de 1932, gracias a sus contrastadas dotes organizativas y a su don de gentes, fue destinado a la Ayudantía de su unidad, hasta que el 30 de enero de 1933, el mismo día en que Adolf Hitler fue nombrado Reichskanzler, Wolff fue ascendido al rango de SS-Hauptsturmführer (capitán).

Ese mismo día fue asignado, como Ayudante de las SS, a la Plana del nuevo Reichsstatthalter de Baviera, el Generalmajor Franz Ritter von Epp. Sin embargo, Wolff estuvo poco tiempo destinado en Múnich, toda vez que, en marzo de 1933, fue llamado a Berlín para formar parte de la Plana Mayor del Reichsführer-SS, en calidad de Ayudante. Sin embargo, no será hasta el 18 de junio de 1933 cuando Wolff da el salto definitivo y, dejando atrás los cargos meramente protocolarios y a tiempo parcial que había venido ostentando hasta la fecha, se convierte en un miembro de las SS con dedicación exclusiva.

Este ascenso en las SS le otorga una seguridad económica, gracias a la cual Wolff deja definitivamente atrás su antigua profesión civil y vende su empresa.

El 8 de marzo de 1933, se convierte en diputado en el Reichstag.

Su indudable talento, el buen concepto que Heinrich Himmler tenía de Wolff, así como su sincero compromiso con el NSDAP y con las SS, le sirvieron para dar un gran salto en su carrera política, al convertirse, el 4 de abril de 1934, en el primer Ayudante de la Plana Mayor del Reichsführer-SS, para lo que fue ascendido tres grados en la jerarquía de las SS hasta ser nombrado, el 20 de abril de 1934, SS-Standartenführer (coronel).

Como Jefe de la Plana Mayor de Himmler, a partir del 9 de noviembre de 1935, Wolff tuvo mando sobre los siete departamentos que estaban bajo la competencia de la Oficina del Reichsführer-SS, como es el caso del Departamento de Personal, el Tribunal de las SS, la Sección de impugnaciones, la caja de pagos, etc. A pesar de que, oficialmente, la Plana Mayor carecía del rango de SS-Hauptamt (Sección Principal de las SS), sin embargo Wolff fue capaz de imprimirle la relevancia suficiente para que, en la práctica, quedase equiparada a cualquiera de ellas, relacionándose con las diversas SS-Hauptämter en régimen de igualdad, lo que, a la postre, le sirvió para asumir competencia sobre todas aquellas materias que no caían bajo la competencia de ninguna de las SS-Hauptamt, y que iban desde la cría de perros destinados al servicio en las SS, el “Lebensborn”, el “Freundkreis Reichsführer-SS” (Círculo de amigos del Reichsführer-SS) o los “Fördernde Mitglieder der SS” (Miembros auxiliares de las SS).

Karl Wolff tuvo una relación especialmente fluida con el Jefe del RSHA, Reinhard Heydrich, a quien siempre estuvo agradecido por la ayuda que Heydrich prestó a varios conocidos de Wolff que tuvieron problemas con el Gobierno nazi.

Con el estallido de la guerra, Wolff fue destinado al Cuartel General del Führer, en calidad de Verbindungsoffizier der Waffen-SS (Oficial de enlace con las Waffen-SS). Hoy en día se ha discutido mucho acerca de cuáles fueron las funciones reales de Wolff en el Cuartel General, toda vez que su cercanía a Hitler no sólo le permitió granjearse la confianza de éste, sino, también, asumir la influyente labor de representante de las SS dentro del círculo más estrecho del Führer, hasta el punto de que, en algún momento, se llegó a pensar en Wolff como la persona que, junto a Heydrich, tenía más posibilidades de convertirse en sucesor de Himmler, quien, familiarmente, solía referirse a él como Wolffchen, juego de palabras entre su apellido y la palabra Wolfchen, que significa lobezno.

Aquí, en el epicentro del poder, pudo asistir a todos los acontecimientos relevantes, así como hacerse con información de primera mano sobre todas las cuestiones que afectaban al Gobierno, al Partido, a las SS y al curso de la guerra.
Además, fue un asiduo visitante del Berghof en todas aquellas ocasiones en que Hitler lo utilizaba como residencia temporal.


Sus funciones en el Cuartel General no fueron obstáculo para que siguiese despachando, diariamente, correspondencia con la Plana Mayor de las SS en Berlín, por lo que las alegaciones que hizo, concluida la guerra, en el sentido de que él sólo tuvo conocimiento de las matanzas de judíos, a partir del año 1945, hay que valorarlas como un simple argumento defensivo para intentar escapar a las acusaciones de los Fiscales. De hecho, su relevante posición en el círculo de Hitler fue lo que, en 1964, llevó a la Fiscalía de Múnich a definir a Wolff como “Himmlers Auge und Ohr” (los ojos y los oídos de Himmler) en el Cuartel General.

Si Wolff, además de ser “mano derecha” de Himmler, era uno de los amigos de Odilo Globocnik, el organizador del programa de exterminio “Aktion Reinhard”, parece evidente que no podía tener menos información que todos aquellos miembros de las SS que, ocupando un lugar muy inferior al suyo en la jerarquía nazi, tenían perfecto conocimiento de los crímenes que se estaban cometiendo.

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Himmler y Wolf, inspeccionando el campo de concentración de Mauthausen

Una prueba elocuente de la implicación de Wolff en la “Solución Final de la cuestión judía” se hizo evidente después de la guerra. Durante las operaciones de liquidación del gueto judío de Varsovia, se produjeron algunos “cuellos de botella” por haberse superado las capacidades de transporte del sistema ferroviario. Ello llevó a Wolff a contactar con el Ministerio de Transportes, a través de un amigo, el Secretario de Estado y viceministro Albert Ganzenmüller. Una conversación telefónica entre ambos fue suficiente para que los trenes rodasen, de nuevo y con fluidez, hacia los campos de exterminio.

En una carta fechada el 13 de agosto de 1942, Wolff agradecía del siguiente modo a Ganzenmüller su cooperación:
Mit besonderer Freude habe ich von Ihrer Mitteilung Kenntnis genommen, daß nun schon seit 14 Tagen täglich ein Zug mit Angehörigen des auserwählten Volkes nach Treblinka fährt. (…) Ich habe von mir aus mit den beteiligten Stellen Fühlung aufgenommen, so daß eine reibungslose Durchführung der gesamten Maßnahme gewährleistet erscheint”.

“Con especial alegría, he recibido su comunicación en la que se informa de que, desde hace 14 días, un tren diario conduce a Treblinka a los miembros del Pueblo Elegido. Por mi parte, me he puesto en contacto con todos los organismos implicados, con el fin de garantizar que las medidas acordadas puedan llevarse a efecto sin obstáculos de ningún tipo”.
Wolff fue, también, el supervisor de Wolffram Sievers, responsable del programa “Ahnenerbe” (La herencia ancestral), por lo que estuvo al tanto de los experimentos con agua helada y agua a presión a que fueron sometidos los internos del campo de concentración de Dachau por parte del médico Sigmund Rasches.

El enfriamiento de sus relaciones con Himmler, así como una larga enfermedad fueron las razones que motivaron su destitución como jefe de la Plana Mayor del Reichsführer-SS, y su posterior nombramiento como “Höhere SS- und Polizeiführer” (Jefe Supremo de las SS y de la Policía) en Italia.

El 6 de marzo de 1943, se divorció de su mujer Frieda von Römheld y, tres días más tarde, contrajo matrimonio con su amante, desde hacía varios años, la viuda Ingeborg Condesa de Bernstorff, convencida nacionalsocialista y cuñada de Albrecht Conde de Bernstorff, que fue asesinado por miembros de las SS en 1945. En un principio, se sospechó que el propio Wolff había estado implicado en el asesinato, pero la investigación que se llevó a efecto después de la guerra no proporcionó pruebas suficientes.

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Serrano Suñer, Wolff, Moscardó, Daluege y Himmler

Jefe Supremo de las SS y de la Policía en Italia

En julio de 1943, Heinrich Himmler nombró a Wolff Jefe Supremo de las SS y de la Policía en Italia, y el 25 de julio le encomendó dos misiones; por un lado, liberar a Benito Mussolini, que había sido hecho prisionero por el nuevo Gobierno italiano; y, por otro, tomar el control de toda la Administración civil italiana.

Tras el desembarco de los Aliados en el sur de Italia, la alianza entre Berlín y Roma comenzó a debilitarse, haciéndose evidente la inminencia de un colapso del Estado italiano. Por esa razón, el 7 de septiembre de 1943, se ordenó el desarme de todas las fuerzas militares italianas. Dos días más tarde, el Rey Víctor Manuel y su Gobierno se entregaron a las fuerzas aliadas.

El 12 de septiembre de 1943, un destacamento de paracaidistas alemanes, comandado por el entonces SS-Hauptsturmführer Otto Skorzeny, liberó al Duce, que había sido recluido por el gobierno italiano en un hotel situado en las montañas del Gran Sasso. Tras la operación, se constituyó un Gobierno títere bautizado como República Social Italiana, con sede en Salò, junto al lago Garda.

En esta coyuntura, Wolff se ocupó del reclutamiento forzoso de trabajadores italianos con destino en las fábricas alemanas de armamento, así como de la represión de las actividades partisanas.

La defensa de Roma

De acuerdo con las investigaciones realizadas al término de la guerra, Hitler había planeado el secuestro del Papa Pío XII, pero Wolff consiguió desbaratar el intento, con ayuda de algunos miembros de la Embajada alemana ante la Santa Sede, entre los que destacó el SS-Brigadeführer Ernst von Weizsäcker, que había mantenido una audiencia con el Papa el 10 de mayo de 1944.

De acuerdo con las investigaciones de Peter Gumpel, el Papa tenía tan asumido el hecho de que iba a ser arrestado por los alemanes, que, incluso, informó de esta cuestión a varios cardenales y obispos, llegando a hacer preparativos para asegurar su sucesión al frente de la Iglesia Católica. Gumpel es jesuita e historiador, y ejerce las funciones de Postulador en el proceso de beatificación de Pío XII.

En todo caso, la operación de secuestro no se llevó a cabo, probablemente por la insostenible situación por la que, en ese momento, atravesaban las fuerzas alemanas en Italia.

En esa época, el Vaticano creo una organización de ayuda, la “Pontificia Commissione di Assistenza”, con el fin de asistir y proporcionar alimentos a la población de Roma y alrededores; Wolff no puso ningún obstáculo al funcionamiento de esta organización, que estimaba muy útil para facilitar el transporte en zonas restringidas.

Tanto Wolff como el Generalfeldmarschall Albert Kesselring utilizaron todos los medios a su alcance para preservar los tesoros artísticos custodiados en la abadía benedictina de Monte Cassino, y para protegerlos no sólo de los bombardeos aliados, sino, también, de las órdenes de requisa impartidas por Hermann Göring, logrando, finalmente, que la mayor parte de las obras de arte quedasen bajo la custodia del Vaticano.

Esta “proeza” fue largamente publicitada y exaltada por la Propaganda alemana; de hecho, el noticiario Wochenschau emitió varias veces una entrevista en la que el Abad de Monte Cassino daba las gracias al Ejército alemán y al Mariscal Kesselring no sólo por el rescate del tesoro de la abadía, sino, también, por la salvación de la ciudad de Roma, para lo cual resultó de suma importancia su declaración como “ciudad abierta”, que implicaba su desmilitarización por los alemanes y, en justa correspondencia, que quedase exenta de los bombardeos aliados.

Paralelamente, el Papa se negó a abandonar la ciudad eterna, manteniéndose en ella como prenda de garantía para con los romanos, todo lo cual permitió, a diferencia de lo que ocurría en los restantes frentes de batalla europeos, la adopción de diversos acuerdos entre las fuerzas alemanas y las aliadas, acuerdos en los que Wolff tuvo una participación decisiva.

Wolff no llegó a ser testigo de la entrada de los Aliados en Roma el 4 de junio de 1944, ya que, en aquellas fechas, le había sido concedida una licencia por enfermedad. El 26 de julio de 1944, a petición propia, Wolff fue nombrado Bevollmächtigten General (General delegado) de la Wehrmacht, con el fin de reforzar su capacidad para influir en los acontecimientos del teatro de operaciones italiano, dado el caos de competencias existente; ese cargo le permitió movilizar un mayor número de unidades de las SS y del Ejército para luchar contra los partisanos que operaban en el frente italiano.

A pesar de contar con más de 100.000 hombres bajo su mando, Wolff tuvo poco éxito en su misión, probablemente debido a la mezcolanza de unidades militares que participaban en las operaciones, a las diversas nacionalidades de los soldados que combatían en ellas y, muy especialmente, a la escasa motivación de éstos últimos.

Los progresos militares de los Aliados y el deterioro de la situación general condujeron a la evacuación y traslado del gobierno títere de Mussolini hasta el Tirol y, posteriormente, hasta la propia Alemania, todo lo cual llevó a Karl Wolff al convencimiento de que la guerra estaba irremediablemente perdida.

A pesar del distanciamiento que se había producido entre Wolff y Himmler, éste acudió a su antiguo hombre de confianza para establecer comunicación con los Aliados. Así, en febrero de 1945, Wolff, a través del mediador suizo Max Waibel, mantuvo varios contactos con el Jefe de la Sección para Europa del Servicio Secreto estadounidense (OSS), Allen W. Dulles. Las conversaciones condujeron a la capitulación anticipada de las Fuerzas Armadas alemanas en Italia el 2 de mayo de 1945, esto es, seis días antes que la capitulación total del Reich el 8 de mayo de 1945.



La posguerra

El 13 de mayo de 1945, el Ejército estadounidense, con la falsa promesa de que le permitirían reunirse con su familia, capturó a Wolff y lo confinó en una prisión próxima a Bolzano. Tras serle prohibido cualquier contacto con su familia, el 21 de agosto de 1945 Wolff fue trasladado a la prisión para criminales de guerra de Nuremberg, en principio, como acusado, aunque, finalmente, ninguno de los Fiscales del Tribunal internacional formuló acusación contra él, por lo que, finalmente, Wolff se limitó a comparecer en numerosos juicios, pero siempre en calidad de testigo, hasta que, en enero de 1948, las autoridades de ocupación americanas lo entregaron a los británicos, quienes lo encarcelaron en Minden (Renania).

Fue sometido a un proceso de desnazificación y, en noviembre de 1948, un Tribunal de Hamburgo-Berdedorf lo condenó a 5 años de prisión por haber pertenecido a una organización delictiva (las SS) y por haber tenido conocimiento de los objetivos criminales de la misma. De la pena de 5 años, le fueron descontados 2 por el arresto al que fue sometido a partir de mayo de 1945.

Wolff apeló la sentencia y consiguió que el Tribunal de Revisión, en marzo de 1949, rebajase la condena inicial hasta los 4 años, que se estimó entonces cumplida en su totalidad.

Tras recuperar la libertad, trabajó en el departamento de publicidad de una revista y se trasladó a vivir con su familia a Starnberg (Baviera).

A raíz de la expectación creada por la celebración del proceso contra Adolf Eichmann en Jerusalén, Wolff cometió el error de publicar en la prensa varios artículos sobre Heinrich Himmler, en los que manifestó que, sólo a partir de marzo de 1945, había tenido conocimiento, y aún por referencias de terceras personas, acerca de las matanzas de judíos.

Como consecuencia de estas manifestaciones y de las cartas de respuesta que provocaron tales artículos, la Justicia alemana se interesó por Wolff. De este modo, el 18 de enero de 1962, un Juzgado de Weilheim dictó contra él una orden de detención por su participación en el asesinato de centenares de miles de judíos, a raíz de las conversaciones que había mantenido con representantes del Reichsverkehrsministerium (Ministerio de Transporte) para solucionar el problema de la escasez de vagones para el transporte ferroviario de los judíos que debían ser trasladados a los campos de exterminio.

El Juzgado de Weilheim se inhibió a favor de un Tribunal de Múnich, por lo que Wolff fue encarcelado en la prisión de Múnich-Stadelheim. Su abogado defensor fue Rudolf Aschenauer, un consumado especialista con una larga experiencia en la defensa de responsables nazis acusados por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

El 30 de septiembre de 1964, fue condenado a 15 años de prisión por su cooperación en la matanza de 300.000 judíos. En octubre de 1965, el Tribunal Supremo Federal desestimó su recurso de casación y declaró la firmeza de la sentencia de condena. Como consecuencia de ello, Wolff fue trasladado al centro penitenciario de Straubing. A finales de agosto de 1969, fue puesto en libertad por razones médicas.

Su papel dirigente en las SS y su contribución a la hora de abortar el proyectado secuestro del Papa Pío XII hicieron que un antiguo redactor de la revista “Stern”, Gerd Heidemann, fijase su atención en Wolff, quien, a partir de ese momento, se convirtió en asesor del periodista. Juntos trabaron relación con el coleccionista de Militaria de Stuttgart, Konrad Kujau, y todo ello dio como resultado uno de los episodios más pintorescos de la posguerra, como es el caso de los diarios falsificados de Adolf Hitler, que la revista “Stern” sacó a la luz el 25 de marzo de 1983.

A finales de agosto de 1984, dio comienzo el juicio en el que se acusaba de falsedad documental a Kujau y Heidemann, pero Karl Wolff, que había sido citado para declarar en calidad de testigo, no pudo comparecer, ya que había fallecido el 15 de julio de ese año en un hospital de Rosenheim, siendo enterrado, seis días después, en el cementerio de Prien am Chiemsee (Baviera).

Karl Wolff siempre fue conocido en su círculo familiar con el apodo cariñoso de “Karele”, que conservó hasta su fallecimiento.

La muerte de Wolff trajo como consecuencia el que varios de los grandes periódicos de Alemania se ocuparan de él, llegando a calificarlo como “una de las figuras más brillantes del régimen nacionalsocialista”. Claus Sybill escribió, incluso, una biografía, en cuyo prólogo señalaba que Wolff representaba al clásico arquetipo de la alta burguesía alemana, muchos de cuyos miembros, a pesar de haber tenido estudios superiores, terminaron siendo arrastrados por el síndrome nazi:
Wolff selbst ist und bleibt […] der Idealist, der stets das Gute wollte. Und weil er selbst nie etwas Böses erdacht oder geplant hatte, konnten noch so viele Verbrechen rings um ihn geschehen – er hat so gut wie nie etwas davon gemerkt”.

“Wolff se consideraba, y realmente lo era, un idealista, una persona que no deseaba otra cosa que el bien para su país, y, precisamente, gracias a que él nunca había imaginado ni planeado ninguna maldad, fue posible que muchos criminales rondaran a su alrededor sin que él se percatara de ello”.
Última edición por Barbarossa el Mié May 26, 2010 10:03 am, editado 1 vez en total.

waylond
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Karl WOLFF

Mensaje por waylond » Mar May 25, 2010 10:21 pm

EXCELENTE EL ARTICULO, Y LA BIOGRAFIA, LE SOLICITARIA A LA PERSONA QUE LO ESCRIBIO SI PODRIA PRECISARME SI WOLFF VINO AL ENTIERRO EN LA ARGENTINA EN 1970 DE SU AYUDANTE EL GENERAL SS LUDOLF HERMANN VON ALVENSLEBEN, TAMBIEN SECRETARIO DE HIMMLER Y MUERTO EN LA ARGENTINA.
MUCHAS GRACIAS
NUEVAMENTE FELICITACIONES

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Barbarossa
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Karl WOLFF

Mensaje por Barbarossa » Mié May 26, 2010 10:02 am

Estimado Waylond, la verdad es que desconozco el dato de si Wolff viajó a la Argentina en 1970. En principio, parece poco probable que, en 1970, pudiese desplazarse hasta allí, ya que, unos meses antes, hubo de ser excarcelado por razones médicas.

No obstante, si encuentro alguna información sobre el particular, se lo indicaré.

Un cordial saludo.

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Martin Niemöller
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Karl WOLFF

Mensaje por Martin Niemöller » Mar Jun 01, 2010 4:03 am

Barbarossa escribió:El 30 de septiembre de 1964, fue condenado por el Tribunal de Primera Instancia nº 2 de Múnich, a una pena de prisión de 15 años por su complicidad en el asesinato de, al menos, 300.000 personas que fueron deportadas al campo de exterminio de Treblinka. En 1971, se le concedió la libertad condicional por haber asumido su culpabilidad.
Hola a todos,

realmente me deja estupefacto que un individuo que fué cómplice en el asesinato de 300.000 personas sólo sea condenado a 15 años de prisión y encima 8 años antes de cumplir su condena se le conceda la libertad condicional...sin duda es una burla a la justicia.

Hace poco leí en el diario que en España se condenó a 3 etarras (Igor Portu, Mattin Sarasola y Mikel San Sebastián) a 1040 años de prisión a cada uno por haberles ocasionado la muerte a dos ciudadanos ecuatorianos y heridas a otras 48 personas (considerados como tentativa de asesinato), tras hacer estallar una camioneta bomba en el estacionamiento de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, y sumó, además, un cargo por delito de estrago terrorista.

No conozco exactamente como se hizo el cálculo, pero para hacer una aproximación sería 1040 dividido 50 personas nos dá casi 21 años por persona. En el caso alemán, suponiendo que se tomara 15 años por persona la cifra final sería:
300.000 x 15 = 4.500.000 de años.

Aunque por supuesto es una cifra simbólica creo que 4.500.000 de años de prisión es lo mínimo que se podría pedir por un personaje tan aberrante.

En España, el tribunal también sentenció a los terroristas a abonarles a los familiares de las víctimas mortales del ataque una suma total de 1,2 millones de euros. El promedio sería 1,2 millones dividido 50 = 24.000 euros por persona.
Llevado otra vez al caso alemán sería 300.000 x 24.000 euros, tendríamos la bonita cifra de 7.200.000.000 euros.

Aunque en este mundo finito estas penas no las pudo cumplir, espero que las haga en el infierno, donde debe estar ahora.

Saludos
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von Thoma
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Karl WOLFF

Mensaje por von Thoma » Mar Jun 01, 2010 3:01 pm

Karl Wolff fué amigo según declaró él mismo,del Conde von Spreti,un líder SA del Estado Mayor de Ernst Röhm,Spreti ocupaba la misma posición con respecto a Röhm,que Wolff con respecto a Himmler.
Cuando la purga del 30 de Junio de 1934,Wolff no movió ni un dedo para intentar salvar la vida de su amigo,que fué ejecutado con el resto de mandos SA.
Wolff,fué totalmente un lobo como indica su apellido......con piel de cordero.La misma piel que usó para escapar de "Rositas" en el tribunal que lo juzgó.
«El derecho de creer es el derecho de quienes no saben»

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