Los Campos de concentración norteamericanos

Los Campos de la Muerte del Tercer Reich

Moderador: José Luis

Los Campos de concentración norteamericanos

Notapor Francis Currey el Lun Oct 03, 2005 12:12 am

Los Campos de concentración norteamericanos

En los primeros meses que siguieron al ataque a Pearl Harbour muchos supusieron que habría otros ataques contra la costa oeste de los EE.UU. El miedo dominó el país y una oleada de antipatía histérica hacia los japoneses sumergió la costa del Pacifico.

El FBI comenzó a detener a todos los japoneses "sospechosos". Ninguno estuvo jamás acusado por crimen alguno. Casi todos eran simples miembros de la comunidad japonesa: sacerdotes sintoístas o budistas, periodistas, profesores de idioma japonés o sindicalistas. Los líderes de la colonia japonesa fueron liquidados así en una rápida operación.

Los hombres fueron deportados sin avisar. La mayoría de las familias no sabían porqué habían desaparecido, adónde habían sido llevados o cuándo serían excarcelados. Algunos de los arrestados fueron pronto puestos en libertad, pero la mayoría de ellos fueron transportados secretamente a campos de internamiento por todo el país. Muchas familias supieron sólo aos mas tarde lo que había ocurrido con sus familiares. La operación incluyó también la congelación de cuentas bancarias, la incautación de bienes, drásticas limitaciones en los viajes y los desplazamientos, toques de queda y otras medidas restrictivas. Sin embargo, esta operación del FBI apenas anunciaba la siguiente etapa de la evacuación en masa.

En febrero de 1942, el teniente general John L. De Witt, comandante general de la defensa del oeste de los EE.UU., pidió autorizacion al Ministro de la Guerra, Henry L. Stimson, para evacuar "japoneses y otros sujetos subversivos" del área de la costa oeste. El 19 de febrero el presidente Roosevelt firmó la orden (Orden No 9.066) que autorizaba al Ministro de la Guerra o a cualquier jefe militar para establecer "áreas militares" y excluir de ellas "a cualquier persona."

Un mes más tarde el Presidente Roosevelt firmó la Orden No 9.102 estableciendo la "Autoridad Militar de períodos de guerra" que operaba en los campos de internamiento. Roosevelt nombró a Milton Eisenhower, hermano del futuro presidente, para aplicar y dirigir esta ley excepcional.Sin la menor disensión, el Congreso ratificó la Orden ejecutiva No 9.066, con la aprobación de la Ley Pública oportuna.

En los inicios de marzo el US Army (ejército de los EE.UU.) preparó la evacuación de casi 77.000 ciudadanos americanos de origen japonés (los Nissei) y de 43.000 japoneses (Issei) de los Estados de California, Washington, Oregon y Arizona. A lo largo de toda la costa oeste aparecieron carteles con la orden de presentarse en los puntos de evacuación: "Instrucciones para todas las personas de ascendencia japonesa" -- se podía ver en grandes caracteres, en el encabezamiento --. El texto decía: "Todos los japoneses, extranjeros o no, serán evacuados en los puntos arriba citados el martes siete de abril a las 12 horas del mediodia." Se advirtió a los evacuados para que acarrearan sus propios colchones y para que llevaran, como mucho, el equipaje que pudieran en una mano (un informe de posguerra sealaba que el 80% de los bienes almacenados pertenecientes a japoneses internados fueron "saqueados, robados o vendidos durante su ausencia,).

Los 23.000 japoneses que vivían en la costa oeste del Canadá, de los cuales tres cuartas partes eran ciudadanos canadienses, fueron perseguidos también. No se les permitió volver a la Columbia británica hasta marzo de 1949, siete largos aos después de la evacuación y tres y medio después del fin de la guerra. El Departamento de Estado obligó a los países de la América Latina para que acorralaran a "sus" japoneses. Aproximadamente 2.000 japoneses fueron embarcados desde doce países hacia diferentes campos de concentración en los EE.UU. La mayoría fueron enviados por el Perú, que quiso eliminar a todos los japoneses y aún después de la guerra rechazó la entrada de aquellos que habían sido deportados a los EE.UU. Brasil, Uruguay y Paraguay establecieron sus propios programas de internamiento. Argentina y Chile, dicho sea en su honor, no rompieron relaciones diplomáticas con el Eje hasta casi el final de la guerra. Así y todo, los japoneses no fueron ni detenidos ni internados.

La razón esgrimida para la evacuación de la costa oeste fue la del "interés militar". Pero esta argumentación se mostró inconsistente por el hecho de que los japoneses residentes en Hawai no fueron internados en masa. Y eso que Hawai estaba en un peligro de invasión mucho mayor que la costa oeste americana. La poblacióon de la isla de Hawai estaba constituida en un 38% por japoneses, en comparación con el 1% que suponían de toda la poblacióon de California. Con la excepción de un pequeo número de hawaianos japoneses, todos permanecieron en libertad para mantener el funcionamiento económico de la isla.

La evacuación, establecida teóricamente contra sabotajes y espíias, alcanzó e incluyó a bebés huérfanos, niños adoptados y aún a ancianos e impedidos. Los niños mestizos, si procedían de internados, también eran internados. El coronel Karl Bendetsen, que dirigía la operación, declaró: "Si tienen una sola gota de sangre japonesa iráan a los campos de concentración. Esa es mi determinación".

El Gobierno norteamericano manifestó que los centros de detención no tenían nada que ver con los horribles campos de concentracióon de sus enemigos en Europa. La agencia de relaciones públicas del Ejército se refería constantemente a ellos como "Campos de reasentamiento" y "asilos para refugiados". El Departamento de Estado negaba que los centros fueran campos de concentración: "por el contrario, las zonas donde estas comunidades están establecidas permiten a los japoneses el poder organizarse social y económicamente con la protección de las autoridades centrales de los EE.UU". En un artículo publicado por la oficina de relaciones públicas del Ejército, en septiembre de 1942, un oficial se dirigía a los norteamericanos en términos similares y aadía que "a la larga los japoneses sacarán provecho de esta terrible y dolorosa experiencia".

Fueron un total de 120.000 los que estuvieron internados en los campos de detención construidos por el Gobierno. ¿Fueron estos centros de internamiento auténticos campos de concentración? William Denman, juez jefe de la Novena Corte de Apelacion, describió así el Campo de Lago Thule:

"Las alambradas de espino rodeaban a las 18.000 personas, igual que en los campos de concentración alemanes. Había las mismas torretas, con las mismas ametralladoras, destinadas para aquellos que intentaran escalar las altas alambradas. Los barracones estaban cubiertos por cartón alquitranado y esto teniendo en cuenta las bajas temperaturas invernales de Lago Thule. Ninguna penitenciaria del Estado trataría así a un penado adulto y allí había niños y recién nacidos. Llegar a las letrinas, situadas en el centro del campo, significaba dejar las chozas y caminar bajo la nieve y la lluvia. Una vez máas el tratamiento era peor que en cualquier cárcel, sin diferenciar, además, a niños o enfermos. Por si fuera poco, las 18.000 personas estaban hacinadas en barracones de una sola planta. En las celdas de las penitenciarías estatales jamás hubo tales aglomeraciones)".

El Ejército utilizó seis vehículos blindados y un batallón de policía militar (31 oficiales y 899 suboficiales y soldados) para la custodia de este Campo de Lago Thule, en California. Otros campos poseían cercas electrificadas, un sinsentido si tenemos en cuenta que todos estaban situados en desiertos y zonas desoladas. Cada campo contaba con potentes focos que por la noche iluminaban hacia los barracones.

Se disparó contra cientos de internados, sufriendo muchos de ellos heridas. Ocho murieron por arma de fuego. En otras ocasiones los japoneses fueron golpeados brutalmente sin razón alguna. En el Campo de Lago Thule los guardianes tenían a gala el golpear a los detenidos con bastones de base-ball. Cuando los japoneses del campo californiano de Manzanar se manifestaron contra las condiciones de vida, los soldados arrojaron botes de humo y a continuación abrieron fuego. Un internado murió en el acto y otro más tarde. Otros nueve fueron gravemente heridos. Hubo japoneses que, desesperados, se suicidaron. Otros murieron a causa de las paupérrimas condiciones de vida.

A menudo tres generaciones de una misma familia vivían en una habitación de 6 x 7 metros. Algunas veces eran dos o tres familias distintas las que se alojaban en la misma habitación. Una bombilla era el úunico mobiliario, excepción hecha de aquel que los internados pudieron construirse. En otros casos las familias fueron enviadas a establos recién "reconvertidos", donde el hedor se volvía insoportable en verano.

Todo el correo era censurado, así como las comunicaciones internas. El japonés estaba prohibido en reuniones públicas y los servicios religiosos fueron suprimidos. Los prisioneros estaban obligados a saludar a la bandera, cantar canciones patrióticas y a declarar su lealtad a la nación "una e indivisible, con libertad y justicia para todos."

Fuente: Exordio
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El sentimiento de odio

Notapor Francis Currey el Lun Oct 03, 2005 12:13 am

El sentimiento de odio

El ataque sorpresa de Pearl Harbour desotó una ola de odio sin precedentes hacía ninguna otra raza, en los Estados Unidos. Varios japoneses fueron excluidos de diversos sindicatos. Entre el 8 de diciembre y el 31 de marzo la ira antijaponesa se saldo 36 agresiones y un total de 7 muertes.

Una encuesta realizada en enero de 1942 arrojaba cifras de que un 93% de encuestados se mostraban favorables a la evacuación de japoneses con pasaporte extranjero, mientras que un 59% abogaba por que se expulsara también a los que tenían pasaporte norteamericano y sólo un 25% desaprobaban expresamente esta medida.

La primera demanda pública pidiendo el internamiento de los japoneses parece ser que fue hecha a comienzos de enero de 1942 por John B. Hughes, un importante locutor de la "Mutual Broadcasting Company".

Poco después, Henry McLemore, columnista de la red de periódicos "Hearts", decía a sus lectores: "Estoy por el traslado inmediato de todo japonés de la costa oeste de los EE.UU. a algun lugar lejano, en el interior; y no quiero decir tampoco a un lugar bonito. Que los reúnan como a un rebaño y que los despachen a lo más hondo de las regiones yermas. Dejémosles que palidezcan, enfermen, tengan hambre y mueran. Personalmente, odio a los japoneses. Y esto va por todos, sin excepción"

El popular actor Leo Carrillo telegrafió al diputado de su circunscripción: "¿Por qué esperar a que los japoneses se sobrepongan antes de que actuemos?...Trasladémoslos inmediatamente de la costa hacia el interior... Le insto en nombre de la seguridad de todos los californianos para que la acción se inicie inmediatamente"

En febrero, una delegación de congresistas de la Costa Oeste escribió al Presidente pidiendo "una evacuación inmediata de todas las personas de ascendencia japonesa... ya sean extranjeras o ciudadanos de los EE.UU., de la costa del Pacífico."

En una emisión radiofónica para el sur de California, en conmemoración del aniversario de Lincoln, Fletcher Brown, a la sazón alcalde de Los Angeles, denunció el "enfermizo sentimentalismo, de aquellos preocupados por las injusticias cometidas contra los japoneses residentes en los EE.UU... Afirmó que si Lincoln viviese, detendría a la gente nacida en suelo americano que guardase secreta lealtad al emperador del Japón."

Sólo una semana después del ataque a Pearl Harbour, el congresista por Missisipi, John Rankin, afirmaba: "Propongo que se capture a todos los japoneses de América, Alaska y Hawai y se les interne en campos de concentración; y se les envíe cuanto antes hacia Asia. Esto es una guerra racial. La civilización del hombre blanco ha entrado en guerra con el barbarismo japonés. Uno de los dos habrá de ser destruido. ¡Condenémosles! ¡Deshagámonos de ellos ahora!"
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Notapor Francis Currey el Lun Oct 03, 2005 3:20 am

Relaciòn de campos de reubicación

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Campo de Concentración de Gila

Ubicación: 72 Kms al sureste de Phoenix, en el condado de Pinal, Arizona, cerca a Sacaton. Terrenos alquilados a la Reservación India de Pima.

Extensión: 6800 Ha divididas en dos campos: Canal y Butte.

Máxima población: 13348 al 30 de Dic 1942. Abierto el 20 de Julio de 1942.

Clima y medioambiente: desértico con temperaturas de 52 Grados C. Grandes tormentas de polvo.

Población penal: 10814 nipoamericanos.

Situación Sanitaria: diarrea, tuberculosis, fiebre del valle y otras menos importantes.

Campo de Concentración de Granada

Ubicación: Prowers County Colorado 22 Kms al este de Lamar, 32 Kms al oeste de Kansas. Comprado a propietario privado. Ubicado en una colina a 1100 metros sobre el nivel del mar.

Extensión: 600 ha

Clima y medioambiente: Campo árido y polvoriento.

Población penal: 7319. 6285 americanos, la mitad de origen rural y el resto urbano.

Situación Sanitaria: La poliomelitis fue el problema mas grave de este campo.

Campo de Concentración de Heart Mountain

Ubicación: Propiedad Federal. Elevación 1400 m.

Extensión: 18400 ha

Máxima Población penal: 10767.

Clima y medioambiente: Severo con temperaturas de 35 gradosC bajo cero. Polvoriento. El mayor problema el polvo y las serpientes.

Situación Sanitaria: El mayor problema sanitario se debió a que los internos procedían de zonas calurosas.

Campo de Concentración de Jerome

Ubicación: En los condados de Drew y Chicot al sureste de Arkansas

Extensión: 4000 ha

Población penal: 8497

Clima y medioambiente: tropical, verde y húmedo

Situación Sanitaria: Buena. El campo no estaba muy vigilado puesto que estaba rodeado por áreas donde se desarrollan la mayor cantidad de serpientes en el país.

Campo de Concentración de Manzanar

Ubicación: Inyo County, Ca, en el Valle Owens 360 Kms al norte de Los Angeles

Extensión: 2400 ha

Población penal: 10046.

Clima y medioambiente: desértico, inviernos y veranos muy severos.

Situación Sanitaria: Buena. Fue uno de los campos más custodiados debido a la agresividad de los pobladores de la zona.

Campo de Concentración de Minidoka

Ubicación: en Jerome County en el centro sur de Idaho 10 Kms al norte de Eden

Extensión: 13400 ha

Población penal: Población 9397

Clima y medioambiente: hostil con grandes tormentas de polvo. Considerado uno de los "mejores" campos por la homogeneidad de la población y la administración benevolente.

Campo de Concentración de Poston

Ubicación: Yuma County Arizona 27 Kms al sur de Parker, en la Reserva India de Colorado

Extensión: 28400 ha

Población penal: 17814 internos

Clima y medioambiente: Desértico, el más caluroso de todos los campos.

Situación Sanitaria: Buena

Campo de Concentración de Rohwer

Ubicación: Desha County al sureste de Arkansas

Extensión: 4000 ha

Población penal: 8475 internos.

Clima y medioambiente: lluvioso caliente y húmedo

Situación Sanitaria: Buena. La mayoría de los internos de procedencia urbana.

Campo de Concentración de Topaz

Ubicación: Millard County, Utah, near Abraham, 224 Kms al Sur de Salt Lake City. A 1400 m sobre el nivel del mar.

Extensión: 8000 ha

Población penal: 8130 internos

Clima y medioambiente: Temp 41 grados C en verano y -35 gradosC en invierno. Mucho viento y tormentas de polvo.

Situación Sanitaria: Buena

Campo de Concentración de Lago Tule

Ubicación: Klamath Falls Basin en el norte de California, justo al sur de la frontera con Oregon.

Extensión: 10400 ha

Población penal: 18789 internos

Clima y medioambiente: Relativamente tolerable, a 1220 m sobre el nivel del mar, en lo que fue un lago.

Situación Sanitaria: Buena

Fuente: Exordio
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Notapor Francis Currey el Vie Ene 19, 2007 11:54 pm

Artículo muy completo en inglés que nos viene a ampliar la información sobre los campos.

http://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_A ... irabayashi

Aquí os dejo la orden que hacía efectivo el internamiento

http://bss.sfsu.edu/internment/executiorder9066.html
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Notapor Hanna el Mar Ene 23, 2007 1:42 am

Excelente información, muchas gracias :)
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Notapor Shindler el Lun Ago 20, 2007 5:12 pm

Hola a todos, con tu permiso Francis permíteme aportar algo más de información como complemento de tan excelente trabajo.


¡Japs son Japs!

Alrededor de dos meses y medio después del bombardeo de Pearl Harbor comenzó el capítulo más vergonzoso de la política interior de los Estados Unidos durante la SGM. Flanqueado por la bandera de los EEUU y el estandarte con el escudo presidencial, bajo los focos de los fotógrafos, Franklin D. Roosevelt firmó el 19 de Febrero de 1942 en la Casa Blanca la Executive Order N° 9066. En virtud de la misma se autorizaba al ministro de defensa y a los jefes militares de las distintas regiones a declarar zona militar una parte del territorio y prohibir a determinado grupo de personas su permanencia en él. Todos los americanos sabían que dicha zona constituía la costa del Pacífico, el distrito federal de Washington, Oregón y California; y que el "grupo de personas" no era otro que el formado por los 150.000 japoneses que, en su mayor parte desde hacía generaciones, habitaban la costa occidental. El odio popular de los "nativos" contra los japoneses, atizado de modo sistemático, no tardó en dar sus frutos. Inmediatamente se pereparó un programa de internamiento contra los "Japsen". En total unos 110.000 estuvieron encerrados durante años detrás de las alambradas eléctricas, bajo los puestos de las torres de vigilancia y teniendo a la vista los carros de las milicias.
"Japs son Japs", se decía cínicamente por aquel entonces; y nadie parecía tener verdadero interés en averiguar a quienes se tildaba con ello de "malos americanos".

Los "nisei" integraban el contingente más numeroso; se trataba de japoneses americanos de la segunda generación, es decir de nacidos en los EEUU y, por lo tanto, de ciudadanos con todos los derechos; amigos de los hot dogs, del rugby y del Jazz y que hablaban con el más puro acento de la costa.
Junto a ellos estaba el grupo de los "Kibei", igualmente ciudadanos con todos los derechos pero que al menos habían seguido una parte de estudios en Japón y luego habían vuelto a los EEUU. Debido a su perfecto dominio de los dos idiomas fueron los llamados más tarde a formar el equipo encargado de entenderse con las autoridades americanas y con los jefes del campo; al mismo tiempo eran los más sospechosos de deslealtad a los EEUU, debido a que la mayor parte de ellos trabajaban en empresas comerciales americano-japonesas.
El tercer grupo lo integraban los "Issei", en gran parte gente mayor, inmigrantes, ciudadanos norteamericanos de la primera generación, que tenían ya sobre sus espaldas la experiencia del racismo de los USA. Desde el principio habían aprendido a no llamar la atención, a representar el tipo de "pionero" tan apreciado por los norteamericanos. Exteriormente se habían adaptado, al parecer, a las costumbres de su nuevo país, pero seguían guardando muy dentro un trozo del Japón.

Por costumbre se les empezó a considerar como una especie de miembros en potencia de la quinta columna enemiga. Pero a penas la guerra empezó a dejar sentir su peso (sobre todo en Europa) los propios militares reclutaron en los campos de concentración a los ciudadanos americanos de ascendencia japonesa para formar con ellos verdaderas unidades selectas. Muchos murieron por una patria que no los quería; por unos objetivos y unos ideales que no se habían respetado en ellos. Valga como ejemplo la historia del sargento Masuda: el 8 de Diciembre de 1944, a las once de la mañana hora local, en la ciudad de Talbert (California) el sargento Kazuo Masuda recibía el título póstumo, la cruz de servicios distinguidos, la segunda en importancia de las condecoraciones de guerra que conceden los EEUU. Presidió la ceremonia uno de los héroes populares de Norteamérica, el general Joseph Stilwell ("Vinagre Joe").

El general dio lectura a la hoja de méritos:
Bajo el fuego enemigo, el sargento Masuda avanzó 20 metros monte arriba arrastrando consigo un mortero, munición y un casco sobre el que montó la pieza, sujetándola a lo largo con una de sus piernas. Masuda estuvo disparando durante doce horas. Dos veces regresó bajo el fuego alemán hasta la líneas aliadas para abastecerse de munición y por dos veces rechazó el ataque enemigo. Por último se sacrificó el mismo para facilitar a sus hombres el repliegue a través de un terreno minado por el enemigo. El general Stilwell terminó diciendo: "Con ello se ha ganado el respeto y la admiración de todos los verdaderos americanos."
Inmediatamente después , el general prendió la medalla en la blusa de la hermana del héroe, Mary Masuda, de 34 años de edad. Esta la retiró en silencio y se la entregó a su madre.
Más tarde se enteró el general de que las autoridades locales habían tenido que ir a buscar a la familia de Masuda al campo de concentración de Gila River, Arizona, para que pudieran asistir a la ceremonia. El general John L. Sewitt, responsable entre 1941 y 1944 de la seguridad de las costas del Pacífico era tan apreciado como Stilwell. Después del ataque a PH y tras la serie inicial de éxitos japoneses en el escenario de la guerra del pacífico, se encargó de encender los ánimos de los americanos de la costa occidental contra los nipones, azuzando su histeria racista en todos sus discursos y manifestaciones públicas: "ALgunas gentes un tanto sentimentales empiezan a ser de la opinión de que deberíamos volver a traer a los japoneses a la costa. Estoy dispuesto a oponerme con todas mis fuerzas, incluidas las de mi cargo actual... Un japs es siempre un Japs, míresele por donde se le mire; esto no lo puede cambiar nadie. Y mucho menos entregándole un trozo de papel por el que se le atribuye la nacionalidad americana..."
Cuando el Ministerio de Defensa consideró que no podía seguir sosteniendo por más tiempo al general Dewitt y lo destituyó del cargo, entraron en creciente actividad todos los grupos racistas. A Dewitt no le pasó nada. Tenía en Washington un buen padrino que le guardaba las espaldas: el subsecretario del Ministerio de Defensa precisamente, John J. McCloy, más tarde Alto Comisario de los EEUU en Alemania.

Trabajo reunido en años de investigación por el periodista Allan R. Bosworth.
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Notapor Herman Hoth el Mar Nov 13, 2007 6:05 pm

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Durante la segunda guerra mundial e incluso después de ella, entre 1942 y 1947, el gobierno norteamericano deportó a campos de concentración a unos 11.000 ciudadanos americanos de origen alemán y a otros 3.000 de origen italiano. El internamiento de norteamericanos de origen japonés en campos de concentración de los EEUU es conocido por el cine, pero este asunto de los alemanes e italianos lo es mucho menos. Una comisión del Senado en Washington estudiará ahora qué trato se dio a aquellos miles de personas, privadas de su libertad, sus bienes y sus empleos por haber nacido en la patria del enemigo.
En 1943 el estudiante de diecisiete años Eberhard Fuhr fue arrestado por unos agentes del FBI en su instituto de Cincinnati. Acto seguido le ingresaron en un internado para “enemigos de los aliados” en Tejas, donde estuvo cuatro años y medio con su familia. Miles de alemanes experimentaron una suerte similar. Sin embargo, el número de detenidos fue mucho menor que el de japoneses.

La historia no ha prestado demasiada atención a estos hechos. El senado americano dio un paso adelante al respecto cuando dio orden de votar sobre el tratamiento recibido por los alemanes y otros europeos en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. El estatus de la legislación es incierto, ya que se ésta se aprobó como una enmienda al proyecto de ley sobre inmigración.

“A pesar de ello, el hecho de que se vote sobre este tema es ya un gran avance”, dice el Senador Russ Feingold, quien representa a un gran número de alemanes. Durante los últimos seis años una negativa por parte de un senador republicano anónimo impidió que este tema fuera votado.

“El Congreso y los Estados Unidos hicieron lo correcto reconociendo y pidiendo perdón por el maltrato de japoneses americanos durante la Segunda Guerra Mundial”, dijo Feingold. “Sin embargo, no se ha mostrado el mismo respeto por los alemanes, italianos, y latinos europeos americanos.”

El acta que estudia el tratamiento de enemigos o posibles sospechosos durante los períodos de guerra, “Wartime Treatment Study Act” de Feingold, creará una comisión encargada de investigar cómo se trató a los alemanes, italianos y otros europeos. Una segunda comisión estudiará cómo se trató a los refugiados judíos que huían de la persecución nacionalsocialista.

El senador Jeff Sessions, sin embargo, se opone a esta ley, ya que dice que se basa en averiguaciones “que ponen a América en lugar incorrecto. Averiguaciones que dicen que, en parte, la políticas de nuestro país durante los períodos de guerra fueron devastadoras para los alemanes e italianos que vivían en los Estados Unidos.”

Disparidad de opiniones

El asistente del Fiscal General, Richard Hertling, sacó a colación una carta fechada a ocho de mayo durante las sesiones del Comité Judicial del Senado. Hertling dijo que el Departamento de Justicia se había puesto en contacto con el ya consagrado historiador del Museo de la Memoria del Holocausto en el año 2001. Éste les dio su opinión sobre el tema. “Todo esto se está sacando de quicio. Es exageradísimo".

La carta no identificaba al historiador por su nombre, aunque un portavoz del museo dijo que se trataba de Peter Black. Comentó también que el museo no haría ningún comentario sobre la legislación. “Las ideas del historiador no contribuyeron a hacer ver que una comisión era necesaria”, dijo Feingold, que es judío.

“Los hechos fueron muy graves: les quitaron sus trabajos o sus negocios, fueron internados en Texas y se les hicieron otras barbaridades totalmente injustificables, ya que estas personas no habían hecho nada. Eran inocentes. Cuando tiene lugar un conflicto, el peligro para aquellos que pertenecen al mismo medio que nuestros enemigos es real. Y siempre hay que cuidarse de ello”.

Tal y como cree el profesor de historia ya retirado Stephen Fox, quien ha escrito un libro sobre el tratamiento de los americanos alemanes durante la II Guerra Mundial por parte del FBI, unos tres mil italianos y once mil alemanes fueron detenidos en América. Cifras que incluyen alemanes que fueron enviados desde latino América y judíos alemanes. Además de ciento veinte mil japoneses americanos, incluyendo ciudadanos estadounidenses, fueron encerrados durante la Segunda Guerra Mundial.

Para Fox, en general, el FBI señaló como objetivos a alemanes aliados residentes en territorio estadounidense que tuvieran relación con organizaciones alemanas, hicieran comentarios favorables a Hitler o tuvieran contacto con sus familiares en Alemania. Sin embargo, la mayoría era inocente.

Fuhr dijo que fue arrestado meses después de que sus padres hubieran sido internados. Se le reunió con sus hermanos en el campo de concentración Crystal City, de Tejas. “La vida en el campamento era aburrida pero no desagradable”, dijo Fuhr. Lo que realmente le indigna es que no le soltaran hasta 1947, dos años después de que terminara la contienda. “No tengo ninguna objeción sobre mi estancia en el campo de concentración, excepto a partir del día de la victoria aliada. A partir de entonces lamento cada minuto que perdí allí.”

Anneliese Krauter, de setenta y dos años, nacida en Estados Unidos pero de padres alemanes, fue enviada al campo de concentración Crystal City en 1943 junto con su madre y su hermano. Allí se reunieron con su padre, quien había sido arrestado el año anterior. “Su delito era haber alquilado una habitación a un espía alemán. Mi padre, sin embargo, no sabía la condición de este hombre,” dice Krauter. Obligaron a esta familia a cerrar su pequeño negocio familiar, una carnicería, en el barrio de Brooklyn.

Krauter, que ahora vive en las afueras de Indianápolis, describe la vida en el campo de concentración como “divertida”. “Nos ponían películas, aprendíamos de otras culturas gracias a la convivencia con los refugiados japoneses y nos daban clases. Desde luego, no se puede comparar con un gulag o un campo de concentración nacionalsocialista”, dijo Krauter.

En 1944 la familia aceptó la propuesta de los Estados Unidos de ser enviada a Alemania. “Así lo quiso mi padre. Estaba desilusionado y harto”. Ella volvió a los Estados Unidos en 1953 y sigue viviendo allí.

Ambos, Fuhr y Krauter, participan en una exposición organizada por el Centro histórico y cultural en Minneápolis bajo el nombre “Olvidados: el internamiento de civiles alemanes americanos, 1941-1948.”

Fuente: Elmanifiesto.com
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