How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

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axmann
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How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Jue Ago 01, 2013 9:14 pm

Título: How we squandered the Reich
Autor: Reinhard Spitzy
Editorial: Michel Russell Ltd
Nº páginas: 391
Lengua: Inglés
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 0859552497
Año de edición: 1999
Plaza edición: Norwich


En esta oportunidad reseñaré las memorias de Reinhard Spitzy, un nombre que a muchos de ustedes les dejará indiferente, lo que igual me pasó la primera vez que tuve esta obra entre mis manos.

A modo de resumen, Spitzy fue un austríaco, activo en el partido nazi de su país desde 1931, participando en las actividades conspirativas relacionadas con el intento de golpe de Estado en 1934. Unos años más tardes, fue contratado como funcionario de la Embajada alemana en Londres, convirtiéndose en un empleado de confianza del entonces embajador alemán, Joachim von Ribbentrop. Tras la designación de su jefe como Ministro de Exteriores a finales de 1938, pasaría a trabajar en la Cancillería del Reich. Como consecuencia de su cargo, Spitzy fue testigo de primera fila de importantes eventos en la política exterior de la Alemania nazi. Igualmente, el autor tuvo la oportunidad de relacionarse personalmente con Hitler en diversas ocasiones. No obstante, en el primer semestre de 1939, Spitzy dejó su cargo en la Cancillería, decepcionado por las riesgosas decisiones adoptadas por el régimen que auguraban el pronto estallido de la guerra. Durante el conflicto bélico, Spitzy trabajó inicialmente en el servicio de inteligencia militar bajo las órdenes de Canaris y Oster, participando en las actividades conspirativas de este último. Posteriormente, sirvió bajo las órdenes de Walter Schellenberg (Jefe de información y contraespionaje alemán), período durante el cual aunque dedicado a la actividad en el sector privado (como representante comercial de una empresa en España), cumplió con labores de inteligencia en el extranjero. Dentro de sus funciones, inició contactos con algunos emisarios del gobierno de los Estados Unidos en España para sondear la posibilidad de negociaciones de paz a mediados de la 2GM, llegando a reunirse con Allen Dulles. Al finalizar la 2GM, escapó a Argentina, pero retornó a Austria en 1957, donde vivió el resto de su vida.

Aunque estas memorias fueron escritas en 1946, cuando Spitzy estaba escondido en un monasterio español en espera de su huída a Argentina, no fue hasta finales de los años ochenta cuando el autor decidió que debía publicarlas.

En líneas generales, el autor no oculta sus inclinaciones políticas, ni reniega de su pasado. Con un tono sosegado, pero no evasivo, Spitzy deja ver su admiración por Hitler, así como por los logros del régimen nazi en la construcción de un gran Reich alemán. No obstante, esa admiración se fue disipando paulatinamente a partir de 1939, cuando la política exterior alemana se tornó más belicista y Hitler se rodeó de gente incapaz de asumir posiciones críticas en defensa de los intereses del Reich. Estas memorias mezclan las vivencias personales y políticas del autor, así como consideraciones acerca de los eventos de política exterior en los cuales participó o de los cuales tuvo conocimiento por su cargo.

Spitzy no ahorra en adjetivos peyorativos para describir a su jefe, Joachim von Ribbentrop, a quien juzga de ser una nefasta influencia sobre Hitler. El autor culpa a su jefe de haber hecho todo lo posible para sabotear cualquier entendimiento entre Alemania y el Reino Unido previo a la 2GM. La animadversión de Ribbentrop (y su esposa) contra Inglaterra como resultado de su poca afortunada experiencia como embajador de Alemania ante ese país determinó negativamente la percepción y los consejos transmitidos a Hitler sobre el manejo de las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. El autor considera que la guerra pudo haberse evitado en caso de que otra persona hubiera sido el Ministro de Relaciones Exteriores del Reich. En lo personal, sorprende bastante las amplias consideraciones dedicadas por el autor a denigrar de la figura de Ribbentrop, aunque puede que su cercanía con dicho personaje le conceda autoridad en la materia. Por el contrario, el autor se expresa positivamente de Goering, Neurath y Goebbels, a quienes les reconoce ampliamente sus esfuerzos por mantener a Alemania fuera de cualquier conflicto bélico; incluso, llega a calificar a los dos primeros como "campeones de la paz" (pp. 249-250).

El autor nos confirma esa imagen humana de Hitler que podemos leer en las memorias de muchos otros colaboradores cercanos. Los encuentros de Spitzy con Hitler no sólo se limitaron a reuniones de trabajo en la oficina del Führer, si no también a haber formado parte de la comitiva que acompañó a Hitler en su viaje a Austria cuando el "Anchluss" tuvo lugar, así como haber tenido el privilegio de conocer la residencia privada de Hitler en los Alpes Bávaros.

La lectura de estas memorias resultan de gran interés por algunas anécdotas que aporta el autor que nos enriquecen en la percepción general del régimen nazi y sus personajes. No obstante, debe tenerse presente que en ocasiones los relatos sobre eventos históricos relacionados con la política exterior de ese período no aportarán nada nuevo a lo que ya conocemos. Una parte interesante de las memorias es aquella relativa a los planes conspirativos del partido nazi austríaco, así como la explicación de las circunstancias políticas de ese país entre el final de la 1GM y el "Anschluss". Por supuesto, el autor tiene una visión crítica hacia la dictadura de Dollfuß en Austria; mientras con generosas pinceladas nos describe los planes conspirativos e ideales de los nazis austríacos.

Próximamente, procuraré ampliar esta reseña con algunas anécdotas contenidas en el libro que me llamaron la atención y bien merece la pena compartir.

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Antonio Machado
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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Vie Ago 02, 2013 12:10 am

Hola Axmann, estimado amigo !


Otra de tus interesantes recensiones, muchas gracias por compartir tus lecturas... :sgm111:

axmann escribió: Título: How we squandered the Reich
Autor: Reinhard Spitzy
Editorial: Michel Russell Ltd
Nº páginas: 391
Lengua: Inglés
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 0859552497
Año de edición: 1999
Plaza edición: Norwich


En esta oportunidad reseñaré las memorias de Reinhard Spitzy, un nombre que a muchos de ustedes les dejará indiferente, lo que igual me pasó la primera vez que tuve esta obra entre mis manos.

A modo de resumen, Spitzy fue un austríaco, activo en el partido nazi de su país desde 1931, participando en las actividades conspirativas relacionadas con el intento de golpe de Estado en 1934. Unos años más tardes, fue contratado como funcionario de la Embajada alemana en Londres, convirtiéndose en un empleado de confianza del entonces embajador alemán, Joachim von Ribbentrop. Tras la designación de su jefe como Ministro de Exteriores a finales de 1938, pasaría a trabajar en la Cancillería del Reich. Como consecuencia de su cargo, Spitzy fue testigo de primera fila de importantes eventos en la política exterior de la Alemania nazi. Igualmente, el autor tuvo la oportunidad de relacionarse personalmente con Hitler en diversas ocasiones. No obstante, en el primer semestre de 1939, Spitzy dejó su cargo en la Cancillería, decepcionado por las riesgosas decisiones adoptadas por el régimen que auguraban el pronto estallido de la guerra. Durante el conflicto bélico, Spitzy trabajó inicialmente en el servicio de inteligencia militar bajo las órdenes de Canaris y Oster, participando en las actividades conspirativas de este último. Posteriormente, sirvió bajo las órdenes de Walter Schellenberg (Jefe de información y contraespionaje alemán), período durante el cual aunque dedicado a la actividad en el sector privado (como representante comercial de una empresa en España), cumplió con labores de inteligencia en el extranjero. Dentro de sus funciones, inició contactos con algunos emisarios del gobierno de los Estados Unidos en España para sondear la posibilidad de negociaciones de paz a mediados de la 2GM, llegando a reunirse con Allen Dulles. Al finalizar la 2GM, escapó a Argentina, pero retornó a Austria en 1957, donde vivió el resto de su vida.

Aunque estas memorias fueron escritas en 1946, cuando Spitzy estaba escondido en un monasterio español en espera de su huída a Argentina, no fue hasta finales de los años ochenta cuando el autor decidió que debía publicarlas.
Pues credenciales no le faltan, ni tampoco cercanía al ojo del huracán... sus labores de inteligencia tanto como sus contactos diplomáticos le proveen, seguramente, de abundante material e interesantes experiencias.



axmann escribió: En líneas generales, el autor no oculta sus inclinaciones políticas, ni reniega de su pasado. Con un tono sosegado, pero no evasivo, Spitzy deja ver su admiración por Hitler, así como por los logros del régimen nazi en la construcción de un gran Reich alemán. No obstante, esa admiración se fue disipando paulatinamente a partir de 1939, cuando la política exterior alemana se tornó más belicista y Hitler se rodeó de gente incapaz de asumir posiciones críticas en defensa de los intereses del Reich. Estas memorias mezclan las vivencias personales y políticas del autor, así como consideraciones acerca de los eventos de política exterior en los cuales participó o de los cuales tuvo conocimiento por su cargo.
Creo que lo mismo le pasó a millones de alemanes quienes, inicialmente fascinandos por las promesas Hitlerianas, comenzaron a ver las realidades y se fueron desencantando con el regimen Nazi.

Lo interesante del testimonio del autor es que él lo vivió todo "desde adentro", por lo cual seguramente aporta mucho a ese cambio en la perspectiva de los acontecimientos.


axmann escribió:
Spitzy no ahorra en adjetivos peyorativos para describir a su jefe, Joachim von Ribbentrop, a quien juzga de ser una nefasta influencia sobre Hitler. El autor culpa a su jefe de haber hecho todo lo posible para sabotear cualquier entendimiento entre Alemania y el Reino Unido previo a la 2GM. La animadversión de Ribbentrop (y su esposa) contra Inglaterra como resultado de su poca afortunada experiencia como embajador de Alemania ante ese país determinó negativamente la percepción y los consejos transmitidos a Hitler sobre el manejo de las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. El autor considera que la guerra pudo haberse evitado en caso de que otra persona hubiera sido el Ministro de Relaciones Exteriores del Reich. En lo personal, sorprende bastante las amplias consideraciones dedicadas por el autor a denigrar de la figura de Ribbentrop, aunque puede que su cercanía con dicho personaje le conceda autoridad en la materia. Por el contrario, el autor se expresa positivamente de Goering, Neurath y Goebbels, a quienes les reconoce ampliamente sus esfuerzos por mantener a Alemania fuera de cualquier conflicto bélico; incluso, llega a calificar a los dos primeros como "campeones de la paz" (pp. 249-250).
He leído un par de biografías de Ribbentrop y me encantaría leer los comentarios de Spitzi sobre esa figura Nazi a quien Hitler, luego de la firma del Tratado Ribbentrop-Molotov, llamó "mejor que Bismarck". Qué...???

Los comentarios del autor sobre Goering y Goebbels serán jugosos y reveladores, sin duda.



axmann escribió:
El autor nos confirma esa imagen humana de Hitler que podemos leer en las memorias de muchos otros colaboradores cercanos. Los encuentros de Spitzy con Hitler no sólo se limitaron a reuniones de trabajo en la oficina del Führer, si no también a haber formado parte de la comitiva que acompañó a Hitler en su viaje a Austria cuando el "Anchluss" tuvo lugar, así como haber tenido el privilegio de conocer la residencia privada de Hitler en los Alpes Bávaros.
Ese tipo de testimonios personales, es decir, los comentarios de quienes estuvieron cerca de Hitler en el día a día son interesantes pues nos muestran su faceta íntima y "humana". Sin embargo... debemos tomarlos "con una pizca de sal" pues si escudriñamos a muchos terribles personajes encontramos esos aspectos "humanos": AlCapone tenía muchas delicadezas con sus amigos, ni hablar de las sensibilidades musicales que Nerón exhibía mientras Roma ardía en llamas.


axmann escribió:
La lectura de estas memorias resultan de gran interés por algunas anécdotas que aporta el autor que nos enriquecen en la percepción general del régimen nazi y sus personajes. No obstante, debe tenerse presente que en ocasiones los relatos sobre eventos históricos relacionados con la política exterior de ese período no aportarán nada nuevo a lo que ya conocemos. Una parte interesante de las memorias es aquella relativa a los planes conspirativos del partido nazi austríaco, así como la explicación de las circunstancias políticas de ese país entre el final de la 1GM y el "Anschluss". Por supuesto, el autor tiene una visión crítica hacia la dictadura de Dollfuß en Austria; mientras con generosas pinceladas nos describe los planes conspirativos e ideales de los nazis austríacos.

Próximamente, procuraré ampliar esta reseña con algunas anécdotas contenidas en el libro que me llamaron la atención y bien merece la pena compartir.
Estimado Axmann: te reitero mi agradecimiento por tan interesante reseña y tus ilustrativos comentarios.

Me has motivado a leer la obra; la he buscado hace un momento en amazon pero por alguna razón la versión "usada" no baja de los $ 100.00, alguna sugerencia en dónde pudiera conseguirla a un precio sustancialmente menor ? te anticipo agradecimientos...


Esperamos la ampliación que incluirá algunas anécdotas, siempre tan sabrosas y curiosas...


Saludos cordials desde Nueva York hasta las Islas Británicas,


Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Vie Ago 02, 2013 3:39 am

Hola apreciado Antonio Machado!

Me contenta mucho saber que te ha interesado la obra examinada en mi recensión, así como mi pequeño aporte al foro.
Antonio Machado escribió:He leído un par de biografías de Ribbentrop y me encantaría leer los comentarios de Spitzi sobre esa figura Nazi a quien Hitler, luego de la firma del Tratado Ribbentrop-Molotov, llamó "mejor que Bismarck". Qué...???
Sería interesante saber si los biógrafos de Ribbentrop le reconocen algún mérito o talento, pues, los conceptos emitidos por Spitzy no se apiadan de dicho personaje. En tal sentido, sería bueno contrastar la descripción del autor con alguna otra (quizás más "balanceada") sobre Ribbentrop, pues, de alguna manera supone uno que alguna virtud tendría para escalar posiciones y sobrevivir a esa lucha interna por el poder dentro del régimen; mucho más considerando el hecho de que Ribbentrop apenas se incorporó al partido nazi ya cerca del ascenso al poder, lo que lo ponía en una situación de desventaja respecto a aquellos líderes cuya carrera política se remontaba a los años de lucha por el poder.
Antonio Machado escribió:Me has motivado a leer la obra; la he buscado hace un momento en amazon pero por alguna razón la versión "usada" no baja de los $ 100.00, alguna sugerencia en dónde pudiera conseguirla a un precio sustancialmente menor ? te anticipo agradecimientos...
Sí, para mi sorpresa este libro tiene un precio excesivo, lo que me ha sorprendido mucho, pues, sinceramente, tras leerlo no me parece que sea un personaje clave del régimen o que devele secretos invalorables para entender ese período. Supongo que una forma de medir la importancia de estas memorias sería investigar qué tanto han sido citadas por los historiadores más reputados en el estudio del nazismo. Imagino que eso pudiera ser un indicativo de la valoración histórica y grado de objetividad que se le concede a tal recuento autobiográfico. Debo suponer que, al menos, las biografías sobre Ribbentrop deberían emplear estas memorias como fuente obligada para aproximarse al estudio de la vida y obra del Ministro de Exteriores del Reich. Por mi parte, tuve la fortuna de encontrar el libro en una biblioteca pública, si bien al inicio el nombre del autor no me daba ninguna pista sobre su contenido. Sin embargo, tras examinar un poco en internet, concluí que podría ser de interés leer el libro. Además, un mérito de estas memorias son lo bien escritas que están, pues, vale destacar que Spitzy tenía un nivel de educación universitario y hablaba dos idiomas extranjeros (inglés y francés), a parte de su idioma nativo (alemán).

Hasta ahora no he encontrado el libro a un precio accesible, pero, quizás te puede ser útil este buscador cuando necesites comparar precios, hace poco lo encontré y me parece que es una fuente altamente fiable para detectar las mejores ofertas en precios de los libros:

http://www.bookfinder.com

Espero que las anotaciones que pueda aportar sobre el libro sean de utilidad para aclarar tu perspectiva sobre esta obra.

Un gran abrazo, mi estimado.

axmann
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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Vie Ago 02, 2013 3:19 pm

Comenzaré mis anotaciones sobre este libro con una reseña de la primera etapa de la vida de Spitzy, lo que puede contribuir a entender el perfil general del autor de estas memorias.

Reinhard Spitzy nació el 11 de febrero de 1912 en Graz. Su familia paterna tenía origen veneciano, originalmente su apellido era Spizzi. Reinhard vivió la mayor parte de su infancia y juventud en Viena, donde su padre se desempeñaba como profesor de medicina de la universidad de dicha ciudad. Su familia era pro-monárquica y católica. El joven Spitzy, a los 15 años, se involucró activamente en un movimiento nacionalista activo para la época ("the Heimwehr"), que se identificaba con la idea de la unificación de los pueblos germanos en una gran Alemania. En ese entonces, los movimientos de izquierda austríaca recibían apoyo de Checoslovaquia y Francia, mientras que la derecha era respaldada por Italia. Simultáneamente, el autor señala como un sentimiento anti-semita comenzó a esparcirse en el país como consecuencia de la cantidad de inmigrantes judíos de Europa del Este que se asentaron en Austria tras la 1GM. (pp. 21-26)

El movimiento "Heimwehr" reunía una diversidad de grupos antimarxistas, entre ellos pequeños núcleos nazis, que para ese entonces no contaba con gran apoyo político por la actitud "suave" de Hitler respecto a los reclamos de recuperación de Tirol del Sur. (p. 26)

En 1930 Spitzy ingresó a la escuela de entrenamiento de pilotos comerciales, que era una fachada para un programa de formación de pilotos militares de la Fuerza Aérea austríaca, prohibida por el Tratado de Versalles. Es entonces cuando Spitzy es introducido a las ideas nacional-socialistas por su mejor amigo en la escuela de aviación. Seducido por la idea de la necesidad de construir un gran Imperio Alemán, Spitzy abandonó sus iniciales reservas hacia los nazis, quedando igualmente impresionado por los éxitos políticos alcanzados por los nazis en Alemania durante los años 1930-31. (p. 26)

En septiembre de 1931, Spitzy fue admitido en la Escuela Militar. Los altos oficiales que regían dicha institución eran abiertamente de tendencia política social cristiana, por lo que inculcaban semejante visión política en los alumnos. Por su parte, Spitzy era de la firme convicción de que los oficiales no debían tener influencia política, por lo que abiertamente sostuvo su posición, lo que le generó ciertos roces con sus superiores. Finalmente, Spitzy decidió abandonar la Escuela Militar en noviembre de ese mismo año. (pp. 27-28)

Tras dejar la escuela militar, Spitzy decidió unirse formalmente al partido nazi austríaco y a las SA. Para esa época, el partido nazi no era más que un puñado de idealistas que difícilmente sabían lo que querían. La única idea que les unía era la construcción de una gran patria que reuniera a todos los pueblos germanos. La idea del "Anschluss" con Alemania no se discutía abiertamente, pero estaba implícita. No obstante, para la época era una idea igualmente compartida por diversos sectores políticos (tanto de izquierda como de derecha). (pp. 28-29)

En noviembre de 1931 un oficial de las SS de Berlin asistió a una de las reuniones de las SA austríacas, informando que se había decidido formar las SS austríacas con un grupo selecto de representantes de la raza nórdica germana del partido nazi austríaco. La principal tarea de este grupo sería garantizar el orden en las actividades políticas del partido. Por ser el segundo más alto de los presentes, Spitzy fue elegido como miembro de las SS, lo que consideró un honor. (p. 30)

En el verano de 1932, Spitzy viajó a Alemania, donde pudo apreciar los álgidos momentos que vivía el partido nazi alemán. Quedó gratamente sorprendido por la amplia integración de sectores de trabajadores en las filas de la organización política, lo que no se había logrado en Austria. (p. 31)

El ascenso al poder de Hitler en enero de 1933 fue un momento emocionante para los nazis austríacos, quienes comenzaron a sentir que pronto llegaría semejante oportunidad en su país. (p. 31)

A inicios de 1933, el canciller austríaco Dollfuss formó un gobierno de tendencia autoritaria. El uso de los uniformes de la SA en las manifestaciones políticas fue prohibido. Igualmente, se inició una política de persecución contra los nazis austríacos. El líder del partido nazi Theo Habicht fue deportado a Alemania. Spitzy fue arrestado por 24 horas por haber asistido a una reunión ilegal de los nazis. A pesar de esta represión al partido, su apoyo popular se incrementó progresivamente. Importantes figuras públicas anunciaron su respaldo al partido nazi, como fue el caso del jefe de la Policía de Viena, Dr. Franz Brandl; el rector de la Universidad de Viena, Count Gleisspach; su predecesor Übersberger; y el famoso historiador Profesor von Srbik. El partido nazi fue visto como el promotor del "Anschluss" con Alemania y la creación de un Gran Imperio Alemán. Asimismo, la grave crisis económica y social llevó a que muchos sectores vieran al partido como la única solución para enfrentar tan delicada situación, mucho más tras el fracaso de los partidos políticos tradicionales. (pp. 31-32)

En un principio, Dollfuss se había tratado de aproximar favorablemente hacia Alemania, pero desistió de su intento tras el innecesario ataque que hizo contra él el líder del partido nazi. Determinado a proteger su posición como Canciller, Dollfuss giró su atención hacia los sectores opuestos al "Anschluss" y a la Italia fascista. De esta manera, propugnó la tesis de "una Austria independiente". Este fue un giro sorpresivo, pues, ningún partido político se había atrevido jamás a renunciar a la idea del "Anschluss". Spitzy considera que esta posición pudo haberse debido también a la persecución de la burguesía y el partido socialista en Alemania, lo que llevó a que Dollfuss y su movimiento político social cristiano encontrara respaldo político para su Estado Corporativo en los sectores socialistas austríacos y la Italia Fascista. Este desenlace de los eventos también llevó a la persecución del partido nazi austríaco, que a su vez respondió radicalizándose. Por otra parte, Spitzy subraya que, como podía esperarse, Dollfuss recibió el respaldo también del lobby judío nacional e internacional por medio de soporte financiero y la prensa. (pp. 32-33)

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Vie Ago 02, 2013 7:35 pm

Hola Axmann, estimado amigo !
axmann escribió: Comenzaré mis anotaciones sobre este libro con una reseña de la primera etapa de la vida de Spitzy, lo que puede contribuir a entender el perfil general del autor de estas memorias.

Reinhard Spitzy nació el 11 de febrero de 1912 en Graz. Su familia paterna tenía origen veneciano, originalmente su apellido era Spizzi. Reinhard vivió la mayor parte de su infancia y juventud en Viena, donde su padre se desempeñaba como profesor de medicina de la universidad de dicha ciudad. Su familia era pro-monárquica y católica. El joven Spitzy, a los 15 años, se involucró activamente en un movimiento nacionalista activo para la época ("the Heimwehr"), que se identificaba con la idea de la unificación de los pueblos germanos en una gran Alemania. En ese entonces, los movimientos de izquierda austríaca recibían apoyo de Checoslovaquia y Francia, mientras que la derecha era respaldada por Italia. Simultáneamente, el autor señala como un sentimiento anti-semita comenzó a esparcirse en el país como consecuencia de la cantidad de inmigrantes judíos de Europa del Este que se asentaron en Austria tras la 1GM. (pp. 21-26)

El movimiento "Heimwehr" reunía una diversidad de grupos antimarxistas, entre ellos pequeños núcleos nazis, que para ese entonces no contaba con gran apoyo político por la actitud "suave" de Hitler respecto a los reclamos de recuperación de Tirol del Sur. (p. 26)
Hitler terminó por renunciar definitivamente a esa región del Tirol, recuerdo que en un discurso, luego de la anexión de Austria (o su reincorporación al Reich Alemán, depende de cómo se mire) lo hizo patente diciendo que los Alpes eran la frontera natural entre Alemania e Italia. Esa proclamación causó diversas respuestas, por una parte alivio en el pueblo italiano al ver disipada cualquier aprehensión de conflictos limítrofes entre ambas naciones; por otra parte decepción en la población del Tirol que tenía raíces y ascendencia germana, pues quedaban prácticamente fuera del proyecto del III Reich el cual, por entonces, gozaba de la máxima popularidad.


axmann escribió: En 1930 Spitzy ingresó a la escuela de entrenamiento de pilotos comerciales, que era una fachada para un programa de formación de pilotos militares de la Fuerza Aérea austríaca, prohibida por el Tratado de Versalles. Es entonces cuando Spitzy es introducido a las ideas nacional-socialistas por su mejor amigo en la escuela de aviación. Seducido por la idea de la necesidad de construir un gran Imperio Alemán, Spitzy abandonó sus iniciales reservas hacia los nazis, quedando igualmente impresionado por los éxitos políticos alcanzados por los nazis en Alemania durante los años 1930-31. (p. 26)

En septiembre de 1931, Spitzy fue admitido en la Escuela Militar. Los altos oficiales que regían dicha institución eran abiertamente de tendencia política social cristiana, por lo que inculcaban semejante visión política en los alumnos. Por su parte, Spitzy era de la firme convicción de que los oficiales no debían tener influencia política, por lo que abiertamente sostuvo su posición, lo que le generó ciertos roces con sus superiores. Finalmente, Spitzy decidió abandonar la Escuela Militar en noviembre de ese mismo año. (pp. 27-28)

Tras dejar la escuela militar, Spitzy decidió unirse formalmente al partido nazi austríaco y a las SA. Para esa época, el partido nazi no era más que un puñado de idealistas que difícilmente sabían lo que querían. La única idea que les unía era la construcción de una gran patria que reuniera a todos los pueblos germanos. La idea del "Anschluss" con Alemania no se discutía abiertamente, pero estaba implícita. No obstante, para la época era una idea igualmente compartida por diversos sectores políticos (tanto de izquierda como de derecha). (pp. 28-29)

En noviembre de 1931 un oficial de las SS de Berlin asistió a una de las reuniones de las SA austríacas, informando que se había decidido formar las SS austríacas con un grupo selecto de representantes de la raza nórdica germana del partido nazi austríaco. La principal tarea de este grupo sería garantizar el orden en las actividades políticas del partido. Por ser el segundo más alto de los presentes, Spitzy fue elegido como miembro de las SS, lo que consideró un honor. (p. 30)

En el verano de 1932, Spitzy viajó a Alemania, donde pudo apreciar los álgidos momentos que vivía el partido nazi alemán. Quedó gratamente sorprendido por la amplia integración de sectores de trabajadores en las filas de la organización política, lo que no se había logrado en Austria. (p. 31)

El ascenso al poder de Hitler en enero de 1933 fue un momento emocionante para los nazis austríacos, quienes comenzaron a sentir que pronto llegaría semejante oportunidad en su país. (p. 31)

A inicios de 1933, el canciller austríaco Dollfuss formó un gobierno de tendencia autoritaria. El uso de los uniformes de la SA en las manifestaciones políticas fue prohibido. Igualmente, se inició una política de persecución contra los nazis austríacos. El líder del partido nazi Theo Habicht fue deportado a Alemania. Spitzy fue arrestado por 24 horas por haber asistido a una reunión ilegal de los nazis. A pesar de esta represión al partido, su apoyo popular se incrementó progresivamente. Importantes figuras públicas anunciaron su respaldo al partido nazi, como fue el caso del jefe de la Policía de Viena, Dr. Franz Brandl; el rector de la Universidad de Viena, Count Gleisspach; su predecesor Übersberger; y el famoso historiador Profesor von Srbik. El partido nazi fue visto como el promotor del "Anschluss" con Alemania y la creación de un Gran Imperio Alemán. Asimismo, la grave crisis económica y social llevó a que muchos sectores vieran al partido como la única solución para enfrentar tan delicada situación, mucho más tras el fracaso de los partidos políticos tradicionales. (pp. 31-32)

En un principio, Dollfuss se había tratado de aproximar favorablemente hacia Alemania, pero desistió de su intento tras el innecesario ataque que hizo contra él el líder del partido nazi. Determinado a proteger su posición como Canciller, Dollfuss giró su atención hacia los sectores opuestos al "Anschluss" y a la Italia fascista. De esta manera, propugnó la tesis de "una Austria independiente". Este fue un giro sorpresivo, pues, ningún partido político se había atrevido jamás a renunciar a la idea del "Anschluss". Spitzy considera que esta posición pudo haberse debido también a la persecución de la burguesía y el partido socialista en Alemania, lo que llevó a que Dollfuss y su movimiento político social cristiano encontrara respaldo político para su Estado Corporativo en los sectores socialistas austríacos y la Italia Fascista. Este desenlace de los eventos también llevó a la persecución del partido nazi austríaco, que a su vez respondió radicalizándose. Por otra parte, Spitzy subraya que, como podía esperarse, Dollfuss recibió el respaldo también del lobby judío nacional e internacional por medio de soporte financiero y la prensa. (pp. 32-33)
Estimado Axmann:

Muy interesante lo que has subido sobre la vida del autor; indudablemente que ayuda a comprender su perspectiva ideológica y su praxis política, así como también su posterior ascenso dentro del Partido Nazi.

Sobre el contenido de algunos de estos párrafos pensé subir mis comentarios pero luego consideré que hubieran sido referidos a puntos específicos y no a la totalidad de la obra, es decir, que hubieran sido de carácter marginal sobre puntos particulares, por tanto me abstuve de hacerlo y decidí esperar la continuación de este Hilo para contar con una mejor idea de la obra tomada como un todo conjuntado.

Espero con expectación el siguiente post... !

Saludos cordiales desde Nueva York hasta Nottingham,

Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Vie Ago 02, 2013 9:53 pm

En 1934 Spitzy marchó a Berlin para asistir brevemente a una escuela de aviación, antecedente de la Luftwaffe. No obstante, su actividad política continuó ocupando gran parte de su tiempo. En ese período, las SS intentaron reclutarlo como guardia del Campo de Concentración de Dachau, lo que declinó. Por el contrario, a través de un amigo alemán de las SS, se incorporó a trabajar en una organización de espionaje bajo las órdenes de Goering ("the Forschungsamt"). En ejercicio de sus actividades, Spitzy entró en conocimiento de la lucha ilegal que se combatía en Austria. Con grandes deseos de colaborar en la causa de su país, se ofreció como voluntario para ser enviado a Italia y desplegar su actividad en Roma. Finalmente, su solicitud fue aceptada, por lo que fue enviado como corresponsal de un periódico alemán a Roma. Su principal actividad era monitorear e incluso sabotear la cooperación "clerical-fascista" que existía entre Austria e Italia. (pp. 34-35)

A través de su papá, hizo contacto con el embajador de Austria en Roma, el político social cristiano Dr. Anton Rintelen, con quien trabó una buena amistad, lo que le facilitó obtener importante información sobre el grado de vinculación entre los gobiernos de Roma y Viena. Asimismo, entró en contacto con el embajador alemán en Roma, Von Hassell. (p. 35)

El 12 de febrero de 1934 los socialistas intentaron realizar un alzamiento popular para tomar el poder, lo que fue sofocado tras cuatro días por el gobierno, pero mediante el uso de la fuerza militar. De esta manera, queda evidenciado que los nazis no fueron los primeros que intentaron por la vía de la fuerza la toma del poder en Austria. Como reacción a ese alzamiento, los gobiernos de Italia, Francia e Inglaterra expresaron estar listos para defender la independencia de Austria. Propiciado por Italia, se firmó un acuerdo de cooperación entre Italia, Austria y Hungría. (p. 36)

Rintelen, quien apreciaba a Mussolini y con quien aseguraba tener una buena amistad, comenzó a conspirar contra Dollfuss, convencido de que los italianos lo respaldarían en la toma del poder. Aprovechando la creciente amistad con Spitzy, Rintelen le pidió a éste que viajara a Alemania e iniciara contactos con los nazis a los fines de recibir su apoyo en sus planes conspirativos, manifestando que estaría dispuesto a formar una coalición de gobierno con el partido nazi austriaco en caso de acceder al poder. Spitzy viajó a Munich, donde contactó la representación del partido nazi austríaco, informándoles de la propuesta. Esta información fue comunicada a Rudolf Hess, quien tras consultar con instancias superiores, replicó que sólo se aceptaría negociar tal respaldo si Rintelen reconocía a Hitler como Führer de todo el pueblo germano, indistintamente de las fronteras nacionales. Esta dura condición resultó difícil de digerir por Rintelen, quien se consideraba un político social cristiano, adversario de Dollfuss pero nunca nazi. Después de unos días, Rintelen aceptó la condición. De seguidas, Spitzy fue recibido por Hess y se comenzó a ultimar todos los detalles de esa particular alianza política. (p. 37-38)

Spitzy describe como se concertaron algunas reuniones en Roma entre Rintelen y el líder de los nazis austríacos, Habicht, las cuales debieron ser organizadas con sumo cuidado para evitar que fueran descubiertas por los servicios de inteligencia de la Italia fascista. (p. 39)

En la medida en que las reuniones y preparativos tuvieron lugar, Rintelen se volvió más impaciente, presionando por una rápida solución (putsch). Por el contrario, Habicht explicaba que Hitler no quería una solución violenta, lo que obligaba que se debiera esperar más tiempo. En la medida de que el clima político en Austria se enrarecía, el gobierno de Mussolini y la prensa italiana prestaban más atención a los eventos de ese país. La estadía de un revolucionario austríaco en Roma comenzó a ser cada vez más riesgosa, siendo Spitzy objeto de vigilancia por parte de los servicios secretos italianos (pp. 40-41).

En la planificación de los eventos se habló en detalle del plan operativo, un grupo de exmiembros del ejército, expulsados por su afiliación nazi, se encargarían de tomar el edificio de la Cancillería, el Palacio Presidencial y la estación de radio. A tal fin, se esperaba contar con el respaldo del jefe de la policía de la ciudad para concretar dicho plan. Por su parte, Rintelen aseguraba que su amistad con Mussolini le aseguraría el consentimiento de éste para su ascenso al poder. En privado, Rintelen le comentó a Spitzy que su intención era poner fin al régimen inconstitucional de Dollfuss y restituir la legalidad en Austria. Así, esperaba poder convocar a elecciones al poco tiempo, quedando la participación de los nazis en un nuevo gobierno condicionada a la voluntad popular. Spitzy observa que Rintelen se autoengañaba respecto a su importancia dentro de la conspiración, así como por el mismo hecho de que la mayoría de los involucrados en los planes se manifestaban leales al partido nazi (lo que le confesaban en privado a Spitzy tras reunirse con Rintelen). (p. 42)

Una contrariedad a los planes tuvo lugar como consecuencia de la noche de los cuchillos largos en junio de 1934. Rintelen enfureció y recriminó a Spitzy que los nazis no eran ningunos idealistas, si no una banda de bandidos y asesinos. Igualmente, cuestionó que se pudiera concretar algún plan con ese tipo de personas. Spitzy se comunicó con Berlin y aconsejó que enviaran a alguien para calmar a Rintelen. Efectivamente, el emisario enviado logró su objetivo. (p. 43)

Finalmente, el 23 de julio de 1934 Rintelen viajó a Viena para jugar su papel en la conspiración. Su tarea principal sería arrestar al gobierno y forzar a Dollfuss a renunciar y anunciar su decisión por la radio. Entonces, Rintelen tomaría el poder, reactivaría la vigencia de la Constitución e informaría a las misiones diplomáticas de las intención del nuevo régimen de respetar todos los acuerdos. Como nuevo Canciller Rintelen enviaría un mensaje personal a Mussolini, garantizando por el momento la independencia de Austria. No se esperaba ninguna oposición de Checoslovaquia o Hungría. Las tensiones políticas entre Yugoslavia e Italia, garantizaba que el primero de los países tampoco reaccionaría ante los hechos, al mostrarse favorable a una acción contra Dollfuss, quien era un abierto aliado de la Italia fascista. Spitzy asegura que nunca existió la intención de asesinar a Dollfuss o alguna otra persona. (p. 43)

Rintelen aconsejó a Spitzy esperar en Roma el éxito del "putsch", tras lo cual debía desplazarse inmediatamente a Viena. Igualmente, el primero se hizo prometer que en caso de fracasar esa aventura, Spitzy lo negaría todo. (pp. 43-44)

El plan estaba previsto ejecutarse el 24 de julio durante la sesión del Consejo de Ministros. No obstante, esa reunión se pospuso para el día siguiente, lo que obligó a posponer igualmente el "putsch". Lamentablemente, el día 25 de julio, no todos los ministros asistieron a la sesión, pues, el plan conspirativo se había filtrado a algunos de ellos, quienes se resguardaron en el ministerio de la Defensa con Schuschnigg. Ante ese giro inesperado de los acontecimientos, Spitzy comenzó a hacer preparativos para abandonar Roma. (p. 44)

Spitzy recibió la noticia de los sucesos en Viena esa noche mientras cenaba con el hijo del embajador austríaco ante el Vaticano. En mitad de la cena, el hijo del diplomático recibió una llamada en la cual fue informado de los trágicos eventos, lo que con horror comunicó a Spitzy (desconociendo su vinculación con los mismos). Por tanto, Spitzy entendió que el "putsch" había fracasado y esa noche terminó los preparativos para escapar de Italia. En la mañana del 26 de julio, tomó el tren expreso para Suiza, siguiendo con antelación las nuevas revelaciones sobre los hechos y la conspiración que la prensa italiana iba revelando a lo largo del día. Spitzy pudo culminar exitosamente su escape, aunque vivió en pánico durante todo el trayecto, pensando que la policía secreta italiana podía estarlo buscando y esperarlo en cada parada del tren. (p. 44)

De Suiza, Spitzy inmediatamente emprendió camino para Munich, ciudad a la que llegó el 27 de julio. A la mañana siguiente se dirigió a las oficinas del partido nazi austríaco en esa ciudad, las cuales encontró clausuradas y vigiladas por la policía y las SS. Simultáneamente, pudo ver como miembros de las SS se deshacían de cajas de documentos que reposaban en el interior de dichas oficinas. Con dificultad pudo ubicar a uno de los ayudantes de Habicht (líder del partido nazi austríaco), quien le informó que los miembros del partido habían sido aislados o disueltos, oficialmente Alemania se lavaba las manos por completo de ese asunto y acusaba a Rintelen como un charlatán social cristiano que simplemente había querido aprovecharse de la situación para alcanzar sus propios fines políticos. Spitzy se convenció de la necesidad de presentar un informe completo de los acontecimientos ante las autoridades nazis, a manera de aclarar las actividades de Rintelen (a quien consideraba un gran amigo). Por consiguiente, Spitzy redactó un informe que decidió entregar personalmente a Rudolf Hess. Para tener acceso a Hess, se informó del restaurante donde éste solía almorzar. Por tanto, un día fue a esperarlo allí. Apenas vió a Hess ubicarse en la mesa reservada para tan especial cliente, Spitzy se incorporó de su mesa y para el asombro de los guardaespaldas de Hess, se aproximó al líder nazi y le puso sobre el escritorio el informe. Hess no reconoció a Spitzy (con quien había sostenido una reunión tiempo atrás), mostrándose así renuente a aceptar el informe. Spitzy esbozó brevemente el contenido general del informe, lo que hizo que Hess lo recogiera de la mesa y se lo diera a un ayudante. Finalmente, los guardaespaldas lo sacaron del restaurante, pero por fortuna no fue arrestado. (p. 46)

Al poco tiempo del intento fallido del "putsch", las autoridades austríacas averiguaron su participación en la conspiración. Por consiguiente, las circunstancias lo obligaron a dejar la política por un tiempo y se marchó a Paris, donde se dedicó a estudiar. Allí se graduó en "Sciences Po" en 1936, obteniendo la posición número 26 dentro de un grupo de 120 estudiantes. (p. 47)

De Paris se desplazó a Berlin, donde comenzó a estudiar leyes. A su vez, Spitzy envió una carta a las SS, postulándose para trabajar en algún cargo relacionado con el servicio exterior. Para sorpresa de Spitzy, un día recibió una llamada del jefe de personal de la oficina de Ribbentrop, quien le explicó que habían tenido acceso a su aplicación ante la Oficina Central de las SS y estaban interesados en entrevistarlo. A la mañana siguiente asistió a una reunión con la persona que lo llamó y otros colaboradores, quienes manifestaron estar gratamente impresionados con su curriculum vitae, así como con su condición de viejo miembro del partido nazi austríaco, además de su vinculación con el "putsch" de 1934. Posteriormente, se pudo enterar que en el proceso de selección de personal se habían examinado muchos otros candidatos, pero algunos provenían de círculos pudientes de la sociedad, que si bien tenían un buen nivel educativo y ostentaban buenos modales, carecían del debido compromiso político con el nazismo; mientras que aquellos que tenían lo último, adolecían de la falta de los otros dos requerimientos mencionados. Por tanto, la oficina de personal consideró que Spitzy reunía todos los requerimientos ideales para el servicio exterior del régimen. (p. 50-52)

De inmediato, Spitzy fue informado que tendría que viajar a Londres en el avión privado de Ribbetrop al día siguiente, para así ser entrevista por éste. Efectivamente, ese día fue invitado a cenar en la residencia de Ribbentrop en Londres, donde conoció a quien sería su jefe y la familia de éste. Después de la cena, Ribbentrop le informó que se incorporaría a su equipo de trabajo en la embajada (p. 53).

De esta manera, concluyo este resumen de esta etapa de la vida de Spitzy, que creo que nos puede ayudar a entender un poco sus antecedentes personales y políticos antes de ingresar al servicio exterior del Reich en 1936.

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Sab Ago 03, 2013 3:44 am

Un vistazo cercano a Hitler:

En 1937, Spitzy asistió por primera vez a la Cancillería del Reich junto a Ribbentrop. La primera vez que fue presentado a Hitler, éste se mostró muy amigable, extremadamente educado y le preguntó brevemente acerca de sus orígenes. Por el contrario, Goering lo trató bruscamente, evidenciando su poco aprecio por Ribbentrop.(p. 85)

Spitzy destaca que el momento culminante de la reunión tuvo lugar cuando se anunció la hora de la comida. Todos los presentes manifestaron cierto estrés y expectativa. Hitler decidiría la posición de los comensales en los puestos más cercanos a él en la mesa, lo que era considerado como una especial distinción y un gesto de preferencia. Entonces, de manera pausada, Hitler anunció quienes se sentarían a su lado: a su derecha, Dr. Goebbels, y a su izquierda, Herr von Ribbentrop. Así prosiguió anunciando los distintos puestos hasta llegar a cierto punto en la mesa en la que ya dejó a libre elección la ubicación de los comensales. Era evidente que mientras más cerca de Hitler una persona se sentaba, mayor era el grado de favoritismo del que gozaba esa persona con el Führer. Consciente de ello, Hitler jugaba sus cartas con destreza y malicia, no permitiendo darle demasiada importancia a una persona, así como tampoco marginar demasiado a otra. (p. 85)

Hitler concedía gran importancia a garantizar un balance de poderes, por lo que usualmente confiaba las mismas tareas a dos organizaciones distintas, de manera de garantizarse una mayor independencia al momento de decidir. Esta situación no pocas veces generaba roces y polémicas entre los funcionarios del gobierno. Hitler recibía con atención las quejas mutuas que tenían sus colaboradores respecto a sus otros colegas, prometiendo usualmente tomar acciones en el asunto, pero la mayoría de las veces no hacía nada. Lo único en que se preocupaba Hitler era de que nadie adquiriera demasiado poder o importancia, por lo que constantemente jugaba en balancear los poderes dentro de la burocracia del régimen. (p. 86)

Durante las comidas, las conversaciones eran dirigidas exclusivamente por Hitler. Rara vez alguien se atrevía a intervenir si el Führer no le formulaba alguna pregunta, que en ocasiones se relacionaba con algún asunto de trabajo. Este gesto era considerado por los demás como un gesto de especial distinción, lo que no pocas veces generaba cierto recelo entre los presentes. Hitler comía frecuentemente una dieta vegetariana, sólo excepcionalmente se permitía comer "liver dumpling soup", un plato que especialmente disfrutaba. Los modales en la mesa de Hitler eran usualmente comunes, salvo cuando asistía a alguna cena de Estado. La mayoría de las veces Hitler acercaba su cabeza al plato para tomar un bocado. Cuando Goebbels imitaba o se burlaba de alguien, Hitler solía reírse con un tono elevado o guiñarle el ojo a algún otro invitado.(p. 86)

Spitzy manifiesta su gran admiración por Goebbels, a quien consideraba la persona más inteligente del círculo íntimo de Hitler. El Führer especialmente disfrutaba cuando Goebbels empleaba como tema de sus charlas a Himmler, quien de forma embarazosa trataba de defenderse. Spitzy estima que Himmler y Goebbels se odiaban mutuamente. Pero, a su vez, ambos personajes no toleraban a Goering, lo que también era correspondido por éste. (pp. 86-87)

El autor no tiene dudas que Hitler amaba Alemania y estaba poseído por la idea de que debía de alcanzar por cualquier medio sus objetivos para la grandeza del Reich. En una ocasión, en el marco de la intervención alemana en la Guerra Civil Española, Hitler dijo: "En cualquier momento y en cualquier lugar cuando una llama encienda, muy contento estaré dispuesto a avivar la llama con el fin de calentar una sopa alemana sobre ésta. ¡Sólo lo mejor para el pueblo alemán! Para los demás, de ser necesario, incluso la miseria y el sufrimiento. Y, señores, no crean por un minuto qué los estadistas realmente brillantes han hecho algo diferente. ¡Sin semejantes métodos nunca habría existido un Imperio Romano o Británico!". (p. 87)

Durante las conversaciones durante las comidas, Hitler demostraba lo buen lector que era y bien informado que estaba sobre una diversidad de temas. Aunque en ocasiones sus afirmaciones podían sustentarse en falsas presunciones, la manera tan lógica como construía sus argumentos hacía olvidar a los oyentes que dicho discurso se sustentaba en endebles fundamentos. (pp. 87-88)

Las conversaciones posteriores a la cena se prolongaban hasta entrada la noche. Interminables monólogos políticos eran la tarifa a pagar en aquellas reuniones. En el proceso de exponer sus ideas, Hitler demostraba tener una fenomenal memoria. Él también era excelente para narrar relatos e imitar a otras personas. Fumar estaba completamente prohibido, incluso en los baños y pasillos de la Cancillería del Reich, por lo que no era raro encontrarse a algunos ministros y generales comportándose como colegiales al tratar de expulsar el humo a través de las ventanas. Según los ayudantes de Hitler, el Führer tenía un excelente sentido del olfato, por lo que si detectaba que alguien había estado fumando podía ponerse extremadamente furioso. Este tema era discutido frecuentemente en la mesa, Spitzy recuerda una vez que Hitler comentó: "Si alguien está borracho o ha bebido mucho, entonces ciertamente no es muy agradable, pero no me molesta directamente, y puedo librarme fácilmente de la compañía de esa persona. Sin embargo, es demasiado esperar de mi que yo inhale lo que otros han exhalado de esas repulsivas cosas, y por eso no permito fumar aquí en mi presencia". Hitler estaba convencido de que fumar era mucho más perjudicial para la salud de lo que se creía para esa época, adelantándose correctamente, en tal sentido, a los descubrimientos de la medicina moderna. (p. 88)

En enero de 1937 Spitzy visitó Obersalzberg, lo que lo impresionó mucho. Si bien había escuchado hablar de ese lugar, no podía imaginar lo espacioso que era y su espectacular vista. En el gran salón, frente al inmenso ventanal, Spitzy permaneció parado por dos horas mientras presenciaba una discusión entre Hitler y Ribbentrop, quienes caminaban una y otra vez de una punta a otra del salón. La mayor sorpresa llegó cuando entró al salón una joven rubia que se dirigió al "omnipotente Führer de Alemania" de la siguiente manera: "Por favor, ¿van ustedes finalmente a hacer un paréntesis para comer? Ya es la hora y nosotros no podemos esperar más". A dichas palabras, Hitler respondió: "Sí, mi niña. Estaré allá inmediatamente". Spitzy no podía explicarse quién sería esa mujer que se atrevía a hablarle a Hitler de esa manera. Diez minutos después, la misma joven entró a la sala e insistió en su petición. Tras finalizar el almuerzo, Spitzy le preguntó a Brückner acerca de esa mujer. El ayudante de Hitler le respondió: "Escucha, mi amigo, usted es nuevo aquí. Incluso nuestro líder tiene derecho a una vida privada, y le recomiendo encarecidamente que guarde para usted mismo todo lo que ha visto u oído a este respecto. ¡No le diga a nadie, ni sus padres, sus hermanos y hermanas y, sobre todo, nunca le diga a su amante! Sería mejor si usted se olvida de todo, de lo contrario... bueno, no creo que tenga que decir nada más. Las consecuencias serían imprevisibles. ¿Entiendes?". "Sí, Obergruppenführer", respondió Spitzy, uniéndose a la conspiración del silencio en torno a la vida privada de Hitler. (pp. 88-89)

Eva Braun era una buena persona, que proporcionaba a Hitler todas las comodidades de una vida familiar burguesa. Aunque ella era tranquila y agradable, no parecía tener ninguna cualidad extraordinaria. Ella podría muy bien haber sido una simpática dependiente de una tienda. Ella nunca se mezcló en los asuntos políticos y se limitó a hacer juicios meramente positivos o negativos sobre la gente. Ella usualmente se vestía a la moda, se pintaba sus uñas y llevaba un poco de maquillaje. Hitler nunca interfirió en este aspecto. Él consideraba esas cosas comprensibles debilidades femeninas que, en todo caso, él encontraba atractivas. Spitzy quedó un poco sorprendido al enterarse que su líder, a quien erradamente había juzgado como un ascético, había elegido una chica sencilla, una niña de la clase media baja, para que le proporcionara comodidades burguesas en la mesa y en el dormitorio. Esto le pareció doblemente incomprensible, ya que habría sido más fácil para él rodearse de mujeres con belleza e intelecto. Sin embargo, Hitler parecía no estar interesado en ello. (p. 89)

En términos generales, la vida era cómoda y relajada en Obersalzberg. El programa diario era determinado exclusivamente por Hitler, quien usualmente dormía hasta que las diez u once de la mañana y no aparecía hasta el mediodía. Sólo entonces era cuando otras personas eran admitidas. Si no se tenía planificada ninguna reunión, a Hitler le gustaba sentarse en un pequeño salón que era calentado por una gran estufa y donde sus colegas y ayudantes, así como a veces incluso sus invitados, pasaban su tiempo. En ese lugar, uno tenía prohibido fijarse en Hitler. Si alguien entraba en la habitación, o si el propio Hitler lo hacía, no había un anuncio oficial o saludos militares. Uno tenía que comportarse como cuando uno se encontraba con un "simple mortal". Era una extraña sensación de estar sentado junto a la chimenea y este personaje tan importante de la historia contemporánea pasaba silenciosamente a tu lado, se sentaba y cogía un periódico para leer. Spitzy observa que se requería grandes reservas de voluntad física y emocional para cumplir las reglas prescritas y la informalidad que debía prevalecer. (p. 90)

La cena en el Berghof era un asunto muy simple. Allí no existía una gran mesa única como en la Cancillería del Reich. Por el contrario, había una mesa principal y algunas más pequeñas repartidas alrededor. Usualmente una película se proyectaba en la noche. Hitler frecuentemente veía un film detrás de otro, declarando que requería de tales distracciones para poder desconectarse de sus preocupaciones y darse la oportunidad de pensar en otras cosas aparte de la política y los asuntos de Estado. Hitler estimaba mucho a Greta Garbo y solía decir que si alguna vez ella visitara Alemania le iba a dar el tipo de recepción que estaba reservada para los estadistas más importantes. Hitler estaba muy interesado en el cine y era un muy bien informado crítico. A regañadientes reconocía el talento de los directores judíos y su único deseo era que los directores alemanes algún día alcanzaran un nivel de calidad similar. (p. 91)

La caza era una de las aversiones de Hitler, quien no podía entender como algunas personas podía considerarla una experiencia placentera. Sus simpatías se alineaban con los "pobres animales". Sólo justificaba la caza por simples fines económicos para obtener comida y ropa. Por el contrario, Hitler se mostraba muy interesado en motores y los últimos desarrollos tecnológicos. (pp. 91-92)

Spitzy estuvo presente el día en que Porsche le presentó su "Volkswagen" a Hitler, quien de forma entusiástica expresó su aprobación. Hitler podía hablar por horas sobre los temas relacionados con automóviles y autopistas. Como un recién llegado al círculo ínterior, Spitzy fue testigo de un largísimo monólogo sobre ese tema, el cual le pareció interesante. No obstante, los más viejos miembros del grupo no ocultaban el hastío de escuchar nuevamente el mismo monólogo. Pero, ninguno se atrevía a dejar la sala, para así evitar que se pudiera hablar de ellos en su ausencia. (p. 92)

Una anécdota que recuerda Spitzy es el relato por parte de Hitler de un incidente que acaeció una tarde de junio de 1937 en Nuremberg. Hitler se encontraba con una gran comitiva de miembros del partido en el estadio donde se realizaban los congresos del partido en septiembre de cada año. Hitler y Speer estaban discutiendo acerca de los planes de un nuevo espectáculo, cuando en la distancia se pudo advertir una pequeña figura que se iba aproximando al grupo. A pesar de todas las medidas de seguridad para acordonar el área, una persona había logrado escabullirse y se dirigía hacia Hitler. Himmler advirtió el hecho y comenzó a mirar fríamente al jefe de la policía ante semejante vulneración de la seguridad en la zona. Las miradas comenzaron a cruzarse entre todos los presentes, aunque Hitler seguía su conversación con Speer. Poco a poco la persona se acercó más y más al grupo, haciéndose evidente su presencia hasta el punto que Hitler no pudo ignorarlo más y detuvo su charla. Nadie se atrevió a decir una palabra. El hombre llegó a una distancia desde donde se le podía escuchar, se detuvo y haciendo el saludo nazi con el brazo, exclamó: "Heil Hitler, Herr Hitler". (p. 93)

"¡Heil!", respondió Hitler.
"Herr Hitler, tengo una petición", continuó el hombre.
"Puedo ver, ¿qué clase de petición es?", respondió algo sorprendido Hitler.
"Es una petición de algo para mi y mis amigos".
"Bien, entonces, mi querido compañero, escuchémosla", replicó Hitler.
"Herr Hitler, nos gustaría a todos cerveza gratis", soltó el hombre.

Hitler se mostró incómodamente sorprendido por haber sido expuesto a tan trivial petición en ese momento. Bastante molesto se volteó y dirigiéndose a Brückner (su ayudante) y el alcalde de la ciudad, les ordenó satisfacer la petición. Entonces, se giró al hombre y le dijo: "Como puedes ver, ustedes recibirán su cerveza". El hombre agradeció a Hitler y se marchó. Nadie se atrevió a hacer ningún comentario en ese instante, pero se percibió que el incidente había dejado pensativo a Hitler. Esa tarde, Hitler regresó al Berghof, donde después de la cena expresó su agria opinión ante tal incidente. (p. 93)

La conversación se inició con una discusión acerca de si los animales podían ser considerados seres inteligentes, sensibles y nobles. Hitler defendió ampliamente dicha visión, recalcando las virtudes de su perra "Blondie". El hilo discursivo llevó a Hitler a rememorar la anécdota de esa tarde. Así, tras criticar que se hubiera podido vulnerar el círculo de seguridad implementado en el área; pasó a señalar que esa tarde se encontraba de buen humor y pensó que podía concederle a ese hombre cualquier cosa que solicitara, lo que suponía podría ser una pequeña casa o otorgarle la propiedad de unos terrenos o arreglar el matrimonio de su hija o enviar a su hijo a estudiar al exterior. Con gran rabia, Hitler subrayó que ese hombre, parado delante del Führer, no tenía nada más profundo que pedir que una cerveza gratis. "Así entonces, esta criatura quien supuestamente es bendecida con raciocinio y sentido común no podía pensar en nada diferente en ese momento que en su propia comida y bebida. Hoy, caballeros, ese hombre quien no tenía nada más en su mente que una cerveza gratis fue guiado por los instintos de un bestia", concluyó categóricamente Hitler. (p. 94)

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Sab Ago 03, 2013 1:48 pm

Opinión de Hitler sobre Franco

En una ocasión, Spitzy debió entregarle a Hitler un informe sobre la situación de las fuerzas alemanas que participaban en la guerra civil española. Hitler lo invitó a cenar a solas con él, lo que le honró mucho.

Durante la cena, Hitler se relajó y habló en voz muy baja. Cuando Spitzy le entregó el documento, Hitler lo leyó, lo puso a un lado, y para sorpresa de Spitzy, dijo más o menos lo siguiente: "¿Sabes una cosa, algunas veces no estoy seguro de que estamos haciendo la cosa correcta en España. Este compañero Franco representa sólo la burguesía, los capitalistas, la aristocracia, los sacerdotes y todo lo demás que simboliza lo reaccionario. Las grandes masas y el pueblo español probablemente están del lado de los rojos, y totalmente entiendo por qué quieren romper con las viejas clases. Probablemente hubiera sido más sabio de nosotros habernos unidos con el pueblo, salvar a éste del peligro de la internacional socialista y entonces haberlos ganado al nacional socialismo como lo entendemos nosotros. Entonces habría sido viable depender de ellos. No me siento para nada contento con la forma en que todo este asunto se ha desarrollado hasta el momento. Quizás hemos respaldado el caballo equivocado. Pero ahora que estamos involucrados en esto debemos continuar y llevarlo a cabo hasta el final". (p. 200)

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Sab Ago 03, 2013 2:14 pm

Opinión de Churchill sobre Hitler

Winston Churchill una vez vino a tomar el té en la embajada alemana en Londres, donde se reunió con Gauleiter Bohle, quien hablaba con fluidez Inglés por haber nacido y haber sido criado y educado en Sudáfrica. La discusión se prolongó por cerca de dos horas. En el curso de ella, Churchill declaró que entendía completamente que Alemania estuviera ansiosa por dedicar todas sus energías a romper las cadenas impuestas sobre ella por el Tratado de Versalles. Al mismo tiempo, sin embargo, él no podía aprobar los métodos brutales por los cuales pretendía obtener dicho fin. No obstante, Churchill confesó que Hitler era un gran hombre, y dijo que si él mismo hubiera nacido en Alemania entonces consideraría a Hitler un destacado líder. ¡Su único fallo decisivo era que no era inglés!. (p. 110)

En otro pasaje del libro, Spitzy señala que, en noviembre de 1935, Churchill reconoció las cualidades de Hitler al decir: "Uno podría desaprobar el régimen de Hitler, sin embargo, al mismo tiempo admirar lo que ha hecho por su país. Si nuestra nación alguna vez fuera vencida, entonces yo espero que nosotros también encontráramos una figura admirable en medio de nosotros quien fuera capaz de inspirarnos valor y llevarnos de vuelta al lugar que nos corresponde entre las naciones". (p. 123)

Tres años más tarde, Churchill diría también: "Nuestros propios líderes deben tener al menos algo del mismo espíritu que este cabo alemán muestra cuando, encontrándose rodeado por los escombros de un imperio, en un momento en que parecía como si Alemania se hundiría en el caos con toda certeza, no dudó ni por un momento en asumir el desafío lanzado por las naciones victoriosas". (p. 123)

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Dom Ago 04, 2013 1:56 pm

Anschluss

El 9 de marzo de 1938 Spitzy se encontraba en Berlin, de imprevisto, fue llamado en presencia de Hitler. Cuando Spitzy llegó a la Cancillería del Reich, pudo advertir una gran conmoción entre todos los presentes, visualizando entre ellos importantes figuras del régimen (Goering, Goebbels, Hess, Keitel). Finalmente, un ayudante de Hitler lo hizo pasar en presencia del Führer, quien le encomendó entregar una carta en persona a Ribbentrop en la embajada en Londres y retornar, de inmediato, con una respuesta escrita. Igual, se le informó que un avión se encontraba listo esperándolo para llevarlo hasta Londres. (pp. 181-182)

Una vez en Londres, entregó la carta a su destinatario, quien tras leerla comenzó a trabajar en el informe requerido acerca de la posible reacción británica ante cualquier acción alemana respecto a Austria. Entre todo el personal de la embajada existió un amplio consenso que los británicos no reaccionarían de ninguna forma. Ribbentrop quería presentar un gran informe, no limitarse a un escueto mensaje con la referida conclusión; ello provocó que el cumplimiento de la misión de Spitzy comenzó a demorar mucho más de lo previsto. De repente, durante la larga espera, Spitzy recibió una llamada desde Berlin, para su sorpresa era el valet de Hitler, quien tras mediar pocas palabras le comunicó con Hitler, quien pausadamente comenzó a interrogarlo si existía algún problema y cuándo retornaría a Berlin. Spitzy, aún en shock, respondió escuetamente a todas las preguntas. Al finalizar la comunicación, corrió hasta la oficina de Ribbentrop para urgir la pronta entrega del referido informe. (p. 184-185)

No fue hasta bien entrada la noche del 10 de marzo cuando Spitzy pudo emprender su viaje de regreso a Berlin. Un poco antes de las 8 am del día siguiente, Spitzy aterrizó en Berlin, dirigiéndose con prisa a la Cancillería del Reich. Apenas entró al gran edificio, los ayudantes de Hitler le recriminaron por la demora, haciéndole saber que había contrariado las específicas instrucciones del Führer. Igualmente, le señalaron que Hitler estaba muy ansioso esperando ese informe y que debía prepararse para las consecuencias. Spitzy intentó defenderse, transfiriendo toda responsabilidad sobre Ribbentrop. (p. 186)

Cuando finalmente Spitzy estuvo en presencia de Hitler, la situación se desarrolló de forma muy distinta a lo que había podido imaginar. Hitler lo recibió con gran amabilidad, le interrogó acerca de cómo había realizado el viaje, y si había ya desayunado. Spitzy, aún sin salir de su sorpresa, procuró persuadir a Hitler que no se preocupara por él, pero éste insistió y se aproximó a la puerta, la abrió y ordenó traerle el desayuno. Después, Hitler tomó el sobre y, colocándose sus lentes, comenzó a leer con detenimiento el informe. Durante ese intervalo, un ayudante entró para traer el desayuno, que Spitzy tomó con nerviosismo. Tras finalizar su lectura, Hitler comentó que no esperaba una respuesta distinta, así como afirmó que un mensaje parecido había recibido desde Italia. Entonces, Hitler comenzó a preguntarle qué decían en Londres, cuál era el ambiente político, etc. Spitzy intentó responder en el marco de sus posibilidades, advirtiendo que no había tenido tiempo de averiguar tales temas. Por último, Hitler le agradeció sus servicios y concluyó la reunión. (pp. 186-187)

Cuando Spitzy salió del despacho, un numeroso grupo de gente entre ayudantes y líderes del partido se habían congregado afuera, todos reaccionaron con gran camaradería cuando lo vieron emerger de la oficina de Hitler. En ese instante, Spitzy se aproximó a Brückner, el ayudante de Hitler, y le preguntó si podría viajar en la comitiva de Hitler a Austria. Brückner rechazó la solicitud, alegando que no existían más puestos disponibles. Sin embargo, repentinamente la puerta del despacho se abrió y Hitler salió por ella. Entonces, Spitzy se precipitó sobre Hitler y le formuló directamente la solicitud. Hitler replicó afirmativamente y lo remitió a que hablara con Brückner, quien habiendo escuchado la orden de su jefe, simplemente asintió y miró fríamente al nuevo miembro de la comitiva. (p. 187)

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por axmann » Dom Ago 04, 2013 8:23 pm

Saludo nazi al Rey Jorge VI

Spitzy relata el incidente que tuvo lugar con ocasión de la presentación de las cartas de acreditación de los embajadores ante el nuevo Rey del Reino Unido, Jorge VI. El autor observa que nadie en la embajada tuvo conocimiento por adelantado de las intenciones de Ribbentrop de saludar al Rey con el brazo alzado al estilo nazi en el acto protocolar de presentación de credenciales. Sospecha que quizás esa fue una decisión de último minuto de Ribbentrop cuando se dirigía al palacio. Para ese entonces, Ribbentrop había tenido ciertos problemas con el partido nazi, sentía que sus enemigos en la vieja guardia del partido estaban conspirando contra él; por tanto, Spitzy atribuye a esa situación de política interna la conducta del embajador. Posiblemente, Ribbetrop pensó que ese "acto soberano" que demostraba su compromiso con los ideales nazis lo haría destacar como alguien capaz de defender el estandarte nazi a nivel internacional. (p. 69)

Spitzy no estuvo presente en ese acto, pues, aunque era el secretario privado del embajador para ese momento, su nacionalidad austríaca impedía que pudiera figurar en la lista oficial de diplomáticos de la embajada. Por tanto, no se enteró de los eventos hasta cuando retornó el jefe y, entonces, sus compañeros de la embajada, presentes en la ceremonia, le narraron lo ocurrido. El autor no pudo salir de su asombro cuando escuchó el relato: Ribbentrop se inclinó tres veces en presencia del Rey como pautaba el protocolo, pero, de seguidas, realizó el saludo nazi alzando elegantemente su brazo. El Rey reaccionó sorprendido, sonrió y asintió con la cabeza. (p. 69)

Ribbentrop llamó a su oficina a cada uno de sus ayudantes, quienes, uno detrás de otro, manifestaron su desaprobación ante tal gesto. Finalmente, Spitzy fue llamado en presencia del embajador, quien parecía esperar que por ser un joven comprometido con los ideales nazis podría tener una visión distinta. No obstante, la desaprobación expresada por su secretario privado no fue distinta a la antes escuchada de los labios de quienes lo precedieron. (p. 70)

Uno de los miembros de la delegación alemana, Kordt, le comentó a Spitzy que aunque el Rey había sabido manejar elegantemente tan embarazoso momento, su entorno reaccionó con frialdad y asumió con disgusto tal gesto del embajador alemán. Concluyó Kordt que temía que ese acto sería un gran escándalo y posiblemente Ribbentrop habría cavado su propia tumba. (p. 70)

La prensa británica, principalmente aquella de tendencia izquierdista, se hizo eco del incidente con gran disonancia. Ribbentrop, durante la cena, pretendió justificarse y restarle importancia al asunto, repitiendo que el Rey había sonreído. No obstante, se notaba que el asunto le había causado mucho nerviosismo, así, temeroso de las repercusiones que podría tener, comenzó a preparar un informe que transmitiría a Berlin para explicar la situación. Todos los corresponsales de prensa alemanes fueron llamados a la embajada y se les confiscó todos los ejemplares de los periódicos ingleses y los reportajes de las agencias que reseñaban el incidente. (p. 70)

Neurath se molestó muchísimo, así como Hitler, quien se negó a aprobar semejante conducta de un embajador. Sin embargo, Hitler consideró que Ribbentrop había establecido un precedente para sí mismo, por consiguiente, debería seguir usando el saludo nazi en el futuro. Este requerimiento sólo se aplicaría para Ribbentrop como un hombre del partido, Ningún otro representante de las delegaciones alemanas en el exterior, ni personal de la Cancillería, ni incluso el Mariscal de Campo von Blomberg (quien viajaría al acto de coronación del Rey), podrían usar el saludo nazi en actos protocolares semejantes. Ribbentrop fue condenado a repetir ese gesto todo el tiempo. (p. 70)

Al poco tiempo, la representación alemana en Londres fue invitada a otro acto en presencia del Rey. Acorde con las instrucciones impartidas por Hitler, Ribbentrop fue el único que realizó el saludo nazi, pero, en esta ocasión con humildad, limitándose a doblar el brazo. Ese momento fue especialmente esperado por todos los presentes, quienes mostraron gran expectativa por ver repetir aquella escena. No obstante, esta segunda oportunidad fue algo decepcionante para los presentes, así como para la prensa.(p. 71)

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Antonio Machado
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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Mar Ago 06, 2013 12:36 am

Hola Axmann, estimado amigo !

axmann escribió: En 1934 Spitzy marchó a Berlin para asistir brevemente a una escuela de aviación, antecedente de la Luftwaffe. No obstante, su actividad política continuó ocupando gran parte de su tiempo. En ese período, las SS intentaron reclutarlo como guardia del Campo de Concentración de Dachau, lo que declinó. Por el contrario, a través de un amigo alemán de las SS, se incorporó a trabajar en una organización de espionaje bajo las órdenes de Goering ("the Forschungsamt"). En ejercicio de sus actividades, Spitzy entró en conocimiento de la lucha ilegal que se combatía en Austria. Con grandes deseos de colaborar en la causa de su país, se ofreció como voluntario para ser enviado a Italia y desplegar su actividad en Roma. Finalmente, su solicitud fue aceptada, por lo que fue enviado como corresponsal de un periódico alemán a Roma. Su principal actividad era monitorear e incluso sabotear la cooperación "clerical-fascista" que existía entre Austria e Italia. (pp. 34-35)
Al menos no se ensució del todo participando en el lodazal de esa iniquidad de los Campos de Concentración (y exterminio).

Basado en el bosquejo que nos estás transmitiendo, me estoy formando la idea de una persona con suficiente capacidad para desempeñar puestos de mediana o mediana-alta importancia, lo cual se ver confirmado con tus comentarios más recientes sobre sus labores de inteligencia y obviamente por el hecho de haber subido en la escala jerárquica hasta llegar a ser Asistente de Ribbentrop, haber cenado con Hitler (según el afirma), etc.


axmann escribió: A través de su papá, hizo contacto con el embajador de Austria en Roma, el político social cristiano Dr. Anton Rintelen, con quien trabó una buena amistad, lo que le facilitó obtener importante información sobre el grado de vinculación entre los gobiernos de Roma y Viena. Asimismo, entró en contacto con el embajador alemán en Roma, Von Hassell. (p. 35)

El 12 de febrero de 1934 los socialistas intentaron realizar un alzamiento popular para tomar el poder, lo que fue sofocado tras cuatro días por el gobierno, pero mediante el uso de la fuerza militar. De esta manera, queda evidenciado que los nazis no fueron los primeros que intentaron por la vía de la fuerza la toma del poder en Austria. Como reacción a ese alzamiento, los gobiernos de Italia, Francia e Inglaterra expresaron estar listos para defender la independencia de Austria. Propiciado por Italia, se firmó un acuerdo de cooperación entre Italia, Austria y Hungría. (p. 36)
Su testimonio de esos hechos históricos en medio de la turbulenta época europea, con Austria en el centro, debe de ser muy interesante pues ya contaba con un asiento en las primeras filas.

Algún día leeré esa obra, tu descripción de la misma es muy estimulante...! :sgm120: :sgm120: :sgm120:


axmann escribió: Rintelen, quien apreciaba a Mussolini y con quien aseguraba tener una buena amistad, comenzó a conspirar contra Dollfuss, convencido de que los italianos lo respaldarían en la toma del poder. Aprovechando la creciente amistad con Spitzy, Rintelen le pidió a éste que viajara a Alemania e iniciara contactos con los nazis a los fines de recibir su apoyo en sus planes conspirativos, manifestando que estaría dispuesto a formar una coalición de gobierno con el partido nazi austriaco en caso de acceder al poder. Spitzy viajó a Munich, donde contactó la representación del partido nazi austríaco, informándoles de la propuesta. Esta información fue comunicada a Rudolf Hess, quien tras consultar con instancias superiores, replicó que sólo se aceptaría negociar tal respaldo si Rintelen reconocía a Hitler como Führer de todo el pueblo germano, indistintamente de las fronteras nacionales. Esta dura condición resultó difícil de digerir por Rintelen, quien se consideraba un político social cristiano, adversario de Dollfuss pero nunca nazi. Después de unos días, Rintelen aceptó la condición. De seguidas, Spitzy fue recibido por Hess y se comenzó a ultimar todos los detalles de esa particular alianza política. (p. 37-38)

Spitzy describe como se concertaron algunas reuniones en Roma entre Rintelen y el líder de los nazis austríacos, Habicht, las cuales debieron ser organizadas con sumo cuidado para evitar que fueran descubiertas por los servicios de inteligencia de la Italia fascista. (p. 39)

En la medida en que las reuniones y preparativos tuvieron lugar, Rintelen se volvió más impaciente, presionando por una rápida solución (putsch). Por el contrario, Habicht explicaba que Hitler no quería una solución violenta, lo que obligaba que se debiera esperar más tiempo. En la medida de que el clima político en Austria se enrarecía, el gobierno de Mussolini y la prensa italiana prestaban más atención a los eventos de ese país. La estadía de un revolucionario austríaco en Roma comenzó a ser cada vez más riesgosa, siendo Spitzy objeto de vigilancia por parte de los servicios secretos italianos (pp. 40-41).

En la planificación de los eventos se habló en detalle del plan operativo, un grupo de exmiembros del ejército, expulsados por su afiliación nazi, se encargarían de tomar el edificio de la Cancillería, el Palacio Presidencial y la estación de radio. A tal fin, se esperaba contar con el respaldo del jefe de la policía de la ciudad para concretar dicho plan. Por su parte, Rintelen aseguraba que su amistad con Mussolini le aseguraría el consentimiento de éste para su ascenso al poder. En privado, Rintelen le comentó a Spitzy que su intención era poner fin al régimen inconstitucional de Dollfuss y restituir la legalidad en Austria. Así, esperaba poder convocar a elecciones al poco tiempo, quedando la participación de los nazis en un nuevo gobierno condicionada a la voluntad popular. Spitzy observa que Rintelen se autoengañaba respecto a su importancia dentro de la conspiración, así como por el mismo hecho de que la mayoría de los involucrados en los planes se manifestaban leales al partido nazi (lo que le confesaban en privado a Spitzy tras reunirse con Rintelen). (p. 42)
Esas negociaciones llevadas en secretividad son nuevas para mi persona; lo cual no es sorprendente, dadas las dimensiones de mi ignorancia crasa...

Ahora bien, esa confesión en privado que Rintelen le hizo a Spitzy ("En privado, Rintelen le comentó a Spitzy que su intención era poner fin al régimen inconstitucional de Dollfuss y restituir la legalidad en Austria. Así, esperaba poder convocar a elecciones al poco tiempo, quedando la participación de los nazis en un nuevo gobierno condicionada a la voluntad popular") obviamente contradecía y anulaba ipso facto lo acordado con Rudolf Hess en cuanto al reconocimiento de Hitler "como Führer de todo el pueblo germano, indistintamente de las fronteras nacionales" :?: Sin embargo los políticos de todos los tiempos siempre han sido expertos en arreglar entuertos inconvenientes...


axmann escribió: Una contrariedad a los planes tuvo lugar como consecuencia de la noche de los cuchillos largos en junio de 1934. Rintelen enfureció y recriminó a Spitzy que los nazis no eran ningunos idealistas, si no una banda de bandidos y asesinos. Igualmente, cuestionó que se pudiera concretar algún plan con ese tipo de personas. Spitzy se comunicó con Berlin y aconsejó que enviaran a alguien para calmar a Rintelen. Efectivamente, el emisario enviado logró su objetivo. (p. 43)

Finalmente, el 23 de julio de 1934 Rintelen viajó a Viena para jugar su papel en la conspiración. Su tarea principal sería arrestar al gobierno y forzar a Dollfuss a renunciar y anunciar su decisión por la radio. Entonces, Rintelen tomaría el poder, reactivaría la vigencia de la Constitución e informaría a las misiones diplomáticas de las intención del nuevo régimen de respetar todos los acuerdos. Como nuevo Canciller Rintelen enviaría un mensaje personal a Mussolini, garantizando por el momento la independencia de Austria. No se esperaba ninguna oposición de Checoslovaquia o Hungría. Las tensiones políticas entre Yugoslavia e Italia, garantizaba que el primero de los países tampoco reaccionaría ante los hechos, al mostrarse favorable a una acción contra Dollfuss, quien era un abierto aliado de la Italia fascista. Spitzy asegura que nunca existió la intención de asesinar a Dollfuss o alguna otra persona. (p. 43)

Rintelen aconsejó a Spitzy esperar en Roma el éxito del "putsch", tras lo cual debía desplazarse inmediatamente a Viena. Igualmente, el primero se hizo prometer que en caso de fracasar esa aventura, Spitzy lo negaría todo. (pp. 43-44)

El plan estaba previsto ejecutarse el 24 de julio durante la sesión del Consejo de Ministros. No obstante, esa reunión se pospuso para el día siguiente, lo que obligó a posponer igualmente el "putsch". Lamentablemente, el día 25 de julio, no todos los ministros asistieron a la sesión, pues, el plan conspirativo se había filtrado a algunos de ellos, quienes se resguardaron en el ministerio de la Defensa con Schuschnigg. Ante ese giro inesperado de los acontecimientos, Spitzy comenzó a hacer preparativos para abandonar Roma. (p. 44)

Spitzy recibió la noticia de los sucesos en Viena esa noche mientras cenaba con el hijo del embajador austríaco ante el Vaticano. En mitad de la cena, el hijo del diplomático recibió una llamada en la cual fue informado de los trágicos eventos, lo que con horror comunicó a Spitzy (desconociendo su vinculación con los mismos). Por tanto, Spitzy entendió que el "putsch" había fracasado y esa noche terminó los preparativos para escapar de Italia. En la mañana del 26 de julio, tomó el tren expreso para Suiza, siguiendo con antelación las nuevas revelaciones sobre los hechos y la conspiración que la prensa italiana iba revelando a lo largo del día. Spitzy pudo culminar exitosamente su escape, aunque vivió en pánico durante todo el trayecto, pensando que la policía secreta italiana podía estarlo buscando y esperarlo en cada parada del tren. (p. 44)

De Suiza, Spitzy inmediatamente emprendió camino para Munich, ciudad a la que llegó el 27 de julio. A la mañana siguiente se dirigió a las oficinas del partido nazi austríaco en esa ciudad, las cuales encontró clausuradas y vigiladas por la policía y las SS. Simultáneamente, pudo ver como miembros de las SS se deshacían de cajas de documentos que reposaban en el interior de dichas oficinas. Con dificultad pudo ubicar a uno de los ayudantes de Habicht (líder del partido nazi austríaco), quien le informó que los miembros del partido habían sido aislados o disueltos, oficialmente Alemania se lavaba las manos por completo de ese asunto y acusaba a Rintelen como un charlatán social cristiano que simplemente había querido aprovecharse de la situación para alcanzar sus propios fines políticos. Spitzy se convenció de la necesidad de presentar un informe completo de los acontecimientos ante las autoridades nazis, a manera de aclarar las actividades de Rintelen (a quien consideraba un gran amigo). Por consiguiente, Spitzy redactó un informe que decidió entregar personalmente a Rudolf Hess. Para tener acceso a Hess, se informó del restaurante donde éste solía almorzar. Por tanto, un día fue a esperarlo allí. Apenas vió a Hess ubicarse en la mesa reservada para tan especial cliente, Spitzy se incorporó de su mesa y para el asombro de los guardaespaldas de Hess, se aproximó al líder nazi y le puso sobre el escritorio el informe. Hess no reconoció a Spitzy (con quien había sostenido una reunión tiempo atrás), mostrándose así renuente a aceptar el informe. Spitzy esbozó brevemente el contenido general del informe, lo que hizo que Hess lo recogiera de la mesa y se lo diera a un ayudante. Finalmente, los guardaespaldas lo sacaron del restaurante, pero por fortuna no fue arrestado. (p. 46)

Al poco tiempo del intento fallido del "putsch", las autoridades austríacas averiguaron su participación en la conspiración. Por consiguiente, las circunstancias lo obligaron a dejar la política por un tiempo y se marchó a Paris, donde se dedicó a estudiar. Allí se graduó en "Sciences Po" en 1936, obteniendo la posición número 26 dentro de un grupo de 120 estudiantes. (p. 47)

De Paris se desplazó a Berlin, donde comenzó a estudiar leyes. A su vez, Spitzy envió una carta a las SS, postulándose para trabajar en algún cargo relacionado con el servicio exterior. Para sorpresa de Spitzy, un día recibió una llamada del jefe de personal de la oficina de Ribbentrop, quien le explicó que habían tenido acceso a su aplicación ante la Oficina Central de las SS y estaban interesados en entrevistarlo. A la mañana siguiente asistió a una reunión con la persona que lo llamó y otros colaboradores, quienes manifestaron estar gratamente impresionados con su curriculum vitae, así como con su condición de viejo miembro del partido nazi austríaco, además de su vinculación con el "putsch" de 1934. Posteriormente, se pudo enterar que en el proceso de selección de personal se habían examinado muchos otros candidatos, pero algunos provenían de círculos pudientes de la sociedad, que si bien tenían un buen nivel educativo y ostentaban buenos modales, carecían del debido compromiso político con el nazismo; mientras que aquellos que tenían lo último, adolecían de la falta de los otros dos requerimientos mencionados. Por tanto, la oficina de personal consideró que Spitzy reunía todos los requerimientos ideales para el servicio exterior del régimen. (p. 50-52)

De inmediato, Spitzy fue informado que tendría que viajar a Londres en el avión privado de Ribbetrop al día siguiente, para así ser entrevista por éste. Efectivamente, ese día fue invitado a cenar en la residencia de Ribbentrop en Londres, donde conoció a quien sería su jefe y la familia de éste. Después de la cena, Ribbentrop le informó que se incorporaría a su equipo de trabajo en la embajada (p. 53).

De esta manera, concluyo este resumen de esta etapa de la vida de Spitzy, que creo que nos puede ayudar a entender un poco sus antecedentes personales y políticos antes de ingresar al servicio exterior del Reich en 1936.
Pues agradecerte efusivamente todos la información que estás compartiendo con nosotros, estimado Axmann; con abundancia de detalles, tu descripción y resumen de esa obra nos acerca muy convenientemente a su contenido.

En esta entrega queda claro el paso que dió de ser un empleado de bajo nivel a ser un funcionario con mayores responsabilidades, al final lo vemos cenando con la familia de Ribbentrop en Londres...

Esperamos impacientes el siguiente post... :sgm111:

Saludos cordiales desde Nueva York hasta Nottingham ,

Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Mar Ago 06, 2013 1:52 am

Hola Axmann, estimado !

Gracias por continuar con tan interesante resumen...


axmann escribió: Un vistazo cercano a Hitler:

En 1937, Spitzy asistió por primera vez a la Cancillería del Reich junto a Ribbentrop. La primera vez que fue presentado a Hitler, éste se mostró muy amigable, extremadamente educado y le preguntó brevemente acerca de sus orígenes. Por el contrario, Goering lo trató bruscamente, evidenciando su poco aprecio por Ribbentrop.(p. 85)
Nada de extrañarse, esos dos (Goering y Ribbentrop) siempre estuvieron a tranca, de principio a fin...



axmann escribió: Spitzy destaca que el momento culminante de la reunión tuvo lugar cuando se anunció la hora de la comida. Todos los presentes manifestaron cierto estrés y expectativa. Hitler decidiría la posición de los comensales en los puestos más cercanos a él en la mesa, lo que era considerado como una especial distinción y un gesto de preferencia. Entonces, de manera pausada, Hitler anunció quienes se sentarían a su lado: a su derecha, Dr. Goebbels, y a su izquierda, Herr von Ribbentrop. Así prosiguió anunciando los distintos puestos hasta llegar a cierto punto en la mesa en la que ya dejó a libre elección la ubicación de los comensales. Era evidente que mientras más cerca de Hitler una persona se sentaba, mayor era el grado de favoritismo del que gozaba esa persona con el Führer. Consciente de ello, Hitler jugaba sus cartas con destreza y malicia, no permitiendo darle demasiada importancia a una persona, así como tampoco marginar demasiado a otra. (p. 85)
La lucha por la simpatía y la aprobación de Hitler llegó a convertirse en una obsesión para los altos Nazis: el lugar de cada silla, una breve mención del nombre de uno de ellos, un gesto amistoso, todo era valorado y aquilatado al máximo por quien lo recibía y visto con envidia por los demás.

El Arquitecto Albert Speer cuenta que luego de algunas reuniones entre él y su Führer, éste le hizo un honor tan alto como inesperado: una vez que Hitler entró a un Estadio (me parece que a pronunciar un discurso, aunque no estoy seguro), vió que Speer estaba en la segunda fila de la gradería frente a la cual caminaba rodeado de sus más cercanos colaboradores y se acercó a saludarlo y a estrecharle la mano; desde ese momento a todos les quedaba claro el lugar que Speer ocupaba y el respeto y consideración con los cuales debían tratarlo.

Goebbels anotaba en su diario las ansiedades que vivía cuando Hitler pasaba mucho tiempo sin convocarlo a una reunión, o sin llegar a visitarlo, y todas las nerviosas hipótesis que se agolpaban en su mente.



axmann escribió: Hitler concedía gran importancia a garantizar un balance de poderes, por lo que usualmente confiaba las mismas tareas a dos organizaciones distintas, de manera de garantizarse una mayor independencia al momento de decidir. Esta situación no pocas veces generaba roces y polémicas entre los funcionarios del gobierno. Hitler recibía con atención las quejas mutuas que tenían sus colaboradores respecto a sus otros colegas, prometiendo usualmente tomar acciones en el asunto, pero la mayoría de las veces no hacía nada. Lo único en que se preocupaba Hitler era de que nadie adquiriera demasiado poder o importancia, por lo que constantemente jugaba en balancear los poderes dentro de la burocracia del régimen. (p. 86)

Durante las comidas, las conversaciones eran dirigidas exclusivamente por Hitler. Rara vez alguien se atrevía a intervenir si el Führer no le formulaba alguna pregunta, que en ocasiones se relacionaba con algún asunto de trabajo. Este gesto era considerado por los demás como un gesto de especial distinción, lo que no pocas veces generaba cierto recelo entre los presentes.
Lo dicho, vide supra



axmann escribió: Hitler comía frecuentemente una dieta vegetariana, sólo excepcionalmente se permitía comer "liver dumpling soup", un plato que especialmente disfrutaba. Los modales en la mesa de Hitler eran usualmente comunes, salvo cuando asistía a alguna cena de Estado. La mayoría de las veces Hitler acercaba su cabeza al plato para tomar un bocado. Cuando Goebbels imitaba o se burlaba de alguien, Hitler solía reírse con un tono elevado o guiñarle el ojo a algún otro invitado.(p. 86)
Entiendo que, aunque se servía carne de distintos animales en los almuerzos íntimos, varios altos Nazi se fueron convirtiendo al vegetarianismo, o al menos evitaban comer carne en presencia de su Führer; en varias ocasiones él sermoneaba sobre las bondades del vegetarianismo.



axmann escribió: Spitzy manifiesta su gran admiración por Goebbels, a quien consideraba la persona más inteligente del círculo íntimo de Hitler.
No sé si Goebbels habrá sido el más inteligente del círculo íntimo de Hitler, pero al menos era el más intelectual, era Doctor en Filosofía, se había graduado en la Universidad de Heildelberg. Y por supuesto que fue el más leal de todos los Nazis, el más fiel a Hitler, al grado de suicidarse con él en la Cancillería de Berlín, junto a su esposa Magda, luego de haber asesinado a sus seis hijos -cuyos nombres comenzaban con la letra H en honor a Hitler.



axmann escribió: El Führer especialmente disfrutaba cuando Goebbels empleaba como tema de sus charlas a Himmler, quien de forma embarazosa trataba de defenderse. Spitzy estima que Himmler y Goebbels se odiaban mutuamente. Pero, a su vez, ambos personajes no toleraban a Goering, lo que también era correspondido por éste. (pp. 86-87)
Himmler y Goebbels fueron otros dos permanentemente "a tranca" el uno en contra del otro.


axmann escribió: El autor no tiene dudas que Hitler amaba Alemania y estaba poseído por la idea de que debía de alcanzar por cualquier medio sus objetivos para la grandeza del Reich. En una ocasión, en el marco de la intervención alemana en la Guerra Civil Española, Hitler dijo: "En cualquier momento y en cualquier lugar cuando una llama encienda, muy contento estaré dispuesto a avivar la llama con el fin de calentar una sopa alemana sobre ésta. ¡Sólo lo mejor para el pueblo alemán! Para los demás, de ser necesario, incluso la miseria y el sufrimiento. Y, señores, no crean por un minuto qué los estadistas realmente brillantes han hecho algo diferente. ¡Sin semejantes métodos nunca habría existido un Imperio Romano o Británico!". (p. 87)

Durante las conversaciones durante las comidas, Hitler demostraba lo buen lector que era y bien informado que estaba sobre una diversidad de temas. Aunque en ocasiones sus afirmaciones podían sustentarse en falsas presunciones, la manera tan lógica como construía sus argumentos hacía olvidar a los oyentes que dicho discurso se sustentaba en endebles fundamentos. (pp. 87-88)

Las conversaciones posteriores a la cena se prolongaban hasta entrada la noche. Interminables monólogos políticos eran la tarifa a pagar en aquellas reuniones. En el proceso de exponer sus ideas, Hitler demostraba tener una fenomenal memoria. Él también era excelente para narrar relatos e imitar a otras personas. Fumar estaba completamente prohibido, incluso en los baños y pasillos de la Cancillería del Reich, por lo que no era raro encontrarse a algunos ministros y generales comportándose como colegiales al tratar de expulsar el humo a través de las ventanas. Según los ayudantes de Hitler, el Führer tenía un excelente sentido del olfato, por lo que si detectaba que alguien había estado fumando podía ponerse extremadamente furioso. Este tema era discutido frecuentemente en la mesa, Spitzy recuerda una vez que Hitler comentó: "Si alguien está borracho o ha bebido mucho, entonces ciertamente no es muy agradable, pero no me molesta directamente, y puedo librarme fácilmente de la compañía de esa persona. Sin embargo, es demasiado esperar de mi que yo inhale lo que otros han exhalado de esas repulsivas cosas, y por eso no permito fumar aquí en mi presencia". Hitler estaba convencido de que fumar era mucho más perjudicial para la salud de lo que se creía para esa época, adelantándose correctamente, en tal sentido, a los descubrimientos de la medicina moderna. (p. 88)
Sobre este último punto, he leído que los científicos Nazis en el campo de la Medicina fueron los primeros en demostrar los efectos perjudiciales que el tabaquismo causa sobre la salud humana; en más de alguna parte he leído que avanzaron mucho en ese sentido, no sé si llegaron a relacionarlo directamente como causante de cáncer en los pulmones, en la faringe, etc., pero sí que lograron comprobar científicamente las nefastas consecuencias sobre el organismo humano.



axmann escribió: En enero de 1937 Spitzy visitó Obersalzberg, lo que lo impresionó mucho. Si bien había escuchado hablar de ese lugar, no podía imaginar lo espacioso que era y su espectacular vista. En el gran salón, frente al inmenso ventanal, Spitzy permaneció parado por dos horas mientras presenciaba una discusión entre Hitler y Ribbentrop, quienes caminaban una y otra vez de una punta a otra del salón. La mayor sorpresa llegó cuando entró al salón una joven rubia que se dirigió al "omnipotente Führer de Alemania" de la siguiente manera: "Por favor, ¿van ustedes finalmente a hacer un paréntesis para comer? Ya es la hora y nosotros no podemos esperar más". A dichas palabras, Hitler respondió: "Sí, mi niña. Estaré allá inmediatamente". Spitzy no podía explicarse quién sería esa mujer que se atrevía a hablarle a Hitler de esa manera. Diez minutos después, la misma joven entró a la sala e insistió en su petición. Tras finalizar el almuerzo, Spitzy le preguntó a Brückner acerca de esa mujer. El ayudante de Hitler le respondió: "Escucha, mi amigo, usted es nuevo aquí. Incluso nuestro líder tiene derecho a una vida privada, y le recomiendo encarecidamente que guarde para usted mismo todo lo que ha visto u oído a este respecto. ¡No le diga a nadie, ni sus padres, sus hermanos y hermanas y, sobre todo, nunca le diga a su amante! Sería mejor si usted se olvida de todo, de lo contrario... bueno, no creo que tenga que decir nada más. Las consecuencias serían imprevisibles. ¿Entiendes?". "Sí, Obergruppenführer", respondió Spitzy, uniéndose a la conspiración del silencio en torno a la vida privada de Hitler. (pp. 88-89)
No fué el único en sorprenderse por la presencia de Evan Braun: en muchas obras diversos autores narran anécdotas parecidas vividas por Diplomáticos y visitantes; Eva Braun siempre permaneció en la sombra.



axmann escribió: Eva Braun era una buena persona, que proporcionaba a Hitler todas las comodidades de una vida familiar burguesa. Aunque ella era tranquila y agradable, no parecía tener ninguna cualidad extraordinaria. Ella podría muy bien haber sido una simpática dependiente de una tienda. Ella nunca se mezcló en los asuntos políticos y se limitó a hacer juicios meramente positivos o negativos sobre la gente. Ella usualmente se vestía a la moda, se pintaba sus uñas y llevaba un poco de maquillaje. Hitler nunca interfirió en este aspecto. Él consideraba esas cosas comprensibles debilidades femeninas que, en todo caso, él encontraba atractivas. Spitzy quedó un poco sorprendido al enterarse que su líder, a quien erradamente había juzgado como un ascético, había elegido una chica sencilla, una niña de la clase media baja, para que le proporcionara comodidades burguesas en la mesa y en el dormitorio. Esto le pareció doblemente incomprensible, ya que habría sido más fácil para él rodearse de mujeres con belleza e intelecto. Sin embargo, Hitler parecía no estar interesado en ello. (p. 89)
Efectivamente, muchos autores afirman que Eva Braun era una muchacha más bien opaca, sin especiales cualidades intelectuales, sin mayor conocimiento de política ni de los asuntos del Estado; siempre mantuvo un bajo perfil; el régimen inclusive censuraba las fotos en las cuales aparecía junto a Hitler quien muy raras veces llegó a tomarla de la mano inclusive dentro del círculo de amistades más cercano.

En el otro extremo de la escala estaba Magda Goebbels, a quien se ha calificada como "La Primera Dama del III Reich", una dama nacida en la alta sociedad y conocedora de la más exigente etiqueta, al grado de ser conocida como "La mejor anfitriona de Europa" y "La anfitriona alemana per excellence", dominaba varios idiomas con fluidez, sostenía conversaciones estimulantes sobre los más diversos temas, etc.; yo estoy redactando una recensión sobre la obra "Magda Goebbels: la Primera Dama del III Reich" escrita por el historiador alemán Hans-Otto Meissner, la llevo avanzada, la subiré al Foro en los próximos días, como complemento a la reseña de "Goebbels" que subí recientemente.



axmann escribió:En términos generales, la vida era cómoda y relajada en Obersalzberg. El programa diario era determinado exclusivamente por Hitler, quien usualmente dormía hasta que las diez u once de la mañana y no aparecía hasta el mediodía. Sólo entonces era cuando otras personas eran admitidas. Si no se tenía planificada ninguna reunión, a Hitler le gustaba sentarse en un pequeño salón que era calentado por una gran estufa y donde sus colegas y ayudantes, así como a veces incluso sus invitados, pasaban su tiempo. En ese lugar, uno tenía prohibido fijarse en Hitler. Si alguien entraba en la habitación, o si el propio Hitler lo hacía, no había un anuncio oficial o saludos militares. Uno tenía que comportarse como cuando uno se encontraba con un "simple mortal". Era una extraña sensación de estar sentado junto a la chimenea y este personaje tan importante de la historia contemporánea pasaba silenciosamente a tu lado, se sentaba y cogía un periódico para leer. Spitzy observa que se requería grandes reservas de voluntad física y emocional para cumplir las reglas prescritas y la informalidad que debía prevalecer. (p. 90)

La cena en el Berghof era un asunto muy simple. Allí no existía una gran mesa única como en la Cancillería del Reich. Por el contrario, había una mesa principal y algunas más pequeñas repartidas alrededor. Usualmente una película se proyectaba en la noche. Hitler frecuentemente veía un film detrás de otro, declarando que requería de tales distracciones para poder desconectarse de sus preocupaciones y darse la oportunidad de pensar en otras cosas aparte de la política y los asuntos de Estado. Hitler estimaba mucho a Greta Garbo y solía decir que si alguna vez ella visitara Alemania le iba a dar el tipo de recepción que estaba reservada para los estadistas más importantes. Hitler estaba muy interesado en el cine y era un muy bien informado crítico. A regañadientes reconocía el talento de los directores judíos y su único deseo era que los directores alemanes algún día alcanzaran un nivel de calidad similar. (p. 91)

La caza era una de las aversiones de Hitler, quien no podía entender como algunas personas podía considerarla una experiencia placentera. Sus simpatías se alineaban con los "pobres animales". Sólo justificaba la caza por simples fines económicos para obtener comida y ropa. Por el contrario, Hitler se mostraba muy interesado en motores y los últimos desarrollos tecnológicos. (pp. 91-92)

Spitzy estuvo presente el día en que Porsche le presentó su "Volkswagen" a Hitler, quien de forma entusiástica expresó su aprobación. Hitler podía hablar por horas sobre los temas relacionados con automóviles y autopistas. Como un recién llegado al círculo ínterior, Spitzy fue testigo de un larguísimo monólogo sobre ese tema, el cual le pareció interesante. No obstante, los más viejos miembros del grupo no ocultaban el hastío de escuchar nuevamente el mismo monólogo. Pero, ninguno se atrevía a dejar la sala, para así evitar que se pudiera hablar de ellos en su ausencia. (p. 92)

Una anécdota que recuerda Spitzy es el relato por parte de Hitler de un incidente que acaeció una tarde de junio de 1937 en Nuremberg. Hitler se encontraba con una gran comitiva de miembros del partido en el estadio donde se realizaban los congresos del partido en septiembre de cada año. Hitler y Speer estaban discutiendo acerca de los planes de un nuevo espectáculo, cuando en la distancia se pudo advertir una pequeña figura que se iba aproximando al grupo. A pesar de todas las medidas de seguridad para acordonar el área, una persona había logrado escabullirse y se dirigía hacia Hitler. Himmler advirtió el hecho y comenzó a mirar fríamente al jefe de la policía ante semejante vulneración de la seguridad en la zona. Las miradas comenzaron a cruzarse entre todos los presentes, aunque Hitler seguía su conversación con Speer. Poco a poco la persona se acercó más y más al grupo, haciéndose evidente su presencia hasta el punto que Hitler no pudo ignorarlo más y detuvo su charla. Nadie se atrevió a decir una palabra. El hombre llegó a una distancia desde donde se le podía escuchar, se detuvo y haciendo el saludo nazi con el brazo, exclamó: "Heil Hitler, Herr Hitler". (p. 93)

"¡Heil!", respondió Hitler.
"Herr Hitler, tengo una petición", continuó el hombre.
"Puedo ver, ¿qué clase de petición es?", respondió algo sorprendido Hitler.
"Es una petición de algo para mi y mis amigos".
"Bien, entonces, mi querido compañero, escuchémosla", replicó Hitler.
"Herr Hitler, nos gustaría a todos cerveza gratis", soltó el hombre.

Hitler se mostró incómodamente sorprendido por haber sido expuesto a tan trivial petición en ese momento. Bastante molesto se volteó y dirigiéndose a Brückner (su ayudante) y el alcalde de la ciudad, les ordenó satisfacer la petición. Entonces, se giró al hombre y le dijo: "Como puedes ver, ustedes recibirán su cerveza". El hombre agradeció a Hitler y se marchó. Nadie se atrevió a hacer ningún comentario en ese instante, pero se percibió que el incidente había dejado pensativo a Hitler. Esa tarde, Hitler regresó al Berghof, donde después de la cena expresó su agria opinión ante tal incidente. (p. 93)
Muy curioso incidente, es primera vez que escucho algo al respecto. Me pregunto si nuestros estimados Foristas saben si otros autores se han referido al mismo ?



axmann escribió: La conversación se inició con una discusión acerca de si los animales podían ser considerados seres inteligentes, sensibles y nobles. Hitler defendió ampliamente dicha visión, recalcando las virtudes de su perra "Blondie". El hilo discursivo llevó a Hitler a rememorar la anécdota de esa tarde. Así, tras criticar que se hubiera podido vulnerar el círculo de seguridad implementado en el área; pasó a señalar que esa tarde se encontraba de buen humor y pensó que podía concederle a ese hombre cualquier cosa que solicitara, lo que suponía podría ser una pequeña casa o otorgarle la propiedad de unos terrenos o arreglar el matrimonio de su hija o enviar a su hijo a estudiar al exterior. Con gran rabia, Hitler subrayó que ese hombre, parado delante del Führer, no tenía nada más profundo que pedir que una cerveza gratis. "Así entonces, esta criatura quien supuestamente es bendecida con raciocinio y sentido común no podía pensar en nada diferente en ese momento que en su propia comida y bebida. Hoy, caballeros, ese hombre quien no tenía nada más en su mente que una cerveza gratis fue guiado por los instintos de un bestia", concluyó categóricamente Hitler. (p. 94)
Caramba, ésa es una extrapolarización in extremis del pequeño incidente, además de ser muy errática y traída por los cabellos: cómo se puede pasar de una petición trivial y casual de un desconocido a los instintos bestiales de algunas especies inferiores...? sin duda que para ello se necesita de una capacidad de estiramiento verdaderamente "admirable" ...


Estimado Axmann: gracias de nuevo por compartir tus lecturas y tomarte el tiempo de transmitirnos esa riqueza de detalles, todo mega-interesante !


Saludos cordiales desde Nueva York hasta las Islas Británicas,

Antonio Machado :sgm65:
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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Mar Ago 06, 2013 2:14 am

Hola estimado Axmann:

axmann escribió:Anschluss

El 9 de marzo de 1938 Spitzy se encontraba en Berlin, de imprevisto, fue llamado en presencia de Hitler. Cuando Spitzy llegó a la Cancillería del Reich, pudo advertir una gran conmoción entre todos los presentes, visualizando entre ellos importantes figuras del régimen (Goering, Goebbels, Hess, Keitel). Finalmente, un ayudante de Hitler lo hizo pasar en presencia del Führer, quien le encomendó entregar una carta en persona a Ribbentrop en la embajada en Londres y retornar, de inmediato, con una respuesta escrita. Igual, se le informó que un avión se encontraba listo esperándolo para llevarlo hasta Londres. (pp. 181-182)

Una vez en Londres, entregó la carta a su destinatario, quien tras leerla comenzó a trabajar en el informe requerido acerca de la posible reacción británica ante cualquier acción alemana respecto a Austria. Entre todo el personal de la embajada existió un amplio consenso que los británicos no reaccionarían de ninguna forma. Ribbentrop quería presentar un gran informe, no limitarse a un escueto mensaje con la referida conclusión; ello provocó que el cumplimiento de la misión de Spitzy comenzó a demorar mucho más de lo previsto. De repente, durante la larga espera, Spitzy recibió una llamada desde Berlin, para su sorpresa era el valet de Hitler, quien tras mediar pocas palabras le comunicó con Hitler, quien pausadamente comenzó a interrogarlo si existía algún problema y cuándo retornaría a Berlin. Spitzy, aún en shock, respondió escuetamente a todas las preguntas. Al finalizar la comunicación, corrió hasta la oficina de Ribbentrop para urgir la pronta entrega del referido informe. (p. 184-185)

No fue hasta bien entrada la noche del 10 de marzo cuando Spitzy pudo emprender su viaje de regreso a Berlin. Un poco antes de las 8 am del día siguiente, Spitzy aterrizó en Berlin, dirigiéndose con prisa a la Cancillería del Reich. Apenas entró al gran edificio, los ayudantes de Hitler le recriminaron por la demora, haciéndole saber que había contrariado las específicas instrucciones del Führer. Igualmente, le señalaron que Hitler estaba muy ansioso esperando ese informe y que debía prepararse para las consecuencias. Spitzy intentó defenderse, transfiriendo toda responsabilidad sobre Ribbentrop. (p. 186)

Cuando finalmente Spitzy estuvo en presencia de Hitler, la situación se desarrolló de forma muy distinta a lo que había podido imaginar. Hitler lo recibió con gran amabilidad, le interrogó acerca de cómo había realizado el viaje, y si había ya desayunado. Spitzy, aún sin salir de su sorpresa, procuró persuadir a Hitler que no se preocupara por él, pero éste insistió y se aproximó a la puerta, la abrió y ordenó traerle el desayuno. Después, Hitler tomó el sobre y, colocándose sus lentes, comenzó a leer con detenimiento el informe. Durante ese intervalo, un ayudante entró para traer el desayuno, que Spitzy tomó con nerviosismo. Tras finalizar su lectura, Hitler comentó que no esperaba una respuesta distinta, así como afirmó que un mensaje parecido había recibido desde Italia. Entonces, Hitler comenzó a preguntarle qué decían en Londres, cuál era el ambiente político, etc. Spitzy intentó responder en el marco de sus posibilidades, advirtiendo que no había tenido tiempo de averiguar tales temas. Por último, Hitler le agradeció sus servicios y concluyó la reunión. (pp. 186-187)

Cuando Spitzy salió del despacho, un numeroso grupo de gente entre ayudantes y líderes del partido se habían congregado afuera, todos reaccionaron con gran camaradería cuando lo vieron emerger de la oficina de Hitler. En ese instante, Spitzy se aproximó a Brückner, el ayudante de Hitler, y le preguntó si podría viajar en la comitiva de Hitler a Austria. Brückner rechazó la solicitud, alegando que no existían más puestos disponibles. Sin embargo, repentinamente la puerta del despacho se abrió y Hitler salió por ella. Entonces, Spitzy se precipitó sobre Hitler y le formuló directamente la solicitud. Hitler replicó afirmativamente y lo remitió a que hablara con Brückner, quien habiendo escuchado la orden de su jefe, simplemente asintió y miró fríamente al nuevo miembro de la comitiva. (p. 187)
Lo dicho arriba: sin lugar a dudas Spitzy narra muchos detalles "desde adentro", todo lo cual pasaba desapercibido no solamente al gran público sino que inclusive a muchos altos Nazis.

En las casi 600 páginas de la biografía de Ribbentrop escrita por Michael Bloch, por ejemplo, no se mencionan todos esos detalles; Spitzy los narra "en primera persona" por haber sido el protagonista de los mismos.

Verdaderamente que tu esfuerzo en transmitirnos tan detalladamente esas descripciones es loable y muy de agradecer... :sgm69: :sgm111:


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Re: How we squandered the Reich, por Reinhard Spitzy

Mensaje por Antonio Machado » Mar Ago 06, 2013 2:50 am

Hola Axmann, estimado amigo !

axmann escribió:Saludo nazi al Rey Jorge VI

Spitzy relata el incidente que tuvo lugar con ocasión de la presentación de las cartas de acreditación de los embajadores ante el nuevo Rey del Reino Unido, Jorge VI. El autor observa que nadie en la embajada tuvo conocimiento por adelantado de las intenciones de Ribbentrop de saludar al Rey con el brazo alzado al estilo nazi en el acto protocolar de presentación de credenciales. Sospecha que quizás esa fue una decisión de último minuto de Ribbentrop cuando se dirigía al palacio. Para ese entonces, Ribbentrop había tenido ciertos problemas con el partido nazi, sentía que sus enemigos en la vieja guardia del partido estaban conspirando contra él; por tanto, Spitzy atribuye a esa situación de política interna la conducta del embajador. Posiblemente, Ribbetrop pensó que ese "acto soberano" que demostraba su compromiso con los ideales nazis lo haría destacar como alguien capaz de defender el estandarte nazi a nivel internacional. (p. 69)

Spitzy no estuvo presente en ese acto, pues, aunque era el secretario privado del embajador para ese momento, su nacionalidad austríaca impedía que pudiera figurar en la lista oficial de diplomáticos de la embajada. Por tanto, no se enteró de los eventos hasta cuando retornó el jefe y, entonces, sus compañeros de la embajada, presentes en la ceremonia, le narraron lo ocurrido. El autor no pudo salir de su asombro cuando escuchó el relato: Ribbentrop se inclinó tres veces en presencia del Rey como pautaba el protocolo, pero, de seguidas, realizó el saludo nazi alzando elegantemente su brazo. El Rey reaccionó sorprendido, sonrió y asintió con la cabeza. (p. 69)

Ribbentrop llamó a su oficina a cada uno de sus ayudantes, quienes, uno detrás de otro, manifestaron su desaprobación ante tal gesto. Finalmente, Spitzy fue llamado en presencia del embajador, quien parecía esperar que por ser un joven comprometido con los ideales nazis podría tener una visión distinta. No obstante, la desaprobación expresada por su secretario privado no fue distinta a la antes escuchada de los labios de quienes lo precedieron. (p. 70)

Uno de los miembros de la delegación alemana, Kordt, le comentó a Spitzy que aunque el Rey había sabido manejar elegantemente tan embarazoso momento, su entorno reaccionó con frialdad y asumió con disgusto tal gesto del embajador alemán. Concluyó Kordt que temía que ese acto sería un gran escándalo y posiblemente Ribbentrop habría cavado su propia tumba. (p. 70)

La prensa británica, principalmente aquella de tendencia izquierdista, se hizo eco del incidente con gran disonancia. Ribbentrop, durante la cena, pretendió justificarse y restarle importancia al asunto, repitiendo que el Rey había sonreído. No obstante, se notaba que el asunto le había causado mucho nerviosismo, así, temeroso de las repercusiones que podría tener, comenzó a preparar un informe que transmitiría a Berlin para explicar la situación. Todos los corresponsales de prensa alemanes fueron llamados a la embajada y se les confiscó todos los ejemplares de los periódicos ingleses y los reportajes de las agencias que reseñaban el incidente. (p. 70)

Neurath se molestó muchísimo, así como Hitler, quien se negó a aprobar semejante conducta de un embajador. Sin embargo, Hitler consideró que Ribbentrop había establecido un precedente para sí mismo, por consiguiente, debería seguir usando el saludo nazi en el futuro. Este requerimiento sólo se aplicaría para Ribbentrop como un hombre del partido, Ningún otro representante de las delegaciones alemanas en el exterior, ni personal de la Cancillería, ni incluso el Mariscal de Campo von Blomberg (quien viajaría al acto de coronación del Rey), podrían usar el saludo nazi en actos protocolares semejantes. Ribbentrop fue condenado a repetir ese gesto todo el tiempo. (p. 70)

Al poco tiempo, la representación alemana en Londres fue invitada a otro acto en presencia del Rey. Acorde con las instrucciones impartidas por Hitler, Ribbentrop fue el único que realizó el saludo nazi, pero, en esta ocasión con humildad, limitándose a doblar el brazo. Ese momento fue especialmente esperado por todos los presentes, quienes mostraron gran expectativa por ver repetir aquella escena. No obstante, esta segunda oportunidad fue algo decepcionante para los presentes, así como para la prensa.(p. 71)
En su obra "Ribbentrop", el historiador Michael Bloch describe así lo sucedido en esa ocasión:


"El 4 de Febrero (1937), dos días después de su regreso a Londres, una ceremonia tuvo lugar en el Palacio de Buckingham en la cual los Jefes de las Misiones Extranjeras, acompañados de sus Oficiales, presentaban sus credenciales al nuevo soberano, el Rey Jorge VI.


Ribbentrop estaba irritado al descubrir que, como cuestión de precedencia, él había sido ubicado entre los Embajadores de la Unión Soviética y la República Española. Su turno llegó. Se suscitó el usual intercambio de generalidades (banalidades). El dijo al Rey que "el Führer, desde principios de su carrera política, había perseguido su objetivo de un entendimiento Germano-Británico", a lo cual el Rey contestó que él también consideraba ese entendimiento como algo que sería deseable.


Ribbentrop continuó hablando acerca de los proyectos habitacionales para los trabajadores en la Alemania Nazi.


La entrevista había terminado y el Rey se estaba volviendo hacia Woermann para dirigirle la palabra, cuando de repente Ribbentrop estiró su mano en lo que pareció ser un saludo Nazi, terminando con su mano apenas a dos pulgadas de la nariz real. El Cónsul Putlitz recordaba que el Rey "quedó tan asustado (sorprendido) que temí que él perdería su equilibrio. Sin embargo, él reasumió su control rápidamente y continuó comportándose como si nada hubiera ocurrido" Después, el Marshal de los Cuerpos Diplomáticos comentó secamente a uno de los asistentes de Ribbentrop que sería muy de agradecer si el Embajador avisara con anticipación cuando deseaba repetir este comportamiento en el futuro.


Ribbentrop dijo a por lo menos dos personas (Fritz Hesse y la Duquesa de Burnswick) que él no había querido hacer un saludo al estilo de Hitler: que él simplemente se había tropezado cuando comenzaba a retroceder (caminando hacia atrás de la presencia real) y que estiró su brazo para equilibrarse. Si eso fuera cierto, él ciertamente hizo lo posible para convertir en una virtud lo que había ocurrido. Solamente cinco días después, el 9 de Febrero, mientras asistía a una recepción en el Palacio Saint James, él ejecutó inequívocamente (claramente) el saludo Nazi al Monarca, esta vez el más informal con la palma de la mano levantada junto al pecho en vez de la versión con el brazo completamente estirado.



El primer incidente había causado poca atención, pero el segundo causó una sensación pública. Una caricatura de Low en el "Evening Standard" mostraba a un Maestro de escuela gesticulando en alemán "Sí, Ribbentrop, Usted puede retirarse". Henry Wickham Steed, el distinguido comentarista internacional y antiguo editor de "The Times", pronunció un discurso en Oxford, ampliamente difundido, describiendo el saludo como "un insulto al Rey". Tal fue el escándalo causado que Ribbentrop se apresuró a enviar un despacho a Berlín, en el cual él no solamente justificaba su conducta sino que recomendaba que en el futuro debería de convertirse un procedimiento regular para todos los diplomáticos alemanes al presentarse a un Jefe de Estado"


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Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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