Singularidad del Holocausto.

El genocidio nazi contra los judíos

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maxtor
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Singularidad del Holocausto.

Mensajepor maxtor » Lun Ago 03, 2015 3:33 pm

¡ Saludos a todos !

He terminado la lectura del libro "La semilla de la barbarie" de Don Enrique Moradiellos, y la verdad es que me ha gustado bastante, es un libro que recoge buena parte del estado histórico y de los diversos estudios
que se han hecho sobre el Holocausto y la verdad es que en castellano no hay mucho publicado. El capítulo primero versa sobre "Significado y singularidad del genocidio de los judíos", y aborda la singularidad histórica del genocidio judío.

El asesinato masivo de la población judía europea practicado por la dictadura nacionalsocialista alemana entre 1939 y 1945 fue un programa de genocidio de alcance continental planificado y ejecutado en la medida de las posibilidades y capacidades cambiantes de la dictadura nazi, sigue siendo hoy en día fuente de debates históricos, especialmente en cuánto al motivo y explicación de cómo dicho espanto pudo ocurrir en el centro de la civilización europea, en un país culto, industrializado, y moderno como Alemania, como señala Steven T. Katz fue un “crimen de dimensiones monumentales, un acto de inaudita crueldad que implicó millones de actos de crueldad”. (S. Katz, “The Holocaust in Historical Context. I. The Holocaust and Mass Death before the Modern Age”, Oxford University Press, 1994, p. 31).

Las investigaciones históricas basadas en fuentes documentales y de archivo, han determinado que el umbral de víctimas superó con creces los 5.000.000 millones de personas asesinadas, aunque determinar una cifra cuasi-exacta es imposible de perfilar debido sobre todo al secretismo nazi, a la destrucción de pruebas documentales motivadas tanto por la propia guerra como por el posterior afán de ocultamiento de sus responsables. Esa cifra de cinco millones de personas es un rango mínimo y fue establecida por Raul Hilberg, pionero de las primeras investigaciones fidedignas con su monumental obra “La destrucción de los judíos europeos” publicada originalmente en los EEUU en 1962. Otros historiadores, anteriores o posteriores a Hilberg incluso situaron las víctimas por encima de los seis millones de personas como Leon Poliakov o Lucy Davidowicz en su aclamado libro “La guerra contra los judíos” y publicado en 1975.

Esta cifra enorme de entre cinco y seis millones de muertos y asesinados no se refiere a soldados o civiles afectados por un conflicto bélico, como si hubieran sido víctimas voluntarias o involuntarias de unas operaciones militares, fueron básicamente seres humanos completamente indefensos, desarmados, vulnerables: hombres, mujeres, niños y ancianos de todas las edades, condición social, no combatientes ni beligerantes que resultaron marcados intencionalmente como sujetos a exterminar por la política oficial genocida a cargo de un Estado racista y totalitario. Ahí reside la singularidad y novedad histórica del Holocausto en el contexto de otras matanzas, megamasacres o genocidios anteriores y posteriores al mismo.
“Es esta erradicación física completa, intencionada y sin tregua de cada hombre, mujer y niño judío lo que define la naturaleza particular y singular del evento que llamamos Holocausto. Es este imperativo ideológicamente motivado e ilimitado de que todos los judíos debían ser asesinados lo que distingue a la Soah de anteriores y posteriores actos colectivos de violencia, etnocidio y masacres masivas, cualquiera que fuera su inhumanidad. (…) El Holocausto es fenomenológicamente único en virtud del hecho de que nunca antes un Estado se había fijado, como objetivo de principio y como política de hecho, la tarea de aniquilar físicamente a cada uno de los hombres, mujeres y niños pertenecientes a un pueblo específico”. (S.T. Katz, ibid pp. 10 y 28).

El término Holocausto no fue bien aceptado al principio por todo el mundo cuando su fenómeno empezó a ser estudiado con más profundidad tras acabar la guerra, ya que tiene connotaciones religiosas fatalistas asociadas a la metáfora de considerar a la población judía como una especie de víctima propiciatoria inmolada en un altar pagano, no obstante, el vocablo logró imponerse en la literatura especializada, por otro lado, el término hebreo Soah que prescinde de connotaciones religiosas subraya la condición de evento humano realizado por sujetos que actuaron como actores conscientes de una terrible masacre contra sus semejantes (Yves Ternon, “El Estado criminal. Los genocidios en el s. XX”, Barcelona, Península 1995, pp. 133-134”. Según la enciclopedia editada por Louis Weber (Crónica del Holocausto, Madrid, LIBSA, 2002, p. 3), el término Soah fue utilizado por primera vez en un folleto publicado en Jerusalén en 1940 por el Comité Unido de Ayuda a los Judíos en Polonia.

El asesinato de millones de seres humanos que hoy llamamos con acuerdo general como Holocausto no fue el resultado de un arrebato pasional esporádico o incontrolado, fruto de la brutalidad y desorganización inherentes a toda guerra, no fue una mera masacre brutal de enemigos vencidos tras el combate ni una simple atrocidad contra civiles inocentes. Fue un verdadero programa de genocidio, con una clara base ideológica, deliberadamente planificado y eficazmente ejecutado con todos los recursos y maquinaria de un Estado moderno y una sociedad industrial avanzada y civilizada. De hecho, el concepto de genocidio requiere la previa existencia de un Estado o institución política más o menos organizada que planifique y ejecute la acción, así como la existencia de un imperativo intencional, una voluntad genocida que esté presentes en las elites directivas del Estado correspondiente. Como dice Yves Ternon, el autor de un genocidio no mata a ciegas, tiene una clara intención de eliminación y exterminio sobre unas víctimas determinadas previamente seleccionadas, marcadas y localizadas.

Desde luego, el Tercer Reich fue también responsable de la muerte por explotación, maltrato, inanición o simple eliminación en campos de concentración y exterminio de millones de otros seres humanos que cayeron en su poder; prisioneros de guerra soviéticos (entre 3 y 4 millones, el 60 % de los capturados), Testigos de Jehová (unos 5000 de los más de 10.000 en cautividad), homosexuales (entre 5000 y 15.000), minusválidos y enfermos mentales (entre 80.000 y 100.000), poblaciones civiles de países ocupados (entre 1939 y 1941 mataron a unos 120.000 polacos; entre 1941 y 1944 causaron la muerte de unos 12 millones de soviéticos) (Joanna Bourke, “La Segunda Guerra Mundial. Una historia de las víctimas”. Barcelona, Paidós, 2002, pp. 33 y 110 – 111”. Pero aún en el umbral y sin nunca dejar atrás a todas las víctimas, el Holocausto descolla como la cumbre singular de aquella devastación humana que significó la Segunda Guerra Mundial, porque sólo los judíos fueron elegidos como objetivos de destrucción total, completa y sin paliativos (suerte compartida parcialmente también por los gitanos, que soportaron entre un cuarto y medio millón de víctimas mortales en campos nazis). (Gabrielle Tyrnauer, “Mastering the Past: Germans and Gypsies”).

Esa “singularidad” del asesinato del pueblo judío se fundamenta por tres razones básicas y concurrentes; en primer lugar, por la definición de judío como miembro de una raza inferior degenerada, infecciosa y sub-humana (Untermenschen). Una raza que debía ser exterminada rápida y totalmente para evitar la contaminación racial, dicho concepto viene predicado por Hitler desde sus primeros escritos políticos y se convirtió en dogma oficial del régimen nazi desde su llegada al poder en 1933, dicha obsesión patológica no le abandonó incluso ya iniciado el genocidio, así en febrero de 1942, en declaraciones a su colaborador Himmler, en tertulia de sobremesa celebrada el 22 de febrero de 1942 (“Las conversaciones privadas de Hitler” de Hugh Trevor – Roper, Barcelona, Crítica, 2004, p. 261) dijo: “El descubrimiento del virus judíos es una de las grandes revoluciones que se han realizado en el mundo. La lucha que sostenemos es de la misma naturaleza que la que sostuvieron, el siglo pasado, Pasteur y Koch. ¡ Cuántas enfermedades encuentran su origen en el virus judíos! (…) Sólo recuperaremos la salud eliminando al judío”.

La segunda razón que fundamenta la excepcionalidad del Holocausto reside en el simple pero claro hecho de que su planificación y ejecución tuviera lugar en el seno de Alemania, no fue en el seno de una sociedad primitiva o atrasada, todavía rehén de sus instintos primarios o mágicos, sino que surgió en uno de los países más avanzados del mundo contemporáneo. Tampoco era un país o imperio en vía de desintegración y desangrado por la guerra como el Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, donde la política nacioalista del movimiento de los “Jóvenes Turcos” dio también como resultado un genocidio brutal de los armenios. Aunque la Alemania de Weimar pasó por muchos problemas, no se puede comparar la Alemania del Tercer Reich con el proceso de disolución del Imperio Otomano, Alemania era una nación asentada en sus tradiciones intelectuales, con una gran capacidad industrial y tecnológica, y todavían hacen más incomprensible la misma existencia de un genocidio contra la población judía alemana y europea.

La incredulidad de los judíos ante los hechos que se le venían encima estuvo reforzada por la propia característica del Holocausto en cuanto a su origen de partida: sus raíces en Alemania. Hecho que puede explicar la notoria pasividad de las poblaciones judías, tanto en Alemania como fuera, ya que hubo un patrón de conducta común en muchas comunidades judías en cuanto a su pasividad o falta de resistencia.

El tercer motivo de la singularidad del Holocausto radicó en su organización burocrática moderna, racional, metódica y eficaz, todo el poder del Estado alemán fue puesto al servicio de un programa de exterminio de extraordinaria complejidad; no en vano, incluso con las condiciones bélicas que exigían grandes esfuerzos al Estado alemán, se creó un censo especial en Alemania y en toda Europa ocupada por el nazismo; se arbitró un lenguaje camuflado para ocultar la realidad a las desorientadas víctimas y al público exterior; se organizaron brigadas móviles de asesinos especializados y dirigidas desde un centro operativo; guetos, campos de concentración, y por último la construcción de seis campos de exterminio con sus correspondientes hornos crematorios. Lógicamente hubo que formar una burocracia que controlara toda la operación: diplomáticos y administrativos para el censo; ingenieros, químicos, antropólogos y médicos que llevaron a cabo experimentos humanos; militares y policías para controlar los campos; economistas, técnicos y operarios de ferrocarriles…. Como ha señalado Raul Hilberg, la destrucción de los judíos europeos exigió una administración y un proceso burocrático de enorme amplitud y complejidad, que requirió la complicidad abierta y decidida de casi todas las ramas del aparato estatal alemán y de los Estados satélitoes del Tercer Reich.

Al final, los campos de exterminio simbolizan la cumbre de la deriva ideológica tecnológica nazi y burocrática porque relevan que para los nazis el asesinato masivo de los judíos era un fín en sí mismo y no el subproducto derivado de una situación bélica y anormal. En palabras de Michael Marrus, los campos simbolizan la “deshumanización sistemática de las víctimas, el asesinato en masa según un proceso de línea de fábrica y la organización burocrática a escala continental que condujo a la muerte a gentes recogidas por todas las esquinas de Europa” (M. Marrus, “The Holocaust in History”, p. 23).

En definitiva, nunca con anterioridad un pueblo, un colectivo humano, había sido atacado de tal modo por parte de un Estado y con ese despliegue de medios administrativos, industriales y científicos dentro de un programa específicamente designado para garantizar su inmediata y total destrucción biológica. Y según palabras de S. Friendländer, la Soah es “el parámetro último del mal”.

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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor Eckart » Lun Ago 03, 2015 7:57 pm

Muy buena aportación, maxtor. El debate sobre la singularidad del Holocausto ha generado y sigue generando mucha literatura desde diferentes puntos de vista y en la que se entrelazan diferentes puntos de vista: filosófico, teológico, histórico, psicológico... Un mundo muy complejo.

Un saludo.
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maxtor
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor maxtor » Lun Ago 03, 2015 9:07 pm

Eckart escribió:
Muy buena aportación, maxtor. El debate sobre la singularidad del Holocausto ha generado y sigue generando mucha literatura desde diferentes puntos de vista y en la que se entrelazan diferentes puntos de vista: filosófico, teológico, histórico, psicológico... Un mundo muy complejo.

Un saludo.


Saludos cordiales Eckart.

Es bien cierto, hay un amplio debate histórico, o por lo menos hubo un gran debate hace años y parece que actualmente está ganando la batalla intelectual la tesis estructuralista. El capítulo referido anteriormente del libro de Enrique Moradiellos continúa hablando precisamente sobre dicho debate y analiza cada versión y aporta bibliografía sobre cada escuela interpretativa sobre la génesis del Holocausto.

La historiografía sobre el Holocausto ha sido considerable y ha sido capaz de establecer muchas verdades indubitables sobre el fenómeno, pero como todo estudio humano caben interpretaciones y también se ha encontrado con numerosos problemas de identificación clara, unas veces porque la documentación probatoria incriminatoria fue destruida (por los propios nazis o por la propia guerra), en otros casos los archivos estuvieron sin acceso a los investigadores (como en el caso de los países del Este de Europa). El lenguaje críptico usado por los jerarcas nazis para camuflar sus intenciones se presta también a confusión o permite interpretaciones sobre su significado en cada momento y etapa.

Quizá una de las mayores controversias historiográficas al respecto radica en la simple pregunta sobre el origen de dicho plan genocida y su impulsor principal: ¿Tuvo Hitler y el movimiento nacionalsocialista el propósito de exterminar a los judíos desde el principio de su andadura o dicho proyecto surgió con el paso del tiempo y con ocasión de la guerra mundial?. ¿Fue el genocidio el resultado de una orden directa y expresa del Führer o fue la derivación de impulsos autónomos genocidas de cargos subordinados y con notable autonomía de actuación en el seno del régimen?. El debate histórico ha generado una fractura considerable y que ha opuesto a dos genéricas escuelas interpretativas: la escuela intencionalista y la escuela estructuralista o funcionalista.

Los historiadores intencionalistas ven claramente el exterminio judío como la culminación de un plan genocida antisemita abrigado por Hitler desde los inicios de su carrera política y ejecutado gradualmente una vez tomado el poder por los nazis y según las oportunidades creadas por la evolución de la situación interna e internacional. Hitler era la fuerza motriz de dicho fenómeno de intención asesina primaria y su materialización quedó sometida a variaciones y condiciones coyunturales generadas entre su acceso al poder y su derrota final en 1945. La falta de una orden escrita y firmada por Hitler no puede eliminar la suprema responsabilidad del dictador, así la orden, escrita u oral queda probada circunstancialmente por las referencias al “deseo del Führer” o a la “orden del Führer” que aparece en muchos documentos relativos a la aplicación del plan de exterminio entre 1941 y 1945. Dicha escuela considera que el camino a Auschwitz siguió un sendero recto, entre otros autores de renombre, son exponentes de la tesis intencionalista Lucy Dawidowicz, Eberhard Jäckel, Gerar Fleming, Saul Friedländer o Daniel J. Goldhagen. De Fleming es la metáfora sobre “el sendero recto hacia Auschwitz” (Hitler annd the Final Solution).


Para S. Friedländer el papel de Hitler es vital para el desencadenamiento que lleva del antisemitismo creciente pero no estructurado de la Alemania de postguerra a las persecuciones sistemáticas de los años treinta y luego a la solución final. La progresión “normal” de dicho antisemitismo podría haber generado en segregación social y explosiones esporádicas de odio hacia los judíos, como había ocurrido en otras épocas y no sólo en Alemania sin en otros países. Para que hubiera expulsión total y luego asesinato colectivo era necesario un catalizador como Hitler que hiciese del antisemitismo su fundamento ideológico básico, de su concepción del mundo y de su acción política en el sentido más amplio del término.

La escuela estructural sostiene la tesis de que no hubo una vinculación directa y unívoca entre el programa antisemita del nazismo y de Hitler desde sus inicios y la ejecución del genocidio judío durante la guerra mundial. En palabras de Karl A. Schleunes, el camino a Auschwitz fue zigzagueante y no una vía recta y clara. (Karl A. Schleunes, “The Twisted Road to Auschwitz: Nazi Policy Howard the Jews, 1933-1939, Urbana, University of Illinois Press, 1970).


Para dicha escuela la oportunidad de cometer el genocidio de la población judía surgió gradualmente tras haber eliminado otras opciones menos radicales (la expulsión, la emigración o el realojamiento en zonas alejadas…. Aunque muchas de esas opciones tácitamente eran asesinas) y estuvo condicionada por el estallido de la guerra y la frustrada suerte de las armas nazis. No consideran a Hitler tan determinante en el proceso asesino sino que hubo una suerte de radicalización acumulativa en la dinámica antisemita que permitió a los mandos subalternos empezar las operaciones genocidas de moto autónomo y quizá descoordinado en un principio. Entre los historiadores afectos a esta escuela cabe citar a Hans Mommsen, Martin Broszat, Christopher Browning y Arno J. Mayer.

Para Mayer, pocos historiadores todavía mantienen que Hitler tenía un plan maestro y una intención preconcebida para exterminar a los judíos desde el principio del movimiento nazi, según Mayer señala que hay un amplio consenso historiográfico que sostiene que el paso último desde la emigración, expulsión, reclusión en guetos, realojamiento y matanza esporádica hacia el sistemático asesinato de masas no tuvo lugar antes de algún momento después de la invasión de la URSS en junio de 2941. La catástrofe judía fue menos una cuestión de continuidad ideológica predeterminada que una cuestión de erupción ideológicamente condicionada dentro de una no menor coyuntura ideológicamente condicionada de violencia general acumulativa y furia vengativa. (A. J. Mayer, “Why did the Heavens not Darken?”, pp. 457 y 459).

Es cierto que hay amplio consenso historiográfico al respecto, aunque no es tan cierto que dicho consenso haya supuesto arrinconar las tesis intencionalistas en beneficio de las funcionalistas, la cuestión es más compleja y matizable. Porque en realidad, la mayoría de los investigadores siguen manteniendo que el imperativo ideológico del racismo antisemita (la defensa frente a la “amenaza judía” en sentido biológico) creó el contexto y el orden del día para la Solución Final, aunque no determinara cuándo, dónde y cómo habría de ejecutarse. Ese antisemitismo racial eliminacionista constituyó así la fuerza motriz detrás de la progresiva radicalización de las políticas nazis hacia los judíos entre 1933 y 1945. En otras palabras; es muy plausible que la oportunidad sólo se hubiera presentado por primera vez en el verano de 1941, cuando el Tercer Reich emprendió la invasión de la URSS con la esperanza de una victoria rápida y total que no se produjo; pero la motivación genocida estaba ahí mucho antes y en su plenitud.

Quizá una de las síntesis más certeras entre ambas escuelas haya sido la expuesta por Philippe Burrin en su trabajo sobre la génesis sobre el Holocausto. Dicho autor señala que la clara polaridad entre las dos básicas interpretaciones; exterminio por intención, de otro, radicalización a tenor de las circunstancias, hace viable una tercera interpretación que combine las dos aproximaciones. Al igual que los intencionalistas Burrin cree que Hitler abrigó la intención de exterminar a los judíos; esa intención, sin embargo, no era absoluta sino condicionada; se pondría en práctica sólo en el caso de una situación bien definida como, por ejemplo, el fracaso de sus planes de conquista. Al igual que los estructuralistas sostuvo que una combinación de circunstancias fue esencial para el cumplimiento de esa intención, para su traslado a la práctica; y aquí la percepción del fracaso de la campaña rusa y sus consecuencias estratégicas juraron un papel decisivo. (P. Burrin, “Hitler and the Jews. The Genesis of the Holocaust”, Londres, Edward Arnold, 1944, pp. 23 – 24).


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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor maxtor » Mar Ago 04, 2015 12:51 am

Saludos cordiales.

El análisis histórico del debate sobre la Solución Final del referido del libro de E. Moradiellos finaliza en su capítulo primero e introductorio con una referencia a los mal llamados revisionistas, que de vez en cuando surgen a la palestra haciendo referencia a negar en unos casos el Holocausto directamente o en otros casos a minusvalorar tanto sus cifras de fallecidos como su crueldad, con argumentos como imposibilidad técnica de las cámaras de gas, crematorios, etc.

Es preciso señalar que el anterior debate entre “intencionalistas” y “estructuralistas” en ningún modo niegan el carácter inmoral y deleznable del genocidio nazi, es simplemente un ejemplo de las dificultades que la investigación histórica se encuentra para analizar e interpretar un episodio como la Soah. Hoy en día, sí que existe un consenso prácticamente unánime entre los historiadores profesionales que utilizan un método analítico y científico en cuanto a considerar el Holocausto una verdad histórica indubitada.

La mal llamada escuela “revisionista” es un conjunto variado de autores derechistas, racistas y filonazis que vienen negando la realidad del genocidio de los judíos a manos del Tercer Reich con las excusas y pretextos más peregrinos e interesados: la ausencia de una orden escrita y firmada por Hitler para comenzar la operación; los eufenismos administrativos utilizados para camuflar el genocidio en textos oficiales escritos; la imposibilidad de funcionamiento de las cámaras de gas durante gran parte del tiempo supuestamente operativo; la sobreestimación de la población judía antes del inicio de la persecución y al final de la misma, etc.

Dicho negacionismo revisionista ha recorrido un largo trayecto, por lo que de sus pretensiones de respetabilidad académica, desde el trabajo pionero del historiador francés Paul Rassinier en 1950 (La mentira de Ulises) hasta la obra del historiador británico David Irving en 1977 (La guerra de Hitler), pasando por la publicística generada por el denominado Institute for Historical Review (Instituto para la Revisión Histórica) establecido en California desde finales de los años setenta bajo el patrocinio de William David McCalden con el apoyo de Robert Faurisson.

Como ha escrito el historiador Pierre Vidal – Naquet no se puede refutar un sistema cerrado, una mentira total que no pertenece al orden de lo refutable, ya que en él la conclusión es anterior a las pruebas. El mal llamado revisionismo no es en realidad una escuela histórica sino que se trata de una operación político – ideológica negacionista que trata, sencillamente, de “sustituir la insoportable verdad por una mentira tranquilizadora” (P. Vidal – Naquet, “Los asesinos de la memoria”, p. 37 y 111).

Creo que son esclarecedoras las palabras de Richard J. Evans en 1989: “La razón por la que los historiadores profesionales no se toman en serio a los autores que niegan la realidad del genocidio nazi de cerca de seis millones de judíos no reside en el hecho de que tales autores sean unos radicales derechistas. Antes al contrario, reside en el hecho de que ignoran tal masa aplastante de pruebas contrarias a sus tesis que no puede aceptarse que disfruten de la habilidad para formular un juicio razonado sobre el pasado. Dicho de otro modo, sus motivaciones políticas radical – derechistas actúan como elementos bloqueadores de las evidencias, la verdad y la racionalidad. Si aplicamos los criterios convencionales exigidos por la evaluación crítica a la documentación disponible, la existencia del Holocausto se revela de una entidad incuestionable”. (Richard J. Evans, “In Hitler´s Shadow. West German Historians and the Attempt to Escape from the Nazi Past”, Londres, I.B. Tauris, 1989, p. 83, y del mismo autor, “Telling lies about Hitler. The Holocaust, History and the David Irving Trial”, Londres, Verso, 2002).


El cúmulo de evidencias históricas materiales legado por el Holocausto es ingente y abrumador: documentos oficiales internos Nazis; prensa alemana de la época; testimonios de víctimas, verdugos y espectadores; restos de los campos de concentración y exterminio; fotografías públicas y privadas, destinadas al uso general o al particular… En definitiva, la existencia y singularidad histórica del genocidio judío perpetrado por el Tercer Reich alemán no admite duda razonable alguna en términos de conocimiento humano e historiográfico. Y ello a pesar de las ocasionales sombras, vacíos y lagunas informativas asociadas a aspectos parciales del proceso genocida global, en gran medida derivadas de las destrucciones documentales ocasionadas por la guerra o de forma intencional por los verdugos para eludir su responsabilidad.

El testigo y víctima judío alemán e historiador Simon Dubnow, autor de la monumental Historia Mundial del Pueblo Judío, 1789 – 1914, fue cobardemente asesinado el 8 de diciembre de 1941, cuando contaba con 81 años de edad, durante la aniquilación del gueto de Vilna en Lituania. Antes de morir tuvo el ánimo suficiente para dictar sus últimas palabras a los posibles supervivientes: “¡ Escribid y recordar!”…

Así nos lo ha recordado también el gran historiador francés François Furet, antes de morir, en sus palabras escritas a su colega Ernst Nolte, en una carta fechada en París el 30 de septiembre de 1996, y reproducida en el libro de Furet y Nolte, “Fascismo y comunismo”, eran palabras cargando contra cualquier intento de reducir el significado del Holocausto, ya sea por negación simple de su realidad o por relativizar su crueldad al compararlo con otros fenómenos análogos recientes o posteriores:

“De ahí llego al exterminio de los judíos, que constituye el punto culminante de los crímenes cometidos en el s. XX en nombre de una ideología política. No excusa ninguno de los otros: ni la matanza de kulaks (en Rusia) a comienzos de la década de 1930, ni el asesinato masivo de las elites polacas en Katyn y otros lugares en 1940, ni, aún más cercanos a nosotros, los horrores del “Gran Salto hacia delante” en China o el genocidio camboyano. Pero lo que distingue el Holocausto judío entre otras figuras políticas del Mal proviene quizás de dos razones. La primera consiste en que el punto de mira de la empresa de exterminio de los judíos estuvo puesto en hombres, mujeres y niños por el mero hecho de que nacieron tales, con independencia de toda consideración inteligible surgida de las luchas por el poder. El terror antisemita perdió toda relación con la esfera política donde se gestó. La segunda serie de razones atañe al carácter del pueblo judío en la historia de la humanidad y muy especialmente de Europa. El pueblo de la Biblia es inseparable tanto de la Antigüedad clásica como del Cristianismo. Sobrevive como testigo perseguido de otra promesa en la Edad Media cristiana. Asume un papel desproporcionado al número de sus miembros en la aparición de las naciones y el advenimiento de la democracia. Al martirizarlo y tratar de destruirlo, los nazis matan la civilización de Europa; por culpa de sus armas de uno de los pueblos más civilizados de Europa, nosotros – quiero decir los europeos, y no sólo los alemanes – no nos hemos desprendido de esta desgracia, que va a sobrevivirnos”.

Saludos desde Benidorm.
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor maxtor » Vie Sep 16, 2016 12:28 pm

Saludos cordiales.

A modo de complemento a los anteriores post, me gustaría añadir algunos comentarios más basados en el libro de Richard J. Evans, "El Tercer Reich. En la historia y la Memoria", que aborda en su capítulo 23 la excepcionalidad del la Solución Final.

Cuando estudias o lees sobre el Holocausto no faltan comentaristas que refieren al mismo como algo sin precedentes ni parangón en la historia, tan horroroso fue semejante crimen, que no faltan historiadores que hayan juzgado ilegítimo compararlo con nada, aunque situarlo de forma categórica en un hecho “único” en la historia supone situarlo casi en el ámbito de la teología, y lo cierto es que el estudio histórico debe abordarse del mismo modo que otros fenómenos de gran envergadura y es inevitable establecer comparativas básicas.

Un punto de partida evidente a la hora de contrastar es el que ofrece la invasión de Polonia en septiembre de 1939. Los invasores comenzaron enseguida a reprimir de manera sistemática la lengua y la cultura polaca, cerraron bibliotecas e instituciones culturales polacas, y destruyeron sus monumentos. Medio millón de polacos sufrió arresto y confinamiento en campos de trabajos forzados y prisiones, en la que muchos de ellos fueron maltratados y asesinados. Fusilaron a unos veinte mil oficiales y presuntos nacionalistas polacos, se detuvo también a un millón y medio de componentes de la flor y nata cultura e intelectual de Polonia para sacarlos del país en 1940 en camiones de ganado sin calefacción. Una tercera parte de ellos no sobrevivió al viaje. Esta tragedia humana fue consecuencia no de la invasión alemana de Polonia occidental y central, sino de la conquista soviética de las provincias orientales. El paralelismo que guarda esta actitud con la de la Alemania nazi es evidente, pero hubo diferencias sustanciales: la URSS tuvo intención de emprender en Polonia una revolución social semejante a la que habían llevado ya a cabo en Rusia Lenin y Stalin, a los polacos no los atacaron por motivos de raza, sino de clase a través de un programa paralelo al del “terror rojo” llevado a término en la propia Rusia en 1918, a raíz de la Revolución bolchevique.

Pese a toda la violencia infringida a los desdichados que sufrían deportación, el trato que recibieron no constituía un intento de eliminar a pueblos enteros. Se ha mantenido que en cierta ocasión sí se acometió por Stalin un programa genocida contra los ucranianos con el Holodomor. Hay pruebas sólidas de que, si bien las cosechas de principios de 1930 no fueron particularmente malas, y de hecho habrían podido alimentar a la población en condiciones normales, las autoridades soviéticas requisaron ciertas cantidades de grano a los granjeros, se negaron a proporcionar sustento a los famélicos, prohibieron a las gentes que abandonasen las regiones afectadas y hasta deportaron a algunas a áreas en las que no había alimento alguno.

La hambruna no fue accidental, y estuvo provocada por el hombre. ¿Constituyó un genocidio?, aunque el 80 % aproximado de las víctimas fueron ucranianos, la hambruna debe entenderse – en opinión de Richard Evans – no en el contexto del racismo ruso, sino en el del programa estalinista de industrialización forzada, que lo llevó a tomar alimentos de las regiones rurales para suministrar a las ciudades fabriles y a reorganizar de manera obligatoria la agricultura en granjas colectivas a fin de centralizar la producción, alcanzar economías de escala, y también, facilitar la labor de recolección y la confiscación de alimentos. La hambruna había logrado, en esencia, su objetivo principal al quebrantar la voluntad de los campesinos independientes. Llegado 1936 se había colectivizado más del 90 % de las casas rurales de labor: un cuarto de millón de granjas comunales había sido a sustituir a los 25 millones de granjas particulares de menor tamaño. Con ellas se garantizaba el abastecimiento alimentario a las ciudades industriales, a las que se trasladaron al menos 25 millones de personas entre 1926 y 1939. A fin de cuentas, pues, el hambre, que sin lugar a dudas había sido provocado de forma deliberada, no tuvo por víctimas a los ucranianos por serlo ni trató de matarlos a todos sin excepción.

Lo que movió los asesinatos masivos de los nazis fue desde el principio una ideología racista que definió sus objetivos por razones étnicas. Entre los objetivos marcados figuraban no solo los judíos, sino también los eslavos. En las regiones occidentales de Polonia, ocupadas desde septiembre de 1939 por Alemania, los criterios raciales cumplieron una función decisivas a la hora de determinar la actuación de los nazis. Se llegó a deportar a más de un millón de trabajadores forzosos de Polonia a Alemania, aunque por razones meramente económicas y no políticas. Semejantes transferencias demográficas solo pueden entenderse por entero, en el contexto de los ambiciosos planes que había trazado el régimen nazi para la reorganización étnica de la Europa Oriental.

A la Polonia ocupada por Alemania se trasladó medio millón de germanos étnicos de Polonia oriental, Rumanía, la URSS y otras partes del Este europeo para ocupar el espacio que había dejado a la fuerza un número similar de granjeros polacos. Este proceso llevaba en marcha varios meses cuando la SS y sus expertos en planificación comenzaron a desarrollar el llamado Plan General para el Este en 1940. En su forma defnitiva, dicho proyecto preveía la muerte por hambre y por enfermedades de hasta el 85 % de la población de Polonia, el 64 % de la de Ucrania y el 75 % de la de Bielorrusia. En pocos años morirían entre 30 y 45 millones de eslavos de estas áreas y de Rusia conforme al plan. El área en la que vivían sería repoblada por millones de granjeros alemanes. De haberse llevado, este plan se habría convertido en el mayor genocidio de la historia. De hecho arrancó con la muerte de 1.3 millones de prisioneros de guerra del Ejército Rojo, la mayoría mediante el recurso de dejarlos morir de hambre, junto con millones de paisanos soviéticos, como en Leningrado.

El Plan General del Este pretendía en gran medida evitar la suerte que hubo de correr Alemania en la PGM cuando el bloqueo de los Aliados y la incapacidad de su agricultura les costaron unos 600.000 alemanes muertos por hambre o por enfermedades asociadas. De hecho, existió una estrecha conexión entre este proyecto global destinado a crear un área germana de dominación y colonización en la Europa Oriental y el llamado Plan del Hambre, de carácter más concreto, que se debatió en mayo de 1941, ya que habrían de morir millones de personas de los territorios ocupados del Este si se quería tener bien alimentados a los soldados germanos de los campos de batalla y a la población civil de Alemania.

El exterminio de los judíos europeos por parte del régimen nazi tiene, pues que entenderse en ese concepto más amplio de reagrupación racial y genocidio. Al mismo tiempo, sin embargo, sería un error reducirlo a una faceta más de este largo proceso. Los judíos de Polonia y de la Europa Oriental en general eran pobres en su inmensa mayoría, sin apenas activos, y vivían sobre todo en las ciudades. Las ventajas económicas que brindaban al Reich su detención, su reclusión en guetos y por último su muerte eran escasas. Las justificaciones que se daban para su asesinato en masa, como el abastecimiento alimentario o los intereses económicos del Reich, no reflejaban a la postre la verdadera razón de las matanzas.

La propaganda y la ideología nazi consideraban y representaban a los judíos de forma distinta a los eslavos o conjunto de los eslavos. Polacos, checos, rusos, etc, eran infra hombres, y como tales se representaban como gentes primitivas, atrasadas, pasivas y estúpidas que no suponían ningún riesgo para Alemania, recordemos el desprecio y la subestimación que tenían los nazis respecto al ejército soviético, siempre que los eslavos no estuvieran dirigidos por judíos inteligentes y despiadados no eran vistos como una amenaza. En sí mismos los eslavos eran prescindibles, pero no ponían en peligro la existencia misma de Alemania ni de la raza germana. Ni siquiera en la fase última de la guerra, cuando la propaganda nacionalsocialista se concentró en atizar entre los alemanes de a pie al miedo a la amenaza bolchevique dejó de presentar al comunismo y el estalinismo como herramientas de una conspiración judía internacional. A la postre los eslavos fueron un obstáculo regional para la extensión del Imperio germano en Europa y, los judíos, un peligro de alcance mundial para la existencia misma de los alemanes.

Los expertos en propaganda nazi bebían de la experiencia de la PGM, de su interpretación paranoica de la derrota de Alemania con el mito de la “puñalada por la espalda”, según la cual los judíos de la Alemania de 1918 habían explotado la insatisfacción popular respecto de las penosas condiciones en que hubo de vivir la nación para fomentar en ella una revolución socialista y derrotar desde dentro a unas fuerzas armadas invictas hasta entonces. Aun así, entre enero de 1933 y septiembre de 1939, los alemanes se vieron bombardeados de manera constante con propaganda antisemita procedente de todos los órganos de los medios controlados por los nazis, se pretendía con ello preparara a Alemania para un nuevo conflicto europeo reduciendo y eliminando en la medida de lo posible, desde dentro, la supuesta amenaza que presentaban los judíos.

Para los nazis, el exterminio de los judíos tuvo una importancia fundamental: se hallaba ligado de manera estrecha a lo objetivos bélicos sin confines del Tercer Reich. Hitler creía que si no mediaba la destrucción universal de aquel “enemigo mundial”, los judíos, sería imposible que Alemania se hiciera con la supremacía de Europa, y a la larga, del mundo. Una parte sustancial del carácter único del genocidio nazi de los judíos procedía del hecho de que Alemania había sido una potencia mundial floreciente antes de la primera guerra mundial, y de la crisis que habían sufrido su sistema político, su sociedad, su economía y su cultura de resultas de la derrota de 1918. Tan profunda y generalizada había sido dicha situación, que muchos alemanes creían que el único modo de superarla y de que Alemania volviera a ocupar un lugar prominente en el mundo había de ser apocalíptico. Una crisis tremenda debía resolverse con medidas extremas. Aunque numeroso, el colectivo que así pensaba fue siempre una minoría, hasta el momento en que accedió al poder en 1933. Llegado 1939 ya había empezado a poner en práctica sus ideas.

Los empeños reduccionistas de algunos historiadores recientes en presentar lo que llamaron los nazis “la solución final a la cuestión judía en Europa” desde el punto de vista de la racionalidad económica vinculada a la guerra no puede abarcar la amplitud ni la profundidad del antisemitismo nazi. No contentos con desposeer, arrestar y arrastrar en vagones a los judíos a los campos de exterminio de la Europa Oriental desde países como Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Italia y Dinamarca (aunque con poco éxito en dicho país) tras ser ocupados por los nazis, Hitler presionó a Hungría y a otros aliados para que le entregasen su población judía para acabar con ella, y Himmler, llegó a viajar a Finlandia con el solo propósito de pedir al Gobierno que entregara a su pequeña comunidad judía para asesinarlas en Auschwitz.

En las Actas de la Conferencia de Wannase se recogen relación y listados de grupos de judíos insignificantes procedentes de países aún por conquistar, como Irlanda o Islandia. Dicho factor de buscar una acción lo menos limitada en el espacio geográfico, sitúa como único al genocidio judío, esto es, su falta de confines geográficos y temporales. La visión nacionalsocialista del futuro incluía un mundo de combates interminables y continuos, de lucha por la lucha, en el que un triunfo solo traería como resultado un conflicto mayor. La idea suprema de Hitler de un enfrentamiento universal entre una Europa encabezada por Alemania y EEUU ya se hallaba anunciada en su “Segundo libro”, escrito en 1928, aunque inédito hasta 1961. Desde muy temprano tuvo a los judíos norteamericanos por enemigos mortales de Alemania, y no dudó en amenazarlos mediante el boicot de los comercios de los judíos germanos del primero de abril de 1933, el discurso pronunciado el 31 de enero de 1939 y otras referencias al respecto. La conquista hitleriana de Europa, tenía pues, visos de convertirse en el trampolín desde el que emprender una guerra contra América en el que una victoria nacionalsocialista estaba llamada a traducirse en el exterminio de los judíos allí.

Esta obsesión, este deseo de ser meticulosos y no hacer una sola excepción, en ninguna parte, es uno de los factores más relevantes de cuantos distinguieron la guerra racial de los nazis de otras de cuantas ha conocido la historia. Para Hitler, la Segunda Guerra Mundial fue desde el principio mismo un conflicto racial, la mejora eugenésica de la raza alemana constituía, en su opinión, una parte integral de este enfrentamiento, igual que la desaparición de los judíos de Alemania, y a largo plazo, de Europa. Resulta significativo que cuando firmó en octubre de 1939 la orden de asesinar en masa a los disminuidos físicos y mentales que había planeado con tanta antelación, le asignó la fecha del primero de septiembre de aquel año: el primer día de la guerra. La introducción de medidas radicales para la renovación racial de Alemania, Europa y el resto del mundo se produjo el mismo día que dio comienzo la 2GM.

A raíz de la invasión de la URSS del 22 de junio de 1941, Hitler y Goebbels y toda la maquinaria propagandista nazi acometieron una enorme campaña antisemita que presentaba a Churchill, Stalin y Roosvelt como instrumentos del judaísmo internacional, inmersos en una conspiración mundial con la intención de destruir la raza germana. Esta ofensiva propagandística creó un clima genocida en el que los nazis situados en diversos escalones de la jerarquía, y sobre todo de las SS, alentados personalmente por Himmler y su subordinado inmediato, Heydrich, compitieron entre sí para poner por obra el exterminio de los judíos del Este europeo.

Dicho programa paneuropeo de asesinato no podía desarrollarse únicamente mediante fusilamientos, palizas o torturas, pronto se vio como los fusilamientos masivos no eran lo suficientemente rápidos y se empezó a usar el gas venenoso, primero en furgones móviles y luego en los campos. Aunque no sería justo reducir el carácter único del exterminio nazi de los judíos al simple factor técnico del uso del gas para llevarlo a cabo. Los campos destinados al exterminio el gas era un factor más a la hora de matar en un repertorio amplio de medidas asesinas (hambre, enfermedades, palizas, torturas…). Al acabar la guerra los nazis y sus aliados habían asesinados a poco menos de seis millones de judíos. Tres millones murieron en las cámaras de gas; 1.3 millones, fusilados por los destacamentos especiales de las SS y las unidades de la policía y del Ejército; 700.000 en cámaras móviles de gas, y hasta un millón de resultas de hambrunas provocadas, enfermedades y de los malos tratos propios de los campos de concentración, los guetos instaurados por los nazis desde 1939 en la Europa Oriental o los traslados.

Ningún otro genocidio de la historia ha incluido entre sus métodos el uso de gas venenoso en instalaciones construidas con esta intención, no obstante, a la hora de identificar qué tiene de excepcional al exterminio nazi de los judíos en general, considerando en su conjunto, reviste más importancia concentrarse en el porqué más que en el cómo. Sus características peculiares provenían del hecho de que los nazis tenían a los judíos de Europa, y de hecho, de todo el mundo por una amenaza universal de muerte a su existencia, y sobre todo a la de los alemanes, y del convencimiento de que debía eliminarse con todos los medios, toda la rapidez y toda la exhaustividad posibles.

Las muertes masivas por gas pertenecían, sin dudas, a la era de la modernidad industrial tanto como otro rasgo único de los campos de exterminio nazis: la explotación económica de los cadáveres de las víctimas, cuando por ejemplo, se les arrancaba los empastes de oro. Sin embargo, sería erróneo entender el empleo de métodos técnicos e industriales como la presencia de cierto carácter mecánico, impersonal o automático, o como algo aséptico en el asesinato de los judíos por los nazis que lo pudiera encuadrar como una forma exclusivamente moderna de genocidio. No, a los judíos se les arrancaba a golpes de sus casas, se separaban a pequeñas criaturas de los brazos de sus madres, se les metía como animales en vagones de tren, se les golpeaba, se les insultaba, vejaba, y cara a cara se les llevaba hasta las cámaras de gas. No tuvo nada de impersonal.

El Holocausto fue un genocidio entre muchos, y cada uno es diferente. Pero en el nazi la ideología representa el papel fundamental, no tuvo limitaciones espaciales ni de tiempo; no se acometió contra un obstáculo local o regional, sino contra un enemigo mundial que operaba a escala universal (así lo creían ellos enfermizamente), y estaba encaminado a servir a un plan aún más ambicioso de reorganización y reconstrucción raciales que incluía más muertes genocidas en una medida punto menos que inimaginable, destinado, sin embargo, a dejar el paso expedito en una región particular – la Europa Oriental – a una lucha más contra los judíos y aquellos a quienes los nazis consideraban títeres suyos. Los encargados de ponerlo en marcha eran ideólogos que concebían toda la historia del planeta desde un punto de vista racial. En parte, se llevó a cabo con métodos industriales. Y todo esto hace único el genocidio judío por parte de los nazis.

Saludos desde Benidorm.
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor Barbarossa » Sab Sep 17, 2016 7:54 am

Felicidades, Maxtor, una exposición sensacional.

Saludos cordiales.
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David L
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor David L » Dom Sep 18, 2016 1:55 am

Cada vez tengo más claro conforme leo sobre el Holocausto que este no pudo ser logrado sin una logística aportada por un Estado como tal, Alemania lo era y dedicó todas sus posibilidades organizativas en pos de lograr la exterminación de los judíos. ¿La manera de llevarla a cabo más eficazmente? Precisamente destruyendo estados, sin la coraza protectora de éste la facilidad para realizar el aniquilamiento resulta más sencilla. ¿Dónde empezó a lograr tales objetivos? En el destruido estado polaco, en la descompuesta URSS tras la invasión….etc…

Alemania era un estado avanzado, una potencia industrial y económica…pero una Estado joven, una nación derrotada hacia poco más de veinte años, una nación que necesitaba reafirmarse ante sus constantes dudas y, un país que debía asegurar su unidad……y ya se sabe que la necesidad de buscar un enemigo “externo” es la mejor de las soluciones. ¿Pudo ser el antisemitismo alemán un producto de su inseguridad como nación? No olvidemos sus diferencias religiosas y su historia para alcanzar su unificación como Estado.

Intencionalistas, estructuralistas….me uno a las teorías del historiador francés Philippe Burrin, para mí hay una mezcla de ambas. El sostén ideológico de Hitler fue el antisemitismo, este fue el aglutinador que guió a las masas nacionalsocialistas, la intención de acabar con el “problema judío” fue trabajado desde el principio de los orígenes de los nazis…¿las palabras matan? Si hay la oportunidad de llevarlo a cabo estas desde luego no se olvidan, los alemanes no pensaban ni en sus más imaginables sueños que se les ofrecería una coyuntura geoestratégica como fue la invasión de la URSS para poner en práctica toda la palabrería que habían sembrado sobre el peligro judío. Se dieron las condiciones y cumplieron con aquello que siempre había sido su sostén ideológico.

En cuanto al revisionismo me quedo con la postura de Claude Lanzmann, el famoso autor del mejor documental sobre la Shoah, él es uno de los que cree inmoral y obsceno llegar a plantear cualquier explicación del Holocausto, simplemente debatir o cuestionar las razones del mismo son en cierta manera un cuestionamiento de la verdad: un genocidio sin parangón en la Historia.



Un saludo.
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor maxtor » Lun Sep 19, 2016 11:13 am

David L escribió: En cuanto al revisionismo me quedo con la postura de Claude Lanzmann, el famoso autor del mejor documental sobre la Shoah, él es uno de los que cree inmoral y obsceno llegar a plantear cualquier explicación del Holocausto, simplemente debatir o cuestionar las razones del mismo son en cierta manera un cuestionamiento de la verdad: un genocidio sin parangón en la Historia.[/justify]

Un saludo.


Saludos David L.

Explicar el Holocausto no supone en absoluto una excusa moral para sus perpetradores, todo lo contrario. Explicar, conocer sus causas es "aprender" con todo el reconocimiento de su singularidad histórica en el sentido de que hasta ahora no han existido paralelismos cercanos. Explicar el Holocausto lleva al historiador hasta los límites de su principal tarea de proporcionar una explicación racional a sucesos históricos complejos. La simple formulación de la pregunta de lo que pasó ya sugiere una escala de irracionalidad apenas accesible a la comprensión histórica.

El mismo término Holocausto implica la casi sagrada singularidad de unos sucesos terribles que ejemplifican el mal absoluto, de un destino específicamente judío que se mantiene aparte del proceso histórico normal, y creo que dicha mitificación propia y comprensible de algunos autores judíos han incorporado al término "Holocausto" no ha facilitado la tarea de los historiadores judíos en un tema, comprensible y justificadamente, "cargado de pasión y de enjuiciamiento moral" (Dawidowizc, "The War against the Jews, 1933-1945"). Dada la tremenda y emotiva naturaleza del problema, los historiadores no judíos se enfrentan al problema de escoger un lenguaje que sea adecuado a la magnitud del horror de Auschwitz, y como se observar al analizar la historiografía respecto al Holocausto, a veces, las reacciones son acaloradas incluso por unas palabras o frases fuera de lugar o malinterpretadas.

Lo referido anteriormente viene perfectamente explicado y expuesto en el libro de Ian Kershaw "Hitler, los alemanes y la Solución final".
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor David L » Vie Sep 23, 2016 12:52 am

Saludos maxtor,

Lanzmann cree que muchos historiadores construyen a la hora de explicar el Holocausto una especia de cadena de causalidad, es decir, se podría hablar de la crisis economica mundial, el desempleo, la derrota en la Gran Guerra, el bolchevismo, las experiencias de Hitler en su juventud, etc.. y así sucesivamente, de tal manera que las explicaciones terminan con el exterminio de los judíos casi de una manera armónica, racional y lógica. El hecho de llagar hasta este último punto es el que cree Lanzmann que es obsceno, ninguna condición de las mencionadas pueden explicar semejante acto, el Holocausto es incomprensible.

Creo que en ocasiones al analizar las causas del Holocausto se puede llegar a caer en una interpretación racional, es decir, hubo unas causas que determinaron el exterminio de los judíos.....y ahí está el gran error, no justificamos...pero explicamos lo inexplicable.....
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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor historiadorguerrero » Dom Feb 19, 2017 6:00 pm

El "Holocausto" como un ente ideológico es muy singular.
El genocidio judío en manos de los nazis no tiene nada de singular pues la historia esta repleta de genocidios similares.
Estamos en un mundo donde podemos negar los crimenes del franquismo, podemos negar la Guerra Civil Española, podemos negar cualquier cosa, creer cualquier cosa sobre cualquier hecho ... incluso podría aseverar que "la Segunda Guerra Mundial no existió". Lo que nunca se puede hacer bajo la Ley Internacional es negar o siquiera cambiar una coma sobre el "Holocausto" como ente ideológico.

Quizás sea hora que también sea penado creer o negar todo lo demás que lo contextualiza como ente ideológico sino perdería la forma que se le ha dado en 80 años.

Luego, el genocidio judio en manos de los nazis es otro de los tantos genocidios cometidos por estos. Pero no fueron las victimas que sobrevivieron los que le prohiben al resto del planeta creer lo que quieran sobre una verdad, sino los que crearon e industrializaron un ente ideológico cerrado donde nada se puede discutir, ni hablar tal como esas asociaciones lo han escrito y con leyes penales.

¿Qué otro acontecimiento histórico esta prohibido ser analizado, discutido, ahondado y pasible de revisiones con penas y multas a nivel internacional? NINGUNO.

Hasta se ha llegado al punto que la Segunda Guerra Mundial ni siquiera ha existido, sino solo fue la mascara para el ente ideológico creado para machacar durante 80 años al mundo como si todos fueramos culpables.

En eso coincido plenamente con Finkelstein, se desechó a las verdaderas víctimas en pro de hacer dinero con el tema.

Es un mundo raro, de libertades raras y creencias absurdas.

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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor José Luis » Dom Feb 19, 2017 8:21 pm

¡Hola a todos!

historiadorguerrero escribió:El genocidio judío en manos de los nazis no tiene nada de singular pues la historia esta repleta de genocidios similares.


Yo no tengo duda alguna sobre la singularidad de los genocidios nazis en general, y en particular el cometido contra los judíos europeos. No conozco ningún caso en la historia donde un crimen de esta naturaleza haya sido llevado a cabo de forma tan sofisticada y planificada, con la implicación de la práctica totalidad de las instituciones del Estado y con un alcance sin precedentes.

De todas formas, sería conveniente que pongas uno o dos ejemplos de genocidios similares, ya que afirmas que la historia está repleta de ellos.

historiadorguerrero escribió:Estamos en un mundo donde podemos negar los crimenes del franquismo, podemos negar la Guerra Civil Española, podemos negar cualquier cosa, creer cualquier cosa sobre cualquier hecho ... incluso podría aseverar que "la Segunda Guerra Mundial no existió".


Cierto. ¿Y?

historiadorguerrero escribió:Lo que nunca se puede hacer bajo la Ley Internacional es negar o siquiera cambiar una coma sobre el "Holocausto" como ente ideológico.


No conozco ninguna legislación tal. Está penado, en algunas legislaciones, negar la existencia del Holocausto y/o hacer apología del nazismo. Y lo veo afortunado. Me gustaría, además, que se penara cualquier otra apología de ideologías o regímenes políticos criminales, o el que se nieguen o minimicen sus crímenes. Lamentablemente no es así. Ni siquiera es así en todos los estados respecto de la ideología y crímenes nazis. Pero que no sea como, a mi juicio, debiera ser, no quita un ápice de razón y justicia a la legislación penal contra la apología del nazismo y/o la negación y/o minimización de sus crímenes de genocidio.

Se puede discutir sobre el llamado Holocausto. De hecho, no se ha hecho otra en el campo de la historia académica desde hace muchos años. Durante muchos años más de los años que estuvo prácticamente mudo (1946-1970, en números redondos). Lamentablemente, durante ese periodo de debate histórico referido, también ha habido quienes, partiendo de agendas ideológicas, han pretendido negar o minimizar la realidad histórica del Holocausto. También, desgraciadamente, ha habido quienes, partiendo de agendas puramente comerciales, han querido convertir el Holocausto en un negocio audiovisual y literario. Y ha habido otras manipulaciones interesadas sobre el Holocausto. Lamentablemente, nada hay que se escape a las perversas utilizaciones que de estas y otras maneras se han hecho de crímenes vergonzantes de nuestra especie. Pero afortunadamente, al menos se ha puesto coto (aunque no en todos los países) a la negación de la realidad histórica del Holocausto. Y esto es un avance.

historiadorguerrero escribió:¿Qué otro acontecimiento histórico esta prohibido ser analizado, discutido, ahondado y pasible de revisiones con penas y multas a nivel internacional? NINGUNO.


No quieras enredar, historiadorguerrero. Te repito que no existe legislación alguna que penalice cualquier debate sobre el Holocausto, salvo aquellos donde se niega su existencia y/o son una pantalla para la apología nazi.

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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor historiadorguerrero » Dom Feb 19, 2017 9:51 pm

Bueno:

1) Empezando por Julio Cesar que arrasó con su espada 800 ciudades y 300 tribus celtas y germanas. Se cargó 3 millones de personas (Hablo de Roma donde la población mundial en esa epoca era aproximadamente de 250 millones de personas). El 1,2% de la población mundial no es poca cosa.

2) China año 756 al 763: La dinástia Tang y que ahogó la rebelión An Lushan (o tambien llamada An Shi). 35 millones de personas asesinadas. Población Mundial de la época: aprox 310 millones de personas. Aquí por poco el genocidio fue de casi el 10% de la población mundial.

3) Gengis Khan cometió un genocidio de no menos de 40 millones de musulmanes.


Miles de genocidios intermedios entre ellos la Conquista de América por Inglaterra, España y Portugal.

4) Leopoldo II de Belgica y su colonia en el Congo. 10 millones de personas.

5) El Imperio Otomano entre armenios, asirios y griegos: 3 millones de personas a manos de los Jovenes Turcos con persecusiones y marchas de la muerte.

6) El Imperio Ruso entre judios y musulmanes 500.000 personas.

7) URSS: El Holodomor (pero eso al parecer no es genocidio porque Stalin no tuvo intención).

8) La limpieza etnica alemana de Rusia, Polonia, Checoslovaquia y Hungria: 2 millones de civiles alemanes asesinados. Por cierto eran personas de origen aleman que vivian en esos paises antes de la guerra.

9) Partición de la India bajo dominio britanico: 2,5 millones de personas.

10) Pol Pot en Camboya: entre 2 y 3 millones de personas asesinadas.

11) Ni hablar de Mao Tse Tung y su revolución cultural tanto en el Tibet como en toda china y se llevo unos 30 millones de personas.


Y a eso me refiero con que el Holocausto no tiene nada de singular. La historia lo comprueba que los genocidios son miles. Luego ya se que me dirás que muchos no se atienen a la definición y entonces te contestaré lo mismo que en el otro hilo: "semántica acomodaticia de acuerdo a intereses políticos" y si no cuadra para cuestiones políticas fue porque Stalin no quiso firmar la resolución de la ONU en 1946 porque contenía el molesto párrafo de "asesinato por politica y nacionalidad".

Esta penado "negar" y en el ámbito del Derecho el "negacionismo" abarca mucho mas que negar o minimizar, incluso no se puede "revisar si ciertos datos son correctos" porque de hallarlos "incorrectos" es "negacionismo". No es tan simple y tan inocente el delito de "negacionismo".

Por último: no me interesa mucho que abolida la "Inquisición" hace mucho tiempo las leyes de otras inquisiciones me digan "que debo pensar, como y que es lo que debo decir al respecto de un tema". Si me gustara ese tipo de Estados coactivos me iría a vivir a China o Corea del Norte.

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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor historiadorguerrero » Dom Feb 19, 2017 10:36 pm

Por cierto el Delito de Negacionismo existe en Francia, Alemania, Belgica y Suiza.

Una cosa es la revisión de datos con fines históricos y otra el negacionismo ideológico con fines de apología. El Delito de Negacionismo abarca a cualquiera. No tiene nada que ver una discusión o debate sobre cualquier genocidio con datos concretos o discutibles y otra decir "me parece bien este o aquel genocidio porque esta gente se lo merecian, o eran peligrosos, o porque no me gustan" ..... No existe en todo el mundo legislación sobre Negacionismo de ningun otro hecho histórico y ahí es donde se ha hecho un lucro de asociaciones en desmedro de las verdaderas victimas.

Acá es donde todo el mundo dice: "Que importa el número si es un genocidio igual". Precisamente por el dinero que luego se pide en indemnizaciones desde quienes se arrogan como "supuestos representantes de las victimas". Y ahí aparecen las suspicacias, los odios y toda la arenga de fanáticos ultranacionalistas como que existan genocidios y las victimas o familiares nunca hayan sido indemnizados porque el perpetrador no se le da la gana, como EEUU en Camboya o Vietnam que destruyeron paises, asesinaron enormes cantidades de civiles y "aqui no ha pasado nada".

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Re: Singularidad del Holocausto.

Mensajepor José Luis » Lun Feb 20, 2017 12:56 am

¡Hola!

Todos los ejemplos que has puesto no resisten un análisis comparativo sólido (y no me refiero sólo a una cuestión semántica) con el genocidio nazi. Siguiendo tu lógica es fácil llegar a la simplicidad de afirmar que todos los crímenes masivos de la historia fueron, desde una visión retrospectiva, crímenes de genocidio.

En cuanto a tus gustos personales sobre los lugares que prefieres para vivir, es algo que no me interesa en lo más mínimo y que no es objeto de debate en este foro. Lo que sí me interesa, y velaré por ello, es que toda persona que participe en este foro se atenga a la normativa que lo rige.

Saludos cordiales
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