Crítica: Martin van Creveld

La guerra en el Continente Africano

Moderador: Antonio

Crítica: Martin van Creveld

Notapor José Luis » Sab Mar 10, 2007 11:19 am

¡Hola a todos!

Martin van Creveld* es un distinguido historiador militar israelí de origen holandés que escribió, entre muchas otras obras, Supplying War: Logistics from Wallenstein to Patton (Cambridge University Press), publicada por vez primera en 1977 y reimpresa no menos de 19 veces en los siguientes veinte años. La edición que yo he leído y anotado es la de Cambridge de 1979, con 8 capítulos dedicados a los problemas del transporte de suministros en la guerra, esto es, la logística, en diferentes periodos de la historia. De esos ocho capítulos, tres están situados en el periodo de la IIGM, a saber: el 5 al problema de Barbarroja (titulado Russian roulette), el 6 al problema del Eje en África del Norte y el Mediterráneo (Sirte to Alamein), y el 7 al problema aliado en Normandía y su campaña de explotación (War of the accountants).

Bien, a nosotros nos interesa el capítulo 6 (Sirte to Alamein), por eso he abierto este topic en este subforo de “Frente Africano y Mediterráneo”. El capítulo está dividido en cuatro apartados tras una muy breve introducción: el primero versa sobre las complicaciones del desierto, el segundo sobre la primera ofensiva de Rommel, el tercero sobre 1942 y el cuarto son unas breves conclusiones. En total 21 páginas (181-201).

Las fuentes que ha utilizado van Creveld para la realización de este capítulo número 6 son variadas, de primera y segunda mano. Por ejemplo, un estudio no publicado que Müller-Hillebrand escribió para la División Histórica del U.S. Army; los documentos sobre política exterior alemana de las bibliotecas de Washington y Londres, el Kriestagebuch del OKW y de Halder, así como documentos del estado mayor del Afrika Korps (DAK), Bernoti, Cavallero, The Rommel Papers y un montón de fuentes secundarias como Liddell Hart, Detwiller, Stark, Addington, etc.

He titulado este topic “Crítica: Martin van Creveld” porque eso es lo que voy a hacer a continuación en varios posts, pero debo señalar que mis anotaciones se ciñen exclusivamente al capítulo 6 referenciado, esto es, a su análisis de la guerra en África del Norte. Y también debo anticipar que esta crítica busca exclusivamente señalar las fallas que, bajo mi punto de vista, contiene el análisis de van Creveld, sin desmerecer en absoluto las aportaciones del autor en este capítulo.

Dado que son muchas páginas para analizarlas con cierta profundidad, he escogido la primera parte de su capítulo, la que trata sobre las complicaciones del desierto y el primer año de Rommel en la guerra en el desierto, dejando para otra ocasión, si procede, un análisis del año 1942.

Martin van Creveld comienza su capítulo presentando la controversia histórica en torno a si Hitler pudo haber ganado la guerra impulsando decididamente un avance del Eje hacia Oriente Medio, exponiendo que mientras que los primeros escritores afirmaron que “apoyando a Rommel en un avance desde Libia a través de Egipto, Palestina, Siria e Irak hacia el Golfo Pérsico” Hitler habría estado mucho más cerca de ganar la guerra contra Gran Bretaña; en cambio los especialistas recientes (recuérdese que van Creveld escribe en o antes de 1977) han cuestionado esa opinión, asegurando que el análisis final de Hitler “era correcto al rechazar considerar el Mediterráneo como otra cosa que no fuera un teatro secundario.”

Unas líneas más adelante en la misma página 181 y rematando en la 182, escribe van Creveld:

[Para comenzar, el problema en sí mismo necesita ser definido claramente. Primero, aunque Hitler y su estado mayor hicieron planes para la ocupación de Gibraltar e incluso para ocupar el África Noroeste Francesa con las islas adyacentes, nosotros asumiremos que era en el Mediterráneo oriental donde podía haberse ganado la guerra contra Inglaterra. Segundo, se ha asumido que cualquier avance del Eje en Oriente Medio debía haber estado limitado al sur, esto es, Libia y Egipto, pues un intento de ir a través de Turquía podía haberse encontrado con la resistencia soviética y desembocar en una guerra germano-soviética. Esas dos suposiciones nos permiten ignorar la mayor parte de las dificultades políticas ocasionadas por la cooperación de Alemania con Italia, Francia, España y Turquía, y centrarnos en la cuestión de si un avance germano-italiano desde Libia a Egipto y Oriente Medio era militarmente posible.]

Esta exposición del teatro del Mediterráneo que hace van Creveld ignora el fondo del planteamiento estratégico que él solo menciona de pasada a través de la opinión de los autores recientes que, según él mismo dice, han concedido razón a Hitler en su consideración de este teatro como uno secundario. En mi opinión, no se debería seguir adelante sin profundizar en este aspecto estratégico del problema, pues sobre él gira todo lo demás. Es obvio que van Creveld conoce lo que digo, pero ignoro las razones que lo llevaron a omitir este asunto.

Que el Mediterráneo y África del Norte se convirtieran o no en el centro de gravedad de la guerra del Eje contra Gran Bretaña dependía, a la práctica, del tipo de gran estrategia que escogiera Hitler para la continuación de la guerra tras su éxito operacional en la Campaña del Oeste de la primavera de 1940. Trasladar esta consideración, como hace van Creveld, a 1941 supone soslayar lo anterior, pues en 1941 Hitler ya tenía bien decidido cuál iba a ser esa gran estrategia de la que hablo; es decir, Hitler había decidido definitivamente (primero en diciembre de 1940 con su directiva sobre lo que sería “Barbarroja” y luego en marzo de 1941) situar el centro de gravedad de la guerra en el Este, en la Unión Soviética. Por tanto, en esas circunstancias el Mediterráneo no podía ser considerado por Hitler más que un teatro secundario, pues Alemania en particular y el Eje en general carecían de los recursos necesarios para desarrollar simultáneamente dos campañas a gran escala en dos frentes de la guerra tan distanciados, vastos y peculiares como esos, por no hablar de sus ambiciosos objetivos finales.

Con ello quiero significar que, en mi opinión, cualquier consideración sobre la importancia del Frente Mediterráneo y las posibilidades estratégicas que ofrecía debe partir del momento histórico en que Hitler tomó las decisiones estratégicas sobre la continuación de la guerra, es decir, debe partir del verano de 1940 y no de la primavera de 1941, cuando tantas circunstancias y tantas decisiones (Batalla de Inglaterra, Sidi Barrani, Grecia, directriz “Barbarroja”, DAK, Campaña Balcanes, Creta, entre otras circunstancias políticas) habían cambiado por completo el panorama general de la guerra.

Pero como dice van Creveld, limitar la consideración estratégica (en otras palabras más precisas, reducir la consideración estratégica a una consideración operacional) al terreno estrictamente militar de las posibilidades de “si un avance germano-italiano desde Libia a Egipto y Oriente Medio era militarmente posible”, “nos permiten ignorar la mayor parte de las dificultades políticas ocasionadas por la cooperación de Alemania con Italia, Francia, España y Turquía”. No sólo eso; a van Creveld se le olvidó citar que un planteamiento tal desdeña la posibilidad real que tenía el Eje para intentar hacer en 1940 lo que intentó hacer casi un año después de forma y bajo circunstancias muy diferentes en 1941. Quizás si van Creveld hubiera planteado su estudio en las posibilidades de 1940, entonces se quedaría sin escribir este capítulo de su libro, tal y como lo hizo. Pues en el verano de 1940 el Eje (Italia) estaba en posesión de los puertos de Trípoli, Bengasi, Tobruk y Derna, con buena parte de las formaciones de combate italianas situadas inmediatamente en la frontera libio-egipcia, Gran Bretaña hacía frente a la amenaza de una “invasión inminente”, y las fuerzas de Wavell en Egipto eran muy débiles. En cambio, cuando Rommel llegó a Trípoli en febrero de 1941, además de la toma de decisiones estratégicas que he señalado anteriormente, el Eje (Italia) sólo estaba en posesión del puerto de Trípoli, Gran Bretaña había ganado la Batalla de Inglaterra y Wavell había diezmado al ejército de Graziani. Es evidente que no sólo las posibilidades estratégicas del Mediterráneo habían cambiado notablemente, sino también las posibilidades operacionales.

Es éste un punto, a mi entender crucial, que van Creveld no trata en absoluto en su análisis, siquiera como punto de partida en el terreno de las posibilidades alternativas del Eje en su guerra contra Gran Bretaña. En su descargo debo decir que el tema central de su libro es la logística y sus problemas, pero no es menos cierto que la explotación de los recursos logísticos y su destino dependen fundamentalmente del centro de gravedad de la guerra que ha escogido la gran estrategia.

* Otra obra importante de van Creveld que he leído y recomiendo es Fighting Power: German and U.S. Army Perfomance, 1939-1945 (Greenwood Press, 1982),

Continuaremos,
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José Luis
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Notapor Leiva » Sab Mar 10, 2007 10:50 pm

En primer lugar debo decir que este libro de Van Creveld es uno de los libros más clarificadores sobre la IIGM que haya leído jamás.

En especial hay dos controversias importantísimas que, en mi opinión, quedan definitivamente resueltos por Van Creveld:

1) ¿Pudo Rommel llegar a conquistar Alejandría?

2) Si los tanques de Guderian no hubieran ayudado a la destrucción de los ejércitos rusos que había en torno a Kiev, ¿podrían haber tomado los alemanes Moscú en 1941?

Me centraré en la primera cuestión.

Las condiciones logísticas del norte de África fueron estudiadas antes del envío del DAK por el general Von Thoma, especialista en blindados y que por cierto estuvo en España durante la guerra civil. La conclusión de Von Thoma fue que la capacidad portuaria y de las carreteras sólo permitía el abastecimiento de 4 divisiones acorazadas como máximo, lo cual era el mínimo necesario para asegurar la victoria en la época en que se hizo el estudio (octubre de 1940).

Lógicamente para poder mantener estas 4 divisiones había que sacar de allí las divisiones italianas, lo cual era políticamente inviable.

Por otra parte, y dada la distancia del frente a la que se encontraba Trípoli, el único puerto de importancia, hacía falta una cantidad tremenda de camiones para cubrir esa distancia. Para las dos divisiones de Rommel se necesitaban 3000 camiones sin contar los vehículos orgánicos de las tropas. Esto era proporcionalmente 10 veces mayor que lo dispuesto para los ejércitos que se preparaban para invadir Rusia.

Estas necesidades se entienden para cuando el frente estaba en Sirte,a unas trescientas millas de Trípoli. Cualquier ofensiva que alargase las líneas de abastecimiento más allá de las 300 millas provocaría una falta de vehículos.

La primera ofensiva de Rommel acabó en Sollum, añadiendo 700 millas adicionales a sus comunicaciones. Desde el punto de vista estratégico esto era un auténtico disparate.

En conclusión, que era imposible tomar Alejandría
Leiva
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Notapor José Luis » Dom Mar 11, 2007 10:21 am

¡Buenos días a todos!

En su exposición de los problemas del desierto, van Creveld escribe:

[(…) Durante dos años, cada simple tonelada consumida por las tropas de Rommel tenía que ser laboriosamente embalada en Italia y luego embarcada a través del Mediterráneo. Munición, gasolina, víveres, todo tenía que ser llevado de esta forma, y eran tales las condiciones en el desierto que incluso a menudo el agua tenía que ser transportada por cientos de millas.

Añadidas a este problema estaban las enormes distancias que estaban fuera de toda proporción de lo que la Wehrmacht había tenido que tratar en Europa. Desde Brest-Litovsk, en la línea de demarcación germano-soviética en Polonia, hasta Moscú había sólo unas 600 millas. Esto era aproximadamente igual a la distancia desde Trípoli a Bengasi, pero sólo la mitad de lo que había desde Trípoli a Alejandría
]

No tiene sentido comparar lo que fue la Operación “Barbarroja” y el Frente Oriental con el Frente de África del Norte. Este último teatro de guerra tenía un frente operacional de una profundidad, efectivamente, de aproximadamente 2.000 kilómetros, pero de una amplitud operacional que no rebasaba, y sólo en algunos sectores, los 70 kilómetros. El Frente Oriental tenía en los inicios de “Barbarroja” una profundidad operacional inicial de 1.690 kilómetros (objetivos Barbarroja 1941) y una amplitud operacional inicial de 1.320 kilómetros (desde el Bático en el norte al Mar Negro en el sur) que se desplegó a los 2.768 kilómetros que había desde el Mar de Barents en el norte al Mar Negro en el sur.

Si cada tonelada de suministros consumida por las tropas de Rommel (que en su momento de máxima fuerza comprendían 4 divisiones, 2 brigadas, 2 regimientos, un batallón, una unidad especial y unidades de apoyo logístico, todas alemanas, sin incluir las italianas, con una fuerza nominal de no más de 60.000 alemanes) tenía que ser embarcada en Italia y transportada por el Mediterráneo hacia puertos africanos, para de aquí transportarlas vía terrestre a la línea de frente, cada tonelada de las tropas de la Wehrmacht en Barbarroja (tres grupos de ejército con un despliegue inicial de 148 divisiones alemanas, sin contar rumanas, y una fuerza nominal de aproximadamente 3.100.000 hombres sin contar rumanos, desplegados en un frente con tres ejes estratégicos de avance de las dimensiones ya señaladas) tenía que ser embarcada en el Reich y transportada vía terrestre –camión y ferrocarril- hasta las formaciones del frente, desafío logístico que se vio aumentado con los problemas en las líneas ferroviarias (los alemanes contaban con capturar intactas líneas, vagones y locomotoras soviéticas; al principio así lo hicieron, pero por muy poco tiempo; muy pronto los soviéticos destruyeron su material ferroviario. Los alemanes se vieron obligados entonces a ajustar el ancho de la vía rusa al alemán y a aumentar el trazado del ferrocarril) y en las inadecuadas o pésimas rutas terrestres con multitud de accidentes geográficos.

La guerra en el desierto africano era, sin duda, todo un reto a la planificación logística, pero la Operación Barbarroja fue el desafío logístico más grande de toda la historia militar mundial conocida. A mi juicio, no ofrecen comparaciones

Continúa van Creveld unas líneas después:

[(…) Sin embargo, tras su retirada de la Cirenaica, los italianos en febrero de 1941 estaban reducidos a un simple puerto para la descarga de suministros. Éste era Trípoli, de lejos el más grande de los puertos libios, capaz de manejar, bajo condiciones ideales, cinco barcos de carga o cuatro transportes de tropas simultáneamente. Su capacidad, en tanto en cuanto no destruyesen sus muelles imprevistas explosiones y la mano de obra mayormente local no fuese ahuyentada por ataques aéreos, cifraba aproximadamente 45.000 toneladas por mes.]

Una descripción más ecuánime de las capacidades del puerto de Trípoli en 1941 debería tener en cuenta la máxima capacidad del puerto, esto es, la cantidad máxima de toneladas de mercancías que los servicios portuarios podían manejar a pleno rendimiento, y la cantidad promedia de tonelaje que venía manejando. Van Creveld podría así afirmar que, según las estimaciones del oficial de estado mayor italiano al cargo en Trípoli, el puerto podía manejar una capacidad máxima de 80.000 toneladas al mes, y que el promedio normal que venía manejando era de 45.000 toneladas/mes.

Sigue, más adelante (intento enlazar aquí directamente lo que en el libro está separado por varias frases o parágrafos, aunque luego tenga que volver atrás), van Creveld:

[(…) Junto con los italianos, la fuerza del Eje en Libia totalizaba ahora siete divisiones que, cuando se sumaron las unidades navales y aéreas, requerían 70.000 toneladas por mes. Esto era más de lo que Trípoli podía manejar efectivamente, así que se iba a desarrollar una crisis a menos que los franceses acordaran permitir pasar 20.000 toneladas de suministros al mes a través de su puerto de Bizerta]

Rommel llegó a Trípoli el 11 de febrero de 1941, si mal no recuerdo, o por esas fechas, y lanzó su primer ataque, una operación de reconocimiento en fuerza, a finales de marzo. En ese tiempo, Rommel sólo contaba con la 5ª División Ligera alemana y el debilitado X Cuerpo italiano, que comprendía las divisiones de infantería 27ª (Brescia), 17ª (Pavia) y 25ª (Bologna), junto con elementos de la 132ª División Blindada (Ariete), que entonces estaba llegando a África. No hay aquí siete divisiones, ni mucho menos, sino casi cinco divisiones que no estaban a plena fuerza, y que en esta situación se podían mantener perfectamente en combate con 40.000 toneladas de suministros al mes, no necesariamente las 70.000 citadas por van Creveld.

Mañana continuaremos.
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Notapor José Luis » Lun Mar 12, 2007 12:02 pm

¡Buenos días a todos!

Dice van Creveld:

[Sin embargo, en Trípoli sólo estaba comenzando el problema de mantener un ejército en África del Norte. Por razones operacionales, Hitler hizo prudentemente su acuerdo de ayudar a Mussolini en África condicionado al mantenimiento de los italianos no sólo en Trípoli y sus inmediaciones, como originalmente habían intentado hacer, sino a una considerable aérea que permitiera maniobrar a sus fuerzas y permitir alguna protección contra ataques aéreos. Esta decisión, junto con la retirada de Churchill de parte de las fuerzas de Wavell para emplearlas en Grecia, condujo a la estabilización del frente en Sirte, 300 millas (unos 480 kilómetros) al este de Trípoli]

En Trípoli, en febrero de 1941, había más que un simple problema de mantener a un ejército en África del Norte. La misión que se le encomendó a Rommel fue la de ayudar a los italianos a mantener la Tripolitania, en otras palabras, a impedir la retirada italiana de África del Norte y, posiblemente, de la guerra. En las circunstancias de febrero-marzo de 1941 se le presentaban a Rommel (que recordemos estaba nominalmente subordinado a Gariboldi) dos opciones operacionales para cumplir su misión.

La primera era ceñirse a la letra del objetivo que le encomendaron y levantar posiciones defensivas, una vez ampliase lo suficientemente su libertad operacional, concediendo la iniciativa estratégica a los británicos. Sin embargo, con esta opción no se solventaba el problema logístico de Trípoli. La posibilidad de utilizar el puerto de Bizerta para hacer llegar esas “20.000 toneladas” a las que se refirió van Creveld, fue considerada por el Eje, pero finalmente fue desechada por razones políticas. Si Rommel se quedaba "quieto", tal como le habían ordenado, el problema logístico no iba a desaparecer. Quiero recordar que las fuerzas italianas en África del Norte al 20 de febrero de 1941 cifraban 5.900 oficiales, 123.075 hombres, 1.037 cañones, 600 morteros, 209 vehículos blindados de personal y 5.270 camiones [SME/US, La prima controffensiva italo-tedesca in Africa Settentrionale, 15 febbraio- 18 novembre 1941 (Rome, 1974), pp. 8, 308-309, 352-353, citada en Robin Higham, The Writing of Oficial Military History (Greenwood Press, 1999), p. 108]. A este contingente humano y material italiano, el cual como es obvio no estaba todo disponible, había que añadir los 12.000 hombres nominales de la 5ª División Ligera alemana y su equipamiento. Pero lo peor es que en esas circunstancias de mantenerse a la defensiva, Rommel estaría concediendo el tiempo suficiente a los británicos para que éstos se asentasen en la Cirenaica. ¿Cuáles serían las consecuencias de una situación así? Un avance de las mismas ya estaba asomando con los raids aéreos británicos desde las bases de Malta y la Cirenaica al área de Trípoli, a las instalaciones portuarias y al tráfico mercante del Eje. Por tanto, no sólo era efectivamente un problema de suministros mantener a un contingente así en Tripolitania, sino que era un auténtico disparate, bajo mi punto de vista, mantenerlo en una posición defensiva estática. Las perspectivas de dejar que los británicos consolidasen una posición tan amenazante en la Cirenaica no eran, desde luego, halagüeñas, ni una buena estrategia para defender Trípoli y su contingente italo-germano, que no olvidemos tenía a sus espaldas a las de momento amistosas fuerzas de Vichy.

La otra opción que tenía Rommel era intentar expulsar a los británicos de la Cirenaica, al menos de sus posiciones de vanguardia y evitar que se sirvieran de esas bases para atacar desde el aire las líneas de comunicaciones del Eje, el puerto de Trípoli, el tráfico mercante y, por último pero no menos importante, sus propias formaciones de combate. Y eso fue lo que hizo Rommel.

Lanzó una operación de reconocimiento en fuerza el 24 de marzo sobre el oeste de El Agheila y el 31 de marzo atacó en dirección Agedabia, que fue capturada el 1 de abril mientras los británicos se retiraban en dirección Bengasi, ciudad y puerto que cayeron en manos de Rommel el 4 de abril. Cinco días más tarde sus elementos de avanzada llegaban a Bardia en la frontera ligio-egipcia, la plaza desde la que Graziani había lanzado su ataque en septiembre de 1940. Salvo Tobruk, los británicos habían sido expulsados de la Cirenaica. La fuerza que utilizó Rommel en su ofensiva inicial de abril de 1941 comprendió 37.000 tropas italianas con 46 tanques medios y 209 ligeros, y 498 cañones, todos italianos, y 9.300 tropas alemanas con 30 tanques medios y 111 cañones, todos alemanes (Higham, obra y páginas citadas).

Las ventajas y desventajas estratégicas que deparaban este éxito táctico y operacional las examinaré en otro post. De momento sólo he querido reseñar las alternativas que, a mi juicio, ofrecía el cuadro de situación apuntado por van Creveld en su cita referenciada, al que volveremos más adelante.

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Notapor José Luis » Mar Mar 13, 2007 8:39 pm

¡Hola a todos!

¿Cuáles eran, pues, las consecuencias estratégicas de la primera ofensiva de Rommel en Libia? Veamos primeramente la opinión de van Creveld:

[(…) Mientras tanto, desafiando las órdenes explícitas de Hitler, Rommel comenzó su ofensiva a principios de abril. Cogiendo a los británicos desprevenidos, los arrojó de Libia, sitió Tobruk que fue incapaz de eliminar en su primer asalto, y finalmente se detuvo en Sollum en el lado extremo de la frontera egipcia. Aunque tácticamente brillante, el avance de Rommel fue un error estratégico. No consiguió una victoria decisiva, pero añadió otras 700 millas a su ya extendida línea de comunicaciones. Como había predicho el OKH, la carga resultante se demostró demasiado para que pudieran llevarla sus servicios de retaguardia. A mediados de mayo Rommel se comenzó a quejar de sus suministros por primera, pero no última, vez. Sus dificultades no fueron debidas, como se ha mantenido frecuentemente, al fracaso de poner fuera de acción a Malta. Incluso en mayo, no más del nueve por ciento de los suministros embarcados se perdió en route a África. De febrero a mayo, Rommel y sus aliados italianos recibieron un total de 325.000 toneladas de suministros, o 45.000 más de su consumo actual. Sin embargo, una vez que había comenzado su ofensiva, los medios a su disposición simplemente no le permitieron efectivamente librar el enorme agujero desde Trípoli al frente. El resultado fue que los suministros se amontonaban en los muelles mientras que la escasez se incrementaba en la línea de frente….Al mismo tiempo los italianos estaban experimentando incluso mayores dificultades, pues para 225.000 hombres tenían solamente 7.000 camiones]

Esta exposición de van Creveld se me antoja una mera descripción de una parte de lo que sucedió, pero no una exposición de las alternativas que había para mejorar esa situación que él describe como error estratégico.

Para empezar quiero señalar que la información que suministra van Creveld con relación a “pues para 225.000 hombres tenían solamente 7.000 camiones” está en contradicción con la fuente oficial del estado mayor italiano, quien en la fuente ya citada de Robin Higham -SME/US, La prima controffensiva italo-tedesca in Africa septentrionale-, de la cual ya he dado las cifras del contingente italiano para el 20 de febrero de 1941, establece ese contingente para el 1 de abril de 1941 en 6.916 oficiales, 140.999 hombres, 1.431 cañones y 765 morteros. En números redondos, van Creveld está aumentando ese contingente en más de 75.000 hombres, lo que para el tema que tratamos no es algo baladí.

En segundo lugar, si bien es cierto que el avance de Rommel conllevó el alargamiento de sus líneas de suministros en más de 1.000 kilómetros, no es menos cierto que, al menos, ese avance ofrecía la posibilidad de recortar sustancialmente la ruta terrestre de abastecimientos mediante la utilización de las rutas marítimas de los puertos de Bengasi, Derna, Tobruk y Bardia. De estos cuatro puertos los más importantes eran Bengasi y Tobruk, pero este último no pudo (ni podría) ser capturado de manos de los británicos durante esa primera ofensiva de Rommel en abril.

En cuanto a la que había predicho el OKH estaba perfectamente en consonancia con las prioridades que entonces absorbían sus preocupaciones y planes: la inminente invasión de la Unión Soviética y los problemas que se avecinaban en los Balcanes, y recordemos que estos últimos se finiquitaron militarmente en abril de 1941, justo días después de que las avanzadillas de Rommel llegaran a Sollum.

Lo que había predicho el OKH se basaba en las premisas inmutadas de una situación estratégica dada; pero el éxito operacional de Rommel ofrecía inesperadamente una variante estratégica de gran calado. Cabe pues preguntarse ponderadamente si no debía considerarse la viabilidad de mejorar la situación logística de Rommel y de reforzar sus unidades de combate, dotándolas además con el apoyo de una mayor dotación aérea por parte de la Luftwaffe.

Recordemos que Rommel no desplegó en su ofensiva más de 47.000 hombres, contingente que venía a necesitar un flujo diario de abastecimientos de poco más de 1.300 toneladas. Como dice van Creveld no fue un problema de suministros desembarcados en Trípoli, sino un problema de transportar vía terrestre esos suministros desde Trípoli al frente. Sin embargo, Bengasi ofrecía una magnífica oportunidad para evitar 1.000 kilómetros de tránsito terrestre de buena parte de los suministros globales. Pero dice van Creveld:

[El 4 de abril el Eje había reocupado el puerto de Bengasi, a sólo 300 millas de la frontera egipcia, pero esto no mejoró en mucho las cosas, ya que sólo había disponible suficientes embarcaciones costeras para transportar 15.000 toneladas al mes, en vez de las proyectadas 50.000. Aunque teóricamente capaz de procesar 2.700 toneladas al día, Bengasi se encontraba bien dentro del alcance de la RAF y sufrió en consecuencia. Con una capacidad de descarga de 700-800 toneladas sólo excepcionalmente alcanzada, los suministros continuaron amontonándose en Trípoli mientras la situación de Rommel se volvía cada vez más grave.]

Y en este aserto van Creveld se contradice con el anterior. Porque si Bengasi se encontraba dentro del alcance de los raids aéreos de la RAF, ello se debía, en buena parte, a su posesión de Malta. Por tanto, su frase del primer parágrafo de este post: [“Sus dificultades no fueron debidas, como se ha mantenido frecuentemente, al fracaso de poner fuera de acción a Malta”], no es enteramente veraz.

El asunto es que el puerto de Bengasi ofrecía la posibilidad de manejo de más de 70.000 toneladas/mes en condiciones favorables, y sin embargo sólo se aprovechó a bastante menos de la mitad de esa cantidad. ¿Por qué? Por insuficiencia de barcos y por los bombardeos aéreos británicos, dice van Creveld. Y yo pregunto, ¿qué se hizo para mejorar o neutralizar esas condiciones adversas?

John A. Lynn ha escrito con mucha sensatez y gran sentido común: [Needless to say, any American theater commander in Rommel’s place would have promptly made it his business to turn the parameter of port capacity into the desired variable by according the necessary priority to the required engineering means (which even the Third Reich could have spared, even for a secondary front).] (1). Lo que es completamente lógico, pero....

Aquí tenemos que volver necesariamente a lo que apunté al principio de este topic: la consideración estratégica que Hitler y el OKH dieron a este teatro de la guerra. El tema se puede zanjar inmediatamente diciendo que Rommel se excedió en sus atribuciones al ir mucho más allá de las directrices que se le encomendaron, y con esto acabamos la discusión. En cambio, si examinamos la posibilidades reales que había para explotar las ventajas estratégicas que ofrecía el nuevo panorama operacional conseguido por Rommel en abril de 1941, entonces debemos preguntarnos qué podía hacer el OKH y el Comando Supremo para mejorar todo lo referente al problema logístico del Eje, Malta incluida.

Es evidente que en abril de 1941 se podía aumentar la navegación mercante y la navegación costera para un mayor flujo de suministros vía marítima; se podían mejorar las capacidades de manejo de mercancías portuarias aumentando los servicios e instalaciones portuarias; se podía aumentar la flota de camiones a disposición de Rommel para el transporte terrestre; se podían mejorar y ampliar las rutas terrestres de comunicaciones; se podía neutralizar la ventaja que suponía para los británicos tener Malta en su posesión; se podía aumentar el número de las formaciones aéreas, que entonces sólo se limitaban a un cuerpo aéreo alemán, al margen de los italianos; se podía aumentar razonablemente el contingente combativo necesario (terrestre y aéreo) para capturar Tobruk en abril-mayo de 1941, con lo que se conseguía el tercer puerto en importancia de Libia...... Se podían haber hecho muchas cosas para explotar el nuevo panorama de la reconquista de la Cirenaica, pero no se hicieron. Y no se hicieron por la sencilla razón de que Hitler y el OKH no consideraban ese teatro prioritario ni decisivo en un momento en que el único enemigo formal del Eje era Gran Bretaña, decidiendo en cambio situar el centro de gravedad de la guerra en el teatro de una nación que en esos momentos estaba aliada por tratado a Alemania: la Unión Soviética.

Estas son las alternativas y las circunstancias que no ha considerado van Creveld en ese panorama de abril de 1941, ciñéndose en cambio a una realidad que tal como la expone pareciera inmutable, pero que no lo era.

(1) John A. Lynn, Feeding Mars: Logistics in Western Warfare from the Middle Ages to the Present (Westview Press, 2001) p. 7.

Continuaremos en otra ocasión.
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Notapor José Luis » Vie Mar 16, 2007 12:16 pm

¡Hola a todos!

Escribe van Creveld:

[Mediante este tempestuoso avance el comandante alemán se había puesto a sí mismo en una situación imposible. Con la capacidad de Bengasi tan limitada, permanecer donde estaba presagiaba un cierto desastre. Retirarse equivalía a admitir que el OKH, donde ahora era conocido como “ese soldado que se ha vuelto loco”, había tenido razón todo el tiempo. El único camino para salir del aprieto era atacar y capturar el puerto de Tobruk. Sin embargo, Rommel tenía que conceder que sus necesidades para semejante operación serían no menos que cuatro divisiones panzer alemanas, precisamente el número originalmente previsto por von Thoma. Sin embargo, ésta era una demanda imposible. No sólo estaban ahora las fuerzas de Alemania totalmente comprometidas contra Rusia, sino que conceder la petición de Rommel significaba que el DAK necesitaría otras 20.000 toneladas al mes, para lo cual no había servicios de descarga. Se consultó a los italianos y se acordó que Rommel tendría que hacerlo con las fuerzas a mano. A modo de consolación, las unidades del Eje en Libia fueron re-denominadas el 31 de julio Panzerarmee Afrika y Rommel fue puesto al mando de ambas tropas alemanas e italianas]

Aunque lo escrito por van Creveld en el capítulo de su libro dedicado a África del Norte no va más allá de un artículo largo, centrado en la logística aunque no exclusivamente sobre la logística, y por tanto su análisis no entra en el detalle de las operaciones y en las circunstancias que las motivaron y rodearon, tengo para mí que no se pueden exponer las primeras operaciones ofensivas de Rommel en unas pocas líneas tildándolas de “desafiando las órdenes explícitas de Hitler” y “mediante este tempestuoso avance”, para concentrar en estas frases y siguientes lo que ocurrió entre finales mediados de febrero y agosto de 1941.

Primero, porque Rommel inicialmente cumplió escrupulosamente sus instrucciones, y segundo porque van Creveld no escribe absolutamente ni una sola palabra sobre cuál era la situación de las fuerzas italianas en Tripolitania cuando Rommel llegó a África. Por tanto, considero necesario esclarecer el cuadro de esta situación para poder analizar lo que sucedió a continuación. Y nada mejor que dejar que lo cuente el propio Rommel, para lo cual traduciré algo de su Rommel Papers de la edición de Da Capo Press de 1982, en lo referente a su capítulo The First Round, en el que habla precisamente de su llegada a Trípoli.

[(p. 98) (…) En vista de la situación altamente crítica de nuestros aliados italianos, iban a ser enviadas a Libia para su ayuda dos divisiones alemanas, una ligera y una panzer. Yo iba a tomar el mando de este Afrika Korps alemán y tenía que ponerme en marcha hacia Libia para reconocer el terreno tan pronto como fuese posible.

Mediados de febrero vería la llegada de las primeras tropas alemanas a África: el movimiento de la 5ª División Ligera estaría completo a mediados de abril y el de la 15ª División Panzer a finales de mayo.

La condición básica para proporcionar esta ayuda era que el gobierno italiano acordaría llevar a cabo la defensa de Tripolitania en el área del Golfo de Sirte, en una línea que se extendía al sur desde cerca de Buerat, con el objetivo de asegurar el espacio necesario para el empleo de la Luftwaffe alemana en África. Esto representaba un cambio con respecto al plan italiano previo, que había estado limitado a mantener la línea defensiva de Trípoli.

(p. 99) Las fuerzas motorizadas italianas en África del Norte tenían que ser puestas bajo mi mando, mientras yo mismo iba a estar subordinado al mariscal Graziani.

(…) En la mañana del 11 de febrero reporté al general Guzzoni, jefe del Estado Mayor del Comando Supremo (en Roma), donde el plan para desplazar la defensa de Tripolitania al Golfo de Sirte se recibió con completa aprobación. Se dieron instrucciones al general Roatta, jefe del Estado Mayor del Ejército italiano, para acompañarme a Libia. Por la tarde volé a Catania (en Sicilia) donde me encontré con el general Geisler, el comandante del X Cuerpo de la Luftwaffe. Las últimas noticias de África eran muy graves. Wavell había tomado Bengasi, destruido la última división blindada al sur de la ciudad y estaba a punto de avanzar en la Tripolitania. De hecho, no se debía esperar ninguna resistencia seria posterior por los italianos. No era imposible que los próximos días vieran la llegada (p. 100) de las tropas británicas de vanguardia a las inmediaciones de Trípoli. Como la primera división alemana no estaría completa en África hasta mediados de abril, su ayuda llegaría demasiado tarde si el enemigo continuaba su ofensiva. Debía hacerse algo inmediatamente para detener la ofensiva británica.

Por tanto, pedí al general Geissler que atacara el puerto de Bengasi esa noche y que enviara bombarderos la siguiente mañana para atacar las columnas británicas al sudoeste de la ciudad. El general Geissler no quiso saber nada de ello al principio, aparentemente los italianos le habían pedido que no bombardeara Bengasi, pues muchos oficiales y funcionarios civiles italianos tenían casas allí. No tuve paciencia con esto, así que el coronel Schmundt (el ayudante de Hitler para la Wehrmacht que había acompañado a Rommel) se comunicó con el Cuartel General del Führer esa noche y recibió permiso para continuar adelante. Unas pocas horas más tarde los primeros bombarderos alemanes despegaron para su misión de inmovilizar el tráfico de suministro británico a Bengasi.

Sobre las 10:00 horas de la mañana siguiente (12 de febrero), nuestro equipo de reconocimiento despegó de Catania en dirección a Trípoli. Volando bajo sobre el agua encontramos numerosos vuelos de Junkers alemanes de vuelta de Trípoli, probablemente ocupados en misiones de suministros para la Fuerza Aérea alemana ya en África. Aterrizamos sobre mediodía en Castel Benito, al sur de Trípoli. El teniente Heggenreiner -Oficial de Enlace del general alemán en Roma (von Rintelen, agregado militar) con el Alto Mando italiano en África del Norte- nos recibió con la noticia de que el mariscal Graziani había dejado el Alto Mando pasándolo a su jefe de Estado Mayor, el general Gariboldi. Heggenreiner me expuso brevemente el panorama concerniente al montante de las fuerzas italianas en África y me describió algunos incidentes muy desagradables que habían ocurrido durante la retirada, o más bien en la desbandada en que se había convertido. Las tropas italianas habían abandonado sus armas y municiones, y trepado en vehículos sobrecargados en un desenfrenado intento de huir hacia el oeste. Esto había provocado escenas horribles e incluso a asesinatos. La moral era tan baja como podía ser en todos los círculos militares en Trípoli. La mayoría de los oficiales italianos ya había empaquetado sus maletas y estaban esperando por un rápido viaje de regreso a Italia.

Sobre las 13:00 horas reporté al general Gariboldi y lo puse en antecedentes concernientes a mi misión. Mostró poco entusiasmo por el plan para establecer una defensa en Sirte. Con la ayuda de un mapa le expliqué el bosquejo de mi esquema para defender Tripolitania. Sus principales rasgos eran ni un paso más atrás, apoyo de la poderosa Luftwaffe y que todo hombre disponible fuera enviado para la defensa del sector de Sirte, incluyendo los primeros contingentes alemanes tan pronto desembarcaran. Era mi creencia que si los británicos no podían detectar oposición alguna, probablemente continuarían su avance, pero si veían que iban a tener que combatir otra batalla, simplemente no atacarían –lo que hubiera sido su propio curso- sino que primero esperarían a reforzar sus suministros. Con el tiempo así ganado yo esperaba (p. 101) fortalecer nuestra propia fuerza hasta que finalmente tuviéramos fuerza suficiente para resistir el ataque enemigo.

Gariboldi contempló todo esto de forma muy dudosa. Estaba extremadamente desanimado por la derrota y me aconsejó que primero echara una mirada a la región de Sirte, pues, habiendo solamente acabado de llegar, difícilmente podía esperarse que yo tuviera idea alguna de las dificultades de este teatro. Le recalqué tan fuerte como pude que solamente podíamos ayudarles si ellos realmente se decidían a defender Sirte. “No me llevará mucho tiempo conseguir conocer la región,” añadí. “Le echaré una mirada desde el aire esta tarde y reportaré al Alto Mando esta noche.”]

Bien, creo que estos ejemplos bastan para mostrar el cuadro caótico que ofrecía el mando italiano en Tripolitania y la moral por los suelos que estaba gobernando el pensamiento del mando italiano y de las tropas italianas.

Mucho antes de que Rommel decidiera empujar por Bengasi, cuestión en la que se centra el parágrafo de van Creveld, el comandante alemán necesitó primeramente organizar y disponer las defensas de Sirte y levantar el desolado ánimo italiano. Primero realizó un reconocimiento aéreo, acompañado por Schmundt, del terreno afectado, entre Tarhuna y Homs, y entre Homs y Misurata, pasando por Buerat y llegando a Sirte.

Rommel limita la disponibilidad de tropas italianas en esos momentos (13 de febrero) a las divisiones de infantería “Brescia” y “Pavia” (que va a enviar a establecer posiciones defensivas al área de Sirte-Buerat) y a la blindada “Ariete”, del X Cuerpo italiano, esta última con sólo 60 tanques obsoletos y que seguirá a las de infantería para estacionarse al oeste de Buerat, movimientos difíciles por carencia del transporte necesario hacia Buerat, que estaba a unos 400 kilómetros de Trípoli.

Unos días más tarde, Rommel voló a Sirte para inspeccionar el contingente italiano que defendía la línea, y que alcanzaba la fuerza de un regimiento a las órdenes del mayor Santa Maria y el coronel Grati. Ésta era la única fuerza que en esos momentos podía oponer Rommel a un ataque británico, pues las demás unidades italianas se encontraban a más de 300 kilómetros al oeste.

El 14 de febrero, al tiempo que Rommel ordenaba el traslado de la primera división italiana a Sirte, llegaban las primeras unidades alemanas de la 5ª División Ligera a Trípoli: un batallón de reconocimiento (3º) y un batallón antitanque (39º). El día 16, dos días más tarde, el 3º Batallón de Reconocimiento al mando del barón von Wechmar ya estaba operando con las tropas de Santa Maria en Sirte.

A pesar del consejo en contra de los italianos, dato a tener en cuenta, cuenta Rommel que el mayor Otto, intendente del Afrika Korps, organizó el transporte de suministros a través de la costa mediante barcos de pequeño tamaño, aliviando sustancialmente la presión ejercida sobre el tráfico rodado de columnas de camiones, hecho al que Rommel concede un “inmenso valor”.

El 24 de febrero tuvo lugar el primer enfrentamiento entre italo-alemanes (elementos de Wechmar, Santa Maria y el 39º Batallón Antitanque) y británicos con el resultado de varios vehículos británicos destruidos, tres prisioneros y ninguna pérdida por parte del contingente italo-germano. El 4 de marzo, el general Streich, el comandante de la 5ª División Ligera que había tomado el mando en el frente, avanzó hacia el desfiladero de Mugtaa y lo cerró con minas, dando a la defensa italo-alemana una posición más segura, dejando a los británicos sólo dos posibilidades de ataque: uno frontal, fácilmente defendible para los italo-alemanes, y otro de flanco, difícilmente ejecutable pues suponía una larga marcha por terreno muy complicado. Con Mugtaa, a unos 800 kilómetros al este de Trípoli, dice Rommel que se ganó un pequeño puerto, Ras el Ali, al que rápidamente se comenzó a enviar material. También dice que en esos momentos los intentos británicos para estrangular sus suministros mediante acciones navales en el Mediterráneo y ataques aéreos contra Trípoli no consiguieron gran éxito. Por otra parte, el 11 de marzo había acabado de desembarcar el 5º Regimiento Panzer. Dos días antes, Rommel desplazaba su Cuartel General a Sirte.

El 15 de marzo un contingente italo-alemán bajo el mando del conde von Schwerin avanzó desde Sirte hacia Murzuch, unos 720 kilómetros hacia el sur. Cuenta Rommel que el Alto Mando italiano le había solicitado esta operación por la amenaza de las tropas del general De Gaulle en Libia meridional, pero que para él, el principal propósito de la operación era ganar experiencia en largas marchas y comprobar el equipo en el terreno y condiciones africanas. Poco después la “Brescia” había llegado a Mugtaa y la 5ª División Ligera alemana estaba disponible para operaciones móviles.

El 19 de marzo Rommel vuela al CG del Führer. Allí, Brauchitsch le informa de que no hay intención alguna de lanzar un golpe decisivo en África en el futuro inmediato, y que por tanto Rommel no debe esperar refuerzos. Sólo con la llegada de la 15ª División Panzer a finales de mayo, sólo entonces debe Rommel atacar y destruir al enemigo en torno a Agedabia, y quizás entonces pueda ser tomada Bengasi. Rommel le recalca al comandante en jefe del OKH que no sólo debería tomarse Bengasi sino toda la Cirenaica, pues el área de Bengasi no puede defenderse en sí misma. Y esto era una gran verdad. Había muy pocos sectores en el desierto occidental de Libia-Egipto que se prestasen a una defensa posicional preparada, y Bengasi no era uno de ellos. Rommel se queja de los esfuerzos de Brauchitsch y Halder por recortar las fuerzas destinadas a su contingente en África, subrayando que el momento de debilidad británica en África del Norte era el mejor para ganar la iniciativa de una vez y para siempre. Sobre esta reunión habrá que volver en otra ocasión.

Una fuerza mixta italo-alemana había tomado el Oasis de Marada y, por razones de mantenimiento y de neutralizar el bombardeo británico de las columnas de suministros del Eje, el 24 de marzo Rommel ordenó (en realidad, lo había ordenado antes de su viaje al CG del Führer el 19 de marzo) un ataque a El Agheila, para apoderarse del aeródromo y neutralizar la guarnición británica de su fuerte. El fuerte, el aeródromo y varios puntos de suministro de agua fueron tomados por el 3º Batallón de Reconocimiento a primeras horas del 24 de marzo, retirándose los británicos en el proceso de ese ataque hacia el desfiladero de Mersa el Brega.

Continuaremos en otra ocasión.
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Notapor José Luis » Sab Mar 17, 2007 6:46 pm

¡Hola a todos!

Rommel decidió atacar Mersa el Brega el 31 de marzo. Tenía motivos razonables para haber tomado esa decisión. Él mismo los cuenta: [(p.107) El desfiladero de Mersa el Brega era el primer objetivo del ataque que teníamos que lanzar en mayo sobre las fuerzas enemigas en torno a Agedabia. Después de que los británicos fueran expulsados de El Agheila, se establecieron en los altos dominantes de Mersa el Brega y al sur de las marismas saladas de Bir es Suera, y comenzaron a fortalecer su posición. No sin recelo vigilamos sus actividades, pues si se les hubiera concedido tiempo para reforzar, alambrar y minar esas posiciones naturalmente fuertes, entonces habrían tenido la contrapartida de nuestra posición en Mugtaa, que era difícil tanto atacar como flanquear por el sur. La región al sur de Wadi Faregh, unas 20 ó 30 millas al sur de Mersa el Brega, era extremadamente arenosa y casi impasable para vehículos. Me enfrentaba por tanto a la elección de bien esperar a que el resto de mis tropas llegaran a finales de mayo -lo que hubiera dado a los británicos tiempo para construir tan fuertes defensas que habría sido muy difícil que nuestro ataque consiguiera el resultado deseado-, o bien continuar adelante con nuestras pequeñas fuerzas existentes para atacar y tomar la posición de Mersa el Brega en su actual estado sin desarrollar. Me decidí por lo último].

No sólo el evitar que los británicos consolidaran su posición defensiva en Mersa el Brega sino también la necesidad de apoderarse de pozos de agua, llevó a Rommel a decidirse por este ataque. Tras un ataque frustrado de elementos de la 5ª División Ligera en la tarde del 31 de marzo, Mersa el Brega fue tomada por el 8º Batallón de Ametralladoras en una operación nocturna. Agedabia caería en la tarde del 2 de abril. Y luego vino la decisión de Rommel de lanzar una ofensiva general para reconquistar toda la Cirenaica. Bajo mi punto de vista, fue su primer gran error en África dadas las circuntancias político-militares existentes dentro de los altos mandos alemán e italiano.

Es interesante (y quizás divertido) detenerse en la discusión que tuvo lugar entre Gariboldi y Rommel el anochecer del 3 de abril de 1941. Rommel cuenta: [(p. 111) A mi regreso al Cuartel General me encontré con el comandante-en-jefe italiano, general Gariboldi, quien de ninguna manera estaba satisfecho con el curso de la acción hasta la fecha, y me amonestó violentamente, principalmente porque nuestras operaciones estaban en contradicción directa con las órdenes de Roma. Añadió que la situación del suministro era demasiado insegura para permitir a cualquiera asumir la responsabilidad de semejante operación, o de sus consecuencias. Quiso que suspendiera toda acción y no ejecutara movimientos posteriores sin su expresa autoridad.

Yo había decidido desde el principio luchar por la más grande posible medida de libertad táctica y operacional y, más aún, no tenía intención alguna de dejar pasar las buenas oportunidades sin aprovecharlas. En consecuencia la conversación se volvió acalorada. Expuse mis opiniones claramente y sin equivocación. El general Gariboldi quería primero obtener autoridad de Roma. Pero de esa forma podían pasar días perdidos; no iba a tolerarlo y dije que intentaría seguir haciendo lo que sentía que tenía que hacer cualquiera que fuese la situación que se diera. Esto llevó la discusión a su clímax. En ese justo instante llegó una comunicación -deus ex machina- del Alto Mando alemán dándome completa libertad de acción, dejando la discusión exactamente como yo deseaba
]

Rommel no dio cuenta entera en sus memorias del contenido de ese mensaje del Alto Mando alemán, pero de ahí a decir que engañó a Gariboldi, tal como afirma David Irving en su The Trail of the Fox, hay un abismo. El mensaje era del OKW y hacía referencia a la directiva del Führer del día anterior, avisando a Rommel de que no avanzara más, subrayando los otros compromisos del Eje y anunciando demoras en el transporte de la 15ª División Panzer. Pero el mensaje concluía: "Un avance posterior del Afrika Korps alemán es por tanto solamente posible si puede determinarse más allá de toda duda que el enemigo está retirando la mayor parte de sus unidades móviles de Cirenaica. Siguen órdenes escritas." Este pasaje se encuentra en la página 676 de Gerhard Schreiber, Bernd Stegemann, Detlef Vogel, Germany and the Second World War, Volume III, The Mediterranean, South-east Europe, and North Africa 1939-1941 (Oxford University Press, 1995), y en su original dice así (pongo en negrita la parte que he traducido):

[On the evening of 3 April he came to Rommel and a violent argument ensued between the two men. Gariboldi pointed to the insecure supply situation; he demanded that Rommel break off the operation, which was in defiance of the orders of the Italian high command, and refrain from carrying out any further troop movements without marching orders. Rommel, on the other hand, insisted that he should be free to react as he thought necessary to the changing situation; he considered Gariboldi’s misgivings about the supply situation to be unfounded.

At this point a message arrived from the Wehrmacht high command which referred to Hitler’s directive of the day before, warned Rommel not to advance further, pointed to other commitments of the Axis, and announced delays in the transport of 15th Armoured Division to North Africa. The message concluded: “A further advance of the German Africa Corps is therefore only possible if it can be determined beyond any doubt that the enemy is withdrawing most of his mobile units from Cyrenaica. Written order follows.” Thereupon Rommel announced that the Wehrmacht high command had granted him complete freedom of action. Gariboldi abandoned his opposition, although Rommel was formally his subordinate]

Bien, el problema, a mi juicio, no era inicialmente uno de logística como apuntaba Gariboldi (y van Creveld), sino de valoración de la situación en el bando británico por parte de Rommel y de fuerzas disponibles que tenía para recapturar toda la Cirenaica, lo que implicaba capturar Tobruk. Rommel se equivocó en su valoración y, consecuentemente, arriesgó la empresa a sus escasas fuerzas, volviéndose finalmente la situación contra él. Este asunto, primordial, lo veremos en una próxima ocasión.

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Notapor beltzo » Sab Mar 17, 2007 8:00 pm

Hola a Todos:

Amigo José Luis permiteme un inciso para mostar mi desacuerdo con la siguiente frase:

[Y luego vino la decisión de Rommel de lanzar una ofensiva general para reconquistar toda la Cirenaica. Bajo mi punto de vista, fue su primer gran error en África dadas las circuntancias político-militares existentes dentro de los altos mandos alemán e italiano.]

Visto en retrospectiva y a la vista de cómo salieron las cosas es fácil caer en la tentación de que se trató de un error de Rommel, pero a mí juicio, e incluso visto en retrospectiva era Rommel quien estaba en lo cierto. El mismo Rommel da una explicación difícilmente rebatible:

[El 19 de marzo me trasladé al Cuartel General del Führer, para informar y recibir nuevas instrucciones. El Führer me otorgó las Hojas de Roble, por la gesta de la 7.a División Panzer en Francia. El Jefe del Ejército (von Brauchitsch) me informó de que no existía la intención de descargar un golpe decisivo en África, al menos por entonces, y de que, por el momento, no esperara refuerzos. Después de la llegada de la 15.a División Panzer, a finales de mayo, debía atacar y destruir al enemigo en los alrededores de Agedabia. Quizá pudiera ser tomado Bengasi. Señalé que no debía ocuparse solamente la ciudad, sino también todo Cirenaica, ya que la zona de Bengasi no era capaz de sostenerse por sí sola. No me sentí satisfecho ante los esfuerzos del Mariscal von Brauchitsch y del Coronel General Halder para reducir el número de tropas mandadas a África, y dejar a la ventura dicho teatro de la guerra. La momentánea debilidad inglesa en el norte de África debía ser explotada con la mayor rapidez, a fin de ganar la iniciativa de una vez para siempre.]
Memorias de Rommel "los años de victorias"

Desde Bengasi los ingleses estaban en disposición por medio de la aviación de hostigar los suministros que partían hacía África así como de bombardear los puertos africanos incluido el de Trípoli, y esto en conjunción con las acciones llevadas a cabo desde Malta podía resultar fatal. Así que ocupar Bengasi era una necesidad, pero si por otra parte, como afirma Rommel, Bengasi no puede sostenerse por si mismo* ¿que otra alternativa le quedaba?

Su última frase revela una de las esencias del arte de la guerra, aprovechar la debilidad del enemigo para resolver una campaña, esto es lo que él intentó y lo que el OKH no supo ver, las cosas no salieron como Rommel pensaba, pero la culpa no reside tanto en él como en los que soslayaron una oportunidad que no se volvería a repetir. Lo que si se le puede achacar es una errónea valoración de las dificultades de tomar Tobruk y la manera en que se llevó a cabo, pero su estrategia en lo fundamental era acertada.

*Rommel mantenía con toda razón, que era posible establecerse en uno u otro extremo de la protuberancia de la Cirenaica pero no en medio, expuestos a recibir ataques desde los dos flancos a través de la cuerda del arco, la orden del OKH era errónea operativamente hablando.


Saludos
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Notapor José Luis » Sab Mar 17, 2007 9:11 pm

¡Hola a todos!

¡Qué tal, Beltzo!

Si has leído todo el topic, habrás podido observar que ya reseñé con anterioridad las frases y circunstancias de Rommel que tú has sacado ahora a colación. No lo he hecho en vano, pues es muy fácil perder el hilo central que pretendo en la "crítica" del análisis de van Creveld.

Los argumentos que tú expones, que fueron los de Rommel, para la reconquista de toda la Cirenaica deben superar las siguientes condiciones:

1) Las órdenes del OKW, es decir, un avance posterior sólo debía ejecutarse si no había duda alguna de que el grueso de la fuerza móvil del enemigo se iba a retirar o estaba retirando de la Cirenaica.

a) Rommel valoró erradamente las intenciones de los británicos, pues en todo momento, incluidos sus primeros ataques a Tobruk, pensó que los británicos querían retirarse de esta plaza al modo en que lo habían hecho más o menos un año antes en Dunkerque. Sin embargo, los británicos habían recibido órdenes de Churchill de defender Tobruk a toda costa. Lógicamente, esto no lo sabía Rommel, como tampoco sabía que, en su retirada, la 9ª División australiana había llegado a Tobruk y reforzado sus defensas.

2) Cualquier intento de reconquistar la Cirenaica debía tener en cuenta la viabilidad de la captura de Tobruk. Si los británicos se determinaban a defender Tobruk a toda costa, Rommel era consciente (ya antes de emprender la ofensiva general del 3 de abril) que no contaba con las fuerzas suficientes para rendir la plaza. Pero sabemos que Rommel, cuando ordenó esa ofensiva, estaba convencido de que los británicos se retiraban de la Cirenaica y, en consecuencia, no defenderían Tobruk a ultranza.

b) Éste fue el error de valoración de Rommel, lo que le llevó a no valorar en su justa medida la importancia de capturar Tobruk antes de continuar su avance hacia los confines de la frontera libio-egipcia, en Bardia y Sollum. Dejar Tobruk en medio con la esperanza de rendirlo después estaba en consonancia con la valoración previa de Rommel, y como esa valoración era errada, las consecuencias de la determinación británica de defender Tobruk hasta el final dieron un vuelco a la posición de Rommel. Es más, tengo para mí que en esos momentos (dejando al margen el no haber intentado rendir Tobruk antes de lanzar a sus elementos hacia Egipto) Rommel debió suspender sus operaciones y regresar a sus posiciones de Agedabia en vista de que, por otra parte, en el OKW-OKH no estaban por la labor de reforzar el cuerpo de Rommel en grado suficiente para poder capturar Tobruk. Continuar con sus operaciones tal como hizo, sólo podía reportar a Rommel un desgaste y unas pérdidas de material y hombres innecesarias, además de dificultar la ya de por sí complicada tarea logística de mantener abastecidos a sus elementos de vanguardia.

Por tanto, y en mi opinión, no se trata exclusivamente de una visión retrospectiva, sino de analizar unos elementos de juicio que Rommel disponía, y que valoró y calculó erradamente.

Fíjate que yo no pretendo analizar el acierto o desacierto de las decisiones de Rommel en el terreno táctico y operacional, pues no me mueve a eso este topic (sino a la famosa cuestión de los problemas logísticos en África del Norte esbozados por van Creveld), pero a la hora de considerar por mi parte que en esta fase de la campaña la logística no fue la que determinó el estancamiento de Rommel en torno a Tobruk, debo forzosamente considerar las circunstancias que rodearon sus decisiones tácticas y operacionales.

Si es cierto que Benghazi no podía defenderse en sí misma -aserto que como ya he dicho anteriormente me parece completamente sólido-, no es menos cierto que para conquistar la Cirenaica era necesario conquistar previamente Tobruk. Y en tal sentido, a mi juicio, Rommel jamás debió lanzarse a por Benghazi y la Cirenaica si no tenía los medios a su alcance para echar a los británicos de Tobruk y conquistar esa plaza. Jugó su partida y le salió mal. Es cierto que pudieron ayudarle a rendir Tobruk, pero no es menos cierto que él poseía desde el principio unas instrucciones claras en tal sentido, y no podía esperar más refuerzos de los que ya tenía.

Hay otros detalles de todo lo que sucedió en torno a los intentos de Rommel por capturar Tobruk, pero ya escapan del tema central del debate, pues pertenecen a las consecuencias de una decisión inicial, y no a la decisión misma, que es lo que juzgo.

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Notapor beltzo » Dom Mar 18, 2007 2:22 am

Hola José Luis:

Me parece que lo que no tenemos es la misma percepción sobre la urgencia en tomar Bengasi, yo lo considero condición imprescindible para que logísticamente se pueda sostener un ejército en África, si los ingleses instalaban aeródromos operativos en la zona, el peligro sería como el de Malta pero centuplicado, no es lo mismo neutralizar Malta desde Sicilia que hacer lo mismo con Bengasi, con mucha mayor capacidad y facilidad para acoger bombarderos, los suministros no llegarían a los puertos africanos y los que llegaran se encontrarían con unos puertos bajo constante amenaza de bombardeo, el triángulo formado por Malta, ULTRA y Bengasi sería ciertamente fatal, en esas condiciones la campaña africana hubiese acabado casi antes de empezar.

Para mí el riesgo que corrió Rommel estaba más que justificado pues no hizo más que poner las condiciones mínimas para que el norte de África pudiese ser reforzado convenientemente y estoy hablando desde el punto de vista de la logística. Erró como ya he dicho en la manera en que pensaba tomar Tobruk pero no en lo fundamental, y tampoco esta de más recordar que crusader se adelantó a su intento más serio de tomar Tobruk por unos pocos días y que ULTRA tuvo algo que ver en ello. Pero a poco interés que el OKH hubiese puesto por tomar Tobruk estoy por asegurar que habría sido Rommel quien se adelantara a los británicos.

Los que sin más, y esto va por los que se dedican a escribir libros al respecto, califican el avance de Rommel como un disparate estratégico desde el punto de vista logístico, tendrían que tener en cuenta que lo realmente disparatado hubiese sido dejar que los ingleses se instalaran comodamente en Bengasi para que desde allí tuviesen la oportunidad de destruir cualquier posibilidad para las tropas germano-italianas de permanecer en África.

Saludos
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Notapor José Luis » Dom Mar 18, 2007 10:19 am

¡Buenos días a todos!

¡Hola de nuevo, Beltzo!

Verás, no creo que el fundamento de lo que tratamos resida en nuestras aparentemente diferentes percepciones sobre “la urgencia en tomar Bengasi”. Para comprender esto es necesario analizar paso a paso el fondo de la cuestión.

1) Rommel llega a Trípoli con instrucciones claras de Hitler y Brauchitsch: ayudar a los italianos a defender la Tripolitania en el Golfo de Sirte, en contra de los planes italianos de defender exclusivamente Trípoli.

2) A tal fin, el OKH le asigna un cuerpo de ejército formado por dos divisiones, una ligera y otra blindada, que se estiman estarán totalmente desplegadas en el teatro de operaciones a mediados de abril (5ª División Ligera) y finales de mayo (15ª División Panzer)

3) Al llegar a Trípoli, Rommel, tras hacerse una idea de la situación del terreno de Sirte mediante un reconocimiento aéreo personal, comienza a tomar las medidas tácticas de su consideración encaminadas a levantar posiciones defensivas en el área de Sirte-Buerat. Está iniciando el cumplimiento de su misión, que operacionalmente consiste en afianzarse en el área de Sirte para levantar y reforzar sus defensas y, al mismo tiempo, ganar espacio operativo para posibilitar la libertad operacional requerida por la Luftwaffe.

4) Rommel, con buen criterio, decide levantar el bastión defensivo de Sirte en torno a Mugtaa, para lo cual ordena capturar esa plaza el 4 de marzo, y sienta en ella el eje defensivo del área de Sirte, a unos 800 kilómetros al este de Trípoli.

5) El 19 de marzo vuela a Berlín para entrevistarse con Hitler y Brauchitsch. Este último le repite nuevamente cuál es su misión, cuáles son las intenciones del OKH en el teatro africano (o mejor dicho, cuáles no son), le reitera que no debe esperar refuerzos, excepto la 15ª DP a finales de mayo, y concluye que sólo en esa fecha, finales de mayo, Rommel debe atacar a los británicos y destruirlos en torno a Agedabia.

6) El 24 de marzo, Rommel ordena una operación de reconocimiento hacia El Agheila, para expulsar a los británicos de esa área y privarles de su aeródromo, entre otras cosas. Los británicos se retiran hacia Mersa el Brega.

7) El 31 de marzo, Rommel ordena el ataque a Mersa el Brega, por las razones que ya hemos apuntado unos mensajes más arriba, y captura esa plaza el 2 de abril.

Hasta esos momentos, es decir, hasta el 2 de abril, Rommel ha tomado dos decisiones bien diferentes con respecto a las instrucciones que tenía del OKH: una, de acuerdo a ellas, levantar y consolidar posiciones defensivas en torno a Sirte, de acuerdo al objetivo de su misión; dos, profundizar su frente defensivo en torno a Agedabia, operación que no estaba dentro de sus instrucciones, sino hasta finales de mayo. Sin embargo, había buenas razones operacionales de estrategia defensiva que justificaban sus últimos movimientos. Hasta aquí, si bien se había excedido en sus atribuciones, Rommel había actuado dentro de los límites de flexibilidad del Auftragstaktik alemán.

Pero a partir de esos momentos, cualquier avance posterior tenía que justificarse y, lo que es más, tenía que estar sometido a la lógica de cualquier plan operacional. La ofensiva general ejecutada por Rommel el 3 de abril (en realidad. una continuación de la operación del 31 de marzo) no fue el fruto de un meditado plan operacional, sino de la improvisación de un hecho puntual: el conocimiento de que los británicos estaban abandonando Bengasi (información proporcionada por un cura). Ahora bien, tomar Bengasi implicaba capturar la Cirenaica, so pena, en caso contrario, de tomar una plaza (y puerto) indefendible en sí misma. Y capturar la Cirenaica requería disponer de los recursos necesarios para tal empresa. Obligaba a expulsar, combatiendo, a los británicos y hacerse con las plazas y puertos de Tobruk y Derna, especialmente Tobruk por su importancia logística y por su naturaleza de bastión defensivo (de los pocos que había en Libia).

Rommel disponía en esos momentos de cuatro divisiones: “Brescia” y “Pavia” de infantería, la blindada “Ariete” y la 5ª Ligera alemana. No podía contar con la 15ª División Panzer hasta finales de mayo, y estaba a comienzos de abril. Antes de continuar, analicemos la lógica de ese “plan operacional”.

• Situación estratégica: Rommel estaba plenamente enterado de que el Alto Mando alemán no le iba a enviar más refuerzos de los que ya disponía. Igualmente había sido informado, sin lugar al equívoco, que el Alto Mando no tenía pensado dar “un golpe decisivo en África del Norte en el futuro inmediato”. Por último, el OKW le había concedido libertad operacional para continuar su avance del 31 de marzo-2 de abril siempre y cuando tuviese la plena seguridad de que los británicos estaban decididos a retirarse de la Cirenaica, es decir, a no ofrecer una resistencia de consideración.

• No viene al caso aquí valorar el acierto o desacierto de las decisiones estratégicas del Alto Mando alemán con respecto a Libia. Acertadas o desacertadas, eran las que eran. Y Rommel debía tenerlo presente.

• Rommel continuó su avance el 3 de abril bajo la convicción, fundada o infundada, de que los británicos abandonarían la Cirenaica.

• Si ello fuera así, es decir, si Rommel estaba en lo cierto, entonces sus objetivos operacionales brindarían una excelente ventaja estratégica: los puertos de Bengasi, Derna, Tobruk y Bardia. Además, eliminaría con ello, al menos temporalmente, la amenaza británica sobre Trípoli, y dispondría, en un futuro oportuno, de la posibilidad de lanzar una ofensiva a gran escala contra los británicos en Egipto. Naturalmente, todas estas ventajas tendrían que ser valoradas del mismo modo por Hitler, la única persona que podía decidir trasladar temporalmente, en un momento dado, el centro de gravedad de la guerra hacia África del Norte y el Mediterráneo.

• Pero si Rommel estaba equivocado en su enjuiciamiento sobre las intenciones británicas en la Cirenaica, entonces debía hacer frente con lo que tenía (4 ó 5 divisiones) a las consecuencias operacionales de una decidida resistencia británica, y finalmente superarla, so pena de ver su guerra de movimientos estancada en una guerra posicional y tener que padecer las terribles consecuencias de una situación tal. ¿Estaba preparado para ello?

Para ponderar el equilibrio entre los objetivos de su operación y los medios de que disponía a tal fin, Rommel tendría que tener un cuadro más o menos fiable del alcance en fuerza y armamento de las unidades británicas que defendían la Cirenaica y a las cuales, en última instancia, tendría que destruir o hacer retroceder para la consecución de sus objetivos. ¿Tenía buena información sobre ese cuadro?

Las unidades de combate que defendían la vanguardia de las posiciones británicas en torno a Agedabia estaban agrupadas bajo el “Mando Cirenaica” a las órdenes del general Neame, y comprendían la 2ª División Acorazada (menos una brigada) y la 9ª División Australiana. Cuando Neame fue capturado el 6 de abril, Wavell asignó para ese puesto al mayor general Lavarack, comandante de la 7ª División Australiana, y le encomendó la defensa a ultranza de Tobruk, que se convirtió en la pieza clave de toda la ofensiva de Rommel (o de toda la defensa británica) .

Lavarack dividió sus fuerzas en tres grupos: el primero, bajo el mando del mayor general Morshead (comandante de la 9ª División Australiana), comprendía esta división y cuatro regimientos de artillería británicos; su misión era defender la fortaleza de Tobruk. El segundo grupo era una fuerza mecanizada bajo el mando del brigadier Gott, que debía defender fuera del perímetro defensivo de Tobruk en torno al sur de la carretera costera que llevaba a Tobruk. El tercer grupo venía dado por la reserva del Mando Cirenaica, compuesta por la 18ª Brigada (7ª División Australiana) de Lavarack, con una batería antitanque y todos los tanques disponibles.

El 10 de abril, el día en que Rommel lanzó su primer ataque contra Tobruk, la fuerza de Lavarack en Tobruk comprendía unos 32.000 hombres (14.270 australianos, 9.000 británicos, 5.700 británicos-australianos-hindúes, y 3.000 trabajadores libios) distribuidos entre la 9ª División Australian, la 18ª Brigada Australiana y unidades varias (1). Esta fortaleza defensiva, un auténtico bastión, contaba, además, con el apoyo de la RAF y la Royal Navy.

Rommel, como continuación de su operación del 31 de marzo, lanzó una ofensiva en tres ejes. En el flanco izquierdo de su principal ataque lanzó a la “semi-motorizada” “Brescia” junto con el 3º Batallón de Reconocimiento (5ª División Ligera) a lo largo de la carretera costera para hostigar la retirada británica. En el flanco derecho extremo de su principal ataque lanzó elementos de la 5ª División Ligera y el batallón de reconocimiento de la División “Ariete” en una profunda incursión a desierto abierto con objetivo final Derna (que cayó el 7 de abril) para cerrar el paso de la retirada británica. En el centro, su principal ataque, desplegó el grueso de su blindaje, esto es, el 5º Regimiento Panzer junto con el resto de elementos de la 5ª División Ligera y la División “Ariete”, con dirección Msus y Mechili (que cayeron el 6 de abril).

Rommel había conseguido en una semana casi todo lo que anteriormente O’Connor había conseguido en dos meses. Pero el casi estaba en Tobruk.

Desacertado en sus estimaciones, Rommel, que todavía seguía creyendo que los británicos pretendían abandonar Tobruk, se enfrentaba ahora a un desafío para el que no disponía de fuerzas suficientes: la captura de Tobruk y sus 32.000 defensores. Sus fuerzas y sus recursos se habían desgastado sustancialmente en su audaz operación, especialmente en las incursiones desérticas por causa de las terribles dificultades inherentes al terreno y, como es natural, por la resistencia ofrecida por las unidades británicas, especialmente en Mechili.

En esas circunstancias, atacar Tobruk era una empresa inútil. Rommel estaba empantanado, frustrado por una plaza que se interponía logísticamente con sus tropas de avanzada en la frontera libio-egipcia, y sin esperanzas de poder mejorar decisivamente su posición operacional.

A nadie podía culpar de ello. Objetivamente hablando, Rommel jugó por su propia cuenta y le salió mal. Y uno debe asumir como propios los errores y/o aciertos de sus propias decisiones. Ésta es mi opinión.

(1) Ward A. Miller, The 9th Australian Division Versus the Africa Corps (U.S. Army Command and General Staff College, Fort Leavenworth, 1986), p. 12

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Notapor beltzo » Dom Mar 18, 2007 5:17 pm

Hola de nuevo:

Amigo José Luis, a mi modo de ver las cosas, el acierto o desacierto del OKH si que es relevante, y mucho, en la cuestión, hagamos un ejercicio de imaginación y supongamos que Rommel se atañe a las órdenes recibidas y deja Bengasi en manos británicas, como consecuencia la situación logística en el norte de África se vuelve insostenible y el ejército italo-germano se pierde, ¿de qué estaríamos hablando ahora? Pues precisamente de la oportunidad que perdió al no arriesgarse a explotar el éxito operacional de principios de abril que si bien ofrecía riesgos estos eran infinitamente menores que perder la posición en el norte de África.

Lo podemos trasladar a Stalingrado donde Paulus recibe órdenes de permanecer allí a la espera de que el cerco sea levantado desde el exterior, Paulus obedece con los resultados ya conocidos, ¿qué se le achaca de manera repetida a Paulus? Pues ni más ni menos que el cumplimiento a ultranza de unas órdenes insensatas. Ahora hagamos nuevamente un ejercicio de imaginación, y supongamos que Paulus decide ignorar las órdenes, intenta romper el cerco y fracasa quedando el VI ejército destruido en la estepa rusa, ¿qué se diría entonces?, pues que Paulus cometió un error al desobedecer las órdenes recibidas, y sin duda se encontrarían mil y un razones para argumentar que hubiese sido más adecuado cumplirlas.

¿Y qué quiero significar con esto? Pues sencillamente que cuando algo fracasa siempre se encontraran razones para posicionarse en contra puesto que no podemos saber a ciencia cierta lo que hubiese ocurrido de otro modo, aunque podamos tener indicios bastante fundados al respecto.

Yo puedo hablar sobre lo que haría de encontrarme en la tesitura de Rommel, y aquí es donde coincido plenamente con su actuación, que era la única que podía llevar a un éxito verdaderamente estratégico, el riesgo era a mi modo de ver infinitamente menor que el de permanecer cruzado de brazos siguiendo las ordenes del OKH, y fíjate que lo digo sabiendo que los resultados no fueron los esperados. Si, falló en la apreciación de Tobruk, pero también es cierto que se mantuvo allí hasta noviembre tiempo más que suficiente para que Hitler y el OKH se decidieran por conceder al escenario africano la importancia que realmente tenía. No lo hicieron, pero esto, ¿es culpa de Rommel y una decisión arriesgada contraviniendo las órdenes recibidas o de una estrategia cuasi-única y sin alternativas que ya había naufragado en Rusia?

Con esto finalizo porque creo que el inciso ya se ha extendido demasiado, únicamente espero haber conseguido explicar el porque de mi apreciación.

Saludos
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Notapor josan » Dom Mar 18, 2007 9:26 pm

Absolutamente de acuerdo con lo expuesto por Beltzo.Un saludo.
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Notapor José Luis » Lun Mar 19, 2007 11:02 am

¡Buenos días a todos!

Cita de Beltzo: [Amigo José Luis, a mi modo de ver las cosas, el acierto o desacierto del OKH si que es relevante, y mucho, en la cuestión, hagamos un ejercicio de imaginación y supongamos que Rommel se atañe a las órdenes recibidas y deja Bengasi en manos británicas, como consecuencia la situación logística en el norte de África se vuelve insostenible y el ejército italo-germano se pierde, ¿de qué estaríamos hablando ahora? Pues precisamente de la oportunidad que perdió al no arriesgarse a explotar el éxito operacional de principios de abril que si bien ofrecía riesgos estos eran infinitamente menores que perder la posición en el norte de África.]

Beltzo, si quieres podemos hablar del acierto o desacierto de los objetivos estratégicos que se marcó Hitler en esa época, es decir, de su acierto o desacierto en la conducción de la guerra. No era el OKH quien marcaba esos objetivos estratégicos o conducía la guerra, como no podía ser de otra manera no sólo en el ejército alemán sino en cualquier otro ejército (la guerra es una cuestión política); Brauchitsch y Halder, además de planificar las operaciones militares, tenían como labor asesorar a Hitler en cuestiones militares y sobre la viabilidad o inviabilidad de la consecución de objetivos estratégicos mediante operaciones militares. Por tanto, no eran estos dos jefes militares, y mucho menos un comandante de cuerpo, quienes tenían la autoridad y potestad para fijar los objetivos estratégicos de la guerra. Como sabes, yo soy un firme defensor de la alternativa de la “estrategia periférica” en 1940, y no tengo duda alguna de que Hitler erró decisivamente a nivel estratégico en las decisiones que tomó en el verano-otoño de 1940. Pero ésta es otra cuestión que pertenece al nivel estratégico de la guerra, nivel en el que Rommel no tenía nominalmente ninguna atribución, ni podía tenerla. Rommel, en todo caso, debía limitarse a exponer al OKH y a Hitler (por su especial relación) las posibilidades estratégicas que ofrecía la situación actual (entonces, en la primavera de 1941) en África del Norte y el Mediterráneo, e incluso presionar para aprovecharlas; pero de ahí a ser él quien marcara la estrategia de la guerra en ese teatro de operaciones, dista un abismo imposible de superar.

Por otra parte, y siguiendo con tu frase, Rommel, tras capturar Mersa el Brega, no tenía motivo alguno para sentir una ansiedad defensiva, pues los británicos emprendieron la retirada. Tampoco tenía razón defensiva alguna para capturar Bengasi, pues, primero, los británicos se estaban retirando igualmente de Bengasi (después de explosionar todos sus almacenes y las instalaciones portuarias), y, segundo y como consecuencia, Bengasi dejaba de ser base desde la cual la RAF despegase para misiones de bombardeo contra Tripolitania. ¿Porqué se tiene que volver, pues, insostenible la situación logística en África del Norte (habría que decir concretamente en la Tripolitania) para las cuatro o cinco divisiones con que cuenta Rommel en una posición estrictamente defensiva y sin amenaza alguna de una acción ofensiva británica a corto plazo? En todo caso, bastaba con emplear los medios y personal de ingeniería suficientes para ampliar o llevar a su máximo la capacidad de movimiento del puerto de Trípoli ¿Y por qué se tiene que perder el “ejército” italo-germano, que era en realidad un cuerpo de ejército reforzado? En la primavera de 1941 y tras la captura de Mersa el Brega y la retirada en profundidad de las tropas británicas, ¿dónde ves tú a corto plazo el riesgo de que el Eje perdiera sus posiciones en África del Norte? Las preocupaciones británicas en esos momentos estaban puestas en Grecia, como las del Eje (incluyendo la preparación de la aventura rusa). Rommel podía perfectamente haber consolidado y reforzado sus posiciones defensivas, y haber esperado el desenlace de la campaña de los Balcanes mientras recibía paulatinamente el resto de sus refuerzos (la 15ª División Panzer). Y después, a la vista de los resultados en los Balcanes, plantear nuevamente a sus superiores la conveniencia de una ofensiva a gran escala contra los británicos en la Cirenaica y, si era viable, en Egipto.

Rommel fue para mí el soldado ejemplar de la guerra y tengo para él mi admiración y respeto como no la tengo para ningún otro soldado de la IIGM, y ya desde hace más de 35 años. Pero eso no quita para que pueda juzgar objetivamente los errores de sus decisiones cuando los hubo. Y la ofensiva general de abril de 1941 fue uno de esos errores, y además fue un error no forzado.

Cita de Beltzo: [Lo podemos trasladar a Stalingrado]

No, amigo mío; podemos hacerlo (cualquier cosa podemos hacer en este sentido), pero haríamos muy mal. El Stalingrado del otoño de 1942 no tiene absolutamente nada que ver con la Cirenaica de la primavera de 1941. En Rusia había un ejército (éste sí que era un ejército) en peligro de muerte desde el 19 de noviembre de 1942 (en realidad desde antes, pero dejémoslo estar así); en Tripolitania, el Afrika Korps no corría peligro alguno el 3 de abril de 1941. El ejemplo no resiste comparación alguna.

Cita de Beltzo: [donde Paulus recibe órdenes de permanecer allí a la espera de que el cerco sea levantado desde el exterior, Paulus obedece con los resultados ya conocidos, ¿qué se le achaca de manera repetida a Paulus? Pues ni más ni menos que el cumplimiento a ultranza de unas órdenes insensatas. Ahora hagamos nuevamente un ejercicio de imaginación, y supongamos que Paulus decide ignorar las órdenes, intenta romper el cerco y fracasa quedando el VI ejército destruido en la estepa rusa, ¿qué se diría entonces?, pues que Paulus cometió un error al desobedecer las órdenes recibidas, y sin duda se encontrarían mil y un razones para argumentar que hubiese sido más adecuado cumplirlas.]

Las alternativas de Paulus eran dos: una, acatar las órdenes de Hitler y perecer; otra, desobedecer las órdenes de Hitler e intentar romper el cerco, cuando aún estaba a tiempo, para salvar al grueso de su ejército de la muerte o el cautiverio. Pero dejemos esto porque seguramente nos llevaría a otro debate.

Rommel, a finales de marzo y principios de abril de 1941, no había recibido orden alguna que lo pusiera entre la espada y la pared. Había sido enviado a Trípoli unas semanas antes con una misión clara y precisa, la defensa de Tripolitania en la región de Sirte. El cómo hacerlo correspondía a sus propias decisiones operacionales, principio esencial del Auftragstaktik. Y es más, cuando planteó a Hitler y el OKH su intención de reconquistar la Cirenaica a principios de abril, el OKW lo autorizó a realizar tal operación ofensiva bajo una condición de la que ya hemos hablado. Por tanto, no veo yo dónde estaba Rommel limitado por órdenes supuestamente intolerables, como sí fue el caso de Paulus. Rommel podía atacar, bajo ciertas condiciones, o permanecer a la defensiva. La decisión fue suya; culpar a los demás me parece improcedente e injusto.

Lo que no se puede pretender es que un comandante de cuerpo (ni el mismo comandante en jefe del ejército) marque al liderazgo político los objetivos estratégicos o la conducción de la guerra. No es esa su labor ni su responsabilidad. En todo caso, el segundo, puede y debe señalar al liderazgo político la inviabilidad o viabilidad de los medios militares para conseguir un objetivo estratégico mediante una operación militar; el primero, Rommel, en la situación en que se encontraba y conforme a su grado, debía ceñirse a señalar (y quizás presionar) las ventajas estratégicas que podía reportar el éxito una operación militar dada. Pero ni uno ni otro podían decidir en el nivel estratégico de la guerra; sólo asesorar.

Por otra parte, Rommel cargó sobre sus hombros otra pesada carga, que era innecesaria: la hostilidad del OKH y OKW. Ni Brauchitsch, ni Halder, ni Keitel, ni Jodl habían sido partidarios de enviar ayuda a Italia en África del Norte (actitud que iría in crescendo con el tiempo) cuando Hitler tomó esa decisión, demostrando en esta ocasión mucha más clarividencia estratégica, aunque sólo se tradujese en el terreno táctico, que sus jefes del OKW-OKH. Si Rommel hubiera sido más británico en su carácter, no se habría metido a combatir en dos frentes tan diferentes de forma simultánea. Su estancia en África del Norte estuvo toda dominada por dos enormes desafíos: por una parte, vencer a los británicos; y por la otra, a sus superiores. Con gran ironía, esto le granjeó sus peores enemigos entre los últimos. Eso sin contar a sus “amigos” los italianos (me refiero a los del Comando Supremo). Rommel no supo calibrar en su justa medida el desafío de intrigas políticas al que se enfrentaba. En esas circunstancias no debió haber realizado una apuesta tan grande, independientemente de la razón que le asistiera.

Ya enlazando con el topic, quiero rematar que, en mi opinión y a tenor de los hechos, la logística no fue inicialmente el obstáculo que imposibilitó a Rommel su reconquista de toda la Cirenaica, sino una falsa apreciación propia sobre las intenciones británicas. Si éstos, de acuerdo con lo que creía Rommel, no hubieran prestado una defensa a ultranza en Tobruk, el cuadro general resultante sería la captura por Rommel de tres puertos importantes para una mejora sustancial de sus líneas de abastecimiento. Rommel tenía a principios de abril de 1941 los medios y suministros necesarios para ejecutar una Bewegungskrieg relámpago, si sus estimaciones se hubieran probado ciertas. Sin embargo, se dio el caso contrario y tuvo que hacer frente a una Stellungskrieg para la cual no tenía ni las fuerzas ni los suministros necesarios.

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Notapor beltzo » Lun Mar 19, 2007 5:09 pm

Hola de nuevo:

A pesar de mi intención de no volver sobre el tema, voy a hacerlo porque hay una frase que me inquieta. [Pero eso no quita para que pueda juzgar objetivamente los errores de sus decisiones cuando los hubo.]

Mi inquietud proviene en que de alguna manera pienses que no estoy siendo objetivo. Resulta que la opinión que he expresado sobre la importancia de Bengasi no es sólo mía:

[[…] Pero la victoria de Rommel también impidió que los ataques de la aviación británica desde Malta y los aeródromos alrededor de Bengasi estrangularan a las fuerzas del Eje en Libia cortando sus líneas de abastecimiento entre el norte de África e Italia.] Murray y Millet “La guerra que había que ganar”

[Tampoco tenía razón defensiva alguna para capturar Bengasi, pues, primero, los británicos se estaban retirando igualmente de Bengasi (después de explosionar todos sus almacenes y las instalaciones portuarias), y, segundo y como consecuencia, Bengasi dejaba de ser base desde la cual la RAF despegase para misiones de bombardeo contra Tripolitania. ¿Porqué se tiene que volver, pues, insostenible la situación logística en África del Norte (habría que decir concretamente en la Tripolitania) para las cuatro o cinco divisiones con que cuenta Rommel en una posición estrictamente defensiva y sin amenaza alguna de una acción ofensiva británica a corto plazo? En todo caso, bastaba con emplear los medios y personal de ingeniería suficientes para ampliar o llevar a su máximo la capacidad de movimiento del puerto de Trípoli ¿Y por qué se tiene que perder el “ejército” italo-germano, que era en realidad un cuerpo de ejército reforzado? En la primavera de 1941 y tras la captura de Mersa el Brega y la retirada en profundidad de las tropas británicas, ¿dónde ves tú a corto plazo el riesgo de que el Eje perdiera sus posiciones en África del Norte? Las preocupaciones británicas en esos momentos estaban puestas en Grecia, como las del Eje (incluyendo la preparación de la aventura rusa). Rommel podía perfectamente haber consolidado y reforzado sus posiciones defensivas, y haber esperado el desenlace de la campaña de los Balcanes mientras recibía paulatinamente el resto de sus refuerzos (la 15ª División Panzer).]

Si los británicos de retiran de Bengasi y los alemanes no lo ocupan ¿piensas que iba a quedar en una especie de tierra de nadie?, ¿cuanto tiempo hubiera pasado antes de que los británicos se volviesen a establecer allí?, más aún, ¿Cuánto hubiesen tardado los británicos en recuperarse de su sorpresa inicial y conocer la debilidad real del ejército germano-italiano en África? ¿Crees que era sensato esperar cruzado de brazos a unos refuerzos que no iban a llegar hasta casi dos meses después, esperar que los ingleses no se reforzaran en igual o mayor medida, que no se asentaran defensivamente y confiar en que esos refuerzos y los suministros que necesitaba pudieran llegar a Trípoli bajo constante amenaza de bombardeos y minados aéreos?

El 21 de abril el puerto de Trípoli fue bombardeado por aviones procedentes de Malta y más tarde lo hizo por mar una escuadra británica, sólo hubiese faltado una acción más sostenida llevada desde aeródromos en Bengasi para que la situación en Trípoli alcanzase un punto crítico. Trípoli no era seguro con la sola presencia de Malta, pero Malta tenía poca capacidad para suponer una amenaza fatal sobre Trípoli y además podía neutralizarse de forma relativamente sencilla desde Sicilia, sin embargo el área de Bengasi era una espada de Damocles que no se podía ignorar.

No voy a entrar mucho con el ejemplo de Paulus, pero verás, el ejemplo es relevante para ver que obedecer las órdenes emanadas de Hitler, el OKH o el OKW, no siempre era lo más sensato y menos cuando lo que esta en juego es la supervivencia de un ejército y tengo el convencimiento absoluto de que esto estaba también en juego en África.

[Lo que no se puede pretender es que un comandante de cuerpo (ni el mismo comandante en jefe del ejército) marque al liderazgo político los objetivos estratégicos o la conducción de la guerra. No es esa su labor ni su responsabilidad.]

Ni yo lo pretendo, pero lo que si le exijo es que aporte sensatez y esperar que esta llegue a sus superiores, objetivamente sólo puedo decir que su opción fue la más sensata, eso es lo que juzgo, y lo hago con independencia de los resultados obtenidos siempre que su opción en realidad no signifique un todo o nada. Fracaso en su empeño, pero nadie podrá decir que no lo intentó.

Es posible que Rommel debiese ser destituido por desobedecer las órdenes, pero el caso es que no se hizo, verás desde mi punto de vista, o le ahorcas o le quitas la soga, o como dijo Jodl en 1942 durante una de las conferencias militares de Hitler a raíz de ciertas críticas que este hacía a la labor de Rommel: [Aquí no se puede, me parece a mí, criticar nada. Es como a un hombre al que se mantiene con vida apenas con un poco de leche y de pan; luego no se le puede exigir que rinda en unos juegos olímpicos.] “Hitler y sus generales” Helmut Heiber. Aunque se refería a otra situación, las mismas palabras pueden ser aplicadas a 1941.

Y todo eso lo pensaría igualmente si el mando en África hubiese estado en manos de cualquier otro general, ya he dejado claro que cometió un error en su apreciación de las dificultades de tomar Tobruk, y peor aún, persistió en su error y además fue tremendamente injusto con algunos de sus subordinados que trataron de hacérselo ver, pero en todo lo demás su actuación hasta el momento era la más sensata y tengo el convencimiento de que la única viable para poder asegurar su permanencia en África.

Saludos
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