Masacre en Cefalonia

Crímenes contra los prisioneros de guerra y la población civil

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Masacre en Cefalonia

Mensajepor fangio » Jue Jul 06, 2006 5:23 am

MASACRE EN CEFALONIA

Habiendo leído algo relacionado sobre este tema en http://wwwsegundaguerr.superforos.com/v ... php?t=2329 que inició nuestro compañero V.Manstein, decidí transcribir este resumen de los acontecimientos que sucedieron en Cefalonia. Le he agregado imágenes también.


La División Acqui estaba comandada por el Grl Antonio Gandin y estaba a cargo de la defensa de las islas Cefalonia y Corfú. En Corfú se encontraba el Rgto. de Inf. 17 al mando del Tte.Cnl. Luigi Lusignani. En Cefalonia estaba el mando de la División.

Primer Mapa: Corfú y Cefalonia - Segundo Mapa: detalle de Cefalonia
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Fuentes: www.kassiopi.com - www.ionian-islands.com


Gandin, sabiendo que tenía que entregar las armas a los alemanes, trató de ganar tiempo. Todavía no tenía órdenes claras de lo que debía hacer.

El 12 de septiembre el Tte.Cnl. Hans Barge le da tres alternativas: o colaborar con los alemanes, o luchar contra los alemanes, o entregar las armas. Por otro lado, el Grl Hubert Lanz (Jefe del XXII.Cpo. de Montaña alemán), encargado de ordenar al XI. Ejército italiano rendirse y entregar las armas, se comunica vía telefónica con Gandin exigiéndole acatar las exigencias alemanas (lo hace además a través de una orden escrita). Tras esto, Lanz volvió a su base. Barge continuó teniendo conversaciones con Gandin quien en un momento llegó a consultar con los Capellanes de la División sobre qué medidas tomar. Los Capellanes le aconsejaron seguir las órdenes alemanas pero la mayoría de los 10.000 hombres de la División Acqui estaban dispuestos a ofrecer resistencia.

Tte.Cnl. Johannes Barge
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Fuente: http://www.das-ritterkreuz.de/index_sea ... word=barge

General de Tropas de Montaña Hubert Lanz
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El 13 de septiembre, llegó un avión procedente de Atenas con un enviado del mando supremo alemán, el Tte.Cnl. Busch y un Capitán de la Aviación italiana. Busch insistió a Gandin que aceptara la propuesta alemana. Gandin pidió aún 24hrs., hasta las 12hrs. del 14 de septiembre. Fue justo en ese lapso cuando llegó la respuesta a una petición de órdenes enviado al mando supremo italiano. En un mensaje cifrado, el Subjefe de Estado Mayor, Grl. Francesco Rossini, ordenaba resistir a las peticiones alemanas. Así, al mediodía del 14 de septiembre, Gandin hizo saber a los alemanes la órden que había recibido.

Sucedió, entonces, que el 15 de septiembre por la tarde, los alemanes iniciaron un terrible bombardeo con Stukas y así comenzó la batalla. Durante los días 16 y 17, los bombardeos se instensificaron. Gandin solicitó socorro a Bríndisi al Contralmirante Giovanni Galatti. También se luchaba en Corfú.
La batalla duró 8 días, del 15 al 22. La falta de ayuda Aliada decidió la suerte de los italianos.

El Rgto. de Infantería 317 (en Cefalonia) intentó algunos esfuerzos finales por vencer a los alemanes pero se vieron abrumados por la superioridad de éstos. Incluso el Grl. Gherzi (también parte de la Div. Acqui) intentó una defensa desesperada pero también fracasó.
El 21, Gandin urgió ayuda ante la deseperada situación. Días antes había dicho a algunos oficiales: “Conozco bien a los alemanes, si perdemos esta lucha, nos fusilan a todos”. Esto fue precisamente lo que comenzó a suceder a partir del 22 de septiembre cuando los italianos se rindieron. Los alemanes iniciaron una feroz represalia.

Grl Antonio Gandin y Grl Gherzi
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Fuente: Gandin: www.storian.net ; Gherzi: www.divisioneacqui.com

El 22, cerca de 600 soldados fueron asesinados en Troianato y cerca de 300 en Frangata. Otros centenares más lo fueron en Dilinata, Procopata y Lakitra.
El 23 y 24, en la “casita roja” casi 200 oficiales fueron liquidados y otros 170 corrieron la misma suerte cerca de San Teodoro. Las ejecuciones duraron 4 horas.
En combate habían muerto 75 oficiales y unos 2000 soldados.

Un testigo excepcional de todo esto fue el Padre Romualdo Formato, Capellán del 33.Rgto de Artillería de la Acqui, que describió después en su libro “El Exterminio de Cefalonia” los sucesos acontecidos. El Padre presenció los fusilamientos de Gandin y de la “casita roja”. Gandin fue fusilado a las 7:00 hrs. del 24 de septiembre por un pelotón después de haber arrojado en señal de desprecio la Cruz de Hierro que había ganado.

Capellán Romualdo Formato
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Fuente: www.cefalonia.it

El 25 de septiembre, 7 oficiales heridos o enfermos del 37º Hospital de Campaña, fueron pasados por las armas por órden del mando alemán. Al mismo tiempo los alemanes hicieron desenterrar por 17 marineros italianos los cuerpos de los oficiales muertos en la “casita roja”, fueron transportados a unos lanchones y arrojados al mar. Para que no quedaran testigos, también los 17 marineros fueron liquidados.

En resumen
Al 8 de septiembre de 1943 había en Cefalonia 12.000 hombres (suboficiales y soldados) y unos 525 oficiales.
Durante la batalla cayeron 65 oficiales y 1200 suboficiales y soldados (esto se contradice con las cifras que da más arriba este artículo pues habla de 75 oficiales y unos 2000 soldados. ???).
En las sucesivas masacres cayeron 155 oficiales y unos 4000 suboficiales y soldados.
El 24 fueron fusilados el Grl. Gandin y 186 oficiales.
El 25 fueron asesinados los 7 oficiales del Hospital de Campaña 37º.
El 28 los 17 marineros.

En conjunto, entre combates, matanzas y fusilamientos, más de 400 oficiales y más de 5000 suboficiales y soldados cayeron.
Murieron posteriormente por un naufragio al trasladarlos al continente como prisioneros de guerra, cerca de 3000 suboficiale y soldados.
En octubre, un barco chocó con un banco de minas y se ahogaron 800 italianos.
En los días siguientes se hundieron otras dos unidades, causando la muerte de otros 2000 italianos.
En conjunto, los supervivientes de la División Acqui fueron 4000.


Fuente: La II Guerra Mundial – Editorial SARPE – Vol. 4 (págs. 1250-1257).


Saludos,

FANGIO
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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 1:16 pm

Artículo de David Solar transcrito de la revista La Aventura de la Historia, nº 31, págs. 40-46.

Crimen nazi en Cefalonia

Una polémica y una película recuerdan hoy la tragedia de la División Acqui. DAVID SOLAR narra la matanza de la guarnición italiana, que se negó a entregar sus armas a los alemanes cuando Roma firmó el armisticio, en 1943.

Antonio Gandin contemplaba la hermosa caída del sol mediterráneo en aquel quieto atardecer del 8 de septiembre, pero el jefe la División Acqui no podía disfrutar del maravilloso espectáculo porque se consumía en la incertidumbre. De Italia había recibido noticias alarmantes y contradictorias. Unos minutos antes, a las seis y media, el jefe del mando aliado en Europa, general Dwight Eisenhower, había anunciado por radio que Roma había firmado el armisticio de los aliados. ¿Qué significaba eso? ¿Había terminado la guerra? ¿Alemania también firmaba la rendición? ¿Qué debían hacer?

Aquel confuso general italiano, más valiente que decidido, más disciplinado que capaz, se hallaba en una situación verdaderamente complicada. Mandaba la División de Infantería Acqui, destacada en Cefalonia, una pequeña isla cerca de la costa griega; uno de los regimientos de la división guarnecía CORFO y en ambas islas los italianos estaban mezclados con guarniciones alemanas, Ya era casi de noche cuando el jefe del Gobierno italiano, Badoglio, difundía un comunicado en el mismo sentido. Más aún, la proclama prometía ayuda aliada a los italianos que combatieran al invasor alemán. Las campanas de las iglesias de la isla comenzaron a repicar. Había llegado la paz. No lo tenía tan claro Antonio Gandin, que se devanaba la cabeza buscando una respuesta: ¿Qué se esperaba de ellos?.

El mando del Ejército establecido en Bari, fiel al Gobierno que había firmado el armisticio, le hizo llegar durante la noche un comunicado ambiguo, pero poco después recibió otro, procedente de la jefatura del XI Ejército destinado en Grecia y al que pertenecía su división, según el cual debían entregar las armas a los alemanes y ponerse a su disposición. Efectuada una consulta a los mandos más allegados, a los sacerdotes castrenses y, sobre todo, a su segundo en el mando, el general Luigi Gherzi, decidió no entregar las armas y ganar tiempo mientras se aclaraba la situación. Su incertidumbre aumentó cuando las unidades de la marina ancladas en Argostoli abandonaron el puerto sin avisar a nadie.

El día 9, por la mañana, invita a comer al jefe de la guarnición alemana –unos 1.800 hombres pertenecientes a una división de granaderos- teniente coronel Hans Barge. El alemán no quiere confraternizar con el escurridizo Gandia hasta no conocer sus intenciones, de modo que envía a un teniente, cuyas órdenes son almorzar educadamente y solicitar la entrega de las armas. Gandin, solo, sin instrucciones ni información sobre lo que estaba pasando en Italia, decide prolongar su situación y trata de tranquilizar a su colega alemán, asegurándole que es imprescindible que se le den órdenes claras y, a la vez, en gesto pacificador, evacúa la posición clave de Kardakata, que controla las comunicaciones entre las dos principales poblaciones, Argostoli y Lixuri, y entre el norte y el sur de la isla.

Demasiado para Gandin

El comandante alemán agradeció el detalle, haciendo ocupar la villa de inmediato, pero su tranquilidad duró poco tiempo. El día 12, exigió a Gandin un posicionamiento claro: o se unía al Eje o se entregaba con sus hombres para ser conducido a un campo de concentración... Si optaba por esperar órdenes para hacer una cosa u otra, debería entregar previamente las armas. Gandin se mantuvo en sus trece: no haría nada sin órdenes. Barge estaba furioso, pero no disponía de medios para imponerse por la fuerza; por tanto, decidió negociar y solicitó la intervención de su jefe superior, teniente general Hubert Lanz, comandante del XXII Cuerpo de Ejército alemán de montaña destinado en Grecia.

El día 13 de septiembre, la artillería antiaérea italiana de Argostoli avistó un hidroavión alemán y abrió fuego contra él. Viajaba en el aparato el general Lanz, que ordenó al piloto amarar en el extremo sur de la bahía para dirigirse al cuartel general de Barge, situado en Lixuri. Desde allí, muy enfadado por el ataque, telefoneó al jefe italiano, que le esperaba en su despacho de Argostoli. Le preguntó porqué no había obedecido las órdenes recibidas del XI Cuerpo de Ejército italiano y Gandin le contestó que las instrucciones resultaban contradictorias. Lanz le replicó que eso podía remediarse de inmediato, pues iba a redactar una orden clara y taxativa conminándole a entregar las armas y, en caso contrario, se atendría a las consecuencias.

En efecto, escribió una nota en papel oficial, la firmó y selló adecuadamente para que no cupiera duda alguna. Por la tarde, la recibió Antonio Gandin: "1) Se ordena a la División Acqui, con efecto inmediato, que entregue las armas, excepto el armamento corto de los oficiales, al jefe alemán de la isla, teniente coronel Barge, como ha sido hecho ya por todas las fuerzas del VII y XXVI Cuerpos de Ejército italianos. 2) Si no son depuestas las armas, la Wehrmacht forzará su entrega".

Ante la amenazadora orden, Gandia vuelve a consultar a sus colaboradores y la mayoría propone resistir. Más aún, varios oficiales que deseaban rendirse fueron fusilados por sus subalternos. Se sentían superiores militarmente en la isla, con una ventaja numérica de 5 a 1; tenían el puerto de Brindisi a 375 km, apenas diez o doce horas de navegación, de modo que podían ser reforzados; confiaban en la superioridad aeronaval aliada; advertían, sin lugar a dudas, que el Eje perdería la guerra y todos preferían contarse entre los vencedores. Por último, estaban hartos de soportar el saqueo de Italia por los alemanes, sus aires de superioridad, sus altaneras órdenes y, con frecuencia, su desprecio.

Con todo, Gandin seguía esperando ver más claro y, pretextando dificultades logísticas, ofreció entregar las armas en tres fases, los días 14, 15 y 16 de septiembre. Dando largas a los alemanes, fue él mismo quien perdió un tiempo precioso y, sobre todo, la autoridad ante sus hombres. Cada oficial comenzó a actuar por su cuenta.

Aquel mismo día, los alemanes se ablandaron un poco ante la contundencia de unos cañones navales. Ante las reticencias de la División Acqui, el mando alemán envió dos gabarras cargadas de refuerzos y artillería al teniente coronel Barge, pero en cuanto las avistó el capitán Renzo Apolloni, jefe la una batería de costa que defendía Argostoli, disparó contra ellas; por si les cabía alguna duda a los italianos, los alemanes respondieron al fuego, con lo cual los artilleros de Apolloni afinaron la puntería y hundieron uno de los barcos, a la vez que obligaron a rendirse al otro.

A continuación, los alemanes enviaron a negociar a un teniente coronel alemán acompañado de un capitán italiano. Éste, al entrar en el despacho del general Gandin, preguntó: "¿Estrecho la mano a amigos o a enemigos?"; luego explicó que la infantería y la aviación destinadas a Grecia se habían unido a la Wehrmacht. A continuación, el oficial alemán le comunicó al jefe italiano que, en prueba de buena voluntad, se anulaba la orden de que entregara las armas; bastaba que las tropas italianas se concentraran con todo su equipo en el sureste de la isla, a la espera de ser evacuadas. Oferta honorable y tentadora, pero peligrosa: deberían abandonar las piezas navales y se meterían en una zona en la que ni sería fácil reforzarles ni evacuarles. Gandin pidió unas horas para responder. Buena parte de la oficiales le despreció por ello: aquel día hubieran podado forzar la capitulación alemana.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 2:04 pm

La respuesta llegó del cielo

Las dudas del general italiano se disiparon durante la noche: el Estado Mayor del ejército de Badoglio le ordenó que resistiera las peticiones alemanas. Lo hizo a mediodía del 14 de septiembre, comunicando al teniente coronel Hans Barge que "la división Acqui no entrega las armas. Al mando superior alemán se le pide una respuesta definitiva antes de las 9 horas de mañana, 15 de septiembre". Gandin seguía perdiendo tiempo y autoridad y Barge, que ese día, por la mañana, solicitó que se prorrogase el plazo, le daba cuerda, haciéndole confiarse. Aquella tarde, una escuadrilla de bombarderos en picado Ju-87, Stuka, se abatió sobre las instalaciones italianas de Argostoli, destruyendo parte de sus equipos antiaéreos.

Aunque los italianos dominaron rápidamente la capital, comenzaron a tener graves problemas en sus comunicaciones por el dominio alemán sobre Kardakata. Además, Barge había sido reforzado por dos batallones de montaña -cuatro, según otras fuentes- y los alemanes podían golpear a los italianos casi impunemente desde el aire y con ataques de infantería, en los que fuertes unidades de la Wehrmacht asaltaban a las pequeñas guarniciones italianas diseminadas por los pueblos de la isla. Alfred Richter, suboficial de las tropas de montaña recién desembarcadas en Cefalonia, describe en sus memorias, publicadas por el diario alemán Süddeutsche Zeitung el pasado mes de marzo, la degollina que practicaron los nazis aquellos días: el 21 de septiembre, el 98° Regimiento de Montaña recibió la orden de atacar el pueblo de Diglinata y neutralizar a las dos companías italianas que la guarnecían, pero apenas hubo lucha. Según Richter, que combatía en otra unidad, "se dispararon algunos tiros y, enseguida, los italianos agitaron trapos blancos y comenzaron a salir en grupos, corriendo. Pero cuando nosotros llegamos a su altura, los encontramos tirados por el suelo, muertos; todos habían recibido un disparo en la cabeza. Los del 98° los habían matado, aunque ya se habían rendido..."

Eso había comenzado a ocurrir el 16 de septiembre. Ese día fue destruida Argostoli por los bombardeos de la Luftwaffe y el 17 habían perdido los italianos tantas armas antiaéreas que apenas tenían defensa contra los ataques aéreos. En vista de su grave situación, Gandin pidió socorro a Brindisi y el contraalmirante Giovanni Galati dispuso que les socorrieran dos torpederos, que cargó de infantería de marina, piezas antiaéreas, municiones y medicinas. Zarparon los dos buques, pero nunca llegaron a su destino: el mando británico los hizo volver porque habían partido sin su permiso; el reglamentarismo y la picajosidad de la Royal Navy impidió un socorro que hubiera podido ser definitivo.

Horror en Frangata

Los italianos combatieron con entusiasmo y en los primeros momentos causaron a los alemanes más de un centenar de bajas, capturaron 850 prisioneros y tomaron sus armas, incluyendo una batería de cañones autopropulsados. Pero cada vez les era más difícil operar, debido al continuo castigo aéreo y al control que ejercían los alemanes desde Kardakata. Los días 18 y 21, trató de recuperarlas el 117° regimiento, pero en la primera fecha fue dispersado por la aviación y, en la segunda, diezmado por los contraataques de la Wehrmacht.

El día 21, los jefes italianos replegaron cuantas fuerzas pudieron reunir a la línea que va desde Farakiata al mar, tratando de guardarse la salida para una posible evacuación, pero ese mismo día los alemanes rebasaron Farakiata por el norte, tomando -como se ha visto- Diglinata y, a medio día, Frangata. "Son las 13,00 y hace un calor infernal –narra Richter en sus memorias- hallamos en un jardín a los servidores de una batería italiana, brutalmente liquidados por los del 98°. Fusilados, acuchillados, con las cabezas destrozados por las patadas de las botas de montaña, los soldados de la batería, seguían en sus puestos. Debía haber ocurrido pocos minutos antes. Entre los cuerpos ensangrentados, había uno que aún se quejaba y respiraba. Los ojos de otro estaban por el suelo, junto al cráneo destrozado..." El suboficial Richter cuenta que se les rindieron dos compañías italianas, que "pensaron haber salvado la vida". Los entregaron al mando, que decidió eliminarlos: "los llevaron junto al puente... y los fusilaron. Estuvimos dos horas en el puesto y durante todo el tiempo escuchamos, sin interrupción, los disparos... sus gritos llegaban hasta las casas de los griegos. Incluso médicos y sacerdotes fueron ejecutados. Un grupo de soldados bávaros quiso oponerse, pero un oficial les amenazó con ponerlos a ellos también junto al paredón. Allí se produjo una escena tragicómica: un prisionero salvó la vida subiéndose a una peana y cantando, con bella voz, arias de ópera italiana, mientras sus compañeros eran fusilados". Entre los muertos en combate, los asesinados en sus posiciones tras rendirse y los fusilados por la tarde, aquel día murió en el pequeño pueblo medio millar de soldados italianos.

La línea italiana de Farakiata fue flanqueada y atacada de revés, por lo que hubo de ser abandonada. La situación de Gandin se hizo desesperada: sus soldados habían sido reducidos al área de Argostoli, carecían de cañones antiaéreos, les quedaban pocas municiones y alimentos... El día 22, por la mañana, reunió a los oficiales que le quedaban; se había pasado la tarde del día anterior pidiendo refuerzos y, constatando la inutilidad de sus demandas, en aquel último consejo de guerra, tras escuchar las diferentes opiniones, decidió que ya sólo cabía rendirse, aunque era consciente de que "nos fusilarán a todos".



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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 2:28 pm

Muerte en la hondonada

Tenía razón. Los oficiales italianos fueron acusados de ser "cabecillas e instigadores de bandidos y partisanos" y fusilados en su mayoría. La gran matanza tuvo lugar el entre 23 y 24 de septiembre. En esta última fecha, las 7 de la mañana, fusilaron al general Antonio Gandin. Y, entre ambas fechas, los alemanes pazaron por las armas a cerca de cuatrocientos jefes y oficiales en una depresión desierta de la Isla. En la hondonada de la muerte, como dejaría escrito un capellán que fue testigo de aquel espanto, "cada vez llaman a cuatro, a ocho, a doce. No por el nombre. No tienen listas ni —a medida que matan- se preocupan de anotación alguna que permita, un día, avisar a las pobres familias lejanas... Allí están apostados tres pelotones, de ocho hombres cada uno. Cada pelotón mata a cuatro víctimas con cada descarga. Cada dos ejecutores apuntan a la misma persona, uno al pecho y otro a la cabeza. Todo ejecutado recibe, además, el llamado tiro de gracia en la sien".

Berlín esconde el crimen

Al día siguiente, en los periódicos de los países del Eje se difundía la noticia de que 4.000 italianos se había rendido, mientras que el resto de la División Acqui había sido aniquilado en combate. Esa misma fecha fueron asesinados siete oficiales italianos heridos, que estaban internados en un hospital. Para ocultar al menos una parte de los asesinatos cometidos, durante la noche del día 27 de septiembre, se obligó a dieciséis marineros italianos a cargar los cadáveres de los fusilados en la hondonada de la muerte en tres camiones, que hicieron varios viajes hasta el puerto de Argostoli; allí se les embarcaba en unas gabarras que los arrojaban al mar... Los conductores vivieron para contar que transportaron entre 200 y 300 cadáveres, y que los marineros obligados a realizar el terrible trabajo fueron silenciados con la muerte. Otra forma de ocultar su horrendo crimen fue organizar piras gigantescas, en las que ardía los cadáveres mezclados con olivos, pero eran tantas las víctimas que no había forma de terminar con sus restos, de modo que se les enterró en zanjas, se les arrojó por los acantilados, se les tiró a simas que luego fueron dinamitadas... ¡Qué difícil es eliminar las pruebas de un crimen!

Las investigaciones realizadas en la posguerra arrojan estas escalofriantes cifras de aquella atrocidad nazi. La División Acqui contaba en Cefalonia con unos 12.500 hombres, de ellos 525 jefes y oficiales. Durante los combates del 15 al 22 de septiembre, perecieron en la lucha -o asesinados tras rendirse- 1.200 soldados y suboficiales y 65 jefes y oficiales. En los días siguientes, fueron ejecutados unos 4.000 soldados y suboficiales y cerca de 350 oficiales. En suma, unos 5.500 muertos y 7.000 supervivientes.

La tragedia se ampliaría el mes siguiente, en que perecieron unos tres mil italianos más, cuando los barcos que les trasladaban al continente sufrieron sendos naufragios y los alemanes, que ocuparon las lanchas salvavidas, les ametrallaron en el agua para que no pudieron subirse a los botes. Terminada la guerra, de la División Acqui apenas quedaban 4.000 hombres. Los restos de los muertos que pudieron recuperarse fueron incinerados y sus cenizas se llevaron a Bari, depositándolas en el monumento que se erigió en su honor. •


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 2:31 pm

LANZ, EL CARNICERO

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El teniente general Hubert Lanz, jefe del XXII Cuerpo de Ejército de Montaña, fue el mando superior alemán responsable de la bestial conducta de sus tropas en Cefalonia y en Corfú -donde se repitió la tragedia a menor escala-. Fue procesado en Nuremberg, donde declararía que fue el propio Hitler quien dio la orden de que se ejecutara "como partisanos y bandidos" a todos cuantos fueran capturados y que sólo gracias a la humanidad de los jefes alemanes se salvó la mitad de los prisioneros que no entregaron las armas. Sostenía el general que "no había duda alguna de que el XI ejército italiano se había rendido. El mando italiano había aceptado la capitulación y enviado la orden también al general Gandin; por eso no veía razón alguna para que se negara a cumplir esa disposición". Lanz entendía que, al desobedecer a su mando y al Gobierno fascista, la División Acqui quedaba fuera de las Fuerzas Armadas y sus miembros se convertían en rebeldes y forajidos... Cuando se le dijo que el rey de Italia había forzado la dimisión de Mussolini y nombrado jefe de Gobierno a Badoglio y que, por tanto, Antonio Gandia estaba en la legalidad y que los rebeldes eran realmente los que se unieron a la Wehrmacht, quedó perplejo.

Hubert Lanz fue condenado a 12 años de cárcel, el 19 de febrero de 1948. Seis años después estaba en libertad, pese a las cuentas severísimas que, según sus mismas palabras, hizo pagar a los vencidos.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 2:33 pm

POLÉMICA EN LA PRENSA

El presidente italiano Cario Azeglio Ciampi rindió homenaje, el pasado mes de marzo a los solados asesinados en Cefalonia. "Su elección fue el primer acto de resistencia de una Italia libre del Fascismo". Aquel acto fue como el pistoletazo de salida para la actualización de la tragedia. La ZDF, segunda cadena pública de televisión alemana, inició a finales de marzo un serial en el que se incluían los testimonios de un soldado y un sargento bávaros, Waldemar Taudtmann y Alfred Richter, que vivieron los hechos y horrorizados los consignaron en sus diarios. El sábado, 24 de marzo, se hizo eco del asunto el diario alemán Süddeutsche Zeitung, que responsabilizaba de tan prolongado silencio "a las asociaciones de excombatientes, a la justicia e, incluso, a los aparatos del Estado". El domingo, 25 de marzo, un indignado Corriere della Sera abordaba el tema y lo antetitulaba: "Se rompe en Alemania la conjura del silencio sobre el asesinato de 5.000 soldados italianos".

El día 26, el diario británico The Guardian recogía algunos detalles de la horripilante historia, sin aludir a algunas acusaciones que contra la política británica de aquellos días llegaban de la prensa italiana, pues la Royal Navy impidió que la División Acqui recibiera refuerzos y artillería antiaérea.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 11, 2007 2:36 pm

UNA HISTORIA CONOCIDA

Los terroríficos acontecimientos ocurridos en Cefalonia, en septiembre de 1943, eran conocidos. Los supervivientes italianos dieron los detalles, parte de los cuales han sido reproducida en estas páginas. En Nuremberg fue juzgado y condenado el jefe de las tropas alemanas de montaña, Hubert Lanz. Pero lo que más difundió aquel espanto fue la estupenda novela de Louis Berniéres, Captain Corelli's Mandolín, publicada en 1994, que fue traducida al castellano como La mandolina del capitán Corelli y publicada por Plaza y Janes, en 1995. No obstante, lo que aireará más aquel horror será la versión cinematográfica de la novela, que se estrenará próximamente. En ella, el actor norteamericano Nicholas Cage interpreta al capitán Corelli y la actriz española Penélope Cruz, a Pelagia, la hermosa y vehemente hija del doctor Iannis, el médico del pueblo donde estaba instalada la batería de Corelli.


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Mensajepor Erich Hartmann » Dom Ago 31, 2008 9:25 pm

Narración de Simon Wiesenthal sobre cómo se dio a conocer la masacre en Alemania:

CAPITULO XXIII
EL MARTIRIO DE CEFALONIA


En la primavera de 1964, hallándome en Turín invitado por unos amigos, antiguos miembros de la Resistencia Italiana, hablé de mi trabajo ante un gran auditorio interesado. Al terminar, siete oyentes se acercaron para hablarme y pedirme información sobre parientes o para contarme ciertos sucesos que creyeron podrían interesarme, entre ellos, una anciana señora, encorvada, de pelo blanco, vestida de luto riguroso de la que me impresionó la grave, casi pétrea expresión de los ojos.

Signor Wiesenthal —me preguntó—. ¿Trata usted solamente de los crímenes que los nazis cometieron contra los judíos?

Le indiqué que en nuestros archivos figuraban crímenes nazis cometidos tanto contra judíos como contra no judíos, pero que en la mayoría de casos las víctimas resultaban ser judías. Asintió con una inclinación de cabeza, como si fuera aquello lo que hubiera esperado oír.

Quisiera poder hablar con usted media hora mañana por la mañana, a solas —me dijo.

Concertamos la hora y se marchó.

Se presentó en mi hotel a la hora fijada y de nuevo me impresionó su dignidad y su tristeza, que me hicieron comprender que el corazón de aquella mujer había sufrido mucho y que no le había sido fácil decidirse a hablarme.

Vi que ayer se fijaba usted en mis ropas negras —me dijo—. Llevo luto desde un día de otoño de 1943 en que fui informada que mi hijo había muerto, ejecutado por los alemanes. Signor Wiesenthal, desde aquel día no he vuelto a reír, ni volveré jamás a reír. Era nuestro único hijo y mi esposo murió de pena. Ya sé que no se puede devolver a la vida a los muertos y que como buena cristiana tendría que aceptar la voluntad del Señor. Pero me duele que no haya nadie en Alemania que se preocupe de los nueve mil soldados italianos asesinados en Cefalonia.

¿Cefalonia? —le pregunté—. No he oído nunca hablar de ello.

Ni siquiera usted está enterado de la tragedia de esa pequeña isla griega —dijo con amargura—. Dígame, ¿es lícito ejecutar a prisioneros de guerra, a soldados que se han rendido?

Ni es humano ni es lícito. Constituiría una enorme violación de la Convención de Ginebra.

Pues bien: en Cefalonia nueve mil soldados de la división italiana Acqui fueron asesinados por soldados alemanes. Hay algún escritor italiano que ha descrito ese terrible crimen.

Me dio más pormenores, le prometí que investigaría el caso y que si su información podía ser confirmada, trabajaría en el caso de Cefalonia, Inclinó la cabeza y se despidió.

Antes de ir al aeropuerto, llamé a mi amigo Angelo del Boca, editor de la Gaceta del Popolo y vi que sí estaba al corriente de los sucesos de Cefalonia.

Uno de los peores crímenes de nuestro siglo contra la Convención de Ginebra, pero a nadie en Alemania le preocupa lo más mínimo —me dijo—. Le pediré a Marcello Venturi que te envíe su libro.

Pocos días después, en Viena, recibía una carta del escritor Marcello Venturi y un ejemplar de su libro «Bandiera Blanca a Cefalonia». Estudié el libro y consulté el informe del quinto tribunal militar de Nuremberg que había tratado de aquel crimen de guerra. Posteriormente recibí una copia del veredicto, sacada por el tribunal militar supremo de Roma el 20 de marzo de 1957, contra más de treinta oficiales del ejército alemán que habían sido sentenciados in absentia. El veredicto llena setenta y cuatro páginas a máquina. Inmediatamente escribí una carta a la Agencia central de Ludwigsburg, que se ocupa de crímenes nazis y me contestó que la matanza de nueve mil soldados en Cefalonia les era desconocida.

Empecé a comprender por qué aquel terrible crimen no había sido investigado en Alemania: porque no estaban implicados ni los SS, ni la Gestapo, ni miembros del Partido Nazi, sino que el crimen había sido cometido por miembros de la Wehrmacht y poderosas influencias de la Alemania Federal intentaban por todos los medios salvar la Wehrmacht de toda investigación de crímenes de guerra nazis. Mediante la cooperación de la Embajada italiana en Viena, obtuve las direcciones de veinte o treinta soldados italianos que habían sobrevivido milagrosamente a la matanza y envié sus nombres a Ludwigsburg. Tras cierto retraso, el caso fue adjudicado al fiscal Obluda de Dortmund, joven funcionario, hombre enérgico, que empezó inmediatamente la investigación. Mantuvimos contacto hasta conocer pronto toda la tragedia de Cefalonia.

Cefalonia es una de las mayores islas del mar Jónico, el golfo de Patrás la separa de la costa oeste de Grecia y un canal de cuatro kilómetros y medio de la pequeña isla de Ithaka, que menciona Homero. En general, el suelo de Cefalonia, cubierto de macchia, especie de siempreviva, y de una especie de abeto Abies Cefalonia, no es de cultivo y en el centro las desoladas colinas alcanzan los novecientos metros de altura, pero a lo largo de la costa hay campos de olivos, viñedos y huertos de pasas de Corinto.

En el verano de 1943, durante las últimas semanas de la alianza germano-italiana, la división Acqui, que estaba integrada por unos nueve mil hombres bajo el mando del general Gandin, había sido destinada al puesto militar de Cefalonia y un pequeño destacamento alemán de enlace, compuesto de infantería y marina, estaba destacado en la península de Palis, en la parte oriental de la isla. En agosto de 1943, la proporción entre tropas alemanas e italianas en Cefalonia era de 1 a 6. El 8 de septiembre de 1943, Italia se rindió a los aliados angloamericanos y tras la capitulación del mariscal Badoglio, el general Gandia recibió por radio órdenes del undécimo ejército italiano: «Mantenga su posición. Si los alemanes emplean la fuerza, haga uso de las armas».

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Fuente: Los Asesinos entre nosotros. Simon Wiesenthal. Noguer, 1967.


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Erich Hartmann
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Mensajepor Erich Hartmann » Lun Sep 01, 2008 2:27 pm

El 9 de septiembre, hallándose alerta todas las unidades de la división Acqui, el general Gandin recibió otra orden radiofónica, revocando la anterior y diciéndole que se rindiera a los alemanes. Gandin no cumplió esta segunda orden, que consideró apócrifa, sino que, en vez de ello, pidió por radio instrucciones al alto mando italiano.

La mañana del 10 de septiembre, dos emisarios del alto mando alemán en los Balcanes, el teniente coronel Hans Barge y el teniente Franz Fauth, aparecieron en el puesto de mando de Gandin pidiéndole la rendición, con todas sus armas, según la orden recibida el día anterior. Gandin explicó que tenía razones para dudar de la veracidad de la segunda orden y les pidió una tregua. Entonces convocó a sus oficiales y ordenó al tercer batallón del 317° regimiento, se retirara de su expuesta posición en Cardacata, «para evitar futuras complicaciones». Llegaban informes de que las tropas alemanas estaban desembarcando a lo largo de la costa, y entre los soldados italianos crecía la inquietud.

Exactamente a las nueve de la mañana del 11 de septiembre, los dos emisarios alemanes comparecieron de nuevo en el cuartel general del general Gandin para presentar un ultimátum, dándole al general tiempo hasta las siete de la tarde de aquel mismo día para cumplir lo que los alemanes le exigían. El estado de ánimo entre los soldados se hacía más hostil y a última hora de la mañana soldados alemanes intentaron capturar un vehículo blindado italiano y fueron rechazados. La situación fue haciéndose más crítica y a las tres el general Gandin reunió otro consejo de guerra. Los capellanes de la división se mostraban partidarios de una rendición pacífica. El general Gandin inició negociaciones con los dos oficiales alemanes pero aplazando la decisión final hasta recibir órdenes definitivas de sus superiores. Los alemanes seguían desembarcando tropas en la isla y la proporción entre tropas alemanas, e italianas pasó a ser de 1 a 3.

El 12 de septiembre, varios soldados de artillería italianos escapados de la cercana isla de Santa Maura, informaron que todos los soldados italianos que se habían rendido allí habían sido deportados a un campo de concentración alemán, lo que aumentó la intranquilidad y tensión en Cefalonia, produciéndose algún tiroteo. Por otra parte, los alemanes ocuparon dos baterías, unas barracas de carabinieri, la aduana de Argostolion y la intimación del coronel Barge de rendición inmediata, se hacía más apremiante pero fue rechazada después de la conferencia habida en el cuartel general de la división, en la que se acordó que el ejército italiano no se rendiría y que si los alemanes querían violar el statu quo, tendrían que hacerlo por la fuerza.

El 13 de septiembre por la mañana, los italianos hicieron fuego sobre dos barcos alemanes que trataban de desembarcar en la isla, uno fue hundido y el otro se rindió con cinco bajas alemanas. A la una de la tarde, el general Gandin informaba a sus tropas que todavía se llevaban a cabo las negociaciones con los alemanes, pero poco antes de la medianoche, el general pidió a sus tropas que votaran si querían aceptar o no el ultimátum alemán, procedimiento poco corriente como poco corriente era la situación. Al día siguiente, las tropas italianas votaron por unanimidad en contra de la rendición y de toda colaboración con los alemanes. Por otra parte, el general Gandia recibió orden del gobierno italiano de rechazar el ultimátum alemán; si era necesario, por la fuerza. Al mediodía, el general Gandin comunicó a los emisarios alemanes cuáles habían sido las últimas órdenes recibidas y el resultado de la votación de sus soldados; los alemanes a su vez lo comunicaron que para reflexionarlo le daban de plazo hasta las nueve de la mañana del día siguiente.

El 15 de septiembre, a las nueve, los alemanes pidieron una tregua hasta la una de la tarde, y una hora después los primeros bombarderos Stuka aparecieron sobre la isla. El general Gandin dio orden de abrir fuego y la batalla entre italianos y alemanes empezó. Ahora ambos tenían el mismo número de tropas en la isla pero los alemanes poseían mejor artillería y apoyo aéreo. La batalla duró seis días, hasta el 21 de septiembre, en que los italianos, habiendo perdido más de dos mil hombres, enarbolaron bandera blanca y se rindieron a título de prisioneros de guerra.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mar Sep 02, 2008 12:15 pm

Descubrí que en el juicio de Nuremberg ciertos detalles de la matanza de Cefalonia se habían puesto de relieve y dos de los oficiales implicados, los generales Wilhelm Speidel y Hubert Lanz, jefes del séptimo cuerpo de ejército alemán en los Balcanes, fueron condenados a veinte y doce años de cárcel respectivamente y por tanto no pueden ser juzgados otra vez por aquellos crímenes. Algunos de los otros alemanes implicados, según el veredicto aliado se limitaron a transmitir órdenes y fueron puestos en libertad. El comandante Haral von Hirschfel, el más alto oficial de enlace alemán con el vigésimosexto cuerpo de ejército italiano, del que la división Acqui formaba parte y que había estado en el escenario de Cefalonia, fue muerto en acción de guerra en el frente ruso, en 1944.

Hoy sabemos algo que ni el tribunal de Nuremberg, ni en 1957 el tribunal militar de Roma sabían: Martin Bormann, lugarteniente de Hitler, dio orden «de alto secreto» (Geheime Reichssache) de que todos los prisioneros de guerra de Cefalonia fueran ejecutados como represalia por no haberse rendido inmediatamente. La orden fue transmitida por eslabones del mando hasta llegar al oficial de enlace Hirschfel de Cefalonia, formándose un comando de ejecución bajo las órdenes del capitán Rademacher de la armada alemana y de los tenientes Heidrich y Kuhn del ejército alemán. Los prisioneros italianos fueron desarmados, cargados en camiones, como para llevarlos a campos de concentración, pero en lugar de ello fueron conducidos a lugares solitarios de la isla, en las proximidades de Cocolata, Trojanata, Constantinos y allí ejecutados por pelotones del ejército alemán y luego incinerados en masa.

Durante el 21 y 22 de septiembre, después del cese de hostilidades, casi todos los soldados y oficiales restantes de la división Acqui fueron ejecutados. El general Gandia lo fue a las siete de la mañana del 24 de septiembre y aquel mismo día 260 oficiales italianos eran conducidos al faro de Phanos, al norte de Argostolion y allí ejecutados, sus cuerpos colocados en una enorme lancha después que cargaron de pesadas piedras, la lancha remolcada hasta alta mar y allí hundida. Uno de los últimos actos de la represalia tuvo lugar el 25 de septiembre en que varias docenas de soldados y oficiales heridos fueron sacados del hospital de la división y ejecutados. El 28 de septiembre, al encontrar los alemanes diecisiete marineros italianos que habían venido escondiéndose, los fusilaron en el acto. De la entera división de nueve mil hombres, sólo unos treinta lograron esconderse en la isla. Luego lograron escapar y aparecerán como testigos cuando el juicio empiece.

En los últimos pocos años, comisiones del ejército italiano han conseguido hallar las fosas de Cefalonia, de ejecutados en masa. El padre Luigi Ghilardini, que fue capellán de la división, vive hoy en Genova y ha escrito un libro titulado «I martiri di Cefalonia». Los oficiales que estuvieron al mando de los pelotones de ejecución alemanes, se hallan hoy en las listas de reclamados por la justicia. (El coronel Berge, uno de los emisarios, probó que había sido enviado a Creta antes de iniciarse la matanza.)

En febrero de 1966 hablé con el fiscal Obluda, de Dortmund, que se trasladó personalmente a Cefalonia para hacer investigaciones de primera mano y espera poder llevar a los culpables ante el tribunal. Posteriormente se nos unieron otros varios demandantes. Había una pregunta que nadie podía contestar: ¿cómo era posible que las autoridades alemanas ignoraran los crímenes de Cefalonia, el asesinato de miles de personas?

Si un día en Turín una anciana y apenada dama no hubiera venido a verme, la mayoría de alemanes seguirían sin saber nada de Cefalonia.


Fuente: Los Asesinos entre nosotros. Simon Wiesenthal. Noguer, 1967.


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Masacre en Cefalonia

Mensajepor Capitan Furia » Lun Ago 24, 2009 5:08 pm

mi enhorabuena por tan excelente post. Siempre nos han contado que la wehrmacht estaba al margen de las atrocidades que se realizaron durante la guerra, pero esta masacre demuestra que nadie se salvó de poner su granito de arena en semejantes trasgresiones de la Convención de Ginebra.

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Re: Masacre en Cefalonia

Mensajepor Juan M. Parada C. » Vie Dic 20, 2013 11:09 pm

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Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Napol ... alonia.jpg

El entonces presidente italiano Giorgio Napolitano rinde un sentido homenaje a los miembros asesinados de la división de infantería 33 "Acqui" un 25 de abril del 2007 en Cefalonia.Toda una tragedia lo ahí acontecido por las tropas alemanas contra los soldados italianos indefensos.
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642

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Re: Masacre en Cefalonia

Mensajepor UHU » Jue Dic 26, 2013 12:52 am

Por hilos como este es que leo este foro. Desconocia de esta masacre a pesar de haber visto la pelicula, gracias a Fangio y a Hartmann por este post.
Saludos.
"Solo el que se da por vencido esta perdido" Hans-Ulrich Rudel.


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