¿El vaticano y la Alemania nazi?

Dudas e interrogantes sobre la Segunda Guerra Mundial

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el_filosofo_de_la_guerra
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¿El vaticano y la Alemania nazi?

Mensaje por el_filosofo_de_la_guerra » Mar Dic 26, 2006 9:12 pm

8) Hola amigos la verdad que nno se mucho acerca del papel que jugo la iglesia catolica en la segunda guerra mundial, asi que me gustaria que me dijeran como fue la relacion entre la iglesia y los nazis??

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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Mar Dic 26, 2006 9:32 pm

viewtopic.php?t=369

Saludos cordiales

el_filosofo_de_la_guerra
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Mensaje por el_filosofo_de_la_guerra » Mar Dic 26, 2006 9:44 pm

Gracias me ha servido de mucho.

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wittmann
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Mensaje por wittmann » Mié Ene 03, 2007 1:30 pm

La relación fue mala desde el principio ya en el año 37 Eugenio Pacelli, futuro Pio XII contribuyó de una importantísima manera a redactar la encíclica "Mit brennender Sorge" en la que Pio XI condenaba el nazismo.

Dejo aquí un enlace sobre Pio XII y el holocausto. http://www.corazones.org/apologetica/na ... _pio12.htm

Saludos.
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Erwin Rommel
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Mensaje por Erwin Rommel » Jue Ene 04, 2007 2:43 am

Con todos los respetos, en este tema yo creo que la iglesia hizo como suele ser habitual, una postura oficial de cara a la galeria y dispuesta a pactar hasta con el diablo, si saca de ello el mas minimo beneficio, o no?

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Stormbringer
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Mensaje por Stormbringer » Jue Ene 04, 2007 8:19 pm

Saludos os pongo una de las acciones que realizó el Vaticano en tiempos de guerra.

Archivos Vaticanos.Inter Armas Cáritas.
La apertura de los Archivos Vaticanos ha mostrado que la ayuda de la Santa Sede a los judíos durante la 2ª Guerra Mundial fue mayor de la que siempre se ha creido, incluso suscitó protestas en diferentes ambientes católicos. Así lo confirman las cartas publicadas junto con los registros de la Oficina de Información Vaticana para los prisioneros de guerra instituido por el Papa Eugenio Pacelli -Pio XII-(1939-1947) editados con el título de "Inter Armas Caritas".
Los dos volúmenes publicados por el Archivo Secreto han permitido descubrir como estaba organizada la red de asistencia a las victimas de la guerra.
La sede de la Oficina se encontraba en un primer momento dentro de la Secretaría de Estado, en la Sección de Asuntos Ordinarios en el Patio de San Dámaso. era dirigida por el obispo ruso Alexander Evreinoff, asistido por un secretario, el sacerdote Emilio Rossi. Al inicio contaba con dos empleados y las peticiones de noticias sobre personas desaparecidas no superaban las sesenta al día. Los principales interlocutores, en contacto continuo con la Oficina, eran los representantes pontificios en los diferentes países- nuncios, delegados apostólicos, vicarios- que en sus sedes habian organizado oficinas de información, siguiendo el modelo a la creada en el Vaticano. Estas oficinas recibían los módulos enviados por la Santa Sede y enviaban diariamente, a traves de un mensajero, las respuestas y peticiones en formularios impresos con el escudo de la representación pontificia. Además, durante las visitas pastorales a campos de concentración, hospitales, etc, los mismos representantes del Papa, además de responder a las necesidades espirituales y de ofrecer consuelo, distribuían entre los prisioneros correo y ayudas- libros, medicinas, alimentos, vestido, tabaco, instrumentos musicales, etc.
La actividad de la Oficina de Información Vaticana experimentó un cambio importante ante el avance alemán en los Paises Bajos, Bélgica y Francia, a partir de la primavera de 1940 y con la entrada de Italia en la guerra el 10 de Junio del mismo año. El número de peticiones de información se elevó a centenares por día, de modo que la Oficina tuvo que aumentar el personal, pasando de dos a dieciseis personas. Dadas las dificultades para comunicar con las poblaciones en los paises ocupados, surgió la idea de utilizar la colaboración de Radio Vaticano. Los llamamientos radiofónicos para pedir u ofrecer informaciones o respuestas de refugiados o personas desaparecidas comenzaron el 20 de Junio de 1940. En 1944, Radio Vaticano llegó a transmitir 63 programas semanales dedicados exclusivamente a ofrecer este tipo de información, lanzando 27.000 mensajes al mes.
La radio pontificia transmitía , en días y horarios establecidos, listas de los prisioneros- civiles y militares-y de los desaparecidos y refugiados, con noticias y mensajes captados por las nunciaturas, las delegaciones pontificias y las curias diocesanas, que trataban después de transmitir a las familias. Para agilizar y aumentar los mensajes se pronunciaban números convencionales en sustitución de frases. Por ejemplo, el número 3 significaba "estoy bien", el número 11 "espero vuestras noticias", el número 13 "mi dirección es la siguiente".
En 1941, al extenderse la guerra, aumentaron las peticiones dirigidas a la Oficina de Información Vaticana, unas dos mil al día. Los empleados de la Oficina aumentaron hasta cien, obligando a cambiar de lugar las oficinas.
El 1 de Abril de 1941 la Oficina se trasladó al Palacio de San Carlos dentro del territorio vaticano. La nueva sede se dividió en dos partes: una se destinó para trabajo interno y la otra a la acogida de centenares de personas que acudían a estos locales para pedir información de sus seres queridos y rellenar formularios. Eran,sin embargo mas numerosas las peticiones que llegaban por correo.Por cada carta se rellenaba una ficha a la que se le daba un número de protocolo. La Oficina acogía estas peticiones sin distinción de raza, religión, nacionalidad o estatus social. Los registros creados por las diferentes secciones de la Oficina de Información, dividdos por miles, se depositaban al final del día en cajas de madera. Este fichero de la Oficina se actualizaba diariamente. Para poder realizar este inmenso trabajo se pidió ayuda a voluntarios de Acción Católica y a numerosas religiosas presentes en Roma pertenecientes a decenas de congregaciones religiosas. Transmitidas estas peticiones a las diferentes representaciones pontificias en el mundo, los formularios respondidos eran recogidos por la Sección de Respuestas, encargada de la actualización de cada una de las fichas y de la transmisión de noticias a las familias.
Cada semana, el sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, convocaba una reunión en la que participaban el obispo Evreinoff, el padre Rossi, monseñor Angel Baragel en representación de Radio Vaticano, junto a otros obispos y monseñores de la Curia romana. Los verbales de estas reuniones eran después presentados al Papa Pio XII para su aprobación.
la sección alemana de la Oficina tenía entre sus funciones atender a los ciudadanos judíos residentes en los territorios ocupados y controlados por Alemania. La correspondencia dirigida a alemanes y eslavos de religión judía era con frecuencia bloqueada o rechazada por la censura alemana. de los judíos de Eslovaquia y Croacia se ocupaba la Obra de San Rafael, dirigida por el padre Anton Weber en la iglesia de los Padres Pallottinos en Roma. En la segunda mitad de 1942, para promover la divulgación de estas moticias, la Oficina de Información creó la revista mensual "Ecclesia", cuyo creador y director fue monseñor Montini. Se convirtió en el órgano informativo impreso de la Oficina vaticana desde Septiembre de 1942 hasta Diciembre de 1945. En 1943 la Oficina alcanzó el momento de máxima actividad, con decenas de miles de peticiones diarias. En ese periodo, llegaron a trabajar seiscientas personas. La Oficina de Información vaticana cerró sus actividades el 31 de Octubre de 1947.
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Daniel Chamorro Garcia
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Mensaje por Daniel Chamorro Garcia » Mar Feb 20, 2007 6:39 am

Hola Camaradas , yo soy catolico deboto pero uno no puede esconder estas verdades , hombre yo toda la voda eh sabido que la santa sede y su santidad Pio XI al la werhmacht entrar en Italia tubo que realizar un tratado en el cual se le garantizara a la santa sede que no seria tocada en batalla ni invadido su territorio por el Deutsche Heer o la werhmacht , bueno aunque yo pregunto ¿como quedo esto ante los ojos del mundo?

EDECAN
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Mensaje por EDECAN » Jue Mar 01, 2007 10:22 pm

Mira , la verdad es que " a moro muerto , gran lanzada ". Es muy facil juzgar las cosas una vez que se conoce el final de la historia . Lo unico que está totalmente claro es que al Papa no le gustaban mucho los alemanes nazis , a los alemanes nazis no les gustaba nada el Papa y si hubieran podido habrían acabado con el Vaticano como hicieron con la elite social polaca .Que porqué no lo hicieron ? . Pues es facil de responder : Hasta el 43 Italia aliada . A partir del 43 , en el inicio del declive , media Almania católica , Italia católica , Iberoamerica entera catolica, España, Portugal , Francia , Hungria , Eslovaquia , etc .
¿Por cierto , que hicieron TODAS las democracias occidentales y la URSS por los judios antes del 39 ?
La verdad es que el papa corrió mas riesgo que el que ahora se quiere hacer ver . Es como el" contubernio judeo- masonico "de Franco , quien a la hora de la verdad salvó los judios que podía bajo cualquier pretexto mas o menos valido , pero lo cual no es "politicamente correcto " reconocer ( cosa que si han hecho varias organizaciones judias )

Daniel Chamorro Garcia
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Mensaje por Daniel Chamorro Garcia » Vie Mar 02, 2007 2:46 am

Guten tag Herr EDECAN , no claro que tienes razon , ademas como atentaria a todo el catolicismo si soy catolico completamente , pero me gustaria que leas este documento que encontre:

Hitler quiso secuestrar al Papa Pío XII en 1944

El Fuhrer alemán Adolf Hitler dio a sus generales la orden directa de secuestrar al Papa Pío XII (Eugenio Pacelli) durante la Segunda Guerra Mundial, pero los militares no le obedecieron, afirmó ayer el principal periódico católico de Italia. El Avvenire, que pertenece a la Conferencia Italiana de Obispos Católicos, dijo que habían aparecido nuevos detalles de la trama en documentos presentados ante el Vaticano para apoyar la santificación del pontífice.

Las supuestas tramas para secuestrar al Papa durante la ocupación alemana de Italia ya habían sido señaladas por algunos historiadores, pero el reportaje a toda página publicado por Avvenire dijo que sus detalles eran desconocidos hasta ahora.

Avvenire dijo que Hitler temía que el Papa fuese un obstáculo para sus planes de una dominación mundial. Además, el dictador quería abolir el cristianismo e imponer el nacional socialismo como una especie de nueva religión global.

Pacelli se había desempeñado como nuncio apostólico en Alemania. Inclusive, mantuvo un encuentro protocolar con Hitler en 1938.

El periódico dijo que uno de los complots, que fue denominado Operación Rabat, se había planeado originariamente para 1943 pero no se llevó a cabo ese año por razones sin especificar.

También recoge que en 1944, poco antes de que los alemanes se retirasen de Roma, el Obergruppenfuhrer SS Karl Friedrich Otto Wolff había recibido el encargo de Hitler de secuestrar al Papa.

De acuerdo con el periódico, Wolff volvió a Roma después de una reunión con Hitler en Alemania y concertó una reunión secreta con el Papa. Wolff entró en el Vaticano con ropas de civil durante la noche gracias a la ayuda de un sacerdote.

Wolff le contó al Papa las órdenes de Hitler y le aseguró que no tenía intenciones de secuestrarlo, pero advirtió al pontífice que tuviera cuidado "debido a que la situación (en Roma) era confusa y llena de riesgos".

El dictador de ideología fascista Benito Mussolini ya había caído y el gobierno del norte de Italia volvía a ser una marioneta de Alemania.

La ocupación alemana de Roma se produjo en esos días. Las fuerzas aliadas fueron avanzando en la capital, que fue liberada el 5 de junio de 1944.

Para probar las buenas intenciones de Wolff, Pío XII le pidió la liberación de dos líderes italianos de la resistencia que habían sido condenados a muerte. Wolff lo organizó todo para que fuesen liberados, dijo el periódico. (Reuters)

espero que os sirva noble camarada

Daniel Chamorro Garcia
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Mensaje por Daniel Chamorro Garcia » Vie Mar 02, 2007 2:49 am

Guten tag Herr EDECAN , no claro que tienes razon , ademas como atentaria a todo el catolicismo si soy catolico completamente , pero me gustaria que leas este documento que encontre:

Hitler quiso secuestrar al Papa Pío XII en 1944

El Fuhrer alemán Adolf Hitler dio a sus generales la orden directa de secuestrar al Papa Pío XII (Eugenio Pacelli) durante la Segunda Guerra Mundial, pero los militares no le obedecieron, afirmó ayer el principal periódico católico de Italia. El Avvenire, que pertenece a la Conferencia Italiana de Obispos Católicos, dijo que habían aparecido nuevos detalles de la trama en documentos presentados ante el Vaticano para apoyar la santificación del pontífice.

Las supuestas tramas para secuestrar al Papa durante la ocupación alemana de Italia ya habían sido señaladas por algunos historiadores, pero el reportaje a toda página publicado por Avvenire dijo que sus detalles eran desconocidos hasta ahora.

Avvenire dijo que Hitler temía que el Papa fuese un obstáculo para sus planes de una dominación mundial. Además, el dictador quería abolir el cristianismo e imponer el nacional socialismo como una especie de nueva religión global.

Pacelli se había desempeñado como nuncio apostólico en Alemania. Inclusive, mantuvo un encuentro protocolar con Hitler en 1938.

El periódico dijo que uno de los complots, que fue denominado Operación Rabat, se había planeado originariamente para 1943 pero no se llevó a cabo ese año por razones sin especificar.

También recoge que en 1944, poco antes de que los alemanes se retirasen de Roma, el Obergruppenfuhrer SS Karl Friedrich Otto Wolff había recibido el encargo de Hitler de secuestrar al Papa.

De acuerdo con el periódico, Wolff volvió a Roma después de una reunión con Hitler en Alemania y concertó una reunión secreta con el Papa. Wolff entró en el Vaticano con ropas de civil durante la noche gracias a la ayuda de un sacerdote.

Wolff le contó al Papa las órdenes de Hitler y le aseguró que no tenía intenciones de secuestrarlo, pero advirtió al pontífice que tuviera cuidado "debido a que la situación (en Roma) era confusa y llena de riesgos".

El dictador de ideología fascista Benito Mussolini ya había caído y el gobierno del norte de Italia volvía a ser una marioneta de Alemania.

La ocupación alemana de Roma se produjo en esos días. Las fuerzas aliadas fueron avanzando en la capital, que fue liberada el 5 de junio de 1944.

Para probar las buenas intenciones de Wolff, Pío XII le pidió la liberación de dos líderes italianos de la resistencia que habían sido condenados a muerte. Wolff lo organizó todo para que fuesen liberados, dijo el periódico. (Reuters)

espero que os sirva noble camarada
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Mensaje por challenger » Vie Ago 03, 2007 3:00 am

¡¡¡¡¡QUE TEMA TAN POLEMICO COMO ESPINOSO!!!!!

Las relaciones entre la Iglesia Católica/Vaticaño/Santa Sede y Berlín se dieron en un ambiente de alcahuetería e hipocresía, desde la ascensión de Hitler en 1933 hasta 1945.

Es histórico que Pío XII fue un fuerte anticomunista y que vió en el nazismo un arma efectiva para luchar contra la hoz y el martillo.

Se sabe históricamente que un obispo llamado Alois Hudal ayudó mucho a los "nazis", tanto durante la guerra como después de esta, principalmente para escapar de Europa hacia Argentina, Ejemplo: Otto Skorzeny y Adolf Eichmann.

También se sabe que poco antes de la guerra hubo un acuerdo entre el Papa y el Führer para declarar a Roma como CIUDAD ABIERTA en caso de que así lo requiriera la situación imperante.

También es histórico el odio visceral que sentía Pío XII por los judíos y que se hiciera de la vista gorda a ese respecto, en muchas ocasiones.

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enigma
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Mensaje por enigma » Jue Ago 09, 2007 1:48 am

El tema es espinudo, ya que puede herir susceptibilidades. Hace tiempo en la sección preguntas publiqué una: "ruta vaticana de escape", y el resultado fué interesantísimo...y nadie se ha dado por ofendido, hasta el momento.
Gracias por compartir con ustedes sus conocimientos.

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Blue_Max
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Mensaje por Blue_Max » Mar Oct 30, 2007 3:48 pm

Hola a todos!!!

Interesante el tema suscitado en el presente tópic, y de agradecer enormemente los diferentes puntos de vista, plasmados al respecto.

Al margen de la repulsa que el nacionalsocialismo provoca al catolicismo en particular y al cristianismo en general, y en el plano filosófico, tal y como ha quedado plasmado en las propias palabras del Papa Pío XI, de cuya encíclicla "con viva preocupación" ya se habló en otro "tópic" abierto por el compañero Francis Currey ¿en qué consistió la neutralidad de la Santa Sede durante el conflicto?. Permitidme para ello acudir en la medida de lo posible a las fuentes, más que a las interpretaciones (y ya las extraeremos cada uno de nosotros, según nuestro parecer). Seguiré a continuación, casi al dictado, un pequeño libro que no hace mucho llegó a mis manos en el que de un modo u otro la Santa Sede, a través de su autor viene a justificar su actuar:

PIO XII Y LA GUERRA
Guillermo Viviani Contreras
Consejero de la Embajada de Chile ante la Santa Sede
Ed. Subirana SA. Editorial Pontificia. Barcelona 1.943


El Vaticano es un Estado, un miembro de la Comunidad Internacional con idénticos derechos y obligaciones que cualquier otro, y así lo era en 1.939, fecha en que estalla el conflicto. La neutralidad es una situación de hecho; en su aspecto jurídico legal podríamos resumirlo diciendo que es la actitud de un Estado que no toma parte, ni directa ni indirectamente en las operaciones bélicas de de otros países que se encuentran en guerra. El Estado de la Ciudad del Vaticano evidentemente, y a la vista de lo anterior, adoptó la posición de un Estado neutral (jurídicamente hablando) que no solamente no tomó parte en la guerra, sino que, dada sus proporciones y sus recursos, se resultaba absolutamente impedido para agredir, y romper, en consecuencia su propia neutralidad.

En consecuencia con todo lo anterior, la neutralidad del Estado de la Ciudad del Vaticano no venía impuesta sólo por una razón, digamos filosófica o religiosa, sino por otra mucho más contundente, desde un punto de vista práctico, y no es otra que la propia situación física del mismo, al contrario de lo que pudo haber sucedido, y de hecho sucedió, en otros momentos de la Historia.

Pero otro sentido se da a la neutralidad de la Santa Sede. Si ésta se hubiera inclinado, con la autoridad moral que ostentaba en 1.939 en el mundo, por uno de los bandos en lucha, hubiera roto su neutralidad, aunque ninguno de los ciudadanos de la misma hubiese disparado un solo tiro de fusil.

Decir que la Santa Sede fue neutral durante la SGM, significa que la autoridad suprema de la Iglesia Católica no tomó una actitud decidida a favor de una de las partes en lucha. Que el Vaticano firmó un Concordato con el III Reich es cierto pero, su neutralidad ha de comprenderse sobre la base de entender, entre otras razones, las verdaderas motivaciones de esta y la mayoría (por no decir, totalidad) de las guerras habidas en la Historia. La SGM, no olvidemos no fue nunca una guerra religiosa (pocas o ninguna conozco), sino una guerra de carácter económico y social, en la que cada país se propuso obtener conforme a sus propios puntos de vista, una mejor distribución de las materias primas, una mayor libertad para su comercio, y la realización, en lo futuro, de un plan conforme a sus postulados ideológicos, postulados de libertad y de democracia de una parte, y postulados de autoridad y nacionalismo, de la otra.

El Papa Pío XII, el día 24 de noviembre de 1.940, desde el altar de la confesión de San Pedro, después del Evangelio hablaba así:

Nosotros no hemos dejado nada por hacer para obtener la paz de las naciones, sabedores como somos de ser siervos y ministros de un excelso Rey Pacífico, pacificador no con la sangre de las batallas, sino mediante la sangre de su cruz, y las cosas de la tierra y del Cielo”.

“Hemos seguido el clamor y el impulso de Nuestro corazón, a fin de que entre las gentes se restableciese la concordia, largo tiempo turbada y ahora míseramente destrozada, con un orden más equitativo y unánime, basado sobre aquélla justicia, que tranquiliza las pasiones, calma los odios, apaga los fermentos de los rencores y de las luchas; un orden que propenda a dar a todos los pueblos, en la tranquilidad, en la libertad y en la seguridad, la parte que a cada uno de ellos corresponde en esta tierra de las fuentes de la prosperidad y de la potencia, a fin de hacer para todos posible el cumplimiento de las palabras del Creador: Crescite et multiplicamini, et replete terram”.


Estas palabras del Papa manifiestan con evidencia su punto de vista. Deseaba fervientemente que la guerra terminase y, en ese sentido, hizo valer todas sus influencias, desgraciadamente, sin ser oído; y por otra parte reconocía que los hijos de la Iglesia, dignos de protección y solícita ayuda, se encontraban tanto en uno como en otro bando de las naciones en lucha.

Por ello no puede interpretarse, a priori, su actitud como de indiferencia, sino de viva preocupación (parafraseando a Pío XI) ante la tragedia que azotaba en mundo convulsionándolo en su totalidad. Considero un gravísimo error, no sólo histórico, sino también filosófico, pensar que Pío XII mirase impasible los acontecimiento y no se interesase por la suerte de las naciones que se estaban destruyendo mutuamente.

Pero la neutralidad de la Santa Sede, no es ni puede ser considerada como complicidad con los que la persiguen. Por eso, aún a trueque de ser considerada parcial e inclinada más hacia un lado que hacia el otro, se vio obligada a denunciar públicamente las persecuciones de que había sido objeto. De entre estas persecuciones, no sólo me refiero a la lucha encarnizada del régimen Stalinista contra la Iglesia Católica sino la no menos fiera lucha del nacionalsocialismo contra ella, así como contra la Iglesia Protestante en Alemania.

A este propósito, Pío XII, en el discurso radiofónico de Navidad de 1.941, se expresó del siguiente modo:

“Nos resulta inexplicable que, en algunas regiones, múltiples disposiciones impidan el camino al mensaje de la fe cristiana, mientras conceden amplio y libre paso a una propaganda que la combate. Substraen la juventud a la benéfica influencia de la familia cristiana, y la alejan de la Iglesia; la educan en un espíritu adverso a Cristo, infiltrándole concepciones, máximas, y prácticas anticristianas; hacen difícil y llena de inquietud la obra de la Iglesia en la cura de las almas y en las obras de beneficencia; desconocen y rechazan su influjo moral sobre el individuo y la sociedad: determinaciones todas que, lejos de haber sido mitigadas y abolidas en el curso de la guerra, han ido, bajo no pocos aspectos, haciéndose más ásperas.

Que estas cosas y otras más pueden continuar efectuándose entre los sufrimientos de la hora presente, es una triste señal del espíritu con el cual los enemigos de la Iglesia imponen a los fieles, junto a todos los otros no pequeños sacrificios, el peso angustioso de un ansia de amargura que gravita sobre las conciencias.

Nosotros amamos, y Dios es testigo de ello, con igual afecto a todos los pueblos sin excepción alguna; y para evitar siquiera sólo la apariencia de ser movidos por espíritu de parte, Nos hemos impuesto hasta el presente la mayor reserva; pero las disposiciones contra la Iglesia y los fines que esas persiguen son tales que, Nos sentimos obligados, en nombre de la verdad a pronunciar una palabra, aunque no sea sino para que no nazca, por desgracia, la turbación entre los fieles."


También podemos estudiar detenidamente el mensaje radiofónico en que en el día de su Jubileo Episcopal, Pío XII insiste en este tema, al decir:

“De nuevo, hoy como entonces, el algunos países, autoridades que olvidan los vínculos morales y que propenden a sustituir el derecho por la fuerza, echan en cara a los cristianos las mismas infracciones legales que los Césares de los primeros siglos pretendieron encontrar en Pedro y en Pablo, en Sixto y el Lorenzo, en Cecilia, en Inés, en Perpetua y en la innumerable serie de aquéllos inocentes que ahora brillan con la aureola de los mártires, aquí en la tierra a los ojos de la Iglesia, y en el cielo ante el Cordero. Y el delito que se echa en cara a los cristianos ¿cuál es sino su indefectible fidelidad al Rey de los reyes y al Señor de los que dominan?.”

La Iglesia no puede ser neutral cuando es perseguida o atacada, al igual que cualquier otro Estado. Se defiende por los medio legítimos que están a su alcance. Y cuando menos debe manifestar la injusticia a que esté sometida. Pero este no era el caso de la Iglesia durante la SGM, y más concretamente en 1.941, guerra que no revestía el más mínimo tinte de “religiosa”. Y, por lo tanto, si condenó determinadas actitudes de Gobiernos de los países que se hallaban en guerra, no lo hizo por decantarse hacia un bando u otro, sino que lo hizo en cumplimiento de su misión de defender los intereses sagrados de la religión, dondequiera que ésta sea atacada, pues, con independencia de las creencias de cada cual, es esta y no otra una de sus misiones.

Pero si esto no fuera suficiente, quisiera hacer mención a otra de las formas con que el Vaticano manifiesta su neutralidad, y esta es no interviniendo en aquellas cosas que no le son propias, y que, por consiguiente, están sujetas al arbitrio de los hombres. En este sentido, no puede decirse que fuera o sea partidaria de una forma de gobierno u otra determinada. Acepta todas aquéllas que no sean contrarias a la moral cristiana (a pesar del Concordato con el III Reich del que podemos hablar posteriormente con suficiente extensión). En este sentido dio suficientes instrucciones, precisas y claras al Episcopado y al clero en el sentido de no intervenir en la política contingente de sus propios países, para que su misión evangelizadora no fuera confundida con los estrechos intereses de círculo o partido alguno.

A este respecto, refiriéndose al nuevo orden social que todos esperaban como fruto de la guerra, el Papa Pío XII se expresaba así:

“Existe la opinión común de un orden nuevo. Nadie quiere volver a las condiciones anteriores; en este orden nuevo se comprende que sean más fuertes las aspiraciones de quienes viven del trabajo de sus manos y están sujetos a saborear más que otros la amargura de las desarmonías económicas; pero la Iglesia, en la lucha de los sistemas ligados al tiempo y dependientes de él, no está llamada a hacerse partidaria de una dirección más que de otra. En el ámbito del valor universal de la ley divina, cuya autoridad tiene fuerza no sólo para los individuos sino también para los pueblos, hay extenso campo y libertad de movimiento para las más variadas formas de concepciones políticas, mientras la práctica afirmación de un sistema político o de otro, depende, en medida vasta y muchas veces decisiva, de circunstancias y causas que, consideradas en si mismas, son extrañas al fin, y a la acción de la Iglesia”.

No siempre es fácil señalar los límites de la acción de la Iglesia, saber lo que a ella pertenece y lo que no le pertenece. Su misión es salvar almas, conducir todos los seres humanos a la vida eterna, según sus propias palabras. Para cumplir esa misión, dada por Cristo, necesita santificar a los individuos en todas sus actividades. La personalidad humana íntegramente considerada, es el objeto inmediato de la acción de la iglesia. Debe santificarla pues, y en este sentido todo acto humano, en cuanto es moral o inmoral, está sujeto al juicio de la Iglesia. Nada escapa, desde esta perspectiva, a su acción fiscalizadora.

Por eso, la vida en todos sus aspectos, la vida individual, la vida familiar, la vida profesional, la vida económica, la vida política y cívica, la vida nacional e internacional, están sujetas a esta norma suprema e ineludible: obrar rectamente, obrar en conformidad con la moral cristiana. Sólo así, desde el prisma de la Iglesia, puede realizarse el reino de Dios sobre la tierra.

Sin embargo, una vez cumplidas todas estas finalidades, hay un campo inmenso para la libertad, para el libre juego de legítimas aspiraciones y tendencias, tanto individuales como colectivas, tanto profesionales como políticas, tanto nacionales como internacionales. Y en esa órbita la Iglesia no interviene, no puede ni debe intervenir, dejando el mundo a la disputa de los hombres. Realizada su misión, no puede ni quiere ir más allá. Por eso, el campo de la técnica profesional, industrial o agrícola, por ejemplo, no es de su incumbencia. Ni las ciencias ni las artes, en cuanto tales, le pertenecen, aunque las estimule. La política como arte de gobernar los Estados, como forma de organización interna de cada uno de ellos, tampoco corresponde a la Iglesia; compete a los estadistas, a los grandes políticos realizarla en conformidad con la idiosincrasia de cada nación, con sus tradiciones y sus formas de cultura. No interviniendo en las actividades puramente humanas, que no dicen relación con la vida eterna que ésta propone, manifiesta su neutralidad, o mejor dicho, su Catolicidad, su adaptación a todos los tiempos, a todos los ambientes, a todas las modificaciones que el progreso trae consigo, y su capacidad de duración y permanencia a través de los siglos.

Saludos!!!
"Si vas a Esparta caminante, diles que cumpliendo la Ley, hemos caído"

"Austria es sin duda el pueblo más inteligente de toda Europa; nos hizo creer que Mozart era austríaco y Hitler alemán "(En algún sitio escuché esto)

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Mensaje por Trifa » Sab Dic 01, 2007 12:48 am

Siento re-abrir el tema, pero hoy he visto una película donde tocaban las relaciones de la Iglesia catolica y la Alemania nazi.

La película se llama "El noveno día" (Der neunte tag), de origen alemán, se rodó al mismo tiempo que "el hundimiento".

Aquí te dejo varios enlaces, quizás pueda interesarte.
http://www.labutaca.net/films/31/derneuntetag.htm
http://www.imdb.com/title/tt0411702/

Saludos.
"How long on this longest day, 'Til we finally make it through "

Iron Maiden // Longest Day

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