¿Yamashita criminal de guerra?

Dudas e interrogantes sobre la Segunda Guerra Mundial

Moderador: José Luis

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Rubén.
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Re: ¿Yamashita criminal de guerra?

Mensaje por Rubén. » Mar Feb 26, 2013 3:06 am

Lo que a veces nos choca es que los criminales de guerra aliados, por así decirlo, sí tenían una formación o al menos provenían de un país con un estado de derecho bien cimentado (excepto la URSS) y se alzaban como adalides de la justicia y la libertad. Sabían a ciencia cierta como eran las reglas del juego, y en el caso del Pacífico, ya sabían como actuaban los japoneses. Además, hay que tener en cuenta que en el caso de los japoneses y los nazis, la forma de pensar era muy distinta a la de los países Aliados. Para un japonés la vida de un desertor o de un prisionero no valía nada, ya que se aferraban al "Bushido" o a antiguos códigos militares, y tanto oficiales como generales (salvo algunas excepciones) fomentaban tal forma de pensar. En el caso nazi, la locura racista en la que Hitler sumió a Alemania hizo que también la vida, tanto de "razas inferiores" como de prisioneros de guerra, valiese poco menos que nada. Esto no les exime de estos crímenes pero representa un atenuante que no está presente en el caso de los criminales de guerra aliados.
De acuerdo totalmente. Y esto me hace pensar que a la hora de cometer un crimen, un soldado americano sea mucho más consciente sobre el daño que está haciendo que no un fanatizado japonés.
También cabe decir que aunque no se juzgasen a los grandes criminales aliados, sí hubo juicios menores a soldados u oficiales por hechos aislados, como provocar ciertas molestias a la población civil ocupada. Por ejemplo en Junio de 1945, las violaciones del Ejército Rojo habían llegado tan lejos, que de un día para otro las autoridades soviéticas anunciaron que todo aquel soldado que violase una mujer alemana o húngara sería pasado por las armas, amenazas que se cumplieron varias veces, lo que hizo desparecer instantáneamente los abusos sexuales. Me suena también un caso que una mujer japonesa en Sasebo que fue violada por un americano y la US Navy le castigó por ello.
Poco conocido es también, pero el general Philippe Leclerc iba a ser sometido a juicio por la ejecución de unos prisioneros franceses de la 33ª División SS "Charlemagne" que los soviéticos les entregaron en la frontera, un fusilamiento sin motivo a causa de una broma de uno de los prisioneros, que se hizo ante montón de testigos y la indignación de estos. No obstante, poco antes tuvo un accidente aéreo y murió, por lo que el juicio no se celebró (o mejor, el destino lo hizo por él).
Esto evidentemente no compensa lo otro, pero algo es algo.
Dicho esto, vuelvo a declarar que los Juicios de Nuremberg y Tokyo, salvo por detalles muy concretos, me parecen sentencias justas, incluída la de Yamashita.

Rubén el Stuka.

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José Luis
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Re: ¿Yamashita criminal de guerra?

Mensaje por José Luis » Mar Feb 26, 2013 6:34 am

¡Hola a todos!

Os recuerdo a todos que el tema de este hilo es Yamashita. Es razonable un inciso comparativo, pero no hasta el punto de dejar el tema central de este hilo como una nota marginal para hablar sistemáticamente de los crímenes y juicios de otros. En todo caso, debe suceder al revés.

Saludos cordiales
JL
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csf
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Re: ¿Yamashita criminal de guerra?

Mensaje por csf » Mar Feb 26, 2013 9:25 am

Hola José luis. Acepto la reprimenda, confieso que a veces, en especial en este tipo de foros no consigo explicarme bien. Es un defecto que tengo. Estima Mac_ado lamento que no desees seguir discutiendo. Como liberal siempre pienso que del intercambio de ideas surge la luz de la razón y lamento que tu no lo consideres así.
Pero salvo en la religión, en el que por su propio concepto la verdad es revelada por Dios a los hombres en el resto de las actividades del hombre la duda es, y debe ser, el camino para buscar la verdad.
Y negarse a discutir la naturaleza de los juicios de Nüremberg o la del alto tribunal para extremo oriente no hace que esta sea diferente.
«Que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber». TTe. Corl. D. Fernando Primo de Rivera. Oficial al mando. Rgto Cazadores de Alcántara, Annual 23 de julio de 1921

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beltzo
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Re: ¿Yamashita criminal de guerra?

Mensaje por beltzo » Lun May 26, 2014 7:51 pm

Sobre el juicio a Yamashita expongo aquí un fragmente extraído del libro: Año Cero, Historia de 1945, Ian Buruma, Edit: Pasado y Presente, Barcelona 2014, Pag. 224-229

El primer proceso por crímenes de guerra en el Pacífico fue el del general Yamashita Tomoyuki, también conocido como el tigre de Malasia. En realidad no había pasado mucho tiempo en esa región, lo que le valió el sobrenombre fue la toma de Singapur en febrero de 1942 teniendo enfrente una fuerza superior a los 100.000 hombres cuando él contaba con apenas 30.000.

El general Tojo, primer ministro durante la guerra que desconfiaba de él, quizá por su mayor pericia militar, o simplemente, por el escepticismo que expresaba respecto a la guerra emprendida contra las potencias occidentales, lo relegó a Manchuria donde difícilmente iba a tener un papel destacado en ningún campo de batalla. No volvió a la región hasta la caída de Tojo en 1944 y con la ingrata tarea de defender las Filipinas cuando ya eran indefendibles.

En el juicio celebrado en otoño de 1945, se le acusó de permitir una de las peores atrocidades de la segunda guerra mundial, la matanza de Manila. Los hechos estaban claros: más de 20.000 soldados japoneses habían quedado atrapados en la ciudad ante el avance estadounidense en febrero de 1945, procedentes en su mayor parte de la armada, recibieron órdenes de luchar hasta el fin, y, en el entretanto, asolar todo lo posible la capital. Los soldados se entregaron a una bacanal de violencia, violaron y asesinaron a mujeres de cualquier edad, mataron a bebes y niños aplastándolos contra las paredes o abriéndoles con bayonetas, masacraron a los varones después de mutilarlos por diversión, asaltaron hospitales, quemaron vivos a los pacientes, incendiaron casas, edificios… Tras sufrir esta orgia desenfrenada durante un mes, la devastación sufrida fue comparable a la de Varsovia y costó la vida a unos 100.000 filipinos.

Manila había sido el territorio del general Douglas MacArthur antes de la guerra. Sus aposentos habían estado en el hotel Manila y así dio cuenta de la conmoción que le produjo el observar su asalto desde la distancia: “De pronto el ático quedó envuelto en llamas. Lo habían incendiado. Observé con un indescriptible desconcierto la destrucción de mi esplendida biblioteca militar, mis recuerdos, las pertenencias de toda una vida… Estaba probando la hez más amarga el desconsuelo de ver devastado mi amado hogar”.

Para él lo ocurrido en Manila en 1945 y lo sucedido tres años antes, cuando lo expulsaron de la ciudad las tropas japonesas del general Homma Masahru, constituía una afrenta personal, y personales fueron, por lo tanto, en gran medida los juicios celebrados allí contra este y contra Yamashita. Los tribunales estarían presididos por comisiones militares dirigidas por MacArthur. Él fue quien nombró a los magistrados y supervisó el procedimiento. Estas circunstancias llevaron a muchos de los presentes a pensar que aquellos juicios no estaban destinados a aquietar los fuegos de la venganza, sino que eran una forma de desquite.

Alguien tenía que pagar por los execrables crímenes de Manila, así como por otras brutalidades sucedidas durante la ocupación nipona: la marcha de la muerte de Batan, en abril de 1942, la desnutrición de los prisioneros de guerra; la destrucción de pueblos y ciudades filipinos, las salas de tortura de la Kempeitai… Comoquiera que los colaboracionistas de la minoría selecta filipina contaban con las espaldas bien cubiertas y los combatientes más activos de la resistencia estaban siendo aplastados en nombre del anticomunismo, se hacía imperioso dar con alguien que pudiese hacer de malo para demostrar a los nativos, que se estaba haciendo justicia.

Yamashita Tomoyuki era perfecto para el papel, su complexión achaparrada, el cuello recio y los ojos angostos y miopes lo convertían en la caricatura estereotipada del criminal de guerra japonés. Entre los periodista americanos no faltó quien le condenase antes de celebrarse el juicio. El enviado del Yank expresó: “Desde el principio mismo del proceso habría costado dar con un pardillo dispuesto a apostar dos pesos contra 200 por la absolución de Yamashita”. El semanario continuaba diciendo: “El general Yamashita compareció como criminal de guerra ante un tribunal de cinco jueces en el despacho del alto comisionado, la sala rociada de agujeros de balas en la que él mismo estuvo gobernando como conquistador. Se le había concedido un juicio justo y conforme a derecho: algo que el general nunca se había molestado en hacer con sus víctimas”.

Casi todo era falso: Yamashita no había estado jamás en esa dependencia y tampoco puede tildársele de conquistador. Llegó por primera vez a Filipinas poco antes del desembarco de Leyte, cuando la defensa del país era ya una causa perdida. No conocía el terreno; la cadena de mando se hallaba maltrecha, y los soldados, desperdigados por las diversas islas, las comunicaciones estaban interrumpidas en gran medida; la mayoría de combatientes vagaban por los montes sin recibir alimentos; apenas disponían de combustible, estaban mal adiestrados y desmoralizados por el hambre, el agotamiento y el clima tropical… Acosado por la guerrilla filipina y abrumado por fuerzas estadounidenses muy superiores, ni siquiera tuvo la ocasión de ver a sus hombres, y mucho menos de acaudillarlos como conquistador.

La matanza de Manila fue al menos en parte, el resultado del caos reinante entre los japoneses. Yamashita en su cuartel general en la montañas a tres kilómetros de Manila era consciente de que no podía defender la capital y ordenó la retirada de todas las tropas, tenía intención de declararla ciudad abierta y dejar unos 1.600 soldados para defender las provisiones militares. Pero los comandante navales tenían otros planes, unos quería luchar hasta el final y otros estaban de acuerdo en retirarse destruyendo las instalaciones portuarias. No estaba claro quien tenía que obedecer a quien de modo que desoyeron las órdenes, como ocurriera en muchas ocasiones los mandos intermedios decidieron actuar por su cuenta y prevalecieron los deseos de los más vehementes. Cuando Yamashita se enteró, montó en cólera reiterando sus órdenes de retirada, ya era demasiado tarde las tropas en el interior de Manila se encontraban acorraladas y sin más salida que la muerte.

El general japonés no tuvo desde luego un juicio justo. Los jueces eran oficinistas que sabían tan poco de derecho como de las condiciones en un campo de batalla. Uno de ellos estaba tan aburrido que se pasó la mayor parte del juicio durmiendo profundamente. MacArthur puso todos los recursos necesarios a disposición de la acusación, en tanto los abogados de la defensa no se asignaron hasta el último minuto. No tuvieron tiempo de investigar los más de 60 cargos imputados al reo, a los que para colmo se añadieron más poco antes del proceso. Los principios probatorios y otras formalidades pecaron de arbitrarios, si es que no estaban amañados. En una proclamación especial de MacArthur se confirmaron las disposiciones acordadas por los aliados en junio: “El tribunal no estará constreñido por los aspectos técnicos del derecho probatorio. En la medida de lo posible, deberá adoptar y aplicar procedimientos expeditivos y no técnicos, así como admitir cualquier prueba que considere valida desde el punto e vista demostrativo. Será admisible toda clase de confesión o declaraciones atribuibles al acusado”.

Por desgracia para Yamashita, tal cosa incluía testimonios tan dudosos como el de un par de antiguos colaboracionistas que ansiosos de limpiar su reputación expusieron ante el tribunal alegaciones tan descabelladas como las relativas a los planes de exterminar por completo a los filipinos que supuestamente albergaba el general. También declararon testigos traumatizados que pusieron en conocimiento de los jueces los espeluznantes episodios de Manila.

Pocos podía poner en duda la verdad de esos episodios, pero la cuestión era si Yamashita pudo tener conocimiento de ello, y aun teniéndolo, si podía haber hecho algo para frenar la violencia. En los juicios de Nuremberg a los generales se les enjuicio solo por crímenes que hubiesen ordenado, de los que hubiesen sido cómplices o en los que hubiesen participado personalmente, y en el caso de Yamashita no existía prueba alguna de que hubiese hecho nada de ello. De hecho, las instrucciones que había dado apuntaban en sentido contrario. Por lo tanto, lo acusaron de un delito inexistente hasta entonces: el de no haber sido capaz de detener las atrocidades cometidas por soldados sobre los que no tenía ningún control y que de hecho estaban desobedeciendo sus órdenes de manera deliberada. El 7 de diciembre Yamashita fue condenado a muerte por ahorcamiento.

MacArthur denegó la petición de clemencia. Los abogados trataron sin demasiada convicción que el tribunal supremo de USA declarase no válido el proceso alegando que las comisiones militares no tenían derecho a juzgar en tiempos de paz a quienes habían sido sus enemigos en la guerra, y que el juicio no se había llevado término con justicia. El tribunal optó por no poner en duda la legitimada del proceso aunque dos de sus magistrados se mostraron muy críticos. Uno de ellos, Wiley B. Rutledge hijo afirmó: “No se ajusta a nuestra tradición acusar a nadie de un crimen que toma su definición de la conducta del encausado…Tampoco imputamos a individuos la culpa de la masa, y aunque tal vez se den excepciones ocasionalmente, sin lugar a dudas no es el caso cuando la persona no está acusada ni es culpable de haber participado de forma activa en los hechos o haber omitido a sabiendas dar los pasos necesarios para evitar los males perpetrados por otros cuando debía y podía hacerlo”.

Yamashita declaró tener la conciencia muy tranquila, aunque las pruebas de la matanza de Manila, de la que aseguró no haber sabido nada en el momento de los hechos, lo habían conmovido hasta lo más hondo. Según dijo a sus abogados, le habría resultado muy difícil volver a Japón dejando tras de sí tantos soldados muertos. Cuando oyó el veredicto escribió un breve poema:

El mundo que conocía se ha llenado de oprobio:
Jamás habrá un momento mejor
En el que morir.

Yamashita fue ejecutado el 23 de febrero de 1946 al sur de Manila
"Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero sino, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío". Albert Einstein

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