El juicio del coronel general Werner von Fritsch

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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El juicio del coronel general Werner von Fritsch

Mensaje por José Luis » Vie Ene 05, 2007 12:48 pm

¡Hola a todos!

La conspiración de la cúpula dirigente nazi contra el Heer y su comandante en jefe, coronel general Werner von Fritsch, en enero-marzo de 1938 es un capítulo de la historia del Tercer Reich que apenas se menciona en los foros de debate de Internet, pese a la grave crisis que desencadenó en su momento, crisis que estuvo a punto de provocar un enfrentamiento descubierto entre el Heer y el régimen nazi. Sólo la desunión que entonces sufría el liderazgo del Heer y el secretismo oficial que impidió conocer en detalle a los comandantes subalternos el affair Fritsch evitaron con toda probabilidad que rodaran las cabezas de Himmler y Heydrich, y en última instancia las posiciones de Göring y el mismo Hitler. Es, por otra parte, un episodio ejemplar para conocer la verdadera naturaleza de las personas que estuvieron implicadas y jugaron un papel más o menos importante.

Introducción

En el mes de diciembre de 1937, Göring, aprovechando la confidencia que le participó el mariscal Werner von Blomberg sobre sus intenciones de casarse con una mujer que también estaba siendo cortejada por otro amante, inició con la colaboración de Himmler y Heydrich una conspiración para hacer caer al ministro de Guerra y comandante en jefe de la Wehrmacht, mariscal Blomberg. Ahora no viene al caso detallar este affair, que ya he tratado un poco en el topic “Tres hombres y un destino” de esta misma sección, en:

viewtopic.php?t=3311

Lo importante es subrayar que Göring vino a saber que la mujer pretendida por Blomberg era una prostituta, hablando en plata, y que lejos de advertir a Blomberg de esta circunstancia para evitar el matrimonio, decidió que la Gestapo, por mediación de Himmler, vigilara y elaborara un expediente completo de Eva Gruhn, como así se llamaba la pretendida del ministro de Guerra. También urdió que el comandante en jefe del Heer y el comandante en jefe de la Kriegsmarine, Fritsch y Raeder, asistieran de testigos al enlace que habría de celebrarse en el Ministerio de Guerra el 12 de enero de 1938, pero Erich Schultze*, que había sido informado por su amigo Heydrich de esa conspiración, advirtió inmediatamente a Fritsch de los antecedentes de Eva Gruhn. La reacción del jefe del Heer fue la de advertir rápidamente a Blomberg para que rompiera su compromiso de matrimonio y toda relación con Eva Gruhn, pero Schultze lo convenció de la inutilidad de tal paso, pues la reacción de Blomberg sería explosiva. Así que a la mañana siguiente, probablemente el 11 de enero, Fritsch y Raeder fueron directamente a ver a Blomberg para comunicarle que, habiendo meditado el asunto, habían llegado a la conclusión de que su papel de testigos probablemente ofendería a Hitler, si antes no era el mismo Führer solicitado para acudir en tal calidad a la ceremonia. Fue de esta forma como Hitler llegó a ser testigo (y Göring con él, a petición de Hitler) del enlace celebrado el 12 de enero de 1938.

Tanto Göring como Himmler, cada uno por su cuenta, se habían aliado en el caso Blomberg con la pretensión de convertirse en el nuevo ministro de Guerra y, en consecuencia, comandante en jefe de la Wehrmacht, cuando la caída del mariscal se hiciese efectiva. Pero sabían que el candidato natural para ese puesto era el coronel general Werner von Fritsch, comandante en jefe del Heer. Así que, al tiempo que urdían la trama contra Blomberg, ordenaron rescatar un antiguo expediente sobre un cargo de homosexualidad contra Fritsch. Para no repetirme, una cuenta de este asunto se halla en el enlace anteriormente referenciado.

Unos días después de haberse celebrado el matrimonio de Blomberg, Göring puso en marcha la maquinaria para que saliese a relucir el caso Eva Gruhn a través del presidente de la policía de Berlín, conde Helldorff. El 21 de enero hubo una llamada anónima al ministerio de Guerra en la cual se afirmaba que el ministro se había casado con una prostituta, y en la tarde de ese mismo día Helldorff visitaba a Keitel con una fotografía de Eva Gruhn. Al atardecer del 24 de enero, cuando Hitler regresaba a Berlín de su retiro en Berchtesgaden, Göring lo estaba esperando en la Cancillería del Reich con los expedientes de Eva Gruhn y el “caso Fritsch”. El 27 de enero Hitler despide a Blomberg, cesado el día anterior, que parte rumbo a Roma. Dos días antes, el 25 de enero sobre las 22:30 horas, Friedrich Hossbach advierte a Fritsch del cargo con que va a ser acusado por Hitler.

A partir de esos momentos comienza nuestra historia, que continuaremos en un siguiente post.

* Dr. Erich Schultze, antiguo funcionario de Prusia del Este, amigo de Reinhard Heydrich, y asociado con varias figuras de la oposición a Hitler.

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Mensaje por José Luis » Vie Ene 05, 2007 4:57 pm

Antes de proceder a narrar los hechos y circunstancias acaecidos en torno a la acusación, investigación, juicio y exoneración de Fritsch, detallo a continuación la lista de los personajes que participaron en el “affair Fritsch” para evitar tener que dar una explicación sobre sus identidades durante la narración de los hechos.

Anticipo que el grueso de la información que suministraré en este topic procede de Harold C. Deutsch, pero al final del mismo daré una relación de la bibliografía consultada.

Personajes principales

-Coronel general Freiherr (Barón) Werner von Fritsch, comandante en jefe del Heer.
-Coronel general (mariscal tras el 4 de febrero de 1938) Hermann Göring.
-Reinhard Heydrich, jefe de la SD y Gestapo
-Heinrich Himmler, Reichsführer SS y jefe de las fuerzas de policía del Reich.
-Adolf Hitler, Führer y Canciller del Reich

Figuras del Nacionalsocialismo

-Joseph Goebbels, ministro de Propaganda y Gauleiter de Berlín.
-Victor Lutze, sucesor de Ernst Röhm como jefe de estado mayor de las SA.

Ayudantes en la Cancillería del Reich

-Capitán Gerhard Engel, ayudante del Heer para Hitler a partir del 10 de marzo de 1938
-Coronel Friedrich Hossbach, ayudante de la Wehrmacht para Hitler y jefe de la División Central del Estado Mayor General del Heer.
-Mayor Rudolf Schmundt, sucesor de Hossbach
-Capitán Karl von Puttkamer, ayudante de la Kriegsmarine para Hitler
-Julius Schaub, ayudante personal de Hitler
-Capitán (ret) Fritz Wiedemann, ayudante personal de Hitler

Asociados cercanos de Fritsch

-General Ludwig Beck, jefe del Estado Mayor General del Heer
-Capitán Joachim von Both, ayudante personal de Fritsch
-Conde (Graf) Rüdiger von der Goltz, defensor legal de Fritsch
-Teniente Otto Heinz Grosskreuz, ayudante de Fritsch
-Mayor Horst von Mellenthin, antiguo ayudante de Fritsch
-Profesor Karl Nissen, médico y amigo de Fritsch
-Capitán von Prittwitz, ayudante de Fritsch
-Baronesa Margrete (Margot) von Schutzbar-Milchling, amiga de Fritsch
-Mayor Curt von Siewert, primer oficial de estado mayor

Personajes del Heer

-General Wilhelm Adam, jefe del Truppenamt (más tarde Estado Mayor General) antes de Ludwig Beck
-Coronel Erich von Bonin, jefe de estado mayor del distrito militar de Prusia del Este
-Coronel general Walther von Brauchitsch, sucesor de Fritsch como comandante en jefe del Heer
-Charlotte von Brauchitsch, esposa del anterior
-Mayor general Conde (Graf) Erich von Brockdorff-Ahlefeld, comandante de la guarnición de Potsdam
-General Franz Halder, Oberquartiermeister I, tras la marcha de Erich von Manstein
-Coronel general Freiherr Kurt von Hammerstein-Equord, predecesor de Fritsch como comandante en jefe del Heer.
-Coronel Paul von Hase, comandante regimental en Neuruppin
-General Erich Hoepner, comandante de división
-General Günther von Kluge, comandante del VI Wehrkreis
-General Ritter (Caballero) Wilhelm von Leeb, comandante del Grupo de Ejércitos Kassel
-General Curt Liebmann, comandante de la Kriegsakademie
-General Wilhelm List, comandante del IV Wehrkreis
-Mariscal de campo August von Mackensen, héroe de la IGM y figura legendaria
-Mayor general Erich von Manstein, Oberquartiermeister I hasta el 4 de febrero, dando paso a Halder
-Mayor general Friedrich Olbricht, jefe de estado mayor del IV Wehrkreis
-Teniente coronel Edgar Röhricht, primer oficial de estado mayor del IV Wehrkreis
-Coronel general Gerd von Rundstedt, comandante del Grupo de Ejércitos Berlín
-General Ritter Eugen von Schober, comandante de cuerpo (bávaro)
-Mayor general Viktor von Schwedler, jefe de la Oficina de Personal del Heer
-General Joachim von Stülpnagel, general superior retirado
-General Wilhelm Ulex, comandante del XI Wehrkreis
-General Erwin von Witzleben, comandante del Wehrkreis de Berlín

Personajes del Ministerio de Guerra

-Coronel Alfred Jodl, segundo de Keitel en el Wehrmachtamt
-General Wilhelm Keitel, jefe del Wehrmachtamt (luego OKW)
-Teniente general Georg Thomas, jefe de Economía de Guerra

Grupo de la oposición asociado al Abwehr

-Contralmirante Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr
-Dr. Hans Bernd Gisevius, funcionario del Ministerio del Interior
-Dr. Carl Goerdeler, antiguo alcalde de Leipzig y comisario de precios del Reich
-Mayor Helmuth Groscurth, jefe del Abwehr II
-Capitán Friedrich Wilhelm Heinz, miembro del Abwehr
-Conde (Graf) Wolf von Helldorff, presidente de la policía de Berlín
-Coronel Erwin von Lahousen, sucesor de Groscurth como jefe del Abwehr II
-Comandante Franz Liedig, miembro del Abwehr
-Arthur Nebe, jefe de la Policía Criminal del Reich
-Coronel Hans Oster, jefe de estado mayor del Abwehr y de su División Central
-Mayor Alexander von Pfuhlstein, jefe de inteligencia del XI Wehrkreis
-Dr. Hjalmar Schacht, ministro de Economía hasta el 4 de febrero de 1938, y presidente del Reichsbank
-Fritz-Dietloff von der Schulenburg, vicepresidente de la policía de Berlín
-Theodor y Elisabeth Strünck, matrimonio estrechamente asociado con Oster y Gisevius en las actividades de la oposición al régimen.

Funcionarios de la Gestapo y SS

-Werner Best, director ministerial y principal especialista de la Gestapo
-Fehling, comisario criminal, miembro del departamento H-H (delitos homosexuales) de la Gestapo
-Franz Josef Huber, consejero ministerial, jefe del departamento H-C de la Gestapo, interrogador de Fritsch
-Joseph Meisinger, comisario (más tarde consejero) criminal, jefe del departamento H-H de la Gestapo
-Heinrich Müller, jefe suplente de la Gestapo
-Walter Schellenberg, alto funcionario SS y de la Gestapo
-Karl Wolf, alto funcionario SS y de la Gestapo

Personajes utilizados en el complot contra Fritsch

-Capitán de Caballería (ret) Achim von Frisch (nótese que no lleva “t” antes de “s”, como en el caso del coronel general Fritsch), víctima del chantajista Otto Schmidt
-Ganzer y Heiter, asociados en el esquema del chantaje
-Otto Schmidt, el chantajista
-Josef Weingärtner, conocido como “Bayern Seppl”, prostituto

Personajes legales

-Biron, juez militar (Kriegsgerichtsrat), juez jefe de investigación en el caso Fritsch
-Hans von Dohnanyi, ayudante del ministro de Justicia
-Franz Gürtner, ministro de Justicia
-Mayor general Walter Heitz, presidente del Tribunal Militar del Reich
-Ernst Kanter, juez militar, agregado al panel de investigación
-Rudolf Lehmann, presidente de la Junta, miembro de la corte marcial
-Sellmer, presidente de la Junta, nominalmente el juez presidente de la corte marcial
-Heinrich Rossenberger, consejero ministerial, jefe del Departamento Legal de la Wehrmacht
-Karl Sack, juez militar, agregado al panel de investigación como jefe de protocolo
-Coronel Freiherr von Schleinitz, ayudante del general Heitz

Personajes periféricos

-Coronel Karl Bodenschatz, ayudante de Göring
-Ulrich von Hassell, embajador en Roma
-Freiherr Hermann von Lüninck, presidente jefe en Münster
-Freiherr Konstantin von Neurath, ministro de Asuntos Exteriores hasta el 4 de febrero de 1938
-Michael Obladen, hombre de negocios de Hamburgo envuelto en un complot de la Kriegsmarine contra el régimen
-Franz von Papen, antiguo Canciller, embajador en Viena
-Almirante Erich Raeder, comandante en jefe de la Kriegsmarine
-Carl Christian Schmid, presidente gubernamental en Düsseldorf
-Mayor general Conde (Graf) Hans von Sponeck, testigo de Fritsch
-Conde (Graf) Wedel, presidente de la policía de Potsdam
-August Winnig, antiguo presidente jefe de Prusia del Este

Continuaremos,
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Mensaje por José Luis » Vie Ene 05, 2007 8:04 pm

El origen del "Expediente Fritsch"

El general Fritsch era un militar respetadísimo entre la oficialidad del Heer, en un grado probablemente superior al que lo fue el gran general Hans von Seeckt. El día (24 de enero de 1938) que Göring mostró el expediente del “caso Fritsch” a Hitler, se supone que tras entregarle primeramente el expediente del “caso Blomberg” y después de la explosión de histeria del Führer, cuando estaba claro que Blomberg había terminado sus días como ministro de Guerra, Göring debió insinuarle, habiendo dicho Hitler que Fritsch era el sucesor natural de Blomberg, algo sobre el antiguo expediente del comandante del Heer, que Hitler había ordenado destruir en 1936. Hitler ordenó que se indagara inmediatamente en el asunto, y Göring le entregaría al cabo de pocas horas el “apaño” o copia que se había hecho del expediente, pues el original efectivamente había sido destruido en 1936. Sería extraño que Göring le entregara los dos expedientes juntos, a no ser que Hitler estuviera metido de lleno en la conspiración, hipótesis improbable.

Lo que está claro es que tras la famosa reunión del 5 de noviembre de 1937 en la Cancillería del Reich (donde Hitler expuso sus planes de guerra a los tres comandantes en jefe de la Wehrmacht, más Blomberg y Neurath) y la actitud de rechazo expresada en la misma por Blomberg y Fritsch a la política de guerra de Hitler, el Führer tenía decidido deshacerse de esos dos incómodos obstáculos que se le interponían en su camino hacia la guerra a la primera oportunidad que tuviera. Así que cuando fue enterado por Göring del escándalo del matrimonio de Blomberg, sin duda aprovechó esa circunstancia para desembarazarse del ministro de Guerra. Y lo mismo hizo con el caso Fritsch, aun a sabiendas de que la acusación de conducta indecente contra Fritsch era una completa farsa. Un dato a tener en cuenta es que el día de la despedida de Blomberg (o quizás el día anterior), el indigno ministro de Guerra le facilitó al Führer una lista con los nombres de los oficiales superiores del Heer que eran anti-nazis o se oponían a la política de guerra de Hitler. Fue la última canallada, a pesar de estar siendo defenestrado, que hizo el comandante en jefe de la Wehrmacht a sus compañeros de armas.

¿Cómo se gestó el “expediente Fritsch”? Ya lo he explicado en el topic del enlace referenciado más arriba, y ahora lo voy a detallar más. El 22 de noviembre de 1933, o por esas fechas, Otto Schmidt –prostituto ocasional, ladrón, chantajista y extorsionista, y soplón de la policía cuando le convenía o cuando ésta lo presionaba- se encontraba en la estación de Potsdamer Platz de la línea suburbana de Wannsee cuando un grupo de oficiales del ejército y la marina acompañados por un civil de avanzada mediana edad entró en las estación y se detuvieron a conversar. Al poco rato los oficiales se marcharon y el civil se dirigió a los servicios de caballeros, saliendo poco después para detenerse a contemplar a los pasajeros, especialmente a los jóvenes. Fue entonces cuando la experiencia le dictó a Schmidt que estaba presenciando a un homosexual que buscaba compañía. Así cavilando vio de repente la entrada de Josef Weingärtner, un hombre que le era familiar y a quien se conocía entre el círculo de homosexuales como “Bayern Seppl”, quien se dirigió a los servicios de caballeros, seguido a continuación por el civil. No tardaron mucho en salir juntos para desaparecer por un oscuro pasaje que conducía a un vallado que separaba la estación de Wannsee del almacén de carga del Reichsbahn. Allí tuvo lugar el acto homosexual que Schmidt aseguró haber presenciado años más tarde, pero que realmente él no vio. No se arriesgó a ser descubierto siguiendo a la pareja, prefiriendo esperar en la estación el regreso de Weingärtner y el civil. Esto está demostrado por el testimonio de Weingärtner en el juicio de Fritsch, que contradijo lo que Schmidt aseguró haber visto (felación en vez de masturbación). Cuando Weingärtner recibió el pago de su trabajo de manos del civil, se marchó, siendo abordado por Schmidt para preguntarle si había sucedido algo con el civil (es decir, si había tenido negocios). Recibiendo una respuesta afirmativa, Schmidt corrió hacia la estación para ver si todavía podía pescar al civil, que entraba en esos momentos en un vagón del tren. El chantajista tuvo tiempo a meterse en el mismo tren y bajar dos estaciones más adelante junto con el civil para espetarle que era el “Comisario Criminal Kröger” y que había sido testigo de la conducta inmoral que acababa de mantener con “Bayern Seppl”. Le exigió 500 marcos para mantener la boca cerrada, y ahí comenzó el chantaje, que duró bastante tiempo hasta que el civil cayó enfermo. Durante el chantaje, Schmidt, ayudado por dos individuos de su misma calaña llamados Ganzer y Heiter, exigió al civil (de quien pudo obtener su nombre y dirección: capitán retirado Frisch, Ferdinand Strasse 21) hasta 2.500 marcos, de los cuales recibió 1.000 tras entregar a su víctima un recibo con la firma de “Kröger”.

Pocos meses después del proceso de chantaje de Schmidt a Frisch tuvo lugar la “Noche de los Cuchillos Largos”, y la tolerancia sobre las conductas homosexuales que venía observando la República de Weimar, primero, y Hitler, después, cambió radicalmente. Sin duda, la gran cantidad de homosexuales entre las filas de las SA, con su jefe a la cabeza, hizo que Hitler endureciese las penas sobre la homosexualidad, estableciendo un “Centro del Reich para Combatir la Homosexualidad”, como oficina de la Gestapo (Amt H-H), a lo que siguió el apresamiento e internamiento en campos de concentración de miles de homosexuales. Claro está que esta norma (que a Hitler realmente le importaba un comino, sino de cara a la galería) tenía sus excepciones, la más notoria quizás la del homosexual Walther Funk, a quien Hitler no tuvo reparo en mantener al frente del Ministerio de Economía.

Tres años después del suceso de la estación de Potsdamer Platz, en 1936, Otto Schmidt fue condenado a siete años de prisión (había sido arrestado en 1935), aunque el villano no solía cumplir sus sentencias enteramente al pasar información a la policía de lo que sabía de su círculo barriobajero, y en especial de todo lo concerniente con asuntos homosexuales, que tan buenos dividendos estaba dando a la Gestapo desde el giro político de 1934. Cuando Schmidt cayó en manos del corrupto y repulsivo Joseph Meisinger, jefe del Departamento H-H, a principios del verano de 1936, ya había “cantado” en los interrogatorios de la policía los nombres de dos homosexuales, siendo uno de ellos el de “von Frisch”, aunque muy probablemente Schmidt lo deletreó como el más común “von Fritsch”. Y también es muy probable que este mentiroso patológico, para dar más importancia a su delación y conseguir un beneficio mayor, elevara el grado del retirado capitán a general.

Fuere como fuese, el nombre que recordaba al del comandante en jefe del Heer fue incluido en un expediente que se remitió por la Policía Criminal al Centro del Reich para Combatir la Homosexualidad. Cuando Meisinger vio el nombre de “von Fritsch”, ordenó que se entregase a Schmidt a la custodia de la Gestapo. Bajo la Gestapo fue interrogado el 8 ó 9 de julio por un capitán de policía llamado Häusserer. Entonces, violando todos los cánones tradicionales de la policía, Meisinger proporcionó para la ocasión una fotografía de Fritsch en pleno traje regimental, coronada con su nombre, título y grado militar. Schmidt mintió asegurando que ese era el hombre que había estado chantajeando. Según el testimonio del general de las SS Karl Wolf, Meisinger sabía perfectamente desde un principio de la falsedad de asociación entre la víctima de Schmidt y Fritsch, pero este villano se dejó ganar por su ambición y los dividendos que la fabricación podía granjearle. Meisinger no tardó mucho tiempo en acudir a Heydrich, quien pasó la asombrosa noticia a Himmler. Y el Reichsführer SS salió como una centella a dar cuenta del asunto a Hitler.

[El sumario del testimonio en el veredicto de la corte marcial tal como se publicó primeramente en 1965 en Der Spiegel proporciona una cronología muy diferente. Aquí leemos que pasaron siete semanas antes de que Schmidt fuese sujeto (el 26 de agosto) a un segundo interrogatorio por el Secretario Criminal Löffner. Heiter también fue interrogado unos pocos días antes (20 de agosto) y confirmado “parte” de la historia de Schmidt. El resumen de las pruebas no declara si esta “confirmación parcial” pertenecía a los hechos generales de la extorsión de 1933 o involucraba una identificación específica de Fritsch, nuevamente de una fotografía, como la víctima] (Deutsch, p. 141)

Todo parece indicar que la demora no fue provocada por Meisinger, sino probablemente por Heydrich y Himmler por el temor de irle a Hitler con un asunto de tal naturaleza contra el comandante en jefe del Heer. Así que estos “caballeros” prefirieron confirmar el asunto con una segunda vuelta de interrogatorio, tal como informa Der Spiegel.

Sea como fuere, cuando Hitler recibió este expediente en 1936, mandó enseguida que se destruyese. Lo que Hitler sintió o dijo en esos momentos fue expresado por él mismo de muy diversas y contrarias formas con el paso de los años, y dependiendo de su auditorio. Quizás la muestra más palpable de su cinismo y su inveterado histrionismo sea lo que contó a Hossbach el 25 de enero de 1938, cuando le entregó el expediente “apañado” del “caso Fritsch”, que a su vez le había sido entregado a él la víspera por Göring. Le aseguró a su ayudante para la Wehrmacht que él jamás había tenido duda alguna de la culpabilidad de Fritsch. Cuando Hossbach le preguntó cómo en tal caso había permitido seguir trabajando con el comandante del Heer, Hitler le respondió que Fritsch le había resultado indispensable durante el rearme y expansión del Heer.

El "Expediente Fritsch", sin duda, habría sido dado al olvido de no ser por el asunto de Blomberg en diciembre de 1937, cuando Göring y Himmler temieron que a la caída que estaban urdiendo del ministro de Guerra, se interpondría en su camino hacia el Ministerio (y la jefatura de la Wehrmacht) la figura del coronel general Fritsch. Fue entonces cuando recordaron lo del "Expediente Fritsch" y decidieron rescatarlo para intentar "matar dos pájaros de un tiro". Hitler, cuando fue enterado el 24 de enero, no perdió la ocasión y se decidió a cometer, al margen de sus crímenes mostruosos, la villanía más infame que yo he conocido, y que iré relatando en sucesivos posts.

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Mensaje por José Luis » Sab Ene 06, 2007 11:31 am

¡Buenos días a todos!

El “último prusiano”

Así llamaban al coronel Friedrich Hossbach sus compañeros en la ayudantía de Hitler (Wiedemann, Puttkamer) de la Cancillería del Reich por sus principios inflexibles y por su devoción casi tiránica a las regulaciones. También le llamaban “der alte Fritz” en honor de su homónimo Federico el Grande. Tal era el respeto, e incluso temor, que imponía este noble, valiente e inteligente coronel de casi 44 años de edad. He escrito un breve topic sobre él en:
viewtopic.php?t=3522

Hitler tenía la virtud de captar a fondo las debilidades de la naturaleza humana, quizás porque su propia naturaleza era un dechado de debilidades. En su posición podía nombrar y destituir a cualquier comandante de servicio, y esto era lo que pretendía hacer con el coronel general Fritsch, amparándose en la pretendida conducta inmoral del comandante del Heer. Sin embargo, el protocolo establecía que fuese su ayudante quien redactase la orden de destitución, pues un proceder contrario levantaría las sospechas y el malestar del generalato del Heer, más aún cuando la destitución era la de la máxima autoridad del Heer. La gran reputación de Hossbach en el Heer era una garantía plena para la oficialidad superior de que si la destitución contaba con su aprobación, entonces la culpabilidad de Fritsch estaba fuera de dudas y, en última instancia, su destitución era inapelable. Hitler sabía esto, pero también sabía que no podría ganarse a Hossbach mediante agasajos ni intimidación. No trataba, salvando el grado, con un Blomberg, un Göring, un Himmler, un Keitel (o los pusilánimes de quienes se rodeó más tarde), en definitiva con alguien a quien pudiera imponer cualquiera de sus deseos u órdenes si éstas eran ilegales o inmorales. Así que decidió convencer a Hossbach de la culpabilidad de Fritsch.

Exactamente a las 02:15 horas a.m. del 25 de enero de 1938, Schaub, el ayudante personal de Hitler, llamó a Hossbach por teléfono para pedirle que fuese a la Cancillería del Reich. El puntilloso coronel le respondió que esas no eran horas para llamar a nadie y que fuese cual fuese la orden que tuviese, él, Hossbach, no iría a la Cancillería hasta la mañana siguiente, de acuerdo con las regulaciones. A las 10:00 horas a.m. del 25 de enerote 1938 Hossbach estaba en la Cancillería, y durante todo el día tuvo que resistir el acoso al que fue sometido por Hitler y Göring en sus intentos de convencerle de la veracidad de los cargos contra Fritsch. Dos maestros consumados de la interpretación, aunque Hitler fue el más consumado de todos los actores que había en el Tercer Reich e incluso en Europa, buscaron por todos los medios ganarse al duro prusiano para su causa. Pero a cada interpretación y acoso Hossbach impuso su inflexible voluntad y su absoluto convencimiento de que esas acusaciones eran totalmente increíbles en la persona de Fritsch, su antiguo comandante regimental. Göring abandonó dos veces la sala donde tenía lugar esa tragicomedia con la disculpa de reconfirmar los cargos en el cuartel general de la Gestapo, y en ambas ocasiones regresó para espetar con gesto de “auténtica desesperanza” que los cargos eran inamovibles y que “¡Fritsch es culpable!” Para acabar con tan intolerable situación, Hossbach propuso que se llamase a Fritsch para que Hitler simplemente le preguntase directamente al general sobre ese asunto. Pero Hitler prohibió una vez más que nada de lo que allí se había hablado debía ser puesto en conocimiento de Fritsch. Sin embargo, Hossbach le respondió que una prohibición así estaba en conflicto con su conciencia en vista de su estrecha relación personal con el comandante del Heer. Después de casi diez horas de vehemente debate, Hitler repitió su orden de no decir nada a Fritsch, y Hossbach respondió de una manera similar a la anterior.

Cuando Hossbach abandonó la Cancillería se fue inmediatamente a informar al general Fritsch de los cargos que Hitler y Göring tenían contra él. Fritsch negó cualquier implicación en esos cargos, y le comentó a Hossbach que si realmente el Führer quería prescindir de él habría bastado con insinuárselo. “Si desea deshacerse de mí es suficiente una palabra para presentarle mi renuncia,” se expresó Fritsch. Lo que no sabía el ingenuo general es que Hitler no sólo estaba apuntando a su persona, sino a la cabeza del Heer y su Estado Mayor General. A esas alturas, tampoco Hossbach sospechaba que Hitler estuviera implicado en la trama de Göring y la Gestapo.

Hossbach esperaba que Fritsch le pidiese que permaneciese a su lado para presentar batalla a la Cancillería del Reich. Estuviese involucrado o no en la conspiración, Hitler tendría que lidiar con el destino de Fritsch y el honor del Heer en una forma que suponía un reto inconfundible. Pero Fritsch no actuó como secretamente esperaba Hossbach. (Cuando Harold Deutsch preguntó a Hossbach en el verano de 1971 cómo habría actuado él en el lugar de Fritsch, su respuesta fue moderada pero significativa: “Habría presentado batalla”).

Lo cierto es que Fritsch no era un hombre de la determinación de Hossbach, y hasta que fue llamado al día siguiente a la Cancillería del Reich, el noble general se pasó el tiempo torturando su memoria para intentar saber en qué pasado malentendido podrían basarse las falsas acusaciones hechas contra él. Harold Deutsch se pregunta por qué, teniendo tantos compañeros que lo veneraban en el Heer, no pidió consejo y ayuda en esas horas decisivas. Dice Deutsch que unas puertas más allá (del despacho de Fritsch) estaba el almirante Raeder; con una rápida llamada a Tirpitz Ufer estaba su propio jefe de estado mayor y amigo personal, el general Beck; en Berlín estaba el cuartel general del grupo de ejércitos de von Rundstedt, y el general Witzleben; podía consultar para asesorarse legalmente al general Heitz, presidente del Tribunal Militar del Reich; y por último tenía a su disposición al almirante Canaris, un experto en las maquinaciones de la Gestapo. Pero lo que olvida Deutsch es que el “incorruptible inglés” era hombre introvertido, no dado a las confidencias, y menos a las de ese calibre. Es cierto, sin embargo, que Fritsch, con su proceder en todo el asunto, no ayudó a que el Heer se levantase decididamente contra la infamia que había lanzado el círculo nazi de Hitler.

Un descanso y continuaremos.
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Mensaje por Stormbringer » Sab Ene 06, 2007 1:36 pm

Muy interesante, había oido de la metedura de pata de las SS ante un cargo de homosexualidad a un General ahora ya sé de quien era.
Encomiable la lealtad del coronel Hossbach a su jefe, desde luego lo de la camarilla nazi tiene su miga, con amigos como esos ¿quien necesita enemigos?
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Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé. Sus nombres son cómo, cúando, dónde, qué, quién y por qué.

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Mensaje por José Luis » Sab Ene 06, 2007 4:22 pm

¡Hola a todos!

En efecto, estimado Stormbringer, con tales amistades uno se pregunta qué entender por enemistades. Pero no todo el monte era orégano, incluso entre las aparentemente cerradas filas de la Gestapo y SS, como veremos dentro de poco.

Fritsch ya había sido alertado desde noviembre de 1937 por su amigo el general Beck y por Goerdeler de que algo se tramaba en la Gestapo contra el Heer. Beck advirtió a su jefe de la inconveniencia del viaje que por razones de salud iba a realizar a Egipto, pero Canaris recomendó a Fritsch que se preocupase por su salud y realizase el viaje. Si Fritsch fuese un intrigante, a la manera del finado general Schleicher, nunca se hubiera alejado de la “corte”, pues no hace falta que recuerde que en un sistema político como el nazi, basado en las intrigas, alejarse de los pasillos del poder equivalía a perderlo. Esto lo entendió perfectamente, así lo cuenta en sus memorias, un jovenzuelo pero avispado Albert Speer. El caso es que Fritsch partió para Egipto, percatándose al poco tiempo de que era vigilado de cerca por dos sabuesos de la Gestapo, lo que venía a aumentar su previo malestar por tener teléfono y correo “censurados”. En esa situación decidió recortar en una semana el viaje de descanso que le había estipulado su médico y amigo el Dr. Nissen, y regresó a Berlín, tras una breve estancia en Italia, el día 2 de enero de 1938.

A mediados de enero llegó a Berlín el Dr. Goerdeler para conferenciar con Fritsch y con Beck sobre las impresiones que había obtenido de sus viajes por Europa occidental y Norteamérica, afirmando que el clima político que había encontrado a su regreso a la capital del Reich era mucho más odioso que el que consideraba Fritsch. Poco después, dos o tres días antes del fatídico 24 de enero, el general retirado Joachim Stülpnagel recibió una misteriosa llamada de una voz masculina que le advertía: “Usted es amigo del general von Fritsch. Él está en un grave peligro.” Cuando Stülpnagel preguntó con quién hablaba, la voz misteriosa colgó el teléfono. Esta llamada, que habría de repetirse más adelante por otros motivos, venía a demostrar que incluso dentro de las SS había gente con la suficiente decencia para advertir, de alguna forma, de la terrible maquinación que se estaba tramando contra Fritsch.

Stülpnagel se fue inmediatamente a ver a su amigo Fritsch para relatarle lo ocurrido, diciendo que se lo había comunicado “un miembro decente de la Gestapo.” Ambos acordaron que el Partido debía estar urdiendo algún ataque, pero Fritsch no se mostró particularmente preocupado.

A primeras horas de la mañana del 26 de enero, Fritsch telefoneó a Hossbach para solicitarle una reunión en el Ministerio de Guerra. Fritsch había recordado en esa tortuosa noche que hacía algunos años se le había pedido “mostrar un interés paternal” con los muchachos de las Juventudes Hitlerianas. De tal manera que varias veces a la semana invitó a comer a dos muchachos de las JJHH y después de las comidas les impartió lecciones sobre lectura de mapas. Ocasionalmente les había golpeado los dedos con una férula cuando no ponían atención. Quizás, pensaba el bueno de Fritsch, alguno de esos chicos se había tomado a mal lo que no era más que un acto de caridad por parte del general, y ahora se estaba vengando de él con esas falsas acusaciones. Cuando Hossbach oyó esto se llenó de espanto. “¡Juventudes Hitlerianas visitantes regulares en la residencia de Fritsch!”

Cuando Hossbach volvió a la Cancillería, confesó a Hitler que había desobedecido su orden de no informar a Fritsch de los cargos, y que su comandante le había asegurado que nada tenía que ver con esas acusaciones; el “último prusiano” quedó sorprendido al ver la calma total en la reacción de Hitler, y pensó por un momento que Hitler iba a retirar todos los cargos contra Fritsch, abriéndole el camino para convertirse en el nuevo ministro de Guerra. Para su desgracia, Hossbach desconocía que el indecente de Blomberg, antes de partir para Roma, había comentado a Hitler su impresión de que tal pervertida inclinación no era de extrañar en un hombre introvertido como Fritsch, al tiempo que Göring y Himmler continuaban a la carga. Eso concediendo a Hitler el beneficio de la duda de si alguna vez pensó en acabar con una farsa tan absurda. No esperó mucho tiempo Hossbach para conocer la verdadera reacción de Hitler, cuando al cabo de unas dos o tres horas Hitler le comunicó que los homosexuales eran congénitamente mentirosos, algo que le había comunicado Himmler. Un Hossbach incrédulo fue informado de que incluso la palabra de honor de Fritsch no sería suficiente en las circunstancias existentes para despejar las dudas del Führer. Fritsch debía dimitir de sus obligaciones hasta que las cosas se hubieran aclarado. Nuevamente se inició un fiero debate con Hossbach, quien propuso que se llamase a los generales más antiguos, en especial von Rundstedt, para consulta, pero su propuesta fue rechazada. Entonces propuso que se nombrara un tribunal de honor compuesto por ocho generales del Heer, pero también esta recomendación fue desechada. Finalmente Hitler aceptó la sugerencia de que se llamase a consulta al ministro de Justicia, y Günther fue llamado a la Cancillería para conferenciar con Hitler, pero éste prohibió a Hossbach estar presente.

Hitler entregó el dossier de Fritsch a Gürtner y le pidió una opinión por escrito. Le adelantó, además, que el testigo (Schmidt) había demostrado testificar correctamente “en todos los demás casos”, estribillo que Hitler y Göring repitieron una y otra vez durante los días siguientes. Sin embargo, tal afirmación estaba en total conflicto con los hechos establecidos en el expediente criminal de Schmidt que guardaba desde 1936 la Gestapo. En ese expediente, Schmidt figuraba como un mentiroso profesional y un perjuro que jamás había mostrado escrúpulo alguno en testificar falsamente cuando podía obtener dinero u otras ventajas. Gürtner y su ayudante, Hans Dohnanyi, se enteraron de esto cuando el expediente criminal fue finalmente sacado de las manos de la Gestapo al comienzo de las investigaciones oficiales. También el líder de las SA, Lutze, informaría al general Ulex de que Schmidt fue amenazado con su vida por la Gestapo si no testificaba de acuerdo con las exigencias de Himmler y Heydrich. Y finalmente, Fritsch también escucharía de “un alto funcionario de la policía” (¿Nebe?) que Schmidt había recibido una gran cantidad de dinero para testificar contra él.

¿Era Hitler consciente de la falsedad de su afirmación (Schmidt había sido correcto “en todos los demás casos”) o simplemente estaba repitiendo lo que le habrían comunicado Himmler y Heydrich? Lo más probable es esto último. Pero no hay duda alguna de que, aun teniendo, como se verá, la certeza más absoluta de la inocencia de Fritsch, el dictador nazi estaba decidido a acabar con él.

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Mensaje por José Luis » Sab Ene 06, 2007 9:01 pm

La opinión escrita apresuradamente por Gürtner, debido a la presión de Hitler, contenía los siguientes puntos, según Wiedemann:

1. En los documentos que me han facilitado, el coronel general von Fritsch está acusado de un delito bajo el artículo 175.

2. De esos documentos no se evidencia que el coronel general se haya librado del cargo. (¿Y cómo se iba a librar a sí mismo Fritsch si hasta entonces no se le había dado la oportunidad de hacerlo? En el momento en que Hitler conferenció con Gürtner, el Führer no tenía más que la seguridad de Fritsch, comunicada a través de Hossbach, de que era inocente. Hitler no recibió a Fritsch hasta unas horas más tarde. Se entiende que prohibiera la presencia de Hossbach cuando habló con Gürtner. A saber las mentiras que le dijo.

3. En la forma en que los documentos obran ante mí, pueden proporcionar la base para un cargo por la fiscalía pública


El careo

La esperanza de Hitler y Göring de llamar a Fritsch a la Cancillería y cogerlo por sorpresa echándole en cara los cargos contra él se había esfumado gracias a la intervención de Hossbach. Pero todavía tenían la oportunidad de someterlo a una inesperada confrontación con Schmidt, y después a un humillante interrogatorio de la Gestapo.

Fritsch fue llamado por Hossbach para que acudiera a la biblioteca, y éste le hizo la espera a la entrada para ponerlo al corriente de la situación y advertirlo de que lo iban a confrontar con el “testigo”. Gruñendo, “debo ver a ese cerdo por todos los medios”, el general se dirigió a la biblioteca. Hitler ya había instruido a Hossbach para que permaneciese en el pequeño comedor que había cerca, pues la mera presencia del inquebrantable prusiano constituiría un apoyo moral para Fritsch que el villano no estaba dispuesto a tolerar. Y tengo para mí que Hossbach jamás habría permitido el cuadro que siguió a continuación en la biblioteca y fuera de ella.

Tras una considerable espera, Hossbach escuchó el ruido de alguien que dejaba la biblioteca, y como la puerta del comedor estaba abierta vio como Göring se lanzaba en estado desconsolado en un sofá mientras bramaba repetidamente: “¡Era él, era él, era él!” Si Göring creyó por algún momento que iba a engañar con su dramatismo histriónico a Hossbach, se equivocó de hombre. El prusiano le preguntó con voz fría qué había sucedido. Göring le respondió que el testigo había identificado a Fritsch y mantenía firmemente su historia. Hossbach replicó tranquilamente que no era sorpresa alguna que un “informador de alquiler” hiciese tal acusación. Göring, entonces, comenzó a reprocharle a Hossbach que haber informado previamente a Fritsch del asunto sólo había servido para hacer perder los nervios al general. Hossbach acabó con la comedia diciéndole al morfinómano que cualquier oficial de la Luftwaffe habría actuado igual que él si hubiera sido Göring quien ocupara el lugar de Fritsch. Más allá de la aguda respuesta del prusiano, tengo mis razonables dudas de que hubiera en la Luftwaffe algún oficial que se mojara la mitad de lo de Hossbach para defender a un personaje, éste sí, tan degenerado como Göring.

Lo que realmente sucedió en la biblioteca nadie puede saberlo con seguridad. Se ha escrito mucho, y yo he leído muchas versiones y muy diferentes, algunas de puro gótico. Con semejantes personajes como Hitler y Göring, no es de reprochar que alguien hubiese descrito la aparición de Schmidt como saliendo súbitamente detrás de una cortina ante el estupor de Fritsch. La realidad según la cuenta Deutsch de labios del único testigo superviviente de aquellos hechos (Huber) es menos outré. Se anunció la llegada de Schmidt a Hitler y, con Göring y Fritsch, salieron a un descanso que había encima de una de las escaleras de la Cancillería. Con dos oficiales de la Gestapo, Huber había conducido a Schmidt a la Cancillería, donde la desaliñada apariencia del miserable tanto escandalizó al ayudante personal de Hitler, Schaub, que insistió en que fuese aseado y puesto más presentable antes de llevarlo a presencia del Führer. Faltaba saber a Schaub que su jefe, por mucho que se trajeara, era de presencia mucho más intolerable que la del vulgar chantajista Schmidt, y que al único que tales presencias podían ofender era al coronel general von Fritsch. ¡Tal es la vida que entre miserables ellos mismos se olvidan de su propia condición!

Huber esperó con Schmidt y los dos oficiales de la Gestapo en el descanso hasta que Hitler, Göring y Fritsch salieron de la biblioteca a su encuentro. Los oficiales dejaron entonces a Schmidt en lo alto de las escaleras donde Hitler, apuntando a Fritsch, se dirigió a él preguntando, “¿Era éste el hombre?” Schmidt respondió con total insolencia: “Sí, era él.” Fritsch en esos momentos parecía demasiado confundido como para pronunciar una sola palabra.

Poco se sabe de lo que pasó después. Lamentablemente, el bueno de Fritsch comentó en su ingenuidad a Hitler el asunto de los muchachos de la JJHH, brindándole involuntariamente a tan retorcido ser una ocasión más para afianzarse en sus acusaciones. En su primer interrogatorio de la Gestapo y en el juicio Fritsch declaró que Hitler le había preguntado si sabía de algo que pudiera haber levantado las sospechas de homosexualidad contra él. Entonces el general le relató los de los muchachos de las JJHH. Hitler le resumió a Wiedemann esa misma noche del 26 de enero su reacción. Aseguró que Fritsch había entrado en la habitación diciendo, “Mi Führer, supongo que sólo puede ser una cuestión de los dos muchachos de las JJHH.” “Imagínese, Wiedemann,” continuó diciendo Hitler, “ahora de repente no son dos sino cuatro colegas con quien él ha estado. Este asunto no puede ser mantenido en secreto por más tiempo. Todo lo que deseaba era escuchar de su propia boca la prueba [de su culpabilidad]; entonces yo le habría asignado algún mando, quizás como asesor militar en China o en algún sitio. Esto hubiera tapado todo el asunto.”

Una vez que Schmidt hubo “identificado” a Fritsch, Hitler y Göring actuaron como si su culpabilidad ya estuviera demostrada. De nada sirvió que Fritsch se brindara a dar su palabra de honor de que no tenía nada que ver con la acusación. Hitler le propuso a Fritsch que dimitiera por las clásicas “razones de salud”. Fritsch se opuso tajantemente, pues dimitir equivalía a admitir de alguna forma su culpabilidad. Luego, totalmente indignado, se negó a seguir con aquella escena criminal y exigió un tribunal de honor.

Cuando Hossbach vio que Fritsch abandonaba la biblioteca salió tras él para saber qué había sucedido y para escoltarlo hasta el vehículo que lo estaba esperando. Fritsch se mostró altamente indignado por el tratamiento recibido y afirmó que jamás en su vida había visto a ese supuesto testigo, y en tal sentido había dado su palabra de honor. Fritsch, consternado y profundamente afectado, no pudo dar más cuenta a Hossbach de lo que había ocurrido.

Cuando Fritsch partió finalmente, Hossbach se fue en busca de Hitler, quien afirmó que ahora estaba plenamente convencido de la culpabilidad de Fritsch. Nuevamente le interpretó al prusiano lo mucho que le había impresionado la firmeza con que el testigo había identificado al general. Pero Hossbach le respondió que la palabra del comandante del Heer estaba muy por encima del testimonio de semejante testigo. Aunque era ya cerca de la medianoche, Hossbach obtuvo el permiso para llamar al general Beck a consulta, y envió un coche a buscar a su casa al jefe del Estado Mayor General. Esperó a Beck, que fue instruido para venir en ropa de civil, a la entrada de la Cancillería para ponerlo brevemente al corriente de la situación y conducirlo hasta Hitler.

Cuando Beck salió de su entrevista con Hitler, Hossbach sabía que había estado expuesto a todo el poder de persuasión de que era capaz Hitler. Beck comentó más tarde y en repetidas ocasiones la escena tragicómica a que fue sometido por Göring y Hitler. Ambos rufianes estaban excitadísimos, con Göring sudando nerviosamente en un sofá. Hitler comenzó preguntando a Beck cuándo y dónde le había dejado dinero a Fritsch (la Gestapo había sido incapaz de encontrar una cuenta a nombre del general en el banco cercano a la estación de Lichterfelde-Este donde Schmidt había dicho que su víctima había retirado dinero para pagarle el chantaje). Como Beck residía en Lichterfelde-Este, a Hitler se le había ocurrido, o se le había sugerido, que Beck había prestado dinero a Fritsch para saldar la extorsión.

Un Beck indignado negó haber prestado jamás dinero a Fritsch, y sólo entonces le contaron lo que había sucedido con Blomberg y Fritsch. Beck declaró que había que distinguir entre el caso Blomberg (él mismo se había excluido del Heer) y el caso Fritsch, que estaba lejos de ser probado y exigía una investigación exhaustiva por las autoridades judiciales militares. También propuso que se cancelase un viaje que debía hacer el Estado Mayor General a Prusia del Este y que fuesen llamados a Berlín para consulta los principales comandantes. Hitler le respondió que eso era completamente innecesario.

Cuando Beck abandonó la biblioteca fue abordado por un ansioso Hossbach, quien le espetó que todo el asunto de Fritsch era una depravada intriga. Beck se sintió un poco aliviado al escuchar a Hossbach, y acto seguido decidió ir a ver directamente a su comandante en jefe.

Mañana continuaremos.
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Mensaje por José Luis » Dom Ene 07, 2007 1:33 pm

¡Buenos días a todos!

Beck encontró a Fritsch en un estado cercano al shock, con la mirada estupefacta y en tal desesperación y abatimiento que en un momento determinado le preguntó si también él no le creía. El jefe del EMG le respondió que no podía imaginar cómo podía albergar tales dudas sobre su completa lealtad, a lo que Fritsch pareció recuperarse de alguna forma. Ambos generales se pusieron de acuerdo en la necesidad de llevar a cabo una investigación por el Tribunal Militar del Reich, despidiéndose con un apretón de manos.

Beck regresó mucho más fortalecido a la Cancillería para informar de que Fritsch mantenía firmemente su palabra y para exigir la necesidad de una investigación judicial. Deutsch dice que es posible que en este encuentro Hitler lanzara su última carta ofreciendo a Beck la posibilidad de convertirse en el sucesor de Fritsch. Yo tengo mis dudas, pues Hitler sabía muy bien a qué personas podía “comprar” y a cuáles no. Y Beck entraba en este segundo grupo. Jamás aceptaría, en tales circunstancias, el puesto de Fritsch.

Lo que desconocía Beck era el hecho de que a la mañana siguiente -27 de enero- Fritsch sería interrogado por la Gestapo en la Prinz-Albrecht-Strasse. Esta inédita decisión sólo pudo haber sido tomada entre Hitler y Göring cuando Beck dejó la Cancillería. La orden le fue comunicada telefónicamente a Fritsch durante la noche anterior, y el ingenuo general, en su sincero ánimo de no querer levantar sospechas, accedió. Es difícil de entender esta decisión de Fritsch, sobre todo después de la conversación que mantuvo con su amigo el general Joachim Stülpnagel cuando Fritsch regresó a su casa de vuelta de la Cancillería. Stülpnagel encontró a su amigo sentado en su escritorio en una postura de completa desesperación. Cuando Fritsch le contó cómo había sido su entrevista con Hitler en la Cancillería, Stülpnagel le respondió que tal proceder era completamente inadecuado. Le dijo a Fritsch que cuando le dio su palabra de honor a Hitler de su inocencia, y éste no expulsó al “testigo” inmediatamente, no teniendo un arma a mano debió haber atacado al miserable con una silla. Stülpnagel le sugirió dos pasos a seguir: 1) Reunir inmediatamente al generalato superior, darle su palabra de honor de que los cargos eran un montón de mentiras, y pedirles que expresaran su solidaridad con él en defensa de los tradicionales conceptos del honor militar; 2) Pedir al conde Rüdiger von der Goltz que asumiera el lado legal de su defensa.

Fritsch aceptó inmediatamente la segunda medida, pero expresó sus dudas sobre la primera. Habiendo sido suspendido de sus funciones como comandante en jefe del Heer, carecía en esos momentos de autoridad sobre el Heer, y prefería dejar que la Generalität actuase por propia iniciativa. Su más alto representante era Rundstedt, y sólo él podía tomar la decisión. Lamentablemente, Fritsch no llegó a comprender hasta que fue demasiado tarde dos cosas fundamentales: a- que Hitler estaba implicado en la conspiración; b- que los tiros no sólo iban dirigidos contra su persona, sino contra el corazón del Heer. Hitler quería descabezarlo para después gobernarlo a su antojo. No sólo estaba en juego, pues, el honor de Fritsch, sino el honor del Heer.

El interrogatorio de la Gestapo

En la mañana del 27 de enero de 1938 Huber y Best esperaban a Fritsch en el cuartel general de la Gestapo, Prinz-Albrecht-Strasse 8. No tenían claro si el general acudiría a la cita o habría cambiado de parecer a última hora. La Gestapo no tenía jurisdicción sobre los militares y el único motivo por el que Fritsch podía haber accedido a este encuentro era para convencer a Hitler de su inocencia. Por otra parte, es increíble que Fritsch no hubiera avisado de su cita con la Gestapo a las dos personas que entonces más involucradas estaban en la defensa de su causa: Hossbach y Beck. Quizás el general actuó así para evitar la reacción de protesta que cabía esperar de sus dos subordinados. Huber era un antiguo oficial bávaro experimentado y decente que jamás habría estado en este interrogatorio de conocer a fondo la trama en que venía envuelto; Best, en ausencia de Heinrich Müller, era el funcionario superior de la Gestapo y un experto legal que probablemente también estaba incómodo y avergonzado del interrogatorio que iba a realizar, pero un pusilánime de categoría.

Entre las 10:00 y las 10:30 horas apareció Fritsch vestido de civil, siendo conducido a la tercera planta. Escondidos entre los nichos del largo corredor de este antiguo edificio estaban Bayern Seppl y otros de su condición que habían sido apresuradamente reunidos para escudriñar al general a su paso con la esperanza de que pudiera ser reconocido como “cliente”.

El interrogatorio, conducido lo más caballerosamente posible por Huber, tuvo que soportar nuevamente la indigna presencia de Schmidt, que fue confrontado nuevamente con Fritsch. Huber presentía (desde el día que había llevado a Schmidt a la Cancillería) que la acusación era un farsa y que Fritsch era inocente, pero se asombró ante la falta de empuje del general para desairar a Schmidt y, en cambio, condescender al nivel de discusión con el miserable chantajista. Por supuesto, Fritsch siguió negando cualquier relación suya con el “testigo”, y en un momento dado, Best pidió a Huber y a Fehling (que había traído a Schmidt) que abandonaran la sala para conferenciar en privado con el general.

[Éste debió ser el momento donde, de acuerdo con el general SS Karl Wolf, Best le explicó a Fritsch que, siendo un soltero sin conexiones femeninas conocidas, las apariencias estaban en contra de él. Podía beneficiar su caso si confidencialmente le hablaba de sus antiguas relaciones con mujeres, debilitando de esa forma los principales cargos contra él. Fritsch declinó con resolución el hacer tales revelaciones…] (Deutsch, 179)

El general se indignó por tal intromisión en su privacidad, y fue bueno que así lo hiciera, pues esa conversación "confidencial" con Best estaba siendo grabada por la Gestapo, como todo el interrogatorio. Cuando más tarde en el verano, el conde von der Goltz se topó con Best, le echó en cara al avergonzado oficial la pretendida “confidencialidad” de la conversación que tuvo con Fritsch, conversación grabada en una situación indigna para un funcionario de la judicatura. Best respondió con un silencio elocuente.

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Mensaje por José Luis » Dom Ene 07, 2007 1:38 pm

Huber, el sabueso profesional

Huber dejó el interrogatorio con gran preocupación y remordimiento, no sabiendo qué hacer ante la docilidad mostrada por Fritsch. Aún así, sabía que el general no era culpable y le daba vueltas a su cabeza pensando que algo equivocado tenía que haber en la declaración de Schmidt. Se dirigió al departamento de Meisinger y charló un rato con los hombres agregados a él. La actitud de estos funcionarios le pareció evasiva, y las sospechas de Huber aumentaron. Así que decidió investigar más por su propia cuenta. Tomando con él algunos de sus subordinados cogió a Schmidt y lo llevó a la casa de Lichterfelde donde el testigo había asegurado que había seguido a Fritsch. Bajo un intenso interrogatorio, Schmidt relató una vez más cómo su víctima había retirado fondos de un banco cercano. Esta alusión alertó a Huber ante la posible prueba de los extractos bancarios que habrían de tener consecuencias importantes esa noche.

Pero las sospechas de Huber se tornaron certezas cuando fue llamado por Göring para que llevara consigo a Schmidt y Bayern Seppl, y, en presencia de Himmler (que apareció al poco tiempo) y con la copia del interrogatorio de Fritsch de la Gestapo ya en su poder, reprochó a Bayern Seppl que no hubiera reconocido a Fritsch cuando éste pasaba por el corredor del edificio de la Gestapo camino de su encuentro con Best y Huber. Sin embargo, el testimonio de Bayern Seppl fue ignorado en los cargos. Huber comprendió al instante que ni Göring ni Himmler buscaban establecer la verdad, sino exclusivamente la culpabilidad de Fritsch.

Cuando hubo terminado ese asombroso encuentro, Huber regresó a los cuarteles de la Gestapo y decidió husmear por los escritorios de la oficina de Meisinger (éste estaba de viaje). Allí encontró un libro de cuentas o extracto bancario sobre el que aparecía el nombre del capitán von Frisch. Datando a 1933 y 1934 Huber encontró un asiento de una retirada que casaba exactamente con el pago listado en el dossier de Fritsch.

Huber se sintió “como si hubiera sido picado por una tarántula”. En ese preciso instante supo que Fritsch era inocente y que alguien deliberadamente había confundido los dos nombres o estaba ocultando el hecho tras descubrir el error de identidad. Lo que ya no podía saber con seguridad Fritsch era si esa sucia maquinación era obra de Meisinger o apuntaba más alto en la jerarquía.

El procedimiento burocrático y el sentido común aconsejaban a Huber que comunicase su hallazgo a Best. Así lo hizo en la mañana del 28 de enero de 1938 y propuso a Best que pasase la información a Heydrich. Pero Best prefirió que fuera el mismo Huber quien lo hiciese. Ahora Huber, sospechando que Heydrich y/o Himmler estuvieran involucrados en la conspiración, sabía que tenía ante sí una difícil papeleta, que su superior Best le había endosado cobardemente.

Lo que no le dijo Best a Huber fue que el día anterior había sido advertido por Himmler para que el caso contra Fritsch no se debilitase bajo ninguna circunstancia. Hay aquí una anécdota curiosa, si hemos de dar crédito a las memorias de Schellenberg. Resulta que cuando el interrogatorio de Fritsch estaba teniendo lugar en la Gestapo, el de inteligencia entró en una sala contigua y quedó estupefacto al ver una escena mística presidida por Himmler. Doce de sus más leales líderes SS se hallaban reunidos concentrados formando un profundo círculo, y bajo la dirección de Himmler concentraban sus pensamientos para ejercer una sugestiva influencia sobre Fritsch “para inducirle a decir la verdad.”.

Se entiende, pues, que Best no hubiera querido comunicar él mismo la novedad de Huber a Heydrich o Himmler. Cuando finalmente Huber comentó al jefe de la SD lo que había descubierto, Heydrich contestó, “Debemos informar inmediatamente al Reichsführer.” Cuando ambos llegaron a junto de Himmler y Huber repitió su descubrimiento, el Reichsführer le dio las gracias diciéndole que había hecho lo correcto, y lo despidió. Huber se libró de lo que podría haber sido una catástrofe para su carrera o su vida.

Continuaremos
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Mensaje por José Luis » Dom Ene 07, 2007 4:16 pm

El día 28 de enero de 1938 Hossbach fue destituido de forma indecorosa por Hitler de su puesto de ayudante de la Wehrmacht. En el topic que facilité anteriormente sobre la biografía de Hossbach se encuentra el relato de su despido.

Ese mismo día, Keitel se puso en contacto con el Dr. Heinrich Rossenberger, jefe del Departamento Legal de la Wehrmacht, para comunicarle los cargos que bajo el artículo 175 pesaban sobre Fritsch y la constitución de un tribunal especial. Rossenberger era un hombre de quien sus amigos supervivientes hablan con un respeto rayano en la reverencia, un personaje de los valerosos combatientes por los valores básicos de la “otra Alemania”, que luchaba por preservar el declinante Rechstaat (estado basado en la ley). Cuando Keitel le comentó que el caso de Fritsch venía desde 1936, Rossenberger se indignó ante el lacayo de Hitler por el asombro que le causó que un caso así hubiese estado durante tanto tiempo “dormido”. Le recordó al jefe de la Wehrmachtamt el artículo 147ª del Manual de la Ley Penal Militar, en virtud del cual un superior era responsable de castigo si no tomaba la correspondiente acción sobre un cargo criminal traído a su atención por un subordinado. Keitel le respondió que bajo el punto de vista de “nuestra decente tradición prusiana y alemana” el jurista tenía toda la razón, pero que los hombres que ahora tenían el poder procedían de la revolución y tenían otra manera de ver el asunto. Rossenberger le dijo que se decía que el Führer era un gran admirador de Federico el Grande. “¿Por qué no seguía el ejemplo del monarca en su devoción de una imparcial administración de la ley?” Cuando Keitel regresó al tema del tribunal especial, Rossenberger le espetó enfáticamente que eso estaba absolutamente descartado, toda vez que la ley sólo permitía un tribunal militar. En el caso de oficiales generales con el grado de teniente general para arriba, se dictaba que el Gerichtsheer (el máximo juez) y los miembros de tal tribunal militar fuesen designados por el Führer como jefe del estado. Keitel dio su acuerdo en apoyar esta posición al reportar a Hitler, mientras le pidió a Rossenberger que elaborara un breve memorando sobre el asunto para Gürtner. Así lo hizo el jurista y Keitel entregó el memorando a Hitler, tras lo cual se le comunicó que Hitler había dado en principio su acuerdo, y se le había entregado el documento a Gürtner, con el que Rossenberger debía tratar ya directamente.

A la mañana siguiente (29 de enero), Rossenberger se encerró con Gürtner y su ayudante, Hans Dohnanyi, en el Ministerio de Justicia para tratar el asunto. Gürtner, sabiendo que Dohnanyi era un ardiente anti-nazi, hizo a su ayudante su delegado y confidente en todo lo concerniente con el caso Fritsch. Gürtner, que estaba tremendamente presionado por Hitler y Göring, propuso a Rossenberger incluir a Best en el tribunal militar como especialista legal de la Gestapo (pensando que de esta forma aplacaría la presión de Hitler y Göring), pero el jurista rechazó semejante idea, pues de acuerdo con la ley sólo oficiales y funcionarios de la Wehrmacht podían ser elegidos para constituir el tribunal.

Todo el asunto discurría entre la ilegal pretensión de Hitler de establecer un tribunal especial (bajo auspicios de la Gestapo) y la inquebrantable voluntad de Rossenberger de establecer, de acuerdo a la ley, un tribunal militar para investigar y juzgar el caso de Fritsch. Finalmente, Hitler, viendo que su pretensión podía provocar una auténtica rebelión del generalato del Heer (incluso el lacayo de Keitel puso objeciones a un tribunal especial), tuvo que ceder y dejar que se estableciese un tribunal militar.

El 30 de enero de 1938, o por esas fechas, parecía claro ya que se iba a establecer un tribunal militar para juzgar a Fritsch sobre los cargos de un delito bajo el Artículo 175 del Código Penal del Reich. El juicio estaría precedido por dos investigaciones paralelas, una llevada a cabo por los oficiales del tribunal, y otra por la Gestapo.

En este punto de la historia tengo que decidirme por entrar directamente a narrar los hechos fundamentales de la investigación oficial y juicio de Fritsch, saltando muy a mi pesar un montón de sucesos que ocurrieron hasta que comenzó la investigación. Pero el espacio y la paciencia del lector (aunque tengo para mí que la historia es extraordinariamente interesante) se resentirían enormemente, pues me llevaría un montón de páginas. Así que dejo a vuestra libertad que hagáis las preguntas que se os ocurran, y que yo contestaré hasta donde sé. Sólo quiero subrayar, sin embargo, el gran triunfo que supuso la fecha del 4 de febrero de 1938 para Hitler y sus futuros y negros designios. Habiendo conseguido que Fritsch presentara su dimisión (contra el tajante parecer de todos los amigos del general), quizás ante el temor de que Hitler nombrara a von Reichenau su sucesor (algo que querían evitar a toda costa los oficiales superiores del Heer, y que bajo mi punto de vista fue un tremendo error, pues aunque Reichenau fuese un “nazi”, era al mismo tiempo un individuo de gran carácter al que Hitler jamás habría podido manejar como hizo con Brauchitsch, el sucesor final de Fritsch. Hitler amenazó con nombrar a Reichenau, pero yo estoy seguro –y no me pidáis pruebas- que sólo era un farol para obtener la dimisión de Fritsch), Hitler realizó su propia purga del 4 de febrero de 1938. Con la lista de anti-nazis que el sinvergüenza de Blomberg le había entregado el día de su partida, Hitler “destituyó” de sus puestos a un montón de oficiales, entre ellos el general von Schwedler, jefe de la Oficina de Personal, y los coroneles Kuntzen y Behlendorff, dos jefes de departamento de la oficina de Schwedler; Erich von Manstein, el segundo de Beck (al que Hitler también quería despedir, pero ni el propio Brauchitsch se atrevió a ello, confiando al Führer que lo dejara para hacerlo en el otoño, cuando todo eso se hubiese enfriado) en el EMG; los generales Kress von Kressenstein, comandante de Wehrkreis, von Porgrell, inspector de caballería, y von Niebelschutz, inspector de entrenamiento; estos últimos pasaron al retiro. Hitler también quiso despachar a Rundstedt, pero nuevamente Brauchitsch lo aconsejó en contra, y en su lugar cargó contra von Leeb. Cayeron muchos más, y también en la esfera política. Hitler aprovechó la ocasión para alejar de las posiciones de poder a la mayoría de sus oponentes. Fue realmente un coup d’état parecido al del 30 de junio de 1934.

Continuaremos ya con la investigación oficial.
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Mensaje por José Luis » Dom Ene 07, 2007 8:07 pm

La constitución del tribunal

Hitler se reservó para sí mismo el papel de Gerichtsheer o última autoridad judicial en el caso. La función del Gerichtsheer era determinar los procedimientos del tribunal, confirmar el veredicto, y, si así lo elegía, rechazarlo y decretar un nuevo juicio. Rossenberger había asumido que este papel debería ser representado por el general Heitz como suprema autoridad judicial de la Wehrmacht que era, pero en vista del alto grado del acusado la decisión, aun sin precedentes, tenía cierta lógica.

Göring, que había sido nombrado mariscal y por tanto se había convertido en el oficial de mayor graduación de la Wehrmacht, fue nombrado miembro del tribunal, un nombramiento escandaloso si se tiene en cuenta que era el principal instigador contra Fritsch. Y por si fuera poco, Hitler delegó en él las disposiciones más específicas del procedimiento contra Fritsch.

A instancias de Göring, se seleccionó al Dr. Biron, prominente juez de la Luftwaffe, como juez investigador y fiscal. Aunque Göring no conocía mucho a Biron, supuso que al pertenecer a la Luftwaffe podía controlarlo.

Abusando de su posición de Gerichtsheer, Hitler ordenó una investigación de la Gestapo paralela a la de Biron. Las dos investigaciones debían facilitarse mutuamente los protocolos de sus interrogatorios y pruebas. Este procedimiento sin precedentes se justificó alegando que la Gestapo ya había avanzado mucho camino en sus “investigaciones preliminares”. De hecho, había pretendido llevar exclusivamente el monopolio de la investigación, pero Gürtner, aleccionado por Rossenberger, lo había impedido.

El nombramiento de Göring, hizo que el círculo de Fritsch propusiera y se nombraran como jueces a los otros dos comandantes de la Wehrmacht, Raeder y Brauchitsch. Para completar los requerimientos legales, la cuenta se completó con el nombramiento de dos juristas militares, los doctores Sellmer y Lehmann, presidentes de la Junta del Tribunal Militar del Reich. La costumbre indicaba que Sellmer, el más antiguo de los dos, debería actuar como oficial presidente, pero Göring, sin que nadie osara enfrentársele, usurpó ese puesto al jurista. Rossenberger exigió y consiguió que se nombrara al Dr. Karl Sack, otro jurista militar, como guarda de protocolo al lado de Biron. Sack iba a ser, junto con el círculo del Abwehr, el personaje fundamental para la defensa de Fritsch, pues gracias a sus cualidades y personalidad impidió que Biron sucumbiera ante las presiones de Göring. La tarea de Sack fue facilitada a mediados de febrero con la inclusión en el panel de investigación de otro jurista militar, el Dr. Ernst Kanter, inclusión que había sido solicitada por el mismo Sack al general Heitz, con el apoyo de su ayudante el coronel Freiherr von Schleinitz.

Por último, pero no menos importante, estaba la defensa de Fritsch, que como recordaremos ya había sido recomendada por Stülpnagel a Fritsch, y aceptada por éste, el 26 de enero de 1938: el conde Rüdiger von der Goltz, que era nacionalsocialista y sabía cómo tratar específicamente con el Partido. Von der Goltz era un gran amigo del general Ludwig Beck, que era padrino de uno de sus hijos (por cierto, tenía 10 hijos). Y Fritsch lo conocía muy bien, no en vano había servido como oficial de EMG en la 1ª División de Guardias donde el padre de von der Goltz había mandado una brigada de infantería, y cuando Fritsch fue comandante de una brigada de infantería en Stettin fue un invitado regular en la casa de von der Goltz.

Goltz también conocía mucho mejor que Gürtner a su ayudante Hans Dohnanyi, pues la mujer de éste, Christine, una Bonhoeffer, era prima carnal del conde.

Y con esta introducción ya podemos comenzar en el siguiente post el relato de las fantásticas investigaciones y circunstancias que precedieron al comienzo del juicio de Fritsch.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 08, 2007 11:47 am

¡Buenos días a todos!

Cuando von der Goltz se puso a estudiar los expedientes que le facilitó el Ministerio de Justicia, su lectura le causó asombro tras asombro. Estaba el informe que cuestionaba altamente el testimonio de Schmidt, tan contrario a lo que Hitler había dicho a Gürtner y Hossbach sobre su credibilidad. Estaba el protocolo suplementario de los interrogatorios de Schmidt, que tan apresuradamente se habían hecho el 20 de enero y después. Estaban los protocolos de los interrogatorios de la Gestapo de Fritsch (que debo añadir fue interrogado una segunda vez por Best el mismo día en que relaté el interrogatorio de Huber y Best), donde una anotación, sin duda olvidada de borrar por un oficial SS, explicaba que habían sido transcritos de una grabación. Estaba la declaración jurada que la Gestapo había obtenido de los dos muchachos de las Juventudes Hitlerianas que habían gozado de la hospitalidad de Fritsch, con resultados completamente negativos sobre el asunto.

A medida que von der Goltz leía el expediente policial de Schmidt, poco a poco vino a recordar un incidente que había ocurrido hacía tiempo. En octubre de 1936 había acudido a la puerta de su casa para atender a un hombre malparado que decía que acababa de ser liberado de un campo de concentración. Allí había conocido a un bribón llamado Schmidt, un individuo que se dedicaba a la extorsión incluso en el campo, y que alardeaba de “tener en sus manos” al Secretario de Estado, Funck, y al Consejero de Estado, von der Goltz. El tal Schmidt le había asegurado que pronto vería a esos dos grandes personajes en el campo de concentración. Von der Goltz despidió al desgraciado sin muchas contemplaciones, lo que ahora lamentaba, y entonces creyó que sería una trampa de la Gestapo, por lo que había decidido escribir al día siguiente una carta a Werner Best reportando el incidente. No le había llegado ninguna respuesta de Best.

Con este recuerdo ahora recuperado, Goltz decidió llamar la atención sobre el asunto a Gürtner y realizar una petición para que se suspendiese el juicio. Estaba dispuesto incluso a hacer una declaración bajo juramento sobre el asunto que le concernía personalmente y luego ser confrontado con Schmidt. Entonces podría establecer de una vez y para siempre la mendacidad del sinvergüenza y poner fin a la farsa de la investigación. Pero Gürtner, que sabía de la determinación malsana de Hitler, le dijo a Goltz que la única manera de exonerar a Fritsch era llevar las cosas hasta su crudo final. Gürtner, sin embargo, se sintió aliviado de que Goltz hubiese escrito esa carta a Best, y le felicitó por ello.

El papel del Abwehr

He omitido hasta ahora cualquier referencia al papel fundamental que jugó en todo el "asunto Fritsch", desde su inicio, la oficina de Canaris, y en especial el coronel Hans Oster, quien tomó la causa de Fritsch como si fuese la suya propia. Oster conocía al Dr. Karl Sack desde hacía unos cuantos años, y a partir de la crisis de Fritsch esa relación se volvería de íntima amistad, forjada principalmente por sus antipatías con el régimen nazi. Pero además, Sack también era un gran amigo de Dohnanyi, el ayudante de Gürtner, habiendo sido ambos miembros de la Comisión sobre Ley Penal en 1937. Así pues, Sack fue el intermediario que unió las vidas profesionales de Oster y Dohnanyi (que habrían de dedicarlas casi por entero a planificar el asesinato de Hitler y la caída del régimen nazi). Y de esta relación y sus ramificaciones durante el “caso Fritsch” (Canaris, Gisevius, Beck, Witzleben, Goerdeler, etc.) nacería el círculo de la Oposición a Hitler.

¿Qué papel jugó Oster en la defensa de Fritsch? Pues ni más ni menos que pasar a Sack la información que tenía o iba recopilando la Gestapo en su investigación sobre Fritsch. ¿Y cómo se producía esto? Oster recibía la información de Gisevius, quien la recibía de Nebe (Policía Criminal) y en menor grado pero de gran importancia de Helldorf (Policía de Berlín). De Nebe vino la primera información de que Fritsch había sido vigilado de cerca en su viaje a Egipto. Pero la información más importante que facilitó Nebe fue la de la existencia de un “doble” en la historia de Schmidt (el capitán Achim von Frisch), noticia que el de la Criminal había escuchado en las antecámaras de la Prinz-Albrecht-Strasse.

El 31 de enero de 1938 Nebe telefoneó a Gisevius para encontrarse en un lugar de reunión ya preestablecido. Allí, Gisevius fue recogido por el coche de Nebe, y, después de dar varias vueltas por las calles y convencerse de que nadie los seguía, pararon en un oscuro parque donde Nebe, pistola en mano y con los nervios a flor de piel, se dedicó a explorar los alrededores. Cuando finalmente se convenció de que no había peligro, le comentó a un asombrado Gisevius que el llamado “caso Fritsch” era un error de identidad, deliberado o no. Le contó que Himmler y Heydrich conocían el error, pero que estaban moviendo cielo y tierra para ocultar los hechos. Nebe rogó a Gisevius que fuera lo más cuidadoso posible al utilizar esa información, pues se estaba jugando el pellejo al revelarle el asunto. Si Heydrich oía la menor indiscreción, sus días estaban contados. Los defensores de Fritsch debían llegar a este asunto, como quiera que fuera, como si ellos mismo lo hubieran descubierto por sus propios medios.

Al día siguiente Gisevius llamó a Oster y ambos se reunieron con Canaris para conferenciar sobre la nueva. Se acordó que el almirante avisaría a Beck y Keitel. Gisevius prepararía una declaración para aquellos que debían estar menos involucrados en la que los cargos contra Fritsch serían analizados argumentando hacia la probabilidad de una confusión de identidad. Se enviaron copias a Beck y Raeder por Canaris, y durante los siguientes días se enviarían a la atención de otros generales.

Después del 5 de febrero Sack recibió una copia de Gisevius. Al parecer Goltz no fue informado del asunto, aunque todos los relacionados con la defensa o la investigación del tribunal fueron alertados de una u otra forma para que buscaran pruebas que condujeran a una identidad equivocada.

Cabe citar aquí que hasta que acabó el juicio, Fritsch fue puesto en vigilancia por sus propios amigos para evitar un posible coup de main por la Gestapo. Dado lo que había en juego, no era descabellado pensar que la Gestapo intentaría secuestrar, arrestar o incluso asesinar a Fritsch. En este sentido, los ayudantes de Fritsch –Both y Prittwitz-, el general Stülpnagel, Hossbach y otros colegas estuvieron siempre armados cerca del general, no permitiendo que nadie pudiera acercarse a su residencia. Sólo se les permitió acceso regular a Fritsch a ocho personas, y sólo cuando ya se habían vuelto rostros muy conocidos para los vigilantes, podían éstas andar con cierta libertad por la residencia.

Hecho este inciso, sigamos con el Abwehr. Fue Dohnanyi igualmente quien llamó la atención de Goltz para que, cada vez que tuviera algún problema o duda en la investigación de la defensa de Fritsch, se pusiera en contacto con Tirpitz Ufer, en particular con Oster, en quien encontraría toda clase de apoyo. Y así lo hizo el conde en no menos de seis ocasiones acudiendo a las oficinas del Abwehr, en una de las cuales, Oster le presentó a Gisevius. Recapitulando, a Goltz se le vino a decir que el Abwehr estaba a su disposición.

Goltz siguió todas las líneas de investigación posibles para desenmascarar a Schmidt. Primero examinó todos los informes del estado mayor de Fritsch para controlar los movimientos del general durante noviembre de 1933. Pero esta línea se demostró ineficaz, pues Schmidt había declarado que el suceso había tenido lugar por esas fechas, no necesariamente el 22 de noviembre de 1933. Goltz también interrogó a las autoridades de la estación del ferrocarril acerca del depósito de carga donde había tenido lugar la conducta inmoral. ¿Estaba la entrada cerrada por costumbre o no? El personal interrogado afirmó que la entrada estaba siempre cerrada, pero no podían garantizar que hubiera podido estar abierta accidentalmente. Goltz también llevó a cabo sus pesquisas en la residencia asociada con el primer pago reportado por el chantajista, Ferdinand Strasse 21. Fueron interrogadas todas las personas que vivían en el mismo edificio y en las casas adyacentes para saber si en algún momento dado habían sido visitadas por Fritsch. Todos los que vivían allí en 1933 seguían haciéndolo en 1938, a excepción de un judío, llamado Duenkel, que había tenido que emigrar a Palestina en 1934.

Goltz hizo su primera llamada a Oster para ver si era posible localizar al judío; gracias a los medios del Abwehr, se localizó al judío Duenkel en Tel Aviv donde fue interrogado por un vicecónsul alemán que le mostró una fotografía de Fritsch; Duenkel afirmó que el individuo de la fotografía le era completamente desconocido. Además de descartar la posibilidad de que cualquier vecino de Ferdinand Strasse 21 fuese visitado por Fritsch, Goltz estaba interesado en establecer si alguno de los residentes en esa dirección podía haber tenido un “doble” al que se le pudieran imputar los cargos del chantajista. Muy pronto se hizo evidente más allá de cualquier duda de que ninguna de las personas residentes en Ferdinand Strasse 21 se encontraba en esa situación. Goltz incluso indagó si alguno de los residentes tenía algún pariente militar, y sólo uno de ellos tenía un hermano antiguo miembro del EMG llamado von Waldow. Contra el parecer de Fritsch, que no quería que se molestase al oficial por su culpa, Goltz notificó este hecho a Biron, quien interrogó al general von Waldow y a su hermano, obteniendo, como se esperaba, resultados completamente negativos.

Todas las líneas de investigación de Goltz apuntaban a que no existía prácticamente probabilidad alguna de que Fritsch fuese realmente la víctima de Schmidt, pero todavía no había encontrado nada para eliminar completamente la posibilidad. Para probar la inocencia de Schmidt era necesario refutar el testimonio de Schmidt de forma tan concluyente que hasta el propio testigo tuviera que admitir su falsedad. Cada vez era más importante sacar a relucir en la investigación de forma adecuada la valiosa información que había suministrado Nebe.

Mientras Goltz y el Abwehr trabajaban separada e independientemente sin descanso en la investigación para liberar a Fritsch, la Gestapo estaba preparando un nuevo golpe mortal, el tercer interrogatorio de Fritsch, que será el tema del siguiente post.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 08, 2007 1:45 pm

El interrogatorio de Wannsee

No es difícil imaginar la tesitura en que se encontraban Himmler y Heydrich con el desarrollo del “caso Fritsch”. Si, llegado el juicio, se demostraba la completa inocencia de Fritsch y salían a relucir las manipulaciones y ocultaciones de los hechos que desde hacía tiempo probaban esa inocencia, la posición de los dos jerarcas de las SS se aproximaría al borde del abismo. Podrían ser defenestrados por Hitler (que negaría, por supuesto, cualquier implicación en esa maquinación), y nada podían esperar de Göring (que aunque no había conseguido su objetivo –el Ministerio de Guerra- había sido elevado a mariscal del Reich), mientras que también, lo más probable, podían ser liquidados por el Heer. Así pues, desde la perspectiva de esos dos depravados, era lógico apurar sus bazas hasta el máximo posible. Ambos sabían, a raíz de su interrogatorio, que Bayern Seppl había rechazado rotundamente que Fritsch fuese (o hubiera sido alguna vez) su cliente en la estación de Wannsee en noviembre de 1933, hecho que también conocía, diré, el ministro de Justicia, Gürtner, y que en su situación –presa de Hitler- había ocultado, al igual que Himmler y Heydrich, a la defensa de Fritsch y a la investigación de Biron/Sack.

Cuando finalmente Biron pudo interrogar a Bayern Seppl, una vez se descubrió a través del Abwehr que estaba en manos de la Gestapo, el prostituto confirmó la historia de Schmidt, pero negó nuevamente que Fritsch fuese el individuo en cuestión. A la vista de este testimonio que exoneraba claramente a Fritsch de cualquier implicación en la historia de Schmidt, Biron y Sack (que fue informado inmediatamente por Biron) pensaron que era ya absurdo continuar los procedimientos contra Fritsch. Así se expresó igualmente, tras conocer los hechos, el general Heitz, quien acordó acompañar a sus dos colegas a Berchtesgaden para urgir a Hitler a cancelar el caso sobre la base de inocencia establecida.

Hitler los recibió el 13 de febrero y para su asombro y consternación, el Führer rechazó declararse satisfecho e insistió en que el caso debería llevarse hasta el final. Son casos como éste, no tan famosos como otras miserias del Tercer Reich, los que tocan la fibra más sensible y ponen de relieve la repulsión que produce un personaje como Hitler, carente de todo sentido de la vergüenza y sobrado de la mayor insolencia y desfachatez que proporciona la condición primitiva de su naturaleza. También pone de manifiesto el auténtico estado gangsteril en que Hitler, Göring y su círculo nazi habían convertido a la extinta República de Weimar.

Los estupefactos pero impotentes juristas regresaron a Berlín para concentrarse en la identificación de la verdadera víctima de Schmidt.

Mientras tanto, la Gestapo había llamado a Fritsch para un nuevo interrogatorio, que los asesores de Fritsch le recomendaron rechazar de plano. El Abwehr, desde que conoció los anteriores interrogatorios de la Gestapo de Fritsch, habían insistido ante Beck para que no se volviera a producir un hecho de esa naturaleza. Goltz también recomendó a su cliente rechazar cualquier petición en ese sentido, basándose en la carencia de jurisdicción de la Gestapo en el terreno militar. Pero al igual que en la ocasiones anteriores, Fritsch (que todavía creía en la inocencia de Hitler) decidió aceptar en la inteligencia de que no quería dar muestras de estar ocultando nada, y de esta forma tocar la fibra de Hitler (¡como si la tuviera el desalmado!).

Tras muchas discusiones, Keitel intervino en el conflicto proponiendo una solución de compromiso. Fritsch evitaría la humillación de acudir de nuevo a la Prinz-Albrecht-Strasse, asistiendo esta vez a un “terreno neutral” en la villa desocupada de Wannsee, una elegante residencia en los alrededores occidentales de Berlín.

Esta propuesta levantó las sospechas del círculo de Fritsch sobre la posibilidad de que la Gestapo estuviese maquinando asesinar a Fritsch, bien simulando un suicidio o una especie de “ley de fugas”. Nebe informó a Oster de que los oficiales SS destinados a la villa para el interrogatorio eran de la peor especie de rufianes que tenía la organización de Himmler, habiendo participado anteriormente en la “Noche de los Cuchillos Largos”. A Oster también le llegaron avisos de que la Gestapo estaba tramando el asesinato de Fritsch como un suicidio, trasluciendo después al mundo que un desesperado general resignado de toda esperanza de ocultar su trasgresión, había solicitado a la Gestapo la tradicional huida del deshonor del soldado, esto es, pegarse un tiro.

La Gestapo, sin embargo, tenía el problema de la presencia del Dr. Kanter, que actuaba como una especie de notario u observador en todos los interrogatorios oficiales del caso, y a quien los hombres de Himmler y Heydrich intentaron intimidar con amenazas, consiguiendo, en cambio, el efecto contrario.

Con todos estos peligros en el aire, Oster actuó a conciencia. Antes de su partida para Wannsee, Fritsch fue cacheado a conciencia en presencia de Oster, Kanter y Siewert para levantar atestado de que el general había asistido al encuentro totalmente desarmado. Por otra parte, Siewert entregó a Kanter una pistola de siete balas con instrucciones de cómo usarla, y Oster lo animó a que, si las cosas tomaban el peor rumbo, liquidase a tantos SS como pudiese. De todas formas, cualquier señal de que hubiera un tiroteo sería el aviso para que el capitán von Both (que, junto con el conductor, llevaría en coche a Fritsch y Kanter, y debía esperarlos afuera) pidiese ayuda. ¿Y de dónde vendría esa ayuda? Oster consiguió que una compañía de panzers fuese desplegada a un área adyacente a la residencia, y esta fuerza debía acudir inmediatamente si era llamada por Both. En realidad, el movimiento de Oster iba encaminado más a atemorizar a las SS que a constituir una ayuda efectiva caso de que las cosas se tornaran de lo peor con Fritsch.

El 20 de febrero de 1938, Fritsch, Kanter y Both llegaron a la villa de Wannsee. A la puerta del edificio los esperaba el infame Meisinger, un mal augurio, pues se creía que el interrogatorio sería llevado por Huber y Best. Fritsch y Kanter fueron llevados a un salón grande y vacío, donde había diez personajes siniestros en ropa de civil en actitud vigilante, sin duda de las SS. Luego Meisinger los introdujo en una pequeña habitación escasamente decorada con una ventana de barrotes. Kanter se preguntó si los barrotes habían sido instalados para la ocasión. El aislamiento era completo, y el lugar uno donde cualquier cosa podía pasar. Kanter hizo, disimuladamente, todo lo posible para que Meisinger viese su pistola.

Meisinger comenzó titubeando, sin duda sin poder ignorar que tenía delante a un coronel general. Tocó el asunto de los anteriores interrogatorios y confrontaciones con Schmidt, y de forma indecente a recrear las sospechas de la relación de Fritsch con los dos muchachos de las JJHH. Como Fritsch respondía con su acostumbrada letanía con rotundas negaciones, Meisinger sacó a colación la relación de Fritsch con sus ordenanzas y caballerizos. Fritsch casi pierde sus nervios, pero logró mantener la compostura y negó cualquier sospecha de inmoralidad. Luego Meisinger desvió el hilo hacia el terreno político buscando en las respuestas de Fritsch cualquier desliz que pudiera convertir el cargo criminal en un cargo político, trasladando a Fritsch al infame Tribunal del Pueblo. Kanter no podía intervenir, pues tenía órdenes estrictas del general Heitz de no inmiscuirse cualquiera que fuera la forma en que se desarrollase el interrogatorio de la Gestapo. Pero Fritsch sólo se enrojeció y enmudeció en vez de rechazar categóricamente esa línea de inquisición. Cuando un impertinente Meisinger buscó atacarlo diciendo rotundamente que el general no estaba colaborando, Kanter arriesgó su carrera e intervino protestando que tales asuntos caían completamente fuera de la legítima área del interrogatorio.

Meisinger quedó desconcertado y, tras unos momentos de duda, dijo que tenía que hacer una llamada a la central del RSHA para solicitar instrucciones, abandonando la habitación. El tiempo transcurrió poniendo a prueba los nervios de Fritsch y Kanter, y este último dejó la sala para comprobar que Both estaba vigilante cerca del coche. Luego regresó junto a Fritsch. Unos veinte minutos después de su partida, regresó Meisinger. Parecía descompuesto, y tras unas breves cuestiones sobre más de lo mismo, puso fin al interrogatorio.

Si realmente ese interrogatorio había escondido en algún momento un plan para asesinar a Fritsch, sin duda las disposiciones de Oster, habían rendido efecto. El conductor, Both y Kanter iban armados, y luego estaba la presencia de la compañía panzer en las inmediaciones. Llevar a cabo semejante intentona en tales circunstancias era casi suicida para Himmler y Heydrich, pues, fuere cual fuere el resultado, tendrían sobre sus cuellos a todo el Heer. Quizás lo más probable, aun sin descartar la posibilidad de asesinato, que buscase la Gestapo era romper los nervios de Fritsch y hacerle decir cualquier frase que lo perdiese definitivamente. El interrogatorio de Wannsee no se habría de olvidar fácilmente, y Himmler y Heydrich comenzaron a temer realmente por sus vidas.

Continuaremos.
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Mensaje por José Luis » Lun Ene 08, 2007 7:56 pm

A su regreso del interrogatorio de Wannsee, Kanter informó a Oster de lo sucedido; éste se fue directamente a Canaris, y todos concordaron en que el trato dado a Fritsch había sido indignante, decidiendo, como Kanter escribió más tarde en 1949, “que era imperativo actuar contra Himmler y la Gestapo.”

La filtración que Canaris y Oster dieron al trato dispensado a Fritsch por la Gestapo (he de decir que toda la investigación y el juicio estaban considerados como un “asunto de estado” que debía llevarse en el más absoluto secreto) debió alcanzar todos los rincones de los despachos de Berlín de las instituciones involucradas, pues al día siguiente Kanter fue inmediatamente llamado al Ministerio de Guerra por Keitel y Heitz. Este último le reconvino por haberse dirigido a las oficinas del Abwehr después del encuentro en Wannsee, y luego lo llevó a Keitel para que le relatara lo que había sucedido en el interrogatorio. Kanter repitió la historia tal como se la había contado a Oster y Canaris. El miserable de Keitel, sin inmutarse un pelo, pidió a Kanter que abandonara la sala para conferenciar privadamente con Heitz, y cuando fue nuevamente llamado se encontró con que ambos personajes le tenían preparadas tres preguntas de tal forma dispuestas que pasaban por alto todos los aspectos de la historia que perjudicaban a la Gestapo. Cada intento que Kanter realizó para hacer hincapié en la humillación a que fue sometido Fritsch fue bruscamente cortado por Keitel. El cuadro final, así manipulado, fue la conclusión de que Fritsch había recibido un trato “correcto” de la Gestapo, y Kanter fue despedido por Keitel escuchando de este indigno militar que “Usted no está familiarizado con la forma en que la Gestapo hace las cosas.” También le instruyó para que en sus futuras experiencias en la investigación mantuviera silencio, especialmente hacia Canaris y Oster.

Kanter disminuyó sustancialmente sus contactos con el Abwehr, pero no así con Sack, que estaba en comunicación constante con Oster. Pero si Keitel pensó por un momento que el ultraje de Fritsch se quedaría en bastidores, pronto fue despertado de tal sueño. No sólo Canaris contó el asunto a un atónito Jodl, que ya entonces era el segundo de Keitel en la Wehrmachtamt, y a un desconcertado Viebahn, sino que el capitán von Both, harto de la inmaculada discreción de su jefe Fritsch, enterado de la historia por Kanter, en una cena en la residencia de los Goltz comentó a la horrorizada condesa la sórdida historia del interrogatorio, añadiendo además que tendría que haber algo más que palabras entre el Heer y las SS, pues de lo contrario jamás podrían acabar con las miserables maquinaciones de esa banda.

También iba a producirse un giro inesperado y balsámico para los conjurados del Abwehr. Finalmente, el santo y magnánimo Fritsch había despertado de su ilusión tras la humillante experiencia de Wannsee, y aleccionado por Sack comprendió de una vez por todas que no solamente era él el objetivo de Hitler, sino que fundamentalmente el Führer buscaba erosionar y eliminar a la cúpula dirigente y tradicional del Heer. No se sabe cuánto tiempo llevaba Sack presionando a Fritsch, pero la historia de Wannsee fue la gota de agua que colmó el vaso.

Al cierre de los procedimientos del panel de investigación el 23 de febrero de 1938, Fritsch solicitó insertar una declaración en el protocolo. Dictando a un complaciente e internamente triunfal Sack, pronunció las siguientes palabras con absoluta claridad: “Nunca antes ha permitido una nación que el comandante en jefe de su ejército fuese tratado tan vergonzosamente. Estoy declarando esto específicamente en el protocolo para que más tarde este documento histórico muestre cómo fue tratado en el año 1938 el comandante en jefe del Ejército. Tal trato no sólo es humillante para mí; constituye también un deshonor para todo el Ejército.”

Ya que la “nación” alemana no sabía nada del “caso Fritsch” o del juicio, la acusación sólo podía estar dirigida contra el jefe del estado. Un Biron nervioso, horrorizado con tal temeridad, suplicó a Fritsch que no pusiera semejante bombazo en el protocolo, pero el general se mantuvo firme y no se le pudo negar el derecho que le asistía a que se registrara su declaración.

En realidad, aparte de ser una acusación sobre Hitler, lo que quizás inconscientemente estaba haciendo Fritsch con su declaración era una llamada de solidaridad y apoyo del Heer, y un aviso de que si Hitler estaba haciendo ahora tal ultraje sobre él, lo podría repetir más adelante con cualquier otro jefe o alto oficial del Heer. ¡Y qué razón tenía el bueno de Fritsch! Al menos su tácita llamada de apoyo fue escuchada por el general von Witzleben, que por esas fechas ya se había recuperado de una intervención quirúrgica que lo había mantenido postrado. Goltz había hecho copias de la declaración de Fritsch, copias que se entregaron a varios generales (Beck, Canaris, Brauchitsch, etc.) y, por supuesto, a Witzleben. Este decidido general, que pocos meses más tarde iba a ser el encargado de arrestar a Hitler en la Cancillería del Reich si finalmente el anterior daba la orden de atacar a Checoslovaquia, planeó asaltar el cuartel general de la Gestapo. A su lado tenía al coronel von Hase, comandante del regimiento de infantería de Neuruppin, y a Fritz-Dietlof von der Schulenburg (un personaje que si el tiempo me lo permite merecerá un día un topic aparte). Al parecer, Hase estaba dispuesto a llevar sus tropas a Berlín dispuestas para el asalto, y Schulenburg, en cooperación con Helldorf, también parecía decidido a atacar con la policía de Berlín. Helldorf estaba por esas fechas dispuesto, fuertemente influenciado por Gisevius, a cruzar su personal Rubicón.

Tras todos esos planes estaba la inteligencia incesante de Oster, quien además quería que todos los comandantes de cuerpo enviasen un ultimátum a Hitler para detener los procedimientos contra Fritsch. Tan decidido estaba el del Abwehr que le comentó a un asustado Goltz que estaba dispuesto a no dejar piedra sobre piedra de la Prinz-Albrecht-Strasse. Goltz, conociendo el encendido temperamento de Oster (tan diferente en este aspecto de la sangre fría de su amigo Sack), consiguió con no pocos esfuerzos calmar a un Oster que parecía fuera de sí.

Nada sucedió, sin embargo, de todo lo que estaba tan “calientemente” en marcha. El general Georg Thomas, que ha testificado la decisión de Witzleben de pasar a la acción en esas fechas, declaró que Hase comenzó a tener dudas sobre la determinación de seguir adelante por parte de sus oficiales más jóvenes, y más probablemente el mismo Hase se fue acobardando poco a poco, tal como habría de hacer años más tarde el 20 de julio de 1944.

En el próximo post veremos cómo Sack y compañía llegaron de forma adecuada al descubrimiento del capitán Achim von Frisch.

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Mensaje por fangio » Lun Ene 08, 2007 11:38 pm

Con respecto al caso Fritsch, hace poco adquirí el libro "Soldado hasta el último día" Memorias del Mariscal Albert Kesselring (Soldat bis zum letzten tag). Recién lo empecé a leer y con respecto a Fritsch dice en la página 36:

"Después de una serie de revelaciones resulta difícil despertar la comprensión por la actitud que adoptaron los generales en aquella ocasión. A pesar de que ya hacía años que había dejado de colaborar estrechamente con el teniente general von Fritsch, había continuado siendo para mí, como para todos los oifciales de la Luftwaffe que procedíamos de la Wehrmacht, un modelo como hombre y como oficial. Tanto mayores reservas adopté frente a los rumores que acusaban al teniente general von Fritsch de delitos contra la moral, en la secreta esperanza de que pronto se demostraría que se trataba de una maliciosa acusación injustificada y se hallaría el camino y los medios necesarios para restaurar el honor del teniente general."

Hasta aquí todo bien, nada sorprendente lo que dice, pero sí me sorprendió lo que leí a continuación:

"Consideré imposible que Hitler o Göring pudiesen proceder de un modo frío y calculado, actitud inconcebible para mí, contra aquel teniente general tan respetado por todos. Cuando más tarde Göring explicó cómo había logrado descubrir el engaño y lo mucho que se alegraba de ello, y sus ojos resplandecieron al decirlo, no me quedó la menor duda de que Goering tenía las manos limpias en aquel asunto. Lo mismo hubo de suponer de Hitler cuando en el casino del campo de aviación de Barth (mar Báltico), ordenó que leyera el presidente del Tribunal de guerra del Reich, general de la artillería Heitz, ante todos los Jefes de la Wehrmacht y de la Luftwaffe, las conclusiones jurídicas que revelaban el encadenamiento de casualidades por demás extrañas, pero también la plena inocencia del comandante supremo de la Wehrmacht. Lo mismo que la mayoría de los oficiales, hubiera deseado que se hubiese hecho justicia al teniente general von Fritsch, tan profundamente afectado por las sospechas, destinándolo de nuevo a su antiguo cargo. No me fue posible averiguar los motivos que indujeron a Hitler a no proceder en este sentido. Las conclusiones a que llegué por aquella época fueron que lo más probable era que Hitler no simpatizaba con Fritsch, lo cual dificultaba en grado extremo la colaboración entre los dos. Fritsch, en su calidad de prusiano y oficial educado en el Ejército Imperial, era fundamentalmente opuesto a Hitler que, por su parte, no podía negar su ascendencia austríaca."

Creo que no hace falta aclarar mucho. Increíble (o ingenuo) cuando Kesselring dice "no me quedó la menor duda de que Goering tenía las manos limpias en aquel asunto". Y que Goering o Hitler actuaran de un modo tan frío y calculado... me pregunto yo: ¿nos está haciendo una broma de mal gusto Kesselring o qué? Que Goering tenía las manos limpias.... por favor!!!!

Bueh, tan sólo quería compartir esta parte del libro que me pareció muy curiosa. Cualquier opinión es bienvenida.

Saludos,

FANGIO

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