Los Siniestros Campos Alemanes de Tifus sobre Civiles

La guerra en el este de Europa

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nasrudin
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Los Siniestros Campos Alemanes de Tifus sobre Civiles

Mensajepor nasrudin » Mar Mar 07, 2017 9:58 pm

En el Libro de Michel Jones de Editorial Critica "El trasfondo humano de la guerra"

Leo los siguientes párrafos sobre episodios que desconocía en el Frente del Este y que a me sugieren estar ante la certeza de que el Ejército Alemán ( digo EJERCITO,no SS ni Einsatzgruppen) no tiene perdón alguno dentro de lo que llamaríamos "Civilizacion"Humana.
Ruego se tome nota de los Oficiales Involucrados


"El 9 de marzo de 1944, el coronel general Josef Harpe, comandante del IX Ejército, dispuso que se construyera otra serie de campamentos cerca de la línea del frente, distribuidos a lo largo de la región pantanosa de Polesia, en la misma ruta de las fuerzas de Rokossovsky. Al cabo de tres días, el comandante del Grupo de Ejércitos Centro, el mariscal de campo Ernst Busch, autorizó que se iniciasen de inmediato las «medidas de evacuación»: la deportación forzosa a los campamentos militares de los civiles de los alrededores. La operación estuvo coordinada por el general Friedrich Hossbach, del LVI Cuerpo Panzer".

Continua el texto luego de una explicación por parte alemana que toda esta Acción obedecía a una respuesta al acoso de los partisanos soviéticos .

" Los trabajos de construcción del nuevo campamento empezaron inmediatamente. No había edificios; un campo abierto quedaba rodeado por una alambrada de espino y torres para los centinelas. La división completó la tarea en la mañana del 15 de marzo y acto seguido se inició el siguiente estadio de la operación alemana. Aquel día, algo más tarde, Perau escribió en su diario: Creía haber visto todos los horrores de esta guerra, pero en estos últimos días se ha desarrollado ante mis ojos una tragedia que ni Dostoyevski habría considerado apta para su descripción. Nuestros soldados están congregando a todos los civiles de las zonas circundantes en un campamento enorme. Allí carecen de todo tipo de refugio ... Aducen que los pueblos son caldos de cultivo para el tifus y guaridas de los partisanos; al menos, eso es lo que me han dicho a mí. Me encontré con el campamento de repente, sin esperarlo, cuando volvía de la línea del frente. Lloviznaba débilmente y estaba empezando a oscurecer. Fui oyendo un sonido extraño, lejano, pero extrañamente desconcertante. A medida que me acercaba, me di cuenta de que eran los gemidos y llantos de una masa de voces humanas. Vi que en el suelo estaban esparcidas las pertenencias de los que estaban demasiado débiles para seguir arrastrándolas consigo. Y entonces vi a los soldados, que arrastraban el cuerpo de un anciano como si fuera un animal. Le habían atado una cuerda alrededor de las piernas. En la cuneta de la carretera yacía una mujer, con una bala reciente en la frente. Parecía haber bultos pequeños tirados en el barro. Un centinela de la Policía de Campo explicó que se trataba de los cuerpos de los niños pequeños, que él había cubierto con unas mantas viejas. Las madres los habían abandonado por el camino, sin fuerzas para seguir cargando con ellos. Así que los habían matado, igual que «eliminaban» a cualquiera que no pudiese continuar; ya fuese por enfermedad, por la edad o por debilidad en general. Me acerqué a un oficial médico, pero me despachó con desprecio: «Padre, déjenos esto a nosotros. Yo mismo he disparado a varios niños indefensos, por pura compasión. Alemania regresará a las filas de las naciones civilizadas después de ganar esta guerra». Algunos soldados corrientes también hablaban así. Otros lo encontraban repugnante. El testimonio de Perau señala que algunos soldados —insensibilizados por la guerra o creyentes a pies juntillas de las doctrinas raciales de Hitler— no demostraron ni un ápice de compasión por aquellos civiles desventurados y participaron de forma activa en esta atrocidad. Otros se sentían incómodos con lo que estaban haciendo. En la Wehrmacht también se dejaba notar el cargo de conciencia por el horror que infligían a la población bielorrusa.
además, auténtico miedo de las represalias soviéticas. «Les preocupa qué les pase si los apresa el enemigo, qué le pasará a Alemania si pierde esta guerra —comentaba Perau—. Culpan a los destacamentos de seguridad, pero las tropas regulares también están implicadas.» De hecho, se trataba de una operación militar regular, planeada y coordinada por el jefe del estado mayor del IX Ejército Alemán y ejecutada por el general Friedrich Hossbach, del LVI Cuerpo Panzer. La participación de los destacamentos de seguridad se redujo a prestar apoyo. Hossbach había ordenado la creación de grupos de trabajo, con la misión de asaltar los pueblos bielorrusos a primera hora de la mañana, cuando no temían nada, seleccionar a los habitantes útiles para el trabajo, separarlos de sus familias y trasladarlos por la fuerza a Alemania; también se crearon «puntos de recogida», en los que reunía al resto de los habitantes, ancianos, débiles, madres e hijos. A estos los obligaban a marchar hacia los campamentos y mataban de inmediato a todos los rezagados. Inventariaban con gran cuidado el número de supervivientes. El 16 de marzo, Hossbach informó al IX Ejército alemán: «Hemos reunido a 39.597 civiles; de ellos, varios miles son niños pequeños». Comenzó entonces el siguiente paso del plan, de especial interés para los comandantes del ejército. Perau proseguía: «En la distancia, vi un coche del estado mayor que se desplazaba por la carretera. Dentro había un general. Me pregunto qué piensan los oficiales de alto rango cuando ven estas cosas». El general Friedrich Hossbach, en realidad, estaba muy satisfecho con la «enérgica» ejecución de sus órdenes. La tropa o bien participaba en las atrocidades o dejaba hacer sin entrometerse. Perau intervino para impedir que algunas tropas saquearan las pertenencias de aquellos desafortunados a los que habían matado de camino al campamento. La mayoría eran mujeres y niños, débiles por el hambre, que no habían podido superar el espeso barro de los caminos de acceso a la zona. Las madres se detenían, intentando envolver a sus pequeños para protegerlos del frío. Los centinelas alemanes les disparaban de inmediato. Algunos soldados de la división de Perau habían intentado quedarse con las mantas bordadas, para enviárselas a su esposas en Alemania. El 17 de marzo, había más de 47.000 civiles dentro de los campos. Frente a las vallas empezaron a situarse convoyes de vehículos de los que extraían a pacientes de hospital enfermos de gravedad, para mezclarlos con los prisioneros. Miles de personas comenzaron a enfermar. Los alrededores del campamento estaban minados y las tropas de la Wehrmacht se retiraron más al oeste. Esperaban a que sus enemigos del Ejército Rojo descubriesen aquello. Los soldados soviéticos dieron con el campamento el 19 de marzo. Las unidades de reconocimiento de la 37.ª División de Guardias del LXV Ejército informaron de la existencia de grandes campos de concentración en la zona pantanosa de Polesia. «Están cercados con alambradas de espino, y dentro hay miles de civiles, apiñados y sin ningún tipo de refugio —relató un soldado del Ejército Rojo—. Es tan terrible que obliga a apartar la vista.» El comandante de la división, el general Ushakov, envió de inmediato a varias unidades para reducir a los guardias y liberar a los prisioneros. Fuera cual fuese la barbarie de aquellos campamentos, meros rediles en los que abandonar a los civiles hasta que murieran de congelación, la realidad era aún peor. El plan de los alemanes consistía en infectar a los internos con el tifus y crear de este modo una epidemia, entre los soldados que avanzaban y los civiles por igual. Y el plan seguía su curso: la mayoría de los prisioneros ya estaba enferma. Cuando los soldados soviéticos entraron a todo correr en el campamento para ayudar a los débiles y enfermos, no esposas en Alemania. El 17 de marzo, había más de 47.000 civiles dentro de los campos. Frente a las vallas empezaron a situarse convoyes de vehículos de los que extraían a pacientes de hospital enfermos de gravedad, para mezclarlos con los prisioneros. Miles de personas comenzaron a enfermar. Los alrededores del campamento estaban minados y las tropas de la Wehrmacht se retiraron más al oeste. Esperaban a que sus enemigos del Ejército Rojo descubriesen aquello. Los soldados soviéticos dieron con el campamento el 19 de marzo. Las unidades de reconocimiento de la 37.ª División de Guardias del LXV Ejército informaron de la existencia de grandes campos de concentración en la zona pantanosa de Polesia. «Están cercados con alambradas de espino, y dentro hay miles de civiles, apiñados y sin ningún tipo de refugio —relató un soldado del Ejército Rojo—. Es tan terrible que obliga a apartar la vista.» El comandante de la división, el general Ushakov, envió de inmediato a varias unidades para reducir a los guardias y liberar a los prisioneros".

"Fuera cual fuese la barbarie de aquellos campamentos, meros rediles en los que abandonar a los civiles hasta que murieran de congelación, la realidad era aún peor. El plan de los alemanes consistía en infectar a los internos con el tifus y crear de este modo una epidemia, entre los soldados que avanzaban y los civiles por igual. Y el plan seguía su curso: la mayoría de los prisioneros ya estaba enferma. Cuando los soldados soviéticos entraron a todo correr en el campamento para ayudar a los débiles y enfermos, no Según Filip Ivanovic: «Los alemanes nos llevaron a un campo en una zona de marismas. Allí no había donde refugiarse, ni comida ni agua; los soldados confiscaban toda la comida que la gente llevaba, además de los abrigos, las botas y la ropa de abrigo. Estaba prohibido encender fuego. Durante la primera noche, murieron más de quinientas personas, en su mayoría, niños pequeños...». El testimonio de Zinaida Gavrilchuk, otra prisionera, fue objeto de una atención especial: «En los campamentos, la enfermedad se extendía rápidamente», decía, para empezar. Durante la noche del 15 de marzo, murieron centenares de personas a causa del tifus. A los enfermos y los moribundos los arrastraban hasta un montón. Fui a hablar con uno de los centinelas alemanes, que era polaco de origen, y le pregunté en polaco qué nos iba a pasar. Esperó a que no hubiera ningún guardia alemán cerca y entonces me contó que todos los centinelas alemanes tenían órdenes de marcharse del campo al cabo de 16 horas, y que nos dejarían allí para que el Ejército Rojo nos encontrara durante su avance. Cuando le pregunté por qué iban a abandonar el campamento, me contestó que el objetivo era infectar al Ejército Rojo con el tifus".

Podemos inferir que este relato se debió a las mentes calenturientas de los entrevistados y también que no existen pruebas o documentos sobre esta "experiencia"
En realidad podemos también negar todo.
Mi opinión es que no sólo es real,si no que representa un porcentaje mínimo (especialmente perverso)de la criminalidad del Ejército Aleman.
Tu que crees?
Saludos

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Juan M. Parada C.
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Re: Los Siniestros Campos Alemanes de Tifus sobre Civiles

Mensajepor Juan M. Parada C. » Mié Mar 08, 2017 12:06 am

Todo un espantoso relato que nos devela otra faceta más de la crueldad de la guerra que se originaría en el frente oriental.A esas alturas de la contienda,como se desprende de este crudo relato, ya toda consideración se había esfumado por los más débiles y daría paso a esta perversas prácticas con el fin de amedentrar al enemigo en su máxima expresión.

Saludos y bendiciones a granel.
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642

nasrudin
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Los espantosos campos de Tifus de Harpe,Busch y Hossbach

Mensajepor nasrudin » Vie Mar 17, 2017 4:00 am

Continua el Libro de Michel Jones de Editorial Critica "El trasfondo humano de la Guerra"
Donde describe la atroz locura asesina y perversa de el Ejército Alemán
" Cuando llegamos a la región de Ozarichi, en las marismas de Polesia, nuestros soldados empezaron a caer enfermos del tifus. Cuando investigamos la causa, descubrimos que los fascistas habían levantado varios campos de concentración a cielo abierto, en los que miles de ciudadanos soviéticos se veían obligados a yacer en el barro. Los nazis llevaron allí a pacientes enfermos de tifus, seleccionados para la ocasión, con la intención de generar una epidemia cuando el Ejército Rojo liberase los campos. Ellos contaron con que los soldados soviéticos correrían en ayuda de los prisioneros y que el contacto mutuo llevaría a la contaminación general. Los alemanes habían dejado a informadores en los campos —inoculados contra el tifus— para que pasaran noticia de cómo se propagaba la enfermedad. El 20 de marzo, el mariscal de campo Ernst Busch, comandante del Grupo de Ejércitos Centro, recibió un informe completo de la operación. Se consideró que había sido un exito".


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