El "Plan Otto" de Halder

La guerra en el este de Europa

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El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por José Luis » Sab Dic 13, 2014 12:01 pm

¡Hola a todos!

El tema que voy a exponer en este hilo es de naturaleza antigua, si bien -y si no estoy equivocado- nunca se ha tratado específicamente en nuestro foro. Tampoco se ha tratado, con la profundidad que merece, en otros foros ingleses y alemanes de la IIGM de la Red de los que yo tengo noticia, que no son muchos, la verdad. Es un tema que ya quise exponer meses atrás, pero por diferentes motivos personales no me fue posible. Y ahora, espoleado por un breve examen que he realizado sobre un libro de Rolf-Dieter Müller que se publicará probablemente en enero de 2015, he decidido traerlo a la palestra.

¿De qué va este tema, principalmente? De hechos, análisis y sus interpretaciones. Los hechos vienen dados en el “Plan Otto”, nombre en clave que Halder escogió en junio de 1940 para su planificación en previsión de una contingencia bélica contra la Unión Soviética. Lo relevante de este hecho es que Halder ordenó esta planificación de propia iniciativa, con el conocimiento de Brauchitsch, pero totalmente al margen de Hitler. Y lo hizo más de un mes antes de que Hitler decidiera a finales de julio de 1940 considerar los conceptos militares para un posible ataque contra la URSS. Las interpretaciones de este hecho histórico han sido variadas: que el auténtico lugar donde se gestaron las ideas para un ataque contra la URSS fue el OKH (esto es en los caletres de Halder y Brauchitsch) en junio de 1940 (si no antes), y que Hitler fue “seducido”, o “presionado”, por Brauchitsch hacia su decisión de finales de julio. Así, según quienes defienden esta teoría, un Hitler que había proclamado en un discurso del Reichstag, tras la victoria sobre Francia, que la guerra que siempre había previsto para la consecución del espacio vital en el Este podía ahora esperar unos diez años, fue “seducido” por Brauchitsch para que cambiara de parecer y decidiera atacar a la URSS, tal como sucedió a finales de julio de 1940. Esta teoría pretende cambiar radicalmente la imagen clásica que se tiene de la Wehrmacht, la de un instrumento en manos de Hitler, para poner a Hitler como un instrumento en manos de la Wehrmacht. A mi juicio, es una teoría que no tiene ningún fundamento sólido, sólo producto de una especulación demasiado fantástica. Más acertado me parece el uso que han hecho estos mismos autores y otros del “Plan Otto” para refutar las afirmaciones de posguerra de algunos generales de la Wehrmacht en el sentido de que nada habían tenido que ver con la decisión de Hitler de atacar a la URSS y que la Wehrmacht sólo había cumplido las órdenes de Hitler. Pero ya tocaremos este asunto más adelante. Ahora me parece más conveniente exponer los hechos.

El "Plan Otto" del Generaloberst Franz Halder, el Jefe del Estado Mayor General del ejército alemán durante 1938-1942, fue descubierto por primera vez por el historiador militar alemán Ernst Klink, de la Militärgeschichtliches Forschungsamt (MGFA) de Potsdam, en sus trabajos de investigación para su colaboración en el IV Volumen de la serie Das Deutsche Reich und der Zweite Weltkrieg publicada por la Deutsche Verlags-Anstalt DVA. Este volumen IV, titulado Der Angriff auf die Sowjetunion, fue publicado originalmente en 1983, apareciendo quince años más tarde la versión inglesa, titulada The Attack on the Soviet Union, a cargo de Clarendon Press, una marca editorial de la Oxford University Press, la editorial académica que ha ido publicando la versión inglesa de la serie desde 1990. En este volumen IV, Klink escribió dos capítulos, uno para cada parte de las dos en que se divide el libro; aquí nos interesa el de la primera parte, el Capítulo IV, titulado en su versión inglesa, que es el libro al que yo tengo acceso, "The Military Concept of the War Against the Soviet Union". Bien, en el punto (b) ("Early Phases in Planning within the Army High Command up to July 1940", pp. 240-255) del subcapítulo 1 ("Land Warfare"), Klink expone, detalla y analiza el plan Otto de Halder.

Klink expone que con la expectativa de un pronto final de la guerra, Hitler y el OKH examinaron la cuestión de qué secciones del ejército deberían mantenerse operativas en el caso -considerado todavía una posibilidad- de una continuación de la guerra contra Gran Bretaña. Se concibió, como etapa final, un “ejército de tiempo de paz” de aproximadamente 70 divisiones, incluyendo 30 blindadas y motorizadas. Como solución intermedia, mientras continuaba la guerra, se decidió por un ejército reducido a 120 divisiones, manteniendo la fuerza planificada de formaciones blindadas y motorizadas. El requisito para esta medida de largo alcance, con la guerra todavía en curso, era, según Halder el 15 de junio de 1940, “que con el inminente colapso final del enemigo la tarea del ejército ha sido cumplida y dentro del territorio enemigo seremos capaces de llevar a cabo tranquilamente esta re-estructuración como la base de nuestra organización de tiempo de paz”. El principal esfuerzo de la guerra contra Gran Bretaña sería llevado a cabo por la Luftwaffe y la Kriegsmarine, cuyos requerimientos de personal y material, incluyendo armamentos, tendrían prioridad. Como parte de la reducción de las aproximadamente 155 mayores formaciones existentes al tamaño del ejército de transición, el OKH previó la transferencia de 15 divisiones aptas para el combate al Este, para proteger la frontera; al mismo tiempo debían disolverse las formaciones del Comandante en Jefe Este ("Oberost").

Klink comenta que aunque la transferencia de divisiones tras la conclusión de una campaña era un procedimiento perfectamente normal, fue adquiriendo entonces una importancia especial en vista de las grandes agitaciones en la escena política en los países del Báltico y en Rumania. El 18 de junio Halder discutió con el mayor Reinhard Gehlen (entonces todavía en el Departamento de Fortificación Interior pero poco después asignado el “Grupo Oriental” del EMG) lo que esperaba de esas divisiones. Su anotación en su diario de guerra deja claro que preveía un tipo ofensivo de defensa; así que el posterior reforzamiento de las fortificaciones debía continuar sólo a una escala reducida. Especificaba: a) un sistema de obstáculos de tanques dispuesto a lo largo de las líneas de los ríos; b) que la organización permitiera el empleo inmediato de todas las fuerzas; c) una red de primera clase de carreteras y ferrocarriles para mover esas fuerzas; d) posicionamiento estratégico de grupos de defensa especiales que canalizarían la invasión enemiga operacionalmente (no tácticamente); e) máximo uso de campos de minas.

Estas entradas, sigue Klink, cubrían la parte esencial de las instrucciones al CG del 18. Armee, que iba a estar al cargo de la parte oriental del territorio del Reich y en la parte ocupada de Polonia. Constituían la guía para el trabajo del Grupo Oriental del departamento de operaciones durante las siguientes semanas.

El 23 de junio de 1940 Hitler aprobó la prevista reducción y re-estructuración del ejército. Klink razona que Hitler creía que Gran Bretaña cedería, y en caso de que continuara luchando su única esperanza era meter a USA o URSS en la guerra. La concentración principal de la nueva disposición de las fuerzas, tal como la previeron Hitler y Brauchitsch, continuaría estando claramente en los territorios occidentales recién ocupados, donde serían estacionadas 67 divisiones y formaciones móviles, contra sólo 17 divisiones en el Este, y con la defensa de Noruega siendo reformada por un total de 7 divisiones. No había ninguna mención de emplear formaciones blindadas con el ejército en el Este, ni ninguna mención de tropas móviles en conexión con el CG del 18. Armee.

La transferencia del 18. Armee debía explicarse a la URSS como representando un “regreso a casa”. Las actas de la conferencia muestran que sólo estaba relacionada con la seguridad de los territorios conquistados en el Oeste. Un ataque con formaciones blindadas hacia el Mediterráneo se consideró en el caso de que el armisticio no se materializase como se esperaba.

El 25 de junio Halder hizo de la re-estructuración y reorganización del ejército el tema principal de una conferencia con los jefes de los principales departamento del EMG. Tras la conclusión del armisticio con Francia y sus propios resúmenes sobre la situación militar más allá de la frontera oriental, añadió un nuevo punto de vista a sus consideraciones: la creación de una “potencia de ataque en el Este”. Este parece ser, comenta Klink, el primer desarrollo de sus ideas sobre la canalización operacional de penetraciones enemigas por “grupos de defensa especiales”.

Los motivos posibles para este cambio fundamental de las ideas de la planificación de Halder, los interpreta Klink como: la situación estratégica rápidamente cambiante en el este de las fronteras alemanas, las renovadas reclamaciones soviéticas sobre Besarabia, y sobre todo la concentración de fuerzas masivas a lo largo de la frontera rumana; todo ello provocó un atención creciente del OKH. Parece que Halder no esperaba que el liderazgo soviético, desdeñando el interés alemán y aplicando presión estilo ultimátum, fuese a ocupar Besarabia y, además, reclamar Bukovina. Además, había el peligro creciente de que la inestable situación en los Balcanes, marcada como estaba por el conflicto rumano-húngaro, la vacilación de Turquía y las ambiciones de Italia, podrían deteriorarse dramáticamente. Si el liderazgo soviético se decantaba en favor de uno de los grupos rivales, la situación en los Balcanes podía irse de las manos.

A diferencia de Hitler, Halder no creía a finales de junio de 1940 que se pudiera descartar enteramente el uso del ejército contra Gran Bretaña, que seguía siendo el principal enemigo, y para vencerlo -dado el hecho de que toda Europa estaba bajo bloqueo- deberían crearse ciertas condiciones en el Este. Las siguientes medidas deberían verse, subraya Klink, bajo este aspecto estratégico general.

Si Gran Bretaña optaba por continuar la guerra, Halder creía que la guerra sería prolongada, con todas las consecuencias de una guerra larga. Dudaba si la Luftwaffe y la Kriegsmerine serían capaces de asestar un golpe decisivo para derrotar a los británicos. Las primeras discusiones con los representantes de estas ramas de la Wehrmacht confirmaron que había profundas diferencias sobre la dirección y la ejecución técnica y operacional de una operación de desembarco. El OKH aceptó que no se debía esperar una rápida decisión en la guerra contra Gran Bretaña. ¿Qué se podía hacer mientras tanto? La posibilidad de que en algún momento en la guerra la URSS podría ser considerada como un adversario, pese a la conclusión del tratado de 23-8-1939, nunca había sido descartada. Se planteaba ahora la cuestión de qué papel podía jugar la actitud de la URSS en la decisión de Gran Bretaña de continuar la lucha. Como antecedentes estaba la amenaza incluso más alarmante de la coalición enemiga de 1917 si se le dejaba suficiente tiempo a USA para prepararse para su entrada en la guerra, y si la pasiva actitud de Japón en el Pacífico permitía a América concentrar su atención completamente en el teatro europeo. En ese caso se presentaría una situación que el OKH consideraba como el peor escenario posible: una guerra de desgaste en varios frentes, de impredecible duración, pero destinada al mismo resultado final que en 1918.

Al margen de que Hitler decidiera concentrar todos los esfuerzos contra Gran Bretaña o en la guerra en el Mediterráneo, la dependencia de Alemania de la buena voluntad y entrega de material soviético aumentaría inevitablemente. Que la URSS estaba pronta a aprovechar cualquier situación ventajosa que se presentase estaba probado por los sucesos de los meses previos. De esta forma, una sobria valoración de la auténtica situación de poder más allá de la frontera oriental de Alemania condujo a Halder a registrar un preocupante deterioro de la posición estratégica de Alemania. Junto con la amenaza de las irreemplazables pérdidas de hierro de Suecia, una amenaza que aumentaba con la reforzada posición de la Flota del Báltico soviética en el Golfo de Finlandia, la principal fuente de preocupación era la presencia militar soviética en la proximidad de los yacimientos petrolíferos rumanos, que eran indispensables para cualquier guerra motorizada de Alemania. Cálculos sobre el alcance de los bombarderos soviéticos revelaron que los centros industriales y de armamento de Silesia podían estar expuestos en cualquier momento a ataques aéreos.

A continuación Klink toca un tema que para mí es clave para comprender esta inédita iniciativa de Halder. En efecto, Klink considera que otra motivación de las reflexiones y decisiones de Halder procedía de su comprensión de los deberes y responsabilidades del jefe del EMG. El 24-6-1940 dio instrucciones al OQu IV, teniente general von Tippelskirch, para encargar al agregado militar en Moscú que informara al mariscal Voroshilov sobre el movimiento de tropas en el este del Reich en el sentido de que no fueran vistas como una amenaza hacia la URSS. El hecho de que Halder considerara algo así como perteneciente al ámbito de los deberes del jefe del EMG, comenta Klink, hace muchísimo más fácil comprender el desarrollo que comenzó el 25 de junio. Después de la guerra, el propio Halder confirmó repetidamente la autonomía de esa decisión militar al reclamar para el “líder militar” el derecho de “proteger a su país contra una violación enemiga al moverse al ataque él mismo, siempre y cuando el político pudiera darle la oportunidad del éxito”, al tiempo de observar los principios y formas del derecho internacional.....Desde este punto de vista está enteramente en línea con la lógica del pensamiento militar el iniciar medidas a tiempo que resultaran en la ocupación de territorios extranjeros y la captura de una “prenda” para el desarrollo posterior de la guerra.

La orden para la transferencia del CG del 18. Armee al este del territorio del Reich y para la formación de un nuevo ejército de 15 divisiones de infantería para ser igualmente transferidas allí se cursó el 26 de junio de 1940. La tarea de ese ejército fue definida el 29 de junio como asegurar la frontera contra Lituania y la URSS. Debían hacerse preparaciones para detener cualesquiera fuerzas enemigas en la línea San-Vístula, si no antes, y en la frontera del Prusia del Este, para que se pudiera montar un contraataque tan pronto como hubieran llegado los refuerzos. Para ese caso el “Grupo Guderian” -con dos mandos de cuerpo (mot.), 4 divisiones blindadas y 2 divisiones de infantería (mot.)- fue colocado bajo el mando del ejército. Esas divisiones tenían que moverse al área alrededor de Berlín y Breslau (Wrôclaw). Las misiones existentes de seguridad de frontera bajo “Oberost” (Comandante en Jefe Este) permanecieron inalteradas en tanto en cuanto sus unidades no se disolvieran. El cambio de nombre a “Comandante Militar en el Gobierno General” (MiG) inauguró su transformación en un estado mayor de intendencia territorial.

El 3 de julio Halder anotó en su diario la apertura de conversaciones con el jefe del departamento de operaciones del EMG, coronel Hans von Greiffenberg. Ambos partieron de la creencia de que un golpe contra la URSS significaría el final de las esperanzas de los británicos de continuar exitosamente la guerra. Más ideas surgieron el 4 de julio en un resumen oral del comandante del 18. Armee, general de artillería Georg von Küchler, y su jefe de EM, mayor general Erich Marcks. Halder señaló las concentraciones de tropas soviéticas en el área este de Lvov y sur de la frontera lituana. No había “razón política” que justificase prisa alguna, pero el CG del 18. Armee recibió órdenes para elaborar una propuesta para la conducción de operaciones. Esta fue remitida el 9 de julio y, tras examen y aprobación de Halder, se convirtió en parte de “Instrucciones de Despliegue para el 18. Armee”, fechada el 22 de julio de 1940 y firmada por von Küchler. La instrucción estaba basada en la idea de que, en caso de un conflicto con Rusia, serían empleadas en el Este sustanciales fuerzas alemanas. Hasta que llegaran allí, el CG del 18. Armee necesitaría asegurar la frontera oriental. Al organizar la defensa en el alto San y en Prusia del Este, el grueso de las fuerzas debía estar dispuesto de tal manera que las preparaciones soviéticas para atacar pudieran ser destruidas por un ataque alemán. Para este propósito las divisiones del MiG y del “Grupo Guderian” estarían disponibles además de las divisiones del ejército. Debían formarse dos fuerzas de ataque: una para atacar en dirección sureste (Lvov-Tarnopol) y la otra en dirección noreste (Bialystok). Todos los planes y medidas del OKH fueron diseñados para crear las condiciones para una acción ofensiva. Esto se aplicaba no sólo a la esfera de planificación operacional, al entrenamiento de las nuevas formaciones -que estaba de todas formas procediendo de acuerdo con las directivas para la re-estructuración del ejército- o para la acelerada traída de tropas, sino sobre todo para la construcción y mejora de carreteras, cuarteles de tropas, y enlaces de comunicaciones. En consecuencia, el 13 de julio Marcks declinó asumir el trabajo de construcción defensiva del “Oberost” sobre la base de que el CG del ejército intentaba resolver su tarea ofensivamente.

Klink opina que las medidas precautorias de Halder estaban enteramente justificadas. Se puede asumir que al emitir las instrucciones de despliegue al 18. Armee había llegado al mismo límite de lo que podía poner en marcha sin órdenes de Hitler, y que quería prepararse para una situación que creía tendría que afrontar inevitablemente la Wehrmacht.

El 23 de julio el coronel von Greiffenberg, jefe del departamento de operaciones del EMG, solicitó que Marcks estuviera dispuesto en los próximos días para viajar al OKH en Fontainebleau para una semana o así, una consecuencia de la conferencia que Hitler tuvo con los comandantes en jefe de las tres ramas de la Wehrmacht el 21 de julio.

Klink comenta que estas medidas que llevó a cabo Halder estaban al mismo nivel estratégico que las reflexiones sobre la continuación de la guerra contra Gran Bretaña resumidas por Jodl, jefe del departamento de operaciones del OKW, en un memorando de 30 de junio de 1940.

En la conferencia de Hitler de 21 de julio de 1940 (con los comandantes en jefe de la Wehrmacht) la cuestión central fue analizar qué hacía que los británicos continuasen la guerra. Hitler vio la respuesta en las esperanzas británicas de ayuda de USA y de una entrada en la guerra de URSS, tal como él mismo había subrayado el 23 de junio de 1940. Se dio cuenta que una invasión de Inglaterra entrañaba riesgos muy grandes, y por tanto quería considerar un desembarco sólo en el caso de que no hubiera otra manera de “acabar con Inglaterra”. En la discusión de una posible combinación británico-soviética, los principales aspectos eran la amenaza a los suministros de petróleo alemán de Rumanía y la posibilidad de ataques aéreos soviéticos sobre las plantas de hidrogenación alemanas en la Alta Silesia. Aunque Hitler no creía en una inminente coalición británico-soviética, observó que Stalin estaba flirteando con los británicos para mantenerlos en la guerra. Esto podía atar a la Wehrmacht y Stalin sería capaz de arrebatar lo que quisiera. Sin embargo, esta clara pista de una extensión de la esfera de poder soviética en recientes semanas no equivalía a cualquier indicación de preparaciones ofensivas soviéticas contra el Reich. Hitler ordenó finalmente que se diera un pensamiento preliminar a la solución del “problema ruso”. En términos generales subrayó su interés en una rápida conclusión de la guerra, incluso aunque no había ninguna necesidad contundente ahora que la situación era mucho más favorable que en la IGM.

A esto siguió un breve informe de Brauchitsch sobre el trabajo de planificación y los cálculos interpretados en el EMG. Este informe corresponde tan estrechamente con las medidas ordenadas por el OKH para la re-estructuración de formaciones y las fechas por las cuales debía ser completada, incluyendo las instrucciones al 18. Armee, que es difícil reconstruir cualquier participación de Hitler en ese intercambio de ideas, excepto para observaciones comunes. La creación de un estado ucraniano y de una liga de estados del Báltico, la separación de Bielorrusia, y la creación de una Finlandia fuerte casaban completamente con conceptos militares que ya existían desde la IGM. La información que debían esperarse 50-70 “buenas” divisiones soviéticas vino del Departamento de Ejércitos Extranjeros Este; contra ellas se necesitarían 80-100 divisiones alemanas. Había alguna preocupación en cuanto a si la Luftwaffe sería capaz de lidiar con operaciones en el Este y contra los británicos, asumiendo una simultánea apertura de ataques en el otoño de 1940.

Klink sugiera que los varios puntos de las notas de Halder sobre el informe de Brauchitsch dejan claro que lo que Hitler había bosquejado no era una “gran guerra” dirigida a la derrota de la URSS, sino un concepto militar que parecía concordar con las ideas actuales de Halder, así como con las órdenes de despliegue al 18. Armee. La oposición dentro del OKW para una fecha de ataque tan temprana como otoño de 1940 parece, por tanto, que no estaba dirigida contra la precipitada demanda de Hitler, sino que había sido una reacción contra el calendario contenido en el concepto de Halder.

Halder debió haberse enterado de la “gran solución” que parecía seguir de su valoración de la situación, comenta Klink. Parece lógico, por tanto, que, habiendo sido informado por el comandante en jefe del ejército de los comentarios de Hitler, se embarcara inmediatamente en elaborar nuevas aproximaciones de planificación. En ese mismo día 22 de julio, Halder informó a los jefes de los departamentos de operaciones y del Departamento de Ejércitos Extranjeros Este; el 24 de julio informó al departamento de geografía militar y asignó las primeras tareas. El 26 y 27 de julio, Ejércitos Extranjeros Este y el departamento de operaciones remitieron sus primeros informes. En el centro de atención estaba la disposición inicial para la operación; Greiffenberg propuso un fuerte grupo meridional; Halder estaba considerando un grupo septentrional más poderoso para ser empleado contra Moscú con el objetivo de obligar, posteriormente, a las fuertes fuerzas enemigas en Ucrania a luchar con frentes invertidos.

Al margen de todo esto, sigue Klink, las preparaciones para una invasión de Inglaterra todavía eran la principal preocupación del EMG. Halder estaba pensando incluso en la formación de tropas coloniales para el futuro. En consecuencia, no era posible para él, o para el jefe del departamento de operaciones, que en ese momento también asumió los deberes del OQu I, elaborar tranquilamente la base de una campaña mayor. Así, el 23 de julio de 1940, el día anterior de su informe con Brauchitsch, Halder ordenó al jefe del EM del 18. Armee estar dispuesto para esta tarea y venir a su cuartel general.

No importa, expresa Klink, qué lejos había avanzado el pensamiento independiente, la planificación y emisión de instrucciones dentro del campo del ejército, pues la sola decisión de Hitler fue crucial para su desarrollo y conversión en una preparación real para una guerra agresiva. Fue el 29 de julio de 1940 que Hitler informó a Jodl que tenía decidido atacar a la URSS en mayo de 1941. Las preparaciones debían ponerse a andar. Dada la estructura del liderazgo militar máximo de Alemania, lo que significaba esta nueva directiva para el OKW fue inicialmente no más que la coordinación de los requerimientos establecidos de las tareas del ejército con los otros dos servicios y su ajuste a las capacidades de la economía de guerra; no implicaba ninguna planificación operacional comparable con la del EMG, ni mucho menos la autoridad para cursar órdenes.

La gran conferencia sobre la situación general de la guerra en el Berghof de Hitler el 31 de julio se abrió con un informe de Raeder sobre el estado de preparaciones para un desembarco en Inglaterra. Hitler decidió aquí eliminar militarmente a la URSS tan pronto como fuese posible. Para hacer esto no era suficiente ocupar un territorio específico: había que destruir todo el estado de un solo golpe. Las preparaciones durarían hasta la siguiente primavera, por eso previó el 15 de mayo como fecha provisional del ataque. Con respecto a los problemas operacionales, Hitler contempló dos ataques, uno hacia Kiev y otro hacia Moscú vía Estados Bálticos, debiendo enlazar ambos ataque posiblemente más allá de Moscú. También se contemplaría más tarde una operación parcial contra los pozos petrolíferos de Baku. Habría que considerar como aliados a Rumania y Finlandia, pero no a Hungría. Preveía ganancias territoriales en Ucrania, Bielorrusia y los Estados Bálticos, con Finlandia extendiéndose hasta el Mar Blanco. Hitler calculaba que se necesitarían 180 divisiones, 120 de ellas para el Este, lo que suponía que había que levantar 40 divisiones nuevas. Los comentarios de Hitler sobre las nuevas unidades en la “región oriental” fueron la ocasión para la guía del OKW para la "construcción Este" de 7 de agosto de 1940. Las primeras reflexiones operacionales vinieron del teniente coronel von Lossberg, jefe del “Grupo Ejército” en el departamento de operaciones del OKW.

El 1 de agosto Halder informó a los jefes departamentales del EMG y les ordenó examinar qué cuestiones relativas a las tareas de mando habían sido planteadas por la decisión de Hitler. Se informó al teniente general Rudolf Bogatsch (general de la Luftwaffe agregado al comandante en jefe del ejército) en ese mismo día del resultado de la conferencia en tanto en cuanto le concernía por el apoyo a las fuerzas terrestres.

Finalmente, concluye Klink, los testimonios que más tarde se presentaron en cuanto a que la decisión de Hitler causó un profundo impacto en Halder no se sustentan, pues Halder no se lo contó a sus colegas y sus viejos íntimos del círculo de la resistencia, ni siquiera lo anotó en su diario.

Y esto es lo sustancial de la exposición, análisis e interpretaciones de Klink sobre las medidas tomadas por Halder y su Plan Otto.

Durante años, que yo esté enterado, ningún historiador fue más allá en sus interpretaciones de lo sentado por Klink en ese libro. Pero el 12 de septiembre de 1997 Carl Dirks y Karl-Heinz Janssen publicaron un artículo en alemán titulado “Plan Otto” en Die Zeit, nº 38, que fue más allá de las interpretaciones de Klink. Este artículo se puede leer en http://www.zeit.de/1997/38/Plan_Otto . Estos mismos autores publicarían dos años después un libro titulado Der Krieg der Generäle. Hitler als Werkzeug der Wehrmacht, del que no tengo constancia que se haya publicado en inglés, y del cual sólo conozco algunos datos por referencias de segunda mano. Artículo y libro fueron utilizados más tarde por Benoît Lemay para su biografía sobre Manstein (Erich von Manstein. Hitler's Master Strategist. Casemate, 2010; publicado previamente en francés en 2006 como Erich Von Manstein: Le stratège de Hitler). Lo que han dicho estos autores lo analizaremos en una próxima ocasión. Concluiré este hilo con unas breves pinceladas sobre lo que he podido ojear del libro de Rolf-Dieter Müller, Enemy in the East: Hitler's Secret Plans to Invade the Soviet Union, que será publicado en inglés por I. B. Tauris en 2015. Este libro fue publicado originalmente en alemán en 2011 como Der Feind steht im Osten: Hitlers geheime Pläne für einen Krieg gegen die Sowjetunion im Jahr 1939. De lo que yo he podido ojear en la versión inglesa, que nadie espere que Müller vaya a tratar el asunto de Halder (apenas lo menciona), pero es interesante por otras cuestiones relacionadas.

En fin, hasta aquí este plomazo. Ya continuaremos.
Saludos cordiales
JL
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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por José Luis » Sab Dic 13, 2014 10:04 pm

¡Hola a todos!

En el artículo “Plan Otto”, Dirks y Janssen reconocen que Klink fue el primer historiador que descubrió el plan de Halder y que el biógrafo de Halder, Christian Hartmann, obvió el caso “Otto”. Comentan que Halder ya comenzó a tornar su vista hacia el Este a finales de mayo de 1940. Halder, según estos autores, aprovechó el plan de re-estructuración del ejército como pantalla para una “construcción Este” (“Aufbau Ost”), esto es el ejército que se estaba formando para enviar al Este, mucho más grande, y en tal sentido, ya el 16 de junio, decidió enviar al “territorio oriental” las 15 divisiones “activas” de los distritos militares I, XX, XXI y VIII; es decir Königsberg, Danzig, Posen y Breslau, respectivamente, junto con el Protectorado de Bohemia y Moravia. Y detrás de este ejército colocó una reserva operacional formada por las nueve divisiones del “Grupo Guderian”. En total, unos 600.000 hombres. Expresan que Halder sólo escogió un selecto grupo de cooperadores para la elaboración de sus planes secretos, como el jefe del EM de Küchler, Marks, el jefe de transportes, general Rudolf Gercke, y el jefe del departamento de cartografía del EMG del OKH, coronel Gerlach Hemmerich. También se refieren a Guderian y su autobiografía, Panzer Leader, apuntando el silencio del famoso comandante alemán sobre el Plan Otto y su afirmación de que no conoció nada de la campaña rusa hasta mediados de noviembre de 1940, respondiendo con “decepción” e “indignación” porque Hitler quería conducir una guerra en dos frentes.

Dirks y Janssen afirman que el general del Bundeshwehr, Curt Siewert, que en 1940 era un oficial de EMG destinado en el OKH, testificó que Brauchitsch había urgido a Hitler a la guerra; mientras que el historiador militar Jürgen Förster habló de un “acuerdo político sobre temas fundamentales”.

Del resto del artículo podemos prescindir, pues nada nuevo aporta a lo ya comentado por Klink (de todas formas cualquier lector interesado puede consultarlo en el enlace que añadí previamente).

Benoît Lemay, en la biografía de Manstein ya citada, dedica a este tema un apartado titulado “The Otto Plan: Precursor to Barbarossa”, pp. 188-192, en el capítulo VIII (“Between Two Campaigns”), bebiendo del artículo de Dirks y Janssen y, sobre todo, de su libro ya citado Der Krieg der Generäle.

Lemay dice que al atribuir la intención de atacar a la URSS exclusivamente a Hitler, Manstein pasa por alto el papel central jugado por el OKH en la preparación de la invasión. Lemay afirma que un estudio reciente de documentos de los archivos soviéticos (aquí, p. 188, alude a Dirks&Janssen, aunque sólo anota la información en la p. 190) ha mostrado la existencia del Plan Otto, y que a la vista de este descubrimiento está claro ahora “que el OKH no dudó, tras la campaña francesa, en empujar a un dubitativo Führer a emprender un ataque contra la URSS”. La fraseología de Lemay es tan cristalina que voy a traducir literalmente algunas de sus sentencias:

Ya, desde finales de mayo de 1940, cuando la victoria de Alemania sobre Francia no dejaba dudas, el general Halder, jefe del estado mayor general del ejército, estaba contemplando preparativos para una guerra en el Este. A mediados de junio, incluso antes de la conclusión de la campaña francesa, estaba elaborando el Plan Otto, con la ayuda de oficiales de su estado mayor general. Completado el 19 de junio, el plan postulaba una Blitzkrieg en la URSS desde finales del verano de 1940, con 80 divisiones y 400.000 hombres situados en reserva. Halder planificó una campaña militar de nueve semanas como mucho, durante la cual la Wehrmacht ocuparía, antes del comienzo de la estación de barro de otoño, los estados Bálticos, Bielorrusia y Ucrania. Incluso aunque fuera una cuestión de una campaña limitada, el jefe del EMG del OKH todavía estimaba que la Wehrmacht podía estar en posición de capturar Moscú, Leningrado y Kharkov.

A instigación de Halder, el coronel general Brauchitsch, comandante en jefe del ejército, comenzó el 25 de junio el redespliegue del 18º Ejército en Prusia del Este (Königsberg y Danzig, hoy Kaliningrado y Gdansk) y en la parte oriental de la Polonia anexionada (Posen y Breslau, hoy Poznan y Wroclaw). Con 15 divisiones activas de infantería divididas en seis cuerpos de ejército, el 18º Ejército del general Küchler era el más poderoso de los ejércitos de la Wehrmacht, incluso más ya que el OKH había colocado a su disposición el grupo blindado del general Guderian. Desplegado en dos cuerpos blindados en las regiones de Berlín y Breslau, el grupo blindado de Guderian, que incluía seis divisiones rápidas de cuatro blindadas y dos motorizadas, era el más formidable de la Wehrmacht. A estas fuerzas transferidas al Este fue necesario añadir las siete divisiones de infantería que el OKH había mantenido en Polonia durante la campaña francesa. De esta forma, el 4 de julio, el estado mayor de Küchler ya estaba asumiendo el mando del 18º Ejército en Bydgoszcz en Polonia, mientras que el grueso de las formaciones tomarían posición en el Frente Oriental a finales de julio. En total, 600.000 hombres fueron desplegados en el este, donde debían estar a la disposición inmediata del OKH bajo el marco del Plan Otto. Se establecieron dos grupos: uno debía atacar en dirección a Bialystok, y el otro en dirección a Lvov.

Estos enormes preparativos para una agresión militar involucrados en el Plan Otto habían comenzado sin el conocimiento del Führer, pues sólo fue informado el 21 de julio, lo que significa un mes después de la concepción del plan y la ejecución del redespliegue del 18º Ejército. En este mismo día, tras haber convocado en Berlín a los comandantes en jefe de las tres ramas de la Wehrmacht para finalizar los preparativos para la Operación León Marino, Hitler fue informado de la existencia del Plan Otto por su comandante del OKH.

Estupefacto, el Führer supo luego por Brauchitsch que el OKH ya estaba preparado para una campaña militar contra la Rusia bolchevique. Según el nuevo mariscal, 80 divisiones de línea de frente y 20 divisiones de reserva bastarían para la operación. Los rusos, afirmó, sólo estaban en posesión de entre 50 a 75 divisiones buenas, como indicaban los informes de la oficina de inteligencia concernientes al Ejército Rojo. Por el momento, afirmó orgullosamente a Hitler, su jefe del estado mayor general tenía a su disposición en el Frente Oriental números que podían incrementarse hasta 60 divisiones (40 de infantería y 18 rápidas). Habiendo comenzado los preparativos para el despliegue el 19 de junio, mencionó a Hitler que la Wehrmacht podía emprender una guerra relámpago contra la URSS cuatro o seis semanas más tarde, cerca así de finales del verano de 1940. El objetivo de las operaciones militares era conquistar al Ejército Rojo de tal manera que pudiera permitir a la Wehrmacht la ocupación de los países Bálticos, Bielorrusia y Ucrania antes del comienzo de la estación de barro de otoño. Estaba de esta forma contando con una campaña rápida de dos meses a lo sumo. Ni Hitler, que era el comandante supremo de las fuerzas armadas, ni el mariscal Keitel, jefe del EMG del OKW, ni el general Jodl, jefe del departamento de operaciones del OKW, e incluso menos los líderes de la Luftwaffe y la Kriegsmarine, habían sido informados de la existencia del Plan Otto antes de esta fatídica reunión del 21 de julio en Berlín
”. Al término de esta última frase, p. 190, es donde anota Lemay toda la información que viene dando desde la p. 188, nota 209, que, en la página 495 remite a las pp. 127-138 del libro de Dirks y Janssen, y a la p. 16 del artículo “Plan Otto” de los mismos autores.

Como podéis comprender, sin acceso al libro de Dirks y Janssen, no estoy en disposición de valorar todo este pasaje que narra Lemay, sobre todo en sus implicaciones. No existe duda alguna de la existencia y realidad del Plan Otto de Halder, ni de que fue una iniciativa propia del Jefe del EMG del OKH, en connivencia con su jefe, Brauchitsch, y que Hitler no estuvo enterado de nada hasta que fue informado por Brauchitsch. Sin embargo, me parece fantasiosa la idea de que Hitler fuese empujado a tomar su decisión de 31 de julio por estos dos generales pusilánimes que tantas veces habían demostrado y demostrarían más tarde su falta de aplomo ante Hitler. Ni era el Führer una persona que se dejara manejar por sus generales. Más bien me parece que la planificación de Halder, tal como apuntó en su día Klink, entraba dentro de las tareas de un jefe del EMG del ejército, apurando al máximo, cierto, el ámbito de su competencia. Pero debe tenerse en cuenta que estos dos generales, máximas autoridades del ejército de tierra alemán, habían sido ninguneados por Hitler durante la campaña francesa cuando surgió el affair Rundstedt y la decisión de detener a las fuerzas blindadas en Dunkerque. Y previamente también habían sido dejados al margen por Hitler en la planificación de la invasión de la campaña noruega. Por todo ello se había quejado repetidamente Halder en su diario de guerra, así que no es nada raro suponer que el Jefe del EMG quisiera, en junio de 1940, adelantarse ante cualquier contingencia futura. Es cierto que Hitler, en esas fechas, no tenía pensado atacar a la URSS, pero estaba pendiente en todo momento de las respuestas del gobierno británico a sus ofertas de paz. Sólo cuando temió que Gran Bretaña podía seguir manteniendo su postura de seguir en la guerra, y tras considerar cuáles eran sus esperanzas para tal postura (USA y la URSS), sólo entonces empezó a pensar en un ataque a la URSS, precisamente en la reunión que convocó el 21 de julio con Brauchitsch, Göring y Raeder. Y en esta reunión Brauchitsch aprovechó para ponerlo al día de los planes que había estado realizando Halder. Más tarde, el 31 de julio, Hitler decidiría ordenar un estudio militar para un ataque a la URSS.

Esta es la secuencia de los hechos que yo conjeturo y que me parece más plausible.

Remataré esta exposición mañana con unos últimos comentarios sobre el tema.

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por José Luis » Dom Dic 14, 2014 10:57 am

¡Hola a todos!

Rolf-Dieter Müller, en su citado libro, presenta una teoría relativamente novedosa sobre los orígenes de la planificación de una guerra alemana contra la URSS. No estoy en disposición de presentar un resumen de su libro, pues sólo he podido leer la introducción y ojear algunos capítulos sueltos. Müller se pregunta en su introducción (pp. i-xiv): [¿Fue el plan para la Operación Barbarroja una obra maestra del Estado Mayor General alemán en la que unas cuantas suposiciones resultaron ser erróneas, resultado quizá de la imagen de la URSS como “coloso de barro”? ¿Representa realmente la fase de planificación militar comenzada en el verano de 1940 una completa nueva aproximación, una marcada por una petulancia nacida de la embriagadora inesperada victoria sobre Francia, una serie de ideas bosquejadas “sobre la marcha, por así decirlo”, como creía Andreas Hillgruber, o estaban los planificadores elaborando sobre diseños previos? Y, entre 1933 y 1940, ¿fue la noción de guerra contra la Unión Soviética no más que una visión de futuro propagada por nazis fanáticos, fuera del campo del sobrio cálculo militar? ¿Tenía Hitler, creyéndose ser el “Más Grande Comandante de Campo de Todos los Tiempos”, sus propias ideas de cómo debía ser hecha una guerra oriental?].

También: [¿Cuándo aparecieron y se convirtieron parte de las deliberaciones militares del Tercer Reich los planes para una guerra contra la URSS? ¿Qué papel se jugó en la relación con Polonia, la “trinchera anti-rusa”? ¿El movimiento de Hitler contra Polonia en la primavera de 1939 estaba concebido para crear la base para una guerra posterior en el oeste o en el este?]

Ante estas preguntas nos adelanta Müller que argumentará sobre la hipótesis de que hasta octubre de 1939 había un número de caminos diferentes que los alemanes podían haber tomado en la IIGM, entre ellos un choque contra el Ejército Rojo. Müller argumentará que en contra de de la extendida suposición histórica, “ya era concebible y posible una guerra alemana contra la URSS en 1939”.

Hitler estaba profundamente convencido en 1939 de que la conquista de la URSS sería pan comido y que haría su Tercer Reich para siempre inexpugnable. Una Barbarroja en 1939 habría llevado probablemente al colapso de la Unión Soviética y la destrucción de Rusia. La colaboración de Stalin era útil sólo como un farol contra las potencias occidentales. Cuando éstas rechazaron llegar a un entendimiento con Hitler, le costó un gran esfuerzo obligar al Estado Mayor General a montar una campaña en el oeste”.

Aventuro, a falta de leer todo el libro cuando sea publicado, que lo que realmente pretende demostrar Müller es que la génesis de la Operación Barbarroja no está en la planificación operacional emprendida de propia iniciativa por Halder en junio de 1940, sino en las deliberaciones políticas y planificaciones militares ocurridas en los años anteriores. Por otra parte, intuyo, su objetivo es demostrar además el error de la interpretación clásica de la política exterior de Hitler como una estrategia paso a paso, si bien esto ya ha sido demostrado por otros historiadores hace ya bastante tiempo. También está su propósito de refutar el mito de que la Wehrmacht no tuvo nada que ver en la decisión de Hitler de 31 de julio de 1940 de atacar a la URSS. Estas impresiones las deduzco de lo que expone en su introducción, de la cual os traduzco a continuación una buena parte de la misma:

Muchos contemporáneos incluso durante la IIGM vieron la decisión de invadir la URSS como el error estratégico más grande de Hitler. Las potencias vencedoras consideraron la planificación de esta guerra de agresión como uno de los crímenes más graves del régimen de Hitler, especialmente porque el Reich alemán había firmado un pacto de no agresión con la Unión Soviética en una fecha tan reciente como agosto de 1939. La invasión que tuvo lugar de forma pérfida, traicionera y con engaño menos de dos años más tarde, fue completamente no provocada.

En la explicación que dio a la población alemana y a los soldados de la Wehrmacht, Hitler afirmó que se había visto forzado a contrarrestar el expansionismo soviético con un ataque preventivo. Los defensores de esta absurda justificación se pueden encontrar todavía hoy, unos cuantos incluso entre historiadores y generales retirados. Por otra parte, para los jueces del Tribunal de Crímenes de Guerra de Nuremberg estaba más allá de la duda que Barbarroja fue un rapaz acto de agresión. Sin embargo, aceptaron en buena medida la interpretación adelantada por los acusados y sus abogados, a saber que Hitler había tomado la decisión él mismo y, el 31 de julio de 1940, dio al liderazgo militar la tarea de llevarla a cabo. Permanece como una cuestión abierta si actuó movido desde un punto de vista estratégico o ideológico. Aunque Wilhelm Keitel, como jefe del Mando Supremo de las Fuerzas Armadas (Oberkommando der Wehrmacht, OKW), y Alfred Jodl, como jefe del estado mayor de operaciones del OKW, fueron sentenciados a muerte, el propio Alto Mando del Ejército (Oberkommando des Heeres, OKH) no fue penado. Después de 1945, los generales de Hitler fueron capaces de diseminar la impresión no contestada de que, tras recibir la decisión del dictador, habían elaborado e implementado un ingenioso plan que había fracasado sólo por la constante interferencia de Hitler. Su peor enemigo no había sido el Ejército Rojo, sino más bien su propio Führer. Al mito de la “Wehrmacht sin culpa” se añadió así el mito del intachable profesionalismo de sus líderes.

La teoría de que Hitler solo fue el responsable del ataque a la URSS y que se dejó guiar por las obsesiones ideológicas cuyos orígenes se pueden leer en su primer manifiesto político, Mein Kampf, se ha convertido en un importante pilar del edificio histórico. Durante décadas ha sido el puntal de una interpretación de largo alcance de la política exterior de Hitler. Esto supone que, con la toma del poder, la consolidación interna de su régimen y la gigantesca política de rearme, Hitler fue acercándose coherente y resueltamente paso a paso hacia su auténtico objetivo, la guerra por Lebensraum (“espacio vital”) en el este. Tras Austria y Checoslovaquia, la próxima víctima del expansionismo alemán tenía que ser Polonia. Estos movimientos fueron preliminares necesarios para el derrocamiento de Francia, que aseguraría la retaguardia de Hitler y de esta forma le permitiría tornar su atención hacia su objetivo real. La conquista de la URSS proporcionaría luego la base para una “guerra de los continentes”, es decir la guerra por la dominación mundial.

¿Estaba realmente Hitler en posesión de este tipo de plan paso a paso o de la capacidad de llevarlo a cabo de forma coherente y con sentido táctico? ¿Podía ser realmente la URSS sólo la penúltima etapa en semejante plan? ¿Fue Hitler luego un brillante estratega durante los primeros años de la guerra, uno que tuvo éxito casi en cualquier sitio donde se volvió, y que tenía a sus órdenes una Wehrmacht hecha casi invencible por las tácticas de la Blitzkrieg? Una vieja generación de historiadores estuvo convencida. Fue guiada por una serie de innovadores estudios escritos por historiadores que fueron oficiales subalternos durante la guerra. Cosecharon los más altos elogios en la décadas de 1960 y 1970, y hasta este día todavía conforman nuestro entendimiento de lo que causó o condujo a Barbarroja. Andreas Hillgruber y Hans-Adolf Jacobsen son los defensores más destacados de esta visión. Especialmente importante para la interpretación del “plan paso a paso” de Hitler fue la representación sistemática de Klaus Hildebrand de la política exterior del Tercer Reich. Incluso la obra en varios volúmenes producida por la Oficina de Investigación de Historia Militar del Bundeswehr, El Reich Alemán y la Segunda Guerra Mundial (Das Deutsche Reich und der Zweite Weltkrieg), orientó su exhaustivo examen de la Operación Barbarroja en su cuarto volumen (1983) sobre los mismos puntos. Apenas mencionado en este relato fue un importante descubrimiento de la cuenta de Ernst Klink, que había establecido que los primeros planes y preparativos para una guerra contra la URSS fueron hechos por el Alto Mando del Ejército (OKH) sin ninguna instrucción de Hitler. Este hallazgo fue explicado de forma no convincente con la afirmación de que el OKH tenía conocimiento naturalmente del programa oriental de Hitler y se había preparado, por así decirlo, para satisfacer los deseos de Hitler con obediencia preventiva.

En las pasadas tres décadas, la investigación histórica, el debate público y los medios de comunicación en Alemania se han preocupado casi exclusivamente de los aspectos criminales de la Operación Barbarroja. La discutida exhibición de la Wehrmacht del Instituto de Hamburgo en 1995 proporcionó un importante impulso más hacia esa tendencia. Hoy apenas hay ninguna duda de que el liderazgo de la Wehrmacht tiene una gran parte de responsabilidad por el quebrantamiento de la ley durante la guerra en el este. Ni se cuestiona que esta “guerra de ideologías” ya había sido construida en los planes y preparativos para la campaña, y que esto había sido expresado en un pliego de ahora conocidas instrucciones.

¿Pero estaba esto vinculado de alguna forma con la audacia de la planificación operacional del OKH, y es posible que los máximos mandamases se dejaran llevar por sus propios prejuicios anti-bolcheviques y anti-eslavos?...


En fin, habrá que esperar a leer todo el libro de Müller para poder pronunciarse al respecto, aunque algunos de los comentarios que adelanta en su introducción me parecen aventurados en exceso. Veremos.

Bien, con lo expuesto creo que hay material suficiente para introducir en esta historia a los compañeros de foro que no estén al tanto de la misma.

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por José Luis » Lun Dic 15, 2014 7:54 am

¡Hola a todos!

Orden de Batalla del 18º Ejército el 22 de julio de 1940 (sin incluir los servicios de retaguardia):

Imagen
Fuente: Horst Boog et al, Germany and the Second World War. Volume IV: The Attack on the Soviet Union (Clarendon Press, 1998), p. 246.

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por maxtor » Jue Dic 18, 2014 4:59 pm

José Luis escribió:
Incluso la obra en varios volúmenes producida por la Oficina de Investigación de Historia Militar del Bundeswehr, El Reich Alemán y la Segunda Guerra Mundial (Das Deutsche Reich und der Zweite Weltkrieg), orientó su exhaustivo examen de la Operación Barbarroja en su cuarto volumen (1983) sobre los mismos puntos. Apenas mencionado en este relato fue un importante descubrimiento de la cuenta de Ernst Klink, que había establecido que los primeros planes y preparativos para una guerra contra la URSS fueron hechos por el Alto Mando del Ejército (OKH) sin ninguna instrucción de Hitler. Este hallazgo fue explicado de forma no convincente con la afirmación de que el OKH tenía conocimiento naturalmente del programa oriental de Hitler y se había preparado, por así decirlo, para satisfacer los deseos de Hitler con obediencia preventiva.

JL
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Esta explicación, parece ser la que aporta Ian Kershaw, en su libro "Hitler", capítulo 18 "La cúspide del poder", p. 735, al señalar que el alto mando del ejército alemán, preocupado por la concentración de tropas soviéticas en el sur de Rusia, relacionada con la creciente presión que Stalin estaba ejerciendo sobre los Estados bálticos, ya había añadido a mediados de junio nueve divisiones motorizadas a las quince inicialmente previstas para un traslado oriental. Y el 3 de julio Halder, sin haber recibido ninguna orden de Hitler pero siguiendo instrucciones que evidentemente le había comunicado Weizsäcker, del Ministerio de Asuntos Exteriores, mostró su disposición a anticiparse al cambio de dirección, "a trabajar en aras del Führer", cuando juzgó apropiado estudiar las posibilidades de una campaña contra la URSS. El Jefe del Estado Mayor se adelantó a Hitler y planteó a sus planificadores operativos la cuestión de cuáles eran "los requerimientos de una intervención militar que obligara a Rusia a reconocer la posición dominante de Alemania en Europa".

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por wintermute » Vie Dic 19, 2014 5:20 pm

Veamos que anotaba Halder en su diario el 30 de junio de 1940.

Mi cumpleaños.Muchas y afectuosas felicitaciones.De ObdH, una foto con dedicación cordial.

11:00. Reunión con von Weizsacker:

a- Podemos preservar las victorias de esta campaña solamente con los medios con que se lograron, es decir, con el poder militar.

b- Aún no hay base concreta para un tratado de paz.

c- Mantendremos la mirada vigilante en el este.

d- Gran Bretaña probablemente todavía necesita una demostración más de nuestro poder militar antes de rendirse ante la evidencia y dejarnos con las manos libres en el este.

Saludos

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por wintermute » Vie Dic 19, 2014 6:02 pm

Ahora veamos la anotación resumida del 17 de setiembre de 1940.

Conferencia sobre la disposición de fuerzas en la concentración del este.

Distribución actual de las tropas:

Oeste 44 divs. infant. 1 div. móvil además de 2 divs. blind. equipadas con material capturado

Noruega
Dinamarca
Protectorado 10 divs. infant. -------------


Este 96 divs. de infant. 31 divs. blind. y mot. además de 1 div. de caballería.

(2 divisiones blindadas salieron a Libia)


Saludos

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Re: El "Plan Otto" de Halder

Mensaje por wintermute » Mié Dic 24, 2014 6:54 pm

Ya en la conferencia del 17 de octubre de 1939 relativa, entre otros asuntos, al futuro de Polonia, Hitler habla del territorio del Generalgouvernement como «una area de reunion de tropas para operaciones alemanas futuras.»
Cita de Halder en su diario el 18 de octubre.

Cabe la duda para el lector si la Wehrmacht se iba a reunir (en el futuro) en Polonia, para ocultarlas de los ingleses.Lo menciono porque lo he leído, parece absurdo.

Saludos

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